Fue como si le hubieran golpeado el pecho. Se despertó súbitamente con una extraña sensación dirigiendo el compás de sus latidos. Se sorprendió de saber que no había tenido un mal sueño, recordaba perfectamente las imágenes oníricas que su mente formuló mientras dormía.
No había sido un sueño erótico tampoco. Solo podía catalogarlo como un sueño común pero con un tinte extraño.
Salió de la cama e inmediatamente caminó a la cocina en donde casi mecánicamente preparó café.
Hatake no era un asiduo bebedor de café, sin embargo, aquella madrugada su paladar se llenó del sabor amargo de la bebida. Cuando su mente se percató de que esa era ya su segunda taza, espabiló del aparente letargo. Pensó en la tonta idea del cómo fue que decidió sustituir la cafeína del matcha por la del café. Miró el oscuro líquido en el cuenco y jugó con el sobrante. Las imágenes comenzaron a venir una tras otra; aquel sueño ¿cuánto tenía de imaginación, cuánto de deseo y cuánto de recuerdo? De lo único que estaba seguro era de que Sakura no sólo le hacía soñar de noche sino también era la culpable de provocarle insomnio. Quería verla, hablar con ella, aunque no pudiera tocarla... Pero verla.
Esa tarde, realizó sus actividades de Hokage como si hubiera dormido bien. Realmente no tuvo problema ya que siempre se las arreglaba para solventar la dificultad implícita de algunas situaciones, pero más bien situaciones cotidianas, situaciones que no tuvieran relación con Sakura porque eso, era punto y a parte.
No quería buscar a Sakura, pero quería encontrarla. Quería que fuera azar, un azar preconcebido en su cabeza, y por tanto, no azaroso. Se dio cuenta de que últimamente se había vuelto muy contradictorio y confuso. Resopló, irritado. Él quería caminar de pronto por el puente donde la vio aquella tarde... Quizá solicitar que ella escribiera y entregara personalmente un innecesario informe médico, o simplemente visitar la casa de té a horas probables o improbables, pero visitarla, pues en algún momento ella estaría ahí. Quería que fuera más como un encuentro fortuito, quizás así solaparía su intención secreta, una que por supuesto Sakura ya sabía o eso él creía. Quizá le contaría sobre el sueño que tuvo o simplemente le diría que deseaba conversar con ella. Eso de portarse como un púber no era lo suyo. De hecho le daba asco, y si la edad biológica excluye tal comportamiento, entonces era imposible que se comportara como uno. Las cosas tenían que ser serias, como lo eran los pensamientos de una persona en un sepulcro, o la seriedad con la que él solía llevar a cabo su trabajo o la seriedad de lo que últimamente Sakura provocaba en él sin siquiera saberlo... O lo sabía pero fingía no hacerlo. Era como si ella tuviera toda la intención de provocar en él todo aquello y comportarse como un cruel verdugo.
Se removió incómodamente sobre su asiento. La fugaz idea de tener que hacer una lista de lo que hacía por culpa de Sakura cruzó por su cabeza. Sin darse cuenta, su mano se movía sobre el papel que tenía sobre el escritorio. Su improvisada lista decía así:
1. Pensar en Sakura.
2. Pensar cosas absurdas sobre ella, justo como ahora.
3. Tener sueños eróticos y no eróticos con ella.
4. No dormir.
5. Beber café.
6. Fantasear sexualmente con ella.
7. Hacer estupideces como escribir la estúpida lista de lo que por su culpa hago.
«Vamos Kakashi, eres mejor que esto» pensó mientras negaba con la cabeza, «hasta donde has llegado». Imaginó los rostros de Sakumo Hatake y de Obito Uchiha riéndose de él. «¿En qué momento te volviste tan inmoral?» preguntaría Sakumo al ver que su hijo se veía tentado en romper las reglas de lo moralmente permitido. «Vaya, eres todo un pervertido» afirmaría Obito al ver que su amigo se excitaba con una mujer varios años menor que él, sobre todo por el hecho de que esa mujer había sido su alumna, persona a quien conoció siendo aún una niña.
