-¿Has estado en contacto con algún Omega en celo recientemente?- Cuestiona la doctora, con una gran sonrisa que le forma arrugas en las comisuras de la boca. No ha dejado de sonreír desde que entraron, y se pregunta si no le dolerán las mejillas por tanta pretensión.

-Uno de sus amiguitos es una anomalía Omega-Replica su madre, antes de darle oportunidad de considerarlo si quiera.

-Kenny no ha entrado en celo en frente mío, mamá.

-Pero no debe ser buena idea que pases tanto tiempo cerca de él, bubbala.

-Tal vez deberías hacer más amigos Alfas, Kyle.- Tercia su padre y Kyle rueda los ojos. Después de la fiebre que sufrió al inicio del verano, sus padres han pasado las últimas semanas respirándole en cuello en busca de cualquier cambio, como si esperasen a que algo saliese mal con él en algún momento, así que tan pronto dio la más mínima queja acerca de los olores en el ambiente y jaquecas, habían reservado una cita con un especialista.

-En realidad, es posible que mantengan una amistad saludable. –Dice la doctora.-Si tú y tu amiguito Kenny mantienen sus distancias en los días peligrosos, entonces no existe mucho problema.

-¡Gracias!-dices Kyle cruzándose de brazos, había intentado explicarles lo mismo todo el camino hacia el consultorio.

-Sin embargo, parece que tu sentido del olfato se desarrolló un poco antes que el de tus amigos, Kyle. Y mientras no es nada nuevo o alarmante, es muy probable que se deba a una sobre exposición a feromonas Omega.

-¡Lo sabía!-Exclama su madre echando las manos al aire.- Kyle, a partir de hoy tienes prohibido volver a jugar con Kenny.

-¿Jugar? ¡No tengo diez años, mamá!

-No le hables así a tu madre.-Lo reprende su padre con voz conciliadora.

-Espere, usted preguntó específicamente si he estado en contacto con un Omega en celo. –Aclara Kyle- Pero Kenny no ha entrado en brama aún.- Asegura con convicción, ¿pero quién puede saberlo realmente? Solo se está basando en el hecho de que ni una sola vez en estas terribles, oh, terribles vacaciones, Kenny se ha tomado días libres para todo ese asunto del celo. Tampoco les ha comentado nada y tratándose de Kenny, ya les hubiese dado vergonzosos detalles que tendrían a Stan vomitando por la siguiente hora y a Kyle acechándolo en sueños, pero no ha sido el caso y sobra decir que si no se los dijo a ellos, entonces definitivamente tampoco a Cartman.

-¿Cómo podrías saberlo, Kyle?-Pregunta su padre con cierto tono acusatorio.

-Él mismo nos lo dijo, su hermana lo confirmó.- Miente sin reparos.

-El olor de un Omega en celo es único para los Alfa- Informa la doctora, cuyo nombre Kyle intenta atisbar en su escritorio, porque aun está incrédulo de haber escuchado su apellido correctamente- así que no tendrías lugar a dudas si lo hubieses percibido. Entonces, ¿estás seguro que él es el único Omega con el que has entrado en contacto recientemente?

Kyle asiente afirmativamente, pero como su madre no puede tener la boca cerrada, agrega:

-Al menos que nosotros sepamos.- Ella y su padre le lanzan miradas que lo retan a ocultarles información. Pero en esta ocasión Kyle no miente, ni siquiera ha visto a las chicas últimamente, y no tiene la menor idea de quién de ellas inició ya sus ciclos (y prefiere no saberlo pese a su mórbida curiosidad).

-Tal vez sea entonces solo un prematuro desarrollo, esto suele darse en anomalías Alfas, pero también es común en hombres con un potencial superior al resto. Eres bastante afortunado, Kyle. Los Alfas con genes más fuertes tienden a tener un aroma particularmente magnético, incluso por encima de otros Alfa. Las Omegas van a pelearse por ti en lugar de ser al revés.- La doctora Boobtistsky (Lo escuchó bien la primera vez: "Ashley Boobtitsky", dice la placa dorada en su escritorio) hace el intento por guiñarle un ojo, pero parece tomarle un esfuerzo considerable mover su pómulo incluso más arriba. Al final termina guiñándole con ambos ojos al mismo tiempo.

Su padre le palmea el hombro emocionado y su madre suspira con alivio.

-¿Y sus cambios de ánimo?- Pregunta Sheila, Kyle gime en frustración.- Ha estado más irritable que de costumbre, me levanta la voz y le responde con rudeza a su padre.

-¡Parte de su desarrollo! -Asegura la doctora con el mismo tono excesivamente optimista- Es un adolescente, uno Alfa, señora Broflovski; sus hormonas andarán sueltas e incontrolables por los próximos años.

-¿Qué hay de todos esos olores en el ambiente? A veces le dan dolor de cabeza, te dan dolor de cabeza, ¿verdad, corazón?- pregunta su madre, aunque una vez más continúa antes de darle oportunidad de abrir la boca- ¿Puede prescribirle algo, doctora?

-No es necesario, es solo temporal. Pronto se acostumbrará y todas las molestias se detendrán.

