Masái -Mara
(África).
El calor que bañaba mi rostro me hizo regresar a la consciencia. Esa noche había dormido profundamente por el placentero cansancio, no obstante, me acomodé de nuevo en la misma posición, atrayendo con mis brazos la suave tela anclada a mi cintura para cubrir mi desnudez. Como si con esa acción pudiese abrigarme de igual forma el alma.
De inmediato sentí la frescura de la mañana entrar por la ventana.
Su ligera brisa jugaba delicada con los rizos sobre mi rostro, pero me resultaba una tortura abrir los ojos… sabía muy bien que no te encontraría y me desgarraba esa sensación. Más así eran las cosas…comprendí desde hace mucho que esta lucha interna para asimilar "nuestra situación", era ridículamente infructuosa.
Cuando no pude retrasar más el momento —puesto que las actividades matutinas darían inicio—, extendí mi brazo sobre el que ocasionalmente fuera tu lado de la cama. El tacto frío de las sábanas me indicaba la ausencia, pero el olor tan masculino, tan desquiciantemente tuyo, continuaba junto a mi seduciendo silencioso cada sentido como el mejor afrodisiaco; haciéndome desear que la complicidad de la noche me llevara de regreso sobre el cuerpo ajeno y al abrumante tacto de esas manos que sabían justo como incitarme.
Conociéndote… al menos un par de horas antes te habías fugado de mi lecho…
Sin más remedio mis parpados se abrieron. La esperanza de coincidir durante la jornada con "El personaje más indescifrable de mi vida" siempre me hacía sentir nerviosa, o mejor dicho, ansiosa por mirar mi reflejo en el pozo zarco de tus ojos. Aquellos que siempre han sido un enigma por todo lo que dicen, y paradójicamente... por todo lo que ocultan.
Pero algo extraño ha sucedido hoy….
Me siento de inmediato con el corazón palpitante ante la expectativa, pues mi mano, se ha topado con un sobre que de inmediato cojo entre mis dedos temblorosos.
Cierro los ojos prediciéndolo todo…
El día temido por tantos meses finalmente ha llegado… Tristemente mi corazón, aun sin leer, entiende que ya no tendré que esconder este ardor que me inflama el pecho por tu causa… y por la mía…
Sin retrasar más esta agonía hago contacto visual con el objeto de mis futuras lágrimas y noches de insomnio. Incorporo mi cuerpo, lo yergo para infundir el valor que necesito.
Observo la pequeña misiva.
Su peso es casi inexistente, así que no puedo esperar mucho de su contenido…
Que ¿cómo lo sé?.
Bien, no es algo sencillo de aceptar, pero trataré explicando algunas situaciones antes.
Habíamos quedado en un acuerdo: "Dos adultos que se disfrutarían a placer y sin ataduras mientras durara". Cómo olvidarlo si yo te lo propuse ante esos ojos incrédulos por el descaro.
Siendo así, nadie nos obligó a nada y en ese tiempo solo me importaba jugar con fuego, tú fuego… Más no pensé que fuera tan riesgoso, que la vulnerabilidad que juraba desprovista quedaría expuesta y que finalmente me enamoraría.
Demás esta admitir que gusté de ti al instante en que noté tu presencia entre nosotros, pero al besarte la primera vez, en esa intimidad que solo a puerta cerrada podíamos ofrecernos, te supe mi perdición... Tatuaste cada noche sobre mi piel las caricias regaladas en un lecho testigo de los momentos efímeros, de lo que nunca se conjugaría en "futuro" para ninguno de los dos. Te convertiste en heroína entrando a mi sistema nervioso, extasiando mis sentidos y dilatando mis pupilas con cada cumbre alcanzada por tu causa.
No obstante el correr de los días fue cruel y bien tenía conocimiento de que no planeabas quedarte más de un año, así que me propuse adentrarme en tu corazón poco a poco y tan lentamente que…al despertar un día te darías cuenta que sentías lo mismo que yo.
Mas vano fue cada intento pues jamás cambiaste. Y no te estoy reprochando nada, bien me resigno a la derrota dentro de este juego. Es solo que…éramos tan similares, tan compatibles…
Fue sencillo imaginarme por siempre a tu lado.
Eras un ser de luz, tan alegre y dispuesto para ayudar sin importar la hora o el momento. Con tan pocos médicos tu mano fue siempre bienvenida.
