Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SUCESIÓN

CAPITULO 18

Casa Madrigal

Horas más tarde

Ya había oscurecido y no había rastro de Mirabel en todo el Encanto. Camilo había regresado a casa completamente empapado pero sin encontrar ninguna pista. Todas las personas del pueblo habían ofrecido su casa para ser inspeccionada y habían salido de sus hogares en la lluvia a buscar a la muchacha perdida. Camilo sabía que su madre estaba tratando, porque esperaba un diluvio cuando en realidad apenas llovía.

"No podemos avanzar mucho a menos de que la lluvia termine" se dijo Camilo tratando de secarse la cara con su ruana, pero estaban demasiado mojada como para servir de algo, así que se la quitó. Amelia también estaba empapada, pero Antonio bajó rápidamente con un par de toallas para ellos tan pronto como entraron a casita.

-Gracias, Toñito- dijo Camilo tomando una para secarse mientras que la joven tomaba la otra. La toalla estaba calientita y le dio una agradable sensación que no pudo disfrutar. Podía ver la cara de decepción de su hermano menor al verlos llegar sin Mirabel.

-Ustedes tampoco la encontraron…- dijo Antonio con los ojitos hinchados a pesar de que hacía su mejor esfuerzo para parecer serio- Dolores dice que no la escucha en ninguna parte del Encanto-

Camilo tuvo una horrible sensación al escuchar eso, pero tenía la esperanza de que los animales o alguno de los mayores la encontraran. Aún pensaba en eso cuando Parce entró a casita con un rugido, se sacudió el agua (mojando a los tres en el proceso) y se echó a los pies de Antonio. Toda esperanza de que el jaguar hubiera encontrado alguna pista desapareció cuando Camilo vio la expresión de Antonio en respuesta a los rugidos de Parce.

-¿No encontró ninguna pista?- preguntó Camilo.

-Dice que con la lluvia debió haber lavado el rastro y no podrá oler por donde se la llevaron- dijo Antonio derrotado- le daré de comer y lo mandaré de nuevo a buscar-

-Tiene que haber una manera de hacer que deje de llover- dijo Camilo mirando la habitación de su mamá- Mirabel es lista, sé que encontrará una manera de enviarnos una pista de donde la tienen, pero tenemos que deshacernos de la lluvia para que Parce, Chispi y los coatíes puedan olerla-

-Tenemos que tranquilizar a mamá- dijo Antonio.

-Yo me encargo- la voz de la abuela detrás de ellos los hizo dar un respingo de sorpresa. Amelia, quien no se había movido de su sitio mientras escuchaba la conversación de los hermanos, se llevó una mano al pecho del susto.

-¡Abuela!- exclamó Camilo- ¡nos asustaste!-

Alma solo le sonrió y subió las escaleras hacia el cuarto de Pepa, seguramente para hablar con ella y tratar de hacer que deje de llover. Camilo suspiró y se dejó caer en una hamaca, ocultando su cabeza entre sus manos aún envuelto en la toalla. Mirabel era su prima más querida, la más cercana a él en edad y quien ya había pasado por suficiente desde que no había obtenido su don. Se suponía que ese era su momento de brillar, el momento en que todo se arreglaba y no volvía a sufrir. ¿Por qué tenía que pasarle esto?

-¿Dónde está Lucy y don Gabriel?- preguntó Amelia de pronto, recordando a la muchacha herida que habían dejado para buscar a Mirabel.

-Ah, ya se fueron tan pronto como Lucy se pudo levantar- dijo el niño- ella no se quiso quedar sin hacer nada y salió a buscar también. Don Gabriel dijo que ya se sentía bien y que ayudaría a organizar al pueblo-

Los dos adolescentes alzaron las cejas. No podían creer que Lucía quisiera ayudar a buscar después de lo que esos malditos le habían hecho para poder llevarse a Mirabel sin que ella alertara a Dolores, pero Camilo estaba agradecido.

-Será mejor que los dos se den un baño- dijo Antonio mirando a los dos adolescentes- no sería bueno que se enfermen-

Tras asentir,Amelia caminó al baño de su propia habitación para meterse a la tina y Camilo se dirigió al baño de la familia para darse un baño y después cambiarse. Para cuando el muchacho se hundió en el agua tibia su cuerpo se relajó levemente y respiró hondo.

