Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SUCESIÓN

CAPITULO 19

Casa Marfil

Horas después

Mirabel suspiró largamente y se frotó la frente, comenzando a perder la paciencia. ¿Por qué su familia tardaba tanto en venir por ella? Ya deberían haber encontrado la pista ¿Acaso se habían resignado a abandonarla tan fácilmente? No, no podía ser cierto. Su familia la amaba, seguramente los hombres armados fuera del Encanto los estaba deteniendo, y por supuesto que ella no querría que sus hermanas fueran lastimadas por tratar de salvarla.

El joven encargado de vigilarla, Rogelio, era amable pero era un constante recordatorio de que estaba siendo vigilada. Había planeado enviar otra campanilla pero no la dejaban sola ni un momento, y habían cerrado la ventana del baño con tablas de madera desde el exterior. Lo sabía porque fingió querer vomitar después de una comida para poder enviar otro trozo de su falda y vio eso.

Mirabel se cubrió la cara con las manos y gruñó frustrada. Odiaba estar en esa situación, odiaba tener miedo y solo esperar a que alguien más la rescate. ¡Lo que daría por que eso terminara y regresar a su casa con su familia!

-Señorita Mirabel- dijo Rogelio interrumpiendo sus pensamientos al verla tan frustrada- ¿hay algo más que necesite?-

-Lo único que necesito… es ver a mi familia- dijo Mirabel abrazando sus rodillas a su pecho- quiero regresar a casa y nunca volver a ver a ninguno de los Herrera en toda mi vida-

Rogelio bajó la mirada, un poco afligido de no poder ayudarla. No parecía una mala persona, pero a pesar de ello mirabel sabía que no podía confiar en él. Todo lo que le dijera lo reportaría a Ricardo.

-Lo lamento, señorita- dijo el soldado.

La muchacha no dijo nada y oculto su cara entre sus brazos volviendo a sollozar. ¡Quería a su mamá, quería hundirse bajo las mantas de su cama y no salir nunca! Pero primero tenía que soportar eso hasta que su familia viniera por ella… si es que lo hacían algún día. Ya habían tardado.

Ricardo regresó al sótano e hizo una señal al soldado para que los dejara solos. Con una última mirada triste hacia Mirabel, Rogelio obedeció y salió por la trampilla. El hombre bajó la escalera y se sentó en el sofá junto a Mirabel.

-Escuché eso último que le dijiste a Federico- dijo Ricardo tan pronto como tomó asiento- no fue algo lindo de tu parte decir eso-

-Pues eso es lo que pienso- dijo Mirabel sin mirarlo ni dejar de abrazar sus rodillas- el que no te guste no lo hará diferente-

-Veo que no has aprendido a controlar tu boca- dijo Ricardo frunciendo el entrecejo y comenzando a perder la paciencia con ella- ¿tengo que recordarte lo que te pasa cuando hablas de más? Después de todo lo que he hecho por ti…-

Pero Mirabel estaba harta, incluso más que él. Ya estaba cansada de tener miedo, harta de ser amenazada y maltratada todo el tiempo, y harta de que ese monstruo esperara que se enamorara de él mientras seguía tratándola así.

-¿Sabes qué?¡Ya estoy cansada de ti!- dijo ella poniéndose de pie con las manos empuñadas- ¿dices que esperas que esté agradecida contigo?¿Agradecida por qué exactamente?¿Por haberme raptado y alejado de la familia que me ama?¿O por haber casi asesinado a mi mejor amiga?¿O por amenazarme a mí y a mi familia?¿O por golpearme?¡Ya estoy harta de que esperes que me enamore de ti!-

Aquello pareció enfurecerlo, la tomó por los hombros y la empujó hasta azotarla contra la pared del sótano. La muchacha hizo una mueca al sentir el choque, pero aquello no la intimidó. Mantuvo su mirada frunciendo el entrecejo.

