Hola, es ya tarde por estos lares y en uno de mis arranques de insomnio, en el que decidí que sería buen momento para hacer una limpieza virtual, encontré esta historia a medio empezar. Y es este mismo impulso/capricho nocturno lo que me llevo a subirla. No tengo idea de hacia donde se dirija o si quiera si vaya a avanzar a alguna dirección pero al releerlo me han dado ganas de compartirlo, porque me temo he perdido esa ansiedad sobre si alguien lee o no lo que subo. Probablemente no lo continúe nunca o tal vez esta cuarentena sea inspiradora, cualquiera que sea el resultado espero que alguien o tal vez nadie, los disfrute.

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El helado viento azotó mi cuerpo una vez más. Apreté mi pesado abrigo tratando de entrar en calor, pero fue imposible. Miré alrededor en busca de algún lugar para resguardarme del frío, pero desde que era tan tarde mis esperanzas no fueron muchas. No, ni una sola alma en los alrededores.

Saqué mi telefono por millonesima vez y marqué su número.

Nada de nuevo.

¿Debería intentar entrar y buscarla? ¿O sería mejor esperar? Después de todo el concierto no podía durar eternamente.

Pero ¿Y sino estaba ahí? ¿Qué haría si mi corazonada no era correcta?

No, ella definitivamente se encontraba ahí. Durante semanas no había hecho más que hablar de lo maravilloso que sería poder acudir a uno de sus conciertos. Tanto había sido su acoso que llegue al punto de disgustarme y optar por ignorarla. Así que en definitiva ella tenía que estar dentro.

Miré al enorme edificio frente a mi. Era espectacular, la fachada de lo más moderna y sin duda atrayente para la mayoría de los jóvenes. Por encima de la entrada se podía leer el nombre del lugar iluminado con luces de colores chillones.

DAv Club.

Era uno de los nigth Clubs más famosos y concurridos en Tokyo. Cientos de estrellas locales e internacionales han pisado sus escenarios. La entrada era muy restringida. Si no eras alguien importante podrías pasar toda la noche esperando para entrar sin ninguna esperanza de lograrlo.

Pero ese no era problema para ella. Ser de las familias más adineradas del País le hacía jugar con cierta ventaja. Desde que la conocía no había nada que no pudiera hacer si se lo proponía. Algunas veces pensaba en lo diferente que eran nuestras vidas, y en la cantidad de caminos que se tuvieron que haber cruzado para conocernos. Era ridículo pensar en que existía algo como el destino, pero entonces ¿como le podría llamar a esto?

¿Coincidencia? Probablemente era solo eso.

O probablemente el frío estaba haciendo que pensara demasiado en cosas triviales. Si, eso definitivamente tenía sentido.

Suspiré y saqué con reticencia mi mano del bolsillo, no estaba lista para exponerla al frío de nuevo. Miré mi reloj, faltaban 15 minutos para la 1 am. Si no volvía pronto seguro que mi madre comenzaría a preocuparse. Y casi como si me estuviera leyendo el pensamiento, el celular comenzo a sonar.

Si, era mi madre.

-¿Aún no la encuentras querida?- sono al otro lado del telefono, definitivamente estaba preocupada.

-No. Y no he visto ni un alma salir del dichoso club tampoco. Aunque ¿quien querría con semejante frío? Yo no definitivamente.- mis dientes empezaron a castañear ¿No era esto un signo de hipotermia?

-¿Debería ir y ayudarte a buscarla?

-¿Con ese resfríado? Bueno supongo que podrias estornudar sobre el guardía hasta que nos deje entrar o mejor aún podríamos decirle que tienes la gripe aviar y que estornudarás en el si no evacua el edificio. Ya sabes lo paranoica que se pone la gente con todo este tema de la influenza, seguro funcionaría –Imaginé toda la escena y no pude evitar reir.

-¡Sora!-dijo mi madre apenas conteniendo la risa.-No es momento para hacer bromas- su voz volvió al tono de preocupación.- Me preocupa que estes sola en medio de la noche, no se que pensé cuando te deje ir. Deberíamos de haberle dicho la verdad a su madre y dejar que resolviera ella el problema.

Si, probablemente esa habría sido la opción más sensata. O la menos problemática para mí.

