Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
SUCESIÓN
CAPITULO 20
Casa Marfil
La tarde siguiente
Mirabel abrazó sus rodillas y respiró hondo. Sabía que en cualquier momento su familia iba a rescatarla. Aún no podía creer que Camilo se había dejado golpear y casi matar para poder llevarle una arepa y ese mensaje de que pronto iban a ir por ella. Apoyó su frente en sus rodillas suspirando.
"Solo unas horas más, solos tengo que aguantar un poco más", pensó Mirabel al escuchar el ultimátum que Gerardo le había dado a Camilo: que tenía que llevarle la vela a más tardar esa noche. Si ella pudiera tocar la vela, le pediría a la magia que los Herrera y su ejército jamás pudieran entrar al Encanto, y que la sacaran de ese horrendo sótano.
Pero aún no tenía la vela en sus manos, y Ricardo volvió al sótano a seguir tratando de manipularla y hacerla pensar que lo que pasó, el beso forzado y los golpes, no pasó. Ricardo era un monstruo que la había golpeado no una sino varias veces cuando perdía la paciencia.
Tan pronto como el hombre llegó al sótano se acercó a ella y la abrazó por la espalda, atrayéndolo hacia ella y haciéndola sentarse sobre su regazo. Aquello le causó una horrible repulsión y se movió tratando de zafarse de él, pero Ricardo la tenía bien sujeta.
-¿A dónde crees que vas, hermosa?- dijo Ricardo rodeándola con sus brazos con más fuerza que antes- solo estamos pasando tiempo juntos..-
-¡Déjame, me estás lastimando!- dijo Mirabel tratando de soltarse mientras él apretaba más fuerte para que no pudiera escabullirse- ¡suéltame!-
.¡Quédate quieta!- dijo Ricardo al verla forcejear entre sus brazos- sé que estás tan impaciente como yo…-
Mirabel logró soltarse por un momento y estuvo a punto de correr hacia una esquina, pero él se levantó más rápido como ella y volvió a atraparla, dejándola caer de espaldas sobre el sofá y él se posicionó sobre ella.
-¡No!¡Déjame!- exclamó Mirabel, pataleando desesperada para que la soltara- ¡quítame las manos de encima!-
-Ya estoy harto de esperar- dijo el hombre forzando los brazos de la joven sobre su cabeza con una mano para inmovilizarla- más vale que te quedes quieta o lo vas a lamentar-
Mirabel no estaba dispuesta a quedarse quieta mientras el hombre hacía lo que quería con ella. ¡No lo permitiría! No se lo dejaría nada fácil para ese malnacido, así que siguió pataleando y gritando que la suelte. Ricardo se desesperó y puso una mano en su boca para hacerla callar, pero Mirabel lo mordió y al mismo tiempo levantó su rodilla con todas sus fuerzas para golpearlo en la boca del estómago.
Eso fue suficiente para que Ricardo lo soltara y ella pudiera rodarse del sofá hacia el suelo para alejarse de él y levantarse para tratar de correr de él. Furioso, el hombre se levantó hacia ella y la empujó contra la pared antes de tomarla del cabello y forzarla a levantar la mirad de un tirón.
-Vas a pagar muy caro lo que hiciste, perra…- dijo Ricardo apretando sus antebrazos juntos y haciéndola gritar de dolor mientras que ella pataleaba en el aire. Iba a golpearla de nuevo cuando la trampilla se abrió y sus hermanos aparecieron arriba.
-Hey, deja de jugar con la mocosa, Ricardo- dijo Elena con cara de pocos amigos- los Madrigal ya están afuera, y la anciana trae la vela consigo-
Ricardo sonrió maliciosamente al escuchar eso y se volvió a Mirabel.
-Me voy a encargar de destruir a tu patética familia tan pronto como obtenga esa vela- siseó Ricardo antes de empujarla al suelo- perdiste tu oportunidad de salvarlos. Y ya me las arreglare contigo cuando termine-
El hombre se fue y Mirabel se levantó con dificultad. Se abrazó a sí misma y se apoyó en una esquina tratando de calmar su respiración. Gracias a Camilo sabía que su familia estaba ahí para rescatarla, pero no estaba segura de que tuvieran éxito en ello, porque eran solo ellos contra todos los hombres armados fuera de la casa.
Se arregló la ropa mientras se ponía de pie, sentía tan asqueada y molesta como después de ese horrendo beso forzado en la boda de Dolores después de que ese malnacido la había tocado. No podía hacer más que abrazarse apoyada en la pared y esperar en silencio.
