Capítulo Treinta
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El tiempo siempre es algo extraño para los humanos. Cuando una persona espera con impaciencia algo, más tarda en llegar. Y cuando se espera que algo demore, pasa en un abrir y cerrar de ojos. También existían esas otras ocasiones en las que verdaderamente no pasaba nada. Y aquellas, en las que pasaba de todo.
En pocas palabras, el tiempo hace lo que se le da la gana.
Y en ese momento, estaba haciendo estragos en los exorcistas.
Allen dijo: tienen veinte minutos; a esas sombras que se manifestaron de manera extraña luego de la muerte de Emilia. Para después desaparecer sin dejar rastro.
Literalmente la tierra se la había tragado.
Los dos generales, Bookman, los exorcistas y los Noé estaban peleando cada uno por su cuenta para escapar del caos que estaban causando.
Con dificultad, Kanda intentó ir hasta el lugar en donde vio por última vez a esa mujer, pero no llegó muy lejos cuando la Inocencia que era manipulada por una de esas sombras se interpuso en su camino, levantando la tierra y mandándolo bastante lejos del lugar.
Lo complicado del asunto para todos los exorcistas, era que, al ser Inocencia lo que era manipulado por esos entes, sus ataques y fuerzas no eran muy efectivos. Sumado el hecho de que además de estar usando Inocencia, se estaban valiendo de otra clase de fuerza y energía que no era rival para nadie.
Las criaturas gigantes intentaron atacar, pero de inmediato fueron desmembrados por las columnas de Inocencia y desaparecieron en la nada. Cada uno de los presentes estaba bastante abrumado por su parte, mientras que su llanto tétrico se seguía escuchando como un eco de la muerte por todos lados. Repitiendo las mismas cosas:
"El Ancla se ha roto"
"Lo siento"
"Es culpa de ellos"
"Acábenlos"
"Allen"
"Emilia"
"Lo siento"
"Allen"
"Emilia"
"Allen"
"Todo es culpa de esta cosa maldita"
Con chillidos y gritos espeluznantes que no dejaban escapar a nadie. Moviendo la Inocencia que le quitaron a Tiedoll y a Cross, más la de Allen como si fuera ella misma. Dándole forma, expandiéndola, aplastando e incendiando todo lo que estaba a su paso.
Los veinte minutos más horribles y largos para todos.
Sobre todo, para Tyki Mikk. El sujeto era por lejos el más asediado. El Conde y los demás Noé intentaban llegar hasta él, pero les era imposible dar dos pasos sin que esas sombras se interpusieran en su camino, con llamas mortales que tomaban diferentes formas para mantenerlos a raya.
Las cosas no eran muy diferentes para nadie; los dos generales estaban usando sus ataques más poderosos, mas no era suficiente en lo absoluto. Sin embargo, era uno de ellos en el que las sombras estaban más concentradas. Y el otro trataba la manera de proteger a sus alumnos y procurar que Bookman tuviera un respaldo más sólido.
La defensa de María no estaba funcionando. La barrera que tenía alrededor de su amo era fácilmente atravesada por las sombras; haciéndole daño a Cross pese a que se estaba valiendo de hechizos que no necesitaban de su vínculo con la Inocencia para funcionar. Eso parecía ser lo que más las enfurecía y hacía que estuvieran concentradas en él con ahínco.
La tierra se sacudía y con la Inocencia estaban destruyendo lo que quedaba de la antigua Arca. Los Akumas no dejaban de aparecer, más después de su llegada, eran inmediatamente eliminados, causando que también tuvieran que intervenir los pocos esqueletos que quedaron, pero las sombras no se valieron de la Inocencia para destruirlos; usando el fuego que había por doquier, los incineraban hasta volverlos cenizas.
—¡TYKI!
Road lloraba mientras veía que los poderes de Tyki no estaban funcionando contra los ataques que eran lanzados hacia él. Analizando las cosas, se dio cuenta de que las sombras estaban atacando con Inocencia en estado puro. El hombre estaba sangrando, y su piel se había vuelto completamente grisácea mientras sostenía su cabeza y gritaba.
Estaba perdiendo la cordura.
Tyki siempre fue el más ambivalente de los Noé. Se mantenía entre la luz y la oscuridad constantemente. Durante el día, excavaba en unas minas como una persona normal. Y durante la noche, mataba personas como un miembro de la familia Noé. Las sombras lo mantenían suspendido en el aire mientras lo atravesaban una y otra vez en el corazón y órganos vitales.