Arrugó la hoja y se dejó caer sobre el respaldo de su asiento. Se sintió incómodo por imaginarlos a ellos riendo, pero, ¿por qué se reirían de todos modos? «ellos fueron hombres y pensaron como hombres. También fantasearon como hombres e hicieron cosas de hombres» se dijo. Pero, quizá la diferencia radicaba en que ellos no se habían comportado en todas esas cuestiones de hombres imaginando a mujeres 14 años menores que ellos y eso lo irritó. A Kakashi le molestaba que fuera precisamente Sakura quien lo desequilibrara de tal modo, y no porque odiara a la chica sino porque él mismo ya había superado los límites de los pensamientos permitidos sobre ella en su cabeza. «Ella merece algo mejor», se frotó el puente nasal.
Su mente indagó en todos sus recovecos buscando ese lugar donde se generaba el principio del placer, la parte de sí mismo que lo llevaba a querer satisfacer instintos básicos... ¿O debería llamarlos deseos? Eran necesidades, deseos, la naturaleza humana o lo que coño sea pero existían y no podía ignorarlas, y deliberadamente, quería saciarlas. Pero, ¿acaso no funciona así el deseo humano?
Había terminado una dura jornada de entrenamiento. Le gustaba exigirse porque sólo de esa manera lograba ponerse retos que superaba con mayor facilidad y que sumaban al fortalecimiento de sus capacidades físicas y mentales.
Secó el sudor de rostro con la toalla que guardaba en su mochila y bebió suficiente agua. Miró su reloj y decidió que era tiempo de volver a casa, tomar un baño y relajarse.
—Pronto lloverá —dijo observando el cielo gris que se extendía sobre ella.
Tomó su mochila y caminó. Su cabeza había estado ocupada bastante pensando en Kakashi. Ciertamente, no estaba segura del por qué se había sentido incómoda ante la presencia de su ex maestro fuera de Ichiraku aquella vez hacía cinco días, puesto que ella misma había dado la iniciativa para todo lo que había ocurrido entre los dos, sin mencionar que llevaban una excelente relación, pues Kakashi siempre estuvo presente en su vida de alguna manera, por lo que se sintió un tanto indignada con ella misma.¿Estaría Kakashi dispuesto a involucrarse con ella a pesar de la diferencia de edad? La repuesta vino por sí sola, pues se detuvo a pensar por un instante en la iniciativa que tuvo aquella madrugada para besar a Kakashi, y que este no la había rechazado, por lo que si ella volvía a continuar lo que había iniciado, sabía que él no se iba a negar.
Tampoco podía negar el hecho de que deseaba conocer más de él, y no sólo en el aspecto físico. Su mente era algo que ella deseaba tocar.
Ante la pesada y enorme nube que se formaba en el cielo, Sakura buscó en su mochila un paraguas pero no lo encontró, lo había olvidado en el hospital y era demasiado tarde como para volver por él porque era un hecho que la lluvia se le adelantaría. Al alzar la mirada se encontró con Kakashi saliendo de una tienda de verduras. Llevaba una bolsa con compras y pareció no ver a Sakura.
—Kakashi sensei —dijo animada— ¿Hoy le toca preparar la cena? —preguntó señalando sus compras.
—Sakura... —Le devolvió una sonrisa a modo de saludo—. Preparar la comida sale mucho más barato que comprarla.
—Tiene razón, sensei.
Kakashi cerró los ojos y suspiró.
—¿Podemos omitir el «sensei»? —interpeló—Además, que me hables de usted me hace sentir viejo... tú misma dijiste que no lo soy —. Se rascó la nuca.
Ella apretó los labios.
—Dije que lo intentaría... Kakashi —soltó. Se sintió extraña porque habían sido tantos años teniendo el mismo trato y utilizando los honoríficos que, le resultó difícil escucharse a ella misma dirigiéndose a Kakashi como su igual, siempre había sido su sensei... y ahora, el Hokage.
—¿Compartirás tu comida conmigo, Kakashi? —Quiso saber Sakura. En ese momento ella lo miraba como planeando una travesura.
