Capítulo 10
Law acababa de salir de la ducha cuando vio a Zoro llegar refunfuñando y arrojando las llaves a su lugar, como quien espera que no caigan ahí—. ¿Todo bien?
—El edificio no tiene estacionamiento.
El estudiante de medicina enarcó una ceja—. ¿Y qué con eso? —preguntó desde su cuarto, donde se puso los pantalones y tomó el resto de su ropa para terminar de vestirse en la sala.
—Que he tenido que aparcar en un lugar que cobra una fortuna a diez calles de aquí —obvio, cerrando la puerta del frigorífico de golpe, más molesto aun porque ya no había cerveza.
Law terminó de ponerse la camiseta y se sentó para colocarse los calcetines y los zapatos—. Hay una pensión a media calle hacia el norte —explicó con calma—, pero tienes que pagar por adelantado y por semana.
Zoro se sentó, se echó para atrás en el sofá y colocó los pies en la mesa. Suspiró—. ¿Es caro?
—Algo —se incorporó en cuanto terminó de ponerse los zapatos—. ¿Por qué lo preguntas, ni siquiera tienes auto? —el peliverde volvió a suspirar. Tuvo que abrir muy grandes sus ojos luego de recapitular la conversación un par de veces—. No tienes auto, ¿verdad?
Les tomó veinte minutos llegar al sitio donde el peliverde había parado. Era un terreno casi abandonado, sin techumbre y rodeado únicamente por una reja de malla ciclónica. La puerta estaba medio caída y aparentemente le tenían que enredar una cadena para "cerrarla".
El auto que Zoro conducía sobresalía entre todos los demás en aquel lugar.
Law suspiró—. ¿No pensabas dejarlo aquí durante la noche?
Se alzó de hombro—. ¿Por qué no, ya pagué?
El ojigris apretó a mandíbula y se ahorro la explicación—. Sube —le ordenó, puesto que Zoro le había prestado las llaves—, te llevaré a donde aparcó el mío.
Condujo un par de calles en silenció, solo mientras pensaba como abordar aquel tema.
El conducía un Lexus, y aunque también era un auto de lujo, pero incluso en relación, con acuerdo firmado y todos los papeles en orden, a Doflamingo le había tomado más de seis meses pasarle aquel vehículo, y había sido el mismo hombre quien le había buscado donde aparcarlo y le pagaba el lugar.
—¿Qué tal van las cosas con Mihawk? —preguntó con cautela.
Zoro se volteó hacía la ventana, mirando el exterior—. Bien —dijo de un modo tan secó, que resulto demasiado sospechoso.
Eso y el claro rubor en su cara le hicieron, al aspirante a doctor, insistir—. ¿Tú relación con él sigue siendo solo laboral?
Hubo un silencio prolongado—. No —admitió—. Me he acostado con él ayer.
—¿Y en qué términos han quedado al respecto?
—En ninguno, no hemos hablado desde entonces.
Law saludo al guardia. Bajaron del vehículo y entraron a hacer los tramites para el aparcamiento. Salieron de la oficina con un contrato, para volver a subir al auto y llevarlo al piso y al número que les correspondía—. ¿Y cuando te ha dado el auto? —inquirió mientras volvía a arrancar.
—Me lo ha dado su asistente.
Law no quiso meterse más en el asunto, pues entendió lo incomodo que estaba poniendo a su amigo, quien, por su parte no dejaba de repasar en su cabeza lo que le había dicho Perona al entregarle las llaves.
"—Vas a estar disponible por si Mihawk necesita algo: un sándwich, ir al aeropuerto, salir a despejarse... cualquier cosa personal o capricho infantil que se le ocurra."
¿Acaso esos eran los términos?
El ojigris lo dejó al pie de su edificio, se retiró en su propio auto puesto que tenia una cita con su rico benefactor. Subió al departamento y entró arrastrando los pies. Se quitó los zapatos y anduvo hasta su cama con la intención de dormirse. Lo último que quería era seguir dándole vueltas a aquel asunto, pero en cuanto se recostó su móvil comenzó a vibrar insistentemente. Lo reviso a fuerza para comprobar que se trataba del chat grupal que tenía con sus amigos. Puso aquel chat en silencio y le dio la espalda al móvil decido a dormir, pero en esta ocasión el tonó de llamada fue lo que comenzó a sonar.
Se levantó de un salto, casi colérico—. ¿Qué?
—Oye, Zoro. Jimbei, el compañero de Robin nos ha invitado a su casa a una fiesta —le anunció un entusiasmado Luffy, quien no se había percatado del odio con el que contesto aquel aparato—. A que te apuntas, ¿venga?
Suspiró—. No estoy de humor para fiestas.
—No es una fiesta —la voz de Usopp se escuchó a lo lejos.
