Nuevo capítulo! Porque cuando todo parece ir bien es cuando en realidad va mal (Sin drama no es Star Wars) .

Muchas gracias por leer y comentar.


Capítulo XX

Ben observaba orgulloso al grupo de 6 jóvenes entrenando en Kashyyyk. Sonreía al ver el rostro alegre de Bail, quien estaba fascinado con su nuevo sable de luz. Más de alguna vez quiso usar ese sable en vez del doble dorado que tenía pero, a pesar de los años, nunca se sintió digno. Sabía que lo mejor era heredarlo, aunque le sorprendió que no fuera Tai ni tampoco Shmi su nuevo dueño. Ahora era el más pequeño de los Solo Skywalker su portador, confiando en la Fuerza aquella decisión.

- Estás tan concentrado mirándolos que no notaste que estoy aquí - lo molestó su esposa

- Sí sabía que estabas aquí. Solo dejé que me admiraras en silencio- le sonrió al verla a través de su vínculo - Te extraño, Rey. Deberías haber venido para recordar viejos tiempos.

- No somos tan viejos, Ben.

- Quizás, pero vivimos tantas cosas durante varios años aquí, en la cabaña que te construí, que pareciera que hemos tenido más de una vida.

- Todavía creo que es la casa más hermosa de la galaxia - le comentó mientras lo envolvía en sus brazos- También te extraño. No quise dejar la Academia con Kylo y Tai a cargo solos. Tienen ideas demasiado imprudentes a veces.

- Sí, pero reconozco que los estudiantes disfrutan más con ellos.

Ambos rieron mientras no se despegaban del abrazo. Ben tomó el rostro de su esposa y la contempló con amor, ese amor que no hacía más que crecer con los años.

- Quién diría que, a pesar del tiempo, sigues tan guapo como cuando te conocí.

- ¿Recién ahora reconoces que te gusté a penas me saqué el casco?

- Más vale tarde que nunca.

Rey lo miraba con una sonrisa traviesa que él no pudo evitar besar. La conexión se mantenía intacta; seguía sintiéndose tan real como el primer día.

- Tú sigues igual de hermosa- la halagó cuando separaron sus labios- De veras creo que tener "un poder como si fuera la vida misma" evita que nuestro cuerpo envejezca, al menos lo hace más lento que el resto.

- Tal vez. Más de una me envidia lo bien que me veo a esta edad - ostentó sin perder su humildad.

- Y yo, con todo lo que viví, debería estar demacrado por tantos viaje y batallas...

- No seas exagerado, Ben; aunque sí tienes un poco de razón. Sigues viéndote demasiado bien, eso es preocupante- se burló

- Sí, preocupante, porque no me sacas los ojos de encima.

- Lo mismo haces conmigo- murmuró frente a su perfil

- En ese caso, tendrás que hacerme un espacio de varias horas en tu apretada agenda cuando vuelva- le susurró al oído, provocando que se le erizara la piel

- ¿Que tal si dejo libre toda la noche?- respondió del mismo modo

- Todas las noches me perteneces, Rey, pero yo quiero más - continuó en voz baja, mientras recorría su cuerpo con aquellas enormes manos

- Qué ambicioso...- coqueteó, dejándose llevar por sus caricias

- ¿Con quién está hablando, Maestro?- le preguntó un aprendiz fallen de 16 años, un poco confuso al verlo hablando solo y moverse extraño

Sin embargo, la conexión no se cortó. Los dos adultos se quedaron inmóviles mirando en dirección a la voz intrusa.

-¿No se supone que estás entrenando?- lo interrogó Ben, quien, con la conversación a través del vínculo, ya se había alejado del lugar de entrenamiento

- Sí, pero no lo vi y pensé que nos había dejado solos.

- Nunca los dejaré solos.

El joven sonrió y volvió corriendo con los demás aprendices.

- Ellos te aman- aseveró Rey, con una enorme sonrisa- Y no me digas que tú no a ellos porque sé que mientes.

