Capítulo Veintitrés

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—¿Estás seguro de que te encuentras bien?

Silencio.

—¿No será que lo raptaron, le lavaron el cerebro y después lo trajeron de vuelta?

Silencio de nuevo.

—Puede que, en lugar de eso, el golpe que recibió por la explosión de Suman lo dejó tonto.

Esta vez un gruñido.

—¡Ah! ¡Mira, Daisya! Esa es una señal. Significa que no… —Alma no pudo terminar su oración.

Kanda tomó a Mugen y la colocó en su cuello con un movimiento demasiado rápido. Marie negó con la cabeza y Daisya salió corriendo. Mientras que Tiedoll y Allen solo suspiraron. Esos dos llevaban alrededor de los tres días de viaje molestando al japonés hasta el hartazgo. Era un milagro que siguieran con vida.

Sin embargo, era curioso que el pelinegro solo los persiguiera por un rato, para después dejarlos por su lado e ignorarlos de manera olímpica. Increíblemente no explotaba en rabia y destruía todo lo que le rodeaba con su Inocencia.

También era bastante curioso que durante todo el camino no había peleado para nada con Allen. Incluso tuvieron un par de conversaciones tranquilas en las que nada fue destruido. Bueno, sí se le puede llamar conversación a saludarse por las mañanas.

Se estaban comportando como la gente normal.

Y eso daba miedo.

Desde que salieron de la sede de la rama asiática, Kanda se estaba comportando diferente. Tan diferente que sentían que de verdad se trataba de otra persona. Tiedoll sorteaba el asunto diciendo que sus enseñanzas por fin habían dado sus frutos. Después de todo, él no educó a Kanda para que fuera tan asocial.

Y no podía estar más lejos de la verdad.

Kanda no había mencionado ni una palabra sobre lo que hizo que ahora estuviera más tranquilo. En realidad, ni él mismo lo entendía del todo. Pero había tomado una decisión y se iba a mantener fiel a ella. Y bajo ningún motivo daría explicaciones al respecto. Tampoco es que pudiera darlas sin parecer un loco.

Pero comportarse amablemente -dentro de los estándares de Kanda Yuu-, era lo mínimo que podía hacer. Aunque tenía que admitir que se sentía más relajado.

Estar rodeado de tantas sensaciones ajenas desde pequeño; que lo hacían ser consciente de más cosas de las que debería o le importaran, no era nada fácil ni nada agradable. El pelinegro siempre consideró que él no era la persona más indicada para tener un don como ese. Y ahora que ya no lo tenía se sentía aliviado.

No necesitaba dar explicaciones. Si era necesario, se quitaría el colgante del cuello y sería capaz de saber lo que le rodeaba si la situación lo requería. Es solo que no lo quería hacer.

Tiedoll estaba bastante complacido al ver a su aprendiz en esa nueva faceta. Ahora se tenía que enfocar en que los demás no lo molestaran demasiado. De lo contrario ese estado de calma no le duraría.

Por otro lado…

—General. —escuchó la voz de Allen a sus espaldas. —¿Sabe en dónde nos encontraremos con el general Cross? ¿O lo que tenemos que hacer al llegar?

—La verdad es que todo dependerá de la situación, Allen. —la miró con detenimiento por unos momentos. —Tú mantente tranquila.

La chica soltó un suspiro. Ahora quien parecía un poco decaída era Allen. Se había comportado más sombría desde que dejaron la rama asiática. Incluso se veía un poco nerviosa. Y era demasiado claro el porqué.

Medio discreta; pero la despedida de Allen y Emilia había sido un tanto dramática. La chica inglesa se quejó demasiado. Incluso llegó al extremo de no querer soltar a la castaña hasta que Alma y Marie tuvieron que jalarla para que la dejara ir. Ya que iría a ver a su familia por fin. Según lo poco que entendieron los exorcistas de toda la discusión, es que tenía ciertos asuntos que resolver.

Tal vez debido a eso era que Allen suspiraba con más frecuencia desde que se separaron. Puesto que, para evitar que fuera a ver a su familia y los acompañara en su viaje hasta Japón, le dio un argumento a Emilia bastante escandaloso, haciendo ademanes exagerados por los que fue inevitable escuchar:

"Con esa gente solo compartes la sangre. Fuera de eso no te merecen"

Cualquier persona normal se habría sentido ofendida, pero Emilia solo se rió y la hizo seguir a sus compañeros. Desde ese día la británica parecía alma en pena. Callada pero sonriente. Amable pero distante. Y esas combinaciones eran un tanto inquietantes.

