2. Desazón y abandono.
La luz se filtraba por las ventanas iluminando la pila de documentos borrador que se había esmerado en hacer esa mañana para entregarlos a Jason.
Su camiseta de tirantes contrastaba con su ahora larga coleta, la cual dejó crecer a propósito como sinónimo de cambio, de una nueva vida que aguardaba por su sueño como escritora.
Observó su reflejo una vez mas al espejo, intentando sonreír pero teniendo como resultado una mueca en respuesta. Llevaba meses intentando poner su cabeza en orden, trabajando arduamente para conseguir impulsar su carrera como escritora, pero las cosas no resultaban de la forma en que quería y se decepcionaba con suma facilidad; su corazón le dictaba que estaba evadiendo la realidad a costa de olvidar a aquellos que le ofrecieron en el pasado la oportunidad de cambiar, sentía que a pesar de empezar su carrera como la ayudante de Jason, simplemente no podría renunciar al único vinculo que la unía a la mansión Heartfilia o a sus aventuras como maga estelar: sus espíritus estelares.
Cada tanto sentía que estaba dando demasiado de si misma para un momento que posiblemente no llegaría, pero aun así no renunció a la idea de hacerse mas fuerte para poder rivalizar en algún momento con algún gremio oscuro o un ladrón principiante. Las excusas se sumaban por montones, pero el objetivo no distaba de lo que intentaba escapar: la idea de volver a Fairy tail.
Estaba convencida de que sus investigaciones iban por buen camino, que muchos de sus amigos estaban a solo algunas millas de distancia o en alguna zona contigua a Crocus. Posiblemente tomando un trabajo de medio tiempo o uniéndose a otros gremios para poder cubrir los gastos necesarios en alguna otra ciudad... rehaciendo sus vidas... intentando olvidar o escapar de la nostalgia.
Su rostro brillaba de felicidad al tan solo imaginar a alguno de ellos sonrientes, recibiendo sus cartas, dándole esperanzas de que el gremio volvería a ser lo que era antes, que no habría necesidad de seguir trabajando en aquel derruido edificio, imaginando cada tanto a sus compañeros de equipo haciendo un desastre monumental en la recepción o en su improvisado despacho al lado de la de muchos ayudantes de Jason.
Su sonrisa ya no era tan transparente como antes, ella lo sabía mejor que nadie.
Para pasar el rato trabajó un tiempo en la revista Sorcerer Magazine. Su carrera como modelo la disparó a la fama por un tiempo hasta que decidió tomar un perfil mas bajo y limitarse a ser asistente de otras candidatas.
Al principio le agradó la idea de ganar dinero a costa de su belleza, pero entonces las semanas pasaron y se forzaba a si misma a hundirse en la rutina, pretendiendo que estaba bien con ello a pesar de que ya no fuera de su agrado. Sus fotografías se veían atractivas y alegres, tenía varios admiradores intentando hostigarla para tener al menos una oportunidad de tener una cita, pero ella no tenía la intención de aceptar; no era divertido si las apariencias vivían de engaños, y a su vez el interior también se sentía así.
—¡Eres una estrella en la capital, por favor, sal conmigo!
A veces tenía que noquear a sus admiradores y salir corriendo hacía su apartamento en busca de refugio. No obstante, cuando llegaba, se metía de lleno a su cuarto para seguir buscando información sobre los demás integrantes del gremio. Desde recortes de periódico, hasta testimonios de extranjeros que afirmaban haberlos visto en zonas poco concurridas del continente.
Una gran primicia que sonó durante semanas fue el inconfundible incendio que tomó hectáreas al oeste de Fiore. Ella no pudo tomarlo en serio tras estar a mediados de julio, pero aun así supo desde entonces que sus amigos seguían haciendo de las suyas, siguiendo al pie de la letra las palabras que le dirigieron aquella noche por medio de una mísera carta; sabía que estarían bien, pero hasta que volvieran ella haría su parte intentando contactar con ellos mientras su sueño como escritora se vislumbraba entre la penumbra.
Muchos habían avanzado en pocos meses, ajenos a la disolución del gremio, a la distancia que muchos habían impuesto a costa de lo que simbolizó para ella pertenecer al gremio de sus sueños. No sabía que sentir al ver que ninguna de sus cartas era devuelta, que las semanas pasaban, el invierno se asentaba y sus esperanzas quedaban reducidas a añorar algo que tenía miedo a intentar; quería preguntarles personalmente si en verdad se habían olvidado tan rápido del gremio, de la gran familia que habían sido mucho tiempo atrás.