BOOM BOOM BOOM
Mirabel dio un respingo al escuchar los golpes en el exterior que hizo temblar el suelo apenas unos minutos después de que Ricardo se fue.
"Luisa", pensó inmediatamente. Aun pensaba en eso cuando escuchó golpes pero no en el suelo sin en la misma pared del sótano. Sabía que eso era imposible, estaban bajo tierra, pero los golpes continuaron y la pared se partió como las grietas de casita el año pasado.
x-x-x
Al mismo tiempo
Isabela estaba de pie junto al resto de su familia frente a la casa Marfil fuera del Encanto. La noche anterior apenas había podido dormir un par de horas, logrando por conciliar el sueño con dificultad tras escuchar lo que había dicho Camilo y pensar en ese horrible monstruo poniendo las manos sobre su hermanita de nuevo. Ricardo no saldría entero esta vez, Isabela se encargaría de ello.
Esa mañana Isabela se había levantado temprano para prepararse para la pelea. Se refugió en la orilla de la selva para practicar lo que sería su parte del plan, y estaba lista. Matías ya se había adelantado, cruzado el río del otro lado y se había escondido entre los árboles en la parte trasera de la casa esperando a que llegaran y eso atrajera a los enemigos que vigilaban esa parte a la entrada.
Ahora estaban esperando en la abertura de las montañas detrás de la abuela y caminando hacia la orilla del río del abuelo Pedro. Isabela vio a Luisa un poco tensa a su lado, e Isabela puso su mano en su brazo.
-Va a estar bien, Luisita, el plan va a funcionar- dijo en un susurro, dándole una palmadita en el brazo- la rescataremos y les daremos su merecido-
-Lo sé. Esta vez no planeo contenerme- dijo Luisa frunciendo el entrecejo.
-Ponte en la fila- dijo Isabela guiñándole un ojo, pensando en lo que ella haría antes de volver a poner un semblante serio- voy a crear una orquídea azul cuando la raíz toque la pared del sótano para que comiences con los golpes, ¿de acuerdo?-
-Me parece bien-
Isabela iba a decirle que dejara algo para ella cuando escucharon un par de disparos provenientes de la entrada de la casa Marfil. Levantó la vista y vio en la entrada al par de Elena y Ricardo Herrera junto con uno hombre que Isabela supuso sería su hermano Gerardo. Los tres tenían una expresión de suficiencia que hizo que Isabela quisiera partirles los dientes.
-Ah, al parecer los Madrigal no pueden enfrentar la situación solos- observó Ricardo al ver a la gente del Encanto armada con palos y herramientas de trabajo detrás de ellos.
-Los Herrera tampoco- dijo Camilo en voz alta señalando a los hombres armados.
-Nosotros estamos con ellos porque somos agradecidos por todo lo que han hecho por nosotros- dijo el viejo Arturo detrás de ellos- los Madrigal siempre han servido y protegido el Encanto. No permitiremos que lastimen a ninguno de ellos-
Aquello hizo que Ricardo borrara su sonrisa. Isabela vio a Matías hacerle una señal a lo lejos y ella asintió. Puso sus manos en la espalda y comenzó a moverlas, haciendo crecer una raíz para crear un túnel entre el sitio donde estaba el muchacho y el sótano de la casa. Podía sentir el crecimiento de la raíz bajo la tierra acercándose cada vez más al sótano.
-Ya basta de palabras- dijo Ricardo señalando a la abuela- ¡entrega la vela, anciana! El Encanto ahora nos pertenece a nosotros porque…-
-¡Liberen primero a Mirabel!- gritó Camilo interrumpiendo su discurso y haciéndolo enojar aún más.
-Mirabel va a ser mi esposa les guste o no, al igual como el Encanto va a ser mío- dijo Ricardo- si quieren pelear por ella, pueden hablarlo con mis aliados…-
Concentrada como estaba, Isabela por fin notó la raíz golpeando la pared del sótano. Tratando de no sonreír, formó la orquídea azul en su mano para que Luisa la viera, y comenzó a golpear la pared del sótano con la raíz para romperla.
