Daban las 12 de la noche, el hokage se encontraba en su oficina terminando de tramitar unos documentos no tan relevantes pero a los que tampoco podía restarle importancia.
—¿No crees que es mejor dar por terminado el trabajo el día de hoy?
—Falta poco, ya casi termino, ¿no sería mejor acabarlo ahora mismo?
—Como tú digas... —el Nara suspiro fastidiado mientras acomodaba unos papeles sobre el escritorio y los dejaba en una enorme pila.
El rubio notó el cansancio de Shikamaru, después de todo, incluso su amigo había llegado antes que él a la oficina para comenzar con sus obligaciones y había trabajado arduamente como siempre, tampoco podía negar que él también se encontraba cansado. Sentía morirse.
—Puedes adelantarte Shikamaru, terminaré unas cuantas más y me iré a casa.
—¿Estas seguro?
Naruto respondió asintiendo con la cabeza y, una pequeña y débil sonrisa.
—De acuerdo... ¿Seguro que te irás a casa? —Shikamaru no quería dejar a Naruto, sabía que no se iría de ahí hasta haber terminado con todo.
—Se lo que estás pensando, pero hasta yo necesito descansar, prometo que terminó la hoja que estoy haciendo y me voy de aquí, no creo que sea bueno dejarla a la mitad.
—Seguro... Y también seguramente tienes cosas más importantes en las que pensar, ¿verdad? —Lo miro de reojo tomando al rubio desprevenido mientras abría la puerta.
—¿Qué? ¡No! ¡No es así! Yo solo... —Respondió en un titubeo.
—Nos vemos mañana, Naruto. —Se despidió al salir de la habitación sin dejar que el rubio terminará de hablar.
Si bien era cierto que a Naruto no le gustaba dejar las cosas a medias desde que era un niño, había algo más que lo mantenía preocupado. Razón por la que el rubio había estado demasiado distraído los últimos días: Su relación con su esposa, así es.
Hace un par de semanas Naruto se dio cuenta del distanciamiento, tanto emocional como físico, que había tenido con su esposa. ¿Cuándo pasó? Él tan solo se había dado cuenta hace no mucho, posiblemente ese problema llevaba aún más tiempo de lo imaginado.
Durante noches en las que él llegaba de trabajar un poco cansado, tenía el deseo de estar con su esposa. Así que al llegar, iba directamente a su habitación en donde se supone su esposa estaría esperándolo.
La azabache siempre se encontraba dándole la espalda, se recostaba detrás de ella con delicadeza para no despertarla en el caso de que de verdad estuviera descansado. La tomaba por la cintura y se acercaba hasta poder besar su cuello. Sin embargo, siempre recibía la misma respuesta: un silencio total. Pensaría que estaba en un sueño profundo pero siempre podía sentir los temblores que provenían de ella al lamer su oreja. También podía escuchar los pequeños sollozos que daba la Hyuga que lo despertaban en las madrugadas.
Fue así como se dio cuenta de todo lo que estaba sucediendo, ya que ni siquiera lo había notado cuando trató de bañarse con ella y no se lo permitió.
Y en la cabeza del rubio se encontraba un solo pensamiento... Esta noche se arreglaría todo y salvaría su relación. Después de todo, no había partido la luna a la mitad por nada.
Terminó su papeleo y como acordó con el Nara, se fue a casa. Una vez ahí, dejo su calzado acomodado frente a la puerta y se dirigió a su habitación en un rápido andar.
Esta vez, Hinata se encontraba leyendo sentada en la orilla de su cama.
—Naruto-Kun, bienvenido. —Lo miró con sorpresa y le mostró una sonrisa mientras colocaba el libro en la mesa de noche aún lado. —Gracias por tú esfuerzo del día de hoy.
《Esa sonrisa me esta ocultado algo.》
—Creí que estarías dormida. —Comentó al quitarse la ropa.
Hinata se acostó y giro su cuerpo involuntariamente.
Apagó la luz de la habitación, lo único que se encontraba alumbrando en este momento era la pequeña luz de noche que la azabache utilizaba para leer cuando no podía conciliar el sueño o cuando decidía esperarlo.
—Hinata... —estaba dándole la espalda una vez más, cuando volteó, vio a Naruto sentado de rodillas a su lado. —Puedo... Tú puedes... Quiero decir, podemos... —Se rascaba la cabeza mientras sus palabras se cruzaban.
Hinata creyó haber entendido y extendió sus brazos. —Ven aquí.
Un abrazo no era lo que Naruto pensaba pedirle, pero al ver lo adorable y bella que se veía su esposa de esa forma sin dudarlo se lanzo a ella y dejó que sus brazos lo rodearán. Se acostó de forma en la que su rostro quedo sumergido en los pechos de la azabache.
La abrazo de igual manera y acerco más ambos cuerpos. Comenzó a olerla, olía tan bien... Su aroma lo impregnó por completo de una forma pertinaz, más que cualquier olor, era el delicioso perfume que solía utilizar.
Presiono más su cara en los pechos de Hinata y rompió el silencio de una forma directa.
—Hinata, quiero hacerlo...
—Creo que necesitas descansar, será otro día. —Dio un beso en la frente del rubio y bostezo.
Naruto pensó en rendirse esta vez, creyó que dormir abrazados y estando con ella sería mas que suficiente. Cambió de idea cuando notó el cosquilleo en su entre pierna. Parece que el tan solo pensar en hacerlo tendría efecto en él.
Repitió una vez más —Hinata... quiero hacerlo. —Mientras presionaba más su rostro contra su pecho.
Comenzó a acariciar sus piernas descubiertas (solo vestía un pequeño short), de arriba hacia abajo con sutileza causando que la azabache temblará.
Se acomodó de tal forma que ahora quedaron cara a cara.
—Naruto-Kuh...
Se acercó al cuello de la azabache y después de oler una vez más, fue dejando besos húmedos en él hasta llegar a la parte trasera de la oreja y lamer lentamente. La mano de la azabache presionaba cada vez más fuerte la playera negra del rubio mientras repetía su nombre una y otra vez, comenzaba a sentirse bien, bastante bien.
Se detuvo a mirar su rostro, sus ojos brillaban y gracias a la tenue luz podía ver sus mejillas color rosa. Acercó el suyo lentamente, comenzaban a sentir el aliento del otro. Sus labios eran suaves y tibios contra los suyos. Comenzó a dudar, ¿cuándo había sido la última vez en la que la había besado de está forma tan tierna? ¿Cuándo fue la última vez que la tocó así? ¿Cuando fue la última vez en la que habían dormido abrazados? ¿Cuándo?
Sin duda alguna, el ser Hokage era algo que él anhelaba desde pequeño, su más grande deseo, pero uno de sus sueños era tener también una familia en la que pudiera apoyarse. Al fin la tenía y comenzaba a sentir que no la valoraba.
