Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia.
Importante: Por decisión de la Autora, habrá un capítulo más, este NO es el final.
Capítulo 36
Amigas
Escuché a los soldados celebrar la victoria de Sesshomaru, pero él, no dirigió su mirada a ningún otro sitio más que a donde estábamos Gobodo-sama y yo. Apartó su katana del cuerpo inmóvil de Haru y caminando, comenzó a acercarse a nosotras. Cuando ya faltaban solo un par de metros, comencé a caminar, después, simplemente comencé a correr, y cuando por fin lo vi cerca, me lancé a sus brazos. Me sostuvo con fuerza y abrazándome a su cuerpo, me trasmitió una cálida sensación de paz, que me hizo suspirar.
Sentí un extraño movimiento de su parte, así que apartando mi rostro de su pecho, voltee a verlo. Su mirada, estaba enfocada hacia Gobodo-sama.
- Si no quieres una guerra, infórmale a Hideaki que su hija está aquí – pronunció ella, con suma tranquilidad, como si la imagen de su hijo con manchas de sangre en todo su motsuki no le afectara en nada.
Sesshomaru asintió. Después, dirigió sus ojos a mí.
- ¿Te lastimó?
- No… a mí no – respondí. Y aunque levantando una ceja, acarició los raspones que tenía en mi rostro, no insistió más.
- ¿Te vas? – preguntó casi enseguida, aun hablando con Gobodo-sama. Voltee la mirada y ella, ya estaba dirigiéndose fuera, sin embargo, al escuchar la voz de su hijo, se detuvo para pronunciar:
- Solo vine para comprobarlo. Ahora que lo confirmé, ya no tengo nada que hacer aquí. – después agregó – Por cierto, gracias por tan interesante entretenimiento. –dicho eso, se fue junto con sus escoltas que ya la esperaban.
Sesshomaru no dijo nada, pues sabía que la confirmación que su madre había hecho, era sobre su decisión al haber tomado a una humana como esposa. Como bien lo había mencionado en la carta, su presencia en el palacio fue simplemente para verlo con sus propios ojos. La elegante mujer, realmente no estaba de acuerdo en que su hijo, un poderoso Daiyokai, hubiese elegido a una humana como compañera, sin embargo, ver la capacidad de la chica para defenderse y contemplar de cerca su preocupación para con Sesshomaru así como el respeto que impartía para los soldados del palacio, la hizo no sentirse tan incómoda, al fin, no es como si visitara muy seguido el palacio.
Es así que, sin decir más, decidió marcharse, si Sesshomaru había heredado ese extraño aspecto de su padre, no había nada por hacer.
No estoy muy segura si el entretenimiento que mencionó, fue la pelea entre Sesshomaru y Haru. Pero algo que me inquietó, fue que conociera los motivos de este, pues siendo sincera, no fue la mejor manera en que podría haber imaginado un rencuentro con ella, ahora que Sesshomaru y yo estábamos juntos. Pero en fin, no podía hacer nada para cambiarlo, solo esperaba que el próximo encuentro, tuviera la misma libertad que había sentido al hablar con ella.
- ¿Mi madre fue quién te lo dijo? – preguntó Sesshomaru, apartándome de mis pensamientos. De inmediato supe que se refería a la noticia de mi embarazo.
- Si… ella me lo dijo. - Gesticuló una expresión que no pude identificar, después de eso, posó una de sus fuertes manos en mi vientre.
- Debes descansar – susurró. Y eso si lo comprendí a la perfección. Pues haber hecho ese gesto, significaba lo feliz que estaba por la noticia.
Le sonreí conmovida y con los ojos cristalinos, ya no pude contenerme, ese día, había vivido tantas emociones que simplemente las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Sesshomaru no dijo nada, conocía mis motivos, así que solo acarició mi rostro y con delicadeza limpió mis lágrimas. Sabía que intentaba decirme que todo estaba bien, que ya todo había terminado, pero aun así, no podía evitarlo, él estaba sangrando, mis amigos estaban lastimados, y Haru, estaba muerto.