Su padre vuelve a palmearlo, más emocionado por todo el asunto que él mismo, y su madre acaricia su brazo, más relajada. La doctora pregunta si tienen alguna duda y por primera vez en la última hora, sus padres le dan una verdadera oportunidad de hablar. Excepto que esta vez no sabe cómo formular su pregunta, sobre todo con su sobreprotectora madre mirándolo con escrutinio a un costado. Decide preguntar otra cosa completamente diferente.

-¿Qué hubiese pasado si todo este tiempo Kenny hubiese estado pasando por sus ciclos y yo hubiese estado cerca?

-Si tu amigo ya hubiese sufrido de estados de brama anteriormente, entonces su aroma sería naturalmente atrayente, lo cuál te hubiese hecho a ti y a cualquier otro Alfa a su alrededor "Despertar" antes que el resto. Difícilmente podría considerarse como algo malo, solo no es recomendable porque han existido casos... casos aislados, en donde al despertar, el Alfa crea una afinidad preferencial única hacia ese aroma; en algunos casos se vuelve permanente, en otros obsesivo. Pero incluso así las probabilidades de que eso suceda son realmente escasas, necesitarían haber estado en contacto por años, o haber existido una atracción previa por ambas partes.-Dice encogiéndose de hombros.- Pero estás fuera de peligro en ese aspecto. También lo pregunté porque pudo ser peligroso a la larga tanto para tu amigo Omega, como para ti. A menos que sea tu pareja o que esté Marcado, un Omega no debe pasar tanto tiempo rodeado de Alfas-le advierte con tono serio, pero sin dejar de sonreír. Es un poco atemorizante.- Incluso si lo hace cuando no está en celo, sus feromonas siguen siendo bombeadas, solo que en menor intensidad y podría desatar toda clase de desastres en un grupo de Alfas: Repercusiones físicas, emocionales...

-Entonces sí es recomendable que deje de pasar tanto tiempo cerca de su amigo Omega-Insiste su madre.

-¿Qué tienes en contra de Kenny? ¡Creí que te agradaba!

-Kenny es un buen muchacho, pero no quiero que terminen haciendo algo de lo que los dos se arrepientan después solo porque sus hormonas estuvieron infestándote.

-¡Mamá!-Objeta, incrédulo ante la terquedad de su madre.

-Como ya mencioné, no hay problema, señora Broflovski. Kyle no despertó por pasar tanto tiempo cerca de un Omega en celo, así que fue natural y no hay amenaza potencial de nada aquí. Y como ya dije, no tiene nada de malo que pasen tiempo juntos, siempre y cuando su amigo esté fuera de sus días peligrosos claro está. Pueden verse a diario, ver películas, pornografía, drogarse... lo que sea que hagan los jóvenes de hoy en día, sin ningún problema. A menos que planees exponerte a él por veinticuatro horas de forma diaria durante los próximos meses, no veo ningún posible riesgo.

Sheila suelta una risita contenta.

-Pero claro que eso no va a pasar, ¿verdad Bubbala? –le dice, como asegurándole que de haber sido su plan ella se encargará de frustrarlo. Kyle tendrá que advertirle a Kenny que se ande con cuidado cerca de su madre, no duda que comenzará a lanzarle indirectas en los próximos días, tal vez incluso vetarlo de su casa hasta que Kyle siente cabeza con alguna chica.

-Este es mi número-les dice la doctora, extendiéndole una tarjeta a Gerald, y otra a Kyle.- Si tienen alguna otra duda o inquietud pueden consultarme.

Y sin más, sus padres comienzan a despedirse y Kyle busca alguna excusa para quedarse atrás. Deliberadamente intenta abandonar su gorro en el asiento, para después tener que regresar por él, solo, pero cuando están saliendo de su oficina su madre apunta dramáticamente hacia la silla y exclama con voz innecesariamente alta "¡Kyle, amor, olvidaste tu gorro!" Y luego comienza a reprenderlo por ser tan distraído.

Una vez fuera, Sheila está cerrando la puerta del co piloto, cuando Kyle lo intenta de nuevo.

-¡Oh no, creo que dejé mi celular!

-No cariño, lo dejaste en el asiento antes de entrar- Se lo extiende su madre.-¿Qué te pasa últimamente? Tienes la cabeza en las nubes.

Su padre comienza a buscar en sus bolsillos.

-Kyle, creo que dejé las llaves del auto en su escritorio.- Le dice mirándolo por el espejo retrovisor, y, gracias Jesús, su padre parece haber comprendido sus intenciones.- ¿Por qué no vas a buscarlas?

-Dios, Gerald, no cabe duda que Kyle sacó lo despistado de ti...- comienza a quejarse su madre, pero Kyle vuelve a la oficina, cruzando un largo pasillo blanco hasta la puerta de cedro con el apellido Boobtitsky.

No tiene mucho tiempo, da un largo suspiro, y cruza la puerta una vez más.

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-Te ves como un idiota.-Le dice Ike desde la puerta.

Kyle no intenta negarlo. El color naranja del suéter es tan intenso que le lastima la vista si lo ve por mucho rato, el material le da picazón y el cuello de tortuga hace a que el color se extienda hasta su cabello. Kyle se ve como una maldita zanahoria.

-Era la condición de mamá.- dice, sintiéndose derrotado.

