¡Hola a todos y muchas gracias por leer! Este capitulo esta ambientado en algunos diálogos con base en los capitulo 419 - 447 del manga original de Fairy Tail. No obstante, datos de menor relevancia, interacciones y situaciones pueden estar fuera de ese contexto.
5. Distracciones y sinsentidos.
Hacía no mucho tiempo había estado acostado en un sofá igual a ese, aproximadamente un año atrás. La espada le dolía, sus pies callosos estaban suspendidos en el rodeabrazos y su mirada seguía mirando con recelo la impoluta madera que adornaba el techo del nuevo apartamento de su compañera. Las líneas del techo eran igual de aburridas a las que acompañaban el suelo, y por primera vez se preguntó si los detalles eran tan importantes como hace momentos atrás se había preguntado. Su cabeza añoraba descanso, pero su mente era contraproducente y, como si de un acto sobrehumano se tratara, pensó sobre el peso de su ausencia para sus amigos. Lucy no parecía la misma, ya no sonreía para si misma, sus ojos estaban oscurecidos por una neblina impenetrable; su rostro inexpresivo le erizó la piel en cuanto sus reproches tomaron lo mejor de él, pero no pudo evitar sacar toda la frustración que cargaba en sus hombros desde hace meses.
Tal vez esperó mas de lo que ella podía ofrecerle, y eso era lo que mas lo perturbaba. Pensó para si mismo mientras acomodaba su cuerpo, esta vez dando un vuelco que lo puso contra el suelo. El quejido que ahogó lo llevó a tocar su abdomen y encontrar una prominente cicatriz que en sus peores pesadillas aun parecía perseguirlo.
Sus cicatrices eran algo de lo que no siempre estaba orgulloso. Cada una representaba un evento fortuito tras otro. Pero observarlas en el espejo le mostraba que estaba cambiando, que cada día que pasaba su piel parecía convertirse en la de un ser extraño y ajeno a si mismo. Cada vez que palpaba su abdomen recordaba que hubo una sonrisa que estuvo a punto de perder; su memoria repetía la escena muchas veces en sueños, y siempre se despertaba agitado para después buscar a tientas algo que le recordara que Lucy seguía estando allí, junto a él. Tal vez esa era la razón de su malestar durante tantos meses: tenía miedo de perder su sonrisa.
Los detalles importaban, desde su nombre en una revista hasta las forzadas sonrisas que Luce le ofreció en cuanto salió del castillo Mercurius. Si se trataba de ella entonces las cosas siempre eran mas difíciles de lo que aparentaban. Eso era algo que le molestaba profundamente, pero no podía ser de otra forma. Después de todo Luce era Luce por ser quien era.
—Natsu, cállate, estas murmurando demasiado.
Aquellos ojos jade que lentamente perdían su brillo a medida que se adentraba el amanecer viajaron de la luz que se filtraba por el techo hasta dar con Happy, el cual mantenía sus parpados cerrados en compañía de un prominente ceño fruncido.
Sus labios se volvieron una fina línea en cuanto su estómago rugió y levantó su trasero para ir a rastras en dirección al refrigerador. No estaba de humor para dirigirse a la habitación de Lucy, no después de ver como aquella fingida paz imperturbable se veía desprovista de todo argumento frente al sin número de recortes de periódico, anotaciones e hilos rojos que adornaban una pared entera en ascuas de encontrar a todos los miembros del gremio juntos.
—Happy, ¿crees que Luce nos perdonará por dejarla atrás?
La pregunta retumbó en el aíre mientras el minino se encogía mas en el cojín y hacía caso omiso. Un suspiro escapó de sus labios sin hacer demasiado ruido tras coger una pierna de pollo y darle un desganado mordisco. El reloj daba las cuatro de la mañana y el sol seguía oculto. Su bufanda quedó en la habitación de su compañera pero decidió desprenderse de ella hasta que despertara. La imagen de Lucy aun inundaba su mente, culpable de haber dejado perder su esencia; un sentimiento reciproco con lo que se supone ella debió sentir en cuanto se disolvió el gremio.