"Necesito saber qué más hacer", pensó el muchacho sintiéndose mal por no hacer nada "necesito saber dónde encontrarla".

Aún estaba ponderando eso cuando de pronto se le ocurrió una idea. Quizá Bruno podía ayudarle, él podía ver en el futuro cómo llegaban a encontrar a Mirabel. ¡Sí! Su tío podría ayudarles. Y no se negaría a mirar al futuro, ya que Mirabel siempre ha sido su sobrina favorita y Bruno haría lo que fuera necesario para mantenerla a salvo.

Salió de la tina y se vistió con rapidez antes de subir a la torre de Bruno, sus cabellos aún chorreando agua mientras corría escaleras arriba. Casita pareció haber detectado su entusiasmo porque lo ayudó a subir mas rápido.

Camilo jamás había entrado a la habitación de su tío. A pesar de que ya no estaba prohibido, toda la familia había decidido no entrar ahí a menos de que fueran invitados por Bruno, pero esto era una urgencia.

La alcoba estaba completamente vacía, pero podía escuchar el distante ruido de la arena cayendo con suavidad. Curioso, el muchacho abrió la puerta y se encontró con el asombroso espectáculo de su tío teniendo una visión. Podía ver la arena formando la imagen de Mirabel con la vela mágica en sus manos, brillando con fuerza. La visión terminó y la arena cayó sobre Bruno, quien notó la presencia del muchacho.

-¿Camilo?- dijo Bruno esperanzado.

-No la hemos encontrado- dijo el muchacho con una expresión derrotada- ¿quería saber si tú has encontrado algo?-

-No- dijo Bruno dejándose caer en el suelo y señalando una pila de tabletas en el suelo junto a él: había pasado el día teniendo visiones sobre ella- no logro ver nada diferente. Solo a Mirabel llorando en esa casa y luego la imagen que acabas de ver-

Camilo abrió la boca y luego la cerró. Quizá no era tan buena idea, pero tenía que intentarlo.

-Tío, ¿no has intentado preguntar algo diferente?- dijo el muchacho finalmente.

-¿Qué debería preguntar?- preguntó Bruno.

-Pregunta cómo la encontramos- dijo Camilo y, al ver la expresión de su tío, continuó- lo que acabas de ver demuestra que ella tendrá la vela en el futuro. Eso quiere decir que está viva y que pronto estará libre para poder hacerla brillar así. Pídele a tu don que te muestre cómo la encontramos-

Bruno alzó las cejas y asintió. Hizo una seña a su sobrino para que se siente frente a él y, tras tirar sal sobre su hombro y realizar su ritual con más rapidez de la habitual, encendió sus ojos para ver las imágenes del futuro.

Camilo miró asombrado las imágenes que comenzaban a formarse en la arena. Lo primero que vio fue a Parce tomando algo con su hocico y corriendo a toda velocidad hacia casita, dejando caer algo a los pies de Antonio. Después vio a Mirabel poniéndose de puntillas y sacando su brazo por una minúscula ventana por un instante antes de volver a meterla. Vio una enorme raíz de un árbol hundirse en la tierra y luego una mano saliendo de un hueco en una pared. Alcanzaron a ver una casa que no pertenecía a ningún sitio dentro del Encanto, pero no tenían idea en qué parte del mundo estaba.

-Eso…- dijo Camilo.

-Tenías razón, Camilo- dijo Bruno, sus ojos iluminándose con esperanza- ya tenemos lo que necesitamos. Parce nos va a indicar donde está, pero…-

-Necesita dejar de llover- dijo Camilo sonriendo por primera vez desde que Mirabel había desaparecido- gracias, tío-

El muchacho tomó la tableta verde en sus manos y salió corriendo de la cueva de visiones con Bruno corriendo tras él. Ahora sabía que Mirabel estaba fuera del Encanto y que necesitaba que dejara de llover para que Parce pudiera encontrarla.

x-x-x

Sótano de la casa Marfil

Más tarde

Después de haberse quedado dormida después de haber llorado, Mirabel despertó sobresaltada. Por un momento pensó que efectivamente todo había sido una pesadilla, pero pronto se desengaño cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y se encontró en el viejo sofá del sótano.