-Lo se, pero sabes como de estricta y tradicional es su madrastra. Ella nunca hubiera consentido que asistiera al concierto, ni a este ni a ningún otro. Y si me dejó como su coartada es porque esperaba que la cubriera. No quiero ni imaginar lo que su madrastra o cualqueir miembro de su familia le hará si llegan a enterarse.

- Creo que estas exagerando Sora, talvez no sea su hija biológica, pero estoy segura de que no le haría daño.

Si supieras madre, pensé.

-De cualquier forma, le mentimos y estoy aquí. No sirve de nada pensar en lo que pudimos haber hecho o dicho.

Intente balancearme un poco para producir algo de calor. Si me quedaba quieta por mucho tiempo mis músculos comenzaban a dolerme, así que debía mantenerme en movimiento.

-De acuerdo, pero si dentro de media hora no tienes noticia de ella, regresarás a la casa la hayas o no encontrado. No arriesgare la seguridad de mi hija por la de alguien más

-Pero madre…

-Nada de peros Sora. A la casa en media hora, con o sin ella ¿Entendiste?

Aun con la gangosa voz por su resfriado mi madre podría sonar tan autoritaria como el más temible de los sargentos.

-Entendido.

Me lanzó unas cuantas amenazas más y por fin colgó.

Bueno, ahora que mi tiempo se había reducido, era hora de tomar una estrategía más ofensiva.

Tenía que entrar en el DAv Club.

Decidida cruce la calle y me encaminé a la entrada. Solo tenía que lucir confiada, si dejaba ver aunque sea un poco de miedo al guardia, seguro que no me dejaba entrar. Y eso fue justo lo que paso al llegar.

-Lo siento, pero no puede pasar- dijo el guardia cortandome el paso. Algo que ya esperaba por supesto.

-¿En serio? Tengo entendido que esto es un establecimiento público. Yo soy parte de ese público y quiero entrar, así que apartese por favor.

Pensé que había sonado bastante convincente pero el guardia ni se inmuto. Esto sería más difícil de lo que pensaba.

-Efectivamente es un establecimeinto público, pero no para ese público al que usted pertenece. Aquí no entra cualquiera.- dijo burlonamente mientras me miraba de arriba abajo, como si mi ropa no fuera lo suficientemente elegante para el lugar.

Pero ¿que se creía este hombre? ¿La clase de público al que pertenezco?

Dios, el tipo era un guardia no el maldito dueño del local. En la escala social estabamos en el mismo peldaño de clase trabajadora, proletariados, clase obrera o como quisiera llamarle. Como se atrevía a tratarme como si fuera mejor que yo y jactarse del lugar como si fuera suyo, era de lo más patetico que había.

Traté de calmarme, enojarse solo conducía a actuar de manera estupida. Y con un estupido ya era suficiente.

-Miré, si no me quiere dejar entrar no importa no tengo deseos de entrar a tan exclusivo lugar, solo quiero saber si mi amiga esta dentro.- y entonces se me ocurrió una idea.- De hecho ella no debería estar aquí, es menor de edad, así que si no quiere que haga un problema de esto es mejor que vaya y la busque.

Los ojos del guardia vacilaron un poco pero enseguida volvio a mostrar su engreída sonrisa.

-Esa es de las excusas más estupidas que me han dicho ¿Cree que soy tonto?

Sí, definitivamente lo creía, pero ¿Quien era yo para decirselo?

-Ya le dije que no quiero entrar con que busque a la persona que le digo es suficiente.

-¿En serio? ¿Y como espera que lo haga sin que la deje entrar?

¿Cómo? Si, era una buena pregunta.

-Voceela o que se yo.

-¿Qué cree que es esto? ¿El jardín de niños donde llaman a los chiquillos a gritos para entregarlos a sus padres? No señorita. Este es un lugar de élite y no lo rebajaré solo para complacerla.

Este hombre de verdad que era algo más. Solo le estaba pidiendo que encontrara a alguién no que me dejara organizar una orgía.

-Bueno, entonces no se asombre si en unos minutos llega la policia. Cuando escuchen que han dejado a una menor entrar ni su elitísta y adorado club podrá salvarse.

El sonrío confiado.

-Haga lo que quiera, no hay ningun menor aquí yo mismo compruebo que nadie con menos de 18 años entre. Y si sigue molestando yo mismo haré esa llamada a la policia para que se la lleven.

