—Esto no puede ser —masculló Sakura sentada en una mesa de Yakimeshi's House y mirando su reloj—, una cosa es llegar tarde y otra muy distinta que te dejen plantada. —Apoyó su puño sobre la madera de la mesa con la suficiente fuerza como para hacer temblar el comedor.

Su enojo era evidente. «¡Argh! Maldición!», casi gritaba de frustración. Pero, la prudencia era algo que había aprendido con mucha paciencia tratando a la gente en el hospital.

—Menos mal que estás aquí. —Se escuchó la monótona voz de Shikamaru—. Yamato taichō me pidió que te entregara esto. —Le mostró un papel doblado, "qué fastidio que te tomen como recadero", murmuró para sí al tiempo que expulsaba el humo de su cigarro.

—Gracias, Shikamaru —respondió Sakura disimulando su frustración lo mejor que pudo. Tomó el papel y lo desdobló para leerlo:

Sakura-chan, lamento no presentarme en nuestra cita pero, el Hokage, (tu queridísimo Kakashi-sensei) me asignó una misión urgente que ni siquiera tuve tiempo de nada más que para escribir esta escueta nota. Prometo enmendar esto.

PD: me atreveré a decir que, dadas las condiciones de la misión, mi presencia no era necesaria ni indispensable para poder llevarse a cabo…

Yamato.

Pero, ¿Qué significaba todo eso? ¿Por qué el énfasis al decir «tu queridísimo Kakashi-sensei»? ¿Acaso Tenzō estaba insinuando algo?; ya habría tiempo para reponer la cita, después de todo, eran órdenes del Rokudaime Hokage, no obstante a Sakura le pareció extraño.

La joven Haruno frunció el ceño. Trató de encontrar la lógica en todo lo que por su cabeza pasó. «Parece intencional», se dijo y recargó los codos sobre la madera de la mesa. Pero, ¿por qué Kakashi haría algo así? No había motivo aparente. Pero, a esas alturas, ella ya debería saber que con el ex-ANBU las cosas no eran simples coincidencias. Resopló y decidió dejar pasar por alto ese pequeño inconveniente.

Su ocupada mente estaba comenzando a olvidar que Shikamaru aún estaba haciéndole compañía. Levantó la vista y vio a Nara golpear suavemente con su dedo el cigarrillo para hacer que la ceniza cayera.

—Ya que estás aquí, ¿por qué no me acompañas a cenar, Shikamaru? —propuso Sakura animada guardando la nota en su bolsillo—. Claro, si no tienes algo más que hacer.

—En realidad no tengo nada que hacer, Kakashi-sama dijo que podía retirarme. —Se encogió de hombros—. Es un fastidio que se le ocurran cosas inesperadamente —apagó el resto de tabaco sobre la mesa.

—No pareces muy animado —recalcó Sakura observando la falta de entusiasmo con que Shikamaru solía desenvolverse.

«¿En verdad este sujeto es bueno en la cama?», pensó fugazmente la kunoichi, recordando las palabras de Ino y sonrió para sí negando con la cabeza.

—¿Sabes? No tengo que brincar de alegría al hacer las cosas.

Sakura se removió en su asiento, a veces le divertía la actitud tan despreocupada de Shikamaru, era como el equilibrio entre tener asuntos serios y delicados que resolver pero sin turbarse, característica que le recordaba a Kakashi.

Por un momento solo miró a su interlocutor en silencio, lo vio ir a ordenar su platillo y regresar a la mesa.

No era que quisiera involucrar a Shikamaru en asuntos ajenos a él pero, Sakura se estaba muriendo por la curiosidad de querer preguntarle si sabía a dónde había ido Kakashi.

Frunció los labios y vaciló. Se pasó la mano por el cabello y colocó un mechón de éste detrás de su oreja.

Pero el joven genio no era tonto. Había leído alguna vez sobre lenguaje no verbal, ese que puede leerse analizando gestos, posturas, movimientos y demás, y desafortunadamente para él, su cerebro trabajaba de más sin él quererlo. Sakura fue lo suficientemente expresiva para que él dedujera que algo le ocurría, algo que tenía que ver sin duda con el Hokage. No era coincidencia que comenzara a actuar diferente tras mencionar el nombre de Kakashi.

Y ahora, con su característica cara de fastidio, y con el mentón recargado en la palma de su mano, Nara se debatía entre preguntar o ser felizmente discreto y guardar silencio. Rodó los ojos y resopló.

—¿Qué piensas de la intuición? —interrogó Shikamaru. Fue esa su manera de zanjar la cuestión que había en su cabeza—. ¿Eres alguien que se deja influir por su intuición?

Sakura meditó su respuesta. No tenía la certeza de saber el motivo de esa pregunta pero, le pareció interesante viniendo de Shikamaru.

—Pienso que puede ser útil en algunas situaciones, sin embargo intento no dejarme llevar por esa clase de percepciones instantáneas —Sakura jugó con sus palillos y revolvió el arroz—. Creo que me gusta cerciorarme antes de dar un paso en falso, ya sabes, como cuando estás en una misión y analizas todas las posibilidades tácticamente… en eso tú eres mejor que yo, ¿acaso un genio estratega como tú está teniendo intuiciones?

—Algo así, pero nada importante, al menos, no ahora. Pero coincido contigo, mejor analizar.

