[Música]
...Ah, ah, ah...
—Pare, pare, pare... —ordenó Sakura.
Kakashi cesó los besos sobre el cuello de Sakura y la miró desconcertado. El rostro de la chica había cambiado por completo. Ciertamente, la kunoichi se había estado comportando de una manera poco usual.
Y qué decir de Kakashi, él se sintió avergonzado por haber cedido a sus propios deseos carnales pero, eso era algo que quizá se reprocharía así mismo cuando estuviera a solas, delante de ella jamás.
—¿Todo bien? —preguntó Kakashi con voz jadeante.
—Es solo que no puedo continuar. Lamento haberlo involucrado en mis asuntos —apuntó ella con la respiración agitada al tiempo en que se incorporaba y se acomodaba la ropa.
Kakashi resopló y se frotó el puente nasal.
—No lo lamentes, jamás te forzaría a hacer nada que no estás segura de hacer.— Su voz estaba cargada de evidente resignación. Se puso de pie y caminó hacia la cocina dejando a Sakura con la vergüenza del momento. Quizá quería evitar que ella lo mirase conteniendo la frustración de no haber consumado la pasión que lo embargó momentáneamente.
El minicomponente aún reproducía la música de fondo.
[Música]
Sakura apretó sus puños. Ni ella misma se entendía y eso la exasperó. Definitivamente su comportamiento era reprobable e incoherente, o eso fue lo que pensó en ese momento de confusión.
Alcanzó a Kakashi, a quien miró recargado en la pared con los brazos cruzados y la vista fija en el fuego de la estufa. Apenas él se percató de la presencia de Sakura en la cocina le dedicó una mirada fugaz, pero no se inmutó y mantuvo su postura.
—Usted debe... odiarme —pronunció pausadamente.
Kakashi inspiró hondo antes de hablar.
—¿Odiarte? Según tu lógica, ¿por qué te odio? —preguntó dirigiendo su mirada a las grandes orbes de Sakura. A Kakashi siempre le gustaron ese par de esmeraldas. No sólo por su tamaño y color, sino porque eran expresivos y parecían reflejar el infinito. Ella desvió la mirada de inmediato.
—Cualquier hombre... se molestaría con una mujer que... Se porta como lo hice yo.
—Para cualquier hombre ese sería un buen motivo para odiar, pero para mí, hace falta mucho más para despertar ese sentimiento —confesó. Ciertamente se sentía irritado.
—Entonces quizá, solo esté muy, muy, muy enfadado conmigo y lo entiendo.
—Quizá este un poco enfadado contigo, y confundido. Dime ¿cómo debo interpretar lo ocurrido las dos últimas horas? Simplemente no te entiendo. Llegas diciendo que te importa poco que te vean aquí, luego lloras y te ríes —Suspiró—. Si a un hombre le dices que lo quieres de la forma que lo hiciste tú... —Se llevó la mano a la boca, como si le avergonzara lo que estuvo a punto de decir. Soltó un chasquido y continuó.— ¿Cuál es tu intención al venir aquí?
—Esto... Yo... —Hizo una breve pausa.— Recordé aquella promesa que usted hizo sobre protegerme, ¿Aún piensa así?
—No me gusta repetir las cosas pero, mientras viva, no permitiré que le ocurra algo a mis amigos. Es mi palabra.
Guardaron silencio unos instantes. Él se dirigió a la estufa y apagó el fuego.
—Permíteme ofrecerte un poco de té verde, te relajará.
Sakura esbozó una media sonrisa. Después de todo, Kakashi siempre había sido protector y atento con quienes eran importantes para él, aunque por dentro estuviera destrozado.
—Gracias, sensei.
—Toma asiento, por favor.
Sakura se sentó en una de las sillas de la pequeña mesa de madera que adornaba la cocina. Kakashi le entregó un cuenco de porcelana con té a Sakura y, acto seguido, se sentó frente a ella y la observó con detalle mientras daba un trago a su té con esos carnosos y rosados labios, labios que algunas veces imaginó envolviendo su miembro viril. Tensó la mandíbula para reprimir esa imagen mental.
—¿Cómo está la temperatura del té? —preguntó con la firme intención de suprimir esa imagen mental en donde Sakura envolvía su pene con sus labios. Se reclinó en su asiento y tragó saliva.
«Los shinobi que rompen las reglas son escoria...» recordó las palabras de Obito. Lo único que quería era no pensar en lo que inevitablemente pensó sobre Sakura, por lo que recurrió a un método que inventó para situaciones incómodas: pensar en cosas totalmente ajenas a la situación, como frases dichas por él o algún conocido, quizá frases de libros; lugares, rostros... Por ejemplo, el rostro de su fallecido amigo. Al pensar en Obito inmediatamente el resto venía solo. Y así sucesivamente.
—Bien —repuso Sakura sin sospechar siquiera lo que Kakashi imaginó con ella— ¿Cuál es su té favorito?
