Capítulo Veinticinco

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Un Akuma modificado.

El único que sabía hacer tal cosa no era del todo confiable. De eso estaba seguro Tiedoll.

El demonio modificado se portó de lo más dócil con ellos; cumplió con lo que les había dicho de llevarlos por el camino menos concurrido por Akumas, y en una de tantas anuncia como si nada.

—Japón está bajo el dominio completo del Conde desde hace trescientos años.

A partir de ahí todo se fue en picada.

Era ya media tarde -que parecía media noche-, y no pudieron hacer otra cosa más que correr para no salir gravemente heridos antes de llegar. Tiedoll estaba considerando seriamente ordenar a sus alumnos dar la vuelta y dejar al tipo a su suerte. Pero había decidido que le ayudaría y no se iba a retractar.

Aunque pensándolo bien, tampoco se lo había dicho al sujeto por ningún medio. Solo recibió su carta; la cual leyó, entendió que era importante y decidió que iba a ayudar, pero nunca le confirmó al taimado de Cross que acudiría a su llamado. Sin embargo, conociéndolo lo daba por sentado.

Que molestia.

—A estas alturas el Conde ya sabe que estamos aquí. —Marie se veía cansado, pero todavía podía aguantar.

—No me extrañaría. Ya no sé con certeza cuánto tiempo tenemos peleando. —Alma era quien más se quejaba desde hace rato.

—Y si no lo ha notado es que de verdad somos insignificantes para él. —apuntó Daisya. Solo porque el cansancio lo ponía de mal humor y si él lo estaba, era justo que los demás también.

Kanda y Allen eran quienes no decían nada. Hasta que, de repente Allen dijo algo en lo que nadie había pensado por estar tan ocupados en correr y destruir Akumas.

—Me está dando sed.

Al decirlo, de manera automática todos pensaron en que no habían podido alimentarse adecuadamente, o tan siquiera beber algo. Lo cual les causó un decaimiento instantáneo.

Y así Daisya fue superado.

Allen se rió.

Solo hasta ese momento, Tiedoll tuvo la gracia de activar su Inocencia y darles un descanso a sus alumnos. Con lo que pudieron revisar si les quedaba comida y agua para resistir el camino que les faltaba.

Afortunadamente, todavía tenían lo suficiente para sobrevivir… Esa noche.

—A este paso vamos a morir. —se quejó de nuevo Alma.

—Bueno, lo cierto es que sí no encontramos rápido a ese tipo, eso es lo que nos espera. —Tiedoll ya estaba dejando de lado su temple al ver que sus hijos estaban sufriendo.

—Oye, tú. —le dijo Kanda al Akuma. —¿Cuánto falta?

—Yo… —no pudo seguir hablando porque sus ojos se llenaron de venas. —Supongo que ya tengo hambre también.

Dicho eso, estalló. Con eso el general entendió que a partir de ahí estaban por su cuenta.

—Nuestro guía se fue. —suspiró Marie.

—Tal vez no del todo. —dijo Alma, sorprendiéndolos un poco.

No obstante, cuando entendieron las palabras del chico, de inmediato giraron sus cabezas en dirección al posible guía.

Kanda chasqueó la lengua mientras evitaba sus miradas astutas. Bueno, mierda.

Tiedoll trató de relajar el ambiente pesado, que los empezaba a invadir por el aura negra que casi era visible alrededor de Kanda.

—Por hoy creo que ha sido suficiente. —se empezó a acomodar para hacer guardia, ya que era el menos cansado de todos. —dentro de tres horas alguien debe relevarme. Decidan entre ustedes quién será.

Con las instrucciones dadas, se alejó unos pasos para dejarlos acomodarse. Y justo cuando el más sensato de todos estaba por preguntar quién sería el siguiente, con un tanto de asombro se dieron cuenta de que Allen no había perdido el tiempo y se dejó caer contra un árbol; ya hasta se podían escuchar leves ronquidos.

—Supongo que, a fin de cuentas, solo somos humanos. —razonó Alma al verla dormir. —Yo tomaré el siguiente. Marie, Daisya, decidan quién sigue. Pero creo que sería mejor que dejáramos a esos dos dormir más. Después de todo necesitamos a Kanda en plena forma y Allen es una chica.