"Ni frío, ni caliente"
"Eres repugnante"
"Te escupirán"
"No tienes escapatoria"
"Mejor te hubiese sido elegir desde el principio"
"Esto, solo es un poco de lo que te espera"
"Lo que has hecho no tiene perdón"
Conforme los minutos pasaron, el dolor en su cuerpo aumentaba, pero se había quedado sin fuerzas para seguir gritando. El disfraz del Conde estaba por ser destruido mientras luchaba para ir en su ayuda. Estaba lanzando energía como la que había usado anteriormente cuando atacó a todos por igual; formando burbujas negras en sus manos, pero las sombras se reían entre sollozos, abrían sus bocas y se las tragaban sin más.
Cuando en un instante, todo se detuvo.
Las llamas se apagaron de repente, las columnas de Inocencia se dispersaron y volvieron a su forma original, la tierra dejó de temblar, pero el llanto continuó.
Con la quietud de los alrededores, Cross dejó de disparar y la voz de María por fin paró, desapareciendo al instante; hacía mucho que no agotaba tanto sus fuerzas en tan poco tiempo. Las sombras también le habían hecho mucho daño. Pero en menor intensidad que al Noé. También estaba sangrando y sentía un par de costillas rotas.
Todo se detuvo tan repentinamente como empezó, que lo vivido parecía un sueño lejano. Por su parte, el Conde se apresuró a tomar a su familia, abordar el arca nueva con prisa y huir desapareciendo en el cielo. Dejando atrás los restos del arca antigua, la planta de Akumas, e ignorando por completo a los exorcistas y a los cubos de Inocencia que había a los alrededores.
El sollozo de las sombras se mantenía en el ambiente, pero más sosegado. Con dificultad, los exorcistas se dieron cuenta de que todavía estaban flotando sobre una nube extraña de fuego.
"Esto no ha terminado"
Después de eso la nube se consumió con un chisporroteo; y al consumirse expulsó un aro de fuego que se expandió en todas las direcciones, volviendo a tirar al suelo a los que todavía se tambaleaban de pie con dificultad; dejando inconscientes a los exorcistas que cayeron debido a la energía que expulsaron. Con la explosión, se creó un cráter en el lugar en dónde desaparecieron; el aire quedó impregnado de calor por unos instantes.
Fue claro que por fin habían terminado los veinte minutos.
Y por supuesto no había rastros de Allen.
Con dificultad, Tiedoll se apresuró a comprobar el estado de Bookman. Marie estaba inconsciente en el suelo junto a Daisya y Alma. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se apresuró a reunirlos a todos en un círculo con ayuda de las creaciones de su Inocencia; así como a recolectar los cubos que le habían sido quitados. Buscó por los alrededores al otro general, y cuando lo encontró, no pudo evitar que el asombro y el miedo se instalaran en su interior.
Nunca antes lo había visto tan herido.
Más el hombre se esforzaba por mantenerse de pie por sí mismo, caminando en la dirección en la que se encontraban, le hubiese gustado ayudarlo, pero sabía que el orgullo no le iba a permitir aceptar que necesitaba ayuda.
Kanda estaba luchando para mantenerse en pie y seguir con su búsqueda de la exorcista de cabello blanco y la buscadora. Era difícil creer que esa chica había muerto. Todo sucedió tan repentinamente y había muchas cosas que aclarar de los hechos, que no podía terminar de poner en orden sus ideas para empezar a hacer sus preguntas.
Ni siquiera podía terminar de encontrar coherencia en los hechos. Todo era muy complicado y lo único que había quedado claro, era que muy probablemente, nunca terminarían de saber a ciencia cierta qué era Allen Walker.
—Yuu.
La voz de Tiedoll lo llamaba desde la distancia, pero lo único que le importaba era llegar al lugar en donde vio por última vez al brote de habas, abrazando el cuerpo de la enana y llorando desconsoladamente. Curiosamente, era el mismo lugar en el que esa nube de fuego donde desaparecieron esas criaturas estalló.
Y cuando terminó de acercarse, además del cráter, no había absolutamente nada. Sin ser consciente de sus actos, cayó de rodillas viendo hacia ese agujero en la tierra, contemplando las pequeñas llamas que todavía persistían.
—Yuu.
El general quería evitar tener que alejarlo del lugar a la fuerza. No estaba seguro, pero tenía la sensación de que seguía siendo peligroso acercarse. Y al ver al chico caer de rodillas cerca del cráter, decidió que era mejor hacerlo, aunque se enojara.
