Nota inicial:
Esta historia transcurre después del final de Faraway Wanderers. No es un omegaverse, simplemente se toma como normal que algunos hombres pueden embarazarse, a esos hombres se les nombra como "varones fértiles", solamente.
Disclaimer: Tanto los personajes como el universo utilizados en el presente fanfic le pertenecen a Priest. Yo solamente me pongo a delirar imaginando historias con su niños y lo hago sin fines de lucro.
Capítulo 1
Zhou Zishu lo había estado pensando mucho. Las cosas iban bien entre él y Wen Kexing, sin embargo, sentía que algo faltaba en su pequeña familia y eso era un bebé. Pese a todo, Zhang Chengling no era su hijo y aunque lo hubiera sido, ya se había convertido en un hombre, así que como resulta natural, encontró a una esposa y formó su propia familia. Él era ahora el encargado de la Mansión de las Cuatro Estaciones, mientras que ellos vivían en una casa que construyeron muy cerca. Obviamente, aunque se veían a menudo, aquel mocoso idiota ya no era el mismo niño huérfano que habían recogido hacia unos ocho años.
Su marido y él aún eran relativamente jóvenes y sin duda había notado a Wen Kexing mirar con añoranza a la pequeña A-Xiang, la primogénita de su discípulo. Si tan solo fuera un varón fértil, pensó Zhou Zishu, podría darle una hija. Soltó un largo suspiro y entrecerró los ojos antes de beber un largo trago de vino de bambú. Miró a la luna. Supongo que... podríamos incluir entre nosotros a un varón fértil. Si eso complace el deseo de su corazón, dejarlo tener un concubino no estaría mal, supongo que podría ceder un poco en eso, después de todo su apetito sexual es demasiado alto para mí y un poco de ayuda no vendría mal.
Zhou Zishu se perdió entre sus pensamientos y el vino durante toda la noche, mirando las estrellas. Para su suerte, no había nadie cerca que fuera a importunarlo, así que decidió vaciar todo aquel líquido embriagador dentro de su estómago hasta quedarse dormido.
OoO
Wen Kexing volvió a primera hora de la mañana. Se encontró con su marido desparramado en el suelo, con hedor a alcohol y una botella a medio llenar aferrada a su pecho. Sintió una arcada de náuseas ante el hedor de la escena, pero se contuvo. Aguantó la respiración mientras se acercaba a él, le quitó la botella de la mano y lo alzó, haciendo que se apoyara en su hombro. Últimamente su cuerpo se sentía ligeramente débil, pero no era nada que no pudiera disimular y, además, ya tenía un diagnóstico que necesitaba compartir con su esposo de inmediato.
—A-Xu, eres un desastre, ¿lo sabes? Es increíble que no pueda dejarte solo ni siquiera una noche sin que te bebas todo el licor de la bodega.
Lo arrastró hacia dentro, llenó la bañera con agua fría y lo lanzó a ella. Zhou Zishu se molestó mucho con aquel gesto y se desencadenó una de sus muy cotidianas peleas. Terminaron volando el techo de la habitación en la que estaban y poco después, entrelazados bajo las mantas, como siempre. Sin embargo, como también era frecuente, Zhou Zishu no dejó que las manos de Wen Kexing llegaran más allá de su cintura.
—Lao-Wen, detente —pidió con voz firme. Wen Kexing detuvo su mano, que ya estaba un poco abajo del ombligo—. Tenemos que hablar muy seriamente.
Wen Kexing se quedó helado. Estaba seguro de que Zho Zishu ya lo había descubierto, pero no se sentía con el valor de hablar de eso en ese preciso instante, así que se le quedó mirando fijamente a los ojos y luego retiró su mano de donde se encontraba. Se colocó sobre él, dejando que su cadera se posara de forma obscena sobre la del otro hombre. Cerró los ojos durante un segundo y arqueó su cuello, junto a todo su cuerpo hacia arriba, en un gesto que podría parecer sensual, pero en realidad fue para disimular un ligero malestar que estaba sintiendo en ese momento.
—A-Xu, no puedes dejarme —le dijo, muy serio—. Sé que últimamente no he sido una buena esposa, pero hay una razón importante para... —no terminó la frase. Se le quedó mirando con sus ojos negros, profundos como el abismo.