—Nos invitaron a tomar unas cervezas para fraternizar —esa era Nami. Seguramente irían todos en la Suburban de Sanji.
—Y a comer pizza.
—Eso es una fiesta en toda la regla —sentenció Luffy, bastante entusiasmado.
—¿Quieres que pasemos por ti, cabeza de alga?
Suspiró. Le vendrían bien unas cervezas y un rato con sus amigos para despejarse—. No cocinero pervertido, ya me iré yo por mi cuenta.
—No llegues a medianoche —le ordenó Luffy.
—¿Quién quiere apostar? —fue lo ultimó que escuchó antes de colgar.
2.
El ojigris llegó al departamento de Doffy a la hora acordada. Revisó su aspecto en el reflejo del ascensor antes de entras al pasillo de aquel piso y llegar a tocar. Suspiró cuando escuchó pasos aproximándose a la puerta. Puso su sonrisa más seductora para la persona que le abría.
—Hola, Law.
—¿Rocinante?
El menor de los hermanos Donquixote le cedió el paso al interior, tras sonreírle a fuerza—. Doffy esta en la alcoba, pero me dijo que debías esperarlo aquí —le ofreció sentarse en la elegante sala de estar.
Law se sentó. Una presión rara le llenaba el pecho y no podía negar que la presencia de aquel hombre lo ponía demasiado nervioso. ¿Qué estaría haciendo ahí? Por más que tratara no se le ocurría ninguna buena razón para que el menor de los hermanos les estuviera acompañando, y su cabeza parecía hacer corto circuito cada vez que alguna turbia razón quería cruzar su mente.
La voz de Doffy lo sacó de su ensimismamiento—. Que bueno que has llegado —se levantó y le sonrió, quiso hacerlo como lo tenia ensayado, pero los nervios lo traicionaban—. ¿Y esa mueca?
Apretó la mandíbula, tragó saliva y se puso serio—. Me ha sorprendido que tu hermano este aquí.
—¿Corazón? —miró al aludido—, si quieres haz como si no estuviera.
Aquello no era una sugerencia.
Law tragó duro, sonrió lo mejor que pudo y caminó hasta su amante para besarlo suavemente, pero claro esta que el hombre tenia otros planes. Lo sujeto con una mano de la nuca, obligándole con la lengua a abrir la boca, y con la otra mano le apretó y le estrujó las nalgas con fuerza. Instintivamente intento forcejear, pero el aumento de fuerza en el agarre acabo por hacer que cediera.
Mihawk tocó el timbre de aquel apartamento por quinta vez. Había estado bastante tranquilo, y hasta feliz, luego de lo que había sucedido entre él y Zoro la ultima vez, pero su conversación con Shanks había terminado erosionando su felicidad y preocupándolo, en especial tomando en cuenta la debacle de mal entendido que había provocado luego de su primer encuentro. Lo último que quería era que Zoro tomara aquello como un pago o algo así.
Comenzó a desesperarse y apretó el timbre varias veces seguidas con frustración.
—No hay nadie en casa —anunció una voz a su espalda.
Él se giró—. ¿No sabe a qué hora vuelven?
—Son universitarios, no tienen hora de llegada.
—Oh...
—¿Es padre de alguno de ellos?
—¿Qué...? ¡No! —el extraño enarcó una ceja—. Eh... —balbuceó—, soy... el jefe de Zoro.
El hombre frente a el miró su reloj—. No sé que trabajo haga ese muchacho para usted, pero no cree que pueda esperar hasta mañana.
Mihawk parpadeó. Abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar al no encontrar ninguna respuesta para aquello.
—Mi hija esta en parvulario y el escandalo que esta haciendo la va a despertar.
En ese momento el ojidorado se dio cuenta que lo único que estaba haciendo en aquel lugar era el ridículo—. Tiene razón, disculpe las molestias —hizo una pequeña reverencia y salió del edificio. Lo que tenia que decirle a Zoro debía hacer antesala, solo esperaba que no se hiciera una idea equivocada de sus intenciones mientras tanto.
Zoro estaba claramente irritado, y Nami no paraba de reír, junto a los demás.
—No entiendo porque es tan gracioso —inquirió Luffy, a quien le parecía de lo mas genial que le hubiesen dado un auto tan increíble.
—Deberías tener cuidado —meditó Robin—. Alguien que da ese tipo de regalos puede tener segundas intenciones.
Zoro quiso decir algo para objetar aquello—. Él nunca... —pero una presión en el pecho parecía impedirle hablar.
—Bueno, si comienza a acosarte, siempre puedes demandarlo.
Nami había hecho aquel comentario de coña, y todos se rieron, pero el silencio de Zoro, la falta de queja, bufido o insulto hiso que se encendiera una alerta general.
—¿No me digas que te ha estado acosando? —inquirió Sanji, más como una burla que como una genuina preocupación.