Sakura observó a la camarera acercar la orden de Shikamaru y dejarla sobre la mesa.

—¿Estás pidiendo consejo? —preguntó mientras miraba al joven delante suyo despegar los palillos, acto que le provocó un extraña sensación en el estómago.

—Sólo tenía curiosidad de saber lo que piensas —respondió Nara y se llevó el primer bocado a la boca.

—A veces, las intuiciones las tienes o no las tienes. Fin del asunto —opinó y bebió de su vaso de agua. El peso que imprimió en sus palabras era el de tener la seguridad de que no todas las personas son capaces de intuir.

Guardaron silencio e hicieron lo propio con su comida. En realidad, entre ellos dos no había mucho de qué hablar, y eso era porque aún no lograban generar ese ambiente propicio para sentirse más cercano el uno del otro, y compartir temas más íntimos, sin embargo, para Sakura eso no era necesario, no en ese momento. Le bastaba con saber que Shikamaru era un buen sujeto, uno en el que podía confiar como compañero dentro del desastroso mundo shinob

Ella fue la primera en ponerse de pie después de pagar su cuenta

— Shikamaru, me voy —dijo amablemente—, fue agradable cenar contigo.

El aludido se colocó un cigarro en la boca y acercó su encendedor para prenderlo.

— Lo mismo digo —pronunció con desgano al mismo tiempo que su boca aspiraba para encender su cigarro—. Que te vaya bien —dijo soltando el humo. Sakura respondió ondeando la mano en el aire.

Su mente comenzó a divagar mientras salía de aquel lugar. El viento fresco de la noche golpeó su rostro como una ráfaga y caminó con premura. No estaba segura de saber a dónde ir pero, sus pies se movieron en una dirección totalmente distinta a la que la llevaba directo a su hogar.


Cuando Kakashi llegó al vetusto monumento erigido a los héroes caídos se percató de no ser el único visitante: una mujer de cabello púrpura se hallaba parada de frente a él.

—Yugao… —murmuró Kakashi situándose a un costado de la mujer.

—Kakashi-sama —dijo la joven ANBU dejando escapar el humo de su cigarrillo—. Disculpe, no fue mi intención arrojarle el humo en la cara.

Kakashi, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón se encogió de hombros.

— No es necesaria tanta solemnidad, Yugao —aclaró Hatake con la incomodidad que le generaba el uso de tales honoríficos con él.

—Cierto, supongo que me acostumbré a la formalidad del día a día. —Dio una calada más a su cigarro y, tras un breve silencio habló—. Cuando vengo aquí, suelo pensar en el tipo de vida que habría tenido si él no se hubiera ido. —La mirada de Yugao parecía perderse en algún punto del monumento. Era apenas perceptible debido a la iluminación nocturna—. ¿Qué sueles pensar cuando visitas este lugar? Dime, ¿te habría gustado tener otra clase de vida?

—Otra clase de vida… —musitó Kakashi mirando la piedra delante suyo—. Para alguien como nosotros, intentar pensar en otra clase de vida es utópico. Ni siquiera podemos asegurar que exista otro tipo de vida.

—Al aparecer, la frialdad y oscuridad de ANBU, aún residen en ti, Lobo.—dejó escapar el humo.

—No me llames así —concretó con voz áspera.

—Lo siento —Se disculpó—. Es solo que, resulta fácil ver cuando el corazón de una persona se siente solo.

Se miraron a los ojos. El comentario de Yugao, removió algo en el interior de Kakashi.

—¿De verdad tienen los humanos un corazón? —preguntó el Ninja que Copia. Su paso por ANBU y la crudeza del mundo shinobi le hacían preguntarse constantemente eso.

El viento giraba en el cielo, revolviendo los árboles. El sonido de un grillo cantando se hizo presente, sumando al momento, una ambientación perfecta.

—Es complicado tratar de responder esa pregunta en este momento —Uzuki tosió al calar su ya casi consumido cigarro—. Deberíamos reunirnos algún día, y platicar, como en los viejos tiempos—sugirió—, después de todo, compartimos el mismo destino.

—Destino, ¿existe tal cosa? Me parece que es una palabra engañosa. Tan solo estamos llenos de decisiones. Si hablaras, de la oscuridad, la sangre, la muerte… podrías estar en lo correcto, todo esos es inevitable pero, así es el camino ninja, ¿no?

—Dejemos esos temas para las reuniones. Yo, debo irme, supongo que tienes cosas que hacer sin mi presencia aquí —repuso Yugao iniciando marcha para irse.

—Gracias, Yugao.

La ninja de ojos marrón se fue desvaneciendo entre la oscuridad, hasta quedar Kakashi con la soledad y el monumento que solía visitar cuando las emociones osaban confundir al alma.

Y como era costumbre, comenzó a hablar como si tuviera a sus amigos delante y pudieran responderle. Tan solo era él acompañado del viento revolviendo su cabello y la melodía de un pequeño y oculto grillo.

—No sé si las cosas serían más fáciles o más difíciles, mejores o peores; o simplemente igual con ustedes aquí. Realmente no lo sé, y nunca lo sabré. Supongo que sólo son palabras convertidas en pensamientos que suelen atormentar a los sujetos como yo… Sujeto, individuo… no lo sé, pero estoy aquí, vivo, sintiendo sensaciones que no quiero sentir y usando demasiado la cabeza para sobrevivir.