- Tus… tus heridas… - susurré, intentando recobrar la calma.
- Tranquila – adelantó - Estoy bien.
Lo observé incrédula, pero él, sin importarle mis sospechas, me cargó entre sus brazos. Ordenó a los soldados que limpiaran el campo y sin decir más, nos dirigimos fuera. Jaken llegó justo después, felicitó a su amo por su victoria e intentó felicitarnos por la reciente noticia pero Sesshomaru lo interrumpió, ordenándole que se encargara de todo, y sin más, me llevó a nuestra habitación.
Mientras nos marchábamos, no voltee para atrás, no quería que esa imagen de Haru se quedara en mi memoria. Quería recordarlo como el amable Yokai que se convirtió en mi amigo, y no como en el Yokai, que por su obsesión, y estar dispuesto a lastimar a mi hijo, yacía muerto en el suelo.
Esa noche, dormí aferrada de Sesshomaru, sanando entre sus brazos todo lo que había vivido ese día, y en cada suspiro, llenando mi cuerpo de valor, para afrontar la mañana que nos esperaba.
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La mañana siguiente, aunque Sesshomaru insistió en que descansara, no quise hacerlo, no me sentía lastimada o cansada, al menos no físicamente, así que, no solo podía sino que debía estar presente en todos los asuntos que resolver tras lo sucedido. Fue así que lo más pronto posible, Jaken junto conmigo, le informamos a Sesshomaru lo que había pasado con la princesa Aratani, y como era de esperarse, la muerte era la única manera de pagar su ofensa. Sin embargo, a pesar de que fui yo, el verdadero objetivo de la princesa, le pedí a Sesshomaru que no fuera ejecutada. Y no, no fue exactamente por bondad, sino más bien, por lastima.
No puedo negarlo, la odiaba, pero por más que la odiara, no significaba que deseara su muerte. Afortunadamente y a pesar de que no fue mucho de su agrado, Sesshomaru accedió a mi petición y le perdonó la vida regresándola a sus tierras. Pero eso no fue todo, pues el Almirante Hideaki, no solo recibió a su hija, sino también el informe de lo sucedido, y avergonzado de la situación, quiso hablar con Sesshomaru para llegar a un acuerdo, pero está claro que gracias a que la princesa Aratani había violado el tratado de las tierras, al invadir el palacio del Oeste, agrediendo no solo a los soldados y guardias del palacio sino también a Lady del Oeste, el no iniciar una guerra y haberle perdonado la vida a su hija, ya era más que suficiente, por lo tanto, el Almirante no pudo hacer otra cosa más que aceptar el castigo de las cláusulas que él mismo había puesto en el tratado, y era que de manera inmediata, Sesshomaru tomaría el poder de ambas regiones.
Era un Yokai de honor, así que aunque no fuera de su agrado, entregar sus tierras a Sesshomaru fue irrevocable, pero gracias a que se aproximaba un evento importante, Sesshomaru decidió que Hideaki continuaría encargándose del Norte. Ya en su futura visita se establecería de qué manera se degradaría el puesto del Almirante, sin embargo la única que perdería su título de manera inmediata, seria Aratani.
Terminado ese asunto, y enfocándome ahora en mi palacio, se confirmó lo que sospechaba. Fuji realmente había muerto en batalla, y aunque los demás fueron rápidamente trasladados para ser atendidos, Haki no tardó en acompañarlo, pues no resistió y minutos después de ser atendido, él, también murió. No es como si hubiera dejado hasta el último lugar lo sucedido con mis escoltas, esto se me había informado aun cuando todavía estábamos resolviendo el asunto con el Norte y debo confesar que en ese momento, no supe como sentirme, no sabía si estar feliz porque dos de mis cuatro escoltas seguían vivos, o sentirme devastada por haber perdido a dos de ellos.
