MAGICAL GIRL LYRICAL NANOHA Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN

TANTO LA HISTORIA ORIGINAL COMO ESTA ADAPTACIÓN ME PERTENECEN. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


Prólogo

Los Ángeles. El infierno y el cielo en el mismo lugar. Una ciudad con buenas playas, largas calles donde desconectar y donde todo el mundo ignoraba a los demás. Que nadie te prestara atención era lo mejor de esa ciudad. ¿Cómo fue que terminé aquí? Suspiré. Ya lo recordaba. Volví a suspirar. Miré mi reloj y me sorprendí de la hora. Debía darme prisa o no llegaría a tiempo para la entrevista. Subí el volumen de mi iPod y, en vez de caminar rápido, comencé a correr lentamente para luego tomar un ritmo más acelerado. Me gustaba despejarme de esa manera. Me sentía bien, relajada. La calle estaba realmente concurrida y tenía que ir esquivando a la gente, pero eso no quitó que llegase a tiempo a mi apartamento para tomar una ducha rápida y vestirme para la entrevista de trabajo. Tomé mi curriculum y salí de casa una vez ya lista. Debía apurar un poco el ritmo para no llegar tarde. Cerré un momento los ojos para tomar una bocanada de aire y al abrirlos fue demasiado tarde para sortear la puerta que me golpeó en la cara y a la persona que, apresuradamente, salía y me tiraba, accidentalmente, su café encima al chocar conmigo.

- Shit! What the hell I did, God?(¡J*der! ¿Qué demonios hice, Dios?) –exclamé mirando hacia el cielo y presionando mi frente con una mano.

- Lo siento, lo siento. –escuché una dulce voz de mujer– De verdad que lo siento. ¿Estás bien? –me tendió su mano para ayudarme a levantarme.

- Estoy bien. –exhalé y la miré. Alta, rubia y con unos ojos rojos como la mismísima lava que me miraban con preocupación.

- Lo siento. No te vi… –volvió a disculparse.

- Ha sido un accidente. –miré mi ropa toda manchada de café– Genial… –recogí mi curriculum empapado del suelo.

- Déjame que te pague la lavandería.

- Oye, no, de verdad. No ha sido nada. No ha sido sólo culpa tuya. Yo tampoco iba mirando.

- Pero…

- De verdad. Tranquila. Adiós. –recogí mis cosas y me marché antes de que mi mal humor apareciese.

Vi cómo la chica se quedó unos segundos viéndome con pena para luego salir corriendo a un vehículo. Qué patética debía ser mi vida para que hasta una desconocida sintiera lástima por mí. Suspiré y, resignada, volví a mi apartamento. No había forma de que consiguiera ese puesto de trabajo. Mis pocas esperanzas se habían ido en ese momento en el que el café cayó sobre mí. Me miré al espejo de mi baño y vi el enorme chichón que se estaba formando en mi frente. Exhalé. Tendría que seguir con el empleo actual y no estarían nada contentos cuando me viesen llegar a la noche. Odiaba Los Ángeles.