-Parece que no lo entiendes cómo están las cosas en este momento, niña tonta. Vas a ser mía, te guste o no- dijo Ricardo tomando su rostro con una mano- tu vida está en mis manos, deberías estar agradeciéndome de rodillas que no he seguido el consejo de Elena y me deshago de ti de una vez por todas como hizo ella con tu amiguita. ¿O acaso tendré que traer a uno de tus parientes para que me obedezcas?¿Quizá a tu primo más pequeño?-

Aquello la horrorizó, la sola idea de que hicieran lo mismo a Antonio, y no lo iba a permitir.

-¿Te crees muy valiente, amenazando a una mujer o a un niño más pequeños que tú?- escupió Mirabel- ¡solo eres un cobarde escondiéndote detrás de tus hombres armados! Y si te atreves a ponerle las manos encima a Antonio, yo misma me encargaré que te arrepientas de haberme siquiera conocido-

Ricardo levantó la mano amenazante dispuesto a abofetearla y Mirabel instintivamente se cubrió para recibir el golpe, pero la trampilla volvió a abrirse. El hombre se volvió hacia la misma, no sin tomar la muñeca herida de Mirabel y apretarla con fuerza en un intento de lastimarla. La muchacha quería gritar de dolor, pero se lo aguantó: no le iba a dar el gusto.

-Hey, hermanito, no adivinarás lo que los soldados encontraron esta tarde tratando de entrar a la casa…- dijo Gerardo desde la parte alta de la escalera.

Los ojos de Mirabel estaban nublados por las lágrimas de dolor, así que solo pudo ver un bulto de color blanco y negro, seguramente un hombre usando camisa blanca y pantalones negros. No fue sino hasta que Gerardo empujó a la persona por las escaleras y ésta dejó escapar un gemido de dolor que sospechó quien podía ser.

-No…- dijo ella en un grito ahogado, cubriéndose la boca con su mano libre- no, por favor…-

-Mira nada más lo que tenemos aquí- dijo Ricardo atrapando a Mirabel por la espalda y haciéndola dirigir la mirada hacia la persona en el suelo- quizá deberías poner atención a esto-

Ella parpadeó para limpiarse las lágrimas de los ojos y vio a su primo Camilo de rodillas frente a ella, obligado a bajar la mirada por la mano de Gerardo sobre su cabeza. El muchacho no tenía su ruana puesta ni sus sandalias, solo su camisa y pantalón. Cuando su primo levantó la mirada, Mirabel se horrorizó al ver que un ojo morado, varios golpes en su cuerpo y podía ver sangre en su nariz, en la comisura de sus labios y en su camisa. Sus brazos estaban forzados hacia su espalda por las manos del hombre que lo arrastró hacia ese lugar.

-Camilo…- dijo Mirabel sin aliento al ver el aspecto de su primo.

-¿No dijiste que esto era lo que querías, mi amor?¿Ver a tu familia?- dijo Ricardo detrás de ella. Pero los ojos de la muchacha estaban sobre su primo, quien seguía de rodillas en el suelo y la miraba de manera significativa, como si quisiera decirle algo con los ojos.

-Encontramos a esta basura haciéndose pasar por ti, Ricardo, y dando órdenes de que saquemos a Mirabel de la casa- dijo Gerardo- seguramente un intento patético de los Madrigal de rescatarla. Al parecer para ellos ni siquiera vale lo suficiente como para enfrentarse a nosotros. Son unos cobardes-

-Pfff… mira quien habla- dijo Camilo dejando escapar una risita socarrona mientras se limpiaba la sangre del mentón con su hombro y trataba de incorporar de pie- ¿solo te sientes valiente cuando tienes a todos esos grandulones detrás tuyo?-

Mirabel no podía creer que su primo hubiera dicho eso, pero lo que pasó después fue bastante predecible: Gerardo se enfureció y comenzó a patear a Camilo, quien se ovilló en el suelo para protegerse. Desesperada al ver que golpeaba a su primo, Mirabel dobló las rodillas y logró zafarse del "abrazo" de Ricardo, pero éste la atrapó nuevamente tomándola por su muñeca sana para detenerla.