Quizás fue mi notable temor a perder a alguien más, lo que hizo que Sesshomaru ordenara que Dai, Isao, y Narumi, fueran trasladados a aposentos independientes para que tuvieran mejor atención médica, así como insistirme que me fuera a descansar, pero está claro que no lo hice. Sé que tal vez no podía intervenir para curarlos pero, al menos, quería estar presente, quería que sintieran mi apoyo, mi cariño y mi agradecimiento.
Así mismo, sé que hacer eso, no solo no fue del total agrado de Sesshomaru sino que también le preocupaba, pues mientras me encargaba de ellos, Jaken se convirtió en mi sombra, junto con otras cinco meidos que a cada minuto me preguntaban si necesitaba algo, ya fuera comida, descanso, aire fresco, masajes o más comida. Eran las primeras semanas, no tenía ningún síntoma de cansancio, antojos o mareos, pero aun así, que Sesshomaru procurara mantener cubiertos esos aspectos, me parecía un gesto tan tierno como encantador.
Pasaron días, y por fin, se me informó que Narumi había despertado, de los tres, ella era la primera así que ese día después de ir a ver los avances de Dai e Isao, me dirigí a los aposentos de Narumi, tenía muchas ganas de volver a hablar con ella.
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Llamaron a la puerta, la Yokai ya se encontraba despierta y sentada en el futon. No esperaba a nadie, así que no le tomó mucha importancia y simplemente permitió que ese "alguien" entrara. Entonces, sin imaginarlo, la puerta se abrió, mostrando la imagen de Rin. Pero la sorpresa de la pelirroja no se quedó ahí solo por ver a su señora, sino que aumentó, cuando esta misma, en un acto inesperado, se acercó a ella, atrapándola con un abrazo.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó, preocupada, a pesar de que Narumi no correspondió el abrazo. Pues la Yokai, más que sorprendida, se encontraba confusa.
- Me siento bien… - suspiró - Pero, ¿Usted? – cuestionó casi enseguida, y preocupada, dirigió sus ojos a mi vientre. Está claro que eso que Aratani no permitió que Narumi me dijera cuando apareció en el jardín, fue que ella, ya se había percatado de mi embarazo. Por lo tanto, no lo oculté.
- También lo estamos – respondí, posando mis manos en mi vientre. Ella comprendió mi acto y después de sonreír, bajó la mirada.
Comprendiendo su actitud, no dije nada más sobre ese tema y me enfoqué en contarle todo lo sucedido con la princesa Aratani, y aunque Narumi no limitó su opinión al comentar que ella habría preferido su muerte, su semblante cambió en cuando le comenté sobre las pérdidas de Fuji y Haki, así como la muerte de Haru, pues fue claro su dolor al lamentar lo sucedido con sus compañeros y por quién fue su amigo de años.
Quizás, en ese momento, las advertencias de Narumi hacia Haru podrían haberse visto como un reclamo o como un reproche, solo por haber fijado sus ojos en una humana, pero lo cierto es que, eran verdad. Ella, de alguna forma lo sabía. Sabía que haberse enamorado de la protegida del amo Sesshomaru, llevaría a Haru, a su muerte. Tal vez, su relación había cambiado y ya no eran el par de amigos que solían ser, pero eso no significaba que no lo apreciara o que no le hubiera dolido su muerte. Sin embargo, ya no había nada por hacer, simplemente quedaba recordarlo, como el gran general que fue dentro del palacio.
Entonces, después de darle tiempo para digerir, añadí:
- Sé que tal vez, es mucha información para solo un día pero… - suspiré - Tampoco puedo quedarme sin mencionarlo – ella, volteó curiosa - Sé que nuestra relación, nunca fue necesariamente amistosa, y aun así, ese día, sin pensarlo, te enfrentaste a la princesa, casi pierdes tu vida y lo hiciste no solo para protegerme, sino también a mi hijo – entonces agregué - No sé cómo puedes tú, considerar ese acto pero para mí, fue algo gigantesco. Algo que nunca me cansaré de agradecerte.