-¿Qué están haciendo?¡Basta!- exclamó Ricardo furioso al mismo tiempo que sintió que la pared del sótano se rompió. Isabela dejó caer la orquídea como señal para que Luisa se detuviera e hizo desaparecer la raíz para que Matías pudiera entrar al sótano por el túnel. Se sentía un poco emocionada, solo unos momentos más y Mirabel estaría libre…
-¡No!- exclamó Dolores bajo su aliento, interrumpiendo sus pensamientos.
-¿Qué sucede?- dijo Isabela confundida, ya que según ella su plan iba a la perfecto. Dolores señaló hacia la entrada de la casa. Gerardo y Elena seguían ahí, pero Ricardo no.
-Oh no…- dijo Luisa.
-No se distraigan y sigan con el plan- les dijo Bruno poniendo una mano en el hombro de Isabela y en el brazo de Luisa- ellos pueden manejarlo. Va a funcionar-
Sin saber qué era lo que estaba insinuando Bruno, Isabela asintió y continuaron con la distracción, haciendo como si no se hubieran dado cuenta de que algo estuviera mal y rogando por que Bruno tuviera razón.
x-x-x
Túnel subterráneo
Al mismo tiempo
Tan pronto como la raíz de Isabela despareció, Matías tomó sus pinzas alargadas de metal (por la extraña recomendación de Bruno de llevar algo alargado de metal) y se apresuró a correr por el túnel hacia el sótano de la casa. Su corazón comenzó a latir de emoción, estaba tan cerca de Mirabel y a punto de ponerla a salvo por fin. Por fin vio una luz al final del túnel y se apresuró a ese sitio, emergiendo por el hueco formado por la raíz.
-¡Miri…!- dijo tan pronto como salió, pero se horrorizó al ver que Mirabel no estaba sola.
Al parecer Ricardo había sospechado algo y bajó al sótano en el tiempo que le tomó cruzar el túnel. Ese horrible hombre tenía a Mirabel atrapada por la espalda usándola como escudo y con un cuchillo en el cuello de la chica.
-Sabía que intentarían algún tipo de rescate esta noche, pero jamás imaginé que fuera algo tan estúpido como esto- dijo Ricardo acercando más el cuchillo al cuello de Mirabel- ¡suelta lo que tienes en la mano y quédate quieto, niño!-
Matías no tenía opción, no iba a dejar que hiriera a Mirabel y soltó las pinzas, dejándolas caer al suelo causando un ruido metálico antes de quedarse inmóvil aunque seguía entrecerrando los ojos.
-¡No lo hagas!- dijo Mirabel tratando de soltarse de Ricardo mientras éste se acercaba a Matías dispuesto a usar el cuchillo para apuñalarlo- ¡vete de aquí, Mati!-
El muchacho no se movió, no iba a arriesgarse a que ese hombre hiriera a Mirabel si lo hacía. Ella parecía desesperada por soltarse de él pero Ricardo no la soltó, haciéndola girarse hacia él para abrazarla contra su pecho con uno de sus brazos mientras que con el otro acercaba su cuchillo a Matías.
-Oh no, esta vez no vas a ayudarlo- dijo el hombre- vas a verlo morir, para que entiendas que voy en serio…-
Matías sintió su sangre hervir al verlo tomar el cabello de Mirabel pero no podía hacer nada o ese malnacido la lastimaría. Ricardo se detuvo a unos centímetros de él y hundió el cuchillo en su hombro izquierdo, arrancándole un gruñido de dolor mientras que la muchacha no podía hacer más que mirar.
-Ah, no es necesario que te hagas el valiente delante de ella- dijo Ricardo en tono burlón al ver a Matías apretando los dientes para no gritar- tú has sido una piedra en mi zapato desde el inicio. ¿Qué tenía que hacer para deshacerme de ti? Ni los rumores, ni el robar tus herramientas, ni abrazarla delante de ti hizo que te alejaras…-
Su sangre hirvió de enojo al caer en cuenta de que todas las cosas de le sucedieron durante ese último año habían sido culpa de Ricardo. El hombre volvió a levantar su cuchillo hacia él, y Matías se preparó mentalmente para el siguiente golpe.
-¡Déjame! No voy a dejar que le hagas lo mismo que a Camilo- dijo Mirabel sin dejar de moverse y empujándolo mientras trataba de soltarse. Ricardo se desesperó y la tomó con fuerza por los hombros con las dos manos- ¡suéltame!-
-¡Basta!¡No me hagas lastimarte!- dijo Ricardo. Matías vio a Mirabel fruncir el entrecejo.