»El camino shinobi es una porquería. Asesinar o morir, y todo para qué, para engendrar mentes llenas de incertidumbre.

»Polvo y relámpagos, lobo solitario, el sangre fría, el mata amigos… ¿Alguna vez ustedes pensaron algo así de mí?»

Hizo una pausa y levantó la mirada al cielo. Podía verse la luna ocultándose por las nubes que eran desplazadas por el viento incesante.

»—Kakashi nunca fue un buen nombre para un shinobi, ni un héroe, ni tampoco, para un Hokage…soy solo un alma que desea lo que en este mundo es imposible de concebir».

Regresó la vista a la lápida.

«Piedra inmóvil, siempre luce igual», pensó mientras recorría visualmente el sombrío monolito, imaginando que veía los rostros de sus amigos.

»—Este abismo no parece tener fin, la locura es el escape, pero todo son palabras…

»Hay palabras que están en desuso en mi vocabulario porque han perdido todo significado, pronunciarlas sería un desperdicio.

»Si preguntan el por qué de mi visita, con la cara que tengo y las palabras que digo, es porque una mujer se coló como intrusa en mi interior… ya sé, una mujer, ¿cuándo vine aquí por una mujer? Quizás estoy perdiendo un poco la cabeza. No sería sorpresa descubrir que así fuera, la locura es lo único que suele cobijar a los shinobis cansados como yo. Pero, ¿qué se podía esperar? En algún momento tenía que pasar, sobre todo siendo un hombre de treinta y pico, con el alma en la sombras, buscando, sin saber qué y darse cuenta de que su coraza se esfuerza por mostrar la imagen del shinobi, el héroe que todos quieren ver, y esto, resulta incómodo, exasperante y doloroso. Es como el filo de una katana atravesandote, partiéndote en dos.

»Tanto tiempo sin llorar que ya no sé hacerlo. De cualquier modo, ¿por qué habría de hacerlo? No es humanamente posible que un deseo de carne se encaje hasta las entrañas y las tuerza malévolamente creando un vórtice. Justo como esa mujer hace. Es como si fuera una bruja lanzando un hechizo sobre mí, un conjuro, un maleficio…

»Esa sensación, de vacío o algo que no sé qué es, y que trajo a este hombre a decir lo que nunca dice a nadie, ni siquiera a Gai…que es mi amigo. Gai, él es un buen tipo, y me alegra tenerlo en mi vida, no obstante, estas palabras, estos sentimientos, estos pensamientos sólo los saben ustedes, y ni siquiera tengo la certeza de que así sea, pero era necesario decirlo. Mi alma se ahoga con el paso del tiempo. Tiempo, el maldito tiempo, tan subjetivo, tan cruel…se burla de mí en mi cara.

»Polvo y relámpagos… retumba su voz en mi cabeza pronunciando esas palabras. Confieso que ella ha sido la única en desequilibrar mi mundo.

»Si es cuestión de confesar, no me gusta ser Hokage, y detesto esos honoríficos que usan cuando me hablan con esa formalidad absurda y quizás fingida, honoríficos que no van con alguien como yo. Y luego está esa mujer, bruja malvada, que posee los ojos más lindos del mundo, ni siquiera ha vivido la mitad de lo que yo, y estar conmigo sería arrastrarla a mi infierno personal, uno bastante oscuro, torcido y… aunque sé que ella vive el suyo, nunca será igual... ¿Qué puede ofrecer un hombre como yo a una mujer como ella?

»Lo sé, no es perfecta. La he visto con la peor cara, distorsionada de tanto llorar, la he visto enojada y con el entrecejo arrugado; la he visto dormir incontables veces en todas esas misiones, y más íntimamente aquella vez que durmió en mi sofá. Su boca se desencajaba de su rostro por el cansancio acumulado. No me resultó para nada sexy, ni siquiera bonita, ni extraña, ni nada… porque ella es hermosa. He visto ese cabello hecho un desastre y el hecho de que no siempre huele bien debido al sudor que suele derramar por el esfuerzo al entrenar, la hace tan humana que mis ojos no pudieron fijarse en alguien mejor… y ¡qué decir de las sutiles pecas, apenas perceptibles, salpicadas en su rostro como constelaciones! Una mezcla de ternura y malicia. Definitivamente nos es perfecta. Jamás he buscado tales estándares en las personas porque yo mismo estoy lleno de imperfección e impureza, una vez que manchas tus manos con sangre no hay vuelta atrás. Quizá Yugao tenga razón al decir que algo de ANBU aún reside en mí.

