Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SUCESIÓN

CAPITULO 17

Lugar desconocido

Al mismo tiempo

Para cuando Mirabel recobró el conocimiento un par de horas después tenía un terrible dolor de cabeza, no muy diferente a los que solía tener cuando tocaba la vela. No solo la cabeza, le dolía todo el cuerpo y estaba en una posición incómoda de la que por alguna razón no podía moverse. Sentía su cabeza colgando hacia delante y sus cabellos en su rostro. Irguió su cuello y movió su cabeza hacia un lado para quitarse el cabello de la cara, pero al intentar abrir los ojos tuvo que volver a cerrarlos porque sintió una fuerte luz sobre su cabeza.

-Ay…-

Volvió a abrir los ojos, parpadeó y esperó por un momento a que se acostumbraran a la luz para encontrarse en un sitio que no conocía. Estaba en el centro de una especie de sala bien cuidada, con hermosas proporciones y un aspecto moderno que jamás había visto en el pasado. Vio una puerta de cada lado de la pieza y intentó ponerse de pie, pero se dieron cuenta de que estaba atada a una silla, con sus manos atadas en su espalda. Sintió pánico al encontrarse atrapada y comenzó a moverlas manos para tratar de soltarse.

Se forzó a sí misma a respirar hondo para tranquilizarse. No le iba a servir de nada perder la calma si quería salir de ahí.

"No puedo dejarme llevar por el pánico", pensó Mirabel desesperada "tengo que encontrar una manera de salir de aquí".

Comenzó a frotar sus manos juntas para tratar de soltar sus muñecas, pero lo que la ataba no se deshizo con facilidad. Aún estaba pensando en ello cuando escuchó pasos y volvió a agachar su cabeza para fingir que seguía inconsciente, pero al escuchar la vez de la persona que se acercó no pudo evitar levantar la mirada.

-Mirabel Madrigal…- dijo la voz- ah, veo que por fin despertaste. Me había preocupado de que te hubieran golpeado demasiado fuerte-

Mirabel jamás había visto a la persona que tenía frente a ella a pesar de que le parecía conocida. Era un hombre que le doblaba la edad, con facciones bien cuidadas y una expresión presumida. La muchacha frunció el entrecejo.

-¿Quién eres?¿Dónde estoy?- quiso saber.

Pero el desconocido no le dio ninguna respuesta. En vez de ello, se acercó a ella y ajustó las gafas de Mirabel con su dedo índice antes de tomar su rostro y forzarla a levantar su mirada hacia él.

-Mmm…- dijo para sí mismo arrugando la nariz- no sé que fue lo que te vio mi hermano. No eres más que una niña impertinente, y bien que pudo haber elegido a tu atractiva hermana para nuestro plan-

Con un gesto brusco, Mirabel movió su cabeza para liberar su rostro de la mano del hombre lanzándole una mirada llena de enojo.

-Ay, Gerardo, ya te expliqué porqué la elegí- otra voz desde la puerta frente a ella la hizo levantar su mirada de nuevo y palidecer- ella es la más poderosa de todos y es la guardiana del milagro. Además de que tiene cierto… encanto-

Ricardo se rió de su propio chiste. Mirabel miró con miedo al hombre acercarse a ella y poner sus manos en los hombros de la muchacha. El movimiento hizo que ella encogiera los hombros con una sensación desagradable, tratando de quitarse sus manos de encima sin poder hacer mucho así como estaba. Era la primera vez que ella lo veía desde que la había besado contra su voluntad, y se sorprendió de ver su cara curada, como si Luisa no lo hubiera golpeado.

-¡Pero qué hiciste, hermano!- exclamó Ricardo comenzando a deshacer las ataduras que ataban a la muchacha a la silla- Mirabel es nuestra invitada, ¿dónde están tus modales?-

Gerardo dejó escapar un sonido que pareció una burla y rodó los ojos mientras que su hermano deshacía las ataduras.