Aunque ciertamente, el acto de Narumi había sido completamente instintivo, reconsiderarlo la había hecho entender, que en efecto, ese rencor que alguna vez sintió por Rin, había desaparecido completamente, al grado de considerarla su señora, y al grado de apreciarla lo suficiente como para haber estado dispuesta a morir por ella.
- No hace falta que me agradezca. – respondió, pero tomando su mano, me adelanté:
- ¡Claro que sí! Y debes saber que no solo yo lo estoy, sino también Sesshomaru.
Pero entonces, al escuchar su nombre, la Yokai, abrió los ojos.
- Me encargué de decirle todo lo que hiciste, y aunque… tal vez nunca lo escuches decirlo, él, esta tan agradecido como yo. – sonrió con dulzura, y añadiendo dijo: Narumi, quiero que de ahora en adelante, estés siempre conmigo. Ya no quiero que solo seas mi dama de compañía, quiero que seas mi amiga.
Y aquellas dulces palabras, estuvieron a punto de convencerla, pues la habían hecho olvidarse por un instante de la realidad. Le habían hecho creer que si, tal vez, a partir de ese momento, todo cambiaría en el palacio, tendría la confianza de Rin, y el agradecimiento de Sesshomaru, por lo tanto, su estatus aumentaría, y su vida, de cierta manera, sería mejor. Aparentemente mejor, porque por mucho que le gustara la idea de ser amiga de Rin, nada cambiaría la verdad, y es que a pesar de todo, la humana, siempre sería la mujer que ella siempre deseo ser. La mujer amada por Sesshomaru.
Lo sabía desde hace tiempo, había aceptado que tanto Rin como Sesshomaru, eran el uno para el otro, pero eso no significaba, que dejara de doler, que dejara de amarlo. Es por eso que, ya se lo había planteado anteriormente. Vivir siendo testigo de la felicidad de Sesshomaru con Rin, no era una vida que ella deseara, porque si bien aceptaba no ser ella la ganadora de su corazón, tampoco veía factible observar, sufrir y agonizar dentro del mismo circulo. Fue entonces que lo comprendió. Por mucho que le hubiese tomado cariño a la humana, por mucho que hubiera superado su obsesión, no dejaba de amar a Sesshomaru, no dejaba de sufrir por él.
Por lo tanto, ese día en el jardín, justo antes de saber que su señora estaba embarazada, planeaba pedirle que le otorgara su libertad.
No mentí, realmente lo deseaba y por el rostro de Narumi de inmediato advertí lo conmovida que estaba, sin embargo, no me esperé la respuesta que me dio.
- Lo siento Lady Rin… no puedo. – pronunció, borrando al instante mi sonrisa.
- ¿Qué? – dije ahogando un suspiro.
- No es porque no quiera – adelantó – Sino porque… no puedo…
- ¿No puedes? No te entiendo – indagué, pero Narumi, no me respondió. Entonces, frustrada le exigí que me respondiera. - ¡Respóndeme Narumi!
- Ya no puedo estar en este palacio y tampoco, ya no quiero. – y antes de que pudiera decirle algo, añadió - ¿Podría por favor, darme la autorización para poder irme? – y como lo dije, fue algo que nunca esperé escuchar.
- ¡¿Qué?! Pero, ¿De que estas hablando? ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué me pides eso? – interrogué confusa.
- Lady Rin…
Para Narumi, hablar con la verdad no era del todo agradable, pero, tampoco deseaba mentirle. Entonces, pasando saliva, tomó valor para confesarle a Rin, sus verdaderas intenciones.
- Quiero irme porque ya no puedo seguir con esta vida. – suspiró - Ya no puedo seguir observando de lejos, y sentir como se rompe otro pedazo de mi corazón cada vez que los veo.
