Algunos fragmentos, párrafos o conversaciones de los capítulos están copiados directamente o modificados sutilmente de los distintos libros que forman la saga "Harry Potter" para poder abordar mejor la historia. No obstante, también hay ligeros cambios en el cannon (año arriba o abajo en las edades de los personajes), así como easter eggs o pistas para los más meticulosos.

Aclaración: La letra cursiva se utiliza para flashbacks.

Aclaración: La letra en negrita se utiliza para textos escritos (cartas, notas, periódicos).

7 – LA CÁMARA DE LOS SECRETOS

Un enorme temblor sacudió de nuevo toda la estancia, pero apenas fue una ligera sacudida para Ron, pues su mente seguía presa en aquella fatídica noche junto a Neville en el bosque prohibido y las consecuencias que había traído recientemente consigo su aventura. Neville había quedado postrado en una cama de la enfermería, y él... bueno, él se encontraba ahora a escasos metros de la muerte.

Cuando consiguieron rescatarlos, Neville ya no hablaba con propiedad, sólo balbuceaba palabras sin sentido, escupía espuma por la boca y sudaba a espuertas por la fiebre. El Profesor Snape y la señora Pomfrey habían debatido larga y calurosamente sobre si ya era demasiado tarde para el efecto del antídoto y si debían o no amputarle la pierna por encima de la rodilla. Por suerte, la enfermera había ganado aquella discusión y la idea parecía, de momento, descartada.

También era un milagro que no le hubiesen mandado directamente a casa aquella misma noche, pero entre los ataques a los alumnos y la partida de Dumbledore por orden de la Junta Escolar, había un vacío de poder en la escuela, y los profesores no tenían tiempo ni autoridad total para llevar a cabo su expulsión.

Había ido a visitar a Neville todos los días desde entonces, esperando que despertara en cualquier momento. Supuestamente ya se encontraba fuera de peligro, pero seguía pasando las horas muertas en silencio, rezando porque apareciese la profesora Sprout con el filtro de mandrágoras preparado y listo para reanimar a todos los petrificados. Así al menos recuperaría a uno de sus mejores amigos... pero por mucho que mirara el hueco de la puerta de la enfermería la profesora de Herbología seguía sin aparecer, y aunque Neville no dejaba de moverse, debatiéndose entre la lucidez y la locura por el veneno de acromántula, seguía durmiendo con claros indicios de estar padeciendo pesadillas.

Las clases se habían suspendido del todo, y era cuestión de pocos días, o más bien horas, para que cerraran Hogwarts de forma oficial e indefinida. El heredero de Slytherin había ganado.

Sin previo aviso, un estridente estallido cortó el viento, como un cuchillo rasgando sus oídos, y más trozos de roca procedentes del techo se precipitaron rápidamente a su encuentro. El origen de aquel ruido parecía provenir de más adelante, justo por donde se había esfumado Potter, sólo, junto a todas sus esperanzas. Sabía lo que acababa de ocurrir, podía sentirlo en sus entrañas incluso sin encontrarse presente en la sala donde estaban ocurriendo aquellos acontecimientos fatales, y sólo pudo tragar saliva por el pánico... una terrible bestia, dueña de la infinita tira de piel muerta y fosilizada que cubría parte del suelo, acababa de despertarse.

Horas antes aquella misma tarde, como era su costumbre en la "nueva normalidad" en la que se encontraban, había pedido acompañar a su hermano Percy a la enfermería. La condición de Premio Anual y Prefecto de su hermano le permitía moverse "libremente" por el castillo para hacer guardias y controlar los pasillos, pero aprovechaba su poder para visitar a otra compañera petrificada de su casa con la que parecía haber hecho buenas migas ese año. Se llamaba Penélope Cleanwater, y al igual que él, era prefecta de la casa Ravenclaw. Por primera vez desde que le llegó la placa al empezar sexto, Ron agradeció que a su hermano le hubiesen nombrado prefecto si así podía visitar él también a sus amigos en la enfermería.

Colocó una pequeña silla en el hueco que había entre las camas de Neville y Hermione, apretando el puño derecho de la chica y vigilando a Neville por si sufría alguno de sus violentos espasmos. Había pasado auténtico terror la noche que se adentraron en el bosque prohibido siguiendo los "consejos" de Hagrid", pero Neville no, su amigo había mantenido la calma y la compostura, había hecho frente a la terrible bestia y tomado la palabra mientras él hacía esfuerzos por mantenerse en pie y no desmayarse... pero este terrible sentimiento de vacío que apretaba ahora contra su pecho, el miedo de perder a sus amigos y pasar por todo ello sólo, era un millón de veces peor.

Neville tosió débilmente, y Ron se levantó para secar su rostro cubierto de sudor, su piel estaba pegajosa y pálida, cuando sintió una pequeña corriente a su espalda acompañada por un ligero crujido mayor que los susurros y delirios de su amigo. Se giró rápidamente buscando el motivo, y encontró una figura erguida detrás suya... era Potter, y sorprendentemente, estaba solo. ¿Cómo demonios había entrado sin que se diera cuenta? ¿Por qué no le había acompañado nadie? Por muchas normas que le gustase quebrantar, era una locura hasta para él moverse en solitario por el castillo en esos momentos.

