CAPÍTULO I

Jaime Lannister sintió el odio en la mirada de Ned Stark desde que lo encontró sentado en el Trono de Hierro frente al cadáver del Rey Loco. De no ser por él miles de personas hubieran muerto, aun así, no se tomó la molestia de contarle la verdad, nada que saliera de su boca cambiaría el juicio del lobo silencioso. Siempre lo odiaría, después de todo no le bastó con su juicio moral sino que convenció al Rey Robert de enviarlo al Muro, lejos de la Corte, lejos de Cersei.

Pudo resistirse, pudo apelar al Rey Robert con toda la ira de Lord Tywin y aun así no lo hizo, no quería darle el placer a los Starks de derramar sangre Lannister. Si era necesario que se pudriera en una prisión de hielo para salvar el pellejo de Cersei lo haría, después de todo un hombre de su estirpe podría darse ciertos lujos vetados al pueblo llano.

Lo único que extrañaría sería la compañía de su hermana. Solo ella podía entenderlo y solo con ella podía sentirse completo, pero para su desgracia los dioses les dieron el apellido Lannister y no Targaryen. De lo contrario su amor podría ser público y nadie podría cuestionarlos.

—¿Estás seguro de esto, Jaime? —preguntó Lord Tywin. —Podría pagarle a un corsario para que nunca llegues a Guardiaoriente.

—No, padre —respondió Ser Jaime —. Debo cumplir lo que me corresponde.

—Lo que te correspondía era el linaje Lannister, no la Guardia Real ni mucho menos la Guardia de la Noche.

—Esa es la tarea de Tyrion, no la mía.

Lord Tywin no quiso insistirle más, partiría a Guardiaoriente, eso sí, partiría como un Lannister. Lord Stark podría desaprobarlo internamente, pero 250 hombres partiendo al Muro eran un precio a pagar por su silencio. Ser Jaime llegaría al muro con más pompa que Cuervo de Sangre. De ser necesario Lord Tywin enviaría a su hijo al Muro con grilletes de oro, no obstante, aceptaría tomar el negro por las buenas.

Cersei no se despidió de él, estaba indignada y enojada. Sus días de placer habían quedado en el pasado, ella sería la reina y la futura madre de los príncipes. Quizá algún día ella y el rey visitasen el Muro como Alysanne y Jaehaerys, pero los días de los dragones terminaron por su propia mano y nada en Poniente volvería a ser igual.