INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA ASI
.
.
.
UN DIABLO POR EQUIVOCACION
.
.
.
NOTA DE AUTORA:
Me he robado parte de la trama de Devil beside you, que es un drama taiwanés del 2005, donde la historia comienza por culpa de una carta que es entregada al destinatario equivocado. Eso y la sinvergüencería de Bankotsu, el resto es mío.
.
.
.
Capítulo 1
.
.
.
Londres, 1825
La joven acarició el pañuelo finamente bordado y terminó de revisar la carta que acababa de escribir.
Nunca antes había escrito una carta de amor, pero estaba segura que era perfecta para dar a conocer los sentimientos que la acometían desde hace un año.
Guardó el sobre perfumado, en una bolsita, listo para entregar cuando se presentare la ocasión.
La puerta de la habitación se abrió intempestivamente y Kagome no necesitó voltear para darse cuenta de que se trataba de su prima Sango.
― ¿No estas emocionada? ¡Ha llegado el día! ―la recién llegada se acercó a coger las manos de Kagome, sonriendo―. Yo estaré cerca y te prometo vigilar.
Kagome rió.
―Y aunque lo vieran, a nadie le importaría.
Entregar una carta con una declaración de amor era un acto atrevido, impulsivo y comprometedor, que podría valer a las damas que lo hicieran, la censura de la sociedad.
Pero en el caso de una muchacha florero, que pasaba desapercibida, porque nadie podría creerla capaz de una acción como la de atreverse a declarar a un caballero, la situación era diferente.
La muchacha no era cualquiera, era la hija menor del gran duque de Gloucester y aunque muchos podrían pensar en la excelsa posición que poseía por ser miembro de una gran casa, lo cierto es que, a ojos de su padre, prácticamente ella no existía. Muchos factores tenían influencia en la actitud del gran duque hacia su hija. Primero que perdió a su esposa cuando el nacimiento de Kagome, segundo que la chiquilla no heredó la beldad de su madre, de hecho, nunca tuvo una figura graciosa y siempre tuvo una redondeada y oronda que la convirtieron en una muchacha invisible en medio de tantas jovencitas bellas que pululaban en Londres.
Aquel detalle estético, sumado al particular carácter voluntarioso e ingenioso de la joven, hizo que su padre nunca la tuviera en foco. Sus dos hermanos mayores tampoco ayudaban en la ecuación, ya que ambos parecían compartir una sola neurona y siempre se comportaron como unos majaderos con su hermana menor.
Así que la joven, sin madre, creció únicamente bajo la batuta de Kaede, su nana desde la infancia, quien siempre procuró que las mejores institutrices y tutores velaran por la muchacha.
La joven también recibió aleccionamiento de la propia Kaede, quien la adiestró en artes manuales como cocina y bordado, de los cuales poseía un talento excepcional.
Acababa de cumplir los dieciocho años, había tenido una presentación en sociedad de la que nadie se acordaba, salvo su prima Sango.
Pese a las actitudes que la mayoría tomaba con ella, Kagome tenía un carácter alegre y optimista, echaba en poca falta la falta de atención de la familia que le quedaba.
Kaede le había enseñado a ser fuerte y le dio resultado.
Fuerte pero no inmune a los encantos que desplegaba cierto caballero.
¡Y que caballero!
Kagome cayó sobre el sillón, cuando la imagen del Lord Inuyasha Archer conde de Bristol, le vino a la mente.
La carta era para él y el feliz evento que serviría para poder encontrarle y entregársela sería el cumpleaños de la gran duquesa viuda de Bedford, que era uno de los sucesos más importantes de la temporada porque se esperaba la presencia de todas las personas importantes posibles.
Por supuesto, el conde de Bristol estaría presente y Kagome deseaba aprovechar aquella mágica oportunidad, que se le presentaba un año después de haberlo conocido y cuando ocurrió el flechazo fortuito.
Aquel verano, en el último cumpleaños de la duquesa viuda, Kagome y su familia asistieron a la festividad. Desafortunadamente no fue un día propicio para Kagome, ya que tuvo un traspiés en el jardín.
Nunca olvidaría el deprimente momento vivido cuando sus propios hermanos Henry y Albert, esos buenos para nada, comenzaron a reír burlonamente y animando a otros a hacer lo mismo.