¿Qué haces aquí? –preguntó finalmente Ron con cierta rabia y brusquedad. Había intentado contener aquel sentimiento al máximo, pero este terminó por escaparse con relativa facilidad de sus labios.

He venido a despedirme de Hermione –contestó Hary con la misma frialdad, pero sin devolverle la mirada de odio. Es más que probable que cuando despierten ya no estemos aquí, si es que logran despertar. Hogwarts ya no es un lugar seguro. Es cuestión de horas de que decidan mandarnos a todos a casa en el expreso. Bueno... a los que tienen casa.

Vete con tus lloriqueos de niño huérfano, abandonado e incomprendido a otra parte –le escupió Ron con desprecio. No, no siento ninguna lástima por ti. Todo esto es culpa tuya.

¿Qué coño insinúas? Lo que tengas que decir, dímelo a la cara –replicó Harry con el mismo tono amenazador que estaba utilizando Ron. Parece que la cordialidad se le había agotado con su última intervención.

Que algo tienes que ver con todo lo que está pasando. Estoy seguro de ello –señaló Ron. Que, o bien eres el heredero de Slytherin, o algo peor, que sabes quién es y aun así estás protegiendo a esa asquerosa serpiente.

¡Siempre diciendo estupideces! Al final se te ha ido la cabeza del todo –contestó enérgicamente Harry bordeando lentamente el lado derecho de la cama de Hermione. Vuelve a culparme de esto y tendrán que reservar otra de las camas para ti.

Ron se levantó de golpe, disparado hacia donde se encontraba su compañero de curso, abalanzándose sobre él antes de que este pudiera sacar su varita y cumplir con su amenaza. Le sujetó con fuerza por las solapas de su túnica, agarrando la zona verde interior de las mismas, y estampándole con violencia contra la pared que tenía Harry a su espalda. Midió tan mal la fuerza y la distancia que el chico se golpeó la cabeza y se le resbalaron las gafas debajo de la cama de Hermione.

¡No creo que estés en condiciones de meterte conmigo ahora mismo, Potter!

¡ESTE NO ES LUGAR PARA PELEARSE! –era la voz de la señora Pomfrey.

Había aparecido de repente a causa del jaleo que estaban provocando sus alumnos, calmando un poco las ganas que tenía de golpear a Potter allí mismo hasta quedarse sin aliento.

Ni siquiera deberían estar aquí. Suerte tienen si no decido avisar a los jefes de sus respectivas casas. Esperen a que vuelva algún prefecto y regresen a su Sala Común –ordenó la enfermera a continuación mientras se giraba para atender al resto de pacientes.

Sí señora Pomfrey, ya nos vamos –contestó Ron soltando con claro desprecio las solapas verdes de la túnica de Harry. Este, por el contrario, se agachó primero para recoger sus lentes de debajo del dosel.

¿Qué es esto? –susurró Harry, todavía a medio levantar, con una rodilla hincada en el suelo mientras deslizaba sus dedos por la mano entrecerrada de Hermione. Lo tiene agarrado con fuerza.

Finalmente, y con un fuerte tirón, el chico consiguió sacar un trozo de pergamino, medio arrancado y arrugado, cubierto completamente de la pelusa que forma el polvo. Ron se apresuró a quitárselo de las manos antes de que comenzara a leer. Fuera lo que fuese, Potter no tenía derecho a inmiscuirse en los asuntos de Hermione. Lo observó detalladamente y comenzó a leer para sí mismo, mientras la cabeza de Potter iba asomando poco a poco en su visión periférica.

"De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco. Capaz de vivir cientos de años, ésta gigantesca serpiente nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Además del veneno letal de sus afilados colmillos, mata súbitamente a todo aquel que fije la mirada en sus ojos amarillos. Las arañas huyen del basilisco, pues este es su mortal enemigo, y el basilisco únicamente huye del canto del gallo, que para él es letal."

La palabra "Cañerías" estaba escrita con la caligrafía de Hermione.

También podía leerse la anotación "Harry - Pársel - Voces".

Fue como si se hubieran encendido todas las luces del castillo de repente en su cerebro, como un rayo iluminando la oscuridad de la noche alrededor de su punto de impacto. Hermione había resuelto el rompecabezas, y sin la necesidad de acudir a la guarida de las arañas a por una nueva pista. De nuevo aparecía en el último momento, como el buscador del equipo perdedor atrapando la snitch dorada, para darles la solución y meterles de nuevo en el partido.

¡Eso es! ¡esta es la respuesta! –celebró Ron, olvidando la inusual y molesta compañía con la que se encontraba. El monstruo de la Cámara de los Secretos es un basilisco, una serpiente gigante que está utilizando las cañerías para desplazarse.

¿Y de dónde narices sacas eso? –preguntó Potter. - No es más que una definición arrancada de "Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos".