Zhou Zishu no se atrevió a seguir con la propuesta que tenía preparada. Esa mirada en el rostro de su esposo solamente se mostraba con tal intensidad cuando había problemas y ahora que mencionó eso de sus salidas, se dio cuenta de que necesitaba una explicación para sus largas ausencias en la última semana, aunque nunca antes había pensado en ello. Ambos confiaban en el otro, así que cada quién podía ir y venir a su antojo, ocupándose de sus propios asuntos.
—Habla —espetó, con tono demandante.
—Yo... A-Xu, es algo que nunca esperé que sucediera, pero parece que... —suspiró—. Soy un varón fértil y vamos a ser padres.
Al escuchar aquellas palabras, la expresión de Zhou Zishu se desencajó por completo. Sus ojos se abrieron hasta que parecieron salirse de sus órbitas y su mandíbula se abrió tanto que parecía que iba a despegarse de su rostro. De todo lo que pudo haber pasado por su mente, jamás creyó que Wen Kexing le confesaría una infidelidad de forma tan descarada y mucho menos que lo complementaría con la existencia de un bastardo. Se lo quitó de encima con un manotazo y lo tiró sobre la cama. Lo aprisionó en esa posición de forma amenazante, mirándolo con furia. Parecía que en cualquier instante le lanzaría un golpe fatal.
—¿Desde cuándo estás con otro? —preguntó—. Nunca te dije nada de tus extrañas salidas porque sabes que no me gusta limitarte, ambos somos almas libres, pero esto... —se levantó, buscando su túnica exterior para ponérsela—. ¡Esto es demasiado, incluso para ser tú!
Wen Kexing se quedó mudo ante las acciones de Zhou Zishu y apenas reaccionó cuando lo vio levantarse de la cama.
—¿De qué mierda estás hablando? ¡Tiene que ser tuyo porque eres el único con el que me he acostado!
—¿Y qué eres? ¿Un maldito elefante? ¡La última vez que estuve arriba fue en la noche de bodas de Chengling y mira que su esposa dio a luz hace dos meses!
—A-Xu, tienes que creerme, yo no me he acostado con nadie más. Estuve saliendo porque me sentía enfermo y no quería preocuparte en vano, así que fui en busca de algunos médicos hasta que me remitieron a una matrona y ella lo confirmó ayer por la noche.
Zhou Zishu había estado luchando contra su túnica exterior. Con lo furioso que se sentía, ni siquiera encontraba la manera de atarla a su cintura. La tiró al suelo y volvió su vista hacia su pareja.
—Entonces la matrona está equivocada, es imposible que estés en cinta —Zhou Zishu aspiró profundamente y luego soltó el aire, tratando de relajarse. Buscó de nuevo su túnica exterior y finalmente pudo ajustarla de manera más o menos correcta—. Siempre he confiado en ti, así que buscaremos una segunda opinión. Le enviaré una carta al Gran Chamán para que venga a revisarte.
—A-Xu, no creo que sea necesario molestarlo, la matrona dijo que...
—¡Me importa una mierda la matrona! Iré donde Ping An ahora mismo, espera aquí.
Zhou Zishu salió de la habitación dando un gran salto. Las palabras de Wen Kexing solamente tenían dos explicaciones: o tenía una enfermedad extraña que muy pocos podían diagnosticar o estaba mintiendo. Fuera como fuese, no podía dejar su salud a la deriva. Uno de sus mayores temores era perder a ese hombre, a quien actualmente consideraba como la única razón de su existencia. Incluso, si era una infidelidad podría disculparlo, media vez él fuera sincero y le rogaba su perdón, pero si su enfermedad no tenía cura o se complicaba a causa de un mal diagnóstico, simplemente no podría perdonarse a sí mismo por su negligencia.
Wen Kexing, por su parte, saltó tras Zhou Zishu, pero en el momento en el cual sus pies se desplegaron del suelo, sintió un mareo profundo y decidió que lo mejor sería esperarlo en casa, rememorando cada uno de sus encuentros íntimos. No eran demasiados, después de todo, pues parecía que debían alinearse los astros para que su esposo estuviera de humor para hacer el amor. Y al final, después de rememorar tanto, cayó en cuenta de que había muchas noches que no recordaba muy bien, especialmente cuando lo hacían después de beber el vino de un burdel cercano, cuyo sabor le encantaba a Zhou Zishu. Al notarlo, Wen Kexing se puso manos a la obra y se dirigió hacia aquel lugar. Necesitaba preguntar cuáles eran los ingredientes de aquel vino tan delicioso.