—Allen, anímate. Estoy seguro de que a Emilia no le gustaría verte así. —como respuesta solo obtuvo otro suspiro.

—¡Ah! General, mire eso. —la chica señaló el paisaje al lado del puente por el que iban pasando. —Aquí hay una excelente vista, ¿no cree?

Tiedoll se dio cuenta que había descubierto una forma de hacerlo desviar el tema. Pero no le podía negar que la vista era bastante hermosa. Por lo que no perdió el tiempo y tomó su cuaderno para retratar el lugar. El sol de media mañana era estupendo para el boceto.

Cuando sus demás alumnos se dieron cuenta de lo que estaba haciendo, tres de ellos se resignaron, mientras que el último no perdió el tiempo en hacerle ver que no estaban para esas cosas.

—No desesperes, Yuu. Puede que esta sea la única oportunidad que tengamos de pasar por aquí. —siguió con lo suyo como si nada mientras su alumno refunfuñaba. —¡Oh! Por allá puedo tener mejores vistas.

El grupo de jóvenes se dedicó a buscar un lugar donde sentarse para esperar. Aunque tal vez no era tan necesario. Tiedoll dibujaba tan rápido que lo innecesario fue el comentario de Kanda.

—Vaya, vaya, parece que se me han adelantado. — Con la voz del general, los exorcistas se asomaron para ver lo que pasaba. Y se encontraron con que había otra persona con los mismos ideales artísticos de Tiedoll.

Después de las presentaciones correspondientes, el general y el hombre se dedicaron a dibujar el paisaje entre comentarios y una que otra broma. Por lo visto había encontrado a alguien con quien compartir el amor por el arte.

Es solo que, no esperaron que el sujeto amara tanto el arte, retratar paisajes, edificios y cosas fuera de lo normal como para querer dibujar a Allen.

Estaban por irse; ambos artistas subían la pequeña colina del puente cuando el nuevo amigo del general se quedó mudo de la impresión. No fue necesario un mayor análisis para saber qué; o, mejor dicho, quién, le había provocado ese mutismo asombrado.

En esos momentos, el pobre hombre por poco se queda sin voz de tanto rogar a la chica para que accediera a que la dibujaran.

—Por favor, señorita Allen. Sé que suena irrespetuoso, pero a alguien como usted no se le ve muy seguido. Esta puede ser la única ocasión en la vida que tenga para dibujar a una persona con una belleza como la suya.

La chica soltó otra risa nerviosa.

—Pero ya perdió la oportunidad de dibujarme en el paisaje. —trató de persuadirle. Ya que, entre tantos ruegos, habían encontrado a un granjero que accedió a llevar al grupo en su carreta.

Los otros cuatro trataban de ocultar su diversión. Mas cierto pelinegro no podía ocultar su ceño fruncido. Aunque en realidad no debería importarle, el no poder ver las emociones de ese hombre le producía cierto disgusto. Pero se repetía constantemente que no era asunto suyo.

—¡Oh! Pero la señorita Allen se ve bien incluso sentada contra una montaña de trigo en esta carreta. El viento favorece su silueta y la soltura de su cabello. —argumentó de nuevo su inesperado acompañante.

La peliblanca parecía desesperada. Y viendo que nadie le quería ayudar, prefirió optar por otra táctica. Se aclaró un poco la garganta antes de hablar. Kanda alzó una ceja, en espera de ver lo que se le iba a ocurrir para desviar la atención del tipo.

—E-Escuche, señor. La verdad es que no puedo dejar que me retrate sin antes haber comprobado la calidad de sus dibujos. —dijo con aire sabiondo.

Alma y Daisya soltaron una risita, sabiendo que eso no le saldría muy bien a la chica. Si se había ganado la simpatía del maestro era porque dibujaba bien. Y de hecho lo comprobaron cuando sacó de su equipaje unos cuantos cuadernos similares a los que tenía Tiedoll, en los que se encontraban una cantidad asombrosa de dibujos de diferentes paisajes, edificios, ciudades, personas e incluso animales. Dibujados con tal realismo, que era un tanto insultante pensar que el hombre no sería capaz de dibujar a Allen.

