Capítulo 1: ojo por ojo, diente por diente

Buenas! Si, otra historia más, la numero 35. Ya se podría decir que soy veterano en esta red xD En esta ocasión os quiero traer algo de drama y aventura, que últimamente estoy abusando del humor absurdo. Y, como hace mucho que no toco a mi Menma, he decidido empezar a daros un poco del Menma Gaiden del que tanto he hablado en Kitsune no Kibo. Así que aquí lo tenéis.

LORE: En mi opinión, la dimensión de Menma no es realmente un reflejo oscuro de la de Naruto, si no un multiverso donde las cosas sucedieron de manera diferente. En el caso que nos atañe, el hecho diferencial será que Tobirama no mató a Izuna, si no que ocurrió al revés, enloqueciendo de dolor hashirama en lugar de Madara. A partir de ahí, cada acontecimiento lleva por lógica al siguiente (algunos como en la dimensión de Naruto, otros radicalmente diferentes), hasta el momento en que se produce el nacimiento de Menma. Como kushina y Minato están vivos, y no tiene sentido que Kizashi haruno vaya a buscar a Menma en medio de su pelea con el kiuby para sellar al biju en el, el origen de Menma como jinchuriki va a ser notablemente diferente.

Espero que os guste este primer, de espero muchos, mini relatos del Menma Gaiden. Sin más me despido, disfrutadlo!


-aaaaaaaaaaaa- personaje hablando.

-aaaaaaaaaaaa- personaje pensando.

-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural hablando.

-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural pensando.

RENUNCIA DE DERECHOS: Al igual que kishimoto no es dueño de mi enfoque de estos personajes, yo no soy dueño de la saga Naruto. Vamos, ojalá… como mínimo, daría un guión mejor al último arco…


Konohagakure no sato, la aldea ninja entre las hojas, la GRAN aldea del continente. Una villa dominante, próspera, eficiente… la mejor entre las mejores. Desde que fuera fundada hace casi un siglo por el grandioso uchiha Madara, la villa no había dejado de prosperar. El primer hokage reunió a los clanes bajo un mismo estandarte, su hermano Izuna profesionalizó el ejército y la academia ninja al sucederle, y luego el tercero había asentado todos los avances conseguidos. Actualmente, la aldea estaba tan avanzada que rebosaba de actividad, todo entre luces de Neón y enormes edificios de decenas de pisos, todo presidido por el monte hokage, desde cuya superficie vigilaban los rostros de los antiguos dirigentes todo lo que sucedía en esa villa. Bien era cierto que, entre tanto progreso, habían pasado momentos difíciles. Tres guerras mundiales, deserciones, sabotajes… eso sin contar el incidente con el kiuby de hace poco más de cuatro años. Pero lo que nos atañe no es una clase de historia… no, es algo mucho más sencillo…

-Y entonces, nuestros dioses tomaron sangre, hueso y ceniza del campo de batalla, lo mezclaron y de ahí nació el primero de los nuestros, el primer uzumaki.- explicó una bella mujer de pelo rojo apagado y ojos azules tan oscuros que parecían violetas. Su nombre era kushina uzumaki, la actual reina del remolino. Frente a ella, sentado en la cama y apenas cubierto por una colcha naranja con sapos dibujados, se encontraba un niño rubio de ojos azules más claros, un niño que no perdía un detalle de todo lo que le contase su madre. Se llamaba Menma uzumaki namikaze, el actual príncipe del remolino. Los dos últimos uzumaki del mundo, al menos los conocidos. De ahí la atención del niño con la historia de su madre: Menma devoraba toda la información referente a su clan. Orígenes, leyendas, costumbres… Menma había heredado de su madre el intenso amor por el remolino rojo, y solía preguntarle mil cosas cuando la mujer se acercaba a leerle un cuento cada noche, como pasaba en ese momento.

