Carta
Para: Kagome.
De: Kagome cinco años después.
Está es una carta a mi "yo" de hace cinco años. El único y sabio consejo que te daré es que no elijas estudiar periodismo. Por favor no cometas esa estupidez.
Puedes elegir entre lo más soso, como una reparadora de arte o una administración. Pero nunca, nunca de los nunca periodismo. Luego de concluir tu carrera muy apenas sobrevives los tres meses. Posteriormente te den la planta en una pequeña revista del corazón, cosa que no te agrada porque tu jefa te trata como una vil asistente. Pero que después necesitara de tu ayuda (la muy perra).
Y olvídate de ingresar a las filas del New York Times. Eso en la vida no te pasara. Tu principal error fue acceder a vender tu alma a tu jefa y por un treinta por ciento (cosa que no viste ni veras nunca).
Pero te contaré porque estamos en una gran encrucijada... A lujo de detalle, es válido que se te mojen las pantis al leer cada palabra de lo aquí te diré.
Sé que frunciste el cejo al leer eso. Pero es que en toda historia hay un chico, bueno, en la nuestra un hombre.
Y vaya que hombre... es la principal razón de que acabamos removiendo la carne de hamburguesas en el negocio de papá.
Capítulo 1
Vender el alma al diablo
(o más bien a tu jefa)
Tenía sostenido el bolígrafo entre el labio superior y la nariz. De vez en cuando fruncía el ceño y por más que leyera una y otra vez las notas escritas en los post it de colores que se encontraban pegado alrededor de su ordenador no tenía ni idea de cómo iniciar esa redacción.
Bueno ¿De entrada porque tenía un bolígrafo cuando usaba siempre el ordenador?
Desde que se graduó en periodismo y comunicación o mejor dicho mucho antes de hacerlo. Pensaba que acabaría en un puesto como reportera, investigando, redactando notas o mejor aún ser presentadora de un CNN o trabajar en un periódico prestigiado como "THE NEW YORK TIMES"
Pero para su desgracia, no pasó ninguna de esas dos cosas y acabó en una revista de corazones y ahora tenía que escribir un artículo sobre las canciones más escuchadas en la plataforma de Tik Tok.
Incluso, si no le hubiesen dado la planta con un poco de aumentado en el sueldo, probablemente acabaría por renunciar a sus sueños y regresar a Chicago y ayudarle a su padre con el negocio familiar.
Pero simplemente no se vía apaleando hamburguesas o atendiendo la caja. Además, su padre ya había cumplido con educarla, ahorrando desde que era una pequeña para que usara ese fondo en sus estudios. Era tiempo de darle una gratificación, la vería tocar la cima, cuando publicara una noticia de verdad le enviaría una copia a su padre.
Odiaba su trabajo, eso era evidente. Pero sin un trabajo no podía comprar comida, esos vestidos rebajados en Macy's y sobre todo no podría pagar el alquiler que compartía junto a sus dos amigas. Suspiró, si, la vida de adulto era complicada.
Al menos sus dos amigas tenían trabajos normales, por así decirlo. Sango era maestra en un jardín de niños. Que, por cierto, muy a menudo iba para hablar de como era su trabajo y lo que hacía. Cabe decir que la última vez terminó mal porque los niños comenzaron a cuestionarle su soltería. De Ayame, bueno trabajaba como asistente en un despacho de abogados.
Así que aquí estaba, jugando con el bolígrafo mientras contemplaba el ordenador, tratando de redactar las diez canciones más escuchadas de Tik Tok.
Escuchó las puertas del ascensor abrirse y unos tacones que repicoteaban el suelo de mármol blanco con una elegancia rotunda. No necesitaba voltear a ver quién era para saberlo. Pues en automático todos los empleados ocuparon sus lugares y figuraron escribir.
Se sobresaltó cuando un abrigo y una bolsa cayó sobre su mesa.
Ella levantó la cabeza y se encontró con los ojos verdes y fríos de su jefa.
― ¿Ya has terminado con el artículo, Kagome?
Ella negó, lentamente.
―En eso estoy, señorita Michelle.
―Entonces ¿Qué esperas para hacerlo? – se cruzó de brazos – No te pago por venir aquí, a estar sentada todo el día y hacer nada. – comenzó a avanzar hacia su oficina – Tráeme mi té verde. En cuanto termines con el artículo se lo llevas a Jackson. Le dices que ocupo el boceto de la publicación de este mes antes de su impresión. Y a las dos tendremos una junta. Estarás presente esta vez.
