—Así que te aburriste de las flores y ahora vas en busca de capullos—murmuró Shizune que estaba sentada en una silla junto a la ventana. Sus ojos miraban algún punto del anochecido cielo.
Kakashi sabía que si respondía al comentario de Shizune el rumbo de la conversación iría a donde menos quería así que, se permitió guardar silencio, otorgando a Shizune la libertad de pensamiento.
Ella se volvió para verlo y sonrío ladina.
—Como si no te conociera. No necesitas hablar mucho para que me dé cuenta de lo que pretendes. Esta tarde, pude verlo en tu mirada —dijo con los ojos entornados—. Eres un pervertido total —añadió y le arrojó el cojín que sostenía en su regazo.
—¿Y qué tiene eso que ver con flores y capullos?
—Sé que finges ignorancia. Kakashi, ya deberías saber que «esto» es una trampa para hacer al hombre desear lo prohibido y, un deseo no consumado se puede volver obsesivo. —Dejó escapar un suspiro.
Kakashi permaneció en silencio. No estaba seguro de saber a qué se refería Shizune con «esto» pero debió deducirlo porque no preguntó. Ciertamente, las palabras que Sakura le había dicho esa tarde giraban por su cabeza:
«El sexo sin amor es una experiencia vacía».
El sexo con Shizune no era malo. ¿Liberador? sí, ¿pasional? a veces. Pero el enunciado de Sakura lo resumía todo. No había amor. Solo deseo y, al parecer, no era suficiente, ¿A caso sería lo mismo si lo hiciera con Sakura? ¿Lo que quería con ella era solo sexo? Resopló.
—¿Ahora quieres darme clases de moral? —preguntó Kakashi con sarcasmo.
La verdad era que, muchos de los actos como shinobi podrían considerarse faltos de moral y, desear a una ex alumna 14 años menor que él podría considerase inmoral.
—Nada de eso. Estamos tan vacíos por dentro que no sabemos cómo llenarnos, y un pervertido como tú parece no tener límites.
—¿Preocupada?
—Sí... Un poco quizás. Pero lo que me preocupa no es la abeja, sino su propósito para con el capullo. Estás hambriento de su polen...
Tras decir eso permanecieron en silencio. La metáfora de Shizune irritó a Kakashi, sobre todo porque ella parecía haber descubierto sus secretas intenciones.
Pero lo que terminó de fastidiarlo fue que ella llamara «capullo» al cerezo que ocupaba sus fantasías. A decir verdad, aquel cerezo ya no era un capullo y él lo sabía.
—Todos los implicados somos adultos. Comportémonos como tales —dijo encogiéndose de hombros.
Shizune miró fugazmente a Kakashi y luego se removió en su silla.
—Si algún día necesitas hablar de lo que no sueles decirle a nadie... No te olvides de mí —musitó con expresión sombría—, sé entender las cosas del corazón.
Kakashi tragó saliva. ¿Cuánto tiempo más seguiría forzando a su corazón a no sentir lo que sentía? A decir verdad, su mente y su corazón se contradecían. Diferían continuamente sobre lo que era «correcto» pero, ¿qué era «lo» correcto?, ¿correcto para quién? ¿Para él, para Sakura, para Shizune, para los «demás»?
«Todo se complica cuando todos opinan hasta de mis silencios...»
—Lo que yo quiero es inalcanzable —dijo con voz apenas audible, pero eso no impidió que ella lo escuchara.
—Tus aspiraciones van en ascenso ¿eh?, no esperaba menos de «Kakashi el sangre fría» pero te recuerdo, piensa bien, porque podrías quemarte antes de prender el fuego.
Aquella metáfora le pareció ilógica. Nadie puede quemarse antes de prender el fuego, ¿o si?«Imposible».
Shizune se encerró en el baño. Kakashi, por su parte, se vistió y salió de aquél aposento.
Era evidente que reprimir emociones nunca era algo beneficioso. Tan sólo interrumpían el fluir de las cosas, haciendo más pesado el ligero andar por la vida pero, eso les enseñaban ¿o no?
Necesitaba acomodar los cajones de su corazón. Buscó su sitio entre sí mismo y el silencio que lo acompañaba aquella noche en su habitación.
«14 años... ¿Son correctos o incorrectos?»