-Al menos ponte una chamarra encima, no parecerás tan jodidamente retrasado.-luego se sienta sobre la cama, y lo vigila mientras se pone una chamarra amarilla que lo hace ver aun peor, y luego una café, que decide quitarse porque sudará como un cerdo.- ¿Qué dijo el doctor?

-Doctora.- Corrige Kyle.- Dijo que son alergias, pero pasarán.

Ike no inquiere más, pero Kyle tiene el presentimiento que no se tragó la mentira, es demasiado listo y lo conoce demasiado bien. Pero aún no se supone que sepa de los estatus, y preferiría no tener a sujetos armados entrando por su ventana, disparándoles a todos solo porque a Kyle no le gusta ocultarle cosas a su hermanito.

Stan pasa a recogerlo unos minutos después, tocando el claxon fuera de su casa. Kyle ni siquiera intenta controlar su mata de cabello esta vez, pero cuando intenta ponerse su usual ushanka verde, Ike se arroja contra él y se lo arrebata.

-¡No dejaré que te ridiculices aún más!-Grita, corriendo fuera de la habitación.

-¡Ike!- corre tras él, pero su madre lo llama desde la primera planta, insistiendo en no dejar a Stanley y a Wendy esperando.- ¡Devuélveme el maldito gorro!

-¡No vas a conseguir ninguna chica con esto!

Cuando Kyle no se materializa al acto, su madre continúa berreando y no le queda más opción que rendirse. Pues qué demonios, si se va a ver de la mierda al menos que sea una obra completa.

-¿A qué hora volverás?-Le pregunta Sheila, poniendo sus manos sobre las caderas.

-A la misma hora que Stan vuelva.

-¿Y eso es...?

-No lo sé, mamá.

-Te quiero de vuelta a la una. Ni un minuto más tarde.

Kyle asiente y responde condescendientemente, no tiene caso pelear, nunca se gana con Sheila. Apenas atraviesa la puerta cuando su madre decide que no ha sido avergonzado lo suficiente y grita a voz en cuello:

-¡Kyle, no te despediste de mí!- y luego apunta a su mejilla.

Stan y Wendy se burlan en todo el camino a la casa de Bebe.

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-¿Entonces es como una alergia?-pregunta Stan.

Wendy usa un cubre bocas blanco en el rostro que la hace sonar como Kenny cuando usaba sus chamarras para cubrir su rostro. Afortunadamente para ella, Stan y Kyle son maestros para descifrar balbuceos ininteligibles.

-Algo así.-Responde vagamente.

-¿Y lo mismo te pasó a ti?-pregunta Stan volviendo su atención a él. Kyle intercambia una rápida mirada con Wendy antes de asentir.- Oh, entonces es una cosa de Alfas.

Wendy de pronto encuentra el cielo nocturno más interesante, y se niega a responder la pregunta en absoluto.

-Básicamente.- Se limita a responder Kyle. No tiene nada que esconderle a Stan, pero hablar de jerarquías entre ellos es demasiado extraño. Está acostumbrado a estar en sintonía con él, jamás esperó que aquello fuese a cambiar de forma tan drástica. Stan debe pensar lo mismo porque no hace más preguntas.

Creyó que sería sencillo y sin importancia tocar esos temas, pero no resulta ser así. Su novia, su mejor amigo y Cartman ahora comparten algo en común de lo que él nunca podrá ser parte completamente y aunque no significa nada para Kyle, sabe que Stan debe sentirse excluido. Tiene la certeza de que es así porque ha aprendido a leerlo con los años. Cada pequeño gesto, cada mueca que contiene, la forma en que su quijada se tensa, la forma en que esconde sus manos en los bolsillos de su pantalón...

Han logrado, la mayor parte del tiempo, pretender que aquel cambio natural no ha creado algún tipo de brecha entre ellos, y Kyle tiene la esperanza de que la pretensión pueda durar el resto de sus vidas, que las diferencias entre ellos nunca sean demasiado grandes, y que, de alguna manera, su amistad pueda salir adelante. Así, evitar temas referentes a sus categorías le parece lo más sensato. Debe ser igualmente incómodo, incluso si es por diferentes razones, para Wendy.

Stan se asoma a lo largo de la calle, pero finalmente les indica que se bajen del auto.

-Me estacionaré en la cuadra siguiente. –Dice después de, infructuosamente, buscar un sitio para estacionar el auto de su madre.- Los veré dentro.

La casa de Bárbara Stevens está iluminada en todas sus habitaciones, y música sonora puede escucharse desde fuera de la casa. La calle está repleta de autos por doquier.

Es casi una tradición organizar fiestas antes del siguiente ciclo escolar en alguna casa aleatoria, lo mismo con Año nuevo, y como suele suceder, Bebe se ofreció gustosa a prestar su hogar. Cómo convence a sus padres de dejarla organizar tantos eventos y fiestas de forma recurrente es un misterio, aunque por supuesto, nadie lo objeta.

-Entonces, eso de que las Alfas tienen mejor olfato que los hombres es cierto, ¿verdad?- le pregunta a Wendy cruzando la calle. Para ser honesto, había olvidado por completo que la chica era una Alfa. Aun ahora, Kyle no pensaba en el resto de los chicos como parte de categorías, aunque duda que con su nuevo y mejorado olfato pueda seguir siendo así.