Se acerco tanto a mi que el nauseabundo olor de su coloníabarata me rodeo hasta parecerme asfixiante.

-Ahora vayase de aquí.- Y sin más, me empujo por los hombros. La sorpresa que me produjo su acto imposibilito que reaccionará a tiempo y terminé cayendo sobre mi trasero con mi bolso y su contenido disperso por la banqueta.

El tipo soltó una carcajada que me dieron ganas de levantarme a borrarsela de la cara, pero sabía cuando una batalla era demasiado para mi. Después de todo el tipo era un guardia y tenía toda la pinta con los enormes brazos y ancha espalda. Era imposible. En esta batalla había ganado la fuerza bruta sobre la inteligencia.

El hombre se dio media vuelta y se metió al Club aun sonriendo. La música de dentro se coló por unos segundo hasta que la puerta se cerró de golpe. Al parecer el concierto aún seguía.

Miré alrededor y comencé a levantarme. Tomé mi bolso y regresé todo a su interior. Estaba tan enojada que ya ni sentía el frío. Crucé la calle y me encaminé de nuevo hacia el parque donde había estado esperando. Busqué una de las bancas donde tuviera la mejor visión al DAv Club y me senté.

Había pasado ya 15 minutos, solo me quedaban otros 15, más todo lo que pudiera alargar antes de que mi madre llamará de nuevo. Esto era una pesadilla.

Pasaron otros 10 minutos antes de que la gente empezara a salir. Por fin, pensé. Pero no fue una salida calmada, era más bien como una manada de animales, hembras para ser más especifica. Si, una enorme cantidad de chicas saliron atropelladamente por la puerta principal gritando y corriendo hacia la puerta trasera.

¿Y si había pasado algo?

Todas se fueron acumulando en la entrada como esperando a alguién. Enseguida una camioneta completamente negra se estacionó frente a la salida trasera. De pronto los gritos se hicieron más intensos y por fin uni los puntos.

La banda estaba saliendo.

Este era el momento que tenían las fans para tomar fotos y pedir autografos. Por lo que ella seguramente estaría en el frente, luchando con el resto por obtener algo de atención de sus idolos.

Y esta era mi mejor oportunidad para encontrarla antes de que se fuera.

Saqué mis lentes a toda prisa. Desde que tenía un obsesivo hábito por leer, mi vista había pagado las concecuencias de mi vicio. Así que cuando quería ver algo más que siluetas a lo lejos tenía que usar anteojos.

La busqué conciensudamente, hasta que por fin vi su castaño cabello con mechas rosas.

Por fin había encontrado a Mimi.

Estaba casí al frente de la muchedumbre, a la mitad del camino entre la camioneta y la salida. Calculé que si intentaba llegar a ella podría perderla de vista así que decidí quedarme observando. El grupo se estaba demorando en avanzar. Se tomaban bastante tiempo tratando de complacer a sus admiradoras.

La banda se llamaba Teenage Wolves estaba integrada por 4 chicos bien parecidos de entre 20- 25 años. Mimi estaba enamorada del líder y vocalista Yamato Ishida. Y eso era todo lo que sabía del grupo. Lo cual era una vergüenza para mi género según Mimi, quien no podía creer que alguna chica entre los 15 y 30 años no conozca a los famosisimos Teenage Wolves.

Me quedé mirando como los chicos se acercaban a las fans que nada tímidas se tomaban fotos con ellos. Era desagradable ver como se morían por un poco de su atención.

Miré hacia donde estaba Mimi y me quede en blanco.

Ella ya no estaba ahí.

Rápidamente escané la multitud pero no la veía por ningún lado.

¿Y si se había ido?

Saqué mi celular y le marqué. Nada.

¿Qué debía hacer ahora? La media hora había pasado y mi madre no tardaría en llamar.

Talvez si me acercaba y la llamaba podría encontrarla. No perdía nada con intentarlo.

Corrí hacía el mar de chicas que aun peleaban por acercarse a la banda. Abrace mi bolso y comencé a abrirme espació entre las fans. Grité una y otra vez su nombre, y examine todos los rostros a mi alrededor por si lograba verla, pero era una locura. Sin saber como llegué al frente de la fila y entonces la ví, estaba del otro lado del camino que habían formado los guardias para que la banda pasará.

¿Cómo demonios había llegado hasta ese lugar?

