Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

Personaje: Odd Della Robbia, Sissi Delmas.

Segunda oportunidad

Bien.

De acuerdo.

Se había equivocado a lo grande.

Los pasos furibundos de Sissi resonaron por el camino hacia la residencia de estudiantes, sus talones levantando ligeras volutas de polvo de una tierra demasiado seca.

La mejilla le latía insistente allí donde sus dedos habían quedado marcados en rojo. No era la primera vez que Sissi le daba una bofetada, pero sí la primera en la que empleaba toda su puñetera fuerza. ¿Se la había merecido? Sí, por supuesto. Intentar decir lo contrario sería faltarle a la verdad descaradamente.

Podría haberla seguido, pero no habría servido de nada y lo más probable es que se ganase otra bofetada y, con una, ya tenía más que suficiente.

Su teléfono móvil sonó perdido en uno de sus bolsillos. Descolgó y se lo llevó al oído.

—¿Qué? —farfulló.

—Odd tienes que venir a la fábrica.

Suspiró. No necesitaba que le dijera nada más, había captado el mensaje a la perfección. Colgó.

Sissi tendría que esperar, a lo mejor ese tiempo extra le permitía dar con un modo adecuado para disculparse por el daño, involuntario, que le había causado. No obstante, sabía que esta vez no iba a perdonarle, que había quemado todos los puentes entre ellos, que era irreversible. Lo asumía. Lo aceptaba. Pero necesitaba pedirle perdón por haber sido un imbécil.

Corrió hacia la fábrica, el hogar del siniestro superordenador y su archienemigo X.A.N.A., se deslizó por la cuerda con agilidad y bajó en el ascensor a la sala de los escáneres.

—Por fin, Odd —pronunció la voz de Jérémie procedente de los altavoces en los más alto de la sala—. Entra en el escáner, eres el último.

En un momento normal habría hecho alguna broma, pero no estaba de humor. Sólo podía pensar en su propio desastre.

Sus pies se virtualizaron sobre el sector del hielo, aterrizó con elegancia y siguió la dirección que Jérémie le indicó. Divisó la batalla desde la distancia, corrió más, no quería perderse toda la acción, deseaba luchar para desahogar su rabia.

Saltó por encima de Yumi que rodó por el suelo tras recibir un impacto en el pecho y descargó sus flechas láser sobre una de las cucarachas. Una de sus flechas se desvió hacia Ulrich.

—Maldita sea, Odd —protestó sacudiendo el brazo envuelto en un chisporroteo azul.

Soltó un bufido. Primero la cagaba con Sissi, ahora la cagaba en combate hiriendo a su compañero.

Trató de concentrarse, pero no lo consiguió. Lo ocurrido con Sissi se empeñaba en dibujarse una y otra vez en su mente como si alguien estuviera rebobinando la misma escena de una película hasta la saciedad. La marca enrojecida de su mano parecía seguir palpitando en su mejilla a pesar de no tener un cuerpo auténtico en Lyoko, tal vez eran los remordimientos. Se frotó la mejilla distraído y para cuando quiso darse cuenta estaba, de nuevo, en el interior de la cabina dorada de la sala de los escáneres.

—Hoy no es mi día —farfulló molesto.

Tomó el ascensor para hacerle compañía a Jérémie, deseando que la escena no se repitiera una vez más en su cabeza.

—Odd, ¿estás bien?

—Sí, lo siento.

El joven informático sacudió la cabeza, no estaba bien, aunque no sabía por qué, no iba a preguntarle mientras el resto luchaba en Lyoko porque podían oírles y porque Odd era el tipo de persona que si quería hablar de lo que le preocupaba, simplemente, lo soltaba. Odd no era como Ulrich o él, no era reservado ni contenido, Odd era una constante explosión.

Una ventana emergente parpadeó en la parte inferior derecha de la pantalla, Jérémie, la maximizó. Era una retransmisión en directo del caos que empezaba a extenderse por las calles del pueblo. Odd se sintió mal, pero deseó que Jérémie considerase que un salto al pasado era lo más adecuado en esas circunstancias, eso le daría una segunda oportunidad con Sissi, así podría reparar el daño que había hecho y no cometería de nuevo aquel fatídico error.

—Aelita, tienes que darte prisa, la cosa se está poniendo bastante fea por aquí.

»Cuidado Yumi, te quedan treinta puntos de vida.

A Odd no le importaban los puntos de vida que le quedasen a Yumi. Se aferró al brazo de la butaca tenso, tratando de interpretar los símbolos de la pantalla sin saber muy bien qué quería ver en ellos.

Jérémie respiró aliviado y Odd comprendió que Aelita acababa de entrar en la torre para desactivarla. Tecleó para traer de vuelta a Ulrich y Yumi y volvió a hacerlo cuando Aelita anunció que la torre estaba desactivada.

—Voy a lanzar la vuelta al pasado, ¿estáis listos?

Odd asintió tragándose las ganas de besar a Jérémie por regalarle la posibilidad de arreglar lo que había destrozado.