OoO
Cuando Zhou Zishu volvió a casa, no encontró a Wen Kexing por ningún lado y su mente comenzó a sacar conjeturas extrañas. Recordaba la afición de su marido por "las bellezas masculinas de los burdeles" y temió que, si aquella afirmación de su embarazo era cierta, el verdadero padre de la criatura debía ser uno de ellos. Frunció el entrecejo y recordó el lugar donde compraban vino a menudo, así que se dirigió inmediatamente hacia allá, haciendo gala de las habilidades que le habían valido incluso para colocar a un emperador en su trono.
Al ser de mañana, la mayoría de los habitantes del burdel aún dormían. Para Zhou Zishu, aquello no era problema alguno. Sus pasos no se escuchaban sobre las tejas del lugar, pues parecían tan ligeros como las plumas. Afinó su oído. Escuchó algunos gemidos apagados en una de las habitaciones del fondo, pero era la voz de una mujer, así que lo pasó de largo, hasta llegar a la bodega, donde oyó finalmente la voz de Wen Kexing. Bajó del techo y se escabulló en el interior. Se escondió para poder escuchar con mayor claridad, incluso los susurros.
Wen Kexing solía ser bastante sociable cuando quienes lo rodeaban no parecían desear matarlo, así que, a fuerza de comprar el dichoso vino en aquel lugar, había terminado haciéndose amigo de varias personas allí, especialmente del dueño, quien era también un habilidoso licorero y solía venderle el vino cada vez que iba, pues parecía ser el único habitante de la casa que no vivía de noche. Esa mañana no fue la excepción y en cuanto le preguntó sobre los ingredientes del licor, aquel hombre había insistido en llevarlo hacia el interior de la bodega para explicarle con mayor claridad, después de todo, el hombre sabía que atravesaba ya el otoño de su vida y buscaba aprendices que quisieran continuar con su pasión por la elaboración del licor.
Aquél era un hombre bastante mayor. Zhou Zishu lo supo por su porte desgarbado, como el de un anciano, y su cabello canoso que estaba recogido en un moño alto. Lo único que podía observar desde su posición era su espalda, así que lo miró con detenimiento. Sabía la afición de su pareja por los omóplatos, por tanto, fue lo primero en lo que se fijó de aquel hombre. Sus huesos de mariposa eran grandes y fuertes, pese a su vejez, así que posiblemente, era el tipo de hombre del cual se le oiría comentar a Wen Kexing que "en su juventud debe haber sido una auténtica belleza" y eso hizo que su sangre hirviera dentro de sus venas, pero aun así, se quedó aguantando en su lugar. No quería delatarse.
—...así que ahora estoy en este gran lío con mi A-Xu por tu culpa. Ni siquiera sé cómo demonios le explicaré cómo fue que el bebé llegó aquí —se palmeó el abdomen—. Estoy seguro de que se sentirá traicionado cuando lo sepa y...
Desde su posición, Zhou Zishu no podía ver el panorama completo, pero sí lo suficiente como para notar que Wen Kexing se había reclinado contra la pared y el hombre mayor lo siguió, prácticamente colocándose sobre él.
—A-Xing... —lo llamó el hombre, casi en un susurro a su oído, mientras le acariciaba la espalda tratando de calmarlo como si fuera su propio hijo—. Recuestate un poco en mí.
Wen Kexing no podía articular palabras en ese momento, solamente logró soltar un gemido lastimero y algunos suspiros, mientras trataba de contener las náuseas y el mareo. En ese instante, todo a su alrededor giraba de forma vertiginosa y apenas podía mantenerse, presionando sus dedos contra la pared. Después de unos segundos, ni siquiera pudo hacer eso. Las luces del lugar comenzaron a bailar frente a sus ojos, justo antes de que todo se volviera negro y su cuerpo cayera en los brazos de aquel anciano.
Sin embargo, desde la posición de Zhou Zishu, la escena resultó por demás comprometedora. ¡Además, ese hombre había tenido el descaro de llamarlo "a-Xing"! Había esperado todo de Wen Kexing, incluso que tuviera un amante mucho más joven o mucho más fuerte y varonil que él, pero... ¿lo engañaba con un anciano? Apretó sus puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas. Tenía unas ganas tremendas de asesinar a esos dos, así que pensó que lo más oportuno sería retirarse del lugar para apaciguar su furia. Ya había visto y escuchado incluso más de lo que necesitaba.
