Capítulo Veintisiete

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*Lo sabía.

Sabía que su fuerza no era suficiente. Que la mía tampoco lo era. Por eso necesitaba destruir al Conde. Y así darle lo necesario para poder acabar con todo.

Pero no esperé que querer ayudarla, terminaría siendo la causa de que decidiera hacer lo que hizo. Mis decisiones tampoco eran exactamente las correctas.

Fui egoísta.

Y ese fue mi pecado. Porque nunca lo tuve permitido.

No la odio, pero no puedo evitar estar enojada con ella por no decírmelo.

Después de todo, no puedo decir que tampoco haya sido mi culpa. *

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En algún lugar del Arca

Los laberintos y las habitaciones seguían igual que en aquel entonces. A Cross no le pareció extraño. Es más, lo raro sería que algo cambiara. Según la maldición de Neah, nada podía cambiar ni moverse de la ubicación en la que él lo dejó. De eso no habían pasado los años necesarios como para que se sintiera tan nostálgico, pero sí para darse cuenta de que esa mujer tenía razón.

Se hacía viejo.

—Así que la descarga está comenzando. —cerró los ojos, sintiendo el ambiente para calcular el tiempo que le quedaba al Arca, también para hacerse una idea de dónde estaba la nueva nave. —No muy lejos, ¿eh?

Una vez terminada la evaluación se disfrazó para llegar a su objetivo. Si encontraba el piano y el huevo antes de que todo terminara de descargarse, sería una misión exitosa.

Entonces sólo faltaría desenmascarar a Allen, y asegurarse de que no encontrara al Corazón.

Y aunque era algo que ya había comprobado que no sería nada fácil, tener esos dos objetos en su poder, le podría ser de ayuda para que no lo destrozara en la primera oportunidad que tuviera. El huevo no solo le serviría para eso, sino también era una buena excusa para que los altos mandos lo dejaran en paz por un tiempo, mientras obtenía la información sobre su pseudo alumna. El problema era con el piano.

Neah lo dejó en caso de que el Conde por fin lograra construir una nueva nave. La cuestión es que él no podía entrar sin el golem. Ese objeto que le serviría de guía si lo encontraba. Pero dadas las circunstancias, y a sabiendas de que Allen estaría cerca, prefirió dejarlo en la Orden. Era preferible resguardar a Timicampy que llevar el piano. Y pensándolo bien, era más una cuestión sentimental el querer llevárselo.

La sala del huevo estaba custodiada, pero deshacerse de esas cosas no le tomó demasiado esfuerzo. Esa clase de modificaciones del Conde no eran tan poderosas. La barrera llevaría su tiempo en ser removida, más no sería imposible.

—No creí que en serio vendrías a buscar esto.

Esta vez no se sorprendió con que le hablaran de repente. La presencia de la Noé de los sueños era bastante familiar. Y por raro que parezca, no era hostil con él.

—Tengo que hacerlo. —la vio dudar, y sabía a la perfección por qué.

—Estoy en la obligación de detenerte. —suspiró. —Pero te puedo dar unos minutos para que charlemos un poco. Es solo que, como sabes, debes ser cien por ciento honesto conmigo.

En ese momento, Cross estuvo a punto de decirle que eso ya no era necesario entre ellos. Ni posible.

—¿Por los viejos tiempos?

—Por los viejos tiempos.

—Pregunta entonces.

Road tenía sus prioridades en cuanto a lo que quería saber, pero sí iba a obtener la respuesta que esperaba, antes tenía que cerciorarse de ciertas cosas.

—Esa mujer… Allen, la enviada de la que se nos advirtió. ¿Es peligrosa para… él?

La expresión de Cross se oscureció.

—Más de lo que crees.

—¿Hay alguna forma de vencerla?

—Todavía no he podido descubrirlo.

—¿Qué pasa con esa respuesta? El gran Cross Marian tiene dificultades con… —Road hubiese querido seguir con sus burlas, pero al ver el semblante serio del pelirrojo, de verdad se preocupó. —¿Es en serio?

—Quisiera decirte lo contrario.

—Entonces…

No pudieron seguir hablando de los temas que les interesaban cuando ambos sintieron que no estaban solos.

—Lo encontré.

Un Akuma de nivel dos llegó a la planta. Pero se dieron cuenta de inmediato de que no era como todos los demás, ni siquiera como los que modificaba Cross.