—Puedo perfectamente con un par de horas de vigía. —reprochó Kanda. Pero Alma le dio una mirada dura que pocas veces le daba. Después le sonrió. Sintió que se estaba juntando demasiado con el brote de habas al ver esos cambios de humor.

—Lo sé. —fue la única respuesta, que más bien era una advertencia bastante clara.

Volvió a soltar un chasquido, pero se fue a dormir.

Aunque, tal y como sospechó, a las pocas horas se tuvo que despertar al darse cuenta de que -aparentemente-, no había nadie vigilando. Alma había cumplido con el turno después del general, pero el estúpido de Daisya parecía muerto entre unos arbustos no muy lejos de ellos. Por lo visto intentó cumplir el turno, pero no pudo soportar el desvelo; o no había alcanzado a despertar a Marie.

Suspiró.

—Pareces un padre decepcionado.

Al escuchar al brote de habas hablar de repente, sintió que al menos había avanzado al no sobresaltarse de la sorpresa. Esa tipa tenía la costumbre de hablar de repente por diversión. Era como si disfrutara de ver a los demás asustarse. Cuando no respondió se rió con descaro.

—Vuelve a dormir, queda poco para que amanezca. Un par de horas de descanso pueden hacer la diferencia.

Sintió que era un desperdicio de tiempo, de todos modos…

—Siempre suelo despertar a esta hora.

—¡Oh! ¿En serio?

No respondió. Se dedicó a evaluarla. Tal parecía que llevaba un rato despierta y no se veía con planes de dormir de nuevo. Pensó un poco. Por lo visto, no habría otra oportunidad como esa para hablar con ella, y plantearle un tema que lo dejó un tanto inquieto cuando Alma mencionó lo de dejarlo dormir más.

—No sé cómo detectarlos exactamente. —Maldición, plantear el problema era difícil sin parecer un inútil. —Me he dado cuenta de que los siento solo cuando estamos más cerca de ellos.

—Con el asunto de la mansión no parecía así.

—No estábamos muy lejos. A mayor distancia es más difícil.

La británica lo observó por largo rato. Como considerando algo. Pero durante su evaluación, frunció el ceño y se frotó la frente con molestia; mucha molestia marcada en el rostro. Cosa que terminó por molestar a Kanda también.

—Olvida lo que dije. Me las arreglaré.

—¿Por qué siempre malinterpretas las cosas?

¡Oh! Kanda no era el que malinterpretaba las cosas. Él seguía sus instintos y estos no solían equivocarse. Quienes tenían esa mala costumbre, eran los que estaban dormidos no muy lejos de ellos.

La chica soltó un suspiro.

—Te había dicho que necesitas concentración. Y práctica. —hizo una pausa. —Mucha práctica. Y últimamente pareces un tanto ausente. Dime una cosa, ¿no confías en tus compañeros?

—¿De qué diablos hablas?

—Has estado más pendiente de todos, como sí el no sentir su energía y ver sus emociones causara que tengas… Ejem… Temor a lastimarlos por no saber en dónde están.

—No seas ridícula.

—Piénsalo por ti mismo, ¿quieres? Y concéntrate. No estoy con ánimo para ayudarte con tus conflictos internos. Mucho menos de gratis y tampoco estamos en posición de que te distraigas.

—Yo no estoy distraído.

—Sí, cómo sea.

Se puso de pie y se acercó a un árbol frutal que no había visto con anterioridad. No la siguió, pues se había dado cuenta que estaba más callada, un tanto más huraña y distante. Eso se debía probablemente a la ausencia de la enana. Kanda no se lo podía reprochar cuando fue la que más Akumas destruyó. Por lo visto liberaba el estrés de la misma forma que él. Sí era el caso no estaba en posición de criticarla.

Por otro lado… ¿Se preocupaba por lastimar a los otros?

No.

Reconocía que la mayoría de las cosas negativas de las que se le tildaba eran ciertas. Pero no era un hipócrita y también sabía reconocer sus errores. Al menos para él mismo. Y lo que le tenía intranquilo, no era la posibilidad de lastimar a sus compañeros al no sentir su energía. Si se concentraba, durante la batalla era sencillo saber en donde estaban. Puesto que los Akumas atacaban alrededor de lo que parecía un punto ciego; con eso sabía que los demás estaban allí.

Su preocupación era que de repente desaparecieran esos puntos ciegos. Lo que significaría que alguno murió.

