—Antes de que haga cualquier cosa, dígame sensei, ¿por qué le parezco hermosa? —dijo Sakura aún recostada en el sillón.
Kakashi enmudeció. Parecía que las palabras se había arrinconado en algún lugar de su mente, escondiéndose de él; realmente no esperaba que ella le cuestionara eso. Ni siquiera estaba seguro de saber el motivo detrás de aquella frase pronunciada en el preciso momento en que sus dedos acariciaban el cabello de Sakura.
Comenzó a pensar en ella de otra manera poco después de la Cuarta Gran Guerra Shinobi. No podía recordar con exactitud el cuándo, el cómo o el por qué pero, de pronto, ella se instaló en sus pensamientos como una intrusa que no había sido invitada y que se rehúsaba a irse.
Quizás era por esos ojos suyos que sabían descoserle el alma al mirarlo o, la gracia de su cuerpo al moverse. Debió ser la determinación que mostró en campo de batalla, su fortaleza de mujer o el preciso momento en que despegaba los labios para hablar. El hombre, sintió que un poco de su cordura se perdió entre la inteligencia y la mirada de aquella mujer, entre su aroma y su figura.
Debió tardar en responder porque, cuando salió de sus cavilaciones Sakura caminaba por la habitación mirando atenta la colección de libros que descansaba sobre la estantería de madera. Con una voz apenas audible leyó los títulos sobre los lomos de los libros.
—La historia de un shinobi absolutamente audaz... —Justo en ese momento de curiosidad, la Sakura destrozada había casi desaparecido por completo—. No sabía que Jiraiya-sama había escrito otro libro.
—Fue su primer libro —repuso Kakashi, mirándola atentamente. Permaneció parado con la mano en la barbilla, silencioso... esperando.
Ella se detuvo frente al minicomponente que Kakashi había adquirido algunos años atrás.
—Le gusta la música —aseveró con cierto asombro—. Veamos qué fue lo último que escuchó.
—Lo dices como si no pudiera gustarme la música. Ya sé que soy viejo pero... —dijo con la mano detrás de la cabeza.
Sakura se volvió hacia él con los ojos entornados.
—No lo dije por eso. Usted no es viejo. Viejo mi padre. —Se rio de sus palabras, luego, presionó el botón que reproducía la música.
El ambiente se llenó con alguna pieza melancólica de Takanashi Yasuharu*.
—¿Por qué escucha música triste? —preguntó Sakura.
—La tristeza es necesaria, quizá para hacerte saber que nada bueno es infinito y que todo es transitorio.
El rostro de la chica se ensombreció. Kakashi estaba seguro de que ella comprendía perfectamente la tristeza que podía habitar en un hombre como él, tan solo por haber vivido en esa misma época que había traído consigo innumerables pérdidas.
Ella avanzó hacia él con pasos lentos y se posó delante suyo. Lo observó mientras el sonido del shamisen* inundaba la habitación con una atmósfera propicia para el ritual que estaba a punto de acontecer.
Sakura llevó su mano hacia el rostro de Kakashi con la firme intención de deshacerse de esa máscara que se interponía entre sus labios y los de él. Curiosamente, él no puso resistencia. Probablemente fue porque el pudor con el que solía cubrir su rostro también se había escapado por la ventana. Se refirió mentalmente a eso como pudor porque, su rostro era tan íntimo como aquél néctar que Sakura guaradaba entre sus piernas.
Sin premura, ella deslizó ese trozo de tela y sus ojos no pudieron ocultar la sorpresa.
—¿Por qué esa cara? —preguntó Kakashi.
—Es mejor de lo que imaginé -repuso Sakura colocando sus manos sobre las mejillas del hombre. Acto seguido, se mordió el labio inferior de una manera tan sensual que, a Kakashi, le palpitó algo más que el corazón.
Se miraron como si nunca se hubiesen visto y pegó su cuerpo con el de Kakashi. Él miraba en Sakura un alto nivel de erotismo que lo enloquecía, mismo que estaba acabando con todo su autocontrol.
Sakura lo tumbó sobre el sillón, se levantó un poco la falda y se sentó a horcajadas sobre su regazo.
Él llevó sus manos a la espalda de Sakura y las deslizó por debajo de la ropa hasta toparse con el comienzo de su trasero. Se miraron efímeramente con los ojos oscurecidos de deseo. Sus bocas se apretaron en un beso desesperado y, su lenguas jugaban la una con la otra.
Entre jadeos y caricias él se estaba volviendo loco.
—¿Qué es lo que quieres, Sakura? —preguntó contra sus labios.
—Lo quiero a usted, sensei.
—¿Cómo me quieres? —preguntó sobre su cuello, soltando su cálido aliento.
—Con mis manos, con mi boca, con mi lengua... Lo quiero con mi cuerpo —dijo con un ligero tremor de labios y manos. Su voz estaba cargada de deseo.
Espero que les haya gustado.
*Takanashi Yasuharu es el compositor del soundtrack de Naruto Shippuden, por lo que él y su música no me pertenecen.
*Shamisen es un instrumento musical japonés de tres cuerdas. Su sonido lo podemos escuchar en muchas de las canciones del soundtrack de Naruto.
Probablemente se haga referencia a más nombres de músicos, artistas y escritores que existen únicamente en esta historia, cuando sea el caso, lo mencionaré.
El único escritor que es propiedad de Masashi Kishimoto es nuestro querido Jiraiya.
Gracias por leer, ¿comentarios?
