El alba entró por la ventana sorprendiendo a Kakashi, quien no había logrado conciliar el sueño debido a la inesperada visita de Sakura, la cual había logrado desacomodar su mundo interior.
Ella se había quedado dormida en el sofá en algún momento después de beber té. Él la miraba con sumo detalle, y tras haber recorrido la femenina figura de Sakura repetidas veces con la mirada, comprobó que, en efecto, ella ya no era esa niña.
Algunos minutos después de que la luz del sol hiciera presencia en el apartamento, ella abrió los ojos y miró con sorpresa a Kakashi sentado en el otro sofá, observándola con ese característico semblante adormilado.
Tal vez olvidó, por un momento, que había dormido fuera de casa, porque la expresión de confusión en su rostro divirtió a Kakashi en secreto.
—¿Qué hago aquí? —preguntó con un bostezo.
—Te quedaste dormida.
—Cierto. —Miró su reloj—. Son las 6:30 —musitó al tiempo que se levantaba de golpe de aquel mullido sofá. —Gracias por dejarme dormir con usted, Kakashi-sensei.
Kakashi dirigió su mirada somnolienta hacia el rostro de Sakura, quien inmediatamente se ruborizó al pensar que su comentario podría mal interpretarse.
—Es decir...ya sabe... —titubeó en un intento de arreglar su comentario.— Dormir, del acto de cerrar los ojos y descansar.
—Sé lo que significa dormir, Sakura —repuso con parsimonia al tiempo que esbozaba una media sonrisa.
Sakura desvío la mirada y se sintió avergonzada.
—Tiene razón, qué comentario tan estúpido de mi parte. —Sakura se cubrió el rostro con una mano y dejó escapar un suspiro— ¿Me permite usar su baño?
Kakashi recorrió con la mirada, una vez más, el cuerpo de Sakura de manera fugaz. Le pareció divertido, y tierno a la vez, que ella se mostrara un tanto inquieta delante de él. Apretó los labios y enseguida le indicó a Sakura qué dirección seguir para encontrar el baño.
Ella se encerró en el pequeño cuarto de baño. Se lavó el rostro y enjuagó su boca con un poco de dentífrico que había sobre el tocador.
Miró su reflejo en el espejo y se reprochó en silencio por su comportamiento. Sintió una clase de resaca invadir su cuerpo entero con un malestar asociado a su propio actuar. Resopló «¿Qué piensas lograr comportándote así, Sakura?»
Abandonó el pequeño cuarto de baño y regresó a donde estaba Kakashi. Lo miró desde el pasillo. Aquella perspectiva le mostró el evidente cansancio del hombre y se sintió aún peor.
—Usted, ¿no durmió?
—No pude hacerlo.
—Lo lamento. Todo fue por mi culpa.
—Meh... —respondió encogiéndose de hombros.— No es la primera vez que me pasa.
Kakashi se puso de pie y se acercó a ella con pasos sigilosos. Escasos centímetros los separaban.
—¿Debo preocuparme por algo de lo ocurrido durante la noche? —preguntó, mirándola fijamente a los ojos. Probablemente, aquella mirada logró hacer que Sakura vacilara al hablar y al moverse, porque él pudo notar un ligero temblor en sus labios.
—¿A qué se refiere con «preocuparse»?
—Me refiero, a si debo ocupar mi mente en crear hipótesis sobre lo ocurrido —afirmó, llevando su mano al delicado cuello de Sakura, tocando la piel entre su oreja y el comienzo de su cabello.
—Tranquilo sensei... de lo único que debe crear hipótesis es sobre si rendirá adecuadamente durante el día. —Sakura se deslizó con agilidad a un costado para no encarar a Kakashi, quien fingió estar de acuerdo con lo dicho por ella y no mencionó nada más al respecto. Tan solo se limitó a observar la gracia de Sakura al caminar en dirección al genkan. No pudo evitar mirar el contoneo natural de las bien formadas caderas de Sakura. Tragó saliva. Las caderas, no eran lo único que ella tenía en buena forma.
Ella se volvió hacia él repentinamente, justo antes de sentarse sobre el escalón del genkan.
—¿Estaba mirando mi trasero? —preguntó con los ojos entornados.
Kakashi fue sorprendido con un ligero color carmín sobre sus mejillas.
—Sí, no... Es decir, toda tú estabas dentro de mi campo visual, pero no miré específicamente esa zona —repuso nervioso, metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón. Cerró los ojos, como esperando el puño de Sakura sobre su rostro, pero eso no ocurrió. Lo que obtuvo a cambio fue su risa.
A Kakashi no le gustó del todo esa actitud. Ciertamente, Sakura llevaba acumuladas algunas actitudes que habían logrado desencajar en Kakashi muchas cosas.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.
—Lo siento. Creo que simplemente no sé de qué manera actuar.