Antes de entrar a su oficina, le lanzó una última mirada.
―Ah, y mi té lo quiero sin azúcar. No sé cuántas veces debo repetirlo.
―Si señorita Michelle.
Dejó escapar un largo suspiro y soltó el bolígrafo. Colgó las cosas de su jefa en un perchero y fue directo a un Starbucks a comprarle el té de siempre. Al regresar lo primero que hizo fue terminar su escrito sobre las canciones más escuchadas y no le llevó ni media hora cuando ya estaba listo. Lo edito muy bien y le fue a llevar el boceto a Jackson, éste a su vez le entregó todo ordenado para que viera la jefa como saldría la publicación del mes.
Con suerte y llegó a tiempo a junta, porque todos los integrantes de la revista estaban reunidos. El único lugar disponible era un pequeño banco alejado de aquel lugar. Sacó un bloc de notas dispuesta a ser todo lo profesional que debía hacer, lista para aportar ideas por si preguntaban.
Claro, no siempre tomaban en cuenta sus ideas.
¡Debía conseguirse un trabajo ya!
Su jefa, alta y esbelta como siempre tenía la mirada de pocos amigos. Eso significaba que no estaba de buen humor (eso no era raro en ella, siempre lo estaba).
―Se preguntarán porque los he mandado a citar a todos y cada uno de ustedes – apunto a cada uno de sus empleados con un dedo –La semana que viene, por motivo del aniversario número veinte de nuestra revista. Hemos tenido una idea. Cada mes será dedicado a una figura pública.
Una chica menuda que estaba justo al lado de Kagome levantó la mano y la señorita Michelle hizo una mueca y le dio permiso de preguntar.
― ¿Sin importar el sexo?
Ante ese comentario, la directora esbozó una sonrisa y por consiguiente soltó una carcajada sonora. Arrancando risas entre los presentes. Solo cuando ella cayó, los demás lo hicieran.
―No seas estúpida Angie – dijo con ironía – El noventa por ciento de nuestros lectores son mujeres. Responde, las chicas que van a preferir ¿Una revista dedicada a los secretos más íntimos de Tom Hilddeston o los de Taylor Swift?
La respuesta era evidente, se dijo Kagome para sus adentros. Taylor Swift no era mucho de su agrado, pero juraba por todos los dioses que le encantaría ver una revista dedicada al cien por ciento al dios de las mentiras.
―Responde, Angie – su tono fue más severo.
En ese momento Kagome no quería ser aquella chica incluso sentía pena ajena. Todas las miradas estaban enfocadas ella.
―Tom Hilddeston – dijo al fin.
La jefa aplaudió con mucha ironía ante la respuesta de la joven.
―Así es, cada mes será dedicada exclusivamente a un hombre. Puede ser una figura pública o desde el empresario más exitoso.
Giró sobre sus talones y escribió un nombre en una pizarra.
―Y para nuestro cierre especial, que será en octubre y justo a vísperas de nuestro aniversario, quiero a ese hombre en nuestra última edición.
Todos los presentes se quedaron mirando la pizarra, sorprendidos ante la osadía de su jefa. Kagome no comprendía nada, era solo un nombre ni siquiera conocía a ese hombre del que quería en la última portada.
―Quiero saber todo de él. Que come, que hace durante sus días de ocio, con cuantas mujeres se acuesta en una semana. Quiero que se adentren en la piel de ese hombre. Si es preciso se convertirán en su sombra– casi lo decía sin respirar ― ¿Y bien? – volvió a sonreír ― ¿Qué dicen al respecto?
Se escuchaba el tic tac de un reloj a lo lejos. Alguien golpear una pluma contra un cuaderno y otro golpeando los pies al suelo. Pero ninguno se atrevía hablar. Hasta que lo hizo un joven.
―Pienso que es una idiotez.
La señorita Michelle frunció el cejo y se cruzó de brazos.
― ¿Explícame porque es una idiotez, Andrew?
―Porque básicamente, desde que Inuyasha Taisho se hizo cargo del emporio de su padre nadie ha hablado de él. Eso es exactamente desde hace quince años. Demanda a cualquier revista que se haya atrevido a indagar sobre su vida íntima, sin importar por más mínima que haya sido la información. El hombre es casi completamente anónimo a todo. Ni siquiera tiene Instagram.
― ¿Me estás diciendo que te crees incapaz para investigar sobre él? – ese fue un reto.