-¿Qué significa esto?- dijo Mirabel asustada una vez que la soltaron, frotándose las muñecas. ¡Nada de eso tenía sentido! Se suponía que el chico Marfil era quien la iba a secuestrar, no Ricardo. ¿Por qué estaban trabajando juntos?- ¿tú y él… han estado ayudando a Adrian Marfil?-

Ante esa pregunta, los dos hombres dejaron escapar idénticas risotadas que le helaron la sangre, más asustada que al principio incluso a pesar de que ya no estaba atada.

-Jajajaja ¡qué cosas dices, mi amor!- le dijo Ricardo haciéndola levantarse de la silla y acercándola a él para rodearla con un brazo, de modo que estuviera prácticamente en su costado- ese tonto de Adrian fue muy útil para nosotros, acaparando toda la atención de tu familia y distrayendo sus sospechas…-

La fotografía de Heriberto Marfil en la visión de Bruno regresó a su mente mientras veía a los dos hombres burlarse de sus sospechas. No, esto no tenía ningún sentido, debía ser un error.

-Nuestro pobre primo, seguramente justo ahora los Madrigal deben estar culpándolo por tu desaparición- dijo Gerardo- con suerte lo harán volver a la familia donde pertenece…-

-¿Primo?- dijo Mirabel tan paralizada por el miedo que no se movió ni se soltó del hombre que la abrazaba.

-Sí, Adrian Marfil es nuestro primo- dijo Ricardo acariciando su rostro- su padre y mi madre eran hermanos. Nunca te dije mi nombre completo, ¿verdad? Soy Ricardo Herrera Marfil-

Por fin la joven lo entendió todo: la razón por la que un hombre tan guapo y atractivo como Ricardo pudiera haberse fijado en alguien tan simple como ella, la única Madrigal sin don, a quien nadie prestaba atención por no tener poderes mágicos, que no sabía hacer nada más que tropezar caminando en línea recta: se acercó a ella para poder usarla en su venganza contra su familia.

Con un movimiento rápido, Mirabel se soltó de él y se alejó de los dos hombres, corriendo hacia la puerta contraria y tratando de abrirla para escapar, pero ésta no se movió. Los dos hombres se comportaron como si no se hubiera movido.

-¿Qué te sucede, amorcito?¿No dices nada?- dijo Ricardo.

-Mejor que no hable, es algo ideal en una esposa- dijo Gerardo.

Aquello le gustaba cada vez menos.

-¿Qué…?- apenas alcanzó a balbucear mientras que Ricardo se acercaba a ella.

-Ah sí, no te hemos dicho ese pequeño detalle. Había querido que fuera una sorpresa para ti pero como mi hermano lo arruinó te lo diré- le dijo Ricardo tomando las manos de la muchacha entre las suyas- pronto tendrás el gran honor de pertenecer a la familia Marfil. Nos casaremos en unos días…-

Horror fue lo único que Mirabel pudo sentir en ese momento. ¿Ella, casarse con ese hijo de…? Ni aunque le dieran todos los dones del mundo aceptaría algo tan disparatado.

-No voy a…- su voz salió más bajita y ahogada de lo que había pretendido, pero no alcanzó a completar su frase.

-¡¿PERO QUE ESTÁN HACIENDO?!-

Para sorpresa de Mirabel, Elena también apareció en la puerta. Parecía sorprendida de verla ahí y decidió acudir a ella para pedir ayuda.

-¡Elena, tienes que ayudarme!- exclamó ella- ayúdame a salir de aquí-

Elena la miró con algo muy parecido al desprecio mientras que los dos hombres se echaban a reír de nuevo como si hubiera contado un chiste.