Era el que más lejos se encontraba y su fuerza se estaba agotando por completo.
—Apresúrate. — la voz de Cross se escuchó a sus espaldas. Haciendo que volteara a verlo levemente. —Por el momento no creo que sea peligroso, pero será mejor largarnos de una vez.
—¿Por qué crees que ya no es peligroso?
El pelirrojo soltó un suspiro y una tos antes de hablar. Con la mano que no sostenía su costado cubrió su boca, dándose cuenta de que estaba llena de sangre.
—Es más una esperanza que una certeza. — volvió a toser un poco. — Por eso hay que darse prisa.
Dicho eso también se tambaleó y cayó al suelo; en una posición similar a la del japonés que estaba bastante lejos de ellos. Logró apoyar una rodilla para evitar caer estrepitosamente, pero su cuerpo estaba bastante lastimado.
—Será mejor contactar a la Orden. No podemos quedarnos más tiempo aquí. —dijo con dificultad.
—Va a ser peligroso, pero debemos unir fuerzas para trasladar a todos.
—María todavía puede llevarnos la mitad del camino mientras reúnes un poco de fuerzas. El resto dependerá de ti, Tiedoll.
—De acuerdo.
Kanda no sintió cuando lo alejaron del lugar de donde estaba. Se mantuvo en un estado de shock durante todo el camino que recorrieron dentro de la energía creada por la Inocencia de Cross. Su maestro se dedicó a contemplarlo en silencio, mas no le dijo nada ni intentó hacer que reaccionara. Esperaba que tarde o temprano fuera a despabilar.
Cuando tomó el relevo, Tiedoll creó un ave similar a la que había utilizado cuando llevó a Allen a la rama asiática de emergencia. Pensaba con tristeza en la forma que habían cambiado las cosas en tan poco tiempo.
Esa niña tan dulce que era la novia de la exorcista había muerto de una forma tan terrible, y no quería imaginar el estado en el que se encontraba la chica inglesa.
Estando cerca de la Orden, su golem por fin pudo contactar con el cuartel. Con prisa y dificultad, logró instruir al director para que tuviera todo listo para recibirlos. Cuando Komui lo escuchó de inmediato se alteró. No dijo nada más y cortó la comunicación para llamar al personal médico y a todo el que fuera necesario para recibirlos en las puertas de la Orden.
Al divisar la enorme torre de la sede, Tiedoll vio al personal esperando su llegada. Una vez pudo poner al resto en tierra firme, se desmayó y todo el alboroto se armó a su alrededor. Dejó que el cansancio, el dolor y la tristeza le afectaran por fin y le quitaran la consciencia por completo.
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XXX
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El estado en el que regresaron los exorcistas y los generales era preocupante.
Komui no se explicaba cómo es que el sello en el cuerpo de Alma y Kanda se tardaba tanto en sanarlos. Pero el estado psicológico en el que se encontraba el pelinegro lo asustaba todavía más.
Curiosamente era el único que no estaba inconsciente cuando llegaron, pero parecía completamente ido y en blanco; como si algo lo hubiese asustado al punto de dejarlo sin habla. Hacía dos días que se mantenía en esa condición.
Intentar hacer que reaccionara se veía tan imposible que daba miedo. No dijo nada cuando lo revisaron y se aseó por su cuenta en el más profundo mutismo. Incluso no protestó cuando le ordenaron quedarse con los demás por precaución. Se dedicó a observar hacia el vacío sin decir palabra alguna ni dormir; incluso la comida fue rechazada.
Sencillamente aterrador.
Mientras que el resto todavía no despertaba, incluyendo a los generales. No tenía ni idea de qué era lo que había pasado exactamente, pero la ausencia de Allen y Emilia le daba la sospecha de que sea lo que sea, tenía que estar relacionado con ellas.
Mucho menos se imaginaba en dónde podrían estar. Si al menos el golem de Cross hubiese estado con ellos en ese momento, podría saber qué era lo que había pasado.
Tenía que haber sido terrible para dejarlos en el estado en el que llegaron. Komui no podía recordar una sola vez en la que haya visto a los generales tan lastimados. Ciertamente no siempre salían intactos de una batalla, pero en esta ocasión era como si se hubiesen enfrentado a algo incluso más poderoso que el mismo Conde Milenario.