Zhou Zishu se retiró, sin preocuparse por el ruido. Esperaba que Wen Kexing lo escuchara y tuviera la decencia de seguirlo, pero eso no ocurrió, así que, tras adelantar algunos pasos, decidió ir a buscar a su discípulo estúpido. Aun cuando este ya había crecido para formar su propio hogar y era el nuevo Maestro de la Mansión de las Cuatro Estaciones, Zhou Zishu seguía siendo su shifu y eso le daba todo el derecho de atormentarlo cada vez que quisiera.
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El anciano volvió su vista hacia atrás cuando escuchó un sonido extraño, pero no pudo percibir nada más que el movimiento de una sombra, a lo que no le prestó importancia alguna. Acomodó a Wen Kexing suavemente sobre el suelo y buscó su licor más fuerte para ponerlo bajo su nariz, esperando que despertara. Wen Kexing abrió los ojos segundos después, ligeramente desorientado. Suspiró al notar que se había desmayado otra vez y se acarició el puente de la nariz con dos dedos.
—No creo poder acostumbrarme a esto —comentó—. Es la segunda vez que me sucede en el último mes. —se incorporó lentamente, apoyándose en el anciano. Alisó su ropa y miró nuevamente al hombre frente a él—. Gracias por todo, pero ahora tengo que volver a casa antes de que A-Xu regrese y salga a buscarme. Todavía tengo que pensar en cómo voy a explicarle que el vino contiene sustancias afrodisíacas —soltó un largo suspiro—. Espero que no se moleste demasiado, aunque estoy seguro de que creerá que fue uno de mis trucos.
—Cuídate, A-Xing. Espero que puedas resolver los problemas con tu esposo. Sabes que si sucede algo, puedes venir a cobrarme el favor que te debo y quedarte aquí con mi mujer y conmigo mientras la situación se resuelve, tenemos un par de habitaciones libres.
—Gracias, anciano Cheng. Lo tomaré en cuenta, aunque espero no necesitar de su hospitalidad en el futuro.
Wen Kexing hizo un corto saludo, antes de dirigirse nuevamente hacia la residencia que compartía con Zhou Zishu. No era una casa muy grande y la habían construido en un terreno adjunto a la mansión de las Cuatro Estaciones, pues, aunque Zhou Zishu seguía siendo el Gran Maestro de aquel lugar, prefería tener un espacio privado para pasar el tiempo con su marido y no tener que toparse cada dos segundos a los discípulos torpes de su discípulo inútil. A Wen Kexing eso le había parecido simplemente una maravilla. Claro que nunca le importó verse vulgar o exhibicionista al pasear de aquí para allá toqueteando a su hombre, pero sin duda, se había incomodado un poco cuando comenzaron a llegar discípulos muy pequeños a la mansión y su comportamiento lascivo se volvió inadmisible, porque claro, podía comportarse así frente a adolescentes y adultos, pero los niños pequeños hacían preguntas extrañas y como apenas comprendían el mundo, lo pusieron en problemas más de una vez con sus curiosidades. Por eso, en cuanto surgió la posibilidad de construir una residencia privada para ellos dos, la tomó de inmediato. Allí podía tocar y besar todo lo que quisiera, sin la necesidad de verificar antes que no hubiera niños impertinentes.
El antiguo Maestro del Valle Fantasma entró a la residencia y recordó que con la pelea por el agua fría habían volado el techo de la habitación de baño. Suspiró pesadamente mientras buscaba a su esposo, pero al notar que aún no volvía, decidió ir por las maderas para reparar el techo. Ese tipo de desastres eran más o menos cotidianos, así que siempre estaban preparados para ello y aunque seguía sintiéndose tan mal como por la mañana, aun creía ser capaz de llevar a cabo una actividad tan cotidiana.
Nota final:
Nuestro A-Xu está celoso… ¡Encontró a Lao-Wen en una situación muy complicada! Lastimosamente lo malentendió todo. ¿Qué creen que sucederá después? Pueden dejar sus opiniones allí, en los comentarios 3
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