Ella recordaba haber estado llorando en el suelo, quizá alguien había bajado mientras dormía y la había puesto en el sofá. No sabía qué hora era o cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se sintió segura, cuando estaba con Matías. Se llevó sus manos atadas al cabello y se dio cuenta de que había perdido su broche.

"¡Maldita sea!", pensó Mirabel "tengo que salir de aquí antes de que mi familia caiga en la trampa de Ricardo y los lastimen. Tengo que irme antes de que siga tratando de manipularme. Mi familia me ama, ellos jamás me lastimarían como este hombre…"

Respiró hondo. Le dolía su hombro izquierdo y su antebrazo derecho después de ese último golpe y caída, pero ella tenía que abrir la boca y hacer enojar a su raptor.

"No, no es mi culpa"; se dijo Mirabel frunciendo el entrecejo "no hice nada para que me hiciera daño. ¡Tengo que salir de aquí!"

Hizo lo posible por relajarse, imitando los ejercicios de respiración y los mantras que su tía Pepa usaba para calmarse y hacer que deje de llover. No era el caso, pero si la ayudaba serviría de algo.

-Fuuuu… cielo despejado… cielo despejado… fuuuu…- repitió en voz baja.

Tras unos minutos su corazón comenzó a latir con normalidad y su mente se sintió mucho más despejada que antes. Aún sentía miedo, pero eso la ayudaba a mantenerse alerta. Tenía solo un trozo de cristal para ayudarse, así que se puso a pensar qué podía hacer con él.

Tratar de abrir el cerrojo del sótano era inútil. Incluso si hubiera una manera de hacerlo y pudiera salir del sótano, estaban esos tres arriba y había todo un ejército alrededor de la casa, jamás alcanzaría a llegar al Encanto sin que la atraparan. Pelear tampoco serviría, los tres hermanos eran mucho más grandes que ella.

No, su familia tendría que sacarla de ahí, pero ella podía darles una pista de donde estaba antes de que las fuerzas de los Herrera estuvieran completas. Alguno de los animales de Antonio podía llegar a verla y reportar a su familia donde estaba antes de que la milicia fuera de la casa estuviera completa.

Quizá podía encontrar una manera de subir a la casa y acercarse a una ventana para dejar caer algo. ¿Sus aretes? No, lo notaría cuando la vieran sin ellos, lo mismo para cualquier parte de su vestuario. Podía dejar caer hilos sueltos de su vestido, pero eran muy pequeños para que alguno de los animales lo recogiera, excepto quizá una rata.

Vio su falda y pasó sus dedos por ella para buscar algún hilo suelo hasta que pasó sus dedos por las campanillas rosas en el borde de la prenda. Una de esas podía llegar a funcionar, solo tenía que tomarla de un sitio donde Ricardo no la viera… tomaría una de la parte trasera de la falda y tendría que asegurarse de que no le diera la espalda.

Trató de desanudarla con sus dedos, pero era imposible con sus manos atadas. Tenía el fragmento de vidrio en el bolsillo de su ropa interior pero eso le serviría para desatarse, no para hacer algo tan delicado con sus manos así y no romper la falda (y causar sospechas).

"Quizá podría…", comenzó a pensar, pero la luz se encendió de pronto y Mirabel supo que Ricardo iba a bajar. Vio sus gafas en el suelo pero las dejó en su sitio, se dejó caer en el sofá en la posición en la que estaba y fingió que seguía durmiendo con la esperanza de que el hombre se fuera.

Desgraciadamente su deseo no se hizo realidad y Ricardo de todos modos bajó al sótano para sentarse en el sofá.

-Ah, mi hermosa Mirabel…- dijo acariciando su cabello. Molesta por el hecho de que ese monstruo la estuviera tocando, la joven supo que debía dejar de fingir e incorporarse antes de que Ricardo siguiera. Disimuló un bostezo y se levantó mirándolo asustada pero entrecerrando los ojos.

El hombre vio a Mirabel por un momento y se levantó para recoger las gafas del suelo, poniéndolas en su sitio y sonriéndole.

-Me siento mal que peleemos así, mi amor- dijo Ricardo sacando un par de vendas de su bolsillo- sobre todo cuando no hice nada malo. Dame tus manos-

No esperó a que ella lo obedeciera y tomó sus manos, desatándolas y comenzando a vendar su antebrazo derecho, el que había recibido el golpe. Después Ricardo descubrió levemente su hombro, haciéndola alejarse de él.