Te ganaste el aprecio de todos y cuando algún compañero se te acercaba nunca fuiste esquivo en la plática.
Pero esos ojos…
Muchas veces, al terminar la jornada —buscando un momento en soledad, supongo— te retirabas. Caminabas algunos metros lejos del campamento y te sentabas sobre una breve colina, en donde el viento apenas refrescante del atardecer ondeaba un poco tus rubios cabellos.
Ahora sé que aquel era tu momento preferido del día, empero no lo comprendía.
Al principio no le di importancia, más cuando la conducta se hizo una constante en tu rutina me permití observarte a la distancia.
Así me encontré deseando contemplarte a diario bajo la luz crepuscular.
Sé que estabas en el mismo desierto que yo, pero esa mirada tuya se fijaba en un punto lejano por incontables minutos… pensado, sintiendo, callando, pero sobre todo, escribiendo en ese pequeño diario que siempre llevabas contigo. Algunas tardes era poco, pero otras tantas no podías detenerte.
Entonces sucedió…
Escondida como un ladrón pude observar sin barreras aquella tristeza que envolvía tu corazón. Habías roto sin prisa alguna un pedazo de papel, el cual, tras tu partida corrí a buscar. No te molestaste en deshacerlo. Solo cuatro trozos tirados sobre la grana seca me separaban de tu realidad. Más al unirlos el perfil de un rostro femenino con cabello rizado fue lo que encontré. Aunque no tenía expresión ni ojos…
No he de negar que al inicio la emoción recorrió mi cuerpo, pues pensé que tratabas de hacer un retrato mío, pero al observarlo a detalle noté unos pequeños puntitos en la nariz, cayendo en cuenta de que eran pecas o algo parecido.
Mi piel es limpia de mancha alguna.
Gruesas lágrimas cayeron sin notarlo, pues la razón de ese mutismo, de esa excesiva privacidad era a causa de alguien más. Tus tardes de meditación y seguramente todo aquello que escribías le pertenecía a esa mujer sin rostro que por alguna razón rechazabas.
¿Qué te hizo ella para destrozarte?, o peor aún, ¿qué hizo para que ser la dueña de tus pensamientos?, de tu noble corazón…
Sí… tu cuerpo era mío en África, pero los tormentos del alma que estoy segura cargabas no me pertenecían. Sólo Dios sabe cuántas veces traté de descifrarte, de arrancártela del pecho con mi paciencia y cuidado, de que esto que vivíamos se fortaleciera hasta forjar un vínculo, un lazo indestructible, pero… muy a pesar de esa apacible y afable sonrisa que siempre me brindaste, jamás tuve oportunidad.
"No escondo nada"—decías cuando me arriesgaba a preguntarte.
Y sí, en esa frase existía algo de verdad, ya que cada ser humano tiene su forma de canalizar el dolor, la angustia o el sufrimiento. A mi me bastó un par de veces para darme cuenta de que en tus escritos estaba tu sentir.
Tras encontrar ese dibujo, pasé noches enteras luchando contra los profundos deseos de saber que era aquello que tanto escribías. Sentía que solo de esta manera podría entenderte, curare estos celos de locura y ayudarte a comenzar de nuevo, porque pese a tus esfuerzos de aparentar lo contrario mi corazón sabía que no eras del todo feliz.
Así un día en que saliste muy temprano con unos compañeros a recoger algunos fármacos que hacían falta para atender a las personas que teníamos en el pequeño pabellón de nuestra brigada médica, esta necesidad me llevó de la mano hasta tu cabaña.
Hice mal, de sobra lo comprendo, no obstante, mi cuerpo se movía curioso y ansioso por la adrenalina implícita en lo prohibido. Poco interesaron las buenas costumbres tan lejos de América.
Al adentrarme en el lugar tu aroma invadió mi olfato. Tenías pocas pertenencias, pero todo estaba perfectamente ordenado. Junto a la cama una pequeña mesita que fungía de buró. Sobre de ella una jarra con agua y la pequeña libreta que te veía cargar cada tarde.
Sin pensarlo dos veces la tomé entre mis manos.
Mis ojos oscilaban constantemente hacia la puerta. Sabía que era improbable el que regresaras tan pronto, pero la sensación de saber que me encontraba invadiendo tu privacidad me atacó en ese momento derribando toda valentía.