Viendo que se estaba quedando sin recursos, el general decidió ayudarle.

—Sí que tienes una buena técnica. ¿En dónde dices que te especializaste? —le preguntó, sabiendo que entre las cosas que más amaba un artista, era contar sobre el lugar en donde aprendió sobre el arte. O como él, hablar sobre quien le había enseñado a dibujar.

El individuo, del cual Kanda no recordaba su nombre -y sospechaba que el brote de habas tampoco-, se dedicó a relatar su paso por ciertas ciudades y por las escuelas orientales de arte (1). Diciendo que estaba de paso y en una especie de viaje educativo para encontrar la casa de un arquitecto famoso. La cual prometía las más grandes maravillas de la arquitectura.

Solo tres de los alumnos de Tiedoll pusieron atención a la charla del hombre. Los otros dos tenían la mente muy lejos de lo que ahí pasaba. El oriental de pelo negro se dio cuenta que el brote de habas miraba de forma ausente el camino por el que iban pasando; aparentando que estaba interesada en la historia sobre ese arquitecto famoso.

Le parecía exasperante la forma en la que fingía que no le pasaba nada. Aunque no sabía exactamente por qué estaba tan pendiente. Es solo que por ratos tenía la sensación de que había olvidado algo. Pero no lograba recordar qué exactamente. Y por momentos sentía que tenía algo que ver con ella.

—¿Entonces esa mansión de verdad se encuentra por esta zona? —escuchó que preguntaba su maestro. Por lo visto había logrado que olvidara el asunto de retratar a la única chica del grupo.

—Es solo un mito. Pero tengo la esperanza de que, si busco lo suficiente, podré encontrarla.

—Espero entonces que logres tu objetivo. Buen amigo, ciertamente encontrar algo como eso…

La voz de Tiedoll se vio interrumpida con el grito del granjero al frente de la carreta. En ese momento Kanda sintió algo que creyó, no iba a volver a sentir. Aunque la idea de no hacerlo tampoco era muy conveniente.

Varios Akumas de nivel Uno rodearon la carreta.

En cuestión de segundos se encontraba bajando para hacerlos pedacitos. Y se dio cuenta que la forma en la que los percibía era diferente. Mas controlada; solamente sentía esa esencia fría y corrompida que los rodeaba gracias a la materia oscura, y no había rastros de la típica ira que los hacía fácilmente detectables a la vista.

Marie le ayudó a sostenerlos con Noel Órganon, mientras él los cortaba por la mitad con su espada. Alma y Daisya activaron su Inocencia para ayudarle. Todo mientras Allen y Tiedoll se mantenían unos pasos atrás junto al civil que los acompañaba. Una vez el camino estuvo despejado, el granjero no perdió el tiempo y los dejó a todos a su suerte. Afortunadamente, era mejor que no estuviera, aunque les habría resultado conveniente que también se llevara al otro hombre.

—¿Qué eran esas cosas? Que horror. Nunca había visto algo semejante.

—¿Alguna vez ha escuchado usted, mi buen amigo, sobre los Akumas?

—¿Se refiere a demonios?

—No exactamente de los que se narra en las historias de terror. —explicó el general con paciencia, empezando a caminar para buscar un lugar en donde organizarse para saber lo que estaba pasando.

Aunque el arquitecto se sentía confundido, sintió que lo mejor era quedarse cerca del grupo, ya que se había dado cuenta de que eran bastante fuertes. Pero le daba curiosidad saber si esa chica que iba con ellos también lo era. Al instante decidió que, si no lo era, seguramente se trataba de alguna persona importante o de la realeza que estaba siendo protegida por ellos. Seguramente eran sus guardaespaldas.

Las fantasías sobre quién sería ella le llenaron la cabeza en cuestión de segundos. Fundamentadas en que ocultaba sus vestiduras con un manto marrón, al igual que él hombre mayor que por lo visto los guiaba y, porque ambos no hicieron nada cuando aparecieron las criaturas que destruyeron los otros tres.