-Estoy bien, no necesito eso- dijo Mirabel acomodándose la blusa para que cubriera su hombro de nuevo. No quería hacer enojar al sujeto así que agregó- gracias-

Aquello fue lo suficiente para que Ricardo sonriera y la rodeara con su brazo para acercarla a él en el sofá. Mirabel sintió una horrible repulsión incluso por ese abrazo incómodo, pero decidió no agregar nada y soportarlo: era mejor tenerlo contento y quizá la dejaría salir del sótano para enviar el mensaje a su familia.

-Mmm…- dijo él- sabía que finalmente verías las cosas como yo. Bien, si te portas bien no te volveré a atar para que no te duela, pero no trates de escapar-

-No tiene caso- dijo ella en voz baja mirando hacia el suelo.

-Así es, amorcito- dijo Ricardo en el mismo tono animado- uno de mis hombres vendrá a traerte algo de comer. Si necesitas algo, pídeselo y haré lo posible por hacértelo llegar. Quédate quieta aquí mientras que arreglo cosas con los soldados…-

Mirabel se gobernó para no mostrar emoción cuando Ricardo dijo eso, pensando en que le daba una manera de convencer al soldado que enviaría a "cuidarla" de que la dejara salir del sótano y poder enviar la campanilla al exterior para que uno de los animales de Antonio la encontrara.

Ajeno a los pensamientos de la adolescente, Ricardo la soltó y se levantó de su sitio para salir del sótano, dejándola sola de una vez. Tan pronto como escuchó el cerrojo de la trampilla, Mirabel sacó el vidrio de su ropa interior y acercó la orilla de la falda a sus manos para romper el nudo con cuidado. Su hombro y antebrazo aún le dolían pero no le importó. La campanilla se soltó por fin y Mirabel descosió rápidamente todo rastro de color rosado para disimularlo y que no se notara su ausencia.

Tan pronto como estuvo listo, la joven escondió los dos objetos, la campanilla y el trozo de vidrio, de regreso en el bolsillo de su ropa interior. Con una sonrisa esperó a que llegara su oportunidad de enviar su mensaje.

x-x-x

Más tarde

Mirabel aún estaba sola, pero escuchó voces alzadas en en la parte superior de la casa y se preguntó qué era lo que estaba pasando. Dos de ellas eran Elena y Ricardo, pero la tercera no la reconoció. Se acercó a la trampilla para escuchar mejor

-¡No puedo creer que hayan hecho eso! ¿Tienen idea de lo grave que es este asunto?-

-Relájate, tonto- dijo Ricardo en un tono despreocupado- no me digas que tuviste que huir como la sabandija que eres, igual que tu madre-

Hubo una pausa en la conversación.

-No tienes idea de lo que acabas de provocar, Ricardo- dijo la voz desconocida- su familia casi me mata creyendo que yo había causado esto. ¿Qué le están haciendo a esa muchacha?-

-Nada que sea de tu incumbencia. Solo ten la seguridad que todo está bien, ella estará feliz tan pronto como se haga a la idea. Se casará conmigo y me pasará el poder de la vela-

-¿La raptaste?- exclamó la voz- por Dios, ¿en qué estabas pensando, haciendo lo mismo que causó que el abuelo fuera expulsado del Encanto?-

-¡El abuelo no hizo eso! Son mentiras divulgaras por la anciana. Julieta Madrigal hizo creer a nuestro abuelo que lo amaba…-

-Eso no es cierto. La misma señora Julieta me lo dijo hace un rato- dijo el desconocido- ¡déjame verla!-

-Tendrás que confiar en mí- respondió Ricardo.

-Tenemos trece años sin vernos, raptaste a una Madrigal y casi mataste a mi novia, no confío en ti- dijo la voz- ¡déjame verla!-

Escuchó un suspiro resignado de Ricardo y pasos acercándose a la trampilla. Mirabel corrió al sofá y se sentó fingiendo que estaba jugando con sus dedos y tarareando una canción.