Él único que no se rió y se acercó a alzarla y preguntarle si estaba bien fue aquel caballero alto y de facciones aguileñas, de grandes ojos cafés y cabello corto castaño. El hombre, amable se aseguró de ponerla a salvo en la biblioteca y traerle personalmente una bebida. Hasta le hizo compañía un rato, compartiendo unas alegres palabras.
Fue ese el preciso momento en la cual Kagome Rawlins cayó perdidamente enamorada de aquella figura galante y romántica.
Era el primer hombre que la trataba con una cortesía y un tacto desconocidos, que ocasionaron que la mente de la muchacha terminara envuelta en el aura de misterio galante de aquel caballero.
Desde entonces, apoyada en su prima Sango, procuraban recolectar cualquier información sobre él.
Kagome creía ver en su amable atención, algo más que podría esperanzarla, así que decidió tomar la iniciativa con una carta.
Sango le volvió a acomodar las cintas y las horquillas que se le movieron del peinado, mientras Kagome inspeccionaba su rostro en el espejo, que le devolvía una imagen de una mujer joven, de aspecto sonrosado, con grandes ojos marrones y largas pestañas. La cabellera larga siempre la mantenía recogida con horquillas, que eran su ornamento favorito.
Ella misma se hacía sus propios accesorios, porque le encantaba.
Sango era casi igual a ella, en carácter y modo de conducirse. Al igual que su prima, ella tampoco heredó la beldad tan notable y necesaria para vivir en aquella sociedad tan exigente. Ambas se educaron juntas así que mantenían gustos similares.
Aunque Sango no tenía la misma figura redondeada de su prima, no tenía el estilo bello del rostro de su prima, así que al igual que ella, también pasaba desapercibida. Su madre era la hermana del duque de Gloucester así que poseían un cercano parentesco como primas hermanas.
Aunque Sango si tenía padres que la apoyaban y cuidaban, su nivel económico era inferior a los Rawlins, así que la joven Sango era feliz apoyando e intentando cuidar a su prima.
Cuando Kagome cayó enamorada del conde de Bristol, ella la animó a declarársele.
Quizá tuviera éxito en su empresa y el conde terminara proponiéndole matrimonio para que al fin su sufrida prima pudiera salir de Rawson House, la casa de su padre en Londres y nunca más viviera intimidada por sus hermanos o menospreciada por su padre, el duque.
.
.
.
El hermoso palacete de la duquesa viuda de Bedford con sus extensos jardines, tocaba estar iluminado y alegre esa noche.
Era el cumpleaños número sesenta de la voluntariosa duquesa, la dama más importante de la escena londinense, amiga íntima de la reina y poseedora de una mente aguda.
La nobleza y los señores de importancia pasaban el año, esperando la invitación a la celebración de su onomástico, no solo por la posibilidad de encuentro, sino que la duquesa viuda era una casamentera consumada, capaz de unir parejas interesantes.
Durante aquella fiesta nocturna, lo mejor de la sociedad selecta podría encontrarse, así que, para obtener la invitación, uno debía ganarse el derecho.
Las familias de Kagome y Sango, por supuesto estaban invitadas, ya que el duque de Gloucester era demasiado rico e influyente como para ser ignorado, pese a que el gran señor era un hombre más bien taciturno y reservado.
Kagome, para librarse de la cargante presencia de sus hermanos mayores o la mirada reprobatoria de su padre, prefirió ir en el carruaje de la familia de Sango. Estos tres no opinaron al respecto, así que Kagome no estaba segura si sentirse feliz o triste al respecto.
Cuando bajaron al gran salón y fueron anunciadas, las dos muchachas quedaron boquiabiertas por el precioso arreglo iluminado, rematado con flores naturales, fruto del excelente gusto de la duquesa viuda.
Cuando les tocó felicitar a aquella gran dama, se sintieron en parte intimidadas.
La imponente anciana las observó de arriba abajo, como si las inspeccionara.
―Disfrutad de la fiesta, queridas. Espero que podáis llenar vuestros carnets de baile ―las invitó la duquesa viuda.
Kagome y Sango se limitaron a una reverencia ¿Qué más podrían hacer?
―Su Excelencia, estamos honradas.