-JAJAJAJAJA- dijo Gerardo- ¡pero qué graciosa es la mocosa! Parece que se te olvidó que ella es nuestra hermana, niña tonta…-

-Pero…- eso no tenía sentido. Elena le había dicho que estaba de su lado, ¿no? Que su hermano se merecía los golpes que Luisa le había dado. ¿O sí tenía sentido y había mentido? Quizá ella había robado comida de su madre para curar a Ricardo…

-No tienen que darle explicaciones- dijo Elena sin dejar de mirarla de esa horrible manera, causándole que su pecho se sintiera apretado y se le dificultara respirar- los Madrigal ya saben lo que pasó. Tienen que moverla antes de que su prima escuche-

-Ay Elena, nos quitas toda la diversión- dijo Ricardo rodando los ojos y tomando el brazo de Mirabel- bueno, parece que es hora que mi hermosa prometida conozca sus nuevos aposentos…-

-¡No soy tu prometida!- dijo Mirabel con firmeza soltándose de él- ¡jamás me casaré con…!-

PAFF

El puño de Ricardo conectó con fuerza sobre la mejilla de Mirabel, tirándola al suelo y haciendo que se le escapara un pequeño grito de dolor. Se llevó la mano a la mejilla dolida con una expresión de miedo en sus ojos. Nadie jamás le había puesto la mano encima de esa manera. El joven rodó los ojos.

-Ay Mirabel, ¿ves lo que me haces hacer?- dijo Ricardo tomando su brazo y forzándola a ponerse de pie de un tirón. Gerardo tomó sus manos y ató sus muñecas juntas sobre su vientre y Ricardo añadió al ver su expresión aterrada- esto es una precaución, amorcito. Ahora compórtate, no me hagas volver a pegarte-

La muchacha se quedó helada tratando de procesar lo que acababa de pasar y no ofreció ninguna resistencia. Cuando sus manos quedaron atadas, Ricardo puso su mano en su nuca, la condujo a través de la puerta contraria por la que Elena había entrado y la hizo bajar por una trampilla hacia lo que parecía ser un sótano. Una vez ahí, la empujó hacia el suelo haciéndola caer de rodillas.

-Te veré más tarde, preciosa, piensa en lo que acabas de hacer, y compórtate- dijo antes de cerrar la trampilla.

Mirabel se encontró en una pieza pequeña en la que solo había un sillón y una fotografía colgada en la pared sobre el mismo. Tardó menos de un segundo en reconocer el sitio. Era la misma pieza que había visto en la visión de Bruno.

Con lágrimas en los ojos, se encogió sobre sí misma en el suelo, se abrazó y comenzó a sollozar en voz baja.

x-x-x

Casa Madrigal

Al mismo tiempo

La casa Madrigal tenía en esos momentos un caos en su interior. Mirabel había desaparecido y estaban seguros de que la visión de Bruno estaba a punto de volverse realidad.

Era la primera vez que Isabela veía esa visión, la razón por la que sus padres le habían pedido a ella y Luisa que acompañaran a su hermana en todo momento. No podían creer que hubiera pasado esto después de todas las precauciones que habían tenido. ¡Mirabel había desaparecido en casa de los Garza! La joven apretó sus manos jurando una muerte lenta y dolorosa para quien hubiera se atrevió a secuestrar a su hermanita.

Más le valía a ese Adrián no estar mintiendo porque lo que le hiciera Luisa no sería nada comparado con lo que ella tenía planeado para la persona que estaba detrás de esto.

Al ver que Lucía comenzaba a despertar, Matías inmediatamente hizo la pregunta que todos se estaban haciendo.

-Lucy, ¿dónde está Mirabel?- el muchacho repitió la pregunta.

Isabela alzó las cejas. Matías estaba tan preocupado que no llamó por su apodo cariñoso de siempre. Lucía miró a su hermano frunciendo el entrecejo, apretando su mano y la de Adrián al mismo tiempo antes de tomar aire. Podía ver que la memoria de cuando había sido apuñalada debía haber sido horrible, pero al parecer controló sus emociones y asintió.