Y tras escuchar sus palabras, no pude decir nada más, lo había entendido perfectamente. Puesto que yo, lo sabía.
Anteriormente, Narumi ya se había encargado de aclararme sus sentimientos y aun así, confieso que había hecho todo lo posible para intentar olvidarlos, para fingir que no era cierto, para no sentir celos, y para negarme a mí misma, que no podían existir más mujeres que podrían llegar a enamorarse de Sesshomaru. Pero por más esfuerzo que puse, está claro que no funcionó.
Me levanté del futon y por instinto, me alejé un par de pasos. Sabía que ella no tenía la culpa, yo la había hecho decirme, pero aun así, me sentía furiosa.
- Le pido me disculpe – adelantó – No quise incomodarla, pero mi intención fue simplemente hablar con la verdad.
Entonces, ¿Debía agradecerle su sinceridad? – Pensé – y aunque aún me sentía molesta, al considerarlo llegué a la conclusión de que sí, debía agradecerle. Debía agradecer que me hubiera abierto los ojos, para entender que no era justo, ni para ella ni para mí, porque aunque no me lo había dicho directamente, yo estaba a punto de cometer el error de estar dispuesta a convivir y hacer parte de mi familia a la mujer que amaba a mi esposo. Aunque no solo eso, sino también a comprender que estaba siendo egoísta. No estaba considerando los sentimientos de Narumi, y en su lugar, me había convencido de que ambas podríamos ser amigas, porque solo estaba pensando en mí, en el beneficio que tendría al tenerla conmigo, mas había olvidado a propósito lo que ella sentía por Sesshomaru, lo que ella sufría cada vez que me veía con él.
Entonces, confundida con todos esos pensamientos en mi cabeza y sin saber cómo actuar ante la situación, no hice más que aceptar su petición.
- Si eso es lo que quieres. Está bien. – dije, sin siquiera mirarla a los ojos. Después de eso, simplemente me fui.
Por otro lado la yokai, había entendido la actitud de Rin. Era de esperarse, cualquier mujer se habría arrepentido de ofrecerle su amistad a la mujer que amaba a su esposo, es por eso que no podía juzgarla. La vio marcharse y después de tragarse el desaire, se recostó en su futon.
Sé que marcharme así, no fue lo mejor, pero no supe cómo reaccionar, y más, porque me di cuenta que debía informarle a Sesshomaru y aunque yo "ya había autorizado su petición" no puedo negar que tuve miedo, miedo de que le negara su partida, simplemente porque sabía que Sesshomaru la consideraba importante. No por nada era su asistente, no por nada se había convertido en mi dama de compañía, es por eso que en ese momento, fue inevitable no tenerle celos a Narumi.
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Cuando por fin llegué despacho, no quise alargar la noticia y simplemente lo dije.
- ¿Por qué? – preguntó frunciendo el ceño.
- Porque ella… ya no es feliz aquí – respondí y Sesshomaru levantó una ceja. Sé que tal vez para él, era algo superficial, pero no podía decirle toda la verdad. Entonces, sintiendo mis piernas temblar, me dijo:
- ¿Tú estás de acuerdo?
- Ah, bueno… si…
- Entonces está bien. - Respondió y ese desinterés de Sesshomaru hacia ella, fue una mezcla de sentimientos dentro de mí.
Porque lo admito, me sentí tranquila al ver que no le importó, pero al mismo tiempo, me sentí terriblemente posesiva.
- En cuanto se marche, le diré a Jaken que reúna a las mejores meido del palacio, así podrás elegir a una nueva dama de compañía – añadió, pero en cuanto dijo eso ultimó, una aguda punzada me golpeó el pecho.
Fue ahí entonces cuando lo comprobé. Realmente la quería, realmente me hubiese gustado que la amistad que recién había nacido entre Narumi y yo, hubiera durado por mucho tiempo, que me hubiera gustado tener una amiga como ella, fuerte, valiente, sincera, pero desafortunadamente, no había sido nuestro destino.