¡De lo que nos dijeron las arañas del bosque prohibido! ¿Dónde crees que mordieron a Neville? –cuestionó Ron exasperado. Tan inteligente era el chico para unas cosas y tan lento para otras. Además, es Hermione quien lo ha resuelto ¿no te fías de que tenga razón?

… … … Está bien, digamos por un momento me creo la mentira que acabas de soltarme sobre el Bosque Prohibido –contestó Harry entrecomillando la confesión. ¿Cómo coño sabe Hermione que llevo escuchando voces todo el año? Yo no le he dicho nada.

Esto... ni idea –mintió Ron de manera descarada. No se atrevía a confesar de donde había sacado Hermione el pedazo de información con el que resolver el acertijo. Pero eso no es lo importante ahora.

Curioso, Malfoy les había dado un hilo del cual tirar de forma involuntaria, parte de la solución la noche en que se aventuraron en la Sala Común de Slytherin vestidos con túnicas robadas y bajo el efecto de la poción Multijugos. Pero Hermione, no sólo fue la única en darle importancia a ese pequeño detalle, sino que además lo había relacionado con el hecho de que Potter pudiera hablar Pársel, algo de lo que ni el propio interesado se había percatado.

… Pero si mata con la mirada –continuó el pelirrojo en su análisis–, ¿por qué no ha muerto nadie?

Porque nadie lo ha mirado directamente a los ojos –finalizó Harry rápidamente.

Aunque Ron odiase admitirlo, Potter tenía un nivel de análisis y razonamiento al nivel de Hermione, por eso eran los alumnos más aventajados del curso... en parte por eso se habían hecho amigos.

El chico de la cámara de fotos lo observaría a través de esta –comenzó de nuevo el alumno de Slytherin. Tu compañero de Hufflepuff debió de verlo a través del fantasma de Gryffindor, pero éste es un fantasma, lo que está muerto no puede morir. A la prefecta de Ravenclaw la encontraron en el patio interior del último piso, por lo que es posible que lo viera a través de una de las ventanas que lo amurallan, y Hermione... ¿Hermione llevaba ese pequeño espejo no? –añadió señalando el vidrio roto depositado en la mesilla de noche. No era una pregunta. Y la señora Norris...

El chico de la cámara de fotos como tú le llamas es Colin Creevey, mi compañero de Hufflepuff es Justin Finch-Fletchley, el fantasma de Gryffindor se llama Nick "Casi Decapitado", y la prefecta allí tumbada se llama Penélope Cleanwater –contestó Ron molesto con el desprecio de Potter hacia el resto de alumnos... ni siquiera se sabía sus nombres.

¿Qué coño importa eso ahora, imbécil?

¡Pues que quizás deberías empezar a dejar de creerte el ombligo del mundo! tener un poco más de empatía y decencia, y mirar más allá de aquellos que consideras elegidos para estar en tu presenc... –un segundo clic interrumpió los pensamientos en su cabeza, finalizando su discurso sobre la igualdad. El agua... la señora Norris sólo vio el reflejo del basilisco en el agua. El pasillo estaba encharcado aquella noche. La inundación provenía de los aseos … … Myrtle "la Llorona" –la respuesta de nuevo ante sus narices. … … hace 50 años. Myrtle es la chica que mató la serpiente cuando Hagrid todavía iba al colegio. Ella tiene que saber algo.

Vamos a la sala de los Profesores. No sé a qué habéis estado jugando este año, pero tienes que contarles exactamente todo lo que sabes, y desde el principio –añadió el chico agarrándole rápidamente del brazo y tirando de él hacia la salida.

No podemos –contestó Ron inmediatamente zafándose de su agarre. Tenemos que esperar a algún profesor o delegado para andar por los pasillos. Mi hermano sabe que estoy aquí, regresará a por mí en cuanto acabe con sus rondas.

Potter no parecía del todo convencido con aquello de esperar. Se dedicaba a pasear de un lado al otro, claramente nervioso, rozando sutilmente cada cierto tiempo uno de los bolsillos de su túnica con claros ademanes de empezar una nueva conversación. Finalmente, después de mucho esperar, habló.

Esta es la vieja capa de invisibilidad de mi padre –dijo claramente desganado mientras extendía una tela de color gris fluido que había sacado del bolsillo. Yo me voy a la sala de los profesores. Puedes quedarte aquí a esperar a tu hermano o venir conmigo. Decídete deprisa o me voy sin ti –añadió echándose la prenda sobre los hombros y desapareciendo en parte con ella.

Ron no daba crédito a lo que estaba viendo: Una capa de invisibilidad, y parecía de mucha mejor calidad que las de un mes de duración. Sin duda aquello era increíble, y solventaba los rumores acerca de cómo a Potter nunca lo pillaban merodeando por el castillo a media noche. El chico tampoco parecía querer compartir aquel pequeño secreto, pero aun así lo había hecho, y con él, sin duda se trataba de momentos desesperados para ambos.