Y de repente todo el lugar se vio envuelto por lo que ellos creyeron, era la oscuridad absoluta.

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XXX

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A las afueras del Arca de Noé

La fuerza que tenía ese Noé era lo suficientemente explosiva como para verse obligado a pasar a la tercera ilusión. Pero recordó las palabras que le dijo el brote de habas; es por eso por lo que se contuvo de hacer algo más para acabar con él. Por más que quisiera, no podía seguir su instinto; el cuál le decía que era mejor matarlo de una vez por todas.

—Sabía que tarde o temprano, tú terminarías siendo mi oponente. Siempre fuiste quién notó mi presencia primero.

—Tampoco eras tan discreto.

—Quería que esa mujer me notara. —parecía decepcionado de que no fuera el caso. —Se dice que es muy fuerte y le hizo un gran daño a Road. Quería comprobarlo por mí mismo.

No vio necesario decirle que en realidad el brote de habas sí lo había notado. Pero esa mujer prefería fingir que no.

—Me pregunto si le gustan los dulces. —por lo visto no había terminado de divagar. —¿A ti te gustan los dulces?

Sonrió con prepotencia.

—Definitivamente los odio.

Dicho eso se enfrascaron en un combate intenso. Ese grandulón era tal y como el brote de habas le había dicho: bastante fuerte, pero sus movimientos no variaban demasiado y se centraba en la pelea a puño limpio. No usaba armas; su cuerpo le era suficiente. Su piel endurecida era difícil de traspasar, más no imposible. Parecía envolverlo por completo, pero tenía ciertas áreas en donde la defensa se debilitaba.

El momento en el que aquel otro tipo de cabello exótico fue lanzado contra la pared por el brote de habas, los distrajo por un instante. Después de ello, el Noé de la Ira empezó a repetir sin parar que aquello era imperdonable.

No pudo poner atención a nada más. Tampoco a la pelea que estaba teniendo ese Noé de pelo rizado contra el brote de habas cuando la atacó de improviso. Aunque sí se sorprendió bastante cuando la enana apareció. Completamente vestida de negro y ocultando su rostro con un velo negro.

Apenas registró que logró herirlo y eso pareció hacerlo estallar de rabia. No podía decir que el tipo no se lo mereciera.

—Esa chica no es un exorcista, y aun así logró herir a Tyki. —la estática a su alrededor se arremolinó con fuerza. —Imperdonable.

Se estaba cansando de esa palabra.

Y era tan difícil no matarlo de una vez.

Por fortuna o desgracia, sin que supiera exactamente cómo, desapareció de su vista en un parpadeo, con lo cual por fin pudo poner atención a su entorno como hubiese querido desde el principio. A duras penas logró registrar que algo grande estaba por pasar a causa del líder de los Noé.

Fue la sensación de mucha energía destructiva acumulándose en un solo lugar, que era en dónde estaba parado el Conde; quien había arrastrado cerca de sí a los tres Noé que estaban presentes.

Al mismo tiempo, y de la misma forma que pasó con los Noé, se vio a sí mismo junto a todos los demás dentro de una casa vieja. El polvo se sacudió cuando cayeron sin cuidado alguno en el suelo.

—¿Qué demonios? —se escuchó la queja de Daisya y Alma. Marie lo hizo en voz baja y curiosamente, el general y Bookman cayeron de pie.

—¿Qué está pasando? ¿Cómo resultamos aquí? —Bookman no salía del asombro, estaban por terminar con el Akuma gigante que quedaba cuando se vio junto a los demás.

La respuesta a las preguntas llegó de inmediato cuando Allen y Emilia aparecieron junto a la puerta, aparentemente de la nada y abrazadas. Era como si flotaran ligeramente antes de poner los pies en tierra firme y mirarse a los ojos.

Pero la expresión de Allen era oscura. Con brusquedad, se quitó la máscara del rostro e hizo lo mismo con Emilia sin mucha amabilidad, la tomó del mentón y la miró sin parpadear por largo rato. Ignorando que eran el centro de atención de los demás.

—Dime que no es lo que estoy pensando. —Allen habló con dureza. —Lía, si es lo que estoy pensando quiero que me lo digas.

