«Afuera tú no existes, sólo adentro. Afuera, afuera no te cuido sólo adentro.» Afuera, Caifanes.
No supo cuánto tiempo pasó, pero lo sintió como la escena larga y lenta de una película de suspenso. En ese momento se imaginó como un hombre diferente, ¿se sentía feliz? ¿decepcionado? ¿asustado?
Asustado. Esa podría ser la respuesta, sólo que él no lo admitiría tan fácilmente.
Tanto cúmulo de sucesos desencadenados por una acción o decisión del pasado, culminando siempre en cataclismos, mismos que engendraban en su ser ese terrorismo emocional del que tanto se protegía, y entonces ¿qué haría? sobre todo ahora que había abierto la puerta para que ella entrara y se sintiera cómoda, «cómo sentirse cómoda en un mar de aguas turbias, que danzan en calma y de pronto levantan olas de tempestad», se decía negando sutilmente con la cabeza. Pero ese era el problema, ella entró y ahora él debía lograr que se sintiera cómoda, como cuando se entra por vez primera a un cuarto blanco, silencioso, y puedes ser tú con libertad, salvo que lo que le ocurría en ese momento se sentía como entrar a un lugar con un enorme espejo para que te mires a detalle y te hagas mil preguntas y solo logres hallar respuesta a una.
Sakura parecía no querer salir. Era como si tuviera la intención de permanecer ahí dentro por tiempo indefinido, tanto como para lograr invadir cada recoveco con su esencia.
Pero, ¿qué podía hacerse? él había abierto la puerta, permitiendo su entrada, aunque ésta hubiera sido de manera abrupta e insospechada. No había sido planeada definitivamente, no obstante, él se hallaba irremediablemente fascinado con la idea de ella ahí dentro.
Y pensaba en lo extraños que solían tornarse esos rumbos inesperados que tomaba el corazón, su corazón a veces. «Son cosas que no eliges», se dijo «Está la advertencia, con letras enormes, anunciando los peligros inminentes y los posibles daños colaterales, y aún así abres la puerta, aún así...»
Se mojó la cara y el pelo. Mientras lo hacía, sus pensamientos se enredaron entre quién había abierto la puerta a quién, pero una cosa era cierta, ambos estaban ahí. «Ella entró, literal y metafóricamente. Bastó con abrir la puerta, con esa orden tácita de entrar», a eso se le sumaba la vulnerabilidad humana de tender a tomar decisiones estando en un limbo entre la razón y el corazón, «Habría que colocarlos en la balanza», pensó Kakashi. ¿Cuál pesaría más? La respuesta a esa pregunta era individual, totalmente subjetiva, aunque para él, quizá la balanza estaría ligeramente inclinada del lado de la razón.
Pero, por supuesto que Kakashi tenía sentimientos. Era humano, sólo que él aún sentía un poco de oscuridad en su ser, como dijo Yugao. En ANBU enseñaban a no sentir, o eso intentaban, pues lograrlo era como pretender superar una misión rango "S" siendo genin y desprovisto de herramientas y habilidades tácticas y de combate, porque siempre había, aunque fuera una cantidad ínfima de: incertidumbre, odio, dolor, etc. Quizá el objetivo sólo era aprender a olvidar emociones que fueran consideradas como las detonantes de la fragilidad humana, tales como amor, compasión, felicidad, etc.
Y era totalmente inútil que él, en ese preciso momento, mientras se hallaba en el cuarto de baño de Sakura, pensara todas esas cosas.
Aquel pequeño cuarto tenía, definitivamente, un toque femenino al que no estaba acostumbrado. «Pero, ¿qué es lo femenino», se preguntó, «lo femenino», repitió.
Ese baño ni siquiera era rosa. Pero, decir que lo rosa es femenino es un error. Solo es un color que existe para nuestras retinas , y es el humano quien lo interpreta como delicado, un adjetivo empleado para describir la feminidad.
Miró a su alrededor. Había un par de pequeños frascos con lociones y jabones corporales con aroma a lavanda, y una crema para manos: productos destinados a las féminas, pero que él no dudó que hubiera uno que otro hombre usándolos. Ahí también había un desodorante en aerosol que rezaba for men en la etiqueta, ¿por qué Sakura tenía un for men olor amaderado en su baño en lugar de un soft for women con olor frutal o floral? Se le ocurría que quizá ella tuvo un invitado masculino y lo olvidó ahí. Sacudió la cabeza. Su estancia dentro de aquel pequeño cuarto de baño estaba demorando más de lo esperado, y si tardaba un minuto más «Sakura querrá saber si estoy bien y yo no tendré otra cosa que decirle más que preguntar ¿por qué hay un desodorante para hombre y no uno de mujer? y eso será estúpido».
Cuando salió de aquel lugar, sólo escuchó el traqueteo de algún líquido en alguna cacerola metálica sobre el fuego de la estufa. Se acercó a la cocina y se recargó en el marco de la puerta con los brazos cruzados para observar la figura de Sakura de espaldas a él removiendo el contenido de dicha cacerola.
«Y ahora estás aquí adentro, donde ella está. Es extraño, pero estoy comenzando a pensar que esa distancia metafórica entre ella y yo está perdiendo la importancia que cualquier hombre moralmente correcto suele imprimir en tales situaciones, porque estamos aquí adentro y no queremos salir», pensó Kakashi, y es que, de tanto abrir puertas, estaba resultando imposible cerrarlas.
Recorrió una vez más, con la mirada, la figura de Sakura.
一Soñé contigo 一confesó Kakashi.
Este capítulo es muy corto. Quise mostrar una escena sin diálogos y finalizarlo con Kakashi hablando de su sueño y espero haber logrado transmitir lo que quise dar a entender.Si les gustó, dejen su voto y/o comentario.Muchas gracias por leer.
