Los personajes de esta historia no son de mi pertenencia si no de RUMIKO TAKAHASHI, la historia si es mía y queda prohibida su copia.


Introducción:

Han pasado diez años para que por fin Rin y Sesshomaru puedan estar juntos de nuevo. Rin será la narradora, sin embargo habrá momentos en que se añadirán pensamientos y escenas de otros personajes, esos los pondré en diagonal. Pará esto, también será escrito en tercera persona.

Rin deberá adaptarse nuevamente al estar con Sesshomaru con el detalle de que ahora está completamente enamorada de él, estar a su lado es más difícil que cuando era niña.
Algunos comentarios que hará Rin serán en referencia al Asatte.

De regreso contigo

Capítulo 1

Me encontraba sentada bajo ese gran y hermoso árbol de cerezos, sentía nervios pero al mismo tiempo una emoción que recorría todo mi cuerpo, el viento soplaba creando un leve lluvia de esos hermosos pétalos color rosa que tanto me gustaban, di un suspiro y disfruté del suave contacto que esos pétalos me transmitían al rosar con mi piel.
Mientras esperaba la llegada del señor Sesshomaru, llegó a mi mente aquel momento, ese en el que estando en ese prado, me entregó una carta.

Admito que al leerla, me sorprendió, pues nunca creí recibir de él tan bonitas palabras y aunque a partir de entonces no volvió a expresarse de esa forma, comprobé que dentro de él, había más nobleza de la que me imaginaba.
Para ese momento, no comprendí mucho el significado pero conforme fueron pasando los años, esas palabras tuvieron más sentido, ayudándome a comprender que me había enamorado.

Si bien, él mismo lo había dicho, nuestros corazones estaban unidos, entonces, solo era cuestión de esperar, el pedirme tener una respuesta de mi decisión de volver a su lado me indicó que él también ya estaba preparado, sabía bien que tenía ya la suficiente edad para tener analizado mi corazón, mis sentimientos y con mi respuesta positiva, solo fue suficiente para indicarme el día en que vendría por mí.
Entonces, abrí los ojos terminado el suspiro y en seguida lo escuché.

- Rin.

El sonido de su voz, aceleró mi corazón y agitó mi respiración, voltee lentamente como si lo que había escuchado fuera una ilusión y tratara de comprobar mi locura, entonces ahí lo vi, de pie frente a mí, con esa estoica manera de pararse gracias a su tan peculiar personalidad que siempre me encantó, y el verlo me hizo sentir escalofríos tanto en el alma como en la piel.

Lo observe fijamente, se veía tan imponente, tan hermoso, más aún, que cuando lo conocí, ese día cuando lo vi tan lastimado, en su bello motsuki traía manchas de sangre, ese día cuando buscando comida me lo encontré recargado bajo un gran árbol, vi su rostro el cual fue, el más hermoso que había visto jamás, las marcas de su cara me parecieron peculiares pero perfectas para él, su largo y plateado cabello, su cuerpo delgado pero fornido y más aún por la armadura que traía puesta.

Sin poderlo evitar me cautivó tal como me cautivaba verlo nuevamente. Cuando lo conocí fue ahí cuando por fin supe que era el cariño, la protección, la familia y no de un humano como todos lo buscan, si no de quien la mayoría huye, de un Yokai, ese Yokai tan reconocido frio y perverso, que me salvo la vida en más de una ocasión, él quien me demostró su aprecio e importancia hacia mí.
Tomé valor para responder tratando de ocultar mi emoción.

- ¡Señor Sesshomaru! – dije suspirando.

- Vámonos – ordenó dando la media vuelta comenzando a caminar.

- Claro… - mencioné con una sonrisa en el rostro encaminándome detrás de él.

Y así fue como comenzó mi vida nuevamente a su lado.
Me sentía radiante, feliz, emocionada, un mar de emociones inundaban mi alma y mi corazón, tenía la ilusión que a partir de ese momento viviría una eternidad de felicidad, pues no sabía lo que me esperaba.
Finalmente lo alcancé poniéndome a su lado y al llegar, solté un suspiro, no paraba de sonreír, no podía de hecho. Ninguno mencionó palabra, era comprensible sabía bien que no era de su personalidad el hablar a menos que fuera necesario.
Mientras caminábamos me percaté de que de reojo, observó mi vestimenta; llevaba un kimono rosa con adorno de flores color rosa y morado, bastante hermoso, unas sandalias cafés y en mi hombro cargaba mi arco y flejas, regalo de Kagome e Inuyasha, durante mi estancia en la aldea había tomado clases con la señorita Kagome, de tiro con arco así como también un poco de defensa con espada, clase impartida por Inuyasha.

El señor Sesshomaru se detuvo en seco, al instante hice lo mismo, volteo hacia mí, me clavó su mirada dorada, y después pronunció:

- ¿Rin, esto es lo que tu corazón desea?

- Claro que sí señor Sesshomaru. - respondí casi enseguida. Él volteo sus ojos a mi arco.