Maldición, se estaba volviendo un blandengue sentimental. Estaban en una guerra. De pasar eso, no había mucho qué hacer para evitarlo. Las pérdidas eran inevitables y él lo sabía más que nadie. Luego de recobrar el sentido común, decidió que lo mejor era meditar un poco. Hace tiempo que no lo hacía.

La meditación le ayudó a recobrar el control de sus emociones y a tranquilizar su mente. Para poder centrarse en encontrar los lugares que menos Akumas tuvieran. Aunque sabía que tarde o temprano no podrían evitar encontrarlos. Si estaban en territorio del Conde, significaba que la batalla era inevitable.

Cuando salió de su trance de paz, el sol estaba empezando a salir. Vio al brote de habas parada de tal forma que recargaba todo su peso contra un árbol. Cuando sintió su mirada, se la devolvió con apatía, y dijo algo que en definitiva era extraño.

—¿Sabes? Sigo teniendo sed.

—Maldita loca.

Le respondió con una risa divertida. Volteó su vista al amanecer y volvió a hablar, esta vez con seriedad.

—Kanda, no te pido que confíes ciegamente en mí y en lo que hago en la Orden. Aunque espero haber demostrado que mis intenciones no son malas; pese a que no estén cien por ciento alineadas con las de los altos mandos.

» Así que agradezco que también estés haciendo un esfuerzo para mantener las cosas que he hecho frente a ti, y por ti, fuera del conocimiento de los demás. También espero haber entendido bien que ya no vas a molestar más a Lía. —Kanda asintió, y aunque ella no lo vio, supo que lo había entendido. —Así que, siendo el caso de que al menos hemos llegado a una tregua, ¿cómo explicarlo…? Verás…

Durante todo su discurso se mantuvo viendo hacia la salida del sol. Cuando lo miró de nuevo, tuvo la impresión de que le estaba confiando algo. No sabía qué hacer al ver su semblante serio. Y tal vez ella entendió que le estaba dando la importancia necesaria al asunto, por lo que su ceño se relajó.

—Créeme cuando te digo que para terminar con todo esto, es necesario que todos los Noé estén con vida. Sé que eres capaz, pero no mates a ninguno si se te presenta la oportunidad.

No supo qué responder. Y en ese momento no lo sabía, pero no era, ni sería la primera vez que eso le iba a pasar.

Entendió que el brote de habas definitivamente buscaba acabar con la guerra de una vez por todas. Sus métodos eran desconocidos y todo en ella, probablemente siempre permanecería en el anonimato al terminar. Pero estaba confiando en él al mostrarle sus habilidades. No sabía si lo había ayudado para que se quedara tranquilo y no siguiera incitando a los demás en su contra, o por la simple intervención de la enana.

Pero sea la razón que fuera, sentía que se estaba acercando el momento de acabar con el Conde y su familia de una maldita vez. Y sería gracias a ella. Sin embargo, el pensamiento por alguna razón no le molestaba tanto cómo pensó que lo haría.

Después de unos momentos de silencio en los que no dijo nada, aparentemente su silencio implicó que estaba de acuerdo con su petición y volvió a hablar.

—¡Bah! Pero eso no significa que no puedas lastimarlos un poco. —Esta vez su tono era de burla.

Kanda decidió que esa mujer estaba loca. Al llegar a esa conclusión se preocupó un poco por el rumbo que tomarían las cosas.

Cuando todos despertaron continuaron el recorrido. Lograron comer algunas frutas que Allen recolectó, junto a un par de conejos que cazó durante el camino. Cosa que le agradecieron infinitamente. Ya que eran exorcistas elegidos por la Inocencia, pero desgraciadamente ninguno sabía cazar; o que de primero había que sacarle las entrañas a los animales, para que no estuvieran amargos al comerlos.

Daisya lamentó de nuevo que bateara para el otro equipo. Los demás -menos Kanda-, solo se dedicaron a llenarla de halagos.

Es solo que, para extrañeza de todos, solo contestó diciendo que seguía teniendo sed de manera ausente… Mientras bebía de la cantimplora recién llenada precisamente por ella. Prefirieron no decirle nada al respecto.

Kanda notó que después de meditar, su percepción mejoró y, aunque no conocía el camino, pudo llevarlos por una zona por donde no encontraron muchos Akumas. Incluso, pensó Tiedoll, resultó mejor guía que el Akuma modificado.

