Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SUCESIÓN

CAPITULO 21

Habitación de Mirabel

Dos días después

Cuando Mirabel fue consciente de sí misma estaba sumida en el más profundo silencio y tenía una sensación cálida a su alrededor. No, no era completo silencio, podía escuchar el ruido de una respiración que no era la suya junto a ella. Asustada, abrió los ojos de golpe y trató de levantarse pero los brazos que la estaban rodeando se tensaron y la sujetaron con suavidad pero también con firmeza.

-Shhh… soy yo, mi vida- dijo una voz a su lado. Su relajó al escuchar esa voz.

-¿Mamá?- dijo ella sin aliento.

-Todo está bien, corazón. Estamos de regreso en casita, en tu habitación- dijo Julieta presionando sus labios sobre su frente- debes estar muy cansada-

-Mmmm…- dijo ella volviendo a cerrar los ojos. Podía sentir las manos de su mamá en su cabello, causándole una sensación agradable. Sus músculos tensos se relajaron al sentirse segura, pero los horrores de lo que pasó no se iban de su mente y sus ojos se llenaron de lágrimas antes de susurrar- mami, me asusté mucho-

-Lo sé, nada de esto debió haber pasado- dijo Julieta sin dejar de abrazarla- pero ya estás a salvo, puedes llorar todo lo que quieras-

Mirabel hizo un puchero y comenzó a sollozar en voz baja, sacándose eso de su sistema. Había tenido que ser valiente por demasiado tiempo y había querido estar en los brazos de su mamá, y ahora lo estaba.

Aún lo estaba haciendo cuando escuchó un fuerte ronquido que la hizo detenerse de golpe y levantar los ojos a su mamá.

-¿Qué fue eso?-

-Ah, eso- dijo Julieta. No la podía ver porque no tenía sus gafas y su habitación estaba oscura, pero pudo sentir la sonrisa en su voz- los demás querían estar contigo cuando despertaras-

Julieta la ayudó a incorporarse sentada sobre la cama. Mirabel sentía todo su cuerpo entumido, pero todos eso lo olvidó cuando vio a sus hermanas, sus primos, su tía Pepa y a Amelia durmiendo en el suelo.

-¿Por qué…?- dijo Mirabel sin entender, comenzando a respirar agitadamente. No quería que nadie la viera otra vez así, asustada y llorosa. Ya Matías la había visto así y era demasiado.

-Y también es posible que tu papá, tus tíos, Mariano y Mati estén durmiendo afuera de la puerta también- dijo Julieta- aunque si lo prefieres puedo echarlos hasta que estés lista para verlos-

Mirabel dudó. Claro que quería ver al resto de su familia, solo que… no ahora. No sabía cómo se sentía después de lo que había pasado y quería estar a solas con su mamá por un tiempo. No tuvo que decir nada porque Julieta entendió perfectamente.

-Vuelve a acostarte y cierra los ojos como si estuvieras durmiendo- dijo Julieta antes de levantarse. No quería perder el calorcito de los brazos de su mamá, pero hizo lo que ella le dijo y volvió a acostarse, fingiendo que estaba durmiendo mientras Julieta despertaba a los demás para que la esperaran fuera. No supo qué les dijo, pero todos salieron en silencio hasta que quedaron solo ellas dos.

Julieta regresó a la cama, se acostó a su lado de nuevo y la abrazó.

-Aquí estoy contigo, mi vida- dijo en voz baja- ¿qué necesitas?-

-Que me abraces- dijo Mirabel sinceramente recordando lo mucho que extrañó el abrazo de su mamá, y que eso era lo único que quería durante los días que pasó encerrada en ese sótano. Julieta hizo lo que ella quería y siguió abrazándola todo el tiempo que quiso.

Antes de que se pudiera detener, Mirabel comenzó a contarle lo que había pasado, cómo Ricardo le había dicho que se casaría con ella, tratando de manipularla y hacerla creer que pasó algo que no pasó y viceversa, golpeándola cuando perdía la paciencia. Su mamá escuchó en silencio todo lo que dijo sin hacer comentarios, solo apretando su abrazo cada vez que le decía algo particularmente horrible.