-¡Camilo!- exclamó Mirabel asustada al ver que Gerardo seguía golpeándolo y tratando de soltarse para detenerlo antes de volverse a Ricardo- ¡deténlo por favor!-

-No, él mismo causó eso- dijo Ricardo riendo cruelmente al ver al muchacho siendo golpeado sin piedad- que aguante las consecuencias de sus acciones…-

Preocupada, Mirabel se giró por debajo del brazo de Ricardo, torciéndolo y forzándolo a soltarla, antes de correr hacia su primo y cubrirlo con su cuerpo para que Gerardo dejara de golpearlo.

-¡Basta!- exclamó ella. Funcionó y el hombre mayor se detuvo para no golpearla a ella.

-Mira- escuchó a Camilo susurrar débilmente, de modo que los dos hombres no lo escucharon- no te preocupes, todo esto es parte del plan-

Su corazón dio un vuelco al escuchar eso. ¡Su familia tenía un plan para rescatarla! Por supuesto que así era, no sabía por qué había sospechado que la abandonarían. Se sintió tonta al haber pensado lo contrario.

-¡Mirabel, levántate de ahí en este instante!- dijo Ricardo en un tono amenazante, y agregó al ver que la muchacha no se movía- o te vas a arrepentir de desobedecerme…-

-Acepta lo que quiere a cambio de que me dejen ir. Te vamos a sacar de aquí- dijo Camilo en otro susurro.

Estaba tan concentrada en lo que dijo Camilo que no se dio cuenta de que Ricardo estaba prácticamente sobre ellos y no estaba nada contento con el escape de la muchacha, así que le propició un puntapié en las costillas antes de tomar su mano y levantarla de un tirón, lastimando aún más su hombro sobre el que había caído.

-AAAAAAAHHH…- exclamó involuntariamente cuando sintió la patada en su costado y el tirón de su brazo.

Esta vez Camilo no se quedó quieto, se levantó de un salto quitándose de encima a Gerardo y le devolvió el puntapié a Ricardo justo en la espinilla, haciendo que soltara a Mirabel.

-¡Vuelve a hacerle daño y te mataré, maldito cobarde…!- exclamó el muchacho, pero Gerardo rápidamente lo sometió golpeándolo en su abdomen.

-Ahora sí lo mato- dijo Ricardo arremangándose, pero Mirabel reaccionó más rápido. Tomó las manos del hombre mayor para atraer su atención y puso su mejor semblante arrepentido a pesar del dolor y el enojo que sentía.

-¡No, por favor no le hagas daño!- dijo Mirabel con lágrimas en los ojos- si lo dejas ir haré lo que quieres. ¡Me casaré contigo!-

-¡No, Mirabel, no lo hagas!- exclamó Camilo en un tono que no era suyo, y lo vio guiñarle un ojo, algo que los otros dos hombres no vieron.

-¿Lo dices en serio?- dijo Ricardo concentrado en ella.

-Ajá- dijo Mirabel haciendo un esfuerzo por permanecer con el mismo semblante- me casaré contigo como quieres, pero deja de golpear a Camilo, y déjalo regresar con mi familia-

-Mmm…- dijo Ricardo considerándolo.

-No lo hagas, hermano. La mocosa te desobedeció y necesita un buen escarmiento. ¿Qué mejor que ver a su primo morir?- dijo Gerardo tirando del cabello de Camilo para hacerlo levantar la mirada. Mirabel tragó saliva asustada, pero al parecer Ricardo estaba feliz por el hecho de que la joven lo hubiera aceptado al fin, aunque fuera a cambio de la vida de Camilo.