Wendy gime en desconsuelo y asiente, decaída.

-¡No pensé que fuese así, es demasiado en ocasiones!- Confiesa, cansada, y a Kyle le alivia tener la oportunidad de compartir el sentimiento con alguien que más.

-No tenía idea de la clase de información innecesaria que puede percibirse por la nariz.

-Demasiada.- Concuerda Wendy.- Sé más cosas de las que jamás me hubiese gustado saber de mi familia y amigos.

-¿Y esto sirve de algo?-le pregunta señalando el cubre bocas, tal vez él mismo debería utilizar uno.

-Un poco, por ahora. No creo que vaya a servir de nada con algún Omega en celo.-Dice con genuino pesar.

Se pregunta cómo debe ser para Wendy: todo lo que Kyle percibe, ella lo hace con más precisión y con doble intensidad. Debe ser incómodo, percatarse de deliciosos olores cubriendo a personas de su mismo sexo. No es ninguna novedad que algunos Alfas heterosexuales terminen cediendo a otras tendencias cuando los Omegas están en celo. Todo el asunto le da escalofríos a Kyle, pero debe ser particularmente difícil para Wendy, cuando tiene a Stan a su lado y cuando probablemente nunca ha cuestionado su sexualidad.

-Me reconforta saber que no soy el único pasando por esta mierda. –Kyle se detiene frente a la puerta. No había querido aceptarlo, pero se había sentido bastante solo en sus nuevos descubrimientos.

Hace un par de semanas, comenzó a percibir perfumes y hedores en todas partes, abrumándolo y maravillándolo al mismo tiempo. Y su sentido del olfato es tan particularmente minucioso, que logra percibir más allá de los distractores olores comunes, como comida y aromatizantes, como jabones y suavizantes. Kyle es capaz de acercarse a una persona y saber su esencia personal. Es capaz de recordarla y reconocerla a metros de distancia.

Por ejemplo, el aroma verdadero de Stan es como el otoño. Huele a un frío aire de nostalgia en una tarde de nubarrones oscuros en el parque. Familiaridad, estabilidad y melancolía. Si pudiera simplificarlo por asociación a aromas equivalentes, sería a sándalo, con el más leve toque de ámbar y el más delicado roce de los pinos; Aunque ha descubierto que esto último es parte del aroma de la mayoría de los ciudadanos, en una medida u otra, y supone que se debe al reclamo que las montañas tienen en su persona, siendo la tierra en que crecieron.

Pero describir eso, poner en palabras lo que percibe, puede ser extremadamente difícil en ocasiones, así que prefiere evitarlo.

-Creo que todos estamos igual de confundidos y asustados, pero nadie quiere aceptarlo. Antes de las clases de introducción, nunca nadie mencionó la habilidad para reconocer un aroma a kilómetros de distancia ni feromonas que controlan tu mente.-dice Wendy, con una sonrisa reconfortante.

Y... Kyle quiere preguntarle a ella. Quiere hacerle la misma pregunta que le hizo a la doctora en privado porque tal vez Wendy sepa a lo que se refiere. Tal vez ella misma lo ha experimentado.

Pero la puerta se abre de pronto, y unos chicos los empujan para salir, entre risas. El momento se pierde, y Kyle decide entrar antes de decir algo estúpido.

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Le alegra haber dejado su chamarra atrás, porque pronto se encuentra con un mar de gente platicando en el pasillo y en las escaleras, gritando por encima de la estruendosa música. El frío de la noche olvidado detrás de la puerta.

A algunos de los chicos los reconoce como viejos conocidos, otros como nuevos compañeros. No es su ambiente, pero este verano ha sido el más estresante de su vida; por primera vez, había saboreado las vacaciones como lentas y tediosas. Un ciclo sin fin cuya única escapatoria sería el inicio de clases, y es una perspectiva tan deprimente, que cuando Stan mencionó la fiesta de Bebe hace unos días, Kyle confirmó su asistencia antes de dejarlo terminar de hablar, porque qué mejor manera de recordar que tiene quince años que una fiesta adolescente, con grandes cantidades de alcohol e inseguridades y deseos de encajar flotando en el aire. A cambio de dejarlo ir, su madre insistió en que al menos usara el nuevo suéter que le compró en navidad y que había escondido hasta el fondo de su closet, esperando que todos olvidaran su existencia, aunque claramente no fue el caso.

Cientos de aromas se mezclan en la gran casa, y le toma un segundo recuperarse de la impresión. Sintiendo una leve jaqueca comenzar a nacer. Es como Wendy había dicho, puede ser demasiado en ocasiones.

A su lado, por debajo de su cubre bocas, Wendy hace una mueca que le arruga la nariz, y Kyle le aprieta el hombro en simpatía, antes de atreverse a navegar entre la multitud de personas.

Cada persona prueba ser un efluvio único, identificable, memorable, aunque no siempre placentero. Su nueva habilidad es tan asombrosa, como también incómoda y en ocasiones confusa. Incómoda, porque puede saber detalles demasiado íntimos de las personas que conoce, y confusa porque...

-¿En dónde está la perra?- Los recibe un rostro familiar tan pronto entran en la atiborrada sala.