―No – negó el chico – No me creo incapaz. Sino que soy realista. Publicamos toda una revista entera sobre él y adiós a nuestro trabajo.
― ¿Ni porque el treinta por ciento de las ganancias sea destinado a quien escribió la revista entera?
La voz de Andrew flaqueó en ese momento. Todos se miraron los unos a los otros. Incapaz de creer lo que habían escuchado.
― Ni siquiera por el treinta por ciento vendería mi alma al diablo – respondió seguro de sí mismo, levantándose de su asiento – Muchas veces te he apoyado y sabes que es incondicional. Pero en esta ocasión no, más vale mi integridad que escribir sobre él.
― Pero no quiere decir que tenga negocios turbios.
― No – se adelantó a decir una chica – No queremos decir eso. Porque sabemos que no es así. Simplemente hablar de ese hombre es ponerse la soga al cuello. Ve lo que le paso a Teen Tops solo porque publicó una fotografía de él a lado de una amante. La hizo llevar a la quiebra y tú – la señaló ― ¡Quieres una revista entera! ¿Te imaginas lo que nos hará ese hombre!
Hubo un rotundo silencio, en aquella habitación fácilmente se podría cortar la tensión con un cuchillo. Kagome cerró su cuaderno, esto sin duda no era de mayor relevancia, así que no tendría caso redactar alguna especie de informe. Podría ver el rosto de su jefa, era una mezcla entre decepción y enfado.
― Debo decir que cada uno de ustedes me ha decepcionado – comentó al final – Pero les daré la oportunidad de elegir. No habrá represalias, se los garantizo. Aquel que no quiera redactar algo sobre Inuyasha Taisho puede sacar su trasero de esta habitación y seguir con sus actividades.
Prácticamente todos se levantaron y abandonaron la sala. Las únicas que se quedaron habían sido su jefa y ella. Pero cuando Kagome estaba a punto de levantarse para salir y continuar con sus actividades, ya que ella nunca tenía que ver en estas publicaciones y permanecer ahí no tenía caso.
― Tú te quedas.
La voz de su jefa la hizo detenerse, giró sobre sus talones solo para ver que la mujer le indicaba que volviera a tomar asiento.
― Estoy decepcionada Kagome – comentó, a la par que tomaba asiento sobre la enorme mesa de caoba.
La miraba a ella y de vez en cuando a los cristales. Por dentro ella podía ver las actividades de sus empleados, pero estos no. Técnicamente no sabía que responder a eso.
― Todos ellos – señaló sobre el cristal – Son cobardes. Personas totalmente conformistas. Que por tener un trabajo estable piensan que ya tienen el cielo asegurado – miró a Kagome ― ¿Eres una de ellos, Kagome?
― ¿Una qué, señorita Michelle?
― Una persona conformista, querida.
De hecho, no era, era un poco ambiciosa. El trabajo que tenía había sido casualidad, fue porque era el único que pudo conseguir, pero en cuanto tuviera la menor oportunidad de migrar lo haría sin dudarlo ni un poco.
― Nunca lo he sido ni lo seré – su tono era seguro, como si quisiera impresionar a la mujer.
La señorita Michelle era una mujer muy atractiva, esbelta, de cabello largo y ondulado. Con frecuencia se quitaba la edad, si hoy eran treinta y ocho al día siguiente eran treinta y seis. Pero su edad real eran los cuarenta y uno y eso lo sabía a la perfección porque era muy amiga de la auxiliar de recursos humanos.
Sintió la mirada gélida de su jefa, la recorrió de arriba abajo haciéndola sentir extrañamente incomoda. Más que eso. Era como si estuviera analizando una presa.
― ¿Cuántos años tienes, Kagome?
― Veintitrés.
La vio mover de arriba abajo la cabeza y esbozar una media sonrisa.
― Estas en la flor de la juventud. En la edad de querer comer el mundo entero para ti sola.
― Disculpe señorita Michelle – dijo apenada ― ¿A dónde quiere llegar con todo esto?
Entonces, ocurrió lo impensable. Su jefa bajó de la mesa, se acomodó el dobladillo de su vestido y avanzó hacía ella muy lentamente. Apoyo una mano en el respaldo y la otra en la orejera de la silla y la acorralo.
Muy bien, si la acosaba tendría que salir huyendo y renunciar a ese empleo.
― Quiero que seas mi infiltrada, cariño.