-Se la llevaron, Mati- dijo ella aún frunciendo el entrecejo frustrada- traté de gritar para llamar la atención de Dolores pero cubrieron mi boca antes de apuñalarme-

-¿Mirabel estaba… herida también?- dijo Matías casi en un susurro, pero Isabela lo alcanzó a escuchar bastante bien. Todos respiraron algo aliviados al ver a Lucía sacudir la cabeza- ¿quién se la llevó?-

-Fueron ellos, los Herrera. Ricardo y Elena- dijo Lucía. Un fuerte relámpago se escuchó en el exterior de la casa y un rayo apareció en la nube de Pepa.

Un horrible escalofrío recorrió a los Madrigal e Isabela no fue la excepción. El solo pensar que Mirabel estaba en poder de la persona que había tratado de aprovecharse de ella en el pasado era mil veces peor. En negación, la joven se volvió a Adrián.

-Entonces, ¿esos dos Herrera son tus primos?- preguntó Isabela, y el muchacho asintió.

-No son dos, son tres. Gerardo, Ricardo y Elena- dijo Adrián frunciendo el entrecejo. Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Isabela hizo aparecer un cactus en su mano derecha y se dirigió a la puerta de casita con paso decidido.

-Espera un momento, ¿a dónde vas?- preguntó Camilo, quien tenía lágrimas en los ojos.

-A la casa de esos malagradecidos para rescatar a mi hermana- dijo Isabela sin detenerse. Camilo se talló los ojos al escucharla y se apresuró a seguirla.

-Esperen un momento, hija. No nos precipitemos...- comenzó a decir la abuela, pero Isabela no la escuchó, y rápidamente fueron seguidos por Luisa. Los tres salieron de casita hacia la lluvia torrencial que estaba provocando Pepa con cara de pocos amigos, rumbo a la casa de los Herrera. Podían escuchar a su abuela llamándolos pero la ignoraron.

Los tres cruzaron el pueblo con rapidez con dirección a las casas que Mirabel accidentalmente había creado hacía todos esos meses, y llegaron a casa de los Herrera.

La puerta estaba cerrada con llave y trabada, pero Luisa la abrió con facilidad de una patada. Al entrar, la casa se encontraba completamente vacía excepto por los muebles. No había objetos personales de ninguno de los hermanos, como si nadie hubiera llegado a vivir ahí. Isabela estaba buscando debajo de una cama cuando de pronto una exclamación de horror de parte de Camilo.

-¿Qué?- dijo Isabela volviéndose hacia él.

Camilo se limitó a señalar hacia la mesa frente a él. Sobre ella había un objeto brillante que los tres conocían muy bien: el broche en forma de mariposa que Matías le regaló a Mirabel en su cumpleaños, que había estado usando todos los días desde entonces. Pero eso no fue lo que alarmó a Camilo, sino el hecho de que estaba junto a una gran mancha de sangre seca. Luisa dejó escapar una exclamación vehemente y el muchacho se frotó los ojos de nuevo. Isabela tragó saliva antes de tomar el broche con cuidado, al menos ese no estaba manchado. Bajo el broche había una notita que la muchacha desdobló y leyó.

No se preocupen, Mirabel regresará a casa pero los Madrigal no lo harán.

-Fueron ellos- dijo Luisa golpeando la mesa y partiéndola a la mitad- ¡esos hijos de &$# dejaron esto atrás para que lo supiéramos!-

-Está viva- dijo Camilo levantando un poco la voz- al menos sabemos eso, pero tenemos que encontrarla pronto-

Isabela asintió comenzando a caminar hacia la puerta para regresar a casa. No eran las mejores noticias, pero eso le daba esperanzas de que encontraran a su hermana sana y salva.

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Casa Madrigal

Poco después

Al ver el caos que se desató en casita cuando Camilo y sus primas regresaron empapados con el broche de Mirabel, la extraña nota y lo que Isabela les contó lo que habían visto, Alma respiró hondo y sacó la fotografía de Pedro que estaba en su broche y la miró por unos instantes.