-Waw… ¿y por eso tenemos el pelo rojo?- preguntó el rubio, asintiendo kushina con una suave sonrisa. Si, eso era lo que decían las sagas, y no lo iba a discutir. Aunque tuvo que ponerse más seria cuando vio a su hijo mirar al suelo con tristeza.- Pero yo lo tengo amarillo… quiero tener el pelo rojo, dattebayo…

-Tu color de pelo es precioso Sochi, es mi color de pelo favorito… fue lo primero que me llamó la atención de tu padre…- declaró, guiñando un ojo al chiquillo y haciéndole sonrojarse de vuelta. Kami santo, cuando ese niño ponía ese gesto, kushina era incapaz de negarle nada… iba a tener un problema muy grave para alejarle de busconas roba hijos en un futuro…- Además, hay cosas mucho mejores para heredar que mi color de pelo… nuestra longevidad, por ejemplo. Muchos uzumaki llegaban a vivir más de cien años sochi…- reveló, abriendo los ojos con asombro el niño.

-Hala… ¿Como Tsunade baa chan?- preguntó con inocencia, riendo suavemente kushina.

-Mira que te gusta hacerla de rabiar eh…- respondió, sacando la lengua con un gesto travieso el rubio.- Pero mira, si que te he hablado alguna vez de una de esos uzumaki de más de cien años… La mujer de Shodaime hokage era una uzumaki, y vivió más de un siglo… Mito sama se llamaba.

-¿la mujer de Uchiha Madara era una uzumaki?- inquirió con admiración el rubio, asintiendo suavemente kushina de la que rememoraba los escasos momentos que pudo estar con esa mujer. La conoció en el último estadio de su vida, ya envejecida, y mostrando un carácter agrio y conflictivo, pero… esa mujer exudaba poder por cada poro. La mayor experta en fuinjutsu de la historia, usuaria del byakugou no in, la dama de fuego que fue el terror de sus enemigos durante las grandes guerras. Nunca compartió su forma amarga de ver el mundo, pero… no negaba que le hubiera gustado conocer a esa legendaria fuinmaster en otras circunstancias, quizás en ese hogar ancestral del que la anciana hablaba una y otra vez. Los comentarios de su hijo obligaron a la fémina a dejar de lado sus recuerdos.- Ojalá yo pueda vivir tanto como mito baa chan, kaa chan.

-Seguro que podrás sochi, aunque mito sama hacía trampa… la ayudaba kiuby.- confesó kushina, frunciendo el ceño el uzumaki. Antes de que preguntarse, la pelirroja comenzó a explicarlo.- Kiuby era un enorme kitsune de nueve colas hecho de fuego, una criatura de decenas de metros de altura forjado en chakra puro… Era puro poder, capaz de destruir naciones de un ataque si lo deseaba… solo nuestra familia fue capaz de contener a ese ser, no seguía las leyes de la naturaleza. Mito, la mejor usuaria de fuinjutsu de nuestra historia, lo tenía sellado dentro, y por ello tenía mucha más energía y fuerza que un uzumaki promedio…- el ojiazul no tardó mucho en relacionar esa descripción con uno de los libros que había leído hace unas semanas.

-El Kiuby… es ese zorro al que se enfrentó Kizashi sama, ¿no?- kushina se esforzó en no mostrar ningún gesto ante ese nombre, por lo que decidió desviar la atención. Prefería que su hijo se mantuviese ignorante de la relación de la familia uzumaki namikaze con el difunto yondaime hokage, kizashi haruno, al menos hasta que fuese más mayor y pudiese entenderlo todo en su contexto.

