¡Hola a todos! Me he decidido a contar una historia alternativa en la que los protagonistas de One Piece van al instituto. No hay nada de poderes pero sí muchas historias intrigantes de misterio y romance. ¡Haré los capítulos cortos y los iré subiendo cada sábado! Espero que disfrutéis y dejéis comentarios, ya que la historia la voy escribiendo cada semana.
CAPÍTULO 1. LUFFY.
Por fin ha llegado el nuevo curso. Voy dando grandes zancadas hasta que llego a la imponente puerta de hierro que limita el instituto. ¡Mi nueva aventura comienza hoy! Leo el enorme cartel en la puerta "instituto One Piece". He conseguido entrar en uno de los mayores institutos del país, donde podré hacer muchos amigos y vivir muchas aventuras con ellos. Una señora nada simpática me atiende en recepción y registra mi llegada. Monkey D. Luffy ha llegado al One Piece. Me indica de manera muy general dónde está todo y por último me indica las habitaciones. Apenas he escuchado nada, estoy demasiado emocionado, y cuando la señora desagradable termina de hablar salgo corriendo, quiero investigarlo todo. Mi habitación es muy pequeña y, al parecer, comparto cuarto con otro compañero, pero todavía no ha llegado. Dejo mi vieja bolsa de viaje encima de la cama y me pongo el uniforme del instituto, la señora desagradable insistió mucho en que debería hacerlo nada más llegar.
El instituto es gigante, tiene un ala para dormitorios de chicos y otro de chicas para los alumnos que se quedan internos todo el año. Además tiene un comedor gigante en el que nos dan siempre de comer. El resto parece un instituto normal, muchas aulas, un patio bastante grande, pistas deportivas y un ala para clubes deportivos también grande. En general se podría decir que es uno de los sitios más grandes para vivir de por aquí. Parece que tiene mil y un secretos esperando a ser encontrados y yo voy a descubrirlos todos. ¡Me encanta la aventura! Cuando he acabado de correr por todo el campus, maravillado y entusiasmado por todo cuanto veía vuelvo a mi cuarto. Para ser un instituto tan imponente los cuartos dan un poco de pena, aunque claro no sé cómo son los de los demás. Apenas una ventana, dos camas y dos armarios colocados simétricamente en la habitación. Saco las pocas cosas que llevaba en la maleta y las coloco, ya tendré tiempo de ir llenando las paredes con recuerdos de nuestras aventuras aquí. Pienso hacer muchos amigos.
La señora de recepción me ha dado un catálogo con los diferentes clubes a los que me puedo inscribir y estoy echándole un vistazo cuando alguien abre la puerta. Mira el número de habitación, vuelve a mirar el papel con las indicaciones de su cuarto y por fin suspira aliviado. Entra sin mirar y se tumba en la cama, dejando una gran maleta a los pies de la cama. Antes de poder incorporarme para preguntarle nada ya lo oigo roncar. Espero que no duerma tan profundo o no podré pegar ojo nunca con tanto ronquido. Quiero saber quién es, la curiosidad me puede, así que me quito un zapato y le doy suaves golpes intentando despertarlo. Pero nada, el tío ni se inmuta. Ahora le doy con más fuerza y hago ruidos para poder hacer que se despierte y se presente. Al final consigo que mueva la cabeza molesto y yo me aparto rápidamente. No quiero que descubra que lo he despertado yo a base de zapatazos.
- ¿Quién eres? .- le pregunto cuando veo que abre los ojos un poco .- ¿eres mi nuevo compañero de cuarto?
- Creo que sí, ¿quién eres tú? .- me devuelve la pregunta sin ninguna emoción.
- Monkey D. Luffy .- le digo apuntando con mi dedo pulgar a mi pecho.
- Roronoa Zoro .- me responde levantando la mano.
Así que Zoro eh. Un nombre interesante, como también lo es su pelo verde. No parece que tengamos la misma edad, su cuerpo es más grande y musculoso y su carácter mucho más agrio. De todas formas, seguro que somos buenos amigos. Le sonrío de oreja a oreja pero él me mira algo confundido.
- ¿Por qué llevas un sombrero de paja? .- me pregunta cuando recae en él.
- Es una larga historia, la gente me llama sombrero de paja, ¿quieres saber por qué?
- Déjalo, tengo demasiado sueño.
- Tienes que ponerte el uniforme, el almuerzo empieza a servirse en una hora.
- Tiempo de sobra para una siesta.
Y sin más mi compañero se da la vuelta y se vuelve a dormir. Un tipo con sueño este Roronoa. Qué curioso, yo apenas puedo aguantar dormido, la vida es demasiado emocionante para perder el tiempo en eso.
Salgo a dar otra vuelta por el instituto y me encuentro a mucha gente nueva, alumnos como nosotros que acaban de llegar, medio perdidos y medio asustados, pero todos entusiasmados por empezar un nuevo curso aquí en el One Piece. Como todavía tenía tiempo me he pasado por el cuarto para ver si mi compañero seguía ahí y quería bajar al comedor conmigo. El tío seguía durmiendo cuando llegué y he tenido que despertarlo rápido para no llegar tarde. No habla mucho pero me parece simpático. Puede que haya hecho mi primer amigo.
Zoro y yo bajamos al enorme comedor y, tras coger nuestras bandejas, nos sentamos en una mesa apartada. Hemos llegado bastante tarde, así que quedaba poco sitio libre. Mi nuevo amigo mira la comida sin mucho apetito y luego clava la vista por la ventana. Estamos alejados del centro del comedor pero las vistas por la ventana son buenas, se ve un jardín trasero del instituto. Así que declaro oficialmente esa mesa nuestro sitio, aunque Zoro solo vuelve a mirarme raro y encogerse de hombros como si eso no le importara, ¡con lo importante que es que un grupo tenga un sitio fijo!
Todavía no han empezado las clases pero sí los cursos de orientación y las charlas de presentación de los distintos clubes, así que yo no me pierdo nada. ¡Es increíble la cantidad de cosas que se pueden hacer aquí! Quiero apuntarme a todos los clubes, los de deportes, los de audiovisuales, artísticos… Quizá donde no me vea sea en los de literatura y esas cosas, suena muy aburrido, necesito más acción. Aunque quizá monte mi propio club, hay tantas posibilidades…
No veo a Zoro mucho y cuando le pregunto no me deja claro por dónde anda, pero no tardo más de una semana en darme cuenta de su problema, se orienta fatal. Tarda en llegar a todos sitios el doble que los demás porque se pierde, y eso que estamos en un instituto cerrado, no me quiero imaginar lo que le pasaría en una gran ciudad. Así que, como vamos casi a las mismas clases, me paso a buscarlo y me aseguro que venga conmigo de un aula a otra. Así nuestra amistad se va afianzando y ya hablamos de muchas cosas mientras estamos juntos, comiendo en la cafetería o en el cuarto cuando vamos a dormir.
¡Espero que este nuevo instituto me de todas las aventuras que estoy buscando!