»Y pienso en Sakura, me gusta ese rostro suyo en las mañanas carcomido por el amanecer, empapado de esa esencia suya, impregnada en cada poro de su piel… un aroma, un sollozo, una jadeo o el inicio interrumpido de un grito exclamando libertad. La he visto cambiar de niña a mujer. Una mujer que es cuerpo, mente y alma y que es alguien pero al final es nadie…como yo. Quizá ella siempre me importó de una manera diferente y no lo quise ver…

»Y ahora estoy aquí, expresando palabras, sentimientos… como si de un poeta se tratase, pero sólo soy yo, Kakashi, con el alma rota, soy ese hombre que lleva palabras atragantadas y sentimientos inconexos, yuxtapuestos a la razón. La razón me pide hacerle caso a ella e ignorar al corazón. El corazón, ¿qué es el corazón? ¿De verdad tenemos los humanos un corazón? No hablo del órgano en sí… es más bien como algo abstracto y etéreo que ahí está, lo llaman alma, pero ¿quién lo nota? ¿Quién distingue y salva a su propio corazón? Todo está viciado, sucio, corrompido. No puedo hablar de amor. Esa palabra es comprometer muchas cosas y a la vez nada. Pero, esa puta palabra existe… y es un concepto abstracto…un algo… un todo, un nada.»

No supo cuánto tiempo pasó, pero permaneció estoico frente al monumento, pensando en Obito, en Rin, en Minato… en la importancia de reflexionar sobre las delicadas, y casi nulas situaciones que involucran la debilidad de corazón, aquellas situaciones que rondaban su cabeza como un ejército de fantasmas. Pero ¿estaba Kakashi preparado para perder a alguien más?

El gélido viento de la noche acarició su cuerpo erizándole la piel de manera instantánea, pero eso lo tenía sin cuidado, sentir frío, comparado con lo rota que sentía su alma, no era nada.

—Kakashi… —Lo llamó Sakura por detrás. El aludido se sorprendió a sí mismo por no haber notado la presencia de su ex-alumna. Se volvió para verla.

—¿Qué haces aquí? —interpeló.

Sakura apretó la boca y dio unos pasos para posicionarse a su lado.

—Conozco algunos de tus hábitos —respondió segura y dejó ver una sutil sonrisa—. Cuando estás aquí, te ves tan meditabundo que dan ganas de saber que hay en esa cabeza.

Kakashi inspiró hondo. No estaba listo para confesar a Sakura lo que acababa de hablar con sus muertos, ¿o sí? De todos modos, decirlo ¿cambiaría algo? O ¿las cosas seguirían siendo igual de pútridas que siempre? Deseó internamente que ella no alcanzara a escuchar nada de lo que que dijo.

Lo único que hizo durante un par de minutos fue observar a Sakura. Su rostro era iluminado por la tenue luz de la luna y amó la belleza de la mujer delante suyo, una clase de belleza que provoca aleteos de corazón.

Ella acortó la distancia entre los dos.

—¿Debo asumir que saboteaste mi cita? —interpeló la kunoichi llevándose las manos a la cadera.

Kakashi no se inmutó. Movió sus dedos dentro de los bolsillos de su pantalón. Se sentía nervioso pero no lo demostró. Tragó saliva.

—Si para ti, hacer mi trabajo es sabotear citas ajenas, entonces piensa lo que quieras —respondió enarcando una ceja, «primero me llama acosador y ahora esto».

—Que ahora seas Hokage no significa que puedas meterte con mi vida personal —aclaró Sakura con cierta irritación.

—No tengo la intención de discutir, Sakura —respondió tratando de mantener la calma, y evadiendo la situación.

Sakura lo miró atónita. ¿Cómo podía estar tan tranquilo habiendo asuntos que esclarecer entre los dos? Se llevó sus finos dedos a la barbilla y miró un instante aquella lápida.

—Kakashi, lamento toda esta situación. —Comenzó Sakura—. Pero, parece que nuestros intereses, pese a ser los mismos, los queremos en otro orden. —Haruno se frotó los brazos desnudos para apaciguar un poco el frío.

—¿Estás segura de lo que dices? Porque lo que hiciste ayer no parece indicar que quieras seguir un orden, suponiendo que ese orden del que hablas es el que cualquier persona suele llevar en sus vidas, relaciones, o en cualquier otra cosa.

—Escucha —hizo una breve pausa—, sé que no he sido la persona más coherente últimamente y ¿sabes qué?, olvida todo ese asunto del orden, solo quiero que sepas que no tengo la más mínima intención de arruinar nada. —Para fortuna de Kakashi, esa aclaración resultaba «alentadora», sí claro, como si algo en su mundo pudiera serlo.

Pero sí, así era, sólo contemplar a Sakura era alentador, lo supo en el momento en que se volvió para mirarla frente a frente. La kunoichi cerró su puño, parecía contener la ansiedad de saberse analizada por su interlocutor.

—Tus intereses… —Habló Haruno pero fue interrumpida por Kakashi.

—¿Qué sabes de mis intereses? —preguntó con voz ronca cuya inflexión denotaba cierto grado de severidad—. ¿Acaso no acabas de decir que tenemos los mismos intereses?

Sakura juntó las cejas justo de la manera que a él le gustaba, no porque le agradara verla enojada, pero ella siendo expresiva era alucinante. Sakura apretó los ojos para tranquilizarse.

—Kakashi, no quiero repetir las cosas pero, ya no soy una niña. Soy una adulta y sea lo que sea que esté ocurriendo entre los dos, no me asusta. Estoy dispuesta a aceptar lo que venga —repuso Sakura— Al hablar de tus intereses, quise decir que te conozco mejor de lo que piensas.

—¿Qué conoces de mí sino lo obvio?

—Patrañas. ¿Piensas acaso que no puedo entender tu sentir? Por Kami-sama, somos humanos y somos shinobi, hemos compartido el cruel camino ninja.