-Exacto, aunque te corregiré algo: no era EL kiuby, si no LA kiuby… kiuby era una mujer.- Menma volvió a mostrar esa curiosidad que encandilaba a la reina del remolino, dispuesto a hacer mil preguntas sobre esa mujer zorro tan poderosa y mito uzumaki. Pero no era el momento, que ya era tarde.- Otro día te hablaré de ella, que ahora toca dormir granuja, que mañana la tía Tsume quiere llevarte a rastrear…- el gesto de decepción del niño hizo a kushina enternecerse y sonreír. Mira que era cariñoso y afable su hijo… kami santo, lo mataría a achuchones si se dejase atrapar entre tanto correr y juguetear por la casa…- ¿quieres que me quede contigo hasta que te duermas, o que te deje la luz encendida?- ofreció, sabiendo que su hijo tenía algo de miedo a la oscuridad. Para ella no era un problema quedarse, lo había hecho ya varias veces… además, adoraba verle dormir, estaba aún más guapo dormido (si es que eso era posible). La ojivioleta añoraba esa época en la que dormía con su hijo en brazos, ambos juntos y sin despegarse… ser madre era lo mejor que le había ocurrido en su vida, aún con todo lo que conllevó. Sin embargo, Menma negó suavemente ante el ofrecimiento, sorprendiendo a la uzumaki mayor.

-No kaa chan… yo… quiero ser un niño grande. Y los niños grandes nunca tienen miedo a la oscuridad…- explicó, acariciando su mejilla kushina con ternura sin quitar esa sonrisa enternecida.

-Tú no tienes que ser un niño grande, sólo mi niño bueno…- declaró, deseando que su sochi no creciese nunca y se quedase con esa carita de ángel toda su vida. Sabía que no, que su niño crecía cada día y que en un futuro sería un hombre hecho y derecho, uno que la llenaría de orgullo… pero bueno, por ahora quería fantasear. Kushina besó la frente de su hijo y se levantó, viendo al niño cubrirse con su manta y prepararse para dormir.- Si tienes cualquier problema, estaré con tu padre aquí al lado, ¿vale?- le recordó antes de apagar la luz del cuarto y salir, asintiendo el rubio de la que cerraba sus ojos.

La fémina uzumaki cerró la puerta con cuidado, y suspiró ligeramente nada más terminar. Había sido un día agotador: todo el día revisando sellos, haciendo otros tantos nuevos, vendiéndolos de comercio en comercio… Lamentaba tener que dejar a Menma con Tsume o mikoto cuando tenía que trabajar, pero era una ocupación muy exigente, y su niño sólo tenía cuatro años, no podía acompañarla. Menos aún cuando, en la mayoría de negocios, o bien la insultaban, o bien la ofrecían un trato mucho más… íntimo… prefería a su hijo lejos de ese ambiente. Pero, por estos momentos de final de día, merecía la pena cada ápice de esfuerzo: su hijo estaba teniendo una infancia más o menos plena, fuera de algún incidente aislado relacionado con su visceral aldea; y nunca se iba a quejar de tener unos padres poco atentos o cariñosos. Kushina y Minato le daban a Menma una vida feliz. Y hablando del rubio mayor, se lo encontró en el salón, sentado en el sofá mientras leía un libro. Nada más sentarse la mujer a su lado para descansar un poco, el hombre habló.

-No deberías hablarle del kiuby…- recriminó veladamente ese hombre fuerte, alto y rubio de ojos azules que era Minato namikaze, el marido de kushina y padre de Menma, obteniendo un arqueo de ceja de kushina.

-Ha salido tan revoltoso como yo y tan valiente como tú, así que debo hablarle del peligro desde muy pronto para que no vaya a descubrirlo por si mismo…- resumió la mujer, obteniendo una ligera risa del namikaze antes de contestar.

-Supongo que tienes razón…- concedió divertido, para luego suspirar marcadamente.- perdón, es que estoy susceptible con la nueve colas… hoy me ha tocado patrullar el lugar donde murió, y siento como si ese frío me persiguiese hasta casa…