—¿Lucy, me estás escuchando? Estás a tres años de poder llegar a publicar algo medianamente bueno —musitó Jason con la vista puesta sobre su escrito.
Un largo suspiró se coló entre sus labios y reverenció a Jason poco antes de arrastrar sus pies hasta la entrada.
Tres años era lo mas cerca que estaba de continuar aventurándose como escritora Amateur, así que tendría que empezar a visualizar el futuro bajo otros ojos si con eso podría recuperar aquellos días en los que la soledad no era tan aplastante. Sin embargo, cuando llegó al umbral de su apartamento supo que el miedo aun no le permitía avanzar, ya que por mas pequeña que fuera, buscaría siempre la forma de poder regresar a Fairy tail sin importar el costo; el temor de ser rechazada parecía una nimiedad comparado a los días oscuros que atravesaría sabiendo que su cobardía no le permitió recuperar a su preciada familia.
No podía abandonarles de la misma forma en que ellos hicieron con ella.
El repiquetear de sus botas con tacón resonaron por el asfalto mientras la tarde se extendía entre tonos anaranjados y rojizos. Sus manos temblorosas sostenían una carta frente al imponente edificio al cual pertenecía gran parte de las mujeres del gremio, estando entre ellas Cana, la destinataria de tan anheladas palabras envueltas entre tinta y sudor.
El silencio reinaba a los alrededores mientras las cortinas de la decimo cuarta planta se movían al vaivén del viento. Un suspiro escapó de entre sus labios y a grandes zancadas ingresó a la recepción para encontrar un gran letrero fluorescente que afirmaba que el lugar estaba en venta. Su ceño se frunció profundamente y siguió de largo hasta el elevador dónde los segundos parecieron convertirse en una eternidad.
Al salir encontró el pasillo lleno de telarañas y polvo por doquier; el temblor de sus piernas pasó a ser un intento desesperado por querer avanzar al percibir la puerta entreabierta. Su respiración pareció fallarle al encontrar la habitación tan impoluta, cómo si alguien hubiera vivido allí hace menos de una semana. Su sonrisa nerviosa pasó a una desesperada, hurgó desde el baño hasta la cocina, todas las sabanas salieron a volar al igual que la ropa vieja en los cajones. Encontró su carta reposando de forma burlona contra el alfeizar de la ventana, ni siquiera había sido abierta o emanaba el habitual olor a alcohol que desprendían los barriles llenos tras la despensa.
Ella se fue, al igual que lo había hecho el resto.
Había encontrado la habitación de Wendy y Erza un tanto mas polvorienta que la anterior, no encontró ni rastros de dulces comestibles o metal corroído proveniente de las armaduras de la espadachín. No había rastro de sus cartas, tan solo reposaba el pequeño presente para la pequeña Dragon Slayer que había decidido regalarle para su cumpleaños, tres meses atrás aproximadamente. Tal parece que su unión al gremio de Lamia Scale era una realidad, al igual que el paradero desconocido de Erza.
Era obvio que no encontraría mas que memorias olvidadas para personas a quienes se suponía que también debía olvidar.
Recordó la casa de Natsu y Happy de la misma forma, pero esta vez la ira se acumuló en su garganta. Sus ojos escocían bajo lágrimas imperantes de cariño, una simple muestra de afecto que la consolara un poco frente a la inmensidad de lo que sentía. Ya no quería aquel deseo entrañable de volver, deseaba retroceder el tiempo para nunca tener que sentir la misma frustración que sintió al recibir las negativas de su padre o aceptar a regañadientes la muerte de su madre como la heredera de las riquezas Heartfilia.
Se negaba a ir tras Aquarius para tener que explicarle que el gremio que decidió proteger le dio la espalda, que los amigos a quienes quiso como una familia eran ajenos al sacrificio que había hecho por ellos, que Natsu la había abandonado de forma intempestiva, que sentía que lo que antes los unía ahora los separaba irremediablemente; que esos inexplicables sentimientos que brotaron de su pecho ahora emanaban recelo y representaban su nueva postura frente a la incertidumbre que la embargaba.
La realidad la golpeó una tercera vez, esta vez bajo el atardecer y con una pizca de abandono que ni el tiempo mismo pareció dejar.