-Esta bien, este será tu regalo de bodas, mi amor- dijo Ricardo antes de abrazarla. La muchacha hizo un esfuerzo para no tensarse mientras lo hacía- llévatelo y ordena que lo liberen fuera del campamento-

-Espera- dijo Mirabel volviéndose a Ricardo con una sonrisa tímida- ¿me dejas de él?-

El hombre asintió y Mirabel corrió a abrazar a Camilo, rodeándolo con sus brazos con cuidado de no lastimarlo más pero él no respondió a su abrazo. En vez de eso la muchacha sintió que Camilo dejó caer algo por dentro del cuello de su blusa, que se deslizó por su pecho hasta su estómago, y entonces él finalmente la rodeó con sus brazos.

-Has sido muy valiente, Mira. Solo aguanta un poco más, te sacaremos de aquí. Te lo prometo- le susurró Camilo antes de separarse de ella. Mirabel respiro aliviada al escuchar eso, solo le faltaba soportar esto un poco más.

Cuando los primos por fin se separaron, Gerardo tomó a Camilo de la parte posterior del cuello y lo arrastró fuera del sótano. El muchacho le dirigió una última mirada que la llenó de esperanza.

Mirabel no pudo pensar mucho en lo que había pasado porque Ricardo tomó su rostro con una de sus manos para hacerla mirar hacia él y sin decirle nada la besó en los labios. Mirabel sintió una horrible repulsión pero lo aguanto para que no sospechara nada y para que Camilo fuera liberado, así que se quedó quieta y lo soportó.

"Todo es parte del plan", pensó ella repetidamente "me van a sacar de aquí".

-Hiciste lo correcto, mi amor- dijo Ricardo antes de dejarla también- te veré en la mañana. Buenas noches-

Ricardo subió la escalera con una sonrisa triunfante que le dio asco, y Mirabel por fin se quedó sola en el sótano. Lo primero que hizo fue limpiarse los labios con el dorso de su mano haciendo una arcada, y después meter su mano sana por el cuello de su blusa para sacar el objeto que Camilo había dejado caer ahí durante su abrazo: era la mitad de una arepa, seguramente de las de su mamá. Eso la haría sentir mejor y curaría sus heridas.

"Gracias por esto, Cami", pensó Mirabel tomando una mordida de la arepa y escondiendo el resto en el bolsillo contrario de su ropa interior en caso de que lo necesitara de nuevo. De inmediato se sintió mejor antes de agregar, "abuelito Pedro, ayúdame a soportar esto un poco más".

x-x-x

Al mismo tiempo

A Camilo le dolían hasta las pestañas, pero había cumplido con su misión de saber dónde tenían encerrada a Mirabel: la tenían encerrada en el sótano, en la parte trasera de la casa. Se había hecho pasar por Ricardo pero con bastantes errores intencionales para que rápidamente fuera reconocido. Así sucedió y fue llevado ante Gerardo, quien le propició varios golpes antes de llevarlo delante de Ricardo y Mirabel, tal y como lo había planeado.

Hervía de furia al solo pensar la manera en la que ese desgraciado la estaba tratando y el miedo que su prima tenía en sus ojos, pero se había portado muy valiente hasta ahora y con suerte pronto la rescatarían. Ya tenían la última pieza que necesitaban para formular su plan para rescatarla.

Gerardo lo había arrastrado personalmente hasta fuera del campamento, haciéndolo pasar por todas las piedras que había en el suelo, hasta finalmente dejarlo caer en el río. Camilo tuvo dificultad para incorporarse y no quedar con la cabeza en el agua: ¡no podía ahogarse, tenía que pasar el mensaje a su familia!

-Adiós, basura- dijo el hombre mirándolo con crueldad cuando por fin pudo sacar la cabeza del agua- yo comenzaría a empacar si fuera tu familia. Tan pronto como la mocosa nos dé el poder de la vela los expulsaremos a todos del Encanto. Dile a tu familia que nos entregue la vela más tardar mañana antes de que se ponga el sol. Y que venga toda la familia, o su querida Mirabel sufrirá las consecuencias-

Tan pronto como Gerardo se fue, Matías salió de su escondite y se apresuró a ayudar a Camilo a ponerse de pie. Se pasó su brazo por detrás del cuello con una mano y con la otra le pasó una arepa para que pudiera curarse. Mientras Camilo comía, el otro muchacho comenzó a conducirlo al lado contrario del río con cuidado de no lastimarlo más.