Como pude miré la primera hoja. Tenía por título el nombre de este desierto: Masai-Mara…
Aquello no me decía nada y necesitaba encontrar algo… Pero mis manos torpes y obsoletas por los nervios temblaron haciendo caer el diario al suelo. Cuando lo levanté mis ojos comenzaron a leer lo que parecía una carta…
Quisiera decir que no te deseo...
Quisiera jurar que por ti no muero…
Que las noches largas desaparecen al cerrar los ojos...atrapado por el descanso que al final del día me ha ganado otra partida...
Quisiera decir que tú nombre en mi boca no imagina el sabor de tus dulces senos...
Que en los momentos obscenos jamás he pensado en ti...en tu embriagante y trémula piel virginal que acepta gustosa las caricias impropias que me atrevo a enseñarle. Caricias que ensombrecen mis pensamientos de tan solo imaginarlas...pues el cielo sabe que estas manos nunca te han tocado lascivamente.
No obstante, estoy fatídicamente convencido de que este no es nuestro tiempo, que quizá no sucederá en esta vida. Y aún así...mis más oscuras sombras me lo repiten lento y con dureza por la madrugada...regocijándose, divirtiéndose con mi desgracia en cada oportunidad como lo hacen los seres oscuros.
Todo es tan irónico en perspectiva.
Tan infructuoso como este viaje de "olvidó" en donde he tratado de convencerme día y noche de la insensatez de mis fervores hacia ti, pues no te merezco.
No antes...por ti... por él... por mi pasado...
No ahora ... porque mis afectos serían banales ante las acciones cometidas... ante mi presente.
Más no he podido evitarlo...
Soy un hombre que siente con todo lo que implica esa palabra. Que vive y trata de seguir...pese a lo irreverente.
Así pues, la sangre hierve al recordar todo cuanto vivimos en un idilio seguramente filial para ti, aunque mortífero para mi. Consumiéndome sin importar lo ridículo de las circunstancias porque la culpa de esta parte de mi huida, de este sentir que ante mi alma es insoportable, no es tuya.
Los ángeles no pecan querida mía...al menos no conscientemente.
Pero qué hacer cuando te siento mía desde hace tanto que ya no recuerdo cómo vivir sin la tormenta y la calma que representas en mi vida.
No...
No estas a mi lado y aunque no sirva de nada y jamás te enteres debo decirte: Te pertenezco.
Te pertenezco...en cada una de mis verdades ocultas. En cuerpo, mente y alma. Aunque comienzo a perderla de a poco cada vez que...
Lamento no poder admitirlo ni en esta intimidad manifiesta por la pluma y el papel entre mis manos.
Solo, algunas veces y en silencio, me permito idealizar cómo sería una vida a tu lado.
Miles de kilómetros me han hecho prisionero de mi libre imaginación para amarte en silencio y a mí forma...la cuál es, ahora y de alguna manera, más tangible que nunca fue en Londres.
Pero es solo la frustración de esto que siento por ti lo que me brinda el regalo de pensarte.
Casi con certeza puedo decir que nadie sabe mis tormentas...las batallas inclementes e internas que trato de librar por ti...
Mucho menos tú...
Mi alma gemela...
Porque aunque el bálsamo de tu sonrisa le pertenezca a otro, egoístamente y en un ataque de orgullo sé que "él" no te merece, que no te valora como yo lo hago.
Si supieras todo lo que he vivido a su lado...
No puedo culparlo por su juventud y por esa inmadurez que lo caracteriza, por las circunstancias de su crianza defectuosa que lo han impulsado a no apreciarte cual es debido ...aunque tampoco he de decir que lo comprendo. No obstante, de eso jamás has de enterarte por causa mía. No seré yo quien rompa el espejismo de tu amor.
Más si mi caso fuera...sería todo tan distinto...
Muy lejos he estado siempre y más ahora de ser perfecto, pero jamás dudaría de lo que quiero...
Te quiero a ti. Te amo a ti...mujer de ojos malaquita.
Eres como una droga que ha entrado en mi sistema...haciéndome el adicto más vehemente.
Te recuerdo a cada momento de mi nueva vida. Y así... muchas veces frente al espejo no puedo evitar reírme, pues viaje tan lejos solo para no dejarte...no puedo o mejor dicho no me atrevo aún con mis errores actuales.