Mientras caminaban, pasaron cerca de un poblado que se veía desierto. Kanda detectó al instante la sensación que dejaban las personas que habían muerto recientemente. Aunque la forma de percibir esa esencia de muerte también era diferente. Era más clara y menos turbulenta como antes.

Evaluando la situación, notaron que ese lugar había sido atacado hace poco por los Akumas. Y al caminar un poco más, al mismo tiempo Marie y Kanda se dieron cuenta de algo; hablaron al unísono para alertar al resto.

—Maestro, oigo a varios hacia el este.

—Hay más hacia el este.

Afortunadamente, no era necesario que estuvieran coordinados en sus palabras para que les entendieran.

Con prisa, se adentraron más al bosque y en el camino, los cuatro alumnos más antiguos de Tiedoll se encargaron de los Akumas de nivel Uno que rodearon el sendero. Hasta que fue visible la estructura de lo que parecía ser una mansión muy antigua. La cual, su indefenso acompañante reconoció al instante.

—Esa es la mansión de la que les hablé.

—¿Cómo estás tan seguro?

—No puedo estar equivocado.

No se sorprendieron cuando vieron a tres Akumas esperándolos en uno de los balcones de la edificación. Los cuales les dieron una muy curiosa "bienvenida".

Siendo que esas cosas se tomaron la molestia de atraerlos, era algo que no podían ignorar. Por lo que el general se encargó de asegurarle al su nuevo amigo, que era mejor que continuara por su cuenta. Pero él se sentía algo renuente debido a cierta cuestión que le atormentaba.

—¿La señorita Allen no correrá peligro? ¿Están seguros de que pueden protegerla? —preguntó, siguiendo la corriente de pensamientos en los que ella era alguna clase de princesa indefensa.

Alma, Daisya y Marie, quienes se encontraban subiendo los escalones para entrar, casi se resbalan. Los dos primeros no pudieron evitar soltar una carcajada; que se encargaron de disimular con una tos. Marie sintió un par de gotas resbalar por su frente debido a la risa contenida. Kanda soltó un resoplido de burla. Mientras que la mencionada y aparente doncella en apuros solo se rascó el cuello con una risa nerviosa.

Tiedoll le dio una sonrisa conciliadora al hombre antes de hablar.

—Ella puede cuidarse sin la ayuda de nadie. —al ver que no le creía y seguía preocupado, agregó. —Es más acertado esperar que ella nos salve a todos de ser necesario.

El hombre parecía un poco escéptico, pero no dijo nada más, y los vio adentrarse bastante confiados en la mansión histórica por la que había viajado desde muy lejos. Esperando de todo corazón que no le pasara nada malo a la chica de cabello blanco.

Sin esperar más, los exorcistas entraron a la histórica mansión de un loco amante de las bromas.

Kanda fue el primero en caer y ser aplastado por una puerta… Dos veces. Alma el primero en ser empapado por la boca de un león. A Marie le tocó estrenar una caja con "sorpresas" de boxeo. Daisya activó -sin que nadie supiera cómo-, unas caras en las paredes que lo mordieron por todos lados.

Todo, mientras Allen y Tiedoll se reían de la desgracia ajena. Cuando llegaron a lo que parecía una biblioteca, estaban más que exasperados.

—Kanda, tienes la frente roja. —le señaló Allen mientras soltaba risitas. —Alma, toma, puedes secarte con esto. —le extendió un pañuelo que seguramente no era de ella. —Daisya, no te preocupes, tienes suerte de que el nuevo uniforme sea más resistente que el anterior, vivirás. Y Marie, ese moretón no es muy serio, sanará pronto.

Se dieron cuenta que se estaba divirtiendo de lo lindo. Pero al menos se sintieron aliviados de verla sonreír. Pese a que fuera a expensas de ellos.

—Es curioso que ese arquitecto famoso fuera de bromas infantiles. — comentó casualmente. —Yo esperaba espadas saliendo de las paredes. Una piscina de serpientes o que de las esculturas salieran escorpiones.

Qué demonios...

Fue el pensamiento colectivo ante sus palabras.

—Tenemos suerte de que el dueño de este lugar no fuera tan sanguinario. —le respondió el general. Un tanto preocupado por las expectativas de la chica.

—General, no ande tocando las cosas sin más. —le regañó Kanda, ya al borde del colapso por la ira reprimida.

