—Quiero un arma —dijo Ashley.
Sus segundos de silencio juvenil se convirtieron en una decisión irritante.
—Olvídalo —contestó León.
—¡¿Pero por qué?! —exclamó la joven prepotente.
—Eres una niña —respondió León. No perdía de vista la Cazadora. Tenía demasiadas cosas en mente como para lidiar con el capricho.
—Soy una adulta.
—Una adulta, eh. ¿Estás segura?
Ashley aguardó. La distancia se volvió inmensa. El silencio, incómodo. La casa, no podía ser más vieja.
—León… Sólo quiero ayudar.
—Me ayudas más quedándote callada.
—Podría ser… Pero para sacarme de aquí necesitarás todas las manos a tu disposición. Y si están armadas, tanto mejor…. ¿No crees?
León se inclinó, apoyándose sobre sus rodillas, exhaló pesado.
—¿Sabes usar un arma?
Truenos. La mitad del cargador terminó en el vacío oscuro. No tembló la mano, no se cerraron los ojos, y el arma volvió, humeante.
—¿Qué tal estuvo? —León miró en silencio.
SLEEPY HEAD…
Entonces, la desesperada marcha de los corazones entre las sombras del bosque. La noche se llenaban de locura. ¡Atrápenlo! La vieja camioneta atravesó la valla mientras se destartalaba. ¡Hey, acá! León había conseguido/robado una antigua pero útil motocicleta color óxido, que les venía muy a cuento a la hora de las siempre clásicas persecuciones con carrocería descascaradas, caballos locos, carretas hechas pedazos y sabuesos bicéfalos. ¡No dejéis que se escape! Aquellas miradas rojas iban detrás, siempre pendientes, siempre detrás y el insular fuego de las antorchas se meneaba melancólico. La risa lunática, los disparos, la dinamita. Y no se cansaban, no dejaban de correr, de perseguir, de estar siempre detrás.
—¡León! —le sujetó fuertemente la mano. La chica no podía.
—¡Ashley, si vuelves a hacer eso te romperé la cabeza, ¿entendiste?!
—¡Está bien, está bien!
Acelera todo lo posible. Reconoce entonces, ilusionado, la figura rojiza de la dama asiática que tan confuso e interesado le mantiene a veces. Allí, sobre el campanario, era Wong, Ada Wong.
—¡Ada!
—Good Luck —se ha tomado el tiempo de decirlo bien.
La desgracia de siempre para León. Ashley y su cara de póker. Y el cielo nocturno encima de ellos se desgarró de risas. La luna no aguantaba un susurro.
Y un Opening, por supuesto: Auvers Blue, de Katteni Shiyagare
LEON
EL PROFESIONAL
Anime Low-Cost
CON
LEON. S. KENNDY...EL ESTÚPIDO AMERICANO
EL ESPAÑOL Rarito...LUIS SERRA
ADA WONG... La ASESINA China (Femme Fatale)
JACK KRAUSER... EL RUSO LOCO
EL BUHONERO como EL BUHONERO
Con la participación especial de:
ASHLEY B. GRAHAM (La Dama en Apuros)
CREATED BY: J2L
Don't Try, Leon.
Ella era bella y, sin embargo, no pensaba. Sus incursiones en la política pública habían sido torpes, pero no mediáticas. Eran situaciones peculiares que requerían siempre la atención de la prensa anclada en los exquisitos gustos —aunque primitivos en el fondo— de una sociedad decadente. Era imposible ser esquivo: Era la hija del Senador Graham —ahora conocido como el Embajador Estadounidense en España— y era extremadamente sexy.
—Y es por eso que este siglo debe ser y será el siglo americano.
Terminó de leer. Unos pocos aplausos y las manos alzadas.
Ese día había cogido algunos bocadillos nocturnos en el alba.
—La secuestraron —comentó Hunnigan, casi con desinterés.
—¿Sabemos algo o estamos perdidos?
—Hace 4 horas. Salió del hotel y perdieron todo rastro, vieron una camioneta sospechosa.
—¿No se escabulló para ir de compras? No sería la primera vez.
—No podemos rastrear su móvil. Tal vez fue destruido. Esto es serio.
—Diablos, ¿tenía que ser en mi primer día?
—...¿De nuevo?
—Señorita Graham. ¿Cómo contempla usted el problema de la inmigración actualmente? ¿Considera que puede ser una ventaja y promover la diversidad cultural o un freno para la economía nacional? —pregunta un experimentado Olsen.