"Pedro, ayúdame a tener la fuerza para ayudar a mi familia a salir de esto", pensó ella mientras tomaba aire y se preparaba. Todo el mundo estaba llorando, gritando o discutiendo, y así no iban a lograr recuperar a su nieta.

-¡Vamos a calmarnos todos!- exclamó la abuela haciendo callar a todos- si pensamos con el hígado en vez de con la cabeza no vamos a poder rescatar a Mirabel. Así que por favor mantengan la calma y escuchen, vamos a organizarnos. Antonio, llama a todos tus animales para que busquen a Mirabel por todo el Encanto, comenzando por la selva y en los lugares más alejados donde Dolores no alcanza a escuchar-

-Sí, abuelita- dijo Antonio antes de volverse a susurrar algo al oído de Parce. Con un gruñido el jaguar salió de la casa.

-Félix, por favor encárgate de ayudar a Pepa a que deje de hacer llover porque va a interferir con la búsqueda- dijo la abuela.

-Sí, señora Alma- dijo Félix tomando la mano de Pepa y asintiendo.

-Agustín, busca al padre para que nos ayude a correr la voz de lo que paso y reunamos a más personas para ayudarnos a encontrarla- continuó Alma- Dolores, quédate pendiente si escuchas la voz de Mirabel o de alguno de esos dos. Julieta, quédate aquí preparando comida por si tenemos que curarla cuando la encuentren. Los demás vamos al pueblo a pasar la voz y a buscarla. Bruno...-

-Pierde cuidado, mamá- respondió Bruno seriamente y subió a su torre sin comentar nada.

Todos se pusieron manos a la obra y salieron de casita sin importarles la lluvia. Félix subió con Pepa a su habitación con un té calmante que don Gabriel había preparado pensando que Alma tenía razón, si seguía lloviendo los animales de Antonio no podrían olfatear el rastro de Mirabel o de los Herrera. Julieta caminó cabizbaja a la cocina, algunas lágrimas rodando por sus mejillas pero respiró hondo y se frotó los ojos tratando de mantener la compostura.

En la entrada solo quedaron Alma y los Garza. Don Gabriel había alcanzado a escuchar la mayor parte, y estaba horrorizado por lo que acababa de saber.

-Lo siento tanto, Alma- dijo Gabriel después de que Matías se despidió de él para unirse a la búsqueda- mi muchacho va a buscarla mientras yo me quedo con Lucy-

-Yo también quiero ir a buscarla, abuelito- dijo de pronto Juancho. Gabriel le dio unas palmaditas en la cabeza.

-Ve entonces, y avisa a quien veas si encuentras a Mirabel. Solo ten cuidado, si ves a los malos llamas de inmediato a Luisita- le dijo su abuelo.

-¡Le diré a Alejandra y a Cecilia, ellas también nos pueden ayudar!- exclamó el niño antes de salir corriendo de casita.

Alma sonrió agradecida con su amigo de todos esos años y caminó hacia la cocina. Conocía la angustia que Julieta debía estar sintiendo, y fue a brindarle su apoyo, algo que debió haber hecho con sus tres hijos hacía mucho tiempo.

Julieta estaba en la cocina, apenas encendiendo la estufa con una mirada entristecida. Sin decir nada Alma caminó hacia ella y la abrazó sin previo aviso. Su hija pareció sorprendida por la acción, pero tampoco dijo nada y se limitó a abrazarla de regreso. Alma permaneció así sin soltarla por un largo rato hasta que comenzó a escuchar los sollozos ahogados de Julieta.

-Puedes llorar, hija- le dijo Alma en voz baja- es normal sentirte así, pero Mirabel está bien y pronto regresará a casa con nosotros. Hay algunas partes de la visión de Bruno que aún no han sucedido-

Así se mantuvieron hasta que Julieta la soltó y se limpió los ojos con su delantal.

-Lo siento, mamá- dijo ella respirando hondo.