—En serio agradezco que hoy no estemos teniendo tantas peleas, pero… ¿Tan siquiera vamos en la dirección correcta, Kanda? —le preguntó Daisya.

Kanda notó de inmediato que el resto quería preguntar lo mismo. Y una mirada asesina dejaba en claro su indignación.

—Estoy seguro de que es la dirección correcta. —intervino Tiedoll.

—Maestro, ¿cómo está tan seguro? —Marie tenía la impresión de que solo lo decía para que no se desatara una pelea innecesaria. Mas no era el caso.

El general simplemente levantó la vista, señalando que siguieran su mirada de manera tácita. Entonces se dieron cuenta que el cielo estaba más extraño de lo normal.

Las nubes estaban viajando todas juntas en una sola dirección. Pero no eran nubes, eran Akumas yendo en la misma dirección por la que iban precisamente ellos; con mayor velocidad y por montones. Suficiente señal de que estaban siguiendo el camino correcto para llegar hasta el Conde.

—Bueno, eso sí es una prueba contundente. —aceptó Allen.

Antes de seguir caminando, a Tiedoll lo embargó cierta inquietud. Sus alumnos lo conocían lo suficiente para saber que antes de seguir tenía algo que decirles.

—Escuchen. Quiero que sean conscientes de que, si continuamos, no solo nos tendremos que enfrentar a Akumas de Nivel Tres, sino también a los Noé. Estamos caminando directo hacia su guarida. Las cosas a partir de ahora no serán fáciles. —dio un suspiro bajo y se ajustó los lentes antes de continuar. —Aunque debo decir que estoy orgulloso de ustedes. Han progresado bastante.

Esas palabras podrían interpretarse de varias formas. Era como si el general no quisiera que siguieran adelante, pero estaba seguro de que, si lo hacían, eran lo suficientemente fuertes para salir adelante en la situación.

—Sigo teniendo sed. —dijo Allen sin más.

Con eso se esfumó en un instante el ambiente cargado de anticipación de sus compañeros.

Alma estaba por darle al general una respuesta que seguramente lo haría llorar de lo conmovedora que era. Pero la peliblanca habló como si estuviera hablando consigo misma.

—Sigo creyendo que estás malditamente loca. — le regañó Kanda. Sin embargo, se dio cuenta que la chica estaba viendo hacia la distancia de manera ausente. Y, como si no hubiese dicho nada raro, los miró sobre su hombro.

—Debemos continuar así sea peligroso. —se dirigió a Tiedoll. —Lo que haya más adelante, tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a ello nos guste o no; y así queramos evitar el conflicto regresando por donde vinimos.

En ese momento, les hablaba como si fuera alguien diferente. Alma tenía la impresión de que la ausencia de Emilia le estaba afectando más de lo que pensaron.

Después de eso no dijeron nada más y siguieron avanzando hasta que llegaron a la capital imperial de Japón. En esta ocasión, no encontraron a ningún Akuma e, inesperadamente, estaban más cerca de lo que pensaron. Pues llegar no les llevó tanto tiempo desde que el general había advertido sobre seguir adelante. Y lo que encontraron fue el escenario más espeluznante que pudieron imaginar.

En la ciudad la ausencia de humanos era absoluta, y en esta ocasión incluso no había ni siquiera aves a la vista. Pasaron cerca de un río con unos cuantos peces. Pero fuera de eso, el indicio de vida más allá de las criaturas del Conde no existía.

El castillo al frente era una rara edificación que parecía flotar imponentemente al centro de la ciudad. Con el diseño clásico de los castillos orientales, pero no había signos de que hubiese sido construido por mano de obra humana. La luna se alzaba tétricamente sobre el lugar, dando algo de luz a las calles. Había casas, pero estas probablemente fueron abandonadas hace cientos de años y en su mayoría se veían viejas y descuidadas, incluso tan frágiles que sospechaban que se caerían con el menor golpe; era muy seguro que el polvo las estuviera cubriendo por dentro.

Caminaron un poco hasta adentrarse más a la ciudad y ver lo que pasaba.

En la cima del castillo era visible la figura de un hombre gordinflón con un sombrero de copa. No era necesario saber lo que decía para entender que se estaba dirigiendo a sus máquinas asesinas en ese momento, pues de repente una luz empezó a salir de ellos, seguramente respondiendo a las palabras de su Amo.