Buscaba una independencia y tranquilidad que lejos estoy de encontrar, pues llegas a mi corazón a pedir de boca, destrozando toda barrera que mi mente ha tratado de edificar para aceptar la realidad.
Lo amas a él.
Tus sonrisas que me embriagan son suyas.
Los besos jamás dados solo vibran en mi boca sin respuesta alguna por tu parte...
Más ahora debo confesarte:
Vida mía...no estoy solo y sé qué, aunque no te debo explicación alguna pues te debes a otro hombre, en este momento necesito decirlo.
Que infame de mi parte cruzar el mundo para buscar una mujer parecida a ti. Una enfermera quien llegó a mis días porque yo así lo acepté. Más en está ruleta de emociones incongruentes me lleno de culpa en cada encuentro que tenemos. No puedo negar que siento algo por ella... algo poco más fuerte que el afecto, pero no un cariño profundo. Y aunque he dicho que te amo, la convivencia, la soledad y la afinidad, junto con tu amor por otro me hizo acercarme convencido de que la vida toma su curso.
Y aunque es poco es lo que digo en su presencia, ella me acepta con todos estos silencios y espacios en los que no puede adentrarse por más intentos sutiles que hace.
No me juzga y acepta lo que tenemos. Creo que intuye que mi corazón no le pertenecerá.
Es así que de está bizarra o extraña manera me siento más cerca de ti aunque solo sea un espejismo. Bien te he dicho que soy un hombre que siente y que trata de seguir a su forma.
Porque sin proponértelo me destrozaste…pues tontamente pensé un futuro… futuro que ahora es inexistente pues solo pertenezco a tu pasado…
Te siento tan lejana y perdida, que al hacerlo me lanzaste a un laberinto del cual estoy tratando de encontrar una salida...
Por hoy más no puedo contarte… la noche caerá y debo pertenecerle a alguien aunque sea por un instante. Sólo espero que "él" sepa comportarse ahora que tiene el privilegio de llevarte de su brazo… de llenarse de tu dulzura y de amarte…
Yo...
Yo...mientras tanto... trataré de olvidarte. Y aunque no suceda, durante los años venideros que la vida me regale estaré siempre a tu lado con este callado amor.
Siempre presente y tan tuyo como siempre…
Albert.
No supe cuántas veces releí aquello… Solo cuando a la distancia escuché el viejo motor de una camioneta acercarse, me apresuré a dejar todo en su lugar para que no existiera rastro de mi impertinencia.
De más está decir que no fue la única vez en la que regresé a leer todo aquello que a "ella" le contabas, pues no vino contigo físicamente, pero era la dueña de todo tu ser. De tus días buenos y de los malos. Supe así que aquel diario era tu refugio y también tu perdición.
Jamás podría competir con ella…
Aun así me esforcé en entregarte todo de mi y esperar a que este día llegara…
No tengo miedo de leer lo que diga esa carta aunque me duela. Jamás me arrepentiré de amarte, aun si en ella dice que ya no deseas continuar con nuestro pacto, o algo peor, si le has puesto fecha a tu partida.
Tras recapitular en todo, me decido y abro el sobre para leer aquello tan importante como para que me escribieras. Al final… no hay fortaleza que dure y sin evitarlo me dejo llevar y comienzo a llorar…
Quisiera decirte mil cosas para explicarte todos estos meses de silencio, pero no puedo…no soy la clase de hombre que externa sus sentimientos y menos cuando estos podrían herirte.
Tú me has dado tanto… y es tan poco lo que has recibido.
Perdón…
Perdón por lo que no hice, aunque traté… Sé que algún día llegará ese hombre que te hará feliz hasta el final…
Ahora debo marcharme. Me ha llegado un telegrama de carácter urgente por la madrugada. La mujer que amo está perdida y sé que necesita de mi. No podría quedarme aunque quisiera. No soy nadie sin ella.
Aunque no me pertenezca…
William.
Continuará…
Hola a todas!. Espero que hayan pasado lindas fiestas.
Pues bien. Aquí estoy con otra historia de regreso. Pretendo que no sea muy larga y empieza un poco tortuosa, pero espero les guste.
Un Saludo a todas/todos.
Moon!.
