Parada en una esquina, harta de la extraña sensación que le dejó lo ocurrido hacía unos momentos fuera de Ichiraku, Sakura se había puesto a observar lo que ocurría en torno a un konbini*. Personas entraban y salían, sonriendo como si no hubiera preocupación alguna. Ella se cuestionó sobre la genuinidad de aquellas sonrisas gesticuladas en sus rostros, era como si sólo buscaran aparentar tranquilidad para evitar mostrar lo rotos que en realidad estaban por dentro. De pronto, le parecieron seres banales que a pesar de todo el dolor vivido, se mostraban como lienzos blancos, listos para ser reescritos, manipulados por un sistema ruin del que poco sabía en realidad, pero que bastaba con ver la carga pesada que conllevaba ser shinobi para deducir lo demás. De vez en cuando, entraban madres con sus hijos y se les podía escuchar hablarles con ternura, mientras el niño sonriente pensaba en la inmediatez de saciar su deseo de golosina, ¿sería apropiado, a como estaban las cosas, traer una vida inocente al mundo? se cuestionó, y no pudo evitar pensar en el rostro consumido por el dolor de aquel niño en Amegakure, a quien sostuvo en sus brazos los últimos minutos de su vida. Se llevó la mano al pecho y sintió un nudo en la garganta. «Definitivamente, el mundo está envuelto en completa desgracia», se dijo.
Lo cierto era que en ella ya no vivían esos sueños infantiles que alguna vez tuvo. Sueños que ahora, le costaba aceptar, pues eso de pretender convertirse en una chica linda y perseguir al mismo hombre toda la vida tenía fecha de vencimiento, y la suya fue aquella vez en que, por algún motivo, terminó follando con el Uchiha. Fue un momento que disfrutó físicamente pero que la dejó vacía, pues fue en ese instante que la vida le dijo a gritos que no había amor, tan solo era el deseo encarecido de querer pensar que las ilusiones adolescentes eran lo mismo que amor. Sasuke era importante para ella, sí, pero no para buscar ese sentimiento en él. Lo que los unió aquella vez fue deseo carnal, nada más. Ciertamente, el ser una mujer joven le permitía esa libertad de explorar en emociones o situaciones que, sin duda, la harían madurar como persona. Haberse involucrado sexualmente con sus compañeros de equipo no había sido un error, después de todo, apreciaba la libertad de expresar esa parte de sí misma a su manera.
Había pequeños momentos en que ella solía creer que la vida le sonreía, no obstante, esta misma le mostraba sus diferentes matices, algunos más oscuros y hórridos que otros. Era como un recordatorio de que las cosas no son color de rosa. No sabía con exactitud qué era mejor: vivir siendo ingenua o morir sabiendo la verdad, pero en este caso ella había elegido morir, si eso implicaba romper esquemas, incluyendo los autoimpuestos, y ser feliz, pero, ¿cómo serlo en un mundo de tragedia? su mente comenzaba a divagar en cuestiones totalmente ajenas.
En los dos o tres minutos que siguieron, Sakura vio a Tenten acercarse en compañía de Ino.
—Frentona —dijo Ino a modo de saludo una vez que estaba lo suficientemente cerca— ¿A quién espías tan sospechosamente? —preguntó mirando sin discreción alguna a su alrededor.
—No estoy espiando a nadie, solo miraba el konbini.
—¿Qué de especial tiene un konbini? —Ino enarcó una ceja y se llevó la mano a la barbilla, como intentando encontrar lo interesante.
Sakura soltó un suspiro.
—Solo pensaba en algunas cosas de la vida —repuso con aire resignado— nada «especial».
Las kunoichis comenzaron a caminar. Podían sentir la brisa otoñal golpear sus rostros y revolver sus cabellos.
—Pensé que sería buena idea tener la opinión de Ino en nuestra compra —añadió Tenten esbozando una sutil sonrisa con la intención de justificar la presencia de la rubia pues, que Ino estuviera ahí, no era parte de sus planes.
—En realidad, sí que lo es —intervino Ino—, sé que si no estoy yo, terminarán escogiendo esos aburridos kimonos y, definitivamente, al ser un día especial, necesitan ropa especial. ¿Por qué no me dijiste, frentona?