Él guardó silencio unos instantes, pensando en la mejor respuesta que darle sin arruinar nada. Miró brevemente a Sakura, el aspecto de la kunoichi lo hizo deducir que venía de entrenar.
—¿No tienes que ir a casa? —preguntó— Ya sabes, has entrenado duro y...
—Si no quieres solo dilo y ya. Quizá con un «Sakura ve a darte un baño y después comemos» habría estado mejor —bromeó esbozando una sonrisa.
Kakashi le sonrió de vuelta sin decir nada. Avanzaron un poco más.
—Quizá algún día deberíamos ir al sentō* —propuso Kakashi. —Ser Hokage es agotador.
—Tienes razón, hace tanto que no visito uno... —El agua de la lluvia comenzó a mojar sus rostros con pequeñas y finas gotas—. Ha comenzado a llover —añadió y se encogió de hombros.
El aguacero no tardó en caer con más fuerza, logrando empapar a todo aquel que no estuviera cubierto. Kakashi agradeció internamente que su departamento se encontrara cerca de donde estaban y se resguardaron bajo el alero de la construcción.
Permanecieron ahí un par de minutos, viendo el agua caer.
—Parece que la lluvia no parará en un largo rato —comentó Kakashi—. Ven, vamos adentro —dijo mientras avanzaba e indicaba a Sakura que lo siguiera—. No querrás permanecer ahí, mojándote.
Ella negó con la cabeza y lo siguió. Entraron y se descalzaron en el genkan. El agua de sus cuerpos escurría formando manchas oscuras sobre la madera del piso.
—Estamos empapados —dijo ella mostrando una sonrisa que curvó sus labios. Parecía divertirse con la situación.
—Aguarda un momento, traeré una toalla.
Kakashi abrió un pequeño armario que tenía en su cuarto de baño y sacó algunas toallas.
—Toma —dijo entregando una a Sakura y comenzando a secarse con la otra.
—¿Puedo usar el baño?
—Claro.
Sakura se encerró. Secó su cabello y se quitó las prendas que llevaba puestas quedando únicamente en su conjunto de licras, las que solía usar cada vez que entrenaba. Exprimió su ropa lo más que pudo y lamentó no haber llevado un cambio con ella.
—Kakashi... sensei —murmuró abriendo la puerta del baño— ¿Dónde puedo colgar mi ropa?
—Solo... déjala sobre el toallero, es suficientemente amplio —respondió desde su habitación que se hallaba frente al baño.
Minutos después Sakura salió envuelta en la toalla.
Kakashi la miró y soltó un ligero suspiro. No podía dejarla así, solo porque le parecía injusto que él ya tuviera puesta una muda de ropa seca y ella tuviera que esperar a que se secara la suya. De su cómoda tomó una de sus playeras y se la ofreció.
—Usa esto —indicó—, mientras haré té.
—Gracias.
Se quitó el conjunto de licras dejando únicamente sus bragas, y se metió bajo aquella prenda. El olor de Kakashi estaba impregnado en la tela. Inspiró hondo, era un aroma masculino y reconfortante. Algo como madera o tierra mojada.
Alcanzó a Hatake en la cocina. Este, con la mirada, recorrió la figura de Sakura de arriba abajo, y no pudo descartar la idea de que ella lucía seductora con su playera. Sus ojos se detuvieron una fracción de segundo en las desnudas y largas piernas de Sakura. Le fascinaba lo que sus ojos veían.
—Me queda grande —dijo ella modelando el atuendo.
—Es lo único que tengo. Lo siento —declaró con la mano en la barbilla y sin dejar de mirarla. Era como si estuviera tratando de descifrar lo que ella provocaba en él vestida de esa manera.
—No te disculpes, sensei, eso es porque eres alto. Agradezco el gesto. —Tras una pausa, añadió— ¿No crees que luzco bien?
Kakashi apretó los labios en un intento de contener lo que quería decirle a Sakura y sólo le devolvió una sonrisa, la cual podía apreciarse con claridad, pues Kakashi, había decidido no usar su máscara delante de ella.
—Así que, ya hay más confianza entre nosotros... —repuso ella al tiempo que tomaba asiento en una silla.
