Nami aún no forma parte de la tripulación y tampoco los conoce. Esta historia empieza por KidxNami, pero las cosas irán cambiando hasta convertirse en un LuffyxNami, que es la idea principal.

Esta historia se empezó a escribir en 2017, por lo que claramente está desfasada en cuanto al contenido oficial actual de la serie. En la tripulación de Kid hay algunos tripulantes inventados porque así me pareció.

Les recomiendo leer esta historia en Wattpad, bajo el mismo título. Pues ahí la tengo retocada y corregida, cosa que aquí me lleva algo más de tiempo por X razones.


CAPÍTULO 1: OBSESIÓN

Por la noche, un navío majestuoso e imponente permanecía en las orillas de Krisland, isla cuyo suelo era de cristal y donde las casas deslumbraban por sus materiales luminiscentes.

Ese barco pertenecía a uno de los piratas más peligrosos del mundo: Eustass Kid, un pirata con más de 500.000.000 berries de recompensa seguido por Monkey D. Luffy.

En el comedor del barco se podía oír cómo la tripulación armaba gran escándalo, comía con esverante ansiedad y reía con muchas ganas como si de una fiesta se tratase.

¡Brindemos! ¡Brindemos por nuestro capitán! —gritó Skrat, el cocinero.

Eustass Kid sonreía triunfante sentado en un sofá granate; ebrio, con la boca seca y los ojos que no podían mostrar mirada más sucia que aquella en la pelirroja.

Nami comía con lentitud, sabía que esa noche no podría escapar de sus garras, veía el deseo en su miraba. Era cierto que su capitán era sexy, fuerte, provocador y un sin fin de epítetos que, ahora mismo, no se les iba a dar coba. Kid solo la quería para completar el gozo de esas noches en las que bebía demasiado.

Parecía como si poseído por la lujuria se levantase del sofá y decidido se le acercase para poseerla ahí mismo, delante de todos. Pero se controló.

Vamos a mi camarote... —le susurró en la oreja con tono libidinoso.

A Nami se le erizó la piel. ¿Cómo podía excitarla tanto ese hombre con solo susurrarle? —Solo con mirarte sé que no estás en condiciones para seguir mi ritmo.

¿Me estás retando? —dicho esto los dos se encaminaron al exterior.

Al capitán le volvía loco el cuerpo de esa mujer, no podía parar de contemplarlo cada vez que se cruzaban por el barco, o simplemente con verla a lo lejos ya quería tomarla. Era como una obsesión. Él lo sabía pero también estaba al corriente de que la navegante sentía algo por él. No era de piedra tampoco.

Ya en el camarote, dieron rienda suelta a la noche mágica y salvaje, como casi todas las noches, para qué mentir.

En las madrugadas Nami era la primera en levantarse. Ni en los desayunos Kid podía apartar la mirada lujuriosa que siempre le dedicaba.

Nami se sentía observada y deseada por él. ¿Qué más podía querer que tener al capitán bajo sus pies?