Levanté las manos haciendo señas y gritando su nombre, pero ella no volteó ni una vez.

Sería imposible pasar a travez de los guardias así que decidí roderar la multitud. Intenté abrirme paso hacia fuera, pero lo único que conseguí fue ser empujada contra uno de los guardias.

-Con que usted de nuevo, debí de haber imaginado que venía por la banda, seguramente es una acosadora. Es mejor que se vaya de aquí.

Perfecto, de nuevo el Sr. Guardía Esnobista.

Yo que por supuesto quería hacer eso mismo no vacilé ante su amenaza, pero antes de que pudiera dar la vuelta. Una de las chicas que estaba detras me empujo tomandome desprevenida. Enseguida salí disparada sobre el guardía y contrarío a lo que haría cualquier persona con el mínimo de conciencia moral, levanto su mano y lo siguiente que vi fue el suelo.

Si, el muy idiota me había golpeado y lo hizo con tal saña que al momento en que su mano se estrelló en mi pude sentir un chasquido en mi mandibula. De repente sentí que alguien pisaba mi mano y no pude evitar soltar un penoso chillido.

Levantarse era más complicado de lo que parecía. Me sentía tan aturdida como cuando te subes a uno de esos juegos monstruosos que te sacuden en todas direcciones. Levanté la cabeza tratando de orientarme y sentí como algo se caía al suelo. Bien al menos había conservado los lentes. Mi madre se pondría furiosa si perdía un par más.

Mi inutil intentó de levantarme solo consiguió que terminará tumbada sobre mi espalda. Miré el cielo y me di cuanta que no había ni una sola estrella. Que triste, pensé y cerre los ojos. Solo un instante me prometí, solo un instante y después volvería a intentar levantarme.

Cuando abrí mis ojos nuevamente lo primero que vi fue un angel. O al menos eso me pareció a mi, desde que no había visto ninguno en persona, no podía asegurar que lo fuera. Pero sin duda esos ojos azules me recordaban al algo celestial.

-¿Te encuentras bien?- preguntó el angel.

Yo asentí como pude y levanté mi mano para apartar las lagrimas que se acomulaban en mis ojos ¿En que momento comencé a llorar?

Seguramente después del golpe, pensé.

Una vez que limpie mis lágrimas, me di cuanta que la visión borrosa de celestiales ojos azules no era un ángel, sino uno de los miembros de la banda.

Con su ayuda logré sentarme en el suelo, y enseguida mi cabeza comenzo a dar vueltas. De acuerdo, tal vez no estaba tan bien como creía.

-¿Cuál es tu nombre?- pregunto el chico sin apartar sus ojos de mi.

-Takenouchi, Sora Takenouchi

-Muy bien ¿Sabes que día es hoy y en donde estamos?

¿Porqué me preguntaba eso?

-Mira- dije mientras me sostenía la cabeza que parecía no dejar de moverse- No quiero ser grosera, pero no tengo tiempo para esto. Si no sabes en que día vives o donde estas es que tienes un problema.- cerre mis ojos por un momento y cuando los abrí se el tenía una sonrisa en su rostro.

-Yo se que día es y en donde estamos, lo que quiero saber es si tu lo sabes.

-¿Por qué no habría de saberlo?-pregunté indignada.

El no abandonó su sonrisa.- Por el simple hecho de que tu cabeza revotó contra el concreto como una pelota de baloncesto. Solo quiero asegurarme de que no estas conmocionada. Por eso te pregunté tu nombre, el día y el lugar en el que estamos. Es para asegurarme que estas orientada en tus tres esferas.

Definitivamente estaba conmocionada, pero no de la forma que el pensaba.

-¿Mis tres esferas?

-Espacio, tiempo y persona. Eso me ayuda a saber si no tienes algun tipo de conmoción por el golpe.

Vaya, no era solo una cara bonita. También tenía algo de cerebro.

-No te preocupes, mis esferas estan perfectas y completamente orientadas.

El soltó una pequeña risa.- Eso parecé pero aún así es mejor que te lleve hasta la camioneta para ir al hospital.

Y sin pedir si quiera autorización me levanto en brazos. Le reclamé pero el no me hizo el menor caso.

-Te estoy diciendo que puedo caminar yo sola.- Mi cabeza aun emitia este molesto zumbido que no me dejaba protestar apropiadamente.

-Lo siento pero no te dejaré ir hasta que te haya revisado un médico.