—Esto no pinta nada bien. —dijo Marie con las manos en los oídos. De todos era el único que podía saber lo que estaba diciendo el Conde. —Sabe que estamos aquí. Ha reunido a todos los Akumas de Japón en este lugar porque sabe que el maestro y el general Cross están aquí.

—Supongo que fuimos muy ruidosos al llegar. —habló Daisya con cierta anticipación. —Incluso si hubiésemos dado la vuelta, habría enviado a los Akumas a cazarnos.

—Es muy probable. —susurró Alma, bastante nervioso por la pelea que estaban por tener.

De la nada se escuchó una voz que no correspondía a ninguno de los presentes, causándoles una leve sorpresa. Pero no era cómo cuando Allen solía hablar para hacerse notar a veces.

Por lo que la reacción fue un leve desconcierto al ver a Bookman viendo en la misma dirección que ellos con las manos metidas en las mangas de su traje de exorcista; que al igual que el de ellos había cambiado.

—Los tiempos se están alineando. —había cierto aire de misterio en su expresión. —No puedo pasar por alto el registro de lo que está por pasar aquí. —fue su respuesta a la pregunta silenciosa que todos le hacían. —¿En dónde está Allen Walker?

Esta vez sí se sobresaltaron. Pues no se habían dado cuenta de que Allen no estaba a la vista.

—¿Qué diablos? —Kanda casi gritó al notar la ausencia de esa mujer. —Estaba con nosotros no hace mucho.

—Ya decía yo que algo faltaba. —Alma escaneaba los alrededores para encontrarla, pero nada.

—¿A dónde habrá ido? —preguntó Tiedoll, pero no con verdadera preocupación. Sabía que la chica era perfectamente capaz de cuidarse sola. —Bueno. Si no la vemos en dos horas, iremos a buscarla. —decidió.

El resto de sus alumnos quería protestar. Pero no pudieron hacerlo cuando Marie anunció que el Conde dio la orden de atacar a los generales.

La batalla había comenzado.

Bookman tuvo que pelear también, aunque sus motivaciones para estar ahí, en esa ocasión eran meramente personales. Puesto que tenía la sospecha de que la Orden estaba detrás de la muerte de su hijo, al igual que la familia Noé.

Saber la verdad era imprescindible a cualquier precio.

Y también quería averiguar si Allen Walker era cercana a uno de los culpables.

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XXX

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Se estaba dando el tiempo para relajarse después de todo lo que había tenido que pasar. Era necesario y hasta merecido.

La luna iluminaba bellamente esa habitación; el vino era excelente. Solamente hacía falta la compañía de una bella dama. Lamentablemente, no pudo encontrar a ninguna disponible en esa tétrica ciudad controlada por el Conde. De lo contrario el ambiente sería perfecto para relajarse antes de la batalla.

Era mejor decir que era la batalla, para no usar ese otro temido término de "tener que trabajar".

Si todo iba conforme lo había planeado; en esos momentos Tiedoll ya estaba en Edo, junto al resto de sus alumnos enfrentándose al Conde. Y con suerte esa -autonombrada- aprendiz suya también estaría allí. Y si tenía la oportunidad, podría explorar un poco más de sus habilidades.

Era lo mínimo después de…

—¿De que hayas intentado "resolver" un enigma entrometiéndote en donde no te llaman? —escuchó a sus espaldas.

¿Qué demonios?

El pequeño sobresalto que lo invadió fue perfectamente escondido por el viento frío que sopló de repente. O al menos eso pensó él.

—¿Cómo me encontraste?

Cross Marian no era de las personas que se alteran fácilmente. Pero esto lo ameritaba por completo. Aunque la sombra de la habitación escondía a la persona, él conocía a la perfección la insignia estampada en su ropa. Además de tratarse de la única mujer bella a la que jamás intentaría conquistar.

Allen dio unos pasos para que la luna le iluminara por completo. Su expresión tranquila no concordaba con sus ojos calculadores.

Esos ojos…

—No eres tan impredecible como te gusta pensar. —curvó ligeramente sus labios en una sonrisa. —Pero no te ilusiones, no estoy aquí para responder a tus dudas. Ni para reclamarte lo que has estado haciendo.