—¿Qué tiene que ver eso con mis intereses? —objetó Kakashi.

Sakura exhaló el aire que había en sus pulmones, ¿por qué Kakashi era así de difícil?

—Quiero decir que, entiendo que tengas deseos por querer liberar tu alma.

—Si es así, asumo que estás preparada para escuchar que, para un hombre de treinta y pico como yo, con un oscuro camino como el mío, tener esa clase de deseos, se ha vuelto casi una necesidad. Liberar el alma, como libraste la mía ayer, ha sido lo mejor que me ha pasado en no sé cuánto tiempo. —Tensó la mandíbula.

—Sé que todos buscamos liberar el alma. Absolutamente todos, estamos cansados de lo viciado que está el mundo afuera. Lamentablemente, por mucho que queramos ser «moralmente correctos», arrastramos esa impureza en nuestro interior, y, en el peor de los casos termina en locura, lo he visto en el hospital, y lo sabes. No quiero que eso te ocurra a ti. —El semblante de Sakura se suavizó. Ella había visto a muchos shinobi atormentados por el estrés-postraumático de vivir sumergidos en un mundo tan hostil. Sabía que no todos tenían la fuerza mental para soportar una vida así, pero también sabía que Kakashi no era débil, no obstante la locura era una opción tanto para ella como para él.

—Ah… —dejó escapar Kakashi.

—Yo creo que te comprendo —dijo Sakura enredando su brazo con el del hombre a su lado— Tú buscas, yo también. Pero ahora, no nos vendría mal ir a casa y calentarnos un poco, está comenzando a helar —anunció con un ligero castañeo de dientes.

Por un momento solo miró a su interlocutor en silencio, lo vio ir a ordenar su platillo y regresar a la mesa.

No era que quisiera involucrar a Shikamaru en asuntos ajenos a él pero, Sakura se estaba muriendo por la curiosidad de querer preguntarle si sabía a dónde había ido Kakashi.

Frunció los labios y vaciló. Se pasó la mano por el cabello y colocó un mechón de éste detrás de su oreja.

Pero el joven genio no era tonto. Había leído alguna vez sobre lenguaje no verbal, ese que puede leerse analizando gestos, posturas, movimientos y demás, y desafortunadamente para él, su cerebro trabajaba de más sin él quererlo. Sakura fue lo suficientemente expresiva para que él dedujera que algo le ocurría, algo que tenía que ver sin duda con el Hokage. No era coincidencia que comenzara a actuar diferente tras mencionar el nombre de Kakashi.

Y ahora, con su característica cara de fastidio, y con el mentón recargado en la palma de su mano, Nara se debatía entre preguntar o ser felizmente discreto y guardar silencio. Rodó los ojos y resopló.

—¿Qué piensas de la intuición? —interrogó Shikamaru. Fue esa su manera de zanjar la cuestión que había en su cabeza—. ¿Eres alguien que se deja influir por su intuición?

Sakura meditó su respuesta. No tenía la certeza de saber el motivo de esa pregunta pero, le pareció interesante viniendo de Shikamaru.

—Pienso que puede ser útil en algunas situaciones, sin embargo intento no dejarme llevar por esa clase de percepciones instantáneas —Sakura jugó con sus palillos y revolvió el arroz—. Creo que me gusta cerciorarme antes de dar un paso en falso, ya sabes, como cuando estás en una misión y analizas todas las posibilidades tácticamente… en eso tú eres mejor que yo, ¿acaso un genio estratega como tú está teniendo intuiciones?

—Algo así, pero nada importante, al menos, no ahora. Pero coincido contigo, mejor analizar.

Sakura observó a la camarera acercar la orden de Shikamaru y dejarla sobre la mesa.

—¿Estás pidiendo consejo? —preguntó mientras miraba al joven delante suyo despegar los palillos, acto que le provocó un extraña sensación en el estómago.

—Sólo tenía curiosidad de saber lo que piensas —respondió Nara y se llevó el primer bocado a la boca.

—A veces, las intuiciones las tienes o no las tienes. Fin del asunto —opinó y bebió de su vaso de agua. El peso que imprimió en sus palabras era el de tener la seguridad de que no todas las personas son capaces de intuir.

Guardaron silencio e hicieron lo propio con su comida. En realidad, entre ellos dos no había mucho de qué hablar, y eso era porque aún no lograban generar ese ambiente propicio para sentirse más cercano el uno del otro, y compartir temas más íntimos, sin embargo, para Sakura eso no era necesario, no en ese momento. Le bastaba con saber que Shikamaru era un buen sujeto, uno en el que podía confiar como compañero dentro del desastroso mundo shinobi.

Ella fue la primera en ponerse de pie después de pagar su cuenta

— Shikamaru, me voy —dijo amablemente—, fue agradable cenar contigo.

El aludido se colocó un cigarro en la boca y acercó su encendedor para prenderlo.

— Lo mismo digo —pronunció con desgano al mismo tiempo que su boca aspiraba para encender su cigarro—. Que te vaya bien —dijo soltando el humo. Sakura respondió ondeando la mano en el aire.