-¿Mirabel?- dijo Ricardo con una expresión fastidiada- ¿puedes venir arriba por un momento? Mi primo está terco en querer verte. No sé porqué reaccionó así…-

Sin esperar a que Mirabel respondiera, Ricardo tomó su mano y la condujo hacia arriba. Una vez fuera del sótano, el hombre la tomó de los brazos y la condujo por la sala hacia la entrada de la casa, donde estaba de pie Adrian Marfil con una expresión llena de preocupación. Al verla dejó escapar un suspiro de alivio.

-Mirabel, ¿te encuentras bien?- dijo el muchacho. Ella solo asintió tímidamente y se llevó la mano a su antebrazo vendado. Adrian alzó las cejas y se volvió hacia su primo.

-¿Qué?- dijo Ricardo.

-Déjala ir, es obvio que ella no quiere estar aquí- dijo Adrian.

-Eso no va a pasar- dijo Ricardo- no entiendo porqué te pones así…-

Mirabel vio a Ricardo y Elena mirarse entre sí significativamente de una manera que no le gustó nada. Casi de inmediato Ricardo volvió a tomar la mano de Mirabel y conducirla de regreso al sótano, pero antes de que abriera la trampilla ella decidió tomar la oportunidad-

-¿Podría… pasar al baño, por favor?- dijo ella en voz baja.

-¡Pero qué me pasa! Por supuesto, mi amor, es esa puerta- le dijo Ricardo empujándola tras una puerta- tómate tu tiempo, te estaré esperando-

Aquello no la tranquilizó mucho, pero no tenía mucha opción. Mirabel entró al sitio indicado y puso seguro a la puerta. Era un pequeño baño de visitas que solo tenía una minúscula ventana al exterior que se encontraba entre abierta, pero funcionaría para lo que quería hacer.

"Esto es perfecto", pensó Mirabel.

Puso sus pies en el borde de la taza para alcanzar la ventana y la terminó de abrir. Acercó su cara a la abertura y respiró hondo, disfrutando por un momento el aire fresco. Por esa abertura era imposible escapar pero sí podría sacar su brazo, así que tomó la campanilla rosa que había cortado más temprano en su mano y la sacó por la ventana para dejarla caer hacia el exterior. Con suerte, algún animal la encontraría y podría seguir su rastro hasta esa casa.

Sintiendo como si le quitaran un peso de encima y sabiendo que su familia pronto la encontraría pronto, Mirabel terminó de hacer lo que necesitaba y salió del baño con su mejor expresión fingida de miedo, haciendo su esfuerzo por ocultar la esperanza que sentía en esos momentos.

Sin darse cuenta de lo que acababa de hacer, Ricardo la bajó al sótano de nuevo.

-Lamento mucho eso. Mi primo está un poco… molesto de que tu familia lo haya culpado- dijo el hombre- en serio, tu familia no puede dejar de culpar a otras personas de lo que ellos mismos causan-

Mirabel no comentó nada al respecto aunque se moría de ganas de decirle que él había causado todo y que no debió haberla raptado. Ni modo, tenía que tener paciencia.

-Así que mi primo se quedará con nosotros unos días- continuó Ricardo- no podemos dejar que vaya con tu familia con el cuento hasta que estemos listos para recibirlos, ¿verdad?-

La muchacha puso una expresión de decepción que lo hizo sonreír. Ricardo la rodeó con su brazo.

-Ya, pronto te harás a la idea, amorcito- le dijo él acercándola más a él mismo- vamos a ser muy felices juntos-

-Mmmm…- dijo ella bajando los ojos.

Ricardo se puso de pie satisfecho y comenzó a subir hacia la trampilla. Una vez que la abrió se volvió de regreso y bajó junto a otro hombre: un joven no mucho mayor que ella, llevando un rifle en las manos.

-Él es Rogelio, él estará encargado de traerte tus comidas y lo que necesites- dijo Ricardo con una sonrisa que pretendía ser coqueta, pero le dio miedo- volveré pronto, mi hermosa Mirabel-

Eso último le causó náuseas y una sensación desagradable, pero Ricardo no se dio cuenta de ello y terminó de subir a la casa. La muchacha se dejó caer en el sofá y el otro hombre se le quedó mirando por un momento.

-Volveré con su comida, señorita Mirabel- dijo él antes de irse.

Mirabel suspiró y apretó los ojos.