Bookman y Cross eran quienes estaban más lastimados, por su parte el resto era como si estuvieran por completo agotados. El director había trasladado varias de sus obligaciones a la enfermería, para poder estar pendiente de ellos en caso de que despertaran.
Los altos mandos estaban inquietos debido a la situación.
El auditor Lvellie lo estuvo acechando por teléfono. Él y el resto de los supervisores de las demás ramas de la Orden estaban por arribar, y dentro de poco tendrían una reunión para analizar la situación en la que estaban. Solamente quedaba esperar a que los generales y los exorcistas reaccionaran.
Puesto que Kanda en realidad no parecía ser de gran ayuda para aclarar sus dudas. Había intentado hacer que hablara, pero no recibió ni la más mínima respuesta. Ni siquiera un ceño fruncido o una de sus típicas miradas de muerte.
¿Qué demonios fue lo que los dejó a todos así?
Era ya la tarde noche del segundo día desde que regresaron cuando el general Tiedoll empezó a despertar junto a Cross; incluso el resto comenzó a reaccionar poco a poco. Fue extraño que de repente todos despertaran casi de manera simultánea.
Komui se fijó, en que todos se encontraban aturdidos y confundidos por despertar de repente en la Orden sin saber cómo llegaron.
—General Tiedoll. — se sintió emocionado cuando los vio despertar, aparentemente sin ningún daño grave en su cuerpo más que la confusión y el aturdimiento. —General Tiedoll, ¿cómo se siente?
—Director Komui...
Al centrar su mirada en el chino, el general de inmediato empezó a llorar. Llevó sus manos hacia su rostro y sus sollozos se hicieron más lastimeros. Y cuando el resto; que terminaba de despertar se dio cuenta del llanto del hombre, también adquirieron un semblante entristecido y oscuro. Alma también soltó un ligero sollozo; el rostro de Marie y Daisya se volvió sombrío; Bookman no dijo nada, pero su expresión no era muy diferente a la de los demás. Solo Cross se mantuvo en aparente calma.
Al ver eso el director se sintió extremadamente confundido y por un instante temió lo peor.
—No me digan que Allen y Emilia...
—No. — dijo de repente Kanda, hablando por primera vez desde que habían llegado. —Esa mujer...
Pero no dijo nada más, apretó los puños y siguió viendo hacia la nada. El resto no tenía idea de que era la primera vez que hablaba desde que llegaron. Komui lo miró extrañado, pero no le preguntó nada más ni lo instó a seguir hablando. Tiedoll seguía llorando y entre sollozos se las arregló para hablar.
—Allen ha desaparecido y Emilia... — volvió a romper en llanto. Fue Cross quien terminó la explicación.
—Esa buscadora fue asesinada por un Noé. Allen se fue con su cuerpo después de dejar un desastre en ese lugar.
Contrario al otro general fue más indiferente al contar los hechos.
—¡¿Qué?!
Komui no podía creer algo como eso, era difícil asimilar que esa chica hubiese perdido la vida. Y ante esa revelación se sintió todavía más confundido por la actitud de Kanda. Aunque intuía que no era precisamente la muerte de Emilia lo que lo tenía así.
—¿Qué fue lo que pasó exactamente?
Los hechos que le contaron los exorcistas fueron impactantes. Bookman y Cross no dijeron nada durante toda la explicación que dieron por turnos el general de lentes y los otros tres exorcistas. Todo era tan confuso, inquietante y atemorizante, que no sabía exactamente cómo reaccionar.
Es solo que... ¿Quién era Allen Walker?
Después de la narración de los acontecimientos, el ambiente se hizo considerablemente más pesado e incómodo. Les era difícil intentar encontrar una explicación a las acciones de la exorcista de ojos grises y cabello blanco.
La diferencia es que ahora, todos tenían la certeza de que Kanda tenía razón respecto a ella. Probablemente era el único que no estaba tan perturbado, aunque no por eso menos sorprendido por lo que había pasado en Japón.
En ese momento, Komui pensó que era por eso que todavía no podía reaccionar adecuadamente. Tal vez, él intuía que sus instintos no se equivocaban, pero el peso de la realidad y la magnitud de sus sospechas quizá no llegaban a tales extremos y circunstancias.
—¿Dicen que desapareció sin dejar rastro? Pero... ¿Qué eran esas... sombras?
—¿Acaso crees que alguien aquí tiene alguna idea al respecto? —La voz de Kanda era enojada.