-No vas a volver a lastimarme- dijo la muchacha doblando su rodilla para golpearlo con todas sus fuerzas en la entrepierna, haciendo que inmediatamente la soltara y soltara también el cuchillo. Matías aprovechó el momento para darle un puñetazo con su mano derecha haciéndolo tambalearse antes de caer de rodillas, y Mirabel rápidamente tomó las pinzas que Matías había dejado caer en el suelo y con ellas golpeó a Ricardo en la cabeza, dejándolo aturdido.
Los dos adolescentes se miraron entre ellos con una expresión aliviada.
-Miri…- dijo Matías sin aliento con una sonrisa aliviada al verla de nuevo. Tenía ganas de abrazarla y no soltarla jamás, pero sabía que tenía que sacarla de ahí y seguir con el plan si no quería que nadie más saliera lastimado. Tomó las pinzas de manos de ella para guardarlas en su mochila y luego tomó la mano de la muchacha- vamos, no tenemos mucho tiempo-
-¿Qué…?- comenzó a preguntar ella, pero Matías comenzó a conducirla hacia el exterior por el túnel tan rápido como pudo.
-Vamos, tu familia está afuera distrayendo a los aliados de los Herrera para que yo pudiera entrar por ti- dijo Matías mientras corrían por el túnel para salir de la casa hacia los árboles donde el muchacho se había escondido más temprano.
Una vez que llegaron a la superficie, Matías se volvió a Mirabel para explicarle lo que estaban a punto de hacer ahora pero ella se lanzó a su cuello para abrazarlo. Él lo abrazó de regreso con su brazo sano y pudo sentir que ella estaba temblando. ¡Dios, había extrañado sus abrazos! Pero no quería que tuviera miedo.
-¿Miri?- dijo Matías comenzando a frotar su espalda mientras la abrazaba. La escuchó sollozar y le rompió el corazón- no tengas miedo, ya estás a salvo-
Mirabel no le dijo nada y no aflojó su abrazo; Matías siguió abrazándola, poniéndose de rodillas con ella para ocultarla de la vista entre los árboles en la selva. No podía imaginar lo asustada que debía estar o lo que esos malnacidos le habían hecho en esos días que estuvo encerrada, pero no podía consolarla en ese momento. Primero tenía que ponerla a salvo, lejos de esa horrible casa, y ayudar a los Madrigal.
-¿Miri? Por favor, mírame- dijo Matías separándose un poco de ella muy a su pesar- tu familia te necesita en este momento. Has sido muy valiente, solo falta un poco más para que esos monstruos no vuelvan a lastimar a nadie, y solo tú puedes asegurar eso-
Mirabel lo miró con enormes ojos, aún llenos de miedo y tristeza, y asintió. Matías respiró un poco triste ello pero sacó de su mochila una bengala y un chal de color morado. Puso el chal en los hombros de ella y tomó su mano.
-Prepárate a correr cuando encienda la bengala y no te separes de mi, ¿de acuerdo?- dijo Matías en voz baja- esta es una señal a tu familia de que ya estás fuera de la casa…-
-No están planeando pelear contra ellos, ¿verdad?- dijo Mirabel, y Matías asintió poniéndose de nuevo la mochila en la espalda. Iba a decir algo más pero Parce se acercó a ellos y lamió su mano.
-Gracias, Parce. Ya verás, Miri, solo prepárate para correr, Parce va a escoltarnos de regreso- dijo el muchacho encendiendo la bengala y agitándola en el aire- ¡corre!-
La joven asintió y comenzó a correr tras él entre los árboles de la selva hasta que llegaron al río y lo cruzaron siguiendo al jaguar, el muchacho tomó la oportunidad de apagar la bengala pero para cuando llegaron a la otra orilla una gran lluvia torrencial comenzó a caer del cielo con vientos tan fuertes como los de un huracán.
-¿Pero qué…?- murmuró Mirabel.
-Tu tía por fin está dejando salir todo el coraje que sintió por lo que pasó- dijo Matías sonriéndole para tranquilizarla- le costó no hacer llover todo este tiempo. Vamos-
El muchacho la condujo por la orilla de las montañas hasta el sitio donde se encontraba la abertura hacia el Encanto, en donde estaba reunido prácticamente todo el pueblo junto a su familia. Julieta fue la primera en verlos llegar, y se separó del grupo para correr hacia ellos.