Retiró una mano de la silla y levantó el mentón de su asistente. Bueno, eso era lo que para ella significa. Una simple asistente que nunca saldría de eso. Un pequeño ratón de biblioteca del cual nadie sospecharía nada. Porque, era una niña demasiado aburrida y sin gracia como para llamar la atención y menos la del implacable Inuyasha Taisho.
― Alguien como tú me resultaría útil en esta misión. Veras – se apartó de ella y comenzó a caminar de un lado a otro – Tengo un informante dentro de Industrias Taisho. El jefe de publicidad va a ocupar una asistente, por lo que ya están buscando a la candidata perfecta a cubrir dicho puesto.
Bueno, sabía un poco de publicidad, lo que no supondría ningún problema.
― Si aceptas, estarás un paso adentro. Solo te verá el jefe de publicidad hará unas preguntas, que el mismo informante nos pasará y en tan solo un parpadear estarás dentro. Vigilaras cada cosa que haga, con quien habla, quien lo visita. De ser preciso conviértete en amiga de su asistente.
O su jefa se estaba volviendo completamente loca o ella era la loca.
― ¿Y porque no lo hace su informante?
― Porque no se arriesgaría a perder su trabajo. Así de simple. _ se detuvo y la miró – Piénsalo, te doy de aquí a mañana. Si elijes esta oportunidad recuerda que el treinta por ciento de las ventas será completamente tuyo.
Ahora sabía lo que era vender el alma al diablo. Porque no necesitó un día para aceptar la oferta. Con un leve gesto accedió a la demanda de su jefa.
¿Qué?
¡Era el treinta por ciento!
La revista vendía muy bien y si ese hombre estaba en boca de las mujeres solteras, seguramente se vendería como pan caliente en un día de invierno.
Lo primero que hizo esa tarde al salir del trabajado, fue llegar al departamento que compartía con sus dos amigas. Sango y Ayame, pero únicamente se encontraba en casa Sango. A quién encontró peleando con el horno.
― ¿Qué haces?
Cuando ella giró, la primera reacción de Kagome fue retroceder unos cuantos pasos. Su amiga estaba llena de harina por todos lados. No solo en la cara.
― Me estoy peleando con este estúpido horno – se notaba muy frustrada – Quedé en prepararle un pastel a mi suegra con motivo de su cumpleaños.
Suspiró, a la par que se recargaba en la barra y tomaba una copa.
― Soy un desastre para la repostería – admitió ― Nunca he sido buena.
Kagome sonrió y tomó asiento en un banquillo frente a la barra de la cocina.
― ¿Y desde cuando has sido buena para el fondant y todas esas cosas?
Sango, levantó la cabeza y la miró con el cejo fruncido.
― Muy graciosa – suspiró, mirando su intento de pastel en el horno – Creo que en un universo alterno hubiera sido una gran repostera.
― Si, pero no lo eres en éste.
Era verdad y lo admitía. Para lo que, si es excelente, era en educar a sus niños de preescolar. De hecho, en varias ocasiones había sido invitada por su amiga para hablar con los pequeños y grandes futuros del mundo, sobre lo que se dedicaba. Pero cabe mencionar que esa exposición no acabó bien. Los pequeños, que, aunque fuesen inocentes eran más mordaces que ella misma.
Acabaron por cuestionarle su soltería, su viejez, aun y aunque tuviera veintitrés años. Que porque no tenía novio. Bueno, no es que no quisiera alguna de esas cosas, lo que pasa es que estaba tan concentrada en su trabajo que había descuidado su vida sentimental.
Ayame una vez intentó concretar una cita a ciegas con un amigo de su novio, pero simplemente fue un desastre desde inicio a fin. El único tema que rondaba era sobre el clima y de su sueño por formar una banda. No era por menospreciar a los chicos de su edad, pero es que simplemente eran completamente aburridos. Carentes de sentido y sin metas a futuro. Bueno, al menos los que había conocido.
― ¿Qué tal el trabajo?
Kagome alzó la cabeza y simplemente se encogió de hombros, como diciendo que había ido normal como de costumbre. Pero no podía decirle a su mejor amiga que había vendido su alma al maldito diablo vestido de Prada. Una, porque se sentiría avergonzada de sí misma y dos porque el acuerdo entre su jefa y ella era estrictamente confidencial. Si se le ocurría divulgar algo, caería sobre ella todo el peso de una demanda. No debía arriesgarse.
― Lo normal. Como de costumbre.