-Tonto- le dijo Matías visiblemente preocupado. Él no había estado de acuerdo con ese plan para empezar- ¡mira nada más cómo te dejaron!-

-Ugh, lo sé, mamá me va a matar cuando sepa lo que hice- dijo Camilo mordiendo la arepa un poco desesperadamente- pero ya tengo lo que necesitábamos para formular nuestro plan de rescate. Esos desgraciados tienen a Mirabel encerrada en el sótano, en la parte trasera de la casa. No está atada, solo que el maldito la pateó cuando ella trató de protegerme… y sospecho que no es la primera vez que lo hace, porque tiene un brazo vendado-

-¿QUÉ?- exclamó Matías deteniéndose de golpe. Ya curado, Camilo tomó su brazo y lo arrastró de regreso al Encanto.

-Ya tendrás tu oportunidad de darle su merecido a ese monstruo, aunque habrá una cola bastante larga- dijo Camilo mirándolo significativamente- vamos a casa, necesitan esta información para preparar el plan para mañana-

-Con suerte, mañana a esta hora Miri ya estará de regreso con nosotros- dijo Matías esperanzado, y con eso los dos adolescentes corrieron de regreso a casita.

Un relámpago apareció en la nube de Pepa tan pronto como vio a su hijo llegar con la camisa manchada de tierra y sangre, aunque no tenía ninguna herida visible.

-¡Camilo Federico Roa Madrigal, explícate en este instante!- dijo Pepa, cuyos relámpagos y el hecho de que lo llamara por su nombre completo lo hicieron dar un involuntario paso atrás.

Entre Camilo y Matías les contaron a los Madrigal lo que había sucedido, el plan de Camilo para infiltrar la casa, cómo había visto a Mirabel y el hecho de que sabía ya sabía exactamente dónde la tenían.

-¡Con eso podemos sacarla de ahí!- exclamó Luisa flexionando sus músculos- yo puedo romper la pared de esa casa mientras que ustedes lo distraen y…-

-No, recuerda que ellos conocen bien sus poderes y esperará a que todos ustedes estén frente a la entrada de la casa. Si alguno falta, Ricardo sospechará que esa persona está tratando de rescatar a Mirabel y no se va a separar de ella- les dijo Amelia- tiene que ser alguien que no sea de la familia-

-Yo puedo ayudar en eso- dijo Matías.

-Todavía están las armas que tienen sus aliados- observó Isabela un poco preocupada, lo que hizo que todos detuvieran un poco su entusiasmo- Luisa y yo podemos detener a la milicia, pero no las balas-

-Las armas de fuego son inservibles si se mojan- dijo la abuela sorpresivamente- porque la pólvora mojada se echa a perder-

-¿Cómo sabes eso, abuela?- quiso saber Camilo. Como respuesta, la abuela dejó escapar un largo suspiro.

-Tu abuelo Pedro me lo contó- dijo la abuela con una leve sonrisa- él aprendió muy bien cómo disparar esas armas cuando hizo su servicio militar, un par de años antes de conocernos. Dijo que el agua era la mejor aliada si querías evadir a un grupo de soldados porque ellos no pueden disparar bajo la lluvia-

-¿Un huracán?- ofreció Pepa frunciendo el entrecejo. Sobre su cabeza había una nube negra que emitía relámpagos pero el clima seguía tan soleado como siempre, ya que estaba controlando sus emociones pero era evidente que se moría de ganas de sacarlas todas y causarles problemas a los enemigos.