—No lo tomes a mal pero, con tanta cosa en la cabeza lo olvidé.
Ino miró a Sakura con los ojos entornados.
—Cómo sea, ya estoy aquí. Pensé que quizá sería bueno que nos diéramos una vuelta por el centro comercial —sugirió Ino con seguridad—, he visto algunos vestidos que, sin duda, se verían increíbles en ustedes.
—Creo que me convendría únicamente comprar el kimono -aclaró Sakura haciendo un mohín— no traje el suficiente dinero para poder costear un vestido extra.
—Eso no es problema, tu vestido corre por mi cuenta.
—¿Qué? No, Ino, de verdad lo agradezco pero...
Ino colocó su dedo índice sobre los labios de Sakura.
—Pero nada, tómalo como mi regalo por convertirte en toda una adulta. —La rubia le guiñó el ojo.
A Sakura no le quedó más remedio que aceptar tal proposición. Ino era esa clase de amiga a la que no podías darle un «no» como respuesta. Dentro de la rubia había un espíritu positivista que buscaba ofrecer momentos agradables a quienes estuvieran a su alrededor. Esa era una cualidad que tenía y lo hacía con tal facilidad que, algunas veces, Sakura sentía envidia. No era como si ella tuviera una visión de sí misma tan nefasta sobre su forma de ser pero, le resultaba difícil pensar en su propio magnetismo hacia las personas. Era la típica inseguridad que solía invadir a todos en algunos momentos de la vida, inseguridad que le hacía pensar, sin querer, en lo aburrida que las personas pudieran sentirse con su compañía. Sacudió la cabeza en un intento de rechazar el último pensamiento.
El tiempo que le tomó su reflexión fue suficiente como para evitar que ella percibiera el camino que las llevó a estar paradas frente a la entrada de la mencionada tienda de ropa, y le pareció interesante cómo la mente humana lograba envolver a las personas en todo un mundo, alejándolas de la realidad. Soltó un suspiro y esbozó una sonrisa mientras ingresaba en aquel lugar con sus amigas.
—Ustedes, necesitan pronto un cambio —decía Ino mientras avanzaban por los pasillos—, el objetivo será que ese día, terminen con algún hombre.
Tenten y Sakura se miraron con complicidad en el momento en que Ino prestó atención a un aparador.
—Mi intención nunca ha sido perseguir hombres a diestra y siniestra... —dijo Tenten con cierta melancolía en el rostro, probablemente se debía a que su mente le había recordado a Neji.
—No se trata de perseguir, se trata de expandir sus posibilidades y no vivir enganchadas a un solo hombre ¿comprenden? —repuso Ino mirando a sus amigas—, es decir, no vivan bajo la sombra de un difunto y un ausente. Ustedes merecen más que eso.
Sakura dio un pequeño pellizco a la rubia para que midiera sus palabras delante de la castaña pues, a Tenten aún le dolía Neji en el corazón.
—Cielos Ino, ¿tengo que repetir que lo de Sasuke ya quedó en el pasado? —interpeló Sakura irritada.
Ino rodó los ojos.
—A veces pienso que desperdician su belleza y su juventud. Hay muchos hombres que estarían dispuestos a enredarse con ustedes.
El comentario de Ino automáticamente le trajo a Sakura la imagen de Kakashi. No era que ella estuviera segura de que él fuera uno de esos hombres dispuestos a enredarse con ella pero, no podía ignorar sus coqueteos, ni mucho menos la forma en la que habían terminado las cosas la noche anterior.
—Con los hombres de mi vida creo que es suficiente —repuso Sakura mientras buscaba entre los estantes.
—¿Hombres? Hablas de ¿Naruto?, porque Sasuke no cuenta ya que casi nunca está —comentó Ino de manera socarrona—, si hablas de el rubio en modo «Kage bunshin no jutsu» te creo que hables de pluralidad. Un momento —se llevó la mano a la barbilla y esta vez habló más para ella misma— ¿Qué se sentirá follar con los clones de sombra de Naruto?