—¿Por qué lo dices? —preguntó él mirando la tetera.
—No traes tu eterna máscara, sensei.
—Sí, bueno, se mojó toda y me dio pereza buscar un repuesto entre mis cajones.
—Tu sonrisa es muy linda. —Se levantó de la silla y se posó junto a él. Recargó los codos sobre la encimera y lo miró preparando el té.
A Kakashi le fue imposible no ruborizarse. Le gustaba que Sakura se sintiera en confianza. A diferencia de la primera vez que estuvieron en su apartamento, ella se veía y se movía con más soltura.
Hubo un breve silencio, pero no fue incómodo. Era como si fueran una pareja haciendo cosas de pareja, como preparar el té, por ejemplo. Hatake pensó que ese era el momento oportuno para cuestionar a Sakura y obtener respuestas.
—¿Ya tienes la explicación a lo que ocurrió la madrugada de hace cinco días? —interpeló tomando a Sakura por sorpresa.
En lugar de responder, ella se dio la vuelta y caminó hacia el sofá donde se dejó caer. Esa forma de ser de ella, lo estaba volviendo loco.
—¿Sabes? Me gusta mucho este sofá —dijo la kunoichi mientras acariciaba con sus manos la mullida tela del sillón.
Kakashi suspiró resignado, sirvió té en dos cuencos y le hizo compañía a Sakura. Era evidente que ella no respondería su pregunta.
Se sentó a su lado y le dio su té. Ambos bebieron un sorbo de caliente líquido y luego colocaron sus recipientes sobre la pequeña mesa de madera que había ahí.
En silencio intercambiaron miradas. Eran como dos seres apenas descubriéndose. El yukata* que traía puesto Kakashi dejaba ver parte de su pecho.
—Qué cicatriz... —expresó Sakura acortando la distancia entre los dos, acto seguido, posó su mano sobre el desnudo pecho de Hatake, quien solo la observó, ¿qué pretendía? —Es muy grande —agregó con un hilo de voz, deslizando las yemas de sus dedos por la extensión de la cicatriz.
La respiración de Kakashi cambió de velocidad. El tacto de la mano de Sakura era cálido y estremecedor. Ella estaba peligrosamente cerca de él, intentando desquiciarlo con sus actitudes sugerentes.
—Es... de la cuarta guerra —repuso él. Ambos lo sabían, pero Kakashi estaba suficientemente nervioso como para formular algún diálogo certero. Y es que, la cercanía de Sakura era tal, que podía predecir lo que se traía entre manos.
Los dedos de Sakura bajaron lentamente por el torso del hombre, moviéndose en círculos hasta llegar al vientre de Kakashi. A pesar de que él trataba de contenerse y evitar lo que evidentemente estaba a punto de acontecer, no hizo nada para detener a Sakura. El creciente bulto que se formaba debajo de su ropa era imposible de ocultar, para esas alturas él ya estaba excitado. Todo hombre tiene un límite para soportar las provocaciones de las mujeres, pero si la mujer era Sakura, y su mano se movía como la suya, abstenerse era casi imposible, lo único que podía desear era que continuara, lo supo en el momento en que ella introdujo hábilmente sus dedos por debajo de la tela de su bóxer para envolver su tibia y palpitante erección. En ningún momento desviaron el contacto visual. Su respiración había quedado atrapada en su garganta. Ella removió la tela del yukata para dejar libre la erección. Los ojos de ambos se veían más oscurecidos de lo habitual. Cuando Sakura ejerció más presión sobre su agarre, Kakashi solo pudo tragar saliva.
—Detente... Sakura —dijo apenas en un hilo de voz que sonó poco convincente. La verdad es que su conciencia ya no era apta para decidir algo pertinente. «Ya no es una niña...», se repetía mentalmente para sopesar el conflicto interno. A decir verdad, él quería que continuara.
Ella colocó uno de sus muslos sobre la pierna de Kakashi, y sin dejarlo de mirar alzó una ceja.
—¿Me tienes miedo, Kakashi? —preguntó con una mezcla de malicia y diversión. Parecía saber a la perfección lo que provocaba en él y osaba aprovecharse de eso.