- Me he dedicado a mis hijos, Rey. No merezco el amor del resto, solo soy su Maestro.

- No impidas que te amen por haberles dado una segunda oportunidad para ser feliz.

Entonces desapareció, cuando ella le acariciaba la mejilla.

Mientras tanto, los jóvenes descansaban tendidos en la pradera, mirando el despejado cielo de Kashyyyk. Fue ahí, en ese momento, cuando Bail escuchó por primera vez unas frases que provenían de una voz mecanizada, las cuales se repetirían constantemente en el futuro, aunque él no lo sabía:

"En la luna,

A la luz de la luna,

Mientras te veo escondiéndote del sol."


- ¡¿Finn?!

El abrazo de Rey recibiendo a su amigo fue instantáneo. No podía creerlo después de tantos años.

-¡¿Por qué no viniste antes?! ¡Eres un ingrato! - le reclamó ella

- Lo siento, tenía mucho por hacer. Como hace un tiempo nos topamos con Tai en la casa de Poe, quisimos pasarte a ver.

- Pasen, tomen asiento. Les serviré algo de comer. Es una lástima que no esté Ben ni Bail. Andan por Kashyyyk entrenando. Vuelven en 3 días.

- Sí, por eso vinimos. Finn aún le teme a tu esposo- dijo Jannah sin tapujos

- ¡Eso no es cierto!- se excusó él

- Amor, admítelo. Yo también le temo.

Rey, dudosa, observó a Finn. ¿Acaso su amigo seguía recordando lo ocurrido ese día tan crucial? La reunión con el Senado de aquel entonces fue uno de los momentos más difíciles de su vida. Gracias a la Reina de Naboo electa ese año, la mayoría aceptó de buena manera su linaje de sangre Palpatine. El problema que surgió fue la identidad del Guardián del Templo Jedi, quien recién había reconocido que era su esposo legal. De eso ya habían pasado 10 años; no obstante, sus nervios se volvían a tensar de solo recordarlo:

- Señorita Rey Palpatine. ¿Es cierto lo que el Guardián acaba de decir?- la interrogó el portavoz del Senado

- Mi apellido no es Palpatine. No deseo portar ese apellido, aunque viva en Naboo. Soy Rey Solo Skywalker- se defendió- Y sí, estoy casada hace mucho con él. No era nuestra intención anunciarlo, para mantener a salvo a nuestros hijos.

- Mantenerlos a salvo ¿de qué o de quiénes?

- De los que me perseguían intentando que yo tomara el puesto del difunto Emperador. Yo no soy como él. Quiero que todos lo entiendan y estén seguros de eso. Junto al Guardián los hemos eliminado a todos para que dejen de ser una amenaza para la galaxia.

- Entonces, Tai. ¿Tú quién eres en realidad? No existen registros sobre ti. Necesitamos tu identificación para que puedas permanecer legalmente con tu familia en Naboo. Conocemos tu historial defendiendo la paz. Queremos a alguien como tú aquí - solicitó la Reina de Naboo- Pero no aceptaré anonimatos en este planeta.

Rey miró al Guardián muy angustiada. Después de 18 años bajo esa máscara, la verdad iba a relucir. Ya no había marcha atrás y Ben lo sabía, así que solo dijo a los presentes lo mismo que le respondió a Poe antes de contarle toda la verdad.

-Solo espero que no olviden las buenas opiniones que tienen sobre mí.

- ¡Pues sí deberías temerle, Finn! ¡Me dolió lo que me dijiste aquel día! Entiendo que jamás te hubieras esperado algo así, pero eso no justifica que nos gritaras frente a todos: " ¡¿Te casaste con ese monstruo?! ¡¿Cómo se te ocurre tener hijos con ese criminal?!"