–... … Gracias –añadió Ron mientras se metía dentro del hueco de la capa y comprobaba sorprendido como ambos desaparecían del espejo que había en la enfermería.

Salieron de la habitación hombro contra hombro, bajaron las escaleras con cuidado de no resbalarse con la capa o tropezar con los pies del otro, vigilando los pasillos por si acaso y con la vista fija en el suelo, cuando la voz de la subdirectora McGonagall empezó a escucharse por todo el castillo amplificada por medios mágicas.

¡Todos los prefectos que estén realizando sus rondas deben volver inmediatamente a sus respectivas casas! ¡Los profesores deben dirigirse al pasillo del segundo piso! Les ruego que se den prisa.

Mierda, ¿otro ataque? –preguntó Ron, percatándose de que Potter había cambiado el rumbo de destino.

Ahora se dirigían lentamente al pasillo mencionado por la profesora de Transformaciones, el mismo en el que se había encontrado, a principios del curso, el cuerpo petrificado de la gata parda del conserje. Cuando llegaron, la imagen era desoladora: Estaban todos los profesores en un completo silencio, casi sepulcral, escuchando atentamente como la profesora McGonagall les relataba lo ocurrido.

Ha sucedido –escucharon como decía a sus compañeros docentes. Una alumna ha sido raptada por el monstruo. Se la ha llevado a la Cámara de los Secretos, y el heredero sólo nos ha dejado este mensaje.

En la pared detrás de ella, y debajo del primer rotulo de Octubre, podía leerse con sangre fresca "Sus huesos reposarán en la Cámara para siempre".

Tendremos que enviar a todos los estudiantes a casa mañana a primera hora, éste es el fin de Hogwarts –sentenció con pesar.

Lamento la tardanza –añadió una voz que se unía en ese momento, era Gilderoy Lockhart, y no parecía percatarse de que el resto de los profesores lo miraba con una expresión bastante cercana al odio. ¿Me he perdido algo import...? –se quedó mudo y completamente blanco en el momento en que sus ojos se fijaron en el nuevo mensaje de la pared.

He aquí el hombre adecuado –dijo el profesor Snape con claro desprecio. El monstruo ha raptado a una chica, Lockhart, se la ha llevado a la Cámara de los Secretos. Por fin ha llegado tu oportunidad.

¿Mi oportunidad? –cuestionó el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras rozando el tartamudeo.

Así es, Gilderoy –esta vez fue la profesora Sprout la que intervino. ¿No decías anoche que sabías exactamente dónde se encontraba la Cámara de los Secretos?

Yo..., bueno, yo... –resopló Lockhart claramente angustiado, mirando nervioso los rostros pétreos de sus colegas de profesión y buscando desesperadamente una salida.

Sí, ¿y no me dijiste el otro día que sabías con seguridad qué era lo que había dentro de la Cámara? –añadió el profesor Flitwick.

¿Yo...? No recuerdo...

Ciertamente, yo sí recuerdo que lamentabas profundamente no haber tenido la oportunidad de enfrentarte al monstruo antes de que los aurores se llevaran preso a Hagrid –intervino Snape. ¿No decías que habíamos llevado mal el asunto? ¿Qué teníamos que haberlo dejado todo en tus manos desde el principio?

Yo..., yo nunca... realmente... Debéis de haberme interpretado mal...

Lo dejamos todo en tus manos, Gilderoy –dijo de nuevo la profesora McGonagall interrumpiendo sus balbuceos de niño pequeño. Esta noche será un excelente momento para llevarlo a cabo. Después de todo, tu fama es legendaria.

Mu-muy bien –contestó entre sollozos. Es... estaré en mi despacho, pre...preparándome –añadió a la vez que abandonaba apresuradamente el pasillo.

Bien –empezó de nuevo la profesora McGonagall, resoplando una vez que Lockhart desapareció de su vista–, eso nos lo quitará de en medio durante un tiempo. Los jefes de las Casas deberían ir a informar a los alumnos de lo ocurrido. Decidles que el expreso de Hogwarts los recogerá mañana a primera hora para conducirles a sus hogares, y después uníos a los demás. El resto repartíos por el castillo y haced rondas en los pasillos. Aseguraos de que ni una mosca salga de los dormitorios, la seguridad de los alumnos es nuestra principal prioridad.

¿Quién ha sido? –preguntó finalmente el profesor Flitwick entre lágrimas. ¿Qué alumna ha sido?

Ginny Weasley –contestó la profesora McGonagall con gran pesar.

Ron sintió en ese momento como las piernas le fallaban, como el calor abandonaba abruptamente su cuerpo, se habría dado de bruces contra el suelo si Potter no lo hubiese sujetado rápidamente con sus reflejos de buscador para mantenerlo en el interior de la capa de invisibilidad. No, no podía tratarse de su hermana pequeña. Aquel estaba siendo el peor año de su vida, con mucha diferencia.

Rápidamente, los profesores se coordinaron y abandonaron el pasillo, dejándolos allí plantados bajo la capa de invisibilidad, completamente paralizados y en silencio. Ninguno de los dos se había sentido con fuerzas de levantar la capa y revelar su posición.