—No... no te tengo miedo —respondió Kakashi con voz trémula. La verdad era que Sakura ejercía sobre él una clase de poder que lograba tenerlo justo donde ella quería.
—Entonces, ¿cuál es el problema? —repuso con total seguridad en sí misma mientras su mano comenzaba con el suave vaivén de arriba abajo.
—N-no... —Se escuchó a un Kakashi consumido por el placer. «La diferencia de edad, la jerarquía de poder dentro de la aldea, lo incorrecto que se siente esto», quiso decir, pero eligió su propia satisfacción.
Era un tacto electrizante que procuraba una clase de placer exquisito, casi al punto del dolor. Kakashi cerró los ojos, echó la cabeza para atrás y la enterró en el respaldo del sofá. Sakura sabía perfectamente lo que hacía. Su mano se movía a lo largo de toda esa extensión de carne.
Además del sonido de la lluvia golpeando la ventana, podían escucharse los jadeos de Sakura y de Kakashi.
Mantuvo los ojos cerrados hasta que sintió un cosquilleo extraño viajar desde su miembro hacia todo su cuerpo, era una sensación que recorrió todas sus conexiones nerviosas. Cuando tuvo los ojos abiertos, vislumbró a Sakura reuniendo chakra en la palma de su mano, chakra que utilizó para potenciar las sensaciones procuradas con el vaivén de arriba abajo. Le fascinaba ver la mano de la kunoichi envolviendo su virilidad. Definitivamente era un placer exasperante.
—No sigas... —jadeó Kakashi dejando la boca abierta. Sabía que si permitía que ella lo hiciera acabar, ya no habría vuelta atrás. Su pecho subía y bajaba visiblemente. Sakura ignoró su petición, solo parecía concentrarse en mirar extasiada las expresiones de Kakashi: arrugaba el entrecejo, apretaba los labios, jadeaba, cerraba los ojos; gruñía y enterraba la cabeza en el sofá.
—Esto... es... fascinante —murmuró Sakura cerca del oído de Hatake.
Ella parecía estar igual de excitada que él porque sus endurecidos pezones se marcaban en la tela de la playera que llevaba puesta, y jadeaba de tal manera que, el sólo escucharla, hacía que el placer de Kakashi aumentara.
—Ka... kashi... —expresó en una clase de gemido. El sonido de esa voz cargada de deseo recorrió el cuerpo de Kakashi en forma de escalofrío.
Él se hundió más en el sofá y elevó ligeramente la pelvis, tratando de exponerse, y de esa manera, entrar más en el agarre de Sakura.
Contradiciendo lo que un momento atrás dijo, le pidió a Sakura que no parara. Su orgasmo estaba por llegar. Lo supo en el momento en que el calor de su pecho se expandió del centro al exterior. Si cerraba los ojos, veía destellos. Por momentos, se le olvidaba respirar. En su pecho se formó un patrón moteado colorado, y sentía sus mejillas arder.
Gruñó. La mano de Sakura se movía con vehemencia. Tenía la firme intención de exprimir la esencia de Kakashi.
Él tomó la otra mano de la joven y ejerció la presión que indicaba la liberación de su placer. Se embistió en la mano de Sakura un par de veces hasta sentir las contracciones musculares que indicaban el punto culminante de un placer desmesurado. Fue como si le hubieran arrancado el alma. Su orgasmo lo hizo morir durante unos segundos, y fue tan diferente, tan íntimo, tan especial y, por mucho, el mejor que había tenido.
—Sa... kura —gruñó mientras apretaba la mano de la kunoichi y enterraba la cabeza en el sofá.— Ah, mierda... —arrugó el entrecejo y cerró los ojos. Su esencia se derramó sobre la mano de Sakura y sobre la longitud de su miembro, el cual ella continuó frotando con menos ímpetu y menor velocidad. Si la mano de la joven provocaba tal efecto, ya podía imaginar lo que sería estar dentro de su ser.
—Justo como imaginé —dijo Sakura probando el fluido mientras le sostenía la mirada con lascivia—, tienes un sabor agridulce. —Sonrió mientras se dejaba caer sobre el respaldo del sillón.