—Kanda... — A pesar del cansancio y la debilidad en su cuerpo, Marie intentó llamarle la atención.
—Viste algo, ¿no es cierto? —esta vez la pregunta vino de Cross. Quien no estaba nada a gusto por estar en la misma habitación que el resto. Pero eso al parecer era lo de menos por el momento.
Y ante lo planteado por el general, se hizo la expectativa por lo que Kanda estaba por decir.
El pequeño sobresalto ante la pregunta, y el que apretara más fuerte la sábana entre sus manos, hizo que todos se dieran cuenta de que el pelirrojo tenía razón. Solo quedaba la cuestión de que él quisiera decir lo que había visto. Aunque se notaba renuente a responder.
Con su silencio la confusión se sumó a las emociones de todos, sin entender el porqué de su actuar.
Antes de que Komui pudiera preguntarle directamente, otra voz se dejó escuchar dentro de la enfermería. Dando a los presentes un pequeño sobresalto y que la incomodidad también se agregara al torrente de emociones complicadas.
—A mí me interesa mucho saber si eso es verdad, exorcista Kanda Yuu.
El único que no cambió su semblante y su postura fue Kanda, y con la irrupción repentina del inspector Lvellie, tampoco lo hizo. Quien, con esa afirmación, dejó en claro que lo había escuchado todo; haciendo que su voz sonara llena de expectación, aunque intentaba esconderlo.
Kanda, al igual que Cross, no sentían la más mínima pizca de aversión hacia el hombre. El pelinegro lo veía como alguien sumamente molesto y fastidioso. Nunca le tuvo respeto; aunque sabía que tenía que acatar sus órdenes si fuera el caso. Pero no lo haría con el mejor de los ánimos y esa ocasión no era la excepción.
Pese a eso, contestó sin nada de entusiasmo.
—Si. — respondió simplemente y sin querer entrar en detalles. Mas el inspector no estaba conforme con eso. Por lo que queriendo demostrar su autoridad volvió a cuestionarlo.
—¿Qué fue exactamente lo que vio?
Kanda no quería responder. Honestamente, prefería no poner en palabras lo que había visto y sentido. Había algo en su interior que no quería que nadie más se enterara. Queriendo guardar esa información sólo para él de forma egoísta. También por no exponer las emociones bien guardadas del brote de habas. Pues ahora que por fin las había visto, no era algo que quisiera compartir.
Al ver que se quedaba callado, el general Tiedoll se hizo una idea del porqué no quería hablar al respecto. Le hubiese gustado y preferido no presionarlo, pero la presencia del inspector y su expresión cada vez más impaciente, hicieron que decidiera ser él quien cuestionara al japonés; antes de que ese hombre inescrupuloso dijera algo más para hacer que hablara.
—Yuu, sé que es complicado de explicar, pero... ¿Crees que podrías intentar hacerlo de manera sencilla? — le animó, dando a entender que era por no encontrar la descripción correcta a los hechos que por otra cosa que no quería hablar.
Al comprender sus intenciones, Kanda decidió que era mejor hacerlo y no dejar ningún detalle fuera. De lo contrario, el interrogatorio sería eterno y no podría sacarse a ese hombre de encima hasta que obtuviera todos los detalles. Prefirió convencerse a sí mismo de que era por eso.
Sin que se notara su suspiro comenzó a hablar.
—En el momento en el que... la buscadora perdió la vida, fue como si una cortina alrededor de ella se cayera. Después de que escupió sangre por la boca, un remolino extraño de energía salió de su cuerpo... y pude verlo. Sus emociones en ese instante eran inestables y bastante turbias; la tristeza era lo que más destacaba. Cuando tuvo su cuerpo en sus brazos y las voces de esas sombras le rogaron que la soltara, todo se volvió negro a su alrededor.
» Como ya escuchó, mientras esas sombras seguían lamentándose y dando vueltas a su alrededor, sacudía la cabeza y lloraba en silencio, pero cuando la... besó, escuché el sonido de algo rompiéndose; como si fuera metal partiéndose, y fue cuando pude sentirlo. Su dolor era tan pesado que lo sentía como si fuera mío. Era como si ella también hubiese estado a punto de morir hasta que gritó. Cuando lo hizo ya sabe lo que pasó después. Luego de eso no volví a verla con claridad y tampoco la sentí cuando desapareció.
