Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a Rick Riordan. No obtengo beneficios económicos al escribir sobre esto. Solo la trama es mía... Y los OCs que puedan aparecer.


Extra 04.


Leo estaba comiendo patatas fritas con chocolate. A ver quien se atrevía a decirle que era una comida asquerosa.

Festo estaba a su lado gruñendo por nada en particular.

Los transeúntes veían a un perro de presa y no se acercaban.

Gente inteligente.

Valdez esperaba a Jason. Habían quedado para ir a comprar algunas cosas porque aunque los dioses pudieran hacer aparecer lo que quisieran, si él permanecía un minuto más encerrado, iba a incendiar por tercera vez la lira favorita de Apolo.

El muy idiota de apariencia deslumbrante, y fuera chistes, se pensaba que era una delicada flor o algo parecido. Eso le había indignado.

¿Hola? Había participado en una estúpida guerra y había salido... Digamos con vida renovada de ella.

-Pero leoncito mío. ¿Cómo vas a defenderte de los monstruos que te acechen?

Más allá de que odiaba ese estúpido apodo, le cabreaba que Apolo pensara que no era capaz de defenderse.

Que sí, estaba embarazado. Pero nunca había sido de los que se quedaban en casa cocinando o sentado.

Lo más indignante era que cada vez que Leo quería salir, el perezoso dios se negaba.

-¿Quieres que te muestre cómo acabaré con los monstruos que no dejas de nombrar? -Preguntó Valdez con voz falsamente dulce.

Apolo se cruzó de brazos.

-¿Y cómo vas a subir y bajar escaleras si no puedes verte los pies?

-¿Me estás llamando gordo?

-Sí. Estás gordo. Muy gordo. -El rubio estiró las manos.

El hijo de Hefesto bramó cabreado y sacó una esfera de Arquímedes de su cinturón de herramientas.

Lo siguiente que supo Apolo fue que estaba encerrado en una red muy estrecha y que su esposo se marchaba.

No tenía ni idea de qué había hecho para enfadarlo esta vez.

Los seres humanos eran muy sensibles. -Decidió.

¿Quién podía entenderlos? Se quejaban si les mentías, se quejaban si les decías la verdad...

Y estar gordo no era malo... Se había deprimido un poco cuando él fue humano y... Pero esa era una historia completamente distinta.


Apolo trató de salir de la red, al fin y al cabo la había armado un semidiós, así que supuso que podría salir con facilidad e ir a buscar a su descarriado amor, pero no lo logró. ¿Cómo no podía teletransportarse? ¡Era un dios todopoderoso!

Pensó durante un rato largo, no gritó ni maldijo ni nada, y si lo hizo nadie lo sabría nunca, cuando se dio cuenta mientras ""NO maldecía en absoluto" de que quizá su hermoso y rellenito amor seguramente habría recibido ayuda divina. Hefesto seguro había tenido mano en esto porque era un molesto hermanastro rencoroso que no podía dejar ir el hecho de que Leo y él, el dios más impresionante de todos los tiempos ahora eran una pareja seria. ¿Y cómo no se alegraba ese amargado? Nadie sería un mejor partido para Valdez que él, el brillante y magnífico dios del sol.

Pensó que estar atrapado en una red era molesto y aburrido. ¿Tal vez podría rodar como un hamster gigante? Bueno, ciertamente no haría eso, a saber si Hefesto tenía cámaras en su casa, el muy stalker, pero esa idea era muy interesante. Maldeciría al próximo que lo ofendiera transformándolo en un hamster grande y lo metería en una bola hermética pero en la que pudiera vivir y lo observaría rodar. Porque si la bola era hermética sin nada que cambiara el aire, su juguete moriría pronto y eso no tendría gracia.

De momento, iba a pensar en algo enorme y épico para hacer cuando su enfadado esponjosito ardiente lo soltara. Su gordito sabroso lo perdonaría por lo que fuera que había hecho y Apolo podría crear caos por ahí...

¿Qué tal una pandemia mundial? La llamaría coloquialmente Coronavirus. Sí, le gustaba eso. El mundo debía ser sacudido por enfermedades cada cierto tiempo o si no la monotonía lo haría desvanecerse y Apolo no quería eso, muchas gracias.


Leo le había dado a Jason un puñetazo en el estómago. Él se había hecho más daño que el que pretendía hacerle a su amigo y ahora sacudía su mano y se quejaba. Había dado un mal golpe. Pero no había podido evitarlo. Jason no dejaba de preguntar cada dos minutos si se encontraba bien, si el bebé estaba seguro, si sentía ganas de soltar su carga infantil... ¡Ni que fuera como evacuar! El bebé llegaría cuando le diera la gana y no antes.

Y de verdad, de verdad que si Leo lo escuchaba de nuevo, iba a gritar... O a quemar algo... O a destruir el centro comercial y luego reconstruirlo como a él le diera la gana.

-¿Qué tal una silla de ruedas?

-Jason Grace, juro por Hefesto que si vuelves a insinuar que necesito un descanso, voy a pagar a los hermanos Stoll para que te amarguen la existencia durante al menos quince años. No me sentaré, no me detendré y mi bebé no saldrá disparado de mí como un cohete humano. Así que avanza, vamos a comprar esas bolas de arroz, un poco de algodón de azúcar y un batido de fresa y lo juntaré todo porque estoy hambriento.

Jason parecía aplacado... Por el momento.

Leo suspiró. Salir durante unas horas era peor que sacarse un diente.

Seguro que sería más divertido y el gas de la risa del dentista era un plus.

Aunque seguro Apolo o incluso Jason le pondrían pegas a que fuera.

-El anestésico puede ser malo para el feto bla, bla, bla. -Podía imaginarlo tan claro como el maldito día.

A la próxima, iría a buscar a Percy, seguro ambos podían entenderse y quejarse de idiotas mentales sobreprotectores.

Se preguntó felizmente cuánto tiempo dejaría a Apolo dentro de la red. Si la diosa de la victoria no había podido escapar...

Su irritación se evaporó rápidamente. Sus pensamientos se habían vuelto alegres... Para él.

Tal vez Apolo aprendería de una vez a hacerle caso.