"Mi familia va a venir pronto"; se repitió mentalmente, tratando de olvidar su predicamento "van a encontrar la pista y van a venir por mí".

x-x-x

Límites del Encanto

Poco después

Hacía un hermoso día soleado con un agradable viento fresco gracias a los poderes de Pepa, que por fin se había tranquilizado cuando vio la visión de Bruno, y Matías estaba con los Madrigal en las orillas del Encanto, junto a la abertura en las montañas. Incluso Bruno había salido de su torre después de haber encontrado una pista de cómo encontrarían a Mirabel.

-¿Estás seguro de lo que viste, Bruno?- preguntó Pepa cruzando los brazos impaciente.

-Estamos seguros- dijo Camilo antes de que su tío pudiera responderle- en esa visión Parce encontró algo de Mirabel allá afuera, quizá un pendiente o algo…-

-Parce se fue hace mucho- dijo Félix cruzándose de brazos con Antonio de pie a su lado. Estaba nervioso, no quería a ninguno de sus hijos en los bordes del Encanto, menos si esos dos malditos estaban allá afuera- ya debería haber regresado-

-Quizá es porque sí encontró algo y por eso tarda en traerlo- dijo Antonio esperanzado.

Matías estaba impaciente. Ya habían pasado casi dos días desde que Mirabel había desaparecido y aún no sabían que hacer. Quería moler a golpes a ese Ricardo por ponerle las manos encima a su novia, pero primero tenía que encontrarla y ponerla a salvo. Y lo que le hubiera hecho a su Miri él se lo devolvería cien veces.

Todos estaban impacientes, sobre todo porque no querían tener a Antonio tan cerca del límite del Encanto con esos horribles hombres tan cerca. De pronto los coatíes y el jaguar regresaron al Encanto entrando por la abertura de las montañas. Parce se dirigió a Antonio y frotó su cabeza contra la del niño.

-¡Parce!- dijo Antonio acariciándolo- ¿encontraste algo?-

-Rrooooaaarrrrr…-

El jaguar rugió tras poner algo en las manos de Antonio, quién dejó escapar una exclamación de sorpresa al verlo. Matías lo reconoció inmediatamente: era una de las campanillas que colgaban de la falda que Mirabel llevaba puesta ese día. Su corazón dio un salto.

"Miri…"; pensó.

-¿Dónde lo encontraste, Parce?- dijo Antonio.

-Roaarrrrr roooooarrrr-

-¿Qué dijo?- preguntó Camilo impacientemente- ¡traduce, Antonio!-

-Voy. Dice que la encontró fuera de una casa del otro lado del río del abuelo Pedro- dijo niño- pero dijo también que… ¡hey!- añadió al ver a Matías echarse a correr en esa dirección seguido de Camilo.

-¡No, regresen!- exclamó Félix en tono preocupado- ¡Camilo!¡Matías!-

Pero fue en vano, y pronto los demás comenzaron a seguirlos. A Matías no le importaba, lo único que quería era encontrarla sana y salva lo más pronto posible. Su corazón brincaba de alivio y emoción cuando cruzaba el río tan rápido como pudo pero un ruido lo hizo detenerse de golpe a la mitad y abrir los ojos horrorizado. Del otro lado había lo que parecía un campamento militar.

Camilo iba corriendo también hacia la casa y Matías lo detuvo antes de que pudiera continuar.

-¡Suelta…!-

-Shhhh… ¡mira eso!- dijo señalando a los soldados con armas patrullando alrededor de la casa.

-Oh no- dijo Camilo decepcionado- debimos haber traído a Luisa-

-No lo entiendes, Camilo- dijo Matías- Luisa puede ser super fuerte, pero no es invulnerable. Sabes que las balas pueden herirla como a cualquiera de nosotros. Tenemos que pensar esto mejor…-

-Pero…-

-Vámonos antes de que nos vean- dijo el otro muchacho, tomando a Camilo del brazo y arrastrándolo de regreso a la abertura en la montaña donde los demás estaban comenzando a seguirlos y les contó lo que habían visto.