Acto seguido, ella se sentó en el escalón para calzarse las botas. Se puso de pie para despedirse.
—Supongo que lo veo después, sensei.
—Olvidemos todo ese asunto de «sensei». Oficialmente dejaste de ser mi alumna hace algunos años.
Sakura parpadeó un par de veces.
—De acuerdo, Hokage-sama —dijo sonriendo.
Kakashi suspiró resignado.
—Solo bromeo. No le prometo nada, pero intentaré deshacerme de esa costumbre.— Sacó la lengua y le dio la espalda.
Antes de avanzar, él la tomó del brazo.
—No te forzaré a darme una respuesta ahora pero, lo pensé y, creo que merezco una explicación de todo esto.
Ambos se miraron a los ojos. Sakura sabía perfectamente de lo que estaba hablando Kakashi pero no se sintió con el valor de explicar un comportamiento absurdo que ni ella misma entendía.
—Lo veo después, sensei —expresó Sakura.
Una vez que Sakura desapareció de la vista de Kakashi, él regresó al sofá y se dejó caer sobre éste con una evidente tensión sexual que necesitaba descargar. Pensó brevemente en Shizune y en Mei, y en sus posibilidades de ser atendido con prontitud. Resopló ante la molesta idea de él mismo solicitando un acostón para calmar su deseo. Sin duda alguna, su necesidad requería una respuesta casi inmediata.
Debió pensar alrededor de minuto y medio, si soportar aquella tensión por más tiempo o liberarla.
Soltó un chasquido mientras veía el bulto debajo de sus pantaloncillos. Ciertamente la presión de la ropa era incómoda y decidió desprenderse de aquella prenda para dejar libre su erección.
La miró, y con su mano envolvió aquella endurecida, tibia y palpitante longitud proporcionando una sutil presión al tiempo que masajeaba lentamente de arriba abajo.
La temperatura corporal comenzó a aumentar mientras el escenario mental le mostraba a aquella flor de cerezo recorrer con su lengua la punta de su falo. A mayor obscenidad mental, mayor excitación. Su respiración era agitada y su pecho, coloreado con un patrón moteado, subía y bajaba visiblemente. La velocidad aumentó al momento de sentir su inexorable orgasmo llegar, y pudo sentir su semilla recorrer la longitud de su uretra para salir disparada con vehemencia, provocando contracciones placenteras. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos para disfrutar del inevitable placer del acto realizado.
—¡Maldición! —bramó mientras su mano aún se movía sobre su miembro.
Tras la liberación, su respiración se fue equilibrando. Abrió los ojos y miró aquel fluido caliente y blancuzco sobre sus dedos y... sobre la madera del piso.
Resopló. Si bien había logrado amainar el deseo, no era suficiente. Sakura había actuado de tal modo que se había ganado la perversión de Kakashi, «¿Qué sigue?»; él podría echarse a dormir después de liberar la tensión acumulada, pero era un hombre con deberes y prioridades, y sí, debía atenderlas. Eso de ser adulto impedía evadir esas responsabilidades.
Caminó al baño y tomó un paño húmedo para limpiar su mano y luego el piso. Acto seguido, abrió la ducha y se metió bajo aquel chorro de agua caliente.
A Kakashi se le dificultó concentrarse en su jornada. Definitivamente estaba perdiendo la razón y se sintió fastidiado y vulnerable. Aunado a eso, estaba el hecho de que no había dormido y se sintió como en un mal genjutsu. Su agotada mente, no podía dejar de repasar lo ocurrido con Sakura: primero su rostro destrozado, luego la confesión, el llanto y el cafuné; la risa, la música, los besos, los jadeos, el deseo... Nuevamente, la música, y el resto de la noche. Sin darse cuenta, su miembro se había endurecido nuevamente. ¿Cuánto era el deseo de Kakashi hacia su ex alumna? Si existiera algún sistema de medición que permitiera calcular la excitación que sentía Kakashi a causa de aquella chica, probablemente lo cuantificaría con algún número elevado a la potencia 999 «Qué absurdo», pensó al darse cuenta de la clase de pensamientos que su cabeza estaba comenzando a generar. Era simple y llanamente estúpido intentar siquiera encontrar esos cálculos imposibles de cuantificar. «Es inasequible, definitivamente», se decía. El curso de los absurdos rumbos que tomaba su cerebro al pensar en Sakura era exasperante. Nunca antes se le ocurrió que algo o alguien le moviera la balanza. En resumidas cuentas, él deseaba a Sakura cómo nunca había deseado a alguien. Eso era un hecho. Algo que también era un hecho, era esa incomodidad desmesurada que desequilibraba su estado mental y físico por sólo pensar en ella, en sus labios, en sus ojos, en sus piernas, en su...