—¿Mn? ¿Decías algo? —Cuando terminó de sacar un libro de uno de los estantes el techo se abrió.

Y ante su vista por fin aparecieron más Akumas con los que Kanda calmó su creciente enojo.

—Entonces solo se están burlando de nosotros… —mientras decía eso, por fin le llegó el turno a Allen de activar uno de los tantos mecanismos del lugar; cuando pisó un ladrillo que servía como interruptor.

Pero resulta que fue algo con lo que ya no pudieron seguir viéndose entre ellos.

Cada uno fue lanzado a una habitación diferente, en la que tuvieron que luchar por su cuenta con los montones de Akumas de nivel Uno. Curiosamente, el general terminó frente a los tres que les habían recibido antes de entrar.

Las explosiones resonaron por todo el edificio, a causa de las peleas que estaban teniendo individualmente los exorcistas. En ese momento fue inevitable que la persona que habían dejado atrás, se preocupara por el lugar y cierta señorita.

Cuando terminó con su parte, Kanda no se tomó la molestia de usar las puertas. Para evitar encontrarse con más como las primeras dos que había intentado abrir. Con la fuerza de la segunda ilusión atravesó las paredes, y con ellas las bromas escondidas adentro. Se estaba guiando por la esencia de los Akumas para saber en dónde se encontraban los demás.

Mientras avanzaba, se había dado cuenta que los separaron por unas cuantas habitaciones de distancia. Estaba evaluando a quién ayudaría primero. Pues aparentemente los ubicaron en un círculo; dividido por pasillos y probablemente más bromas. Se concentró para sentir de dónde venía la mayor cantidad de Akumas, que era seguramente en donde estaban los de nivel Dos, y muy probablemente su maestro. Él tendría que ser su prioridad, pero…

"Por favor, y…"

Las palabras resonaron en el fondo de su mente. Como un susurro desesperado y lleno de dolor. Pero no lograba recordar a quién pertenecía esa voz.

Esa sensación extraña de haber olvidado algo importante regresó con fuerza. Haciendo más complicado decidir hacia dónde tenía que ir. Con una mayor concentración, se dio cuenta que una de las habitaciones estaba más abarrotada de Akumas que las demás.

Haciendo memoria, si el Conde estaba buscando al Corazón y deshacerse de los generales; había algo que, según eventos pasados, lo tenía más inquieto que eso.

Rompiendo las paredes, se fue por la derecha y llegó a una habitación similar a la que abandonó hace poco.

Reconoció de inmediato la cabellera blanca, y por lo visto, en esa habían dejado otro Akuma de nivel Dos. Diferente a los tres que parecían trillizos que habían visto en la entrada. El lugar seguía moviéndose y los de nivel Uno retrasaban la tarea del brote de habas de acabar con el de nivel Dos. Eran los Akumas y…

—¿Por qué demonios regresó? —fue lo primero que dijo al ver al hombre agazapado detrás de la exorcista. —¿Y cómo diablos llegó hasta aquí?

—Supongo que caminando, idiota.

—No me vengas con estupideces.

—Eso no es lo importante ahora.

Kanda soltó un chasquido y entre los dos comenzaron a destruir a los Akumas de nivel Uno.

El hombre se sentía bastante inquieto por ver a los jóvenes destruir tan precioso tesoro arquitectónico. Pese a eso, también estaba impresionado por la fuerza de esa chica que supuso era bastante delicada. Pero de delicada no tenía ni un pelo. Se dio cuenta que la había subestimado y al parecer, era cierto que bien podría salvar al resto por si sola. Y que su ropa en realidad era una versión femenina del traje que llevaban los otros (2).

No pudo evitar sentirse un estorbo al notar que por defenderlo no podía atacar con libertad a su enemigo.

Pues al caer en el lugar, se dio cuenta que no le era difícil destruir a las criaturas de un solo golpe con esas armas de apariencia exótica que tenía consigo. Las cuales cambiaban de forma constantemente conforme ella lo necesitara. Definitivamente, una mujer extraordinaria.

Durante toda la pelea, de repente la chica pareció pensar en algo. Y, sin verse afectada por el peso de un hombre mayor que ella, lo puso sobre su hombro y lo llevó a una esquina del salón que no se movía demasiado.