-No lo sientas, ya te dije que estaba bien- dijo Alma seriamente- ahora a cocinar, vamos-

Dejando a Julieta en la cocina, la abuela regresó al patio de casita y volvió a abrir su broche para mirar la foto de su esposo.

"Pedro, por favor protege a Mirabel. No dejes que ese desgraciado la lastime de ninguna manera", pensó Alma desesperadamente "protégela mientras que nosotros nos encargamos de traerla a casa".

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Lugar desconocido

Al mismo tiempo

Mirabel se frotó los ojos como pudo con sus brazos mientras se ovillaba en una esquina del sótano, apretó los ojos y se forzó a sí misma a respirar con normalidad mientras trataba de dejar de llorar. Estaba muerta de miedo, pero tenía que recuperar la compostura si quería encontrar una manera de escapar.

"No puedo quedarme sin hacer nada y esperar a que me rescaten", pensó ella repetidamente, como si quisiera convencerse a sí misma "tengo que ayudar a mi familia a encontrarme…".

Había cientos de maneras en la que su familia podía encontrarla: Dolores podía escucharla, los animales de Antonio podían olfatearla y decirle dónde estaba. Es más, en esos momentos su familia debería estarla buscando por lo que había dicho Elena hacía un rato. El Encanto no era un lugar muy grande, por más lejos que estuviera de casita estaba segura de que la encontrarían, pero mientras tenía que encontrar una manera de hacerlo más sencillo.

Como pudo se frotó los ojos y se acomodo las gafas tan bien como pudo con las manos atadas. Mirabel se puso de pie con dificultad y comenzó a caminar alrededor del sótano para encontrar algo que la pudiera ayudar a escapar. El suelo estaba limpio y no había ningún rastro de polvo. Había un viejo sofá pero fuera de eso no había podido encontrar nada. La fotografía que se encontraba colgando de la pared estaba estrellada, con una fractura justo a la mitad y una esquina tenía un pequeño fragmento suelto. El sujeto de la imagen, Heriberto Marfil, era una persona con un aspecto aterrador. Tenía un ojo blanco, la mitad de su cuerpo quemado y la misma mirada de odio que había visto en los ojos de Elena hacía un rato.

Ahora entendía el miedo que su madre debió haber sentido hacía todos esos años cuando el hombre en la fotografía intentó raptarla y casi mata a Bruno delante de ella.

Volvió a ver el vidrio roto y se subió al sofá con cuidado, extendiendo sus manos atadas hacia el marco y con cuidado sacando el pequeño fragmento de vidrio. Sonrió levemente: eso podía llegar a ayudarle a desatarse y a correr.

Apenas estaba bajando del sofá cuando escuchó un movimiento en el cerrojo de la trampilla. Para que no la atraparan, Mirabel se dejó caer sentándose en el sillón para después deslizarse al suelo y con dificultad se guardo el trocito de vidrio con cuidado en el pequeño bolsillo de su ropa interior para que no la descubrieran y se lo quitaran. Respiró hondo y dobló sus rodillas sobre su pecho.

Tal y como lo esperaba, Ricardo abrió la trampilla y bajó al sótano, mirando a su alrededor, y luego se sentó en el sofá junto al sitio donde Mirabel se había sentado en el suelo. A pesar de que estaba intentando ser valiente, todo su cuerpo comenzó a temblar ahora que estaba junto al hombre que la había secuestrado, quien quería obligarla a casarse con él.

El hombre pareció estar divirtiéndose porque a vio con una sonrisa socarrona.

-Puedes usar el sofá, ¿sabes?- dijo. Mirabel no le respondió, no estaba segura qué era lo que le haría el hombre si volvía a decir lo que realmente pensaba. No podía negarlo, se había asustado desde que la había golpeado.

Al no obtener respuesta, Ricardo suspiró frustrado y se deslizó al suelo. La muchacha se tensó de inmediato y trató de alejar su torso lo más posible de él sin deslizarse del sitio donde estaba sentada, pero el hombre suspiró y rodeó su cintura con su brazo para acercarla más a él.