¿Qué tan retorcidos eran sus pensamientos? ¿Podrían sus actos retorcidos, retorcer más lo ya retorcido? En realidad, creyó justo que su mente le permitiera pensar en Sakura de la manera que él quería, a fin de cuentas, ella había iniciado todo aquel asunto y lo había dejado inconcluso. Soltó un suspiro cargado de resignación.
«Pretender que algo sea correcto en este mundo retorcido es una falacia... A caso, ¿Sakura se sentirá del mismo modo, o solo seré yo».
Soltó un chasquido y se llevó la mano a la barbilla, como si con esa acción la respuesta se revelara.
El sonido seco de un par de golpes sobre la puerta lo sacaron de sus reflexiones.
—Hokage-Sama. —Se escuchó la voz grave de Shikamaru al tiempo en que entró cargando una pila de documentos. Kakashi resopló resignado.
—Gracias, solo déjalos sobre el escritorio —repuso Kakashi mientras daba un sorbo a su cuenco con matcha.
—Tiene un aspecto fatal —comentó Shikamaru.
—Los años no pasan en vano —repuso mostrando una sonrisa despreocupada.
Shikamaru se encogió de hombros. Sabía que el comentario de Kakashi era absurdo, pero le dio pereza intervenir con su opinión.
—Me retiro.
Shikamaru abandonó la oficina. Kakashi sólo pudo mirar resignado aquella pila de documentos.
Por su parte, la causante de todo el conflicto que envolvía la mente de Kakashi se hallaba tranquilamente leyendo, o más bien, fingiendo que leía. La verdad era que le resultaba imposible siquiera entender alguna palabra de aquel caso clínico que tenía frente a ella. Su mente, parecía querer jugarle chueco al recrear la escena de la noche anterior en el apartamento de Kakashi. Era como si estuviera viendo una clase de cortometraje de ella misma como protagonista. Ese intento de querer verse objetivamente le reveló que, en efecto, debía acomodar su interior.
Si pudiera poner un título a esa película mental probablemente la llamaría «Lapsus»*. Se echó a reír, ciertamenre eso no podría considerarse una equivocación porque Sakura, fue consciente en todo momento de lo que hacía, simplemente no entendía su propia lógica. Quizá el sentirse destrozada le había modificado la percepción de sus intenciones al buscar a Kakashi, justo como aquella vez que el miedo y el dolor la hicieron acostarse con Naruto.
Soltó un suspiro largo.
—Pensará que soy una traviesa, y que me gusta coquetear y alborotar y... —Hizo un puchero.
—¿Quién pensará eso de ti, Sakura? —La voz de Shizune sonó a sus espaldas.
Sakura se volvió hacia ella para mirarla parada en el umbral de la puerta, sosteniendo una gran carpeta.
Sakura apretó los labios.
—¿Hablas de Sasuke? —Quiso saber Shizune.
—No. No todo tiene que ver con él.
Shizune entornó los ojos.
—¿Entonces de quién se trata? ¿Quién es el afortunado, o debería decir desafortunado a quien dejaste alborotado? —preguntó.
—No lo digas de esa forma.
—Tú misma dijiste algo sobre alborotar. —Shizune rio.
—Es algo serio, Shizune. Me considero una mujer que gusta de expresar su sexualidad con seguridad. No había tenido problemas con eso, hasta que a mi dañado cerebro se le ocurrió mezclar eso con intentar llenar los vacíos que muchos de nosotros sentimos. —Hizo una pausa para beber un poco de agua— ¿Qué despierta la pasión entre un hombre y una mujer que se sienten solos? Ciertamente, me sentí casi devorada por el deseo que descubrimos que existe entre nosotros pero, por alguna razón no me sentí capaz de continuar.
—Significa que tú y ese misterioso hombre tendrán que verse para consumar el acto —dijo con una sonrisa de complicidad.
Ambas guardaron silencio. Shizune escrutó a Sakura con la mirada. Había algo en la chica flor de cerezo que no le gustó. La idea de que Sakura pudiera estar hablando de Kakashi la fastidió.
La sonrisa de Shizune fue desvaneciendo. No vio venir la posibilidad de Sakura y Kakashi juntos. Ella misma había notado la manera en que él miraba a Sakura, y podía deducir las intenciones que tenía pero, que Sakura pareciera estar dispuesta a ceder no le gustó nada. Tragó saliva.
—¿Sucede algo Shizune-senpai?
—N-no.
—Tu sonrisa se transformó repentinamente en una expresión de, ¿preocupación?
—Recordé un asunto con Tsunade Sama. Me retiro.
¿Cómo ven a Shizune? Parece celosa, ¿no lo creen?
Y Kakashi, está que explota por todo aquello que Sakura le provoca =)
Lapsus quiere decir «falta», «error», «desliz» cometido por descuido.
Quiero agradecer a María por ayudarme como beta reader en este capítulo. Sus observaciones me permitieron pulirlo.
¡Muchas gracias por leer!