Al considerarlo medianamente estable, le dio una mirada a su compañero y después se encogió de hombros, luego le habló en un tono de disculpa. —Lo siento por esto.

Le dio un golpe en la nuca que lo dejó inconsciente.

Luego siguió ayudando al japonés.

A Kanda le pareció raro que optara por mandar a dormir al sujeto, pero no se lo cuestionó y entre los dos acabaron con todos los Akumas de nivel Uno. Ya solo faltaba el de nivel Dos.

—No representó mucho problema para ustedes, ¿eh? Por desgracia yo soy más fuerte que todos esos.

—Lamentablemente para ti, no lamento ser más fuerte de lo que creíste. —le dijo Allen con una sonrisa.

—Hay que acabar con esto de una vez por todas.

—Tan impacientes. Pero estar aquí encerrados es precisamente lo que debieron evitar. Sobre todo, si querían cuidar de ese humano.

—¿Q-Qué mierda? —Kanda se dio cuenta demasiado tarde que le faltaba el aliento. Sintió tanto dolor en su pecho que tuvo que recargarse en Mugen para mantener el equilibrio. Y al ver que empezaba a respirar con dificultad, el Akuma sonrió. —S-Se roba el oxíge-no. —habló entre jadeos.

—No es eso. —volteó con dificultad. Y al ver que esa mujer no estaba afectada le pareció extraño. —Entre más se mueve alguien, se roba su energía vital. —miró sobre su hombro hacia el hombre inconsciente. —Y mientras más respiras, más fuerte se vuelve. Acondicionó este salón como su base, se podría decir que es una burbuja en donde se encarga de consumirte hasta matarte.

Así que por eso decidió desmayar al otro. Pero eso era lo que menos le importaba al pelinegro.

—¿C-Cómo…?

—No hables. Eres más fuerte que un exorcista normal. Por eso tu energía es como un manjar para él. Mientras más luches, más extraerá de ti.

El Akuma la miró con curiosidad.

—Vaya, vaya. Has comprendido bastante bien la situación. —la evaluó detenidamente. —¿Pero por qué no te ves afectada? ¿Acaso no eres tan fuerte como él?

La chica le dio una sonrisa irónica.

—Me pregunto por qué será…

Mientras hablaba, el demonio la quiso tomar por sorpresa; apareciendo frente a ella en cuestión de segundos para robarle la energía vital directamente. Es solo que no le fue posible cuando Allen alzó una mano para detenerle. De repente no pudo avanzar más hacia ella, como si una fuerza invisible lo estuviera deteniendo.

Y no era por causa de la Inocencia.

—¿Qué…?

—El problema con tu habilidad… —pronunció cada palabra lentamente, en tanto alzaba la otra mano para tomarlo por el cuello y acercarlo hacia ella. —Es que cosas como esas no me afectan. —dijo cerca de su oído.

Como si varias manos invisibles rodearan al Akuma, en un segundo todo su cuerpo se vio doblado en diferentes direcciones extrañas que se veían dolorosas. La británica lo golpeó con el puño, mandándolo contra la otra pared; sin darle oportunidad de asimilar lo que le había pasado, transformó su Inocencia y lo destruyó con un golpe.

Kanda vio que claramente no había usado su Inocencia durante el proceso inicial, pero si la usó para partirlo en dos y mandarlo al otro mundo. Lo curioso, es que sus ojos se vieron diferentes por unos instantes. Y… ¿Cómo era eso de que no le afectaban esas cosas?

Una vez el Akuma desapareció, la presión en sus arterias y pulmones se fue de inmediato. La miró con extrañeza mientras su Inocencia regresaba a sus manos. Cuando sintió su mirada, se giró para verlo de frente. Y antes de que dijera nada, miró el lugar en donde estaba el colgante que le había dado.

—Supongo que ahora sientes de diferente forma a los Akumas. — Inconscientemente, llevó una mano sobre su pecho a donde descansaba la piedra. —Con práctica, podrás saber de qué nivel es el Akuma al que te enfrentas desde una distancia considerable.

Notó que estaba empleando lo del voto de confianza. Soltó un chasquido.

—Sentiste más Akumas de los que eran realmente, ¿no? —Kanda solo asintió. —Eso era debido al de nivel Dos. Debes concentrarte un poco más.

—Entonces... ¿no dejaré de sentirlos?

