¡Hola a todos y muchas gracias por leer! Este capitulo esta ambientado en algunos diálogos con base en el capitulo 419 del manga original de Fairy Tail. No obstante, datos de menor relevancia, interacciones y situaciones pueden estar fuera de ese contexto.
4. Tempestad y sosiego.
El viento que golpeaba su rostro deshizo su coleta mientras la débil cinta tomaba la misma trayectoria que los vientos alisios. Su camisa de tirantes se sentía ajustada y sus labios se sentían secos; los tacones de sus botines aquejaban sus tobillos y el escalofrío que recorrió su espalda gracias a las miradas libidinosas de los guardias bastó para que sus mejillas tomaran un color carmesí. Sus manos sudadas buscaron a tientas el carnet de ingreso en un fútil intento de evadir la incomodidad que generaba aquella amarga experiencia de volver allí, pero su mente era traicionera al igual que la sonrisa que se vislumbraba en el rostro bronceado de su compañero de aventuras.
—Siento la tardanza, Luce. Los guardias fueron muy molestos al decir que no podía ingresar sin estar suscrito a un gremio.
El nudo en su garganta se hizo presente cuando nombró a su antigua familia. La indignación corroía sus venas pero su sonrisa se mantuvo impecable, justo como pensó meses atrás que debía de ser. Ellos no sabían nada, después de irse eran ajenos a todo lo relacionado a la disolución de Fairy Tail, inclusive la ubicación del maestro era incierta al igual que la de los demás. Ella no quiso pensar en ellos, al menos no de la forma en que solía hacerlo.
Las palabras fueron vagas, pero las protestas de sus amigos no se hicieron esperar. El escozor en sus ojos se hizo presente, sus uñas se enterraron en su carne y el crujir de sus dientes la distrajo del sin número de preguntas que Natsu no paraba de decir en voz alta. Era evidente, frustrante, el hecho de que después de todos esos meses reclamaran algo por lo cual no tenían derecho a protestar.
—¡Incluso si el maestro se hubiera ido, ellos podrían haberse negado!
No lo soportaba, y su frustración salió a flote.
—¿Realmente tienes derecho a decir eso, Natsu? Después de todo tú nunca pensaste alguna vez en el gremio; no lo discutiste con nadie en cuanto te fuiste en tu propio viaje.
Su rostro perlado en desconcierto fue respuesta suficiente para ella. No estaba equivocada, así que aceptó su derrota, se disculpó y les ofreció hospedaje como cualquier otro lo hubiera hecho. Happy la observó sin pestañear y el camino que siguió por delante fue acompañado por un sepulcral silencio que no se decidió a romper.
No habían cambiado en nada esos dos, pero ella sintió algo revolverse en su interior cada vez que volteaba a sus espaldas y observaba sus miradas clavadas en ella; una plegaria silenciosa de que las cosas siguieran su curso por muy injustas que fuesen para ella. No obstante, era consciente que esa posibilidad les fue arrebatada en cuanto los Grandes Juegos Mágicos acabaran con un solo ganador y todo el domo derretido. Pare ella lo que existía entre ellos parecía limitarse a un vago recuerdo de lo que solía ser.
Intentó hacerlos sentir cómodos mientras contaban sus aventuras, jugaban juegos de mesa e incluso le preguntaban sobre que habría de cenar. El reloj dio la campanada de las doce y el tiempo pareció ir en cámara lenta mientras escuchaba el sonido distante de sus risas; un sonido extraño que nunca creyó aborrecer tanto como ahora pero que a la vez le daba algo que creyó perdido: esperanza de regresar el tiempo. El sonido del agua que salpicaban sus amigos mientras ella preparaba todo para que durmieran en el sofá, las invitaciones desvergonzadas que le ofrecían, el olor dulce y embriagante de la cena que seguía en el horno. Las cosas mas insignificantes empezaron a cobrar significado mientras una lágrima traicionera rememoraba los meses grisáceos, melancólicos y vacíos que atravesó intentando olvidar la calidez que encontraba en compañía de sus mejores amigos.
Su corazón chillaba de alegría, pero su mente estaba desconcertada. Esta mañana se había preparado como cualquier otro día, resignada a la agobiante rutina que aguardaba por ella en compañía de sus estiramientos, sus tostadas con mermelada de fresa y el baño de treinta minutos en la comodidad de su tina. Recordaba perder la noción del tiempo recordando tiempos mejores, una versión de ella misma mas feliz, más resuelta y menos sola. No esperaba nada ese día, un artículo aburrido sobre predecibles peleas, en predecibles circunstancias con predecibles concursantes de engreídos gremios con un deseo repugnante de prestigio y fama; sonrió al pensar que la vida misma se veía tan rudimentaria y desapegada de todo lo que creía conocer.
—¿Luce, no tendrás mas pescado en la nevera? ¡Muero de hambre!
Fue ridículo, incoherente, una desfachatez, un giro inesperado del destino que de entre todas las personas fuera ella quien los encontrara primero. Su suerte no se había caracterizado de ser buena precisamente, y encontrarlos a ambos, ajenos al sentimiento de abandono que ella había tenido que soportar gracias a sus deseos egoístas solo despertó aquello que creyó dormido. Sentía envidia de la forma en que sonreían, de la forma en que veían el peor de los escenarios en una oportunidad para avanzar mientras ella seguía estancada en estúpidas excusas para estar cerca de ellos. Se sentía olvidada incluso ahora que tenía toda su atención en ella porque a quienes sonreían era el fantasma de lo que alguna vez fue; no le gustaba sentirse así, no después de tantos meses.
—¿Estas segura que estas bien con esto? —preguntó Natsu sacándola de sus pensamientos.
—¿Qué te hace creer que no es así, tonto? —sonrió con cansancio.
—Tus ojos, ya no brillan como antes —musitó asombrado e inquieto a la vez.
—Creía que no te fijabas en los detalles.
—Eso es precisamente de lo que debería preocuparme, ¿no es verdad?
No contestó por temor a revelarle lo que pensaba. Había sido sincera en un principio al decirle que entendía por lo que habían pasado, el por qué de su viaje, el cómo aun así el gremio seguía estando presente entre sus motivos para hacerse mas fuerte; quería ser comprensiva, pero sus deseos egoístas, una parte dañada de si misma, no se permitía perdonar con facilidad el sentimiento de culpa que se reflejaba en esos rasgados ojos jade que la inspeccionaban con intensidad.
—¿Luce, Natsu, todo esta bien? Creo que no es normal quedarse viendo a la otra persona por mucho tiempo.
Natsu bufó con hastío pero con un brillo tenue adornando sus ojos muy a pesar de la pregunta de Happy, haciendo que una leve sonrisa curvara sus labios y echara a patadas a sus amigos hasta cerrar la puerta en sus narices, apoyándose en ella en un silencio acogedor.
Si bien es cierto que aun seguía enojada consigo misma por permitirse tener ideas tan disparatadas y contrapuestas con respecto a su situación actual, no pudo evitar sonrojarse al ver que tal vez, por un leve instante, Natsu se preocupara por lo que ella pensaba de él mas de lo que creía.