Al terminar la explicación, nadie sabía qué decir. Eso era demasiado impactante como para empezar a comprenderlo en su totalidad. No dijeron nada, viendo a Kanda como si se tratara de alguien completamente diferente al espadachín frío y gruñón que todo el mundo conocía.
El inspector Lvellie lo miraba sin parpadear; meditando en lo que había dicho el japonés. Cuando terminó de asimilarlo, frunció el ceño y apretó los puños tras su espalda. El joven que se mantenía a tres pasos de él lo miraba de reojo.
Antes de que alguien pudiera decir algo el inspector se dirigió a Bookman.
—Bookman, usted parece tener algo que decir al respecto. ¿Acaso tiene alguna idea de qué es lo que pasó?
En esa sala, el anciano era el único que no estaba del todo obligado a responder a sus preguntas o a obedecer sus órdenes. Pero decidió que era mejor hablar, porque según la información que tenía, eso era algo que no podía manejar por su cuenta. Y pensando en eso fue que respondió a la pregunta del inspector.
—Creo que el general Cross puede tener más información de la que yo poseo. — Eso llamó la atención de todos. Pues nadie creía del todo posible, que Bookman no tuviera información sobre algo que al parecer era más misterioso que la existencia de la familia Noé. Luego sus palabras fueron dirigidas al general. —General, ¿podría decirnos lo que sabe? Después de eso podemos averiguar si lo que sabemos es lo mismo. De esa forma podré confirmar si lo que sospecho es verdad.
Cross pensó un momento antes de hablar. No estaba muy convencido, e incluso le parecía de lo más extraño que Bookman afirmara no estar seguro de lo que estaba por decir. En cuanto a él, lo poco que sabía le había sido muy difícil de averiguar y mucha de la información que tenía no estaba confirmada. Pensando en eso, decidió narrar todo desde el principio.
—General Cross Marian, estoy impaciente por escucharlo.
—Supongo que no es el único, inspector Lvellie. — se aclaró un poco la garganta antes de empezar a contar lo que sabía. —Todo lo que estoy por decirle, lo encontré con fuentes de muy poca confianza y la mayoría son solo suposiciones.
—¿A qué se refiere, general? — preguntó Komui.
—Todo empezó cuando encontré a Allen durante su sincronización…
Como era de conocimiento general, Allen Walker fue encontrada durante la excursión de último año de su colegio. Ese día, Cross era el único que se encontraba lo suficientemente cerca de la perturbación que se produjo de repente.
Según el reporte, Allen no recordaba qué fue lo que pasó exactamente en esa ocasión. Pero después de sus investigaciones, Marian honestamente creía que eso no era verdad. Ya que su sincronización se dio curiosamente el día del equinoccio de primavera. Esto puede no suponer mayor detalle, pero si resulta que ella sí es quién creía que es, esa no era una fecha cualquiera para la gente a la que pertenece.
Después de su llegada, a la Orden y al Vaticano les fue muy difícil encontrar información sobre ella; más que la que les dio el colegio en donde estudiaba y hospital de la ciudad en donde vivía. Que era muy poca y no muy relevante. Al principio, Cross no le prestó mayor importancia a eso, porque imaginó que solo eran errores de parte de quienes buscaban la información.
Pero luego de que se le negó que fuera nombrado su maestro para que lo acompañara durante sus misiones; como una pequeña forma de hacerle saber a Allen que tarde o temprano sería su aprendiz, empezó a dejar todas sus facturas a su nombre y a traspasarle sus deudas para que las pagara. Pero curiosamente, cada vez que lo hacía, las deudas y las facturas siempre regresaban a sus manos y a su nombre. Regresaban tan rápido, que parecía que Cross incluso solo había soñado con ello.
Sus deudas probablemente ni siquiera fueron vistas por ella.
Empezó a dejarle más y más, y el resultado siempre fue el mismo. Y a pesar de que los lugares en donde dejaba las deudas no eran conocedores de su ubicación luego de que se iba de ahí, siempre llegaban las facturas que ya había dejado a nombre de Allen a donde sea que se encontrara; y siempre estaban a nombre de Cross. Curiosamente a sus cobradores también les fue muy fácil dar con él luego de escapar de ellos.
Fue ahí cuando se dio cuenta de que eso no era normal.
Entonces empezó a investigar sobre ella por su cuenta, empezando por ir a buscar a su familia, y comprobar el estado en el que se encontraban luego de la supuesta muerte de Allen.
Y lo que encontró, francamente lo sorprendió demasiado.