-Eso era lo que Parce me advirtió pero no me dejaron terminar- dijo Antonio- la casa está rodeada de hombres armados-

-Es evidente que necesitamos un plan- dijo Bruno pensativo una vez que escuchó lo que los adolescentes habían visto- primero que nada necesitamos saber en qué parte de la casa está Mirabel para que podamos elaborarlo-

Matías suspiró decepcionado y cruzó los brazos. Por supuesto que no podía ser tan fácil, incluso con los poderes de los Madrigal de su lado. Ojalá tuviera a alguien a quien los Herrera conocieran y pudiera entrar a ver dónde estaba Mirabel…

-¡Lo tengo!- dijo Matías de pronto a los Madrigal- podemos pedirle a Adrian Marfil que entre y nos diga dónde la tienen-

-Tenemos que encontrarlo primero- dijo Agustín- yo me encargo de eso-

-Bien, como no podemos hacer más por ahora, regresemos a casita para hacer el plan- dijo Félix.

Pero Matías no se movió. ¿Cómo podía? Se sentía inútil al pensar que su Miri estaba tan cerca pero no podía hacer nada para ayudarla. Se volvió a Camilo y este tampoco se movió, pero tenía una sonrisa traviesa en sus labios.

-¿Qué?- le dijo Matías.

-Creo que tengo una idea para conseguir información que queremos sin necesitar a Adrian- le dijo Camilo- pero necesitaré algunas cosas…-

-¿Qué necesitas?- dijo el muchacho.

-Comida de mi tía. Un trozo de tela blanca, hilo blanco y una aguja- dijo Camilo- vamos, todo eso lo encontraremos en la cocina de tía Julieta y en la habitación de Mirabel-

x-x-x

Tienda de campaña fuera de Casa Marfil

La tarde siguiente

Adrian se sentía frustrado. No podía creer que su primo hubiera raptado a esa chica Madrigal y planeara adueñarse del Encanto de esa manera. ¡La pobre debía estar muerta de miedo! Y con buena razón, sabía el tipo de persona que era Ricardo. ¡Debió haber advertido a los Madrigal cuando tuvo la oportunidad!

También debió haber pensado mejor las cosas y no haber ido a confrontarlos solo, y por eso estaba atrapado también.

Lo tenían atado en una tienda de campaña fuera de la casa, y desde ahí podía ver que cada vez había más hombres armados fuera de la casa, seguramente para evitar que los Madrigal usen sus poderes para rescatar a Mirabel cuando descubran dónde está. ¡Tenía que avisarles con tiempo para que supieran que todo eso era una trampa!

Apoyó la espalda al poste de la tienda y suspiró.

-Eres un tonto, Adrián- le dijo Elena- podrías unirte a nosotros y vivir en paz en el Encanto cuando los Madrigal y los aldeanos sean expulsados-

-Tú apuñalaste a Lucía- dijo Adrian con una expresión llena de resentimiento- ¡sabías que estoy enamorado de ella y aún así…!-

-Tenía que hacerlo o la estúpida iba a arruinar todo, no es mi culpa que tuviera la cabeza tan dura. Ya te encontrarás otra- dijo Elena como si nada- y habría apuñalado también a la otra si Ricardo no estuviera tan obsesionado con ella. Tenía cuatro chicas para escoger, y tuvo que elegir a la ciega y más llorona-

Adrián no comentó nada, sino que se cruzó de brazos molesto.

-Esto está mal y lo sabes- dijo el muchacho después de un rato. Realmente detestaba a sus primos y ahora que los volvía a ver recordaba porqué. Siempre habían sido horribles con él y con su madre.

-Ja- dijo Elena- nuestro abuelo estaría orgulloso de nosotros si pudiera vernos en estos momentos. Bueno, de ti no estaría orgulloso-

-Y eso habla mejor de mí que de todos ustedes- dijo Adrián.

A su prima no pareció gustarle mucho lo que acababa de decir porque hizo una mueca y se fue murmurando algo en voz baja que no sonaba nada amigable, pero al muchacho no le importaba. Después de un rato su otro primo, Gerardo, entró a la tienda.

-Ricardo dice que ya puedes irte- dijo el hombre mayor abriendo sus ataduras- ve con tus nuevos amigos y diles que tenemos a su mocosa, a ver si se atreven a venir por ella-

-¡Hasta crees que podré hacer eso!- dijo Adrian molesto- gracias a ustedes ya soy una persona non grata con esa familia…-

-Entonces ve a llorar por tu noviecita- dijo Gerardo- y diles a todos que eso es un ejemplo de lo que pasará para quienes intenten acercarse a la casa-

Adrian se frotó las manos y se puso de pie para salir de la tienda. Sabía que no tenía caso tratar de razonar con ellos, así que se resignó a dirigirse de regreso al Encanto para hablar con los Madrigal, ¡tenían que saber que había una milicia prácticamente a sus puertas!