Cartman sostiene un vaso de plástico en una mano y alguna clase de aperitivo en la otra, vistiendo una gruesa chamarra negra por encima de una sudadera azul, y Kyle se pregunta cómo no se está asando debajo de toda esa ropa.

-Cuidando a Karen, dijo que vendrá más tarde.- Aunque Kyle lo duda mucho, cuando los señores McCormick salen juntos pueden desaparecer por días enteros.

Cartman rueda los ojos y se marcha sin más. Es la primera vez que cruza palabra con él en los últimos cinco días. Antes de eso, entre sus propias excusas y las de Cartman, de alguna manera había conseguido evitar estar en la misma habitación por más de unos minutos. Es una rutina un poco desquiciante, que le había causado secreto alivio, pues después de la pijamada, estar a solas con Cartman se había convertido en un suceso azaroso.

-¿Se refería a Kenny?-Pregunta Wendy, su expresión tan sorprendida como indignada- ¿Cómo puede ser tan insensible? ¡Se supone que son amigos!

Kyle se encoge de hombros, ha estado llamando a Kenny de esa forma por meses, justo como hace con todos los Omega que conoce, así que los días en donde aquello lo molestaba han quedado atrás. Incluso Kenny se ha acostumbrado. Supone que como se trata de Cartman pueden dejarlo pasar con más facilidad; después de todo, siempre ha sido un bastardo, con jerarquías o sin ellas, así que claro que las utilizaría como otra excusa para discriminarlos. Lo sorprendente hubiese sido que no lo hiciera.

Circulan entre la multitud un poco, hasta que Wendy se queda charlando con Red en la cocina y Kyle se reúne en la sala con Craig y los chicos. Stan une a ellos minutos después, con dos cervezas en mano, extendiéndole una a Kyle.

Conversaciones simples, chistes vulgares e historias perversas; aunque están a unos días de terminar, Kyle siente que finalmente está disfrutando de sus vacaciones.

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Bebe se une a ellos en los asientos libres en la sala. No está absolutamente embriagada –Kyle la vio en ese estado en su cumpleaños: Descalza, tropezándose por doquier, acariciando a cualquiera y luego golpeándolos, furiosa, sin ningún motivo- pero definitivamente está en camino a estarlo. Actualmente está en la etapa de risas, cercanía innecesaria y torpes coqueteos.

No es la única persona ebria a estas alturas: Algunos chicos han comenzado a bailar, Jimmy tartamudea como nunca, Craig está riendo sonoramente (lo que significa que caerá inconsciente después de otro vaso más) y hay vítores viniendo de la cocina. No los juzga, no es como si tuviesen muchas maneras de entretenerse en el pueblo, y por si fuera poco, la semana siguiente comenzarán su segundo año; solo de pensar en lo que le espera hace a que él mismo sienta unas inesperadas ganas de perderse en alcohol si con eso consigue dejar de pensar en ello. Pero la cerveza entre sus manos se ha calentado, siendo solo su cuarto vaso, y se niega a ir por más. Stan y Wendy habían desaparecido sospechosamente hace unos minutos, y Kyle necesita estar en sus cinco sentidos para poder tolerar a una progresivamente ebria Bebe Stevens, que se empina vaso tras vaso como si se tratase de nada más que agua, hasta que vuelvan.

-Así que, el pequeño Kyle es todo un Alfa.- Articula Bebe con cierta torpeza, inclinándose hasta susurrarle por encima de la música, hasta que sus piernas y codos se rozan entre sí. Su aliento huele a cerveza y su cabello apesta al olor a cigarro que flota en el ambiente.- No vas a creerlo pero lo vi venir. Siempre tuviste este aire de ferocidad alrededor tuyo.-Dice soltando unas risitas tontas.- Siempre fuiste tan masculino.

Está despeinada, su maquillaje se ha corrido y es la representación de un adolescente imprudente que no sabe tomar. Es embarazoso y gracioso a la vez, considerando lo cuidadosa, casi obsesiva, que es con su aspecto personal estando sobria.

Es consciente que Bebe siempre se ha sentido irracionalmente atraída hacia él (Inexplicable en verdad, Kyle no recuerda haber hecho nada para ganar su atención de esa manera), así que está más allá de acostumbrado a aquel trato: El sol sale todas las mañanas, el clima es mierda, Kenny es pansexual, y Bebe Stevens siempre le coquetea cuando tiene unas copas encima.

Aun así casi se atraganta cuando siente una mano deslizarse con firmeza sobre su pierna. Bebe le guiña el ojo de una manera que hubiese hecho llorar a la doctora Boobtitsky.

Kyle decide que necesita orinar.

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Cuando había anunciado que tenía que mear como un caballo fue para quitarse a Bebe de encima (con algo de suerte, tal vez asquearla), y calmar sus suplicas casi desesperadas para que volviese a sentarse a su lado. Pero Kyle Broflovski debe ser más ingenuo de lo que creyó porque ahí está, pene en mano, cascada dorada bañando el inodoro cuando Bárbara Stevens irrumpe en el baño a trompicones.

-¡Oopsie!-le dice cuando lo ve frente al inodoro, como si fuese un gracioso accidente y no evidente acoso.- ¿Necesitas una mano?- Pregunta intentando sonar sexy, pero termina recordándole a Kyle a las prostitutas que Butters contrató a los nueve, cuando se creía proxeneta.