Su familia no estaba de luto, todos sus conocidos estaban de lo más tranquilos y no había rastros de que estuvieran afectados de alguna forma. Se atrevió a hablar con sus padres y lo que le dijeron lo dejó sin habla. Su padre dijo:
—El único Allen que hubo en la familia fue mi abuelo, y él murió hace más de veinte años.
Sonaba poco creíble, pero era verídico y se dio cuenta de que ahí no encontraría nada.
Luego de eso siguió investigando con la gente que la conoció en su escuela, y todos sus antiguos compañeros, afirmaban jamás haber compartido clases o tiempo con alguien que tuviera la descripción de Allen.
Eso por supuesto que no le dejaba a Cross alguna base para seguir buscando información sobre ella. Así que empezó a buscar en otros lugares solo con su descripción física y no por su nombre.
Tampoco encontró nada.
Sin embargo, lo que sí encontró, fue información sobre alguien que según le dijeron coincidía con una descripción parecida a la de ella, pero era un hombre y no había nada que los vinculara de alguna forma.
Ciertamente alguien que se parezca a ella en versión masculina llama mucho la atención. Por lo que Cross quería saber si podrían ser familiares de sangre y tal vez no lo sabían. Y al empezar a buscar información sobre esa persona, las mismas dificultades se presentaron para saber en dónde se encontraba o quién era específicamente.
Hasta que encontró a una anciana que vivía en un pueblo casi abandonado.
Esa mujer le dijo que no se quedaría mucho en el lugar; debido a que, si permanecía mucho tiempo en la misma ubicación, ese hombre o su aprendiz la encontrarían y sería su fin. Se veía muy asustada de hablar al respecto, por lo que ese día lo echó de su casa y le tocó buscar información sobre ella, para hacerse una idea de por qué afirmaba que sería su fin si la encontraban.
Y lo que encontró, es que ella era una bruja que llevaba más de mil años yendo de un lugar a otro, buscando escapar de esas personas que decía la matarían si la encontraban. La cosa es que no era cualquier clase de bruja. Era una nigromante que decía haber encontrado la forma de traer vida a los muertos, y sanar las heridas más extrañas que existieran.
Con esa información, volvió a su casa y le aseguró que podía protegerla si le decía lo que sabía sobre ese hombre. Pero ella solo se rió y dijo:
—Lo único que me queda es huir. Nadie puede protegerme de ellos. Y si te digo lo que sé, puede que incluso corras peligro tú también.
Cross le explicó que pertenecía a una organización bajo las órdenes de la iglesia, y a cambio de información él y el Vaticano podían ayudarla. Pero volvió a reírse y a negarse a hablar diciendo:
—Esas personas del Vaticano, una vez tuvieron el apoyo de esa persona. Pero ese lugar está corrupto y tarde o temprano, el poder que creen tener les será arrebatado. Más bien deberían cuidarse de él y de su aprendiz. Quien me persigue está agotado, porque su tiempo sobre la tierra llegará a su fin muy pronto, pero su aprendiz ocupará su lugar; entonces mi persecución continuará con fuerzas renovadas.
» Y si te digo lo que sé, me encontrarán sin duda alguna. Pero puedo hacer algo para que sepas lo qué quieres saber sin involucrarme. Si puedes, tráeme algo que le haya pertenecido a esa chica que dices que se parece a él. Si es quién creo que es... entonces es muy probable que encuentres algo en la antigua casa de sus padres.
Así que dejó el lugar y regresó a la casa de los Walker para buscar algo. Pero se encontró con que no había nada dentro de la casa de esas personas. Ninguna de las habitaciones indicaba haberle pertenecido a alguien de su edad. La que ocupaba el niño de un año estaba bastante cerca de la de los padres, y tampoco tenía indicios de haber sido ocupada por alguien antes de él. Alrededor de la casa no había nada guardado que pareciera que podría haber pertenecido a una chica como Allen.
Poco después de dejar el lugar, fue cuando la encontró en esa ciudad cerca de Australia junto al otro exorcista. Y su actitud le dejó en claro a Cross que sabía a la perfección que había estado dejando sus facturas a nombre de ella; y también que no estaba dispuesta a admitir que tenía conocimiento de eso. Mucho menos a revelar cómo es que se las devolvía.
No quiso cuestionarla directamente por discreción y porque para ese punto, ya ni siquiera sabía qué estaba buscando exactamente.