—¿Quieres dejar de sentirlos?

Eso definitivamente no era conveniente. Cuando no respondió se rió ligeramente.

—Lo supuse.

—Tendría una desventaja en batalla.

—Que consentido.

Kanda se atrevió a hacer una pregunta. Pensando en que era lo justo si se trataba de fomentar la confianza.

—También los sientes, ¿verdad?

Se vio decaída por un momento. Soltó un suspiro y masajeó su frente con dos dedos. Pese a que con anterioridad la había visto hacerlo, ese gesto era más constante últimamente.

—Algo así. —respondió en voz baja.

No iba a preguntar más, esa respuesta fue suficiente.

—Será mejor que vayamos con los demás.

—¡Jo! ¿No vas a seguir preguntando?

—¿Estás dispuesta a responder?

—Que considerado entonces. —lo evaluó detenidamente un momento. —Supongo que no te has dado cuenta de que moderar tus… percepciones no es lo único que hace, ¿cierto?

—¿A qué te refieres?

Se rió burlonamente.

—¿No te sientes menos estresado?

Kanda lo pensó un poco, se dio cuenta que era verdad. Pero tampoco era tan malo después de todo. Habiendo llegado a esa conclusión, se encogió de hombros mientras envainaba a Mugen.

—Busquemos a los otros.

—No será necesario, el general está por terminar con esto. —le dijo mientras evaluaba al hombre que se les había colado.

El japonés se le quedó viendo. Esa mujer era todo un enigma. Y por lo visto ya no iba a guardar tanto las apariencias con él. En especial ahora, que se dio cuenta, había entendido que no la iba a seguir hostigando con sospechas.

Y tal y como dijo, de repente todo el lugar empezó a temblar; del suelo apareció una figura blanca que los resguardó del desastre. Por lo visto el maestro por fin había activado su Inocencia. En cuestión de minutos, solo quedaba humo en donde una vez estuvo la casa de alguien famoso amante de las bromas y la arquitectura. Del cual Kanda ni siquiera recordaba el nombre.

Era algo como… ¿Jeff? ¿John? Bueno, a quién le importaba.

Al encontrarse fuera de ese lugar infernal, Tiedoll se puso a llorar desconsoladamente por la pérdida de esa mansión legendaria.

Afortunadamente, los demás no estaban heridos, por lo que se podía considerar que todo el asunto se terminó sin novedades. El hombre que los acompañó durante toda la travesía intercambió unas cuantas palabras con el general antes de separarse.

Por suerte para el brote de habas, el tipo no volvió a insistir en que quería dibujarla.

Cuando retomaron su camino, Kanda iba ignorando de nueva cuenta los sollozos fingidos de su maestro, y la charla que mantenía el resto con él para darle ánimo. Pero de repente sintió algo que lo hizo ponerse en alerta. Por lo que ralentizó sus pasos y escaneó el lugar con disimulo, a manera de no alterar a los demás para no espantar al intruso que les seguía.

Durante su evaluación, se dio cuenta que esa mujer lo observaba con una rara mezcla entre el entendimiento y la presunción.

De manera extraña y disimulada, se coordinaron para empezar a caminar a la par sin que pareciera sospechoso.

—Es un Noé. —fue lo que dijo sin que nadie más escuchara, pues seguían concentrados en Tiedoll.

—¿Por qué no ataca? —preguntó en el mismo tono. Cerciorándose de que los demás siguieran en lo suyo.

—Porque este no se especializa en combates en conjunto. Podrá ser desalmado, pero tiene cierto grado de honor. Por eso no pelea con varias personas a la vez.

—Por lo visto sabes mucho.

Solo obtuvo un resoplido como respuesta y un cambio de tema.

—De momento no corremos peligro. Así que no te preocupes por él. —dicho eso se alejó hacia los demás.

Quiso detenerla para seguir cuestionándola, pero de nuevo sintió ese pesar extraño que lo invadía por momentos. Junto a otro susurro entristecido que lo hacía sentirse mal. Haciendo que olvidara lo que estaba por hacer.

"Y… lo siento"

No sabía de dónde venía ni de quién era la voz. Lo extraño del asunto es que la sensación lo asaltaba por momentos, después se iba sin dejar rastro ni recuerdo. Por eso mismo no estaba tan pendiente de eso. Tampoco tenía ganas de averiguarlo.