-¿Qué demonios estás haciendo?

Bebe cierra la puerta detrás de ella y Kyle considera por un momento orinarle encima, para alejarla, pero logra contenerse. La chica lo abraza por detrás, recargando su cabeza en su hombro y observando a vergonzoso detalle la interminable fuente amarillenta abandonando su cuerpo.

-¡Es la primera vez que veo uno circuncidado! –Exclama Bebe y Kyle intenta salvar la dignidad que puede (o más específicamente, salvar su pene de las uñas de arpía de Bebe que se lanzan como garras contra su falo), acomodándose en el pantalón y subiéndose el zipper a una velocidad record hasta ahora.

Pero Bebe es persistente y pronto hay algo más en el aire que el olor a orina, vómito y cloro: De pronto huele a Omega.

-Entraré en celo en unos días- Anuncia, adosada a él con sorpresiva fuerza cuando Kyle intenta alejarla desesperadamente.- Y voy a necesitar la ayuda de un atractivo Alfa.

Bebe huele maravillosamente, incluso por encima del sudor y cerveza. Por fastidioso que sea todo el forcejeo y las manos que ahora masajean su trasero, Kyle no puede evitar sentirse doblemente avergonzado porque oh, a Bebe le espera una mañana interesante; cuando recuerde todo lo que dijo e hizo no podrá verlo a la cara por meses.

-¡Detente!-Logra apartarla por fin, pero Bebe solo se ríe.- ¿Por qué no le pides Clyde que te ayude?

-Ugh, Clyde es un estúpido. Te necesito a ti, un hombre de verdad.-Dice, desvitiendose. Kyle asegura su miembro de vuelta a su pantalón a tiempo para detenerla, si bien resulta innecesario al atascarse la prenda en los codos y brazos de Bebe, doblados por encima de su cabeza.- ¡Carajo, no puedo... unngh!

Kyle suelta un largo suspiro. Es por esto que los menores no deben beber alcohol.

-Ven, te ayudo.

-¡No me toques!- Brama súbitamente indignada, su actitud seductora arrojada por la borda. Procede a sacudirse la blusa, tirando arriba y abajo, sus exuberantes pechos rebotando con el movimiento, logrando solo atorarse aún más dentro de la apretada blusa- ¡Eres un idiota, Kyle! ¡Una sexy, sexy Omega se te arroja encima, aunque te vistas como una zanahoria, y tú... tú...!

Luego se echa a llorar. Kyle se arrepiente tanto de haber asistido a su fiesta. Intenta ayudarla a bajar la prenda y cubrirle el busto de nuevo, pero Bebe se sacude de su agarre, casi poseída, con sus dos brazos luchando contra el aire, choca contra la pared y casi tropieza contra la bañera.

-¡No me pongas un dedo encima! ¡No te atrevas! –Gimotea ruidosamente.- ¡Eres un virgen frígido, un marica desconsiderado!

Bebe continúa llorando y maldiciéndolo por largo rato, y Kyle contempla la puerta con añoranza; dejar sola a Bebe en estas condiciones no parece lo correcto, pero tal vez pueda bloquear la puerta desde fuera o llamar a Clyde. Él es su novio, él debería estar soportándola en momentos así. ¿Y en donde mierda se metió Stanley? ¿Cómo cojones terminó él en esa situación en primer lugar?

Tentativamente acaricia el codo de Bebe (Su hombro aún está escondido entre su cabello y la blusa), a manera de consuelo. Poco a poco Bebe se detiene, y finalmente se inclina para llorar sobre él, diciéndole lo mucho que le quiere y desea, y las perversas cosas que le dejaría hacerle, voz opaca a través del ridículo estampado de leopardo.

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Pretende que la espesa calidez de su hombro que se extiende por una gran parte de su espalda es inexistente, o de otra manera tal vez deje caer a Bebe en el pasillo. Abre, con cierta dificultad, la primera puerta que encuentra, esperando que se trate la habitación de la chica, aunque a estas alturas se conformará con que haya una cama o un sillón aleatorio para arrojarla allí y huir de su maldita casa de una vez por todas.

El lado bueno, es que encuentra una cama. El malo, es que está ocupada.

Cartman luce como un niño atrapado a mitad de cometer una travesura, agachado sobre el cuerpo inconsciente de Chad Dickson (uno de los Alfas de Middle Park), con un marcador permanente en una mano.

-Rueda el culo de Dickson fuera de la cama.

-¿Es eso vómito?-Cartman lo ignora olímpicamente, señalando su hombro. La simpatía de Kyle llega a su límite y arroja a Bebe, cual costal, a un lado de Chad. Al menos logró bajarle la blusa, así que su sentimiento de culpa puede irse al carajo.

-Eew.- Exclama en repulsión Cartman observando a Bebe.- ¿Te vomitó encima?

Kyle se quita el ridículo suéter naranja, procurando que los rastros de comida a medio procesar en su hombro no toquen la camisa blanca debajo, pero el cuello de tortuga dificulta la tarea, y para cuando logra quitárselo está seguro que su cabello se ha ensuciado considerablemente.