Esta mujer.

Lo sabía. Con esas palabras, Cross estaba completamente seguro de que esa mujer lo sabía. Ella sabía a la perfección todo lo que había estado haciendo… Y buscando.

Pese a la ligera inquietud, imitó su sonrisa y bebió de su vino. Lo mejor era fingir demencia.

—Eso no funciona conmigo. —se cruzó de brazos y le dio una mirada divertida. —No me mires así. Como te dije, eres tan predecible que das risa. Así que por favor no intentes aparentar que no sabes de lo que hablo, Cross Marian. A estas alturas, después de todo lo que has encontrado… Y visto, no puedes esperar que fingir inocencia o ignorancia sea factible, o conveniente ante mí.

El pelirrojo frunció el ceño. El agarre en su copa se apretó. El: "todo lo que has encontrado", estaba tan lleno de sarcasmo que lo hizo apretar los dientes. Y el: "visto", tan lleno de burla que le daba dolor de cabeza.

Optó por atacar de frente y sin pensar demasiado. El silencio parecía contraproducente.

—Al fin algo sensato. —se burló Allen.

Cross chasqueó la lengua.

—Por lo visto, los de tu clase pueden leer la mente.

La chica se rió. Luego le habló como si fuera un niño.

—Error. Querido general, tratar de adivinar solo te hace ver peor, ¿sabías eso?

Suficiente.

—En ese caso no le demos más vueltas a esto y habla de frente. —por fin se puso de pie, aventando el vino y poniendo la mano sobre Judgment. —¿Qué pretendías al llegar a la Orden? ¿Qué quieres hacer una vez encuentres al corazón?

—Oye, ese vino se veía caro. —suspiró. —Y uno con sed de alcohol.

Se acercó a la copa y la pateó con una mueca de lástima. Su actitud era relajada. Y eso lo enojaba aún más. Pero cuando lo miró, era clara la amenaza sutil en su rostro.

—Creo que no estás en posición de exigir respuestas. —se encogió de hombros. —Mucho menos cuando te encargaste de hacer dudar a todos de mí.

¿También sabe eso?

Era lo de menos, a esas alturas no debería extrañarle.

—Después de lo que he pasado, al menos debo advertir sobre alguien como tú.

—Tu concepto de advertencia está tan distorsionado… —murmuró. Luego sonrió. —Pero no se podía esperar menos del hechicero… casi contemporáneo del Conde. Estás tan viejo que ya no sabes cuando están por hacerte un favor.

Marian se burló. Un favor

—Destruir al Corazón no es algo que pueda considerarse un favor.

—Entonces es eso, ¿verdad? —dijo mientras alzaba una ceja y lo miraba de arriba abajo. —Te encariñaste del Corazón, ¿o me equivoco?

Cross se dio cuenta que no negó su insinuación. Así que, a esas alturas, ya podía darlo por hecho. Ahora con lo otro…

—Él… él merece vivir.

El resoplido que soltó Allen hizo que quisiera poner una bala en su cabeza. O cinco. Pero si lo hacía, no era seguro que saliera con vida de esa habitación. O que lo lograra.

—No tienes ni idea de lo que va a pasar si el Corazón y el Conde siguen existiendo. —dijo lentamente, como para asegurarse de que escuchara y entendiera sus palabras. —Si insistes en mantenerlo con vida y pretendes que destruya al Conde, las cosas no van a salir como te las ha dicho.

No. Cross estaba seguro de que ella mentía.

—Estás hablando de El Corazón de la Inocencia. Un objeto enviado… —no pudo continuar con la risa de la chica.

—Un objeto enviado por los cielos; concedido a la humanidad para destruir al verdugo que intenta destruirla; el cubo sagrado que fue encontrado después del diluvio de forma milagrosa. La luz de la esperanza… Y todo lo demás que se adjudica a sí mismo. —Todos los títulos fueron dichos sin tanta burla en la voz, pero si cierto sarcasmo. —A quién el guardián Apocryphos sigue ciegamente…

Con la mención de esa Inocencia humanizada, Cross se sacudió levemente.

—Incluso después de tratar con algo como esa Inocencia, ¿sigues creyendo en todas esas cosas? —preguntó la chica.

Un gruñido salió de su garganta.

—Mi amistad con Mana y Neah no era apropiada. —se defendió.