—Depende del momento. Me gusta beber matcha por las mañanas, por ejemplo... —respondió agradeciendo que Sakura interviniera en su caos mental.— ¿Y el tuyo?
—Justo el que estamos bebiendo.
[Música]
—La soledad a veces tiene un efecto poco favorable para algunas personas —confesó Sakura de pronto tras beber nuevamente de su cuenco de té. En sus ojos podía verse aquel sentimiento de vacío que, muchos shinobi experimentaban a lo largo de sus vidas—. Usted es realmente admirable. Pareciera que tiene una voluntad inquebrantable... Me gustaría lograr esa templanza con la que siempre se muestra.
—Una cosa es el exterior, y otra el interior —repuso bebiendo de su propio cuenco—. Las personas solemos mostrar menos de lo que realmente habita dentro de nosotros porque sería abrumador para los demás enterarse de algunas cosas para las que no están preparados.
—Usted... Siempre pensando en los demás y, esa forma suya de querer ser correcto y racional... Pero, ¿sabe? eso no impidió que usted, —se mordió el labio inferior— se volviera mi cómplice —dijo esbozando una sonrisa traviesa.
Kakashi supo a qué se refería, y de inmediato se llevó el cuenco de té a la boca, ruborizado por el recuerdo de ella a horcajadas sobre su regazo besando sus labios con desesperación.
Quiso voltear la moneda para evitar que siguieran hablando de él y llevó el rumbo de la conversación a otro punto.
—Aún no puedo desechar aquella conversación que tuvimos aquél día en la casa de té, ni lo que me dijiste cuando te encontré en el puente... Ciertamente, me hablaste de cosas que esta noche pareció que te importaban un Ryō* desecharlas.
Sakura se reclinó en su silla y colocó los codos sobre la mesa.
—¿Acaso nunca ha hecho algo que contradecía lo que usted dijo? —preguntó con la mano en la barbilla como intentando recordar algo—. Me parece que sí, así que, deje de actuar tan correcto delante de mí, usted lo dijo aquella vez, solo somos humanos, y somos adultos. Sé que oficialmente no tengo la edad para considerarme como tal pero, usted y yo sabemos que eso viene sobrando.
Guardaron silencio y permitieron que la música los acompañara.
Kakashi se recargó en su asiento y miró fijamente a Sakura. ¿Qué había en el interior de aquella mujer? ¿Por qué hizo lo que hizo esa noche?
La recordó cuando aún era una niña. Definitivamente, en aquél entonces no vio en ella el potencial como mujer que ahora lo atraía intensamente «como un conductor de corriente eléctrica», pensó. Antes, ella solo era esa pequeña niña, alumna suya a la que él quería proteger pero, ahora ella despertaba en Kakashi lo que él mismo llamó «debilidad por la carne». Sacudió la cabeza, ese pensamiento lo hizo repasar mentalmente que aquella noche él había permitido que su moral, su lógica y su autocontrol salieran por la ventana para dejar entrar al deseo y al instinto, aunque al final, solo hubiera quedado en besos.
«Te he visto cambiar... Es como si nunca hubieras sido esa niña».
Aquel monólogo interior le reveló que la cercanía que había tenido con ella no podría etiquetarse como un error. Un acto poco sensato sí, perverso, quizá, pero no un error. «Al final, lo correcto es subjetivo...» Querer consolar a un ser querido no puede ser considerado un error, ¿o sí? Pero ¿de verdad lo que quería era consolarla? O ¿consolarla y poseerla? Quizás sólo poseerla y luego consolarla y... Había repetido tantas veces esas dos palabras que comenzaban a perder sentido.
Negaba con la cabeza mientras analizaba lo dicho en su interior.
—¿Por qué me mira de esa manera mientras niega con la cabeza? —preguntó Sakura interrumpiendo su monólogo. El saberse descubierto lo hizo agrandar los ojos.
Ella entornó la mirada.
—Ya sé. Sigue pensando en mi comportamiento reprobable y carente de sentido, difícil de descifrar para alguien con su capacidad analítica —dijo esbozando una sonrisa, como si le divirtiera liar los pensamientos de su antiguo sensei.
«¿A caso te divierte ocasionar confusión?».
—Solo pensaba en lo tarde y en lo temprano que es —mintió.
Kakashi logró desviar la atención de Sakura a otro lado. Ella miró la hora en su reloj de mano.
—Pasan de las 3 a.m., cielos, mis actividades diurnas inician a las 6. Debería estar durmiendo y en cambio, estoy bebiendo té como si nada en el apartamento del Rokudaime. —Se echó a reír como si hubiera dicho un chiste.
«Y otra vez la risa».
Nadie dijo que las mujeres fueran simples. Sakura estaba lejos de ser simple y eso, fascinaba a Kakashi.
*Ryō esa la moneda usada en el mundo Naruto. El tipo de cambio, de a cuerdo con Kishimoto, es de 10 yenes igual un Ryō.
Espero que les haya gustado.
¡Muchas gracias por leer!