El lugar donde murió kiuby… las afueras de konoha. Tras ser extraída violentamente de la pelirroja durante el parto, la biju de nueve colas había dejado un reguero de sangre y destrucción por toda la hoja, sin encontrar a nadie capaz de pararla… hasta que apareció kizashi haruno. El legendario shinobi de la hoja, el héroe de la aldea y yondaime hokage a título póstumo. Ese guerrero consiguió sacarla fuera de la muralla empleando sus técnicas y criaturas de invocación y en uno de los bosques de las afueras logró matarla, aunque fuese a costa de su propia vida. Desde entonces, esa región no volvió a ser la misma, quedó corrompida en cuanto contactó el suelo con la sangre de la kiuby: la tierra se volvió negra y ácida, los árboles crecieron de forma exagerada y cubiertos de una corteza blanquecina y astillada que solía herir a todo el que la tocase, una antinatural y espesa bruma solía envolver el sitio… hasta los animales que allí vivían habían cambiado, volviéndose más grandes y agresivos. Ese bosque no tardó en recibir un nombre entre los aldeanos de konoha… el bosque de la muerte.

Debido a su carácter hostil, era común enviar patrullas chunnin al lugar para hacer barridos y control cinegético. Los shinobi recorrían el bosque, todos bien armados, y se enfrentaban a lo que fuese que apareciese para combatirlos… la alternativa era dejar que esas criaturas y plantas llegasen a konoha y matasen aldeanos, como sucedió los primeros meses después de la muerte de la kitsune. Osos de cinco metros de altura completamente rabiosos, manadas de lobos huargo coléricos, árboles cuyas ramas se retorcían y se acercaban cada vez más a ti hasta que era demasiado tarde… Un lugar de pesadilla al que konoha destinaba a sus chunnin de grado más bajo. Chunnin recién graduados, o que habían incurrido en alguna falta y se merecían un castigo… y, por supuesto, casi siempre Minato namikaze. El rubio se conocía ya ese lugar como la palma de su mano de tantas veces que lo había recorrido, era común que asumiese el mando del escuadrón a pesar de ser el shinobi de rango más bajo dentro del grupo… aunque no podía fiarse del grupo de turno jamás, sobre todo si podían empujarle contra esos seres en cualquier momento para tomarse la justicia por su mano…

-Lo sé…- interrumpió su línea de pensamientos kushina, mirando con la mandíbula apretada a la mesilla del humilde salón.- Ese lugar está maldito, me recuerda mucho a Uzushiogakure… las naciones ninja destruyeron mi aldea, y los uzumaki muertos maldijeron el lugar para que nadie pudiese arrebatarles su isla…- Minato tuvo que asentir tras recordar su visita a la isla del remolino junto a kushina cuando eran más jóvenes. Lo cierto es que ambos lugares desprendían la misma sensación, el mismo malestar. Prefería no ahondar mucho en ello…- Deberías decirle algo a esa momia de Sandaime, Minato kun… te envían allí casi cada día, y lo hacen como castigo… no es justo…- se quejó amargamente la pelirroja, suspirando de nuevo un cansado Minato.

-No te preocupes kushina chan… lo cierto es que es una fuente constante de dinero esas patrullas, gracias a ellas y a tus sellos podemos vivir el día a día…- recordó lo evidente, apretando los labios con frustración kushina. Otra vez volvía a surgirla esa pregunta, otra vez su culpabilidad salía a flote… necesitaba a su héroe de blondos cabellos otra vez.

-Te… ¿te arrepientes de lo que hiciste hace cuatro años, Minato kun?

Minato inspiró con fuerza. La eterna pregunta con la que le asaltaban una y otra vez, incluida su esposa… si daría la vuelta atrás en el tiempo y cambiaría lo acontecido la noche del nacimiento de Menma. Si, en lugar de quedarse estabilizando el sistema de chakra de su mujer para salvarle la vida, habría salido a luchar contra el kiuby junto a kizashi haruno. Básicamente, lo que le exigía konoha: que escogiese a la aldea por encima de a su familia, porque todos lo tenían claro… si Minato namikaze, el legendario relámpago amarillo, en lugar de quedarse a salvo en su casa, hubiese salido a luchar, yondaime sama no estaría muerto. Es más, probablemente tendrían al nueve colas sellado de nuevo en el último varón uzumaki, y la villa no habría perdido tanto como perdió esa noche. En cambio, Minato se había quedado con su familia, y las consecuencias no se habían hecho esperar.