-No tienes porqué tenerme miedo, mi amor- dijo el hombre tocando el rostro de Mirabel con su dedo índice- pronto vamos a ser marido y mujer muy pronto…-

La muchacha tragó saliva. Si lo negaba en voz alta el hombre nuevamente la golpearía. En vez de ello hizo una mueca para demostrar su descontento y respondió.

-Me golpeaste…- dijo con voz quebrada encogiendo sus hombros y alejando su rostro de la mano de él.

-Ah- dijo Ricardo como si le estuviera hablando a una niña pequeña- eso te lo hiciste tú misma. Pero no te preocupes, te lo compensaré. No tenemos porque estar uno en contra del otro, podemos continuar como antes de que tu familia tratara de separarlos-

Mirabel no esperaba nada de lo que acababa de escuchar, pero lo último la desconcertó.

-Eso no sucedió- dijo Mirabel con su vista en el suelo- tú me forzaste a besarte. Mi familia solo me defendió de ti-

Ricardo parpadeó y se volvió hacia ella, tomando su rostro con una mano para hacerla mirarlo a los ojos.

-Mi amor, ¿de qué estás hablando?- dijo Ricardo, su expresión parecía de preocupación y de desconcierto- ese día tú me pediste que te besara, y tu familia nos separó por la fuerza… ¿qué te hicieron?-

La muchacha no sabía de qué le estaba hablando ese hombre. Quizá lo había olvidado, pero Mirabel estaba segura de que un golpe en la cara por parte de Luisa no era fácil de olvidar de ninguna manera. Y ella estaba segura de lo que había pasado: Ricardo la había llevado aparte y la atacó, Luisa se la quitó de encima y Camilo la contuvo antes de que Matías lo golpeara de nuevo.

-Estás mintiendo- dijo Mirabel sacudiendo la cabeza. Escuchó a Ricardo suspirar.

-Ay, Mirabel- dijo el hombre- no te preocupes, ya recordarás las cosas como realmente pasaron. Mientras tanto quería mostrarte algo…-

El hombre tomó sus manos atadas y la hizo ponerse de pie de un tirón. De la misma manera la guió hacia las escaleras y fuera del sótano. Ahí la joven pudo ver un poco mejor el lugar donde la tenían cautiva. Pasó por la sala en la que había despertado más temprano, antes de que Ricardo la guiara hacia otras escaleras en el piso superior y abrir una ventana.

Mirabel no sabía qué planeaba abriendo la ventana. ¿Acaso no sabía que Dolores podía escucharla si gritaba? ¿O contaba con que no lo haría por miedo a que la golpeara otra vez?

Animada por Ricardo, Mirabel se acercó a la ventana y miró hacia afuera. Lo que vio la dejó helada: desde la ventana pudo ver el río en el que el abuelo Pedro fue asesinado, el mismo donde se había reconciliado con su abuela Alma el año pasado, después de la destrucción de casita. Pero no lo estaba viendo desde una casa en el interior del Encanto.

-¿Dónde estoy?- dijo Mirabel sin aliento.

-En la casa de mi abuelo, Heriberto Marfil. Es la casa que tuvo que construir cuando tu estúpida familia lo forzó fuera del Encanto con dos niños pequeños, mi madre y mi tío- le dijo Ricardo justo detrás de ella. Podía sentir su mano en su cuello, forzándola a seguir mirando hacia afuera- pero aún no has visto lo más importante-

Ricardo hizo que girara su cabeza hacia la derecha entre los árboles y vio varias tiendas de campaña de las cuales comenzaron a salir algunos hombres con armas en las manos. Eran al menos dos docenas, y a pesar de la lluvia fuerte estaban ahí dispuestos a cumplir con su misión.