- ¿Sabes cómo utilizar eso?

- Claro, la señorita Kagome me enseñó muy bien.

- ¿Kagome?

- Así es, y el señor Inuyasha me enseñó como utilizar una catana. - Sesshomaru levantó una ceja.

- ¿Inuyasha? ¿Qué pudo enseñarte?

- Bueno…Podría mostrarle.

- Ya veremos que te enseñó - interrumpió - Si no, yo me encargare de eso.

- ¿Ah? – no comprendí en ese momento a que se refería.

- Andado. - ordenó.

-¡Por supuesto!- dije, pero antes de dar un paso me miró fijo para entonces añadir:

- ¿Traes puesto…?

- Si, el último kimono que usted me regalo ¿Lo recuerda? Es el de su última visita, cuando me pregunto si ya había tomado mi decisión.

Me observó detenidamente, no vi mover sus ojos en ningún momento pero sabía que me contemplaba completa, lo cuál me sonrojó, no decía nada solo me veía con esa su tan hermosa mirada pero… en ella había algo mas, algo que me hizo desear saber ¿Qué pasaba por su mente al verme así?

¡Hermosa! Quizá, fue la expresión que el gran Yokai tenía en mente pero era obvio que nunca lo diría. Así que sin más, simplemente volteo la mirada comenzando a caminar.

- Lo recuerdo, vámonos.

Me quede parada como piedra, me había mirado diferente a otras ocasiones, su mirada era tan profunda y palpitante que creí ver fuego en sus dorados ojos que tanto me fascinan, sus frías palabras a pesar de no decirme mucho me alentaron a dibujar una sonrisa y me encaminé a su orden.

Entre los arboles alcancé a distinguir y con gran felicidad corrí a su encuentro, era Ah-Un mi gran amigo de dos cabezas, como pude, entre la maleza me acerqué a abrazarlo y el sonido que salió de él me indicó la alegría que también sentía al verde después de tanto tiempo, seguí abrazándolo con cariño aunque no lo alcanzará y aunque me llenaba de saliva sentía mucha felicidad verlo de nuevo.

- ¡Ya estás aquí Rin! - escuché.

- ¿Señor Jaken?

- Aquí estoy Rin.

- Hola… perdone no lo vi, es más pequeño de lo que recordaba – comenté curiosa.

- ¡¿Qué dices niña?!

- Que lo extrañe mucho – pronuncié entre risitas, ya recuerdo porque me agradaba tanto molestar a ese pequeño sapo verde, sus reacciones no dejaban de ser divertidas.

- Rin de ahora en adelante, te harás cargo de él. - dijo el señor Sesshomaru, de pronto.

- ¿Qué?

- ¿Amo Sesshomaru le acaba de regalar a esta niña a su bestia de carga? - preguntó Jaken.

- No es una bestia señor Jaken - adelanté.

- ¿Amito bonito?- insistió. El Señor Sesshomaru giró hacia mí.

- ¿Rin, lo quieres?

- ¿A, Ah - Un? Por supuesto que sí, señor Sesshomaru.

- Bien, ahora vámonos. - dicho eso, no había vuelta atrás, Ah-Un ya era mío.

- Pero… pero… - balbuceo Jaken.

- Vamos señor Jaken, no se quede atrás. - Dije encantada subiendo al lomo de mi gran amigo.

Comenzamos nuestro camino en medio de las profundidades del bosque y para mí mayor emoción nos encontrábamos los cuatro, así como antes, como cuando era una pequeña niña. Y aunque me gustaba que de alguna manera todo fuera como antes, sabía que eso no era posible, pues esa pequeña niña ya no estaba. Ya no haría falta que el Señor Sesshomaru me dejara en algún lugar, ahora lo acompañaría a cualquier parte porque simplemente ya no era débil, ya nunca más sería una carga.

Habían pasado unos cuantos días, solo caminábamos, no sabía a dónde nos dirigíamos pero eso no me importaba, era extraño pero maravilloso estar de vuelta, los descansos y momentos para buscar comida me recordaban el pasado y en cierta forma me causaban nostalgia, venía a mi mente a esa niña pequeña corriendo por doquier, su afán de buscar algo de comer ya sea en sembradíos o pescando, ahora existía la diferencia de que mi experiencia en la aldea me ayudaba absolutamente.

Las caminatas largas y sin saber el rumbo habían regresado, las quejas y regaños al señor Jaken también estaban de vuelta, además de mis burlas y consejos al mismo para no ser reprendido. Todo parecía normal, igual que antes pero mejor, hasta que después de aquel día de lluvia, todo cambió.

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Era temprano, pasado del medio día, mi mente se encontraba pensando en la vida que había tenido en la aldea, todos siempre habían sido lindos, cálidos y buenos amigos conmigo, desde mi llegada siempre me trataron como a un miembro más de su familia tanto que no fue difícil en hacerme de una estrecha amistad con Shippo así como de tener una excelente relación con todos los demás en especial con la señorita Kagome y el señor Inuyasha quienes me enseñaron todas las habilidades necesarias para defenderme.