–Hola –dijo una voz a su espalda devolviéndole al horrible presente–. ¿Vives aquí? Esta casa está muy sucia. Deberías limpiarla más a menudo.

Era la voz de Lockhart, pero en un tono mucho más alelado que de costumbre. El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras se había despertado, bastante confuso al parecer, del fuerte golpe que se había dado contra el techo momentos antes de que este cayera sobre ellos. Su varita, pérdida entre los escombros, debía de haber golpeado a Lockhart con su propio hechizo, pues no parecía saber dónde se encontraba ni cómo había llegado hasta allí. Parecía haber olvidado hasta su propio nombre.

¿Quién lo iba a decir? Hace unos días había estado a punto de deshacerse de su varita, de tirarla a la basura y buscar una excusa que convenciera a sus padres de no ejecutarlo por tener que comprarse una nueva, y ahora, un trozo de rama roto les había salvado el pellejo... de momento.

Decidió que era mejor acompañar a su "profesor" hasta el inicio de la tubería por la que habían descendido anteriormente. De esta manera, si les pasaba algo a ellos, quien fuera en su búsqueda podría encontrarlo con facilidad sin tener que adentrarse en el pequeño laberinto que había al finalizar la tubería que había aparecido en el baño en desuso de chicas del segundo piso. Lo dejó al pie de la misma, jugando con dos pequeñas rocas que había recogido de la zona de derrumbe, haciéndolas chocar entre sí mientras simulaba sonidos de explosiones con su boca.

De camino de nuevo al derrumbamiento tenía miedo de que bastara echar un simple vistazo más, una nueva mirada a las oscuras cuencas de las calaveras de animales, de los dientes brillantes y a los destrozados huesos, para que todo en él estallara, para que los restos de su desesperada valentía escaparan de él como el aire escapa de un rostro enfurecido. De repente, empezó a escuchar una ligera música de algún lugar, era leve, pero sonaba incluso por encima de los juegos que Lockhart se traía entre manos. Ron se volvió para comprobar los alrededores, pero allí no había nadie más, y la música sonaba cada vez más, y cada vez más fuerte, poniéndole los pelos de punta, una fuerza inhumana vibrando en su interior y devolviéndole las energías.

De repente, un enorme pájaro carmesí apareció en la lejanía, en su dirección, sus alas y plumas desprendían fuego y ceniza, y entonaba una melodiosa canción. Tenía una cola larga y brillante, sus alas rojas parecían emitir reflejos dorados en la oscuridad, y sus enormes garras sujetaban lo que parecía un fardo de harapos viejos. El animal se encaminó derecho hacia Ron, sobrevolando su cabeza, entrando con una velocidad y fuerza devastadoras por el pequeño hueco que Ron había abierto en la montaña de piedras, llevándose muchas más consigo a su paso y facilitándole parte del trabajo.

–¡GRACIAS! –gritó jubilosamente Ron con lágrimas en los ojos, más el pájaro se encontraba ya a una distancia considerable, siguiendo los pasos de su compañero de Slytherin.

Fuera quién fuese, debía de tratarse de algún tipo de refuerzos. Por el amor de Merlín, esperaba que no fuera demasiado tarde, no después de todo lo que habían hecho para llegar hasta ese punto.

Deberíamos ir a ver a Lockhart para decirle lo que sabemos –dijo finalmente Harry. Se había mantenido callado hasta entonces, respetando el profundo duelo que estaba sobrellevando Ron. Es un inútil, pero podemos decirle dónde sospechamos que está la cámara y explicarle que le aguarda dentro.

Ron se mostró de acuerdo, porque no se le ocurría ninguna idea mejor, y debía hacer algo. Tenía la intrínseca obligación de pelear hasta el último segundo para intentar rescatar a Ginny de aquel lugar.

Llegaron rápidamente a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, situada una planta más arriba, ya no importaba pasar desapercibidos, podían explicar las circunstancias a cualquier profesor con el que se encontraran... deberían haber salido de la protección de la capa de invisibilidad durante la reunión llevada a cabo en ese condenado pasillo.

Cuando llegaron a la sala en cuestión le dio la impresión de que dentro había una gran actividad, podía oír el sonido de roces, golpes y pasos apresurados... todos aquellos ruidos acallados repentinamente en el momento en que Harry llamó con ferocidad a la puerta.

¡Ah! Señor Potter, señor Weasley... –tartamudeó Lockhart entreabriendo la puerta y asomándose por la pequeña rendija que se había formado entre ellos y su docente.

Profesor, tenemos información para usted –dijo Ron empujando con fuerza la puerta, abriéndola de par en par. Creemos que le resultará útil...

La habitación estaba completamente vacía. En el suelo había dos grandes baúles abiertos y a rebosar. Uno de ellos contenía decenas de estridentes túnicas, cada una de un color diferente y todas dobladas con clara precipitación; el otro cofre estaba repleto de libros y de fotografías del propio Lockhart que hasta ese momento habían cubierto las paredes de la clase.