-No, mamá, creo que eso entorpecería el rescate con todo el lodo- les dijo Dolores sacudiendo la cabeza- sobre todo si tratamos de llegar a ese sótano por otro medio que no sea la puerta-

-Creo que tengo una idea- se ofreció Matías- Adrián ya nos proporcionó un plano de la casa y gracias a Camilo sabemos que Miri estará encerrada en el sótano, así que comencemos con eso. Isabela, ¿crees que puedas usar tu poder sin que los demás lo sepan? Por ejemplo, ¿una raíz tan grande que cree un túnel subterráneo?-

-Claro que sí, sería demasiado fácil hacer eso- dijo la muchacha moviendo su cabello hacia un lado como si estuviera ofendida por la pregunta que hizo Matías- aunque yo preferiría lanzarles algunos de mis cactus… como unos mil-

Hubo un murmullo de asentimiento por parte de todos los Madrigal. Julieta abrazó a su hija mayor con una expresión orgullosa y Luisa llegó detrás de ellos para abrazarlas también.

-Ya tendrás tiempo de eso también una vez que tu hermana esté a salvo- dijo Matías antes de volverse a los demás- entonces Isabela podría crear un túnel debajo de la tierra y que rompa la pared del sótano para que Miri pueda escapar por ahí mientras que ustedes distraen a los enemigos-

-Al romper la pared el estruendo llamará la atención- dijo Agustín un tanto preocupado- ¿eso no alertará a los Herrera de lo que estamos tratando de hacer?-

-Sí, pero Luisa puede hacer mover el suelo y causar un estruendo de una patada, ¿no?- dijo Camilo tras pensarlo por un momento- puede hacer temblar la tierra como una distracción, que los haga creer que es alguna especie de grito de guerra, ustedes dos se pueden coordinar…-

-Pierde cuidado, puedo hacerlo…- dijo Luisa con seguridad.

-Señora Alma, usted tendrá que ir con toda su familia a cumplir las demandas de los Herrera y llevar la vela. Al menos en apariencia- continuó Matías- yo entraré por el sótano y sacaré a Miri de ahí. Les enviaré una señal para que la señora Pepa pueda comenzar a hacer llover para inutilizar las armas-

-Pero la vela…- dijo Dolores.

-La vela no se apaga ni con el huracán, Lolita- dijo Antonio levantando la voz y sorprendiendo a todos los presentes.

-Puedes encender una bengala para avisarnos que Mirabel ya está contigo y a salvo mientras estamos distrayendo a los Herrera- sugirió Camilo.

-Yo puedo enviar a Parce a acompañarlos de regreso en caso de que se encuentren con un guardia- ofreció el niño.

Matías pareció meditar lo que Antonio le había dicho.

-Es una excelente idea, pero Parce debe permanecer a tu lado hasta que encienda la bengala indicándoles que ella está a salvo conmigo- dijo el muchacho- para no levantar ninguna sospecha-

-Bien, ¿y qué haremos después de la lluvia?- preguntó Félix.

-Yo sé lo que haré- dijo Agustín tronándose los nudillos.

-Hey, tío. Hay una fila- dijo Camilo frunciendo el entrecejo sin olvidar el puntapié que ese malnacido le había dado a Mirabel y el tirón de su brazo, y le gustaría devolverle el favor a ese cobarde.

-Yo soy su padre, yo voy primer- dijo Agustín.

-Una vez que esté a salvo, ella podría usar la vela para proteger el Encanto de esos malnacidos- dijo Matías con una sonrisa confiada.

Todos los nietos Madrigal parecían emocionados por el plan de Matías, pero los trillizos parecían aún preocupados n. Bruno inmediatamente encendió sus ojos de color verde brillante para ver el futuro incluso antes de que su hermana se lo preguntara.

-¿Bruno?¿Crees que sea factible?- preguntó Julieta volviéndose a su hermano.

Todos esperaron a que Bruno saliera de la visión para que pudiera darles su opinión aguantando la respiración. Sabían que las visiones podían contener buenas y malas noticias, pero el plan de Matías sonaba bastante bien.

Por fin los ojos de Bruno se apagaron, y el hombre mayor se llevó una mano a la frente tratando de recuperar el aliento.