Su mente comenzó a divagar mientras salía de aquel lugar. El viento fresco de la noche golpeó su rostro como una ráfaga y caminó con premura. No estaba segura de saber a dónde ir pero, sus pies se movieron en una dirección totalmente distinta a la que la llevaba directo a su hogar.

Cuando Kakashi llegó al vetusto monumento erigido a los héroes caídos se percató de no ser el único visitante: una mujer de cabello púrpura se hallaba parada de frente a él.

—Yugao… —murmuró Kakashi situándose a un costado de la mujer.

—Kakashi-sama —dijo la joven ANBU dejando escapar el humo de su cigarrillo—. Disculpe, no fue mi intención arrojarle el humo en la cara.

Kakashi, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón se encogió de hombros.

— No es necesaria tanta solemnidad, Yugao —aclaró Hatake con la incomodidad que le generaba el uso de tales honoríficos con él.

—Cierto, supongo que me acostumbré a la formalidad del día a día. —Dio una calada más a su cigarro y, tras un breve silencio habló—. Cuando vengo aquí, suelo pensar en el tipo de vida que habría tenido si él no se hubiera ido. —La mirada de Yugao parecía perderse en algún punto del monumento. Era apenas perceptible debido a la iluminación nocturna—. ¿Qué sueles pensar cuando visitas este lugar? Dime, ¿te habría gustado tener otra clase de vida?

—Otra clase de vida… —musitó Kakashi mirando la piedra delante suyo—. Para alguien como nosotros, intentar pensar en otra clase de vida es utópico. Ni siquiera podemos asegurar que exista otro tipo de vida.

—Al aparecer, la frialdad y oscuridad de ANBU, aún residen en ti, Lobo.—dejó escapar el humo.

—No me llames así —concretó con voz áspera.

—Lo siento —Se disculpó—. Es solo que, resulta fácil ver cuando el corazón de una persona se siente solo.

Se miraron a los ojos. El comentario de Yugao, removió algo en el interior de Kakashi.

—¿De verdad tienen los humanos un corazón? —preguntó el Ninja que Copia. Su paso por ANBU y la crudeza del mundo shinobi le hacían preguntarse constantemente eso.

El viento giraba en el cielo, revolviendo los árboles. El sonido de un grillo cantando se hizo presente, sumando al momento, una ambientación perfecta.

—Es complicado tratar de responder esa pregunta en este momento —Uzuki tosió al calar su ya casi consumido cigarro—. Deberíamos reunirnos algún día, y platicar, como en los viejos tiempos—sugirió—, después de todo, compartimos el mismo destino.

—Destino, ¿existe tal cosa? Me parece que es una palabra engañosa. Tan solo estamos llenos de decisiones. Si hablaras, de la oscuridad, la sangre, la muerte… podrías estar en lo correcto, todo esos es inevitable pero, así es el camino ninja, ¿no?

—Dejemos esos temas para las reuniones. Yo, debo irme, supongo que tienes cosas que hacer sin mi presencia aquí —repuso Yugao iniciando marcha para irse.

—Gracias, Yugao.

La ninja de ojos marrón se fue desvaneciendo entre la oscuridad, hasta quedar Kakashi con la soledad y el monumento que solía visitar cuando las emociones osaban confundir al alma.

Y como era costumbre, comenzó a hablar como si tuviera a sus amigos delante y pudieran responderle. Tan solo era él acompañado del viento revolviendo su cabello y la melodía de un pequeño y oculto grillo.

—No sé si las cosas serían más fáciles o más difíciles, mejores o peores; o simplemente igual con ustedes aquí. Realmente no lo sé, y nunca lo sabré. Supongo que sólo son palabras convertidas en pensamientos que suelen atormentar a los sujetos como yo… Sujeto, individuo… no lo sé, pero estoy aquí, vivo, sintiendo sensaciones que no quiero sentir y usando demasiado la cabeza para sobrevivir.

»El camino shinobi es una porquería. Asesinar o morir, y todo para qué, para engendrar mentes llenas de incertidumbre.

»Polvo y relámpagos, lobo solitario, el sangre fría, el mata amigos… ¿Alguna vez ustedes pensaron algo así de mí?»

Hizo una pausa y levantó la mirada al cielo. Podía verse la luna ocultándose por las nubes que eran desplazadas por el viento incesante.

»—Kakashi nunca fue un buen nombre para un shinobi, ni un héroe, ni tampoco, para un Hokage…soy solo un alma que desea lo que en este mundo es imposible de concebir».

Regresó la vista a la lápida.

«Piedra inmóvil, siempre luce igual», pensó mientras recorría visualmente el sombrío monolito, imaginando que veía los rostros de sus amigos.

»—Este abismo no parece tener fin, la locura es el escape, pero todo son palabras…

»Hay palabras que están en desuso en mi vocabulario porque han perdido todo significado, pronunciarlas sería un desperdicio.

»Si preguntan el por qué de mi visita, con la cara que tengo y las palabras que digo, es porque una mujer se coló como intrusa en mi interior… ya sé, una mujer, ¿cuándo vine aquí por una mujer? Quizás estoy perdiendo un poco la cabeza. No sería sorpresa descubrir que así fuera, la locura es lo único que suele cobijar a los shinobis cansados como yo. Pero, ¿qué se podía esperar? En algún momento tenía que pasar, sobre todo siendo un hombre de treinta y pico, con el alma en la sombras, buscando, sin saber qué y darse cuenta de que su coraza se esfuerza por mostrar la imagen del shinobi, el héroe que todos quieren ver, y esto, resulta incómodo, exasperante y doloroso. Es como el filo de una katana atravesandote, partiéndote en dos.