El me sujetó aun más cerca de su cuerpo, podía sentir los músculos de su brazo y pecho bajo mi mano. Y me sonrojé inevitablemente. Nunca había sentido tal proximidad con algún muchacho. Tenía casí 20 años y esto para mí era algo totalmente nuevo. Podía sentir su respiración rozar mi rostro. Lo miré de reojo y vi que sonreía.

¿Habría notado mi sonrojo? Pensé avergonzada, seguramente no estaba tan mal si aun podía sonrojarme por tonterías. Y en todo caso, ¿Qué había de malo si lo había hecho? Estaba segura que no era ni la primera ni la última chica que se sonrojaba en su presencia. Era guapo y por la forma tan confiada en la que sonreía estaba segura que él lo sabía.

Es decir, no me estaba enamorando como el resto de las chicas, pero tenía que reconocer que su atractivo me ponía nerviosa. Su blanca piel contrastaba con su oscuro cabello que probablemente era negro. Y esos ojos.

Suspiré, seguramente era la envidía de todas las chicas que estaban aquí, miré a mi alrededor y vi como muchas me miraban con odio.

Si bueno, les cambiaria el lugar a cualquiera de ellas sin pensarlo dos veces.

-¿Entonces ya no te moverás y me permitirás llevarte?-preguntó el chico.

-Claro, ¿Por qué no?- resignada suspiré y cerré los ojos.

Estaba empezando a quedarme dormida cuando escuche mi nombre ser gritado.

-¡Sora!- el chico se giró conmigo en brazos y por fin pude verla.

Mimi estaba con todo su esplendor rosado tratando de pasar a un par de guardias que la mantenían a raya.

-Ustedes, idiotas muevanse. Esa chica que acaba de ser golpeada es mi amiga. Muevanse si no quieren que esto llegue a mayores.

-Déjenla pasar- dijo una voz masculina. Era el líder de la banda que estaba con el Sr. Guardia-golpeador-de-mujeres Esnobista.

Mimi corrió al instante junto a mi. Parecía que quería decir miles de cosas. Pero al final solo dijo:

-Sora ¿Te encuentras bien?- su voz sonó vacilante. Por supuesto ella sabía que estaba en problemas.

-Hablaremos en la casa- fue todo lo que atiné a decir sin terminar gritando.

-Muy bien- dijo mi salvador- Es mejor que avancemos.

En cuanto los integrantes comenzaron a dirigirse a la camioneta sin detenerse a firmar cosas o tomarse fotos, comenzaron las protestas de las Fans. Pero ni eso frenó el paso de los chicos.

Cuando llegamos a la camioneta, el chico de mirada celestial me dejó en el asiento trasero que era mucho más amplio y podía recostarme, si así lo deseaba.

El resto subió enseguida. Mimi parecia haberse olvidado por completo de mi porque en lugar de acompañarme en los asientos traseros se sentó a un lado del rubio. Por supuesto, yo arriesgaba mi vida por ayudarla y ella me pagaba ignorandome por completo en cuanto veía a un chico lindo. Que no era ni más ni menos Yamato Ishida, comparado con el yo no tenía mucho que hacer.

-Oh, estaba pensando en que sería mejor si te sentarás con tu amiga- dijo mi salvador dirigiendose a Mimi- seguramente se sentirá más cómoda si se puede apoyar en ti.

Mimi miró al rubio con anhelo, quien no le dirigió ni una mirada. Tenía los audifonos puestos y miraba hacia la ventana.

-Claro, por supuesto.

Mi salvador se acomodó en el lugar de Mimi, los otros dos se acomodaron en los asientos restantes.

-En cuanto nuestro manager regrese nos iremos- dijo uno de ellos, no pude identificar quien era.

Mimi dio las gracias por mi. Y comenzó a platicar con los chicos. Solo ella podría sacar provecho de una situación así.

Un sonido conocido interrumpió mis pensamientos. Mi celular.

Me incorporé buscando mi bolso pero no lo encontré por ningunlado.

-Toma- unos ojos azules me miraron con preocupación, el se había arrodillado en su asiento girado hacia mi mientras sostenía el bolso- estabas tan aturdida que ni cuanta te diste que la tome.

Le dí las gracias brevemente y me paresuré a buscar mi celular.