Para empezar, Kushina uzumaki sufrió en sus carnes los efectos de una extracción forzosa de un biju. Cierto es que sobrevivió gracias al chakra que le transfirió el rubio usando fuinjutsu, pero no gratis: su sistema de chakra quedó destrozado, incapacitándola como kunoichi salvo para uso de fuinjutsu y kenjutsu uzumaki; y su matriz se volvió yerma debido al accidentado parto, imposibilitando la venida al mundo de nuevos uzumaki hasta que Menma fuese adulto. En cuanto a Minato, fue degradado de principal candidato a yondaime a chunnin del rango más bajo, todo para contentar a la indignada plebe, que exigía incluso su cabeza al sandaime. Luego, el repudio de la aldea trajo consigo también otro castigo: el clan uzumaki vio como de pronto era incapaz de pagar sus deudas y como ningún cliente quería contratarlos, ni tan siquiera comprar sus legendarios sellos. Tuvieron que vender su enorme complejo a precio de risa, y con lo obtenido empezar de nuevo en un humilde piso de los barrios bajos, lejos de todo. En resumen: la decisión de Minato les había llevado de la cumbre a la ruina. Y, aún con todo, la respuesta a la pregunta de kushina apareció cristalina en la mente del rubio, como cada vez anterior.

-Nunca… si hubiese salido a luchar, tú habrías muerto, y Menma probablemente habría acabado huérfano y jinchuriki… y estos años me han demostrado la infancia que habría tenido mi hijo.- resumió el relámpago amarillo, frunciendo el ceño. Solo de imaginarse a su niño sólo en konoha, a merced de aldeanos vengativos que solo piensan en su propio bien y que no tienen reparo alguno en cebarse con un infante con tal de cobrarse una imaginaria afrenta… buff, notaba su ira crecer. Pudo serenarse en cuanto su esposa lo notó y le tomó la mano, mirándole con esos ojos violeta tan hermosos, dándole el apoyo que sabía que necesitaba.- Tuve que escoger entre la aldea y mi familia, kushina chan… y cada día me demostráis que hice lo correcto…- la fémina acarició su mejilla, conmovida por la respuesta. Su Minato kun, el héroe que la salvó de Kumo cuando era una niña, que volvió a hacerlo de Iwa cuando todo parecía perdido en la guerra, el hombre que la hizo mujer y le dio el hijo más perfecto del mundo… su héroe. Cada día agradecía al cielo por tenerle… él y Menma la hacían intensamente feliz.

-Te quiero aunque seas así de cursi, baka…- resumió la mujer mientras contenía el llanto, buscando transmitirle las mil emociones que le hacía sentir el rubio. Minato sonrió plenamente, y se acercó a esos labios.

-Y yo a ti… kushina chan…

No pudieron besarse. De inmediato, la fémina frunció el ceño y se separó. Su ojo de kagura, aún malogrado, había saltado de pronto, y con fuerza. Mientras, Minato sintió como los sellos de su costado izquierdo se calentaban… los sellos de alarma del hogar. Se acercaban intrusos. Aunque el matrimonio iba a estar preparado para encontrarlos: sin cruzar palabra, ambos desenvainaron sus armas tras invocarlas con sellos. Kushina una gigantesca nodachi de mango rojo llamada "akashio" (marea sangrienta), el arma con la que había ascendido a la cumbre del continente en lo que a kenjutsu se refiere; Minato dos kunai de tres puntas con su legendaria técnica en el mango, el arma que temían en Iwa aún más que a shinigami. Cuando los tres intrusos aparecieron destrozando la pequeña ventana del salón, esperando encontrarse a sus víctimas cansadas y distraídas, fueron recibidos con acero y sellos. Nadie había aprendido nada de la victoria pírrica obtenida en uzushiogakure por las naciones shinobi: no era una buena idea atacar a un uzumaki en su hogar.