»Tanto tiempo sin llorar que ya no sé hacerlo. De cualquier modo, ¿por qué habría de hacerlo? No es humanamente posible que un deseo de carne se encaje hasta las entrañas y las tuerza malévolamente creando un vórtice. Justo como esa mujer hace. Es como si fuera una bruja lanzando un hechizo sobre mí, un conjuro, un maleficio…

»Esa sensación, de vacío o algo que no sé qué es, y que trajo a este hombre a decir lo que nunca dice a nadie, ni siquiera a Gai…que es mi amigo. Gai, él es un buen tipo, y me alegra tenerlo en mi vida, no obstante, estas palabras, estos sentimientos, estos pensamientos sólo los saben ustedes, y ni siquiera tengo la certeza de que así sea, pero era necesario decirlo. Mi alma se ahoga con el paso del tiempo. Tiempo, el maldito tiempo, tan subjetivo, tan cruel…se burla de mí en mi cara.

»Polvo y relámpagos… retumba su voz en mi cabeza pronunciando esas palabras. Confieso que ella ha sido la única en desequilibrar mi mundo.

»Si es cuestión de confesar, no me gusta ser Hokage, y detesto esos honoríficos que usan cuando me hablan con esa formalidad absurda y quizás fingida, honoríficos que no van con alguien como yo. Y luego está esa mujer, bruja malvada, que posee los ojos más lindos del mundo, ni siquiera ha vivido la mitad de lo que yo, y estar conmigo sería arrastrarla a mi infierno personal, uno bastante oscuro, torcido y… aunque sé que ella vive el suyo, nunca será igual... ¿Qué puede ofrecer un hombre como yo a una mujer como ella?

»Lo sé, no es perfecta. La he visto con la peor cara, distorsionada de tanto llorar, la he visto enojada y con el entrecejo arrugado; la he visto dormir incontables veces en todas esas misiones, y más íntimamente aquella vez que durmió en mi sofá. Su boca se desencajaba de su rostro por el cansancio acumulado. No me resultó para nada sexy, ni siquiera bonita, ni extraña, ni nada… porque ella es hermosa. He visto ese cabello hecho un desastre y el hecho de que no siempre huele bien debido al sudor que suele derramar por el esfuerzo al entrenar, la hace tan humana que mis ojos no pudieron fijarse en alguien mejor… y ¡qué decir de las sutiles pecas, apenas perceptibles, salpicadas en su rostro como constelaciones! Una mezcla de ternura y malicia. Definitivamente nos es perfecta. Jamás he buscado tales estándares en las personas porque yo mismo estoy lleno de imperfección e impureza, una vez que manchas tus manos con sangre no hay vuelta atrás. Quizá Yugao tenga razón al decir que algo de ANBU aún reside en mí.

»Y pienso en Sakura, me gusta ese rostro suyo en las mañanas carcomido por el amanecer, empapado de esa esencia suya, impregnada en cada poro de su piel… un aroma, un sollozo, una jadeo o el inicio interrumpido de un grito exclamando libertad. La he visto cambiar de niña a mujer. Una mujer que es cuerpo, mente y alma y que es alguien pero al final es nadie…como yo. Quizá ella siempre me importó de una manera diferente y no lo quise ver…

»Y ahora estoy aquí, expresando palabras, sentimientos… como si de un poeta se tratase, pero sólo soy yo, Kakashi, con el alma rota, soy ese hombre que lleva palabras atragantadas y sentimientos inconexos, yuxtapuestos a la razón. La razón me pide hacerle caso a ella e ignorar al corazón. El corazón, ¿qué es el corazón? ¿De verdad tenemos los humanos un corazón? No hablo del órgano en sí… es más bien como algo abstracto y etéreo que ahí está, lo llaman alma, pero ¿quién lo nota? ¿Quién distingue y salva a su propio corazón? Todo está viciado, sucio, corrompido. No puedo hablar de amor. Esa palabra es comprometer muchas cosas y a la vez nada. Pero, esa puta palabra existe… y es un concepto abstracto…un algo… un todo, un nada.»

No supo cuánto tiempo pasó, pero permaneció estoico frente al monumento, pensando en Obito, en Rin, en Minato… en la importancia de reflexionar sobre las delicadas, y casi nulas situaciones que involucran la debilidad de corazón, aquellas situaciones que rondaban su cabeza como un ejército de fantasmas. Pero ¿estaba Kakashi preparado para perder a alguien más?

El gélido viento de la noche acarició su cuerpo erizándole la piel de manera instantánea, pero eso lo tenía sin cuidado, sentir frío, comparado con lo rota que sentía su alma, no era nada.

—Kakashi… —Lo llamó Sakura por detrás. El aludido se sorprendió a sí mismo por no haber notado la presencia de su ex-alumna. Se volvió para verla.

—¿Qué haces aquí? —interpeló.

Sakura apretó la boca y dio unos pasos para posicionarse a su lado.