Sonaba como algo que Emilia tendría que responder quisiera o no. No obstante, de manera terca se rehusó a hablar. Miró a los demás y evitó la mirada de Allen. Se separó un poco de ella mientras buscaba algo en una bolsa marrón.

—No es momento para hablar de eso.

Aunque quería, la británica no insistió.

Allen empezó a buscar algo también entre las bolsas de su traje. Ante la mirada de todos, ambas sacaron dos mitades de un mismo collar. Era una piedra de color verde que encajaba a la perfección cuando la unieron. Y tomando aire hablaron al unísono.

"Los soberbios han ocultado trampa y cuerdas para mí; han tendido red al borde del sendero; me han puesto lazos.

Dije al SEÑOR: Tú eres mi Dios; escucha, oh Señor, la voz de mis súplicas.

Oh DIOS, Señor, poder de mi salvación, tú cubriste mi cabeza el día de la batalla." Salmos 140: 6-8

Justo en el momento en el que terminaban de hablar, sintieron la sacudida del suelo; al mismo tiempo que la piedra empezaba a brillar, de ella salió una luz que los cegó por un momento.

Cuando pudieron recuperar la vista, estaban rodeados por algo parecido a una enredadera de flores que se encargó de protegerlos del desastre. Incluso la casa en donde estaban no pudo mantenerse en pie.

La explosión que causó el Conde, fue demasiado devastadora como para poder distinguir todo lo que pasaba alrededor de esa barrera extraña. Cuando todo terminó solo había arena debajo de ellos. Emilia sostenía la piedra presionada hacia abajo, y al soltarla parecía cansada. Allen no estaba por ningún lado. O al menos eso pensó Tiedoll.

Al igual que todos. Incluidos los Noé.

Tyki no estaba feliz con que lo alejaran de su pelea, pero cuando se dio cuenta de que lo que estaba haciendo el Conde no dejaría sobrevivientes no protestó.

La energía dejó a su paso nada más que ceniza. Aparentemente.

—¡Wow! Sí que se lució con esa, Conde.

—Tal vez no como me gustaría.

Dejando de lado la sensación que lo recorrió durante la explosión, era claro que el Conde no estaba feliz al decir eso. Pero Tyki no se explicaba por qué. Lo comprendió cuando vio esa enredadera; que destacaba bastante aún desde la distancia a la que estaba. ¿Qué demonios era eso?

—Por lo visto esa mujer tiene más trucos de los que esperé. —dijo el Conde, viendo hacia los exorcistas con odio. Entonces se dio cuenta de un detalle bastante curioso. —Esa chica que está con ellos… ¿Es la que te dio problemas, Tyki-pon?

Era muy bonita. No tanto como la exorcista de pelo blanco, pero bastante destacable.

—Mira que para verse así… —El Noé del Placer no estaba nada conforme con eso. Pues solo había dos palabras que se le venían a la mente para describirla: Delicada y tierna.

Esa chica se veía como alguien que encontrabas en un jardín haciendo un bordado o tomando el té. Sin embargo, la fuerza con la que peleó en su contra demostraba que no era así.

Inconcebible.

—¿En dónde está esa exorcista?

Al recordarlo, como si de una aparición se tratase, la chica de cabello blanco se paró frente a la enredadera en donde estaban sus compañeros.

—Sobrevivió. — los dientes de Tyki estaban apretados.

—Sobrevivieron, querrás decir. —La voz del Conde no estaba mejor.

Al Noé de la Ira le estaba costando bajar de la bruma que le producían las peleas, en especial una tan intensa como la que le dio ese exorcista de ojos azules. El chico era fuerte. Hubiese querido tener más tiempo para matarlo. Aunque tal vez todavía podría tener la oportunidad.

Cuando el Conde se dio cuenta de que Allen estaba bien, sintió la ira llenar su ser. Estaba muy cerca de su objetivo como para que esa mujer se entrometiera. Por lo visto destruirla no sería fácil.

—A esa exorcista debemos matarla aquí y ahora. —ordenó. —O por lo menos encontrar su debilidad.

—Tenemos que hacerlo así sea a través de aquella niña. —aportó Tyki.

Mientras ellos evaluaban las posibilidades, Allen se ubicó afuera de la barrera que levantó junto a Emilia, quien sabía que no estaba tan fresca como aparentaba.