- No creo que me sienta lista para tener otra dama de compañía tan pronto – confesé sincera y Sesshomaru me observó. – Voy a dejarla irse pero… eso no significa que no la voy a extrañar. - Mi esposo no dijo nada, entendía mi posición, así que tan dulce como siempre, aceptó mi decisión.
- Tomate el tiempo que necesites - me dijo acariciando una de mis mejillas. Lo abracé, y entre sus brazos, solté un profundo suspiro.
Después de ese día, no volví a visitar a Narumi. No porque estuviera molesta sino porque, después de haberme marchado así, no sabía que más podría hablar con ella.
Un día después de que Rin se marchó sin decir más, le llegó a Narumi la notificación de que su petición, había sido autorizada no solo por su señora, sino también por su amo, lo que significaba que ambos amos, estaban de acuerdo con su partida, y esta se daría, justo cuando terminara de recuperarse. La pelirroja agradeció el informe y así, soltando un suspiro, empacó sus pertenencias.
No paso mucho tiempo para que Narumi se recuperara por completo, fue así que, en cuanto tuvo las fuerzas necesarias, decidió que era momento de partir. A pesar de tener un puesto de autoridad en el palacio, la pelirroja no era muy apreciada, además, Rin tampoco había regresado, así que, sin despedirse de nadie, se dirigió a las grandes puertas, decidida a marcharse. Pero cuando estaba a punto de salir, la voz de Rin, la paralizó.
- ¡Narumi! – y deteniendo sus pasos, dio media vuelta viendo frente a ella a su señora – ¿No planeabas despedirte? – preguntó.
Independientemente de todo lo que había pasado, no iba a permitir que se fuera sin despedirse, que terminara de esa manera. Si bien no volví a visitarla por vergüenza, tampoco debía dejar que esa vergüenza evitara decirle lo que necesitaba saber.
- Narumi – adelanté antes de que pudiera responder - Lo lamento. Lamento no haber regresado a visitarte, lamento haberme portado así y lamento no haberte aclarado esto: – ella me observó – Quiero que sepas, que no importa lo que pase, siempre voy a considerarte mi amiga, así que, si un día, necesitas ayuda, aunque sea lo más mínimo, no dudes en venir. Este palacio, siempre tendrá las puertas abiertas para ti.
Tal vez Narumi nuca lo diría, pero esas palabras, eran justo lo que necesitaba escuchar, porque para ella, Rin también era su amiga.
- Muchas gracias – suspiró – Eso haré, lo prometo. - Me acerqué a ella y le di un abrazo.
Después de desearle suerte, se despidió y así, por fin salir del palacio. Sé que no lo dijo, pero sabía que el corresponderme ese abrazo, significó un sentimiento reciproco. Después de ese día, nunca más volví a saber de Narumi, sin embargo, no me preocupé, pues sabía que si ella no venía al palacio, era porque no necesitaba ayuda, porque estaba bien, porque era feliz.
Comentarios de la Autora:
Como lo habrán notado, este capítulo no puede ser el final de esta historia, así que tomé la decisión de agregar un capítulo más. Por favor, no se vayan a enojar conmigo, lo que pasa es que calculé mal la cantidad de palabras que tendría, pero ahora sí, prometo que el siguiente si será el final, además, fue mejor así, porque podré darle la atención necesaria para que sea un hermoso final.
Por otro lado, espero que me entiendan. De verdad que no tengo tiempo para escribir, hay veces que solo tengo media hora al día y aunque no lo crean, no es suficiente ni para escribir media página, porque debo leer, releer, editar y revisar tooodo. Créanme que yo también quisiera ser más constante pero… no se puede. De verdad espero que no se molesten conmigo y puedan acompañarme en el cierre de este Fanfic.
Les mando un fuerte abrazo.