Después de que Kakashi lograra estabilizar su respiración y que su mente pensara con mayor claridad miró a Sakura, que estaba sentada a su lado. Sus manos aún se encontraban entrelazadas, y ella se veía tan tranquila, como si se hubiera liberado de alguna forma al hacer lo que hizo.
—Jugaste con mi voluntad —dijo Kakashi.
—¿Ah sí? A mí me pareció que era algo que deseabas muy en el fondo.
—Si por mí fuera, habría pasado otra cosa. —La miró de soslayo. Su cuerpo se sentía completamente relajado.
—Lo sé, pero no fue así. —Sonrió complacida. Sus dedos jugaban con los de Kakashi, quien la miró en silencio. Sakura hablaba con la completa seguridad de saber que lo tenía en donde ella quería, y parecía jactarse de eso.
—Esto podría considerarse ilegal, aún no cumples la mayoría de edad.
Sakura rodó los ojos.
—Nadie tiene por qué saberlo. Además, no soy inocente ¿sabes? He visto lo suficiente como para considerar que mi mente se ha corrompido —confesó—. Ya no soy una niña, sé bien lo que hago y las consecuencias que mis actos puedan tener. La edad, solo es un maldito número. Me pediste que no te hiciera sentir «viejo», tú no me hagas sentir como si fuera una niña de 16 —aclaró un poco irritada—. Si quieres culpar a alguien de lo ocurrido, culpa a la lluvia, por propiciar el encuentro.
—No —repuso él—, con lluvia o sin lluvia, te habría invitado a entrar.
—Lo sé. —Levantó una ceja, acto seguido, se incorporó del sofá y caminó hacia la ventana.
Kakashi, sentado, la siguió con la mirada. Su mente comenzó a formular sus constantes reflexiones. Ahora no estaba del todo seguro quién había arrastrado a quién a la perversión humana de querer cumplir con instintos básicos. Aunque nombrarlo instinto quizá no era del todo acertado, sin embargo, de lo que sí estaba seguro era de que él mismo había roto su esquema autoimpuesto de moralidad. Todo el conflicto interno que había padecido, hasta ese momento por culpa de Sakura, se había disipado, aparentemente, con lo que se habían permitido entre los dos. Y ahora ¿qué seguía? Si por él fuera, la habría devorado en ese momento, pero las cosas debían fluir con naturalidad. Si al final, no resultaba nada más, él sabría aceptarlo, después de todo, su ex alumna era más joven que él y podría cambiar de un momento a otro lo que ella buscaba.
Pero él la quería a ella. Esa fue su decisión. No estaba seguro si era por la juventud, los verdes ojos o el tacto de su mano sobre su miembro pero, la quería para él.
—La lluvia... parece no tener fin —murmuró Sakura mirando por la ventana.
Kakashi se acercó a ella.
—Sakura, ¿cuántas veces has usado tu chakra para lo que acabas de hacer?
Ella se volvió para mirarlo.
—Es la primera vez que lo hago, ¿tiene importancia?
—Sólo quise saber. —Las recién liberadas oxitocina y dopamina lo habían puesto de buen humor—. Gracias —susurró en el oído de Sakura al tiempo que con sus brazos la rodeaba por la cintura.
En silencio, pensó en querer devolverle el placer a Sakura, pero quizá, sería en otro momento.
Espero que les haya gustado el capítulo.
Por cierto, cabe aclarar que aquí Sakura es menor de edad puesto que en Japón se toma como mayoría de edad los 20 años, sin embargo, no resulta conflictiva la diferencia de edad, debido a la conciencia y madurez que ella maneja.
*Sentō, son los baños públicos donde los japoneses suelen tomar una ducha y un baño relajante. Están divididos por una barrera para separar los sexos.
*Yukata, vestimenta tradicional japonesa de tela ligera que se usa principalmente en verano (festividades) o para dormir. Es de una sola opeiza y se cruza por delante y se ata con una cinta.
Agradecimientos especiales a María, por su apoyo en la revisión del capítulo.
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