—¿Todos se encuentran bien? —mientras preguntaba, extendió un brazo dentro de la enredadera, que se movió para que pudiera entrar y así poner su mano en la mejilla de Emilia; la seriedad de antes olvidada por completo. Intentaba transmitirle seguridad; pero, sobre todo, quería sentirla. Y sin esperar a que le respondieran, le preguntó: —¿Qué tanto podemos mantenerlo?

—Lo suficiente. —le estaba costando mantener el temple, pues no quería que Allen actuara imprudentemente. Sobre todo, por lo que le había preguntado antes. —Trata de no excederte. —le dijo mientras tragaba. —Aún tienes energía, pero es mejor que no pelees tanto con ellos.

—Allen, ¿qué es esto? —Tiedoll no podía más con la inquietud. —¿Te encuentras bien?

—No se preocupe, general. —le respondió con una sonrisa que se veía tranquila, pero el mayor no estaba tan conforme.

—Allen… —Emilia no necesitó mucho para saber lo que la peliblanca estaba planeando. Y al entenderlo, algo en su pecho se apretó. —No te excedas. —le dijo lentamente. —Tenemos que… ¡Detrás de ti!

A una velocidad impresionante, el Noé de la ira se abalanzó contra la barrera. Allen no tuvo mucho tiempo para reaccionar antes de la advertencia de Emilia. Logró transformar su Inocencia a tiempo, pero el impacto fue fuerte.

Skinn no esperó que esa mujer tuviera la fuerza suficiente para darle pelea. Pero algo se interpuso en su camino. Una fuerza invisible lo arrastró lejos de ella. Con eso el Conde notó que fue obra de la chica junto a los exorcistas.

—¡Allen!

—¡No te atrevas a salir! —le advirtió Allen a Emilia al notar sus intenciones. La fuerza de ese ataque no les afectaría, pero era mejor si no lo volvía a hacer. Y no quería arriesgarla bajo ningún motivo.

Era muy difícil. Se estaba cansando y aún le quedaba algo por hacer. Afortunadamente, el Conde detuvo el avance de Skinn cuando Jasdevi empezó a recobrar la conciencia.

—Skinn. —le llamó, o más bien, le obligó a volver a su lado. —Encárgate de Jasdevi un rato. —le tendió a los gemelos, que lentamente empezaban a separarse; sus cuerpos volviendo a la normalidad.

De mala gana lo hizo.

Una vez controlados a esos dos, el Conde optó por darle un poco de tiempo a Road para que terminara con los detalles, le quedaba poco al Arca Antigua, y no quería retrasar más su partida, así que no perdería más tiempo con los exorcistas. Ya tendría otra oportunidad para acabarlos; y de paso prepararse para enfrentar a esa mujer.

—Eres toda una caja de sorpresas. —El tono que usó era sarcástico, pero interesado. —Hace un momento… ¿esa sensación provino de ti?

—No. —Allen trató de ocultar que el grandulón ese la tomó por sorpresa, por eso su voz no salió tan convincente, y al ver la duda del Conde, sonrió y le aclaró. —Recuerde, no tengo permitido decir mentiras.

Si era cierto, pensó el Conde, tendría que sacar ventaja de eso.

Es solo que Allen no estaba dispuesta a que lo hiciera. Pues para ella era claro que buscaba sus debilidades; las cuales quedarían expuestas si no se daba prisa en hacer lo que tenía pensado.

—Allen. — la angustia de Emilia era evidente; se apresuró a sostener con fuerza el colgante cuando Tyki arremetió contra la barrera. Pero Allen se interpuso en su camino, y pudo ver el enojo y la sorpresa en su rostro al ser lanzado hacia atrás con fuerza.

La risa oscura de Allen no auguraba nada bueno. Y era una clara advertencia. Cuando Emilia la escuchó, sintió el peligro que emanaba de ella. De inmediato se preocupó por lo que Allen podría llegar a hacer en ese estado de enojo y euforia.

Tenía miedo por ella.

Si algo le pasa…

—Oye. —la voz de Kanda la sacó de su contemplación a la pelea que se desató entre el Noé y la exorcista. —Dejanos salir de aquí, debemos hacer algo también.

—Pero…

—Emilia, no podemos quedarnos aquí. —Alma secundó la petición de Kanda.