Me encontraba tan perdida en mis pensamientos que no me percate de cuando comenzó a llover, mire al cielo, estaba completamente negro, al parecer una tormenta se acercaba, los rayos y relámpagos que sonaban advertían un gran diluvio, voltee a ver a mi señor el cual al darse cuenta solo pronuncio un – andando – lo que significaba que no pararíamos, no importa si llovía o no. El señor Jaken, asustado preguntó si sería mejor un descanso a lo cuál de pronto solo apareció detrás de mi con un golpe en su cabeza.

Nos encontrábamos en medio del diluvio, el agua caía con fuerza, helada, sin parar, el sonido de los rayos hacían pensar que el cielo caería en cualquier momento, yo estaba completamente empapada, por mi cabello escurría agua como si fuera una cascada, temblaba, moría de frío, iba montada en Ah- Un porque no podía caminar en aquella tormenta ya que mi pies no reaccionaban, si plantaba para dar un paso se sentía como si miles de agujas se enterraran en ellos, así que lo único que me quedó, fue contar con la ayuda de mi amigo.

Abrazaba mis brazos para tratar de guardar un poco de calor lo cual era inútil, ni siquiera los dedos de mis manos los sentía tocándome, nuevamente el señor Jaken pidió a Sesshomaru tener un descanso, pues él también parecía estar congelandose pero el gran Yokai no respondía. Lo cierto es que era de esperarse, su silencio ya era una respuesta y debíamos de obedecerlo a pesar de las un momento a otro comencé a estornudar sin parar, el castaño de mis dientes no se detenía y temí que mi señor al escucharme se irritar a, no quería que pensara que era débil.
Entonces sin precio aviso, Sesshomaru se detuvo en seco y giró levemente el rostro.

Cuando se detuvo y sus ojos se cruzaron con los míos, supe de inmediato que ya sabía de mi estado. Sabía que ojos estaban llenos de lagrimas por el esfuerzo y creo que ya hasta se encontraban rojos así que a pesar de saber que me observaba bajé la mirada para ocultar el resfriado que había pescado.

Sin embargo, sin darme cuenta, cuando volví a levantar la mirada solo para comprobar que mi tonto plan había funcionado, la presencia frente a mi, me paralizó completa. Podría haber dicho algo, lo que sea, solo para despistar mi reacción pero no lo hice, ese poderoso Yokai me tenía perdida en él, en sus hermosos ojos, en su penetrante mirada, juro que por un instante no sabía dónde estaba, incluso el agua que estaba alrededor de todo mi cuerpo, ya no importó pues en ese momento solo existía una persona para mí y era él.

Continuó mirándome sin pronunciar palabra hasta que un calor abrumador se extendió por todo mi cuerpo al sentir sus manos acariciar mis mejillas.

- ¡Rin! – pronunció tan serio como siempre.

- ¿Eh? - suspiré.

- Ven aquí - y sin aun entender el significado de tales palabras, en un movimiento rápido, me tomó entre sus brazos.

No estoy segura de cómo pasó pero cuando me di cuenta, ya me tenía rodeada, agache mi cabeza y por lo lejos que ya nos encontrábamos del piso, me di cuenta de que había comenzado a ascender. Levanté nuevamente la mirada y lo vi, tan hermoso, con esa estoica actitud, solté aire era la primera vez que me cargaba desde que había dejado de ser una niña. Por instinto me abrase a su pecho al sentir con más fuerza el agua y el viento que golpeaba frente a nosotros.
A lo lejos pude distinguir que nos dirigíamos a una cascada cerca del bosque, al parecer detrás de ella se encontraba una estrecha cueva a donde me llevaría.

Llegamos rápidamente a la pequeña pero seca cueva, Sesshomaru tomó su estola en manos y la arrojó al piso para después bajarme delicadamente, colocándome encima de ella. Ambos escurríamos, de agua, aún me sentía temblar, alcé la mirada para ver a quién ya mantenía su mirada fija en mí.

Se agachó a mi altura y tomó nuevamente entre sus manos mi rostro, aquel acto me ruborizo a pesar de estar casi azul por el frío, lo sentí, sentí el enrojecer de mis mejillas por sentir sus manos acariciándome, lo miré con ilusión, con mis cafés ojos, era la primera vez que lo tenía tan cerca de mí, tan cerca de mi esos diamantes dorados, y esa delineada boca, solo me miraba, sin decir nada, parecería loca pero, sabía lo que pasaba, lo veía cada vez más y más cerca de mí, lo sé porque podía sentir claramente su aliento chocar con el mío.


Comentarios de la Autora:

Bueno aquí está este nuevo Fanfic. Espero que les guste mucho y que me apoyen leyendo, pero también con sus hermosos Reviews, ya que eso llenaría de mucha alegría mi corazón. Nos leemos en la siguiente actualización, les mando un súper abrazo y muchos besos.