-¡Mirabel!- dijo Julieta tan pronto como la alcanzó, abrazándola y cayendo con ella al suelo gracias al lodo se que acababa de formar, las dos con lágrimas en los ojos- ay, mi niña, ¿estás bien? ¿No estás lastimada?-
Ambas se abrazaron llorando, pero la abuela se acercó a ellas a interrumpir el momento. Alma parecía haber envejecido diez años en los tres días que Mirabel había estado ausente por la preocupación. Aún así, sus ojos brillaban reflejando la luz de la vela que estaba en sus manos, incluso entre el viento y la lluvia.
-Hija, sé que estás aliviada como todos, pero Mirabel tiene algo importante que hacer- dijo la abuela sonriendo y ofreciéndole la vela.
Mirabel soltó a su madre y se puso de pie, poniendo sus manos en la vela. Su abuela la miró con una sonrisa orgullosa de ella y se apartó para que ella hiciera lo que tenía que hacer.
Cuando levantó la mirada, Mirabel vio a su familia peleando con los soldados cuyas armas estaban inutilizadas por la lluvia. Luisa parecía una fuerza de la naturaleza, tan fuerte como los mismos vientos del huracán. Isabela hizo crecer cactus por todos lados y algunas enredaderas que estaban atrapando a los soldados para que no se movieran. Camilo se había transformado en Luisa y corría hacia donde se encontraban los Herrera con toda la intención de pelear.
Tan pronto como sus manos tocaron la vela, ésta brilló con tanta fuerza que hizo que la pelea se detuviera por un momento, sus hermanas y primos dejaron de pelear y regresaron a su lado. Incluso los Herrera dejaron de gritar ordenes a su ejército.
El cuerpo de Mirabel tembló ligeramente al volver a ver a Ricardo, que había regresado a la entrada de la casa con la mitad de la cara sangrante. Tragó saliva.
-No dudes, mija- dijo la abuela con confianza- si alguien puede hacerlo, eres tú. Tu familia y toda la gente del Encanto está contigo-
Mirabel miró hacia atrás, vio a toda su familia con ella, a Matías y a todo el pueblo también. Aquello llenó su corazón de una confianza que no había sentido hasta ese momento. Volvió su vista hacia las tres personas que la habían atormentado durante esos días y respiró hondo.
-Elena, Gerardo y Ricardo Marfil- dijo Mirabel seriamente- sus acciones han comprometido la tranquilidad y la seguridad del Encanto. Lo que querían hacerme a mí, a mi familia y al resto de los habitantes de nuestro pueblo es imperdonable. Por ello están desterrados para siempre del Encanto, y a partir de ahora ninguna persona con malas intenciones puede entrar a nuestro hogar, nadie con malas intenciones puede hacernos daño-
Una gran luz apareció de la vela y se esparció por todo el Encanto y el área alrededor del río. Los sables, cuchillos y el resto de las armas de la milicia se volvieron polvo. Los Herrera vieron que sus aliados se quedaron sin armas y parecían aterrorizados, lo que la hizo sonreír aliviada.
Comenzó a sentirse mareada después de la gran cantidad de magia que acababa de salir de la vela y se la pasó a la abuela antes de colapsar, pero Matías se apresuró a atraparla.
-Hey… te tengo, mi mariposa- dijo el joven con una sonrisa- ya se terminó… y estuviste increíble…-
Mirabel sonrió e iba a decir algo, pero vio a Matías palidecer y antes de que pudiera preguntar que sucedía el muchacho se dejó caer junto con ella al suelo y dejó escapar lo que pareció ser un gemido. Mirabel cayó sobre la hierba y Matías sobre ella.
-¿Mati?¿Que…?- comenzó a preguntar, y se alarmó cuando sintió algo caliente en su espalda- ¿qué pasó?-
-¿Estás bien…?- dijo el muchacho débilmente. Camilo se acercó a ellos para levantar a Matías y vio que lo que tenía en la espalda era sangre.
-¡Mati!- exclamó Mirabel incorporándose en el suelo lodoso con lágrimas en los ojos.
-Está bien, Mira, todos traemos arepas con nosotros- dijo Agustín poniéndole una mano en el hombro y sacando su propia arepa para dársela al muchacho, animándolo a comerse una. Vio a Matías comerla y sonreírle para tranquilizarla.