—¡Por supuesto que no! —exclamó poniéndose de pie.
—¿Entonces por qué te has puesto así? —enarcó una ceja, suspicaz. Zoro desvió la mirada, visiblemente sonrojado.
Los ojos de la pelirroja se abrieron como platos—. Te has acostado con él —más que una pregunta, aquello parecía una premisa.
Claramente él no tuvo que responder nada, con solo verle la cara enrojecida, y observar como buscaba en donde meterse avergonzado, fue suficiente aclaración.
Robin fue la primera en hablar, luego de un tenso silencio—. Te recomiendo que tengas cuidado, esa clase de hombres tienen toda la pinta de asesino en serie —aunque hubiera sido mejor que no lo hiciera—. Lo último que queremos es que aparezcas flotando en un rio.
—Robin, no digas esas cosas tan tétricas —la regañó Franky, quien habitualmente le aplaudía sus gracias. Sabía que bromear con eso, en aquel momento, no era conveniente.
—Tienes razón —admitió—. Seguramente ni siquiera te encontremos —el de cabello azul suspiró resignado—. Los índices de desaparecidos se han duplicado en la ciudad —claramente no tenía remedio.
—Quizá no le pase nada.
—Quizá lo mantenga encerrado en una bóveda, como esclavo sexual.
—¡Zoro ya no vayas con ese hombre! —le suplicó Chopper, aferrándose a él, entre lloriqueos.
Estaba seguro de que la tensión era tal, que podría cortarla fácilmente con una espada. Achicó los ojos, molestó con los comentarios que la abogada corporativa había soltado, pero una vocecita en su cabeza no dejaba de martillarle diciendo: "ten cuidado", una y otra vez.
—Si necesitas un abogado —Jimbei se acercó, ofreciéndole una cerveza, para amenizar el ambiente—, hay muchos en el buffet que se dedican a ese tipo de situaciones.
Él trabajaba con Robin, era su superior y quien le había dado una oportunidad a la tétrica mujer en aquel despacho, por eso le conocían, y a Luffy no le había costado hacer migas con él para agregarlo al grupo.
—Antes de pensar en un abogado, debemos ir a denunciarlo —sugirió con prudencia Usopp, no pidiendo discernir entre los hechos y las cosas aterradoras que la morena había dicho.
—¿Te has hecho exámenes de ITS? —continuó Nami con el interrogatorio alarmante—, porque si se está aprovechando de ti, seguro no ha usado condón.
Zoro no podía recordar en aquel momento si se habían protegido—. No —reaccionó al fin, pero antes de que dijeran otra cosa, continuó—. No me ha violado, ni nada por el estilo. Ha sido de común acuerdo.
—¿Entonces sales con él? —era evidente que la pelirroja no iba a soltar aquel asunto tan fácilmente.
—No exactamente —se rascó el cogote, sentándose otra vez.
Nami resopló—. Pues vaya trabajito te conseguiste.
—¿Disculpa?
—El tipo te paga una fortuna por no hacer nada, además te ha dado un coche de lujo —le señaló con obviedad —. ¿Por qué crees exactamente que te está pagando?
—El coche no es mío.
—Pero lo compro para que lo manejaras tú.
—Pero...
La tensión estaba al límite—. Entonces, ¿es tu sugar dady o simplemente te estas prostituyendo?
Aquello escalo inevitablemente hasta los golpes. Sanji no podía andarse con medias tintas con Zoro, no era el tipo de relación que tenían, por eso cuando le tenía que decir una cosa la soltaba tal como la había pensado. "—Menudo Cabron." Fue lo menos que el peliverde le dijo entre todo el caos que se armó. Jimbei terminó separándolos, y se detuvieron más por el respeto que le tenían que por el razonamiento que les daba. Nami se llevó al rubio a otra habitación y Robin le paso un filete para que se lo pusiera en el ojo.
Luffy se sentó frente a Zoro mirando como se hacia el duro y no aceptaba ponerse nada en los golpes que le habían dado—. Estoy seguro de que si estas con él es porque te gusta —le soltó con tranquilidad—. Tú no estarías con alguien que no te gustara.
Él exhaló para liberar un poco de la ira que estaba sintiendo, aunque no sabía exactamente con quien estaba enojado. Enarcó una ceja y miró a su amigo—. ¿Pero...?
Luffy picó su nariz, se sacó un moco y jugo con el entre sus dedos unos momentos antes de decir nada—. Creo que si no estas cómodo, deberías preguntarle lo que quiere de ti.
Zoro le sonrió. Aquello era lo obvio, lo sabía, pero por alguna razón estaba evadiendo el asunto, aunque en el fondo sintiera que aquello no estuviera del todo bien. Asintió—. Claro...
—Además, siempre que lo necesites podemos ir a patearle el culo a quien sea.