Usualmente, cuando improvisaba, era cuando la regaba.
—Bueno… En el mundo existen aún muchos países pobres y atrasados, víctimas del tercermundismo. La gente de esos países no tiene oportunidades y por eso buscan emigrar a los Estados Unidos, la tierra de las oportunidades. Pero yo creo que ya es hora de que esas personas vayan y trabajen por su propio país, que lo saquen adelante. Y por supuesto, si estos países no son capaces de resolver sus problemas, quizás nosotros podríamos ayudarles.
La camioneta negra descendía bajo un sol cegador.
—¿Y qué tal si ya está muerta?
—León… No tenemos tanta suerte.
—Lo olvidaba…. ¿Y por qué no están movilizando a todo el ejército y destruyendo la maldita ciudad buscando a esa malcriada?
—El Servicio Secreto es más "discreto", León.
—Y es el deber de Estados Unidos, líder de las naciones avanzadas, llevar la civilización a estos países pobres. Sólo de esa manera, la gente de la parte baja de América dejará de ser tan vulgar y comenzará a parecerse más a sus vecinos del norte…
—¿Eso incluye préstamos a largo plazo?
—Eh, sí, podríamos darles unos cuantos centavos….
—Señorita Graham, ¿Justifica usted la intervención militar en el extranjero?
—Eh…. Bueno… —un beep—. Sí…. Los Estados Unidos respetan todas las soberanías y de ninguna manera intervendría en la política interna de otros países.
El Salón estalló en risas.
—¿Trabajas para el gobierno, chico? Esperaba a alguien con un traje negro y eso.
—Estás pensando en el FBI, viejo. Nosotros somos…. "discretos".
—¿Y es verdad que les enseñan más de 1000 formas de matar sin armas?
—Son solo 37.
—Oye, muchacho ¿y esto de qué se trata?
—Vamos, cuéntanoslo…
—Se los diría…pero luego tendría que matarlos.
Silencio.
—Ya enserio. Secuestraron a la hija del embajador Graham.
—Ah, ¿la idiota?
—Esa mera….
—Eh…. Sí…. Nuestro país, la Gran Norteamérica, tiene un largo historial de No Intromisión en asuntos extranjeros.
Entre las risas inaguantables uno de los reporteros consiguió preguntar.
—¿Qué tan largo es ese historial? ¿2 semanas, 3?
—… Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Las risas desaforadas vuelven a inundar el auditorio. Se caen de sus sillas, se ahogan. Ashley se indigna con furia.
¡Por allí! ¡No dejen que se escape! ¡Te voy a hacer picadillo!
Los gritos venían de todos lados, de la oscuridad, del fuego, de la luna.
—¡León, haz algo! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡Piensa en algo, rápido! ¡Rápido!
León seguía buscando inútilmente insumos en los cajones, como si alguien fuera a dejarle algo de algún valor. Bueno, sí, encontró una granada en un cofrecito.
—Creo que se fueron… —Ashley no veía nada. El ronroneo metálico de la motosierra vino a darle la contraria. Ambos sintieron un desánimo de pronto.
—Señores, si me permiten… —intenta retomar la palabra, pero ya nadie la tomaba en serio. Nunca lo habían hecho—. Amigos de la prensa, por favor…. Quisiera decirles, bueno, por favor… —pero ellos se tropezaban, tumbaban aquello en lo que querían apoyarse, se quitaban la sofocante ropa—. ¡Señores, por favor, guarden las composturas!
—No me digas que tenías planes.
Hunnigan acomodó sus gafas, cubriendo sus ojos con el brillo solar.
—Tenía una cita este fin de semana.
León miraba para otro lado.
—Por supuesto. ¿Y cómo se llamaba ella? ¿Whisky o Coñac?
—Brandy.
León solo hubiese hecho lo que suele hacer en sus fines de semana libres. Servirse una buena copa de Brandy, escuchar sus álbumes de Leonard Cohen, y ver Conexión Francesa una y otra vez. Ese era León S. Kennedy, y era muy aburrido.
—…Si en situaciones extraordinarias hemos debido de emplear la fuerza, ha sido para preservar la democracia, la justicia y la libertad…—tomó más aire—. ¡Si hemos usado las armas es porque somos Estados Unidos, la Nación indispensable en el mundo y Nuestros Valores son los Correctos!
U GOIN'
HUNTIN' AN
ELEPHANT?
¡LEON!