—¿Acaso hay alguna razón para no dejarnos salir? —la pregunta de Marie la hizo bajar los ojos. A todos les pareció curiosa su vacilación y el gesto no tan sumiso.

—Solo un poco más. —los miró a cada uno con una clara súplica de confianza. —Solo un poco más. —esta vez su voz fue un poco más baja.

Allen…

La pelea entre esos dos se veía entretenida para el Conde; y solo por curiosidad, se acercó a el resto de los exorcistas, para comprobar las condiciones de esa barrera en la que se encontraban. Pero no pudo acercarse demasiado debido a una fuerza invisible que le impedía tal cosa. Interesante.

—Veo que esto está muy bien pensado. Oh… —se movió a tiempo para evitar el ataque que iba hacia él, con el cual terminó peleando de nuevo contra la exorcista bastante lejos de los demás. —Tyki-pon sigue sin ser rival, ¿eh? —volteó a verlo, dando una advertencia al Noé de no hacer nada más, con lo cual Tyki tuvo que quedarse quieto, aunque no quería.

Estaba por responder, pero fue entonces cuando al mismo tiempo, tanto el Conde como Allen notaron algo. Uno sonrió, la otra intentó esconder la misma expresión.

—¡Allen! —Emilia la quería detener, pero no pudo.

El general y los exorcistas se sintieron confundidos por la alteración de la francesa. Pues lucía desesperada y el terror se dibujaba en sus facciones. Al ver eso, Kanda tuvo una sensación extraña en su interior. Por supuesto no entendía el porqué de eso, pero se sentía intranquilo. Y no tuvieron más opción que ver lo que estaba por pasar, pues no tenían ni idea de cómo salir de esa enredadera.

En un instante, y de manera curiosa, alrededor de Allen se empezó a formar un círculo de energía que mandó bastante lejos al Conde. De forma forzada, y sin que el Conde supiera cómo, la nave que estaba por ser desechada entre las dimensiones empezó a aparecer en el cielo, de inmediato volteó a ver a la exorcista, dándose cuenta de que sus manos estaban elevadas hacia el lugar en donde estaba pasando.

—¡Allen! —en ese momento, Emilia se dio cuenta de que ya no tenía control sobre la enredadera, quería salir; detener a Allen a como diera lugar, pero no pudo. Ya no podía salir. —¡Allen, no! —fue inútil, Allen no la escucharía hasta que terminara.

Su voz no se elevó demasiado, pero todos fueron capaces de escuchar sus palabras.

"Revestíos con toda armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo."

Una nube se formó debajo del cubo que parecía ser el Arca. Daba vueltas, como si estuviera a punto de expulsar algo.

"Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas."

Bookman lo reconoció de inmediato. De eso que estaba pasando, solo existía un registro en toda la historia; y a decir verdad era pura suerte que existiera. Aunque la situación era diferente; puesto que en esa ocasión había pasado de forma inversa, una nube se tragaba algo para hacerlo desaparecer. Y al relacionar el registro con lo que estaba viendo, sintió todo su cuerpo temblar. No era posible, esa chica era… era…

"Contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales."

De entre ese humo que se arremolinaba en la parte baja del Arca, una estructura como la de un pedestal estaba apareciendo lentamente. De la impresión, el Conde no pudo hacer nada más que observar con incredulidad aquello.

"Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes." Efesios 6: 11-13

La Planta de Akumas fue extraída del Arca. Se movía entre la bruma, los bordes inferiores del pedestal hecho de oro fueron lo primero en tocar tierra firme cuando Allen terminó de hablar. El huevo brillante se posicionó justo debajo del Arca Antigua.

Y sin poder evitarlo, las dos personas que estaban en esa sala salieron detrás de la Planta cuando terminó de salir del Arca.

Cross cayó sin gracia al suelo cerca de donde estaban los demás; Road estaba por estrellarse también, pero Tyki la atrapó, evitando que se lastimara.

La Planta que servía de medio para crear a los Akumas; aquello que Cross estaba buscando usar para un propósito en específico, estaba ahí; al aire libre en una ciudad que ahora no era más que ceniza, ante la mirada asombrada de todos y la asustada de Emilia.

Ahora Allen sí lucía cansada. Aunque ella se sentía con la fuerza suficiente para continuar con lo que tenía planeado. Pero necesitaría de Emilia si no quería dar muchas explicaciones después.