Había que reconocer que su forma de aparecer sorprendió por un instante al matrimonio: se esperaban un ataque por la puerta encabezado por aldeanos coléricos y borrachos, quizás algún chunnin o gennin lo suficientemente estúpido como para incumplir la orden del hokage de no atacar la residencia del matrimonio namikaze. Pero, en su lugar, aparecieron sólo tres individuos… y vestidos de anbu. No podían ser de konoha: ni un solo anbu de la hoja incumpliría la orden de sandaime hokage de dejarles en paz, su control era férreo sobre ese cuerpo. Y tampoco podían ser los autómatas paramilitares de ese manco desgraciado que aconsejaba al hokage, nunca se expondría así por atacar a Minato o Kushina. No, estos anbu eran extranjeros… y ambos shinobi ya se hacían una idea de su procedencia. Aunque al fin y al cabo daba igual: estaban muertos desde que aceptaron esta misión. Un simple gesto de manos de kushina y los sellos inhibidores de chakra del piso los dejaron incapaces de usar genjutsu o ninjutsu, convirtiendo el asalto en una pelea de kenjutsu… y, ahí, el matrimonio no tenía rival.

El que parecía ser el líder atacó a Minato, mientras sus dos compañeros, un hombre y una mujer, fueron a por kushina. Probablemente confiaban en ejecutarla rápido al considerarla la más débil debido a su sistema de chakra destrozado… craso error. En kenjutsu, kushina era aún más mortífera que el relámpago amarillo. Una estocada fallida de la anbu, y sus dos manos se separaron del cuerpo en medio de un reguero de sangre. No pudo ni gritar antes de que kushina la decapitase con una kata perfecta. Su compañero le dio un poco más de pelea a la pelirroja, principalmente porque adoptó una estrategia más conservadora. Aún con todo, a los pocos minutos acabó dividido en dos por una estocada descendente de akashio, con su katana partida en mil pedazos. Ningún acero podía rivalizar con el acero uzumaki. En cuanto al rival de minato, el rubio pudo constatar que era el capitán del escuadrón. Fue lo suficientemente habilidoso como para entretenerlo el tiempo que tardó kushina en acabar con sus dos subordinados, pero su final estaba escrito. Tras un parpadeo y un flash amarillo, el hombre estaba intentando evitar que sus tripas se desparramasen por el suelo antes de morir.

-No habéis dado la talla me temo…- murmuró Minato, quitando la careta a ese hombre mientras kushina al fondo lo miraba con desidia, cubierta de sangre. Su marido estaba en lo cierto: había sido un asalto patético. Casi suicida. Ese hombre castaño que se afanaba por respirar no había logrado nada.- Onoki debe de estar totalmente desesperado para haber aprobado esta misión y arriesgarse a una nueva guerra con konoha…- espetó el rubio, revelando que ya sabía quién era el que había enviado a este escuadrón. Onoki de Iwa, sandaime tsuchikage, ese viejo amargado obsesionado con vengarse de Minato namikaze por lo ocurrido en la última gran guerra ninja. Tanto el ojiazul como la ojivioleta estaban permanentemente alerta por si ese desgraciado enviaba a sus hombres a matar al rubio, tranquilamente lo había intentado varias decenas de veces desde la batalla donde Minato acabó con la vida de su única hija, así como con la de otros 500 guerreros de la nación de la roca. Pero este había sido, sin duda, el intento más torpe de todos. Aunque eso no explicase que el capitán anbu sonriese abiertamente, incluso a pesar de estar escupiendo sangre a cantidades necesariamente mortales.