-¡Lo sé, me descontrolé! Discúlpame otra vez- le contestó cabizbajo

- Me percaté que varios de los presentes no lo reconocieron en el momento. Habían pasado muchos años desde la muerte de Kylo Ren. Tú fuiste el único que nos condenó de esa manera frente a los demás. Aceptó tus críticas en privado, Finn, pero no en un juicio donde Ben Solo estaba siendo evaluado. Tuve miedo, un miedo que nunca había sentido antes: que dejaran a mis hijos sin su padre, a pesar de todo el bien que hizo después del desastre que provocó. ¿Por qué debías ser tú el que nos juzgara cuando nadie más lo hizo?

Jannah la abrazó al verla descompensada. Aquella herida aún estaba abierta en algún sentido. Sin duda, Rey le debía la vida de su esposo a Poe, quien, luego del escándalo de Finn, defendió a Ben frente al resto del Senado sin temor. El linaje de Ben, como nieto de Padme, lo salvó, obteniendo un puesto similar al de Rey como protegido político. Ambos debían llevar una vida ejemplar para limpiar la reputación de sí mismos o de sus antepasados. Estarían al servicio del Senado de manera permanente, junto a la Academia, que ahora se sustentaría con los recursos de Naboo y el resto de planetas aliados que apoyaron aquella iniciativa.

De pronto, dos jóvenes se le acercaron a Rey y Jannah, las cuales se mantenían abrazadas.

- ¿Rey, recuerdas a nuestros hijos? Él es el mayor, Lando. Ya tiene 21 y nos apoya mucho en las misiones. Se parece mucho a su abuelo. Y Oriette tiene 15. A ella no le interesa mucho esto- le contó sonriente mientras acariciaba el rostro de su hija

- Sí, yo quiero estudiar otra cosa cuando grande- confirmó la niña

- Puedes ser lo que tú quieras, Oriette- le contestó Rey con una cálida sonrisa- Es un gusto tenerte como aliado, Lando- le habló esta vez al alto joven, que le respondió el saludo de mano con alegría

- También es un gusto volver a verla después de tantos años, tía Rey.

Sin embargo, la atención de Lando no estaba ahí. La mirada se le iba constantemente hacia la joven de ojos azules que miraba curiosa por el marco del ventanal que unía el jardín con la casa.

- ¡Shmi! Ayúdame con la mesa. Vamos a almorzar todos juntos. Saluda al tío Finn y su familia- la llamó Rey

Shmi lo hizo, aunque tenía su mente en otra cosa. Aquel día tenía la intención de hablar con Kylo. Le había quedado dando vueltas en su cabeza lo que le dijo su hermano. En realidad, si ella lo obligó a luchar por quien ama, supuso que tenía que ser valiente también.

No obstante, estaba demasiado nerviosa. Dudaba enormemente que él sintiera algo similar a lo que ella sentía. Sus ilusiones terminaron por caer cuando se dio cuenta que ese día Hera, la togruta, no se despegaba de su lado. Suspiró decaída, porque ella jamás podría ganarle al primer amor de Kylo. Se retiró derrotada, sin saber lo que hablaban entre ellos en realidad.

- Si me persigues solo para saber donde está Tai, ya te lo dije, ahora tiene NOVIA, para tu desgracia- le contestó Kylo, furioso

- No vengo para preguntarte eso. ¿Ahora no puedo saber cómo estás?- preguntó la togruta

- ¿Desde cuándo te importa?

- Desde hace mucho.

- Sí, claro. Solo me hablabas para acercarte a él. No soy idiota, Hera. Siempre lo quisiste a él, aunque Tai lo ignora. Acéptalo: Tai siempre amó a Serena- la enfrentó cara a cara

- Eso ya no importa, porque sé que tú me quieres a mí - le respondió mirándolo a los ojos

- Quédate con el recuerdo de eso. Ya lo superé.

-¿Vas a rechazarme ahora que te digo que sí?

Kylo la observó detenidamente. Todo lo que alguna vez sintió por ella ahora solo le traía recuerdos dolorosos. Nunca debió mirarla como algo más que una compañera de la Academia, pero le resultó imposible no fijarse en la belleza de aquella togruta apenas llegó a Kashyyyk.

- No seré tu segunda opción - le respondió tajante- No me vuelvas a seguir para eso.