-Justo antes de quedarse dormida y después de intentar sostener mi pito mientras orinaba.- Confirma Kyle entre dientes.

Cartman niega con la cabeza, observando a Bebe con repugnancia.

-Desde que supe que se acostó con Kenny sospeché de sus fetiches extraños.

Mientras no intente abusar de él cuando entre en celo a Kyle no podría importarle menos.

Cartman continúa dibujando y escribiendo obscenidades en el rostro de Chad, con una gran sonrisa infantil y un brillo travieso en sus ojos, como si los años no hubiesen pasado en absoluto y aun fuese la misma mierda seca que era a los ocho, solo que en un cuerpo más grande.

La cama es King size y Kyle se percata por primera vez que aquella se debe tratar de la habitación de los padres de Bebe. La chamarra de Cartman está en el tocador, así que opta por colgar su propio suéter en una esquina del espejo. Tendrá que lavarlo a escondidas o su madre se pondrá roja de ira cuando sepa lo sucedido. Le manda un mensaje a Stan, porque se supone que es el conductor designado y que se debieron de haber marchado hace media hora, pero aún no hay rastros de su paradero o el de Wendy. Podría buscarlos, pero preferiría no correr el riesgo de interrumpirlos en medio de lo que sea que estén haciendo.

Cartman está terminando de dibujar un gigantesco pene sobre la mejilla de Dickson cuando Kyle guarda su celular. Se ve que puso especial atención en los detalles: Las bolas son dos grandes sacos peludos, hay una gran vena en el costado y las gotas de semen que dibujó están apuntadas directamente a la boca de Chad. Kyle está impresionado, es casi tan realista como las tetas que Kenny dibuja en sus libretas.

Cuando Cartman lo atrapa mirando le extiende el plumón, ensanchando a un más su sonrisa.

-¿Quieres dejarle un recuerdo?

¿Y por qué no?, piensa con indiferencia. Stan probablemente no le responderá dentro de un buen rato.

Cartman le hace un espacio en la cama y Kyle piensa en todo lo que podría dibujar. Al final termina yéndose por un clásico y le pintarrajea un bigote y una barba de candado, cuidadoso de no arruinar el dibujo del majestuoso pito.

A su lado, Cartman le aplica espuma en las cejas, y las rasura con un rastrillo que debió sacar de las pertenencias del señor Stevens. Cuando termina, Kyle aprovecha para pintarle una nueva ceja gruesa y tupida, como la que solía tener al inicio del primer año. Cartman desaparece unos momentos, y cuando vuelve, sostiene un rollo de cinta adhesiva.

-¿Sabes que sería genial? Envolverlo en papel de cocina transparente.

-Butters fue a buscarlo.-Dice Cartman, con una sonrisa picaresca.

Kyle no tiene nada en contra del pobre Chad, (excepto tal vez que es un presumido y raro hijo de puta y un dolor en el culo cuando deben trabajar en equipo) pero no tiene nada mejor que hacer, así que pasan los siguientes minutos turnándose el marcador y pegándole cinta adhesiva en sus párpados, nariz y otras partes del cuerpo. Algún tiempo después, Butters entra a la habitación, con varios rollos de papel de cocina entre sus manos y un vaso que le extiende a Cartman. Acto seguido, entre los tres proceden a envolverlo cuidadosamente, cual burrito, y Butters toma algunas fotos en el proceso, evidencia incriminatoria de cada uno de ellos que no los detiene a la hora de posar. En contra de lo que le gustaría admitir, divertirse a costa de alguien más puede ser relajante, hasta terapéutico en ocasiones.

Kyle está envolviendo las piernas de Chad (asegurándose de que no vaya a poder librarse fácilmente) cuando, en un instante, sus dedos se detienen sobre el plástico, y siente sus músculos agarrotarse; un dulce aroma acaricia su nariz, sus entrañas, haciéndolo salivar. Es el mismo consabido vaho que ha advertido fugazmente todo el verano. Siempre provocador, penetrante, de una manera que la fragancia de Bebe no puede serlo.

Al instante siguiente desaparece, busca la mirada de los chicos para saber si también pudieron percibirlo pero Butters tararea alegremente mientras hace coletitas en el cabello del chico inconsciente y Cartman luce completamente impávido, colocando cuidadosamente un tampón (afortunadamente limpio) entre los labios de Chad, cual cigarro.

-¿Qué?-pregunta distraído, al percatarse de la mirada sobre él.

-Nada. Solo no sabía que les desagradaba tanto Chad.-Kyle no piensa repetir su error, así que esta vez procura ser discreto cuando se concentra en percibir las esencias a su alrededor, pero además del aroma de Bebe (contradictoriamente inocente, similar a limones), y el simple y plano olor a Alfas, no logra dar con alguno otro.

Aquello, alucinar olores, es la razón por la cuál es confusa esa nueva habilidad, y pasa con demasiada frecuencia, siempre en presencia de Cartman.

-¡Es un tonto! -Acusa Butters, con resentimiento.- Gracias a él terminamos en detención dos veces y me castigaron por una semana.

-Es un marica presuntuoso que siempre me arroja balones en educación física y que se cree mejor en debate solo porque puede soltar un montón de mierda en sesenta segundos- Concuerda Cartman, toma el marcador y escribe en su frente "Rey tragabolas".- Lo odio.