-Yo… yo creo que si hemos dado la… talla, Namikaze…- el hombre se rio, provocando aún más sangrado y arrancando un gesto de asco al ojiazul. Le daba igual morir con tal de despreciarle. Otro puñetero fanático, estupendo…- mi… mi hermano… el que tú mataste en ese bosque durante la guerra… me… me recibirá con los brazos abiertos tras cumplir con mi misión…- Minato habría temido algún atentado kamikaze, o la llegada de refuerzos, pero era imposible. Los sellos de proximidad no alertaban de más intrusos acercándose, y era imposible activar sellos explosivos tras inhibir el chakra kushina. Ese hombre no tenía forma alguna de matarlos… pero, aún así, le estaba regalando la sonrisa de enfermiza satisfacción más marcada que había visto en su vida, lo que hizo fruncir el ceño a Minato.

-¿Tu misión era morir y obligarnos a limpiar el piso de tus entrañas?- repuso el rubio, pero nunca se esperó la respuesta del moribundo anbu de Iwa.

-O… Onoki sama te… te envía un mensaje, Namikaze… Ojo por ojo… Diente por diente…- pudo balbucear, notando la vida escurrirse poco a poco desde su estómago, aunque no lo suficientemente rápido como para evitar una despedida con una sonrisa y unas últimas palabras.- Hijo… por hijo…

Minato namikaze destacaba por ser el hombre más rápido del mundo. No era exagerado decir que podía recorrer el continente entero en una fracción de segundo si poseía sellos en los lugares adecuados. Esa habilidad requería de una mente afilada, muy despierta, capaz de adaptarse en menos de un segundo al cambio de escenario producido por su técnica. Su comprensión del espacio tiempo excedía la de cualquier ser humano conocido, sobre todo si usaba la última fase de su hirashin. Para minato, su entorno era volátil, y así lo entendía… arriba podía ser de pronto abajo, calor podía pasar a frío de golpe, de estar solo a en medio de una multitud... Pero, aún con todo ese entrenamiento, aún con esa mente privilegiada que tenía, no pudo reaccionar coherentemente a esa despedida del capitán anbu. No, en lugar de actuar, se quedó mirando con los ojos como platos y el labio temblando ese rostro ya sin vida. Ese hombre seguía con esa sonrisa enfermiza dibujada en su cara, y él todavía no era capaz de asimilar lo que decía esa frase. Ojo por ojo, diente por diente, hijo por hijo… Se… ¿se refería a su pequeño, menma? ¿A su niño?

Por supuesto, Kushina no fue tan lenta. En cuanto oyó la palabra hijo, la fémina abrió los ojos con espanto y corrió como una exhalación rumbo al cuarto de su hijo, gritando por su sochi con desesperación. Su grito de espanto al llegar al lugar heló la sangre del namikaze, tanto que todo se volvió opaco para él. Su visión se oscurecía, la casa daba vueltas a su alrededor, los sonidos del llanto y los gritos de kushina le llegaban amortiguados, como si estuviese sumergido en el agua. Minato, aún en shock, se separó del cuerpo del anbu muerto, y se movió tambaleándose rumbo al cuarto de su hijo. No… no podía ser posible… no. Su hijo era un niño inocente, no… no tenía nada que ver con lo ocurrido en la guerra, onoki no podía estar tan enfermo de rencor como para hacerle nada. Todo tenía que ser un error, incluso una pesadilla. Onoki no podía haber cruzado la línea de esa manera…

Pero hay un dicho terrible en la vida que se podía aplicar a este momento… los pecados de los padres, los pagarán los hijos. Minato ni tan siquiera pudo entrar al cuarto… el simple hecho de ver el brazo derecho de su hijo, cercenado a la altura del codo, tirado en medio del pasillo en medio de un charco de sangre, fue suficiente para hacerle vomitar y privarle de sus últimas fuerzas.

Ojo por ojo, diente por diente… e hijo por hijo. Esa era la ley de Onoki de Iwa.


Y fin. Como veis, Naruto no tiene suerte en ninguna dimensión. Lo mismo es un huérfano objeto de crueldades por la población de konoha, que la víctima de un atentado de venganza mandado por onoki. Espero que Kushina haya quedado bien, lo cierto es que es el pj más importante de esta historia… en fin, pronto tendréis el segundo capítulo, hasta entonces!