-¿Qué?¿Por qué…?- dijo Mirabel sin aliento- no pueden entrar al Encanto con las armas…-

-Claro que no- dijo Ricardo- pero contamos con que tu familia venga por ti, aunque no todavía. Solo cuando estemos listos, cuando llegue el resto de los miembros de nuestra milicia. Si tu familia cree que con sus poderes pueden robarme a mi prometida, están muy equivocados. Y una vez que nos deshagamos de los molestos Madrigal y expulsemos al resto de las personas del Encanto, ellos serán los nuevos habitantes-

"No…", pensó ella con lágrimas en los ojos.

-Pero si aún sientes cariño por ese grupo de malnacidos que llamas familia, aún hay una manera de salvaros- dijo Ricardo por fin separándola de la ventana y empujándola de regreso al sótano- si te casas conmigo y me pasas el control de la magia voluntariamente, dejaré que tu familia evacúe el Encanto sin hacerles daño-

El cuerpo de Mirabel pareció funcionar en automático después de escuchar el plan de Ricardo, tan asustada que estaba. Al parecer sus dos opciones eran resistirse y perder a su familia, o aceptarlo y no volver a verla. No se dio cuenta cuando comenzó a llorar otra vez, quería desesperadamente regresar a casa, que su madre la abrace y le diga que todo iba a estar bien. Quería discutir con sus hermanas y reír con Camilo. Bailar con la música de su papá al ritmo de tío Félix y tía Pepa. Pasar la tarde con tío Bruno en su torre, escuchando sus planes sobre su siguiente telenovela. La abuela compartiéndole todos los secretos de la magia. Matías llamándola Miri…

-No, no, no llores- le dijo Ricardo sacándola de sus pensamientos- vas a estar bien conmigo, mi amor. Vas a tener todo lo que desees-

-¿Por qué estás haciendo esto?- dijo ella con lágrimas en los ojos- ¿qué te hice para que me hagas esto?-

El hombre siguió conduciéndola de regreso al sótano y la dejó caer en el sofá de un empujón.

-Tu familia hirió a la mía y aún no ha pagado las consecuencias. Considérate afortunada de que nuestra venganza no te incluirá- dijo el hombre de pie frente a ella. Mirabel no lo vio porque estaba ovillada en el sofá temblando de miedo y tratando de no llorar, pero su voz sonaba furiosa- tu madre amaba a mi abuelo y tu abuela los separó por la fuerza. Y tu tío lo maldijo-

-¡Eso es mentira, mi mamá apenas tenía quince años entonces y mi tío no maldijo a nadie!- dijo Mirabel irguiéndose valiente, aunque un par de lágrimas escaparon de sus ojos- ¡tu abuelo raptó a mi madre!-

La expresión molesta de Ricardo se volvió una enfurecida y levantó la mano para golpearla; Mirabel levantó las manos para protegerse pero él de todas maneras lanzó el golpe, chocando con sus manos atadas y éstas contra su cara, tumbando sus gafas al sofá y a ella al suelo. Un pequeño grito de dolor escapó sus labios cuando su hombro chocó contra el suelo.

-No lo entiendo, Mirabel. ¿Por qué sigues forzándome a hacer esto?- dijo él tomando su cabello y haciéndola levantar la mirada- ponte cómoda niña, esto va a pasar te guste o no-

Mirabel gimió de dolor. Había caído mal sobre su hombro y le dolía mucho, igual que sus antebrazos con los que se había protegido. Ricardo la soltó y salió del sótano apagando la luz, dejándola sollozando en una esquina en completa oscuridad.

Al demonio portarse valiente, estaba asustada y quería a su familia de vuelta. Se ovilló en el suelo, solo deseando que su madre la abrazara y le dijera que todo eso había sido solo una pesadilla.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Mirabel descubrió que era Ricardo y no Adrián el de la visión de Bruno, que la sacaron del Encanto y que en sus planes está casarse con ella y robar la magia igual que como había hecho su abuelo con Julieta. La abuela organizó a los Madrigal para buscarla.

Muchas gracias por seguir leyendo. Abrazos.

Abby L.