¿Se va a algún lado? –inquirió Harry.

Esto... bueno, sí... –admitió Lockhart mientras arrancaba un poster de sí mismo de tamaño natural montado en una escoba en una posición bastante incómoda y comenzaba a enrollarlo. Una llamada urgente, un problema familiar..., debo marcharme enseguida.

¿Y qué pasa con mi hermana?

Bueno, en cuanto a eso... es ciertamente lamentable, una gran pérdida –contestó evitándole mientras sacaba un cajón y vaciaba su contenido en otra enorme bolsa. Ni siquiera tenía la decencia de mirarle a los ojos mientras sentenciaba a su hermana pequeña a morir en la Cámara de los Secretos.

¿Quiere decir que va a salir corriendo? –intervino Harry con asombro. Parecía igual de enfurecido que él, algo que muy en el fondo agradeció. ¿Después de todo lo que cuenta en sus libros?

Hay... hay libros que confunden –repuso Lockhart con sutileza, intentando disimular claramente que buscaba su varita entre el desorden de su mesa.

¡Pero si los escribió usted! –gritó Ron.

No tengo mucho más que decir, caballeros... Además, ustedes ni siquiera deberían estar aquí –contestó irguiéndose y mirándolos con el entrecejo fruncido y llevando la mano hasta su varita en el escritorio. Lo... lo lament...

¡Expelliarmus! –gritó Harry antes de que el profesor la alzara siquiera.

Lockhart salió disparado hacia atrás, chocando contra el único armario que quedaba en la habitación, y haciendo que su varita se esfumara volando por la única ventana abierta del despacho.

Gracias. Estaba a punto de estrangularlo con mis propias manos –añadió Ron.

¿Qué pretendéis que haga yo? –cuestionó Lockhart con la voz desvalida. No sé dónde está la Cámara de los Secretos. No puedo hacer nada al respecto –terminó diciendo derrotado.

Bueno..., hoy es su día de suerte, "profesor".

Hicieron salir a Lockhart de su despacho a empujones, descendieron por las escaleras más cercanas y cruzaron el largo corredor de los mensajes en la pared, hasta la puerta de los aseos de Myrtle "la Llorona". Con la cantidad de veces que había estado allí durante ese año preparando la poción multijugos, pensó con amargura.

Ron se dispuso a examinar todo el baño mientras Harry apuntaba desde cierta distancia a Lockhart con su varita, asegurándose de que no huyera con su mirada de profundo terror en el rostro a cualquier otra parte.

¿Myrtle? –la llamó Ron golpeando la puerta de uno de los retretes. ¿Estás ahí?

El fantasma de la joven de pelo lacio oscuro sujeto en dos coletas y unas gafas gruesas salió del último de los retretes.

¡Ah, eres tú! Hacía tiempo que no venías –señaló al poner sus ojos en él. ¿Qué es lo que queréis esta vez?

Preguntarte como moriste –respondió Ron con toda la sutileza que pudo.

El aspecto de Myrtle cambió de repente, como si nunca hubiera escuchado una pregunta que la alegra tanto.

–Oh, fue horrible –dijo, parecía encantada de contar la historia. Sucedió aquí mismo ¿sabes?, en este mismo baño. Lo recuerdo perfectamente, como si fuera ayer... Me había escondido porque Olvive Hornby se reía de mis gafas. Entonces, un chico entró y empezó a hablar en una lengua extraña... así que salí para decirle que se fuera y utilizara sus aseos, pero entonces... –Myrtle estaba henchida de orgullo, el rostro iluminado–, me morí.

¿Así? ¿sin más? –cuestionó Ron.

Lo último que recuerdo es haber visto unos grandes ojos amarillos... por ahí –dijo señalando vagamente hacia el lavabo octogonal que ocupaba el centro del baño.

Ron se acercó a la estructura y examinó cada uno de sus centímetros, encontrando una diminuta serpiente grabada en uno de sus oxidados grifos de cobre. ¡Debía de ser allí!

Este grifo no ha funcionado nunca –dijo Myrtle atravesando el lavabo y quedando a escasos centímetros de su rostro.

Harry –comenzó Ron. Probablemente fuera la primera vez que lo llamaba por su nombre. Di algo, habla en lengua pársel.

Ssssaasssazed –dijo el chico, exhalando un extraño silbido y sin dejar de apuntar a su profesor.

Se escuchó proveniente del grifo un eco metálico, como una moneda golpeando las paredes de una tubería, y este comenzó a girar muy lentamente. El lavabo comenzó a hundirse y separarse, dejando a la vista una tubería lo bastante ancha como para que un hombre pudiera descender por ella... o como para que una serpiente gigante se atreviera a salir.

Vamos –dijo Ron convencido. No podía desistir si existía la más ligera, la más remota posibilidad de que su hermana estuviera todavía con vida.

Bien, parece que no os hago mucha falta –añadió Lockhart con una reminiscencia de su antigua sonrisa. Así que me...