Mirabel estaba preocupada por él pero sus ojos comenzaron a cerrarse. Podía escuchar los gritos de los soldados huyendo, los de su familia y el resto de los pobladores del Encanto en la pelea. Apenas fue consciente de que su abuela se acercó y dijo algo, pero no entendió nada y colapsó de fatiga sobre Matías. Sintió la mano del muchacho sobre su espalda antes de que todo se fuera a negro.
x-x-x
Al mismo tiempo
Cuando Luisa vio que Ricardo le disparó hacia Mirabel desde el interior de la casa con un arma que no se había quedado inservible con la lluvia, se enfureció tanto que se dirigió hacia él para ponerlo en su sitio. ¡Pudo haber matado a su hermanita si Matías no la hubiera protegido!
Al ver a la familia con superpoderes de frente hacia ellos, el huracán y que sus sables se habían vuelto polvo, los aliados de los Herrera huyeron despavoridos antes de que Luisa les pasara encima o Isabela los estrangulara y llenara de espinas.
Luisa subió a la casa y desarmó a los hermanos de un golpe mientras que Isabela los distraía con sus plantas que crecían en sus pies.
De un golpe tiró a Ricardo al suelo mientras que éste la miraba aterrorizado.
-¡No!¡No!¡Déjame!- lloriqueó Ricardo tratando de soltarse de ella y quitársela de encima.
-No eres tan intrépido ahora, ¿verdad?- dijo Isabela de pie junto a su hermana con un cactus en la mano. Gerardo y Elena estaban atrapados en las enredaderas y colgaban del techo mientras que ella miraba a Ricardo- es fácil portarse valiente mientras golpeas a una mujer indefensa-
Luisa se tronó los dedos y estuvo a punto de golpearlo pero Camilo la alcanzó.
-Hey, deja algo para mí, Luisita- dijo el muchacho tan enojado como ella- ¡ese maldito le disparó a Mira e hirió a Mati! Y la pateó en las costillas delante de mí-
Aquello pareció enfurecer más a Luisa, quien no esperó a que Camilo tuviera su turno. El muchacho encogió los hombros y les dio la espalda, dispuesto a regresar a casa en vista de que sus primas no le dejarían nada para golpear. La mayoría de sus familiares habían regresado a casa y Pepa ya había hecho que dejara de llover.
Matías había sido curado por la arepa de su tía Julieta y en esos momentos estaba llevando a Mirabel en sus brazos de regreso a casita junto con sus padres. En el camino de regreso, Camilo vio a Bruno caminar a su lado con una sonrisa aliviada.
-Lo logramos, tío- dijo Camilo.
-Sabía que lo haríamos- sonrió Bruno por un momento antes de borrar su sonrisa- pero aún estoy preocupado por ella…-
-¿Por Mira?-
-Sí- dijo él preocupado- quien sabe lo que esos malnacidos le hicieron durante todo este tiempo. Nos va a necesitar mucho durante los siguientes días-
-Debemos hablar con la abuela, para que toda la familia tomemos un descanso- dijo Camilo- sobre todo tía Julieta, para que pueda estar con ella-
-No va a ser fácil, el pueblo realmente necesita a Julieta- dijo Bruno.
-Pero preparó mucha comida ya, creo que podrán evitar ir con nosotros por al menos unos días, ¿no?- dijo Camilo- solo enfermedades graves-
Bruno estuvo de acuerdo y levantó la mirada hacia unos pasos más delante, donde Matías llevaba a Mirabel en sus brazos, Julieta y Agustín detrás de ella, y la abuela con la vela detrás de ellos.
-Lo logramos- dijo Camilo para sí mismo, aliviado de que ese asunto por fin hubiera terminado.
x-x-x
Casita
Más tarde
Julieta dejó a Agustín en la puerta de la habitación de Mirabel y entró junto con Dolores, quien llevaba paños y agua tibia. Matías la estaba depositando con cuidado sobre su cama antes de quitarle las gafas y pasar sus dedos por su frente para quitarle el cabello de la cara antes de suspirar y salir de la habitación.
Su hija parecía estar durmiendo tranquilamente tras la fatiga de usar su poder y del cansancio de los últimos tres días, ya que debió haber estado alerta por el miedo todo ese tiempo. Estaba cubierta por el chal morado de la abuela, el cual al igual que su blusa estaba manchada de sangre y lodo después de que Matías la había protegido y había recibido la bala en su lugar.