Dos años después...

El joven de 15 años estaba caminando por el pasillo de una nave que, en realidad, desconocía. Se detuvo para mirar por el enorme ventanal: ¿por qué había tantos destructores estelares? ¿No eran esas naves las que más de alguna vez su padre le describió como las que usaba el Imperio o La Primera Orden? ¿Aún existían?

Empezó a correr, buscando alguna cara conocida, pues necesitaba respuestas. Ni siquiera sabía hacia dónde dirigía sus pasos. Entonces se detuvo en una de las compuertas que estaba abierta. Vio a su hermano mayor, furioso, caminando de un lado a otro.

- ¡¡Esa maldita General Dameron Bliss!! ¡¡Les juro que es la última vez que les tolero que ella los venza!!- le gritaba a un grupo de 10 que estaban sentados en una larga mesa, quienes lo miraban con terror

- Ya cálmate, amor. Yo me encargaré de ella personalmente- intentó tranquilizarlo una mujer togruta a su lado

- Creo que no tengo mejor opción que esa- le sonrió a la mujer. Entonces ella lo besó en los labios frente a todos

- ¡¿Tai, qué estás haciendo?! ¡Tú estás con Serena!- le gritó Bail, quien veía extrañado la escena desde la entrada de la sala- ¿Por qué besas a Hera?

-¡¿Quién es Tai?!- le preguntó su hermano, molesto por la interrupción

- Anakin, tu hermano menor ya está delirando otra vez- se burló Hera

En ese instante, Bail sintió que alguien le tocaba el hombro por detrás.

- ¿Mamá?

- ¿Qué haces aquí? No interrumpas a tu hermano. Está muy ocupado. Hemos tenido demasiadas bajas por culpa de la Resistencia, pero no te preocupes, tu padre se encargará ahora de eso.

Bail no podía evitar sentirse intrigado. ¿Por qué todos vestían de negro? ¿Por qué ellos peleaban contra la Resistencia? Vio pasar por el pasillo a Shmi, quien lo saludó enviándole un beso al aire. Al menos eso era normal. Ella siempre tenía ese gesto cariñoso con él. Sin embargo, ¿por qué iba de la mano con un hombre chiss vestido de general?

Caminó por el pasillo siguiendo a su madre. Nunca la había visto usar antes ese tipo de vestidos tan lujosos.

- Ya me voy.

Se volteó de inmediato al oír la voz mecanizada. ¿Por qué le resultaba tan familiar? Quedó petrificado al ver a un alto hombre de traje oscuro y con un casco negro con grietas rojas, rodeado de 6 sujetos más que lo escoltaban, con armaduras y máscaras extrañas.

- Rey, dile a Anakin que envíe las tropas cuando yo le indique- añadió- Adiós Maul, no hagas desastres en mi ausencia.

- Cuídate, amor. Haz que se arrepientan de su alevosía- contestó ella con desprecio- Maul, tu padre al fin someterá a los últimos planetas rebeldes- le sonrió

El joven observó como los 7 hombres se alejaban... ¿Por qué lo llamaban Maul?...

- ¡Bail! ¡Bail, despierta ya estamos atrasados!

Del susto abrió los ojos cuando vio a su hermano quitándole las sábanas.

- ¡Tienes que ir a entrenar! Hoy estoy a cargo. Mamá y papá ya se fueron en el Halcón a la reunión especial que tienen con los senadores de Bastión, Coruscant y Tralus, además de los representantes de la Resistencia. Lo que Shmi descubrió es grave.

- ¿Qué? Eehh, hoy... Ehm... creo que tengo entrenamiento con...

- Conmigo. Ya están todos los aprendices asignados para hoy. Te quedaste dormido. Ahora vístete y baja a desayunar.

Entonces Tai salió de la habitación, dejando a Bail frotándose los ojos y pensando en el extraño sueño que tuvo.


Espero les haya gustado. Esto se pone cada vez más interesante.

Muchas gracias por valorar esta historia