…Y esa es la historia de cómo terminé en las entrañas de un país tercermundista intentando rescatar a la persona más insoportable del primer mundo… ¡León! …Y pensar que hace apenas nada, estaba meneando una copa de brandy en mi mano, escuchando algo de Leonard Cohen, preparándome para ver Conexión Francesa una vez más… ¡León, ayuda! Si tan solo pudiera…
—¡León! —gritaba, aullaba, exclamaba, vociferaba, desgarraba desesperada en la oreja de León—. ¡León, León, León!
—¡¿Qué?! ¡¿Qué es lo que quieres?! ¡Demonios intento salvar tu inútil vida ¿acaso no te das cuenta?! ¡¿Qué diablos pasa contigo?! ¡Estoy justo aquí! —le grita León furioso. Ashley ríe con malicia torpe.
—Oh, cierto…
Suspiro.
…Allí estamos otra vez…
—León. ¿Cómo se encuentra Ashley?
—…Bien. …Tuve que ponerla a dormir.
—¿A dormir? León, ¿cómo se te ocurre?
—No dejaba de hablar, de darme órdenes estúpidas y ofréceme unos cuantos centavos….
—León, te pueden despedir.
—Nah. Me gritarán, y ya me han gritado antes.
—Eh, León…
Ashley intentaba acercarse y llamar la atención, pero mucho no podía. León intentaba reparar la motocicleta, pero era inútil. Manubrio quebrado, llanta delantera torcida, motor deshecho y él había faltado a la clase de mecánica circunstancial.
—No se puede —suspiró, fastidiado.
El cielo no servía para guiarse, era gris como la panza de un burro.
Las montañas, cubiertas por una densa bruma, parecían todas rurales e iguales.
—La Coruña —Hunnigan extendió un mapa topográfico, viejo pero lleno de flechas y círculos hechos con marcador rojo—, las cámaras registraron el vehículo del secuestro dirigirse al norte. Hacia los bosques.
—¿Qué tenemos? —preguntó León—, ¿ETA? ¿Franquistas? ¿Otakus?
—Una secta local. Muy antigua, por lo que dicen.
—¿Querrán que sea su Reina de la Primavera?
—Te llevarán hacia la frontera. Este es el único puente. Desde ahí, dos oficiales te llevarán al Pueblo. Cabeza de Vaca. Tenían teléfonos, pero no creo que nos vayan a contestar.
León se quedó viendo aquella pequeña manchita café en el mapa, rodeada de inmensas y deformes circunferencias que se iban encerrando y haciendo más pequeñas.
A uno de ellos lo destriparon con hoces y azadones, y lo empalaron sobre la fogata del pueblo, como un pollo a las brasas.
—Son buenos muchachos —dijo Hunnigan—, confiables.
Aún seguía vivo.
León reprimió el grito en su recuerdo.
—Eh, León… —intentó una vez más Ashley.
—¿Qué? —León, que ya la había escuchado, se resignó por hacerle caso—, ¿qué es lo que quiere?
—Eh… Necesito ir al baño.
Suspiro. Se abrió de brazos.
—Está bien. Ve.
—Bueno —sonrió Ashley—. ¿Dónde?
León miró a su alrededor, como pidiéndole explicación a los árboles.
—La Naturaleza es tu baño —dijo, elevando la voz en cada palabra.
—No esperarás que haga en un árbol como un vulgar perro, ¿verdad?
—¿Te sentirías mejor si te digo que eres una linda Terrier de Yorkshire?
Ashley, con el rostro ofendido, se retiró hacia el bosque.
—Yo sería una Poodle maravillosa —susurró.
Mientras Ashley cruzaba unos cuantos árboles, pudo escuchar a León contestando su radio, me han gritado antes. Se inclinó en uno de tantos arbustos, el que le pareció más lindo, y con la ropa interior en las rodillas y pensando en las corrientes del Niágara, empezó a regar.
En eso estaba cuando reconoció un diminuto pero potente haz de luz que emergía intermitente desde una choza antigua. Podría no significar nada, pero era la única esperanza en kilómetros oscuros. Se levantó.
—¡León!
Bajaron sigilosos, cruzaron la ribera y llegaron al claro de luna donde se encontraba la choza, que ahora era una casa que lucía alta, imponente con su piedra vieja y su madera oscura. León preparó su arma al lado de la puerta, y Ashley detrás de él. Con un salto firme, entraron. El extraño español los recibió.
—Hola— se encontraba cómodo en la mesa, tomando una taza de té. —¿Té?
