Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo le pertenecen a Rick Riordan.
Capítulo 92. Taren, Quinn y Sutton.
Hermes estaba tratando de ignorar las miradas asesinas que estaba recibiendo de Deméter. Ni que fuera la primera vez que alguien tenía una aventura con Hades... Y Perséfone no sería fiel, exactamente. ¿Pero a la diosa de la agricultura le importaba ese detalle? NO.
Hermes era bueno ignorando cosas, a veces demasiado bien... Aunque no quisiera, como fue el caso con Luke y sus demás hijos.
Vaya, su buen humor se había esfumado.
-Sigo queriendo saber cómo es tío H en la cama. -Apolo se entrometió en sus pensamientos mórbidos.
-Si tanto te interesa, pruébalo.
El dios del sol se ruborizó y Hermes recuperó su felicidad.
-¿Y fue rápido? ¿Un visto y no visto? ¿Todo ocurrió en un flash?
-Poseidón, no voy a contestarte. -Hades se estaba exasperando. ¿Por qué ahora de todos los tiempos su hermano iba y sentía curiosidad por su vida sexual? Habían pasado milenios desde que habían nacido y sus hermanos casi nunca habían mostrado ese nivel de interés.
-Oh, seguro fue lento y emotivo. ¿Os abrazasteis después? ¿Cuánto tiempo lleva sucediendo esto?
-¿Quieres que empiece yo a preguntar sobre lo que está pasando entre Zeus y tú? -Hades gruñó.
-No.
-Bien. Ahora guarda silencio.
Un suave clic sonó y un puente de aspecto frágil se formó desde el lugar donde se agrupaban quienes quedaban por presentarse hasta el pequeño lugar elevado que utilizaban para que sus padres del pasado los conocieran.
Lenguas de fuego se deslizaron suavemente por el puente y a medida que avanzaban, diversas figuras ígneas se formaban en el aire y caían inofensivamente al suelo convirtiéndose en chispas de colores.
El fuego creció en intensidad hasta transformarse en una enorme bola llameante que pareció rodar hacia el escenario y allí, cuando el puente se replegó en sí mismo, la masa anaranjada y rojiza se separó en tres partes que fueron cambiando de forma hasta que se detuvieron las llamas y aparecieron tres jóvenes vestidos con togas griegas sobre monos de trabajo de los que se utilizaban en la cabaña nueve.
-Fascinante. -Leo respiró.
Varias personas asintieron de acuerdo. Ni siquiera habían sentido miedo de ser quemados debido al maravilloso espectáculo.
-Son muy dados a realizar ese tipo de funciones a menudo. -Aspen dijo.
-Pero no se les puede culpar. Tienen los medios y el talento. -Chace añadió.
-Varios aquí podrían haberlo hecho. -Nathan apuntó. -No con fuego, pero el agua, las sombras o las habilidades de Hefesto habrían servido.
-También una exhibición de lucha. -Morgan se lamentó.
-Sí, solo nosotros pensamos algo tan elaborado. -Uno de los chicos del escenario se jactó.
Los tres chicos eran idénticos... O casi. Su pelo era castaño y rizado, sus ojos eran azules, su piel morena y aunque no eran muy altos ni musculosos, se notaba que trabajaban.
Se les podría diferenciar por algunas cicatrices.
-Somos Taren, Quinn y Sutton Valdez.
Jason, Leo y Cecil se miraron. Pensaron que no tenían más hijos juntos. A no ser...
Taren tenía una cicatriz dentada en la mejilla izquierda, Sutton tenía algunas marcas que seguro habían sido causadas por un accidente grave si dejaban ese tipo de cicatrices en sus brazos, y Quinn tenía marcas de garras que le atravesaban el abdomen de lado a lado, pero eso nadie podía verlo porque quedaba cubierto por su mono de trabajo y la toga.
-Tenemos dieciséis años. -Quinn habló.
-Como ya habéis visto, somos usuarios del fuego. -Taren continuó.
-Y nos gusta el espectáculo. -Sutton sonreía ampliamente.
-Claro que siendo hijos de Apolo, podría considerarse normal.
Cuando Taren dijo eso, el dios del sol sonrió. Por fin los trillizos se habían presentado. Leo hermoso Valdez sería suyo... Aunque solo fuera durante unas horas.
Pero la sonrisa se le borró cuando Hefesto se lanzó hacia él con una motosierra gigante.
Apolo corrió por su vida. Ser inmortal podía volverse monótono, pero él no quería morir a pesar de ello.
-¡No hullas, dios degenerado! ¡Deja que te castre! ¡Apolo!
Taren, Sutton y Quinn continuaron hablando como si nada fuera de lo común estuviera ocurriendo.
Para ellos no era infrecuente ver escenas parecidas así que ya estaban curados de espanto.
-Los padrinos de Taren son Cecil y Annabeth, mis padrinos son Jason y Hazel y los padrinos de Quinn son Will y Piper.
-¿En serio nombraste padrinos de dos de tus hijos a tus novios? -Piper resopló incrédula.
-Creo que es adecuado. ¿Quién mejor que ellos iba a cuidar de mis hijos?
-A no ser que sean horribles padrastros. -Annabeth murmuró. Pensaba en su propia familia.
-Son buena gente. -Taren comentó.
Después de los abrazos padriniles, comenzó la ronda de preguntas.
-¿Cómo os hicisteis esas cicatrices? -Jason quiso saber.
-Un autómata explotó... Dos veces. -Sutton señaló sus brazos.
-Un borracho me cortó con una botella de cristal rota porque estaba seguro de que yo le había robado las llaves de su casa... Y su perro.
-¿Lo hiciste? -Hermes se interesó.
-No. El perro seguro escapó y sus llaves estaban en su vómito.
-Así que Quinn no tiene ninguna cicatriz. -Cecil adivinó.
-Oh, sí que tengo. Además casi muero por ello. Es una marca de tres garras que van de derecha a izquierda en mi vientre.
-¿Y lo dices tan tranquilo? -Will regañó.
-Así es. -Quinn se encogió de hombros.
-¿Y os ha picado el bichito del amor, queridos? -Afrodita se interesó. Es que ya había pensado en posibles dramas amorosos para ellos...
-Es... Complicado. -Taren comentó.
La diosa quería saber más, pero se escuchó un grito agudo y segundos después Apolo apareció.
Hefesto lo seguía. Parecía satisfecho pero ninguno habló de lo ocurrido.
Y mientras los dioses trataban de averiguar lo que había sucedido, Taren, Sutton y Quinn aprovecharon para sentarse junto a su familia.