Volver al pasado siempre era raro, como parpadear en una sala en la que las luces se encendían y apagaban de manera constante, el breve instante de no saber dónde te encuentras y el momento en el que te golpea la realización de lo que estabas haciendo.

Sissi, frente a él, se acomodó un mechón tras la oreja. Un punto de timidez dominaba aquel gesto que logró apreciar en aquella inesperada segunda oportunidad.

—Entonces —susurró ella—, se supone que…

—Sí, supongo que sí.

—¿Por qué?

La miró evitando pronunciar la frase que le había empujado al abismo la primera vez, había sido una frase inocente interpretada de la manera incorrecta. No podía haber predicho que su «porque prefiero llevarme bien contigo» iba a tener un giro tan oscuro, que tras ella se iban a encadenar más frases desastrosas y mal interpretadas.

—No quiero seguir en guerra contigo, me caes bien.

—Te caigo bien —repitió con tono seco.

—Sí, en serio.

Esta vez no podía decir nada que pudiera interpretarse mal, no tendría una nueva oportunidad. Tenía que ser sincero.

—Desde el primer día hemos estado metiéndonos el uno con el otro —optó por empezar por ahí con la esperanza de encontrar la mejor manera de encauzar aquello en la buena dirección—. Es divertido, a veces, pero Sissi, no quiero seguir con eso.

—Porque te caigo bien.

No parecía enfadada, pero sí decepcionada.

—Bueno, sí.

—Y ya está.

Lo entendió. Comprendió porque, cuando había interpretado que sólo quería llevarse bien por ser la hija del director de Kadic, había montado en cólera y le había soltado la bofetada de su vida, también porque ahora parecía decepcionada con el rumbo de aquella conversación. También el gesto tímido y seductor al pasarse el pelo tras la oreja.

Creía que Sissi buscaba un amigo, que por eso se había acercado a él la primera vez; por eso y por Ulrich, por supuesto. En base a ello, Odd, había montado toda su estrategia. Su plan consistía en lograr entablar una amistad sana con ella, alejada de lo que había marcado su relación hasta entonces, y enamorarla poco a poco. Es parte era la que no sabía cómo podía conseguirla, pero él era paciente si el resultado valía la pena y aquello, sin duda, valdría la pena. En su plan mental sabía que sería muy difícil, por eso no se esperaba haber cumplido con aquel objetivo antes de empezar.

¿Cómo había ocurrido? ¿En qué momento Sissi se había fijado en él? ¿Qué había marcado la diferencia? Era todo un gran enigma, pero no iba a dejar escapar aquella oportunidad de oro que le había caído encima junto a la vuelta al pasado.

—No, no está.

—Odd, si esta es una de tus bromas no tiene ninguna gracia.

—Escucha y no te burles de mí, ¿vale?

Puso los ojos en blanco, pero su ánimo pareció volver a momentos antes de ponerse a la defensiva.

—Me gustas —soltó con facilidad, sin gestos exagerados porque quería que le tomara en serio, que no quedara espacio para pensar que se estaba burlando de ella—. Y quiero que volvamos a empezar, porque nos hemos hecho daño y no es la mejor manera de…

—¿Te gusto?

—Sí, en serio, desde hace tiempo.

Se quedó muda, la brisa la despeinó y él imitó su gesto para acomodarle el pelo tras la oreja.

—¿No damos una segunda oportunidad? —le preguntó tendiéndole la mano.

—Si haces que me arrepienta de esto, Odd Della Robbia, convertiré tu vida en un infierno.

Sonrió consciente de que no era una amenaza en vano, que si Elisabeth Delmas lanzaba aquella promesa al viento era capaz de cumplirla sin esfuerzo. Sin embargo, no tenía ninguna intención de permitir que sucediera. Empezarían con buen pie y todo iría bien.

Finalmente, Sissi, le estrechó la mano con fuerza, la misma que había empleado la primera vez para abofetearle, dejando claro que no iba a dejarle pasar ni una.

—¿Yo también te gusto?

Sissi le empujó. No iba a responderle tan pronto, ya lo esperaba.

—Puedes invitarme al cine mañana, dan una película que quiero ver.

—Pasaré a buscarte, puntual, a las cuatro.

—Más te vale. Hasta mañana, Della Robbia.

La observó alejarse en dirección a la residencia, con pasos tranquilos y el polvo de la tierra demasiado seca levantándose a su paso. El fantasma del desastre anterior se desvaneció.

Lo haría bien.

Funcionaría.

Esta vez no cometería ningún error estúpido.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Empezamos con Odd y Sissi ¿por qué? Bueno, pues porque tengo debilidad por ellos y eso no es ningún secreto. Además, el modo en que cortan de raíz su relación nunca me ha gustado porque no le encuentro sentido. Por eso la segunda oportunidad es perfecta para ellos.
Tendría que haberlo subido ayer, pero ha sido una semana horrorosa de trabajo, así que no he empezado con muy buen pie, pero me voy a poner al día.
Espero que os haya gustado.