No supo cuánto tiempo pasó desde que salió del campamento hacia la casa Madrigal lo más rápido que pudo. Esta vez casita le abrió las puertas de inmediato y casi choca con Luisa.

-AAAAAAH…- exclamó el muchacho- lo siento-

-Está bien, muchacho- dijo Luisa ayudándolo a recuperar el equilibrio- ¿de dónde sales tú?-

-Yo… señorita Luisa, ya sé dónde está Mirabel- dijo Adrian rápidamente- tuve una corazonada y fui a investigar. La tienen en la casa Marfil, fuera del Encanto, apenas cruzando el río-

-Lo sabemos. Matías y Camilo fueron a investigar- dijo Luisa- pero está rodeada por soldados antes de que pudiéramos estar seguros…-

-Lo sé. Pero vi a Mirabel- dijo Adrián- hasta ayer que la vi estaba bien, solo un poco asustada y por alguna razón tenía una venda en una muñeca. No la hirieron como a Lucy-

Luisa respiró agradecida y tuvo una idea.

-Escucha, ¿tú conoces esa casa?-

-Un poco. Solía vivir ahí cuando era niño- dijo Adrian.

-¿Podrías decirnos que hay en cada sitio? Para poder hacer llevar a cabo nuestro plan- dijo Luisa.

-Si tienes papel y lápiz te haré un dibujo- dijo el muchacho con seguridad. Luisa asintió y los dos se dirigieron a la habitación de la abuela para compartirle la nueva información que tenían.

x-x-x

Habitación de la Abuela

Poco después

Desde que haber escuchado lo que Adrián tenía que decir. Camilo se preocupó aún más por su querida prima. ¡Ese maldito planeaba forzarla a casarse con él! Eso no lo podía permitir, ni en un millón de años dejaría que ese monstruo apagara la alegría en los ojos de Mirabel. Miró de reojo a Matías y éste parecía mucho más molesto y preocupado que antes.

Mientras tanto todos los miembros de la familia estaban teniendo una discusión sobre cómo podían llevar a cabo el rescate.

-Tenemos que encontrar una manera de saber dónde tienen encerrada a Mirabel para poder rescatarla- dijo la abuela- Luisa podría mover la casa o Isabela sacarla con sus lianas…-

-Si podemos evadir los disparos…-

-Debe haber una manera de neutralizar las armas de fuego-

-Tenemos que planear mejor, no tendremos otra oportunidad-

Camilo rodó los ojos y tomó el brazo de Matías para arrastrarlo fuera de la habitación. Él tenía aún una idea para averiguar esa información aunque no les gustara a los mayores, y necesitaba la ayuda de Matías.

-¿Qué?- dijo Matías.

-Vamos- dijo Camilo- ya terminé de coser los bolsillos, ahora tenemos que ir a la cocina a robar unas arepas y…-

-No, Camilo. Ya escuchaste a Isabela, esa es una pésima idea- le dijo Matías a pesar de que sabía que se moría por hacer algo para rescatar a Mirabel- tenemos que tener un mejor plan…-

-Pero…-

-No. Miri nunca me perdonará si dejo que te pongas en peligro de esa manera- dijo Matías sacudiendo la cabeza.

-Mi plan va a funcionar- dijo Camilo rodando los ojos- no sabemos si esos malditos lastimaron a Mirabel y solo nosotros podemos hacer algo para aliviarla. Será pan comido, y sé que quieres hacerlo tanto como yo, pero si no quieres ir lo haré yo solo-

Matías se quedó pensativo un momento y finalmente suspiró resignado.

-Bien…- dijo el otro muchacho rodando los ojos- pero espero que no me culpes si las cosas no salen como esperas…-

-Sí, sí, como digas- dijo Camilo sin hacerle caso- vamos a la cocina por las arepas antes de que los mayores se den cuenta de lo que estamos planeando hacer-

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Mirabel por fin logró enviar una pista a su familia, y Camilo está planeando descubrir donde está su prima con ayuda de Matías, aunque su plan es peligroso e imprudente.

Muchas gracias a todos por seguir leyendo. ¡Abrazos!

Abby L.