Luego alcanza el vaso de plástico en la mesa de noche junto a él y se empina su contenido. Hay algo inexplicablemente hipnótico en la manera en que su manzana de Adán se mueve con cada trago.

-Este año voy a patearle el culo en todo. -Cuando habla de nuevo, sus labios están mojados y su aliento es a uva.

-¿Estás bebiendo refresco?

-Duh, no soy un idiota.-después señala a Chad: rayado de pies a cabeza, maquillado, peinado como niña, con cinta adhesiva en el rostro y atado en el papel transparente- Esto es lo que pasa si te embriagas alrededor de gente que te odia. Y sé bastante bien que muchos no dejarían pasar la oportunidad.

-Es porque eres un hijo de puta.

-Es porque me tienen envidia-Corrige, sacando su celular y tomando varias fotos más al rostro de Chad, desde diferentes ángulos- Si me hicieran esto tendría que cazar a los maricas, matar a sus padres, y no me siento con ganas de preparar chili.

A Kyle le gustaría pensar que está bromeando, pero es difícil de saber con Cartman.

Es así, mirándolo tan cerca como ahora, que le parece notar que hay algo diferente en él; aunque no sabe exactamente qué. Sin la chamarra cubriéndolo, puede ver manera en que la sudadera índigo cuelga de su estómago, y reposa sobre sus hombros, holgada, formando dobleces sobre su espalda...

¿Está... está perdiendo peso?, cae en la cuenta Kyle.

Cartman se detiene entonces, mirándolo con la frente fruncida.

-¿Qué estás haciendo?

-¿Qué? –replica Kyle, confundido. Cartman aprieta los puños, encarándolo, y se pregunta si lo que ve en él es el más tenue de los sonrojos o si es el efecto de las sombras y luces de la lámpara junto a ellos.

-Eso. –Dice sin más.- Detente.

-¿Qué detenga qué?-pregunta de nuevo, mirando a Butters y encontrándolo igualmente confundido. Sin advertencias o explicaciones, Cartman le arroja su bebida en el rostro, la dureza de los hielos golpeandolo justo en el ojo. El refresco sabor a uva gotea desde su barbilla hasta su camisa blanca, que ahora se torna púrpura.- ¡Qué carajo!

-¡Te dije que te detuvieras!

-¡No estaba haciendo nada, culo gordo!

-¡No estoy gordo!

Es en ese momento en que los ronquidos de Chad se detienen y comienza a desperezarse, a removerse entre sus ataduras. La habitación se queda en silencio.

Intenta hablar, pero se atraganta con el tampón.

- ¡Qué está pasando aquí!-Reclama, una vez que logra empujar el tampon fuera de su boca con ayuda de su lengua.

Cartman le lanza una patada en las piernas antes de echarse a correr junto con Butters, entre risitas y empujones Kyle los sigue al pasillo, perdiéndolos de vista entre la multitud al momento siguiente.

Su camisa está empapada, su suéter cubierto en vómito, no tiene señales de su super mejor amigo y tiene el creciente presentimiento de que deberá volver a pie a su casa. La noche había resultado ser un completo desastre, pero al menos había cumplido su cometido y había logrado distraerse.

Cuando vuelve a la habitación por su suéter, algunos minutos después, se encuentra con otro grupo de chicos, sosteniendo con firmeza el cuerpo de Chad, que se mueve como un pez fuera del agua entre sus ataduras, para luego sacarlo al pasillo, probablemente para continuar torturándolo con ayuda del resto de los invitados en la planta baja. Una parte de él se siente culpable ante el terrible destino que le espera al pobre idiota, pero no pierde la gracia.

Encuentra la chamarra de Cartman sobre el tocador, olvidada, y debate consigo unos instantes antes de decidir tomarla prestada, secretamente, porque es lo menos que el hijo de puta podría hacer por él después de atacarlo sin razón aparente y porque prefiere que no sean sus pelotas las que se congelen de vuelta a su casa después de una fiesta de mierda.

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Su celular suena una y otra vez, pero lo ignora; no está de humor para averiguar si se trata se Stan disculpándose o de su madre enfurecida.

Camina bajo la nieve a las cuatro de la mañana, ataviado en una chamarra negra y roja demasiado grande para alguien de su talla. Respirando desodorante masculino, Cheessy Puffs y por encima de todo, el olor indiscutible de un Alfa.

-¿Es posible sentirse atraído por el olor de un Alfa como al de un Omega?- recuerda haberle preguntado a Ashley Boobtitsky en su consultorio, muchas horas atrás.

Porque para Kyle lo realmente preocupante no es el confundir fragancias, sino de la calidez que se queda consigo; recorriéndolo de arriba abajo, acumulándose en su zona baja como un líquido, recorriendolo hasta sus pies y arrullando sus pensamientos.

La sonrisa permanentemente grabada en el escalofriante rostro de la doctora no había titubeado un instante. Su respuesta fue simple, instantánea, como el hecho científico más evidente en el mundo.

-¡Es completamente imposible!

Saberlo no disipa su gradual deseo de hundir su rostro en la chamarra de Cartman en todo el camino de vuelta a su hogar.