Era claro que la anciana se burlaba de ellas, porque las dos muchachas nunca llenaron ningún carnet de baile y no comenzarían ahora.
Igual conservaron ánimo, porque esa noche tenían una misión clara, así que luego de cumplir los saludos a la dueña de casa, se pusieron a buscar al conde de Bristol.
Al pasear la mirada por el salón, se toparon con varios personajes conocidos de la escena local, ya que Kagome los conocía a todos, porque todos visitaban a su padre.
Giró la cabeza, con cierta vergüenza ajena cuando vio a su hermano mayor Henry intentando sacar a una estirada.
Henry era pésimo bailando y lo estaba por demostrar, pero la muchacha en cuestión se la iba a aguantar, porque la perspectiva de danzar con el heredero del duque de Gloucester era muy atractiva, sin importar que fuera un cabeza hueca.
Fue allí, que finalmente detectaron al conde de Bristol, Inuyasha Archer llegando al evento, paseando su amable y galante figura por el salón.
Kagome se quedó estática mientras veía los movimientos amables del caballero, cuando besó la mano enguantada de la duquesa y se portaba con exquisita cortesía.
―Tu futuro esposo es el hombre más alto y atractivo de esta fiesta ―opinó Sango, quien estaba detrás de Kagome, mientras espiaban desde detrás del pilar.
― ¡Sango! ―replicó sonrojada, aunque su primo tenía toda la razón.
Por supuesto, sus ojos avizores estuvieron pendientes, por si él se acercaba a alguna muchacha. No lo hizo y eso hizo que sus esperanzas se vieran aún más renovadas.
Kagome palpó la carta perfumada.
También le había bordado un pañuelo con finas terminaciones.
Ambos objetos debían serle entregados juntos.
―El conde está saliendo al jardín ―le avisó Sango, quitándola del ensueño―. Es una buena oportunidad, porque el jardín es inmenso y es difícil que alguien los vea.
La cercanía de la oportunidad hizo que Kagome comenzara a dudar de miedo por su atrevimiento.
Finalmente, Sango la cogió del brazo para llevársela afuera.
Inuyasha caminaba solo por el sendero iluminado, aunque todo el mundo estaba adentro.
―Yo me ocultaré tras los arbustos ―anunció Sango a la titubeante muchacha, quien temblaba como una hoja, así que decidió darle un último empujón―. Ve e intercéptalo.
La empujó suavemente al caminero, donde Inuyasha no tardaría en pasar.
Kagome no entendía dónde estaba toda su valentía, pero ya no podía retractarse. Era su única oportunidad. No podía desperdiciarla. Apretó la carta y el pañuelo bordado. Tragó saliva cuando vio de reojo que una sombra iba acercándose. No se animó a levantar la cabeza para ver los ojos de Inuyasha.
Imaginaba que lo cogería de terrible sorpresa. La joven tiritaba, pero cuando notó que él pasaba por su lado, directamente alzó los brazos hacia él entregándole aquellos preciados objetos manteniendo la cabeza baja para no perder el escaso valor que aún le quedaba.
―Milord, le entrego esto y espero pueda aceptarlo.
Pero Inuyasha no emitía una sola palabra y tampoco tomaba la carta ni el pañuelo.
Finalmente cogió ánimo y levantó la cabeza.
Se quedó de piedra, cuando en vez de rostro amable de Lord Inuyasha, se topó con otro totalmente diferente.
Este sujeto era incluso más alto que el propio Inuyasha y Kagome se sintió horrorizada de sentirse pequeña e indefensa ante este extraño de ojos azules enormes y altivos.
Un hombre que, al ver su acción, emitió una sonrisilla arrogante y presuntuosa, mostrando una hilera de dientes perfectos.
― ¿Y qué tengo que aceptar?
CONTINUARÁ.
Y adivinen quien es el arrogante con quien se topó nuestra pobre Kagome.
Gracias Hermanas, comenzamos una nueva aventura de 15 capítulos, espero les guste la propuesta y trataré de actualizar seguido.
Como vieron, hemos vuelto a la Inglaterra de Regencia, luego de pasear por Escocia.
Muchas gracias y trataré que haya tres episodios semanales, como otros fics anteriores.
Los quiere.
Paola.