Después de dejarlos volvió a la casa de la anciana, y se encontró con que el lugar estaba vacío. Eso le pareció extraño porque habían acordado un plazo para que lo esperara, y todavía quedaban dos días para cumplir el tiempo estipulado.
—Busqué por los alrededores, en el pueblo, incluso me adentré un poco al bosque para buscar su cuerpo si es que había uno. Pero no encontré rastros de ella por ningún lado.
En ese punto del relato, todos miraban a Cross con inquietud. Era como si el general estuviera contando una historia de terror. Komui se sentía abrumado por lo que estaba escuchando y no le encontraba sentido a nada.
—General, ¿cómo está tan seguro de que esa persona de la que la anciana huía tiene relación con Allen?
—No pude comprobarlo hasta que volví a su casa por la noche; en un último intento de encontrar algo que me dijera si no había cumplido con nuestro acuerdo y se había ido antes. Pero resulta que no fue así.
—¿Acaso la persona de la que huía la encontró? —preguntó Tiedoll con un tono preocupado, había algo de angustia en su mirada. Con lo cual Cross se contuvo de poner los ojos en blanco.
—Sí, definitivamente la encontraron y fue por mi culpa. —respondió.
—¿Acaso lo siguieron y no se dio cuenta, general Cross Marian? —quiso saber Lvellie con un tono de burla. El general ni siquiera se inmutó ante su pregunta.
—Hubiese sido un poco menos perturbador para mí si fuera el caso, inspector.
Con la respuesta todos volvieron a sorprenderse, sin creer que algo pudiera causar en alguien como Cross Marian un sentimiento como la perturbación.
—¿De qué está hablando, general? — indagó Kanda con el ceño fruncido.
—A eso iba. Cuando volví por la noche, encontré la chimenea de la casa encendida. Al principio creí que la anciana había regresado. Pero después de echar un vistazo me di cuenta de que no era el caso y de que el fuego que estaba encendido no era normal. Cuando me acerqué se apagó, y al remover un poco las brasas encontré un papel doblado. Era más bien un pergamino hecho de piel de cordero en el que estaba escrita una sola frase.
Hizo una pausa, más que nada porque sentía la garganta un poco seca. Pero el efecto que causó ese silencio fue de expectación por parte de todos.
—¿Qué era lo que decía el pergamino, Cross? —Tiedoll no pudo soportar más la impaciencia ante el silencio del pelirrojo.
—Al principio fue un poco confuso porque estaba escrito en latín y era un versículo bíblico. Pero al exponerlo al fuego reveló su verdadero mensaje. Resultó ser más de solo una frase que decía: "Seguramente, has tenido contacto con la chica de la que estás buscando información. Puede que creas que fue casualidad, pero definitivamente no lo fue. Por la descripción que me diste y el que me hayan encontrado, es todo lo que necesitas para saber que sí, ella es la aprendiz de quien me persiguió hasta hoy. Lo único que te puedo decir es que tengas cuidado, y el nombre con el que probablemente encuentres un poco más de información sobre ellos." Y después unas letras griegas que tuve que investigar.
—¿"Probablemente encuentres"? ¿Eso significa que incluso con eso no es posible encontrar algo? —preguntó con bastante enfado Lvellie. —¿Y qué decían esas letras griegas?
Cross titubeó un poco antes de decirlo en voz alta. Con eso solo logró asustarlos a todos, porque de nuevo, no podían imaginar qué era lo que causaba esas reacciones en una persona como Cross Marian. Cuya expresión, incluso podría decirse, tenía cierto toque de miedo.
—Traducido, tampoco estaba en inglés. Era una única palabra compuesta en latín.
—¿Una palabra compuesta en latín? —preguntó Komui.
—Si. Aunque cuando logré traducirla no le hallé mayor significado, pues nunca había escuchado sobre una organización con ese nombre. Pero ahora sé, que esa mujer no estaba bromeando e incluso puedo decir que entiendo un poco su miedo. Ya que después de investigar, los pocos que lo han oído tiemblan o salen huyendo al escuchar esa palabra.
Con un suspiro no le dio más vueltas al asunto. Haciendo que, al escucharlo, Bookman se tensara y mostrara una expresión de alerta. La reacción de Lvellie no fue muy diferente. Mientras que la del resto seguía siendo de confusión. Pues al igual que el director, nunca habían escuchado un nombre como ese.
—Los verdaderos creyentes. O como se presentan al aparecer… "Los Fidelium".
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Gracias por leer. By. KNM. (Se ríe macabramente mientras se va)