Usted bajará primero –gruñó Ron empujándolo hacía abajo por el hueco formado.

Harry siguió los pasos de su profesor, y a continuación saltó él. Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que descendían súbitamente. Después de muchos giros, se dio de bruces contra el húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie. Lockhart se estaba incorporando un poco más allá, cubierto de barro y blanco como un fantasma, y Potter ya estaba de pie apuntándole.

¡Lumos! –ordenó Harry, alzando un pequeño punto de luz del extremo de su varita.

Vamos –dijo Ron a Lockhart, adentrándose tras de sí en los túneles.

Aquello era un laberinto, tan oscuro que apenas podían ver a corta distancia. Sus sombras, proyectadas en las húmedas paredes por la luz de la varita, parecían figuras monstruosas, y a sus pies yacían miles de pequeños animales muertos, algunos no eran más que huesos, otros en cambio seguían en descomposición.

Potter, ahí hay algo... –señaló Ron con la voz ronca al girar una esquina, el corazón le palpitaba con tanta rapidez que le dolía.

Se quedaron quietos, observando en silencio la silueta de una cosa grande y encorvada justo donde había señalado Ron. Muy despacio, Harry avanzó con la varita en alto. La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, un verde intenso y ponzoñoso que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había dejado allí su muda debía de medir al menos 13 metros.

Por las barbas de Merlín –exclamó Ron con voz débil.

Algo se movió de pronto detrás de ellos. Gilderoy Lockhart se había desmayado y caído de bruces contra el suelo, generando un ruido que rebotó en todas las paredes de la cueva.

Vaya con el héroe más grande del mundo mágico –dijo Ron con brusquedad y agotamiento en sus palabras.

De repente, sin previo aviso, Lockhart se puso rápidamente en pie, abalanzándose sobre él. Notó con el rabillo del ojo como Harry saltaba hacía delante, en su dirección, en un burdo intento de llegar hasta ellos, pero era demasiado tarde, el profesor era un adulto y tenía mucha más fuerza física que él. Lockhart se incorporó, jadeando, pero con la varita de Ron en la mano, y su reluciente sonrisa de nuevo en su rostro, mientras él seguía tumbado boca arriba en el suelo, derrotado.

¡Expelliarmus! -gritó Lockhart apuntando hacia Harry, mandando la varita de este unos metros hacia atrás. ¡Aquí termina la aventura muchachos! –celebró triunfante. Cogeré un trozo de esta enorme piel de serpiente y volveré al colegio. Diré que llegué demasiado tarde para salvar a la chica y que vosotros dos sucumbisteis a la locura al contemplar su demacrado y mutilado cadáver. Usted primero señor Potter, diga adiós a sus recuerdos.

¿Así es cómo lo hizo no? –preguntó Harry sonriendo con sarcasmo. Se llevó la gloria de lo que otros magos mejores que usted hicieron, y después los hechizó... destruyó sus memorias para que no pudieran delatarlo.

¿Hay algo en lo que usted no sea un inútil? –inquirió Ron enfurecido mientras se ponía lentamente en pie.

Sí, mis hechizos desmemorizantes –respondió Lockhart mientras le empujaba para tener la suficiente distancia entre ellos y poder reaccionar ante cualquier posible asalto por su parte. De lo contrario esos magos habrían confesado, y yo no habría conseguido vender ni un libro. Pero basta de cháchara –Lockhart levantó en el aire la varita mágica de Ron, recompuesta claramente en varios pedazos con celofán y gritó apuntando a su compañero de Slytherin a la vez que realizaba el gesto del hechizo - ¡Obliviate!

La varita estallo con la fuerza de una pequeña bomba. Ron se cubrió la cabeza con las manos y echó a correr hacia un lado de la piel de la serpiente, escapando por los pelos de los grandes trozos de techo que se desplomaban violentamente contra ellos. Se percató en ese momento de que Potter había optado por ir en dirección contraria, hacia donde había caído su varita, su odioso compañero se había quedado aislado al otro lado del sólido muro de piedras desprendidas que se formó entre ellos.

¿Potter? –llamó Ron. ¿Estás ahí?

Estoy aquí –contestó la voz de Harry, que le llegaba apagada desde el otro lado de las piedras caídas.

¿Y ahora qué? –preguntó Ron con desespero. Estaban perdiendo demasiado tiempo. Ginny llevaba horas allí abajo. No puedo pasar, me llevaría una eternidad. ¿Tú puedes hacer algo desde ese lado?

Han aparecido un montón de grietas en el techo, si intentó mover las piedras más grandes corremos el riesgo de que se derrumbe todo el túnel –explicó su compañero.

Estaban perdidos, cada uno debía seguir el camino que tenían a sus respectivas espaldas; él hacía la tubería por la que habían descendido, y que tendría que escalar sin magia si quería salir de allí, mientras que Potter sólo tenía la posibilidad de seguir hacia delante, hacia la Cámara de los Secretos y el monstruo que aguardaba en su interior.