—Nada de lo que haces es apropiado, Cross. Sobre todo, usar como cebo a los exorcistas, haciéndolos pelear mientras tú te sientas a beber tranquilamente repasando tus planes.

—¿Estás preocupada por ellos? —preguntó, intentando darle vuelta a la situación.

—Por supuesto. —respondió sin dudar. —Ellos son ignorantes de lo que intentas hacer y lo que escondes respecto a esta guerra. Y por eso me tienes aquí, para que no te salgas con la tuya.

—Eso ya lo veremos.

Y entonces disparó.

Un disparo que tal vez habría funcionado si su objetivo no fuera Allen Walker.

Allen se dio la vuelta, esquivando la bala, la cual la persiguió cuando cambió de dirección.

"¡Ah! Es cierto"

Cerró el puño, atrapó la bala y la hizo estallar. Fue inevitable levantar el polvo y cuando movió una mano para alejarlo, Cross ya no estaba por ningún lado. Allen soltó un suspiro. Luego sonrió.

"Funcionó"

Con pasos lentos se acercó al lugar en donde el sujeto dejó su sombrero. Lo levantó y al alzar la vista, se encontró con un par de personajes un tanto curiosos. Quienes le devolvieron la mirada confundidos y después sorprendidos.

—¿Tu eres la sospechosa de ser el enviado? —dijo el de cabello negro. Quien apuntaba a la cabeza de su compañero rubio - "¿Ese cabello es real?" - y viceversa.

Allen puso los ojos en blanco.

—¿Por qué cuando se trata de mí, "sospecha" está implícito en las oraciones o acciones?

"¿Sospecha es un verbo o un sustantivo?"

Tal vez cuando se trataba de Allen, ya hasta se convertía en verbo. ¡Bah! Eso era lo de menos.

Los… No. Él Noé del vínculo estaba frente a ella, y de esa pelea no se podía librar. Así que era hora de activar su Inocencia.

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NOTA IMPORTANTE A TOMAR EN CUENTA DE AHORA EN ADELANTE:

(—Conversación normal)

(Pensamientos de personajes en general)

("Una voz")

("Varías voces")

(*Pensamientos de Allen*)

(* —Respuesta de Allen*)

Esta es antigua, pero necesaria: (dicho con otro tono de voz)

NO TOMAR EN CUENTA LOS PARENTESIS

La neta, la neta, esto tendría que haber sido explicado desde mucho antes... jeeee, pero la verdad, no lo quería hacer realmente porque pensé que sí se entendía >﹏<, pero al revisar los caps anteriores, tal vez no se entiende como esperaba que lo hiciera, sobre todo en el cap 6 y 10. Por lo de los versículos que hay ahí y que habrá en los siguientes.

Como que a las cursivas le he dado un uso variado y dependiendo de la situación en los anteriores caps y lo seguiré haciendo. pero espero haber sido lo suficientemente clara en su uso hasta ahora. xD

Entrando en materia. No sé si molesta el OOC en la relación entre Allen y Cross, pero es necesario para la trama y la verdad me gusta. Jaja (*3)╭ quiero algo diferente aquí y pos, ya no es necesario decirles que acá nada es como en el canon.

AQUÍ YO SOY EL CANON ALV Ψ(

La aparición de Bookman es algo que me costó un poco terminar de armarlo, pero al fin encontré cómo meter las palabras para que se sepa lo que hace ahí.

Y bueno, lo de las aclaraciones en los paréntesis, en los siguientes caps espero que quede claro porque lo hago. Pensaba hacerlo al inicio del siguiente o para el 27 pero no me gusta poner notas al inicio de los capítulos, si lo hice con el 19 fue porque de no hacerlo puede que alguien se queje. Jeje no quiero comentarios ofensivos en este hijo que amo demasiado (づ ̄3 ̄)づ

Y bueno, ¿qué les pareció?

Siento que la broma de Allen sobre la sed está como que sobre actuada... jajajaja, pero ya sabrán porque tenía ganas de licor en ese momento. Paciencia pueblo lector.

Por el momento solo me queda decir que se acercan los chingadazos, probablemente algunos misterios y varias pistas a revelaciones, preparaos.

Sin mucho más que decir, espero que se empiecen a entender las cosas a partir de ahora. Sigo agradecida por que sigan leyendo, nos leemos pronto.

By, KNM.