-Ay mi vida, has tenido que ser muy fuerte todo este tiempo- dijo Julieta sin dejar de abrazarla y acariciar su cabello- puedes tomar el tiempo que necesites para sentirte mejor. Estoy orgullosa de ti…todos lo estamos-

Mirabel volvió a sonreír y cerró los ojos dando un bostezo.

-Vuelve a dormir, mi amor- dijo Julieta- aquí estaré contigo cuando despiertes-

Mirabel cerró los ojos y respiró hondo, dejándose llevar por el cansancio aún entre los brazos de su mamá.

x-x-x

Días después

Matías había regresado a trabajar desde la mañana después del rescate de Mirabel. Todos los días pasaba por casita para preguntar por ella, pero siempre le decían lo mismo: su novia necesitaba un poco de tiempo para recuperarse. Todos los días caía una leve llovizna en el Encanto, seguramente era la preocupación de Pepa por su sobrina.

Había estado tan preocupado por Mirabel que no se había enterado del desenlace de la pelea. Luisa e Isabela no se habían contenido con los Herrera. Ricardo no sobrevivió el encontronazo con las hermanas de Mirabel, y los otros dos no volverían a caminar. A pesar de lo salvaje que fue esto, nadie en el Encanto se quejó de ello, tan indignados que estaban por que dos invitados le hicieran eso a una Madrigal y encima hayan querido robar la magia para ellos mismos.

Su hermanita se había recuperado de sus heridas gracias a la magia de la señora Julieta, y afortunadamente había resuelto todo con Adrián. El pobre era un buen muchacho y adoraba a Lucy, así que ni él ni su abuelo tenían ningún problema con ello.

Los pocos habitantes del Encanto que habían sido heridos fueron curados por la reserva de arepas de Julieta, y nadie sufrió heridas graves.

Un grupo de hombres liderado por Félix se habían dirigido a la orilla del Encanto para ver si la protección que Mirabel había invocado en el Encanto funcionaba, y vio que algunos de los hombres armados del otro lado intentaban en vano pasar por el espacio entre las montañas pero sus esfuerzos eran en vano.

Esa tarde Matías caminó a casita después del trabajo para preguntar por Mirabel se encontró a la abuela de Mirabel.

-Buenas tardes, señora Alma- dijo el muchacho- ¿cómo está la familia?-

-Estamos bien. Aliviados de tener a Mirabel de regreso a casa- dijo la abuela- aunque un poco preocupados por el hecho de que no quiere ver a nadie más que a sus papás o a Camilo, y Dolores dice que a veces tiene pesadillas porque la oye gritar-

Su corazón se desanimó un poco al escuchar eso y su expresión cayó: estaba preocupado por ella. Solo esperaba que esos malnacidos no la hubieran lastimado de una manera en la que su madre no pudiera curarla, sobre todo cuando recordaba la manera en que Ricardo la había tratado y cómo se arrogó a su cuello con desesperación cuando la sacó del sótano.

Iba a decir algo cuando Camilo bajó del piso superior y susurró algo al oído de su abuela.

-Al parecer Mirabel necesita verte- dijo la abuela- ya sabes dónde está su habitación-

Matías asintió preocupado a la abuela.

-Con permiso- dijo el muchacho subiendo la escalera al piso superior y deteniéndose frente a la puerta de Mirabel. Nunca se había tomado el tiempo para verla de cerca: la imagen de la muchacha sosteniendo la vela en la puerta lo hizo sonreír. Respiró hondo y dio unos golpecitos.

-Pasen- escuchó a Julieta decir desde el interior.

Matías giró la perilla con una mano temblorosa. No sabía qué reacción tendría Mirabel al verlo y, a pesar de que sabía lo que le había sucedido, una parte de él tenía miedo a que reaccionara mal a su presencia, eso le rompería el corazón.

Finalmente tragó saliva y abrió la puerta resignado.