Después de limpiar todo el desastre que generó en la cocina, tomó asiento en otro banquillo frente a su amiga. Relleno ambas copas de vino y miró con atención a su amiga.
― Lo que deberías hacer es mandar al diablo ese trabajo.
― Sango – suspiró – Sabes que no puedo hacer eso. Es el único que tengo desde hace meses. ¿Tienes una idea de cuanto tardaré en conseguir otro empleo?
Su amiga se llevó una mano al mentón, como analizando la situación de Kagome y luego de unos momentos de analizarlo asintió.
― Si, pero si vez que no te hace feliz. No veo el motivo por el cual ir.
― ¿Por qué con él pago parte del alquiler?
― Buen punto – comentó – Por ejemplo, yo, a mí me encanta trabajar con mis niños. Son un amor. Ver como intentan dibujar con sus pequeñas manos y lo mejor de todo es cuando me llevan un dulce o una manzana.
― Es diferente. Tú eres maestra, yo soy periodista. No hay un punto de comparación.
― Pero la diferencia es que yo si lo disfruto, tú no.
Y tras estas palabras la dejó pensativa. Tal vez tenía razón, odiaba su trabajo por eso le costaba despertar cada mañana temprano, concentrase en los estúpidos artículos que tenía que escribirle a su jefa. El tener que llevarle cada mañana o cuando ella lo pudiera su té verde sin una pizca de azúcar.
Le ayudó a sacar el pastel del horno y como era de esperar no midió los tiempos y salió completamente chamuscado y como era de esperar, hecho piedra ni siquiera había esponjado lo suficiente.
Con resignación. Sango tiró su intento de pastel a la basura junto y con molde.
― Me doy. Esa cosa me venció. Creo que antes de ir a casa de mi suegra pasaré a comprarle un pastel.
Esa noche iba a estar sola. Ese día la madre de Miroku, novio de Sango cumplía años, por lo que había preparado una pequeña celebración con la familia. La habían invitado, pero decidió a última hora no ir. Ayame también cenaría en casa de los padres de Koga
Así que tenía casa para ella sola.
Una vez en la intimidad de su habitación, fue directo a darse un baño de agua tibia. En su mente rondaba una sola pregunta ¿Quién era Inuyasha Taisho? El hombre al que tendría que investigar durante los próximos cinco meses. No había tenido oportunidad de investigar sobre él en la oficina por temor a ser descubierta. No, eso lo haría en la intimidad de su habitación.
Por eso ahí estaba, después de su ducha. Se puso un pijama de Stich en color azul cielo y blanco. Tomó asiento frente a su laptop, abrió el Chrome y tecleo el nombre de "Inuyasha Taisho".
Y vaya que casi se va de espalda al ver la información arrojada.
No era mucha la información que pudo encontrar. Solo unas cuantas notas. A los veinticinco años se había hecho cargo de la empresa tras la muerte repentina de su hermano mayor. De las relaciones amorosas con muy pocas se le relacionaba. Solo su actual pareja. Kikyo McGregor, quien a sus treinta y nueve años era directora comercial de Apple.
Vio varias fotografías, no parecía un hombre a punto de cumplir los cuarenta y uno. Podría percibir que era alto todo por el corte de su traje. Cabello corto y con un color platinado muy extraño. Una barba de tres días y unos ojos de un color dorado muy bonitos.
El padre de ella le llevaba por tres años y no lucia para nada así, al contrario, él si aparentaba sus cuarenta y pico de años.
No lograba entender porque en Internet si había información de él y no impresa. Tal como lo había dicho Andrew. Tal vez era difícil controlar las redes sociales que una revista.
Por más que trató de buscarlo en Instagram, no había ningún resultado. Mucho menos en Facebook. Las únicas redes sociales que la acercaban un poco a él eran las cuentas oficiales de la empresa, pero en ellas no se manejaba nada de información con respecto a él.
Sin duda éste sería un trabajo difícil por realizar.
Hola
Si, volví con una nueva historia.
Espero le guste, si les gustó "Sin Daños.." , les garantizo que esta más. De una vez aclaro para que no haya malos entendidos, aquí va haber diferencias de edades. En este fic Inuyasha es un hombre a punto de cumplir 40 y ella de 23...la verdad es que siempre quise hacer un fic así, y tengo un borrador al que le puse precisamente ese titulo "40 y 20" como la canción de mi príncipe de la canción.
Así que si más por el momento, agarren asiento y tabla que apenas esto inicia.
Saluditos
BPB