—Ino, procura no hablar tan alto cuando pasen personas —dijo Sakura al ver a una mujer con su hijo mirarlas con extrañeza por hablar abiertamente de esos temas en un lugar público— No tengo problemas con hablar de esto pero, no quiero que mañana en el hospital me estén mirando como diciendo: «la doctora Sakura se folla al héroe de Konohagakure».
El comentario de la kunoichi médico no provocó más que la risa de su amiga.
—¿Estás bromeando? ¿Y qué si así fuera? No estarían mintiendo.
—Ya sé que no es mentira pero, no es como si quisiera que todos se enteraran con quién me he estado acostando. Y créeme, he notado que cuando alguien nombra a Naruto, es como si quisieran enterarse de todo lo que se habla de él.
—Vamos frentona, no dije nada fuera de este mundo. Es solo la naturaleza humana, no es como si los demás no hubieran tenido sexo nunca —dijo Ino mientras revisaba entre los vestidos—cielos, estoy segura de que por aquí estaba el vestido que me gustó para ti.
—De cualquier modo, hablas como si fueras una erudita del sexo.
—Pues no me he autoproclamado una, pero sí que tengo más experiencia que ustedes. Al menos, eso me ha permitido saber qué cosas me gustan y qué no. Por ejemplo, Sai es muy protocolario ¿sabes? Quiere todo rápido. Y en cambio Shikamaru, el tipo sabe cómo desenvolverse en la cama. Resulta que tiene toda una retórica para seducir, y al momento de la acción, no te queda a deber nada.
—Quién diría que el perezoso resultaría ser todo un seductor —dijo Tenten esbozando una sonrisa.
—¿Han pensado en algunos prospectos? —preguntó la rubia sosteniendo entre sus manos un vestido color vino tinto—. Últimamente he estado considerando la idea de probar con alguien mayor, ya saben, mientras más añejo el vino, más sabroso.
Sakura y Tenten miraron a Ino con una expresión algo cómica para la rubia.
—¿Por qué esas caras?
—No quiero escuchar tus obscenidades, Ino —dijo Sakura con una media sonrisa.
—Vamos, no es como si me fuera a meter con un anciano... Ja ja. Ya saben, hablo de la experiencia que puede ofrecer un hombre maduro, ya que, a diferencia de los de nuestra edad, ellos sí saben lo que quieren. A decir verdad, Genma está entre mis opciones. —Tras decir esto último, se mordió el labio inferior.
—Ino cerda, eres imparable.
—Me gusta explorar y no quedarme con las ganas, justo como con Sasuke... —Se llevó las manos a la boca.
Las chicas intercambiaron miradas entre sí.
—¿Sasuke? —preguntó Sakura extrañada— ¿Qué tiene que ver él en esto?
De pronto, la charla animada se convirtió en un silencio sepulcral. Ino se humedeció los labios y desvió la mirada.
—Ayúdame a entender Ino, ¿Hablaste de Sasuke porque te acostaste con él?—Ino no respondió, pero su silencio decía todo.
—¿Lo sabías? —preguntó Sakura dirigiéndose a la castaña quién negó con la cabeza.
—Frentona yo... sé que hice mal en ocultarlo, y debí decírtelo, pero Sasuke y yo follamos un par de veces antes de que tú y él...
—Para, Ino. No necesito explicaciones —aclaró Sakura. Por un momento creyó que tal revelación le afectaría, sin embargo, se sorprendió al darse cuenta de que no le importaba, al final sólo había sido sexo, no había tal vínculo emocional así que, daba igual—. Me sorprende, sí, pero no me molesta ¿Por qué no me contaste? Aunque, pensándolo bien, si me hubieras dicho en el momento en que pasó, creo que si me hubiera enojado bastante.
—Entonces ¿No te molesta?
—Creo que eso no tiene importancia ahora.
—Perfecto, sin represalias, ¿de acuerdo? —anunció Ino.
—Sin represalias —respondió Sakura despreocupadamente.