Con cuidado de no hacer movimientos bruscos para no despertarla, Julieta le quitó los aretes y comenzó a desvestirla. Dolores hizo lo mismo comenzando a desatar sus zapatos y desabrochar su falda. Su niña tenía algunos raspones en las piernas, seguramente cuando corrió con Matías por la selva, y sus muñecas enrojecidas. Sabía que Camilo había alcanzado a darle una arepa, pero no sabía si el hombre la había lastimado antes de eso.
Una vez que la desvistieron por completo, Dolores le pasó algunos paños mojados para limpiar el lodo de su cuerpo con ellos. Mirabel no se inmutó ni despertó durante todo el episodio, lo cual no le pareció extraño. Ella misma había presenciado lo mismo pasarle a Alma todos esos años antes cuando expulsó a Heriberto Marfil del Encanto, y había tardado al menos dos días en despertar. Mirabel seguramente pasaría por lo mismo.
-Estará bien, tía- dijo Dolores mientras que la ayudaba.
-Eso es lo que quiero pensar- dijo Julieta en voz baja- solo espero que ese hombre no le haya hecho daño-
-Pero tú puedes curar todo daño que le haya podido hacer…-
-Dolores, sabes que hay cosas que no puedo curar- dijo Julieta mirándola significativamente, haciendo que su sobrina tragara saliva al entender. No podía decir en voz alta que temía que el hombre hubiera abusado de ella, e incluso si no, su niña iba a tardar en recuperarse de lo que pasó.
-Yo también espero que no le haya hecho daño…- dijo Dolores.
Después de unos minutos llegaron la abuela, Isabela y Luisa, las dos ultimas aún sucias por la pelea y llevando más agua tibia.
-Gracias, niñas- les dijo Julieta tomando el agua- ahora vayan a darse un baño antes de que se enfermen-
-Volveremos, mamá- dijo Isabela corriendo seguramente para llegar al baño primero.
-Pueden usar mi baño también- dijo Amelia secándose el cabello- yo me puedo quedar a ayudar a la señora Julieta mientras ustedes se bañan-
Luisa, Isabela y Dolores salieron para darse un baño rápido mientras que Julieta trabajaba. La abuela la ayudó a limpiarla y Amelia se puso a lavarle el cabello a Mirabel y envolverlo en una toalla limpia.
Una vez que Mirabel estuvo limpia y que sus hijas regresaron, Julieta le puso su bata de dormir y Luisa la levantó de la cama para que Isabela y Dolores pudieran cambiar la ropa de cama. La pusieron de regreso sobre las sábanas limpias y la arroparon con cuidado.
-Ve a darte un baño tú también, mami- le dijo Luisa cuando por fin terminaron- Isa y yo nos quedaremos con ella mientras lo haces-
Julieta estaba renuente a dejar a su nena después de lo que pasó, pero una mirada de su madre le hizo saber que si no lo hacía ella tomaría cartas en el asunto.
-No tardo- dijo Julieta levantándose y se fue corriendo a darse una ducha. Para cuando regresó a la habitación de Mirabel, Alma y Dolores se habían ido, llevándose consigo la ropa y mantas sucias, las bandejas y los paños. Solo estaban ahí sus hijas, las dos mayores cuidando a la pequeña, y Agustín.
-Mi amor, tú necesitas descansar también. No has dormido desde hace tres días- dijo Agustín, pero Julieta sacudió la cabeza.
-No pienso separarme de mi hija, no después de lo que pasó- dijo ella sentándose en la orilla de la cama de Mirabel.
-Vamos a turnarnos para acompañar a Mirabel, mamá- dijo Isabela- para que tú también descanses un rato de tanto en tanto. La abuela nos dijo que puede tardar incluso días en despertar-
Al ver a sus hijas tan decididas, Julieta finalmente suspiró resignada.
-Bien- dijo Julieta- pero yo me quedo primero-
Isabela y Luisa no parecían muy contentas con ese arreglo, pero salieron de la habitación y la dejaron sola con Mirabel. Una vez que sus hijas se fueron Julieta comenzó a acariciar el cabello mojado de su nena, desenredando sus rizos con sus dedos. Suspiró y se metió en la cama también, rodeándola con sus brazos.
-Ya estás de regreso con nosotros, mi niña- dijo en un susurro y cerrando los ojos aliviada de tenerla consigo- ya estás a salvo-
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Por fin lograron rescatar a Mirabel, justo a tiempo. No solo eso, sino que Mirabel uso la vela para blindar el Encanto de gente mala y Thanosó los sables de los enemigos. Espero que les haya gustado. Nos leemos pronto.
Abby L.