Aguarda aquí –le indicó Harry rompiendo el incómodo silencio. Podía sentir la pesadez en su voz de saberse una despedida. Intenta ponerte en contacto de alguna forma con el exterior.

¡No! –dijo Ron, haciendo esfuerzos por mantener su voz en un tono de seguridad. ¡Quitaré algunas piedras! Las más pequeñas... Para que puedas arrastrarte... para que podáis salir, y...

Ninguno de los dos saldrá con vida de esta cámara... -escuchó como le interrumpía la voz de Potter sin dejarle terminar la frase. Parecía más bien un murmullo para sí mismo.

Habían pasado ya alrededor de quince minutos desde el incidente con el pájaro cuando Ron logró cruzar al otro lado del muro. Había conseguido rebajar la altura del mismo lo suficiente como para que pudiesen pasar agachados en la cima de la montaña de piedras... solo esperaba que pudiesen regresar todos con vida.

Avanzó con decisión por los continuos serpenteos del túnel. Podía sentir la incomodidad en cada uno de sus músculos en tensión, quería llegar al final, pero le aterrorizaba lo que podría encontrarse. Finalmente, al doblar otra esquina, vio delante de él una gruesa pared abierta en dos, con dos serpientes talladas que debían estar entrelazadas cuando el muro era únicamente un bloque de granito. Obviamente Potter había pasado por allí con su terrorífico idioma.

Se encontró en el extremo de una sala enorme, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia. Con el corazón latiéndole muy rápido, avanzó en aquel silencio de ultratumba sintiéndose observado por todas las serpientes y sus cuencas vacías.

Al llegar al último par de columnas, sus pasos dejaron de resonar en los sombríos muros, y se fijó en un rostro antiguo, que surgía imponente y adosado a la pared del fondo. Era tan alto como la misma cámara, con una barba larga que le caía en todas direcciones, y una boca abierta por la que perfectamente podría salir un monstruo.

Al nivel del suelo, al borde de una piscina natural, detectó varias figuras; la cabeza de un basilisco, verde, brillante y gruesa come un roble, con los ojos ensangrentados y derramando sangre negra y espesa por la boca, su cuerpo se perdía en la profundidad de las aguas; y el pájaro de fuego revoloteando alrededor de dos personas agazapadas, Harry y Ginny.

– ¡GINNY! –gritó Ron, corriendo e hincando la rodilla junto a ella, abrazándola con más fuerza que la que creía tener después de tanto esfuerzo–. ¡Estás viva! ¡No me lo puedo creer!

Su hermana no dijo nada, únicamente se limitó a devolverle el abrazo y susurrar entre sollozos que todo había sido culpa suya, que la iban a expulsar, y algo relacionado con un diario resquebrajado y mojado en tinta que había en el suelo de la Cámara, justo a sus pies.

–Pero estás bien, Ginny –dijo Ron sonriéndole y limpiándole las lágrimas–. Eso es lo importante, todo lo demás ya se arreglará.

Se fijó entonces en Harry, no sólo estaba agotado, sino que presentaba una pinta horrible: Estaba completamente sucio y empapado; uno de los cristales de sus gafas estaba quebrado; la sangre le brotaba de la frente y tenía una rasgadura en la manga derecha de la túnica que le llegaba desde el hombro hasta la muñeca.

Observó también que portaba una espada plateada y brillante apoyada en su nuca, era completamente sencilla, apenas parecía haber diferencia entre la empuñadura y la hoja, salvo por un pequeño rubí color sangre que las separaba. De ella brotaba un ligero humo negro. A partir de la piedra preciosa, grabado en el metal hacia la punta podía leerse un nombre, Godric Gryffindor.

–¿Y esa espada? –preguntó Ron confundido entre lágrimas de felicidad y carcajadas eufóricas–. ¿De dónde la has sacado?

–Bueno... –empezó a decir Harry mirando el trozo de tela que había desparramado en el suelo–. Entiendo que si una chica de Gryffindor puede abrir la Cámara de los Secretos... –detuvo sus ojos verdes durante un momento en Ginny, que se encontraba roja de vergüenza–, … un Slytherin puede invocar la espada de Gryffindor.

El chico debía de haberse llevado más de una conmoción cerebral durante su pelea con el basilisco. Lo que decía no tenía ningún sentido, ¿cómo iba su hermana a abrir la Cámara de los Secretos y liberar a la serpiente de Slytherin contra los nacidos de muggles? Tenía que estar equivocado, pero prefería dejarle ese problema al futuro Ron, ahora tenían que descubrir cómo salir de aquel infierno.

–¿Se te ocurre como podemos subir por la tubería? –preguntó Ron secándose las lágrimas–. ¿Te sabes algún hechizo de levitación personal?

–Algo se me ocurrirá –dijo Harry con una sonrisa y fijando su vista en el pájaro carmesí que les sobrevolaba y que parecía ser el auténtico héroe de toda aquella historia por contar.

Gracias por leer. Si has llegado hasta aquí y te ha gustado, se agradece cualquier tipo de interacción. Saludos.