Las jóvenes se dedicaron una mirada de complicidad. A pesar de todo, tenían la seguridad de jamás perder su amistad por un motivo tan banal como el que en el pasado las hizo distanciarse. Aunque a Sakura aún le pareciera extraño haber follado con el mismo hombre que su amiga, no quería darle mucha importancia al asunto, después de todo, solo era sexo «¿Por qué solemos girar en torno a esa práctica?» se cuestionó mientras se dirigían a los probadores. En realidad, no era difícil para ella deducir algo como eso, su conocimiento en medicina respondía la gran mayoría de sus cuestiones, pues el factor biológico influye bastante, no obstante, estaba segura que había algo más allá de solo relacionarse sexualmente con las personas, y eso, era la clase de conexión que suele ocurrir poquísimas veces en la vida, lo difícil era encontrar a esa persona.
La velada en Ichiraku no resultó relevante después de la incomodidad entre Kakashi y Tenzō. Los shinobi se limitaron a comer e intercambiar palabras triviales sobre su jornada, «olvidando» lo de un momento atrás.
Una vez que los hombres se separaron para ir a casa, Gai y Kakashi caminaban en silencio.
—No me digas que toda esa tensión fuera de Ichiraku fue por Sakura-comentó Gai de pronto. Él conocía los matices de la personalidad de su amigo, y en efecto, algo ocurría con el Ninja que Copia.
—No sé de qué hablas -repuso Kakashi fingiendo ignorancia, escudándose detrás de su preciado libro, el cual había sacado desde que salieron de Ichiraku.
—Eres grande Kakashi, como para pensar en involucrarte con esa jovencita y querer jugarle al muy valiente. Honestamente, no creo que eso tenga un final agradable, ya sabes, las mujeres jóvenes son unos capullos y por lo general traen problemas. Pero no te culpo por sentirte atraído por Sakura, ella se convirtió en una mujer muy hermosa y talentosa —dijo asintiendo con la cabeza—. Es solo que me resultó un poco extraño que mi amigo, al que conozco de siempre, se viera envuelto en esta clase de cosas, es decir, conociendo tu forma de pensar y actuar es algo que no me creería si no lo hubiera visto. Solo, piénsalo... porque a mí mismo me resultó algo inusitado imaginarme teniendo una especie de relación romántico-sexual con Tenten —afirmó Maito.
Kakashi miró a Gai con ojo analítico. Si bien ellos eran muy buenos amigos, el lado reservado de Hatake le dificultaba expresar con facilidad algunas cosas, aunque eso no era impedimento para que lograran comunicarse con efectividad. Las palabras de su eterno rival eran ciertas, pensar en involucrarse con su ex alumna de esa manera sí que podría traer problemas, sobre todo porque él era una figura pública, pero «somos humanos, al final no importa con quién te acuestas, cuando nuestros restos estén olvidados en el polvo, absorbidos por la tierra bajo nuestros pies, pensar en cosas como: aquí yacen los restos del Rokudaime Hokage, quien en vida folló con Sakura, su ex alumna, es una reverenda estupidez. En realidad creo que nadie piensa esas cosas, y sólo tienen importancia mientras vives», pensó un tanto divertido. No obstante, ¿qué posibilidades había de que él, en su oscuro y solitario corazón albergara un sentimiento puro hacia Sakura? Ciertamente, Kakashi era un hombre lleno de sangre y violencia, que desde varios años atrás había acumulado suficientes encuentros sexuales perversos y pensamientos maliciosos relacionados a dicha práctica como para poder ofrecer pureza a esa mujer que, si bien no era una santa, merecía, según él, algo mejor.
Tras ese último comentario, Gai no esperó respuesta por parte de su amigo, sabía que en ocasiones Hatake era de pocas palabras por lo que, desistió de cualquier intento de averiguar lo que ocurría con el peliplata. «Ya llegará el momento en el que Kakashi decidirá compartir lo que lleva dentro...», pensó Maito mientras se despedían.
Y ya entrada la noche, acostado en su cama, con su libro cubriéndole el rostro, Kakashi tenía la cabeza llena de Sakura, siempre Sakura...
Espero lo hayan disfrutado.
Konbini, son tiendas de conveniencia japonesas que ofrecen sus servicios 24/7. En ellas se pueden hallar todo tipo de productos.
Quiero mencionar también que trato de no alejarme mucho de las personalidades reales, sin embargo, pretendo mostrar un lado no muy «explícito» en sus vidas.
Finalmente, mis agradecimientos especiales a María, por ser mi ojo crítico