Él nunca pensó en sus sentimientos hasta ahora. Inquietud era todo lo que poblaba su ser al querer conversar con alguien tan distinta y a la vez igual a la Lucy que conoció. No se quejaba pero añoraba tiempos mejores en los cuales podría enmendar las consecuencias que provocó su decisión, pero ya no había vuelta atrás. Estaba decidido a conocer esta faceta desolada de su compañera y recuperar a Fairy Tail de un modo u otro; la promesa de Igneel debía de seguirse al pie de la letra, incluso si fuese demasiado para procesar.
—Natsu, ¿hay pescado en el refrigerador? Me muero de hambre...
Una media sonrisa se coló por entre sus labios y le ofreció al minino el último trozo antes de vaciar la nevera.
Su corazón latió desbocado al vislumbrar los primeros rayos de sol apuntando a la cúpula que adornaba el castillo de Hisui E. Fiore, y una idea cruzó su mente antes de darse cuenta que sus flamas despedían un brillo enceguecedor por toda la sala. Happy lo observó con los ojos desorbitados pero poco tiempo tuvo para procesar la fresca brisa que golpeaba su rostro al correr a toda velocidad por los techos de Crocus hasta el centro de la ciudad.
—¡Les haremos saber que nuestro gremio está devuelta! Usaremos la pizarra con notas para dar con el paradero del maestro, y después patearé el trasero de Gray y Erza para nunca jamás tener que pensar en esta sensación vacía en mi pecho.
—¡Nunca podrías derrotar a Erza, ella es un monstruo! —aseguró Happy— Además, la comida no termina en el pecho sino en el estómago.
Natsu negó para si mismo, él sabía bien lo que decía. Aquel vacío solo creció en cuanto se reencontró con Lucy, así que si no podía hacerlo desaparecer entonces buscaría cualquier otra distracción que consiguiera hacerle olvidar.
No podía ser tan difícil, ¿verdad?
El tiempo tomó lo mejor de él y repentinamente todo empezó a fluir a medida que su aventura llegaba a su clímax.
Saltar por la ventana y salir sin pagar la renta, poner en grandes letras flameantes el regreso del gremio, viajar a Lamia Scale para encontrar a la pequeña Wendy bajo un nuevo alías musical, quemar vivo a un tipo al cual ni siquiera recordaba el rostro; encontrar a Gray y Erza, cumplir con la promesa que le hizo a Rogue del futuro, derrotar a un gremio oscuro, su maestro egocéntrico y un gigante aficionado a hacer grandes hoyos en el suelo.
Todo parecía ir en cámara rápida mientras seguía ayudando con la reconstrucción del gremio, pero algunas cosas se negaban a cambiar.
—Hey, ¿piensas quedarte todo el rato sonriendo como idiota en su dirección? —preguntó Gajeel.
—No se de que estas hablando, solo estaba pensando en...
—En la coneja, eso ya lo sabemos todos —bufó exasperado.
—Ella volvió a sonreír, así que pensé que las cosas iban a volver a ser como antes.
—Escucha, tú no le has dado una disculpa apropiada para empezar. Al menos yo no dejé atrás a Levy cuando me volví parte del Consejo Mágico. Si lo hubiera hecho probablemente nunca me dirigiría la palabra.
—Luce no es Levy, ella nunca dejaría de hablarme por algo así; no tenía otra opción.
—Eso es lo que crees, pero en el fondo sabes que podrías haberlo hecho mejor.
Si, algunas cosas no parecieron cambiar con el pasar de los meses. Lucy seguía siendo la misma, pero algo dentro de ella pareció cambiar, al menos con él, y eso le erizaba la piel cuando estaban a solas, cuando la consoló antes de infiltrarse en Avatar e incluso después, cuando intentó dilucidar lo que ella pensaba antes de reencontrarse en el gremio con Cana y los demás.
El vacío seguía siendo insoportable, la culpa aun le removía la conciencia y para colmo una guerra se avecinaba con fuerza a la vuelta de la esquina. El tiempo no tenía compasión con él. Se sentía incomodo al estar cerca de ella a sabiendas que le debía una explicación, una disculpa o lo que fuera con tal de que al verla su corazón dejara de latir tan rápido; no era hambre lo que sentía, deseo de destruir cosas o pelear hasta el amanecer, era algo mucho mas fuerte que él y se negaba a irse incluso a la fuerza.