-¡Sora! Porque no contestas mis llamadas llevo 20 minutos intentando comunicarme. Te dije claramente que si no la encontrabas en media hora volverías con o sin ella.

-Tranquila madre- La cabeza me dolía horrores y tener a mi madre gritando por el telefono no ayudaba.- La encontré- dije mientras miraba a Mimi que ahora me prestaba atención.- Siento no haber contestado, pero se presentó algo. Y ahora vamos rumbo al hospital….- era mejor soltarle la bomba ahora, pensé- Y antes de que te alteres pensando en todas las cosas horribles que puedieron habernos pasado dejame decirte que todo estabien. Solo que me vi involucrada en un accidente, donde mi cabeza termino contra el piso.

-¡Oh, Sora!

-No te preocupes Mamá, estoy bien de verdad. Yo les aseguré que no tenía nada, pero han insistido en que me vea un médico. Ya sabes solo para estar seguros.

Me di cuenta que de repente todos habían cesado sus platicas y solo se podía escuchar mi voz y los lamentos de las chicas fuera del auto.

-De acuerdo, dime el hospital al que irán. Intentaré estar ahí para cuando lleguen. Y antes de que te inventes una serie de excusas para que no vaya dejame decirte que lo haré así tenga que buscar en cada hospital de Tokyo.

Eso casi me hace reír. Mi madre era igual de testaruda que yo.

-De esa forma tardadrás tanto que para cuando lo encuentres yo ya estaré en casa cómodamente dormida. Así que te daré la dirección, al menos si mueres en el camino por ser tan terca ya no será mi culpa.

Pregunté la dirección del hospital al chico angel quien seguiagirado en mi dirección y parecia perderse ni uno de mis movimientos. Se lo repetí a mi madre y me aseguró que estaría esperandome.

-Eso si no colapsas en el camino por la fiebre.- ella solo se río y colgo enseguida.

Suspiré y cerré mis ojos.

-Te recomendaría que no te durmieras.- no tuve que abrir los ojos para saber quien era.- Aun no puedo descartar que no tengas algun daño por el golpe y si duermes no podré darme cuenta si las cosas se ponen mal.

-Si tanto sabes del tema, bien podrías revisarme y darme el alta para que pueda ir a casa- dije aun con los ojos cerrado.

Escuche una discreta risa pero no era de él. Tal vez de algunos de sus compañeros.

-Se lo suficiente para preferir que te vea un médico, después de lo que hizo ese idiota es lo menos que podemos hacer.- su voz que siempre había sonado alegre ahora mostraba algo de enojo.

- El Sr. Guardia Esnobista tiene la culpa de esto, no tienes que sentirte responsable.

Por fin abrí los ojos y pude ver que la sonrisa había regresado a su rostro.

-Así que el Sr. Guardia Esnobista, parece que le sabes algunas cosas.

Intenté sonreír pero desde que tenía la mitad de mi cara inchandose por el golpe, lo unico que logré fue una rara mueca y mucho mucho dolor.

-Bueno si, unos minutos antes había intentado entrar pero a él no le pareció que mi ropa fuera lo suficientemente elegante para tan prestigioso lugar- miré mi atuendo. Había salido con un par de jeans y una sudadera con una enorme y amarilla cara feliz que me había robado de una pijamada en casa de Tai. Y como hacía tanto frío mi madre había insitido en que usara el gigantesco abrigo que mi padre había dejado.

Giré hacia Mimi que estaba siguiendo nuestra conversación. Ella lucia un hermoso vestido rosa que tenía una abertura lateral que dejaba al descubierto una de sus piernas desde el muslo. La parte superior era igual de escasa de tela, pero lo compensaba el peludo abrigo blanco que le cobría hasta la cintura. Sin duda mucho más adecuado que mi outfit de 10 min.

Miré de nuevo hacia mi salvador y agregue- Y probablemente tenía razón pero usar la fuerza nunca debería ser un recurso.

Un sonido lo hizo voltear. El manager por fin había llegado y nos comenzaríamos a movernos pronto.

El chico le dijo a Mimi que me mantuviera despierta hasta que llegaramos al hospital mientras el se giraba y comenzaba a platicar con su manager.

Mimi lo intentó los primero 3 minutos pero al ver que la ignoraba por completo volvió a su tarea de conversar con los chicos.

Que bueno que al menos alguien disfrutaba de este momento.