Ahora lo importante era llegar con el general Cross y hacer lo que tenían que hacer. Después de todo, estaba en la Orden para cumplir una promesa por encima de cualquier otra cosa. Y tenía el presentimiento de que se estaban acercando al momento de acabar con todo.

Pues eso era algo que no olvidaría sin importar las sensaciones extrañas que le embargaran.


Extra:

Lavi miraba a al Panda como si le hubiese dicho que se acercaba el fin del mundo. Aunque lo que le dijo representaba algo similar.

—¿L-La-a mu-muerte...? —le era difícil continuar con las palabras. Recordar eso era doloroso.

Bookman lo miró sin parpadear, y sin culparlo por su reacción. Lo que había dicho era una herida de la que ni él mismo se iba a recuperar jamás.

—Si confirmo quién mató a tu padre, lo mejor que podemos hacer es irnos de la Orden cuanto antes.

El pelirrojo no quería saber más al respecto, pero si el viejo encontraba la información, se aseguraría de hacer pagar a la persona que lo hizo.

Y sin cuestionarle más sus decisiones lo miró partir.


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1: Escuelas orientales de arte: Como se habrán dado cuenta, esta es una adaptación de un capítulo del anime, y originalmente, están hablando de la Universidad de Praga y otras ciudades europeas, aquí, como ya están de camino a Japón y salieron de la rama China, por supuesto que andan por esos lados del mundo. Si les soy honesta, nunca fui muy buena en geografía. XD por lo que no esperen mucha coherencia en mis ubicaciones geográficas, aunque hago el esfuerzo de que tenga sentido. Si cometí un error, están en la libertad de hacérmelo saber. Y si lo notaron aquí ni siquiera puse el nombre del hombrecito que se encuentran en la serie ¯\_(ツ)_/¯.

2: El mismo traje que llevaban los otros: Es cierto que no he mencionado mucho al respecto, y la verdad tampoco tuve ganas de narrar una escena en la que les daban los trajes como cuando Allen sale de la rama asiática en la serie y el manga. Pero piensen que el anterior uniforme de Allen era como el que usa Miranda. Y el nuevo es más o menos así:

Ilustracion en Wattpad

"Tira confeti en el manicomio de su imaginación" Waaaaaaaaaa

Hay fiesta, hay fiesta.

Hermosa gente lectora, este capítulo no se planeó exactamente así... pero ya ven, asía salen las cosas. Jajajajajaja ( ̄〜)

Si les soy honesta, el día 5 siempre es una fecha especial para mí, y el arco siguiente no está terminado, pero no podía quedarme sin traerles esto o hacerles esperar más. Espero que les haya gustado.

Como les dije, esta cosa estaba planeada de otra forma. Originalmente, tenía pensado meter más diálogos en ese extra... jeee pero no se dio, y tampoco me cabe en el siguiente capítulo. Entonces tenemos esto porque me acordé que nunca había experimentado con hacer un mini extra xD. No soy yo si no les doy más misterio jajajajajaja.

El otro día le estaba comentando a una amiga que en esta historia ya estoy llenando un cuaderno con apartados como: "cosas que quisiera que pasaran en Fidelium pero que no me caben en los caps." ( ´・・)(._.`) ella me dijo que hiciera más capítulos, pero honestamente no me quiero tardar demasiado, además que considero que es relleno xD... o bueno, por lo menos las escenas no son tan necesarias.

Así que, ¿qué les pareció? Espero que les haya gustado mi adaptación del capítulo 45 del anime. Yo la verdad me divertí mucho haciéndolo. o(^▽^)o también usaré algunos caps de relleno de la serie y el manga para cosas posteriores. Así que este fue mi primer experimento. (*3)╭

Entonces, aquí tenemos un par de revelaciones y como prometí, se sabe un poco más de las habilidades de Allen y lo que hace ese collar que le dio a Kanda. Aquí hay un par de cosas que están escondidas que me servirán para más adelante. Espero que su percepción lectora las haya encontrado jejeeje.

No tengo mucho que decir en cuanto a este cap y creo que en los siguientes será lo mismo, pero no angts. que mis notas finales de la historia serán un testamento xD. Así que como siempre, gracias por leer.

By. KNM