—Conozco algunos de tus hábitos —respondió segura y dejó ver una sutil sonrisa—. Cuando estás aquí, te ves tan meditabundo que dan ganas de saber que hay en esa cabeza.

Kakashi inspiró hondo. No estaba listo para confesar a Sakura lo que acababa de hablar con sus muertos, ¿o sí? De todos modos, decirlo ¿cambiaría algo? O ¿las cosas seguirían siendo igual de pútridas que siempre? Deseó internamente que ella no alcanzara a escuchar nada de lo que que dijo.

Lo único que hizo durante un par de minutos fue observar a Sakura. Su rostro era iluminado por la tenue luz de la luna y amó la belleza de la mujer delante suyo, una clase de belleza que provoca aleteos de corazón.

Ella acortó la distancia entre los dos.

—¿Debo asumir que saboteaste mi cita? —interpeló la kunoichi llevándose las manos a la cadera.

Kakashi no se inmutó. Movió sus dedos dentro de los bolsillos de su pantalón. Se sentía nervioso pero no lo demostró. Tragó saliva.

—Si para ti, hacer mi trabajo es sabotear citas ajenas, entonces piensa lo que quieras —respondió enarcando una ceja, «primero me llama acosador y ahora esto».

—Que ahora seas Hokage no significa que puedas meterte con mi vida personal —aclaró Sakura con cierta irritación.

—No tengo la intención de discutir, Sakura —respondió tratando de mantener la calma, y evadiendo la situación.

Sakura lo miró atónita. ¿Cómo podía estar tan tranquilo habiendo asuntos que esclarecer entre los dos? Se llevó sus finos dedos a la barbilla y miró un instante aquella lápida.

—Kakashi, lamento toda esta situación. —Comenzó Sakura—. Pero, parece que nuestros intereses, pese a ser los mismos, los queremos en otro orden. —Haruno se frotó los brazos desnudos para apaciguar un poco el frío.

—¿Estás segura de lo que dices? Porque lo que hiciste ayer no parece indicar que quieras seguir un orden, suponiendo que ese orden del que hablas es el que cualquier persona suele llevar en sus vidas, relaciones, o en cualquier otra cosa.

—Escucha —hizo una breve pausa—, sé que no he sido la persona más coherente últimamente y ¿sabes qué?, olvida todo ese asunto del orden, solo quiero que sepas que no tengo la más mínima intención de arruinar nada. —Para fortuna de Kakashi, esa aclaración resultaba «alentadora», sí claro, como si algo en su mundo pudiera serlo.

Pero sí, así era, sólo contemplar a Sakura era alentador, lo supo en el momento en que se volvió para mirarla frente a frente. La kunoichi cerró su puño, parecía contener la ansiedad de saberse analizada por su interlocutor.

—Tus intereses… —Habló Haruno pero fue interrumpida por Kakashi.

—¿Qué sabes de mis intereses? —preguntó con voz ronca cuya inflexión denotaba cierto grado de severidad—. ¿Acaso no acabas de decir que tenemos los mismos intereses?

Sakura juntó las cejas justo de la manera que a él le gustaba, no porque le agradara verla enojada, pero ella siendo expresiva era alucinante. Sakura apretó los ojos para tranquilizarse.

—Kakashi, no quiero repetir las cosas pero, ya no soy una niña. Soy una adulta y sea lo que sea que esté ocurriendo entre los dos, no me asusta. Estoy dispuesta a aceptar lo que venga —repuso Sakura— Al hablar de tus intereses, quise decir que te conozco mejor de lo que piensas.

—¿Qué conoces de mí sino lo obvio?

—Patrañas. ¿Piensas acaso que no puedo entender tu sentir? Por Kami-sama, somos humanos y somos shinobi, hemos compartido el cruel camino ninja

—¿Qué tiene que ver eso con mis intereses? —objetó Kakashi.

Sakura exhaló el aire que había en sus pulmones, ¿por qué Kakashi era así de difícil?

—Quiero decir que, entiendo que tengas deseos por querer liberar tu alma.

—Si es así, asumo que estás preparada para escuchar que, para un hombre de treinta y pico como yo, con un oscuro camino como el mío, tener esa clase de deseos, se ha vuelto casi una necesidad. Liberar el alma, como liberaste la mía ayer, ha sido lo mejor que me ha pasado en no sé cuánto tiempo. —Tensó la mandíbula.

—Sé que todos buscamos liberar el alma. Absolutamente todos, estamos cansados de lo viciado que está el mundo afuera. Lamentablemente, por mucho que queramos ser «moralmente correctos», arrastramos esa impureza en nuestro interior, y, en el peor de los casos termina en locura, lo he visto en el hospital, y lo sabes. No quiero que eso te ocurra a ti. —El semblante de Sakura se suavizó. Ella había visto a muchos shinobi atormentados por el estrés-postraumático de vivir sumergidos en un mundo tan hostil. Sabía que no todos tenían la fuerza mental para soportar una vida así, pero también sabía que Kakashi no era débil, no obstante la locura era una opción tanto para ella como para él.

—Ah… —dejó escapar Kakashi.

—Yo creo que te comprendo —dijo Sakura enredando su brazo con el del hombre a su lado— Tú buscas, yo también. Pero ahora, no nos vendría mal ir a casa y calentarnos un poco, está comenzando a helar —anunció con un ligero castañeo de dientes.


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