-Sí, hay que hacer eso. Va a funcionar y no estaremos solos- dijo Bruno con una sonrisa cansada antes de agregar- aunque habrá un par de complicaciones. Matías, lleva contigo una varilla de metal cuando rescates a Mirabel, les va a servir. Y Julieta, todos tenemos que tener al menos dos de tus arepas a la mano en caso de que alguien resulte herido-

-Prepararé arepas y limonadas- dijo Julieta con convicción. Ella no era alguien a quien le gustara pelear, pero lo haría por su hija.

Todos respiraron aliviados al escuchar eso. ¡El plan iba a funcionar!

-Bien, prepárense para mañana- dijo la abuela mirando el reloj. Ya eran las cuatro de la mañana y les esperaba un largo día- vayan a dormir un rato y a recuperar energías, las necesitaremos para mañana-

x-x-x

Poco después

Después de que los muchachos regresaran a sus habitaciones a descansar, alguien llamó a la puerta y Alma decidió bajar a abrir para ver quién era. Del otro lado estaban el viejo Arturo, la señora Guzmán, Gabriel Garza y otros de sus viejos amigos que habían llegado junto con ella al Encanto hacía cincuenta y un años.

-Buenas tardes, Alma. Vinimos a ofrecerte nuestro apoyo- dijo Arturo quitándose el sombrero tan pronto como abrió la puerta- ¿qué necesitas para rescatar a tu nieta?-

-Gracias, Arturo, pero no podría pedirles que…- comenzó a decir Alma, pero la señora Guzmán la interrumpió sacudiendo la cabeza.

-Ah ah…- dijo la señora Guzmán- hemos estado juntos en esto todo este tiempo. Por favor permite que te ayudemos esta vez. Mirabel es importante para todos nosotros, es el futuro del Encanto. Siempre nos has apoyado, así que déjanos ayudarte a recuperarla-

-Además Mirabel es una niña muy dulce- dijo Gabriel con una leve sonrisa- mis nietos van a participar, ¿por qué no lo haríamos nosotros también? Así que dinos, ¿qué necesitas que hagamos?-

Alma sonrió antes de responderles. Estaba agradecida con su apoyo y no quería arriesgar a nadie, pero sabía que esa pelea no era solo de la familia Madrigal, era de todo el Encanto. Y todos estaban decididos a pelear por su futura guardiana.

-Bien, necesitamos que nos acompañen fuera del Encanto mañana, antes de que se ponga el sol- dijo la abuela- lleven lo necesario para pelear. Pepa va a provocar algo de lluvia para inutilizar la pólvora de las armas de los soldados-

-Eso es bastante inteligente de su parte- dijo Arturo- quizá podríamos seguirte para hacer que los soldados salgan de sus tiendas antes de que Pepa provoque la lluvia-

-Eso serviría- dijo la señora Guzmán pensativa.

-También es un poco arriesgado- dijo la abuela- quizá tienen otro tipo de armas…-

-Nosotros también podemos llevar lo que tenemos que pueda servir como arma- dijo Gabriel- herramientas para arar… y tengo un mazo-

A la abuela no le gustaba mucho la idea de que la gente del Encanto se arriesgara también, pero tenían razón. No solo estaban peleando por salvar a Mirabel, estaban peleando por el futuro del Encanto y todos debían pelear por proteger su hogar.

-Bien, se los encargo- dijo la abuela.

Una vez que sus visitantes se fueron, la abuela regresó a su habitación y se sentó en su alcoba, en el borde de su cama donde hacía apenas unos días se había sentado con Mirabel a enseñarle lo que necesitaba saber. Si Matías lograba rescatarla, si lograba darle la vela a Mirabel podía asegurarse de proteger el Encanto para siempre.

"Mañana es… la batalla, no solo para rescatar a Mirabel sino por el Encanto"; pensó la abuela mientras miraba la fotografía de su esposo "Pedro, protege a nuestra familia mañana".

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CONITNUARÁ…

¡Hola a todos! Los Madrigal se preparan para rescatar a Mirabel y para pelear gracias al arriesgado plan de Camilo. Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews.

Abrazos.

Abby L.