Y al pensar en ello, la energía que provino de ella la puso un tanto inquieta.

Por su parte el Conde y los Noé estaban indignados. Incluso Cross no se veía contento en lo absoluto.

Skinn empezó a repetir sin parar lo imperdonable que era eso. Road fijó su mirada en la chica que se encontraba junto a los exorcistas. Se sorprendió bastante cuando no pudo invadir de nuevo la mente de ninguno. Y esa enredadera lucía similar a la primera barrera que vio a la peliblanca hacer.

—Eres una molestia por completo. —se podía sentir en el ambiente que el Conde estaba por estallar en ira. Ni siquiera le dio tiempo de registrar la presencia del general pelirrojo.

—¿Cómo hizo eso? —Bookman se atrevió a preguntar. Aunque lo hizo solo para intentar tomar por sorpresa a Emilia, pero el sorprendido fue él al darse cuenta del semblante de la chica. Bastante diferente a lo que estaba acostumbrado a ver en ella.

—¿Emilia? —Alma tocó su hombro, pero una descarga eléctrica lo hizo sisear de dolor. Esa descarga venía de la castaña.

—Esto es… —Marie no encontraba las palabras para explicar todo lo que estaba pasando. Y antes de que alguien más pudiera hablar, vieron como el Conde sacaba su espada, dispuesto a matar a la exorcista.

Justo cuando avanzó hacia ella, un Akuma de nivel Dos se interpuso en su camino. El creador de esa criatura abrió los ojos con asombro.

¿Qué…?

En medio de su agonía, se dirigió a la persona que le había manipulado para hacer lo que hizo: mostrar la ubicación de la Planta de Akumas y servir de fuente para sacarla de ahí. Y ahora sacrificarse por ella.

—H-He… cumpli-do, señorita.

Allen asintió, con las manos en las rodillas y jadeando levemente.

—Lo hiciste bien.

Dicho eso, el Akuma explotó ante la mirada atónita del Conde.

Era un Akuma modificado. Cross lo supo de inmediato. Aunque lo presintió cuando vio la bruma salir de su cuerpo. Pero no tuvo tiempo de reaccionar hasta que la Planta estuvo fuera del Arca. ¿Cómo era posible que ella supiera hacer eso? Más aún, ¿cómo logró que nadie más lo notara?

—E-Esto es… —Adam sintió su ser entero llenarse de disgusto. Debido a que, sí recordaba bien, perdió su conexión con ese akuma cuando les tendió la trampa a los exorcistas. Un Akuma de nivel dos que había sido "destruido" cerca de Australia. Las sensaciones que le recorrieron el cuerpo con ese entendimiento, eran similares a algo que le había hecho cometer un error hace mucho tiempo. Tiempo en el que no sabía qué hacer luego de haber matado a Neah. —T-Tú… tú eres…

La sonrisa de Allen hizo que la indignación llenara la mente del Conde. Mezclado con la sorpresa, el enojo, la impotencia y muy en el fondo, el miedo que le producía pensar en quién era Allen Walker.

Debió haberse dado cuenta desde el principio. Ahora todo tenía sentido.

Ya sabía de dónde venía esa mujer.

Certeza que también compartieron Bookman y Cross al ver la expresión del Conde. El primero quería salir corriendo de ser posible. Pero no lo haría. No si con eso encontraba la verdad que estaba buscando. Tampoco revelaría su conocimiento si no era necesario. Y rogaba que no lo fuera.

Cross Marian estaba considerando unirse a los Noé para matarla. Pero no lo haría hasta que estuviera seguro de sus sospechas. Y sí tenía razón…

La intención asesina se podía sentir en todo el ambiente.

Lentamente, muy lentamente Emilia deshizo la enredadera y sacó a los exorcistas, sin quitarle los ojos de encima a todos los que estaban viendo hacia Allen, con unos ojos que siempre odió con todo su corazón.

Sabía que estaban dispuestos a hacer lo que sea para destruirla.

No mientras esté aquí.

Fue el pensamiento que se asentó en su interior.

Actuó sin pensar, completamente lista y dispuesta a afrontar las consecuencias de sus actos; sin importar el precio o el castigo.

Emilia Galmar jamás se arrepentiría de lo que hizo para proteger a Allen Walker.

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Gracias por leer. By KNM.