Mirabel estaba sentada en la orilla de la cama con sus manos sobre su regazo. Camilo le había dicho que Mirabel había pasado los días desde su rescate encerrada en su habitación, ovillada en su cama y vistiendo solo su bata de dormir, pero esta vez estaba vestida con normalidad para ella. Pudo ver doblada sobre una silla la ropa que llevaba puesta ese día, que había estado llena de lodo y sangre después del rescate había sido lavada a consciencia y ya no quedaba ningún rastro de la suciedad que tenía antes. Los ojos de la muchacha se veían cansados, como si no hubiera dormido bien, y miraban hacia su madre que estaba de pie a su lado.

Al escuchar la puerta Julieta se volvió hacia él con una leve sonrisa que lo tranquilizó un poco.

Matías entró a la habitación y cerró la puerta pero no se movió de ese punto en la entrada esperando a que ella lo invitara a acercarse más. Sus ojos conectaron por un momento, pero ella bajó la mirada y se pasó un mechón de cabello detrás de su oído antes de devolver sus manos a su regazo.

-Hey Miri- dijo con una sonrisa que esperaba que no fuera muy agresiva para ella; Mirabel levantó la mirada y le sonrió de vuelta.

-Hola Mati- dijo ella en voz baja mientras ponía una mano sobre la cama, invitándolo a sentarse con ella. Matías no se movió hasta que Julieta caminó hacia la puerta. El muchacho se apartó y comenzó a caminar hacia Mirabel mientras que Julieta salía al pasillo.

-Estaré aquí afuera, Mira- dijo Julieta mientras que la muchacha asentía- los dejo para que puedan hablar-

Matías tomó asiento al lado de ella, dejando un pequeño espacio entre los dos. Sus cabellos estaban arreglados como siempre, su rostro fresco pero podía ver sus ojos un poco hinchados, como si hubiera llorado un poco antes. No le sorprendería, había pasado por una experiencia horrible y a pesar de que lo deseaba, era normal que no se hubiera recuperado tan pronto de ella. Se enfocó en el bordado de su blusa, hecho por ella misma

-Veo que agregaste otra mariposa a esta blusa- sonrió él- se ve mucho mejor-

El muchacho mantuvo sus manos controladas, no quería tocarla y que eso la asustara.

-Gracias- dijo Mirabel con una sonrisa que desapareció casi de inmediato, regresando su vista a sus manos que estaban en su regazo. El muchacho esperó, ya que vio que ella se humedeció los labios como si quisiera decir algo más- Mati, ¿estás bien?-

-¿Uh? Claro que sí, ¿por qué preguntas?- dijo él confundido. No esperaba que eso fuera lo primero que le dijera.

-La última vez que te vi estabas sangrando... por mi culpa- dijo Mirabel sin levantar la mirada- Cami me dijo que estabas bien pero… todavía no podía… no era que no pudiera, es solo que no quería… no estaba lista para verte-

Matías quería abrazarla y decirle que nada había sido su culpa, pero no podía hacerlo, tenía que darle oportunidad a que ella se lo pidiera.

-Miri, tú no tuviste la culpa de nada- dijo él en voz baja antes de agregar- y está bien, no tenías que preocuparte por mí. Ya tienes bastante…-

Mirabel dejó escapar un suspiro entrecortado y siguió mirando a sus manos antes de por fin levantar los ojos hacia el muchacho

-Mati, ¿podrías... podrías abrazarme?- dijo ella abrazándose a sí misma. El muchacho no esperó a que se lo dijeran dos veces y se giró abriendo los brazos para que ella se refugiara en ellos. Mirabel apoyó su frente en su hombro e hizo un puchero mientras él la abrazaba.

-¿Está bien así?- preguntó él.

-Ajá- dijo ella en voz baja- no me sueltes-

-Nunca- dijo él en un susurro frotando su espalda en círculos en un gesto cariñoso. Puso sentir que la muchacha comenzó a relajarse con él.

-No te agradecí cuando me salvaste ese día- dijo Mirabel de pronto.

-No necesitas hacerlo- dijo Matías- y no fui solo yo, la verdad fue un esfuerzo conjunto. Toda tu familia e incluso la gente del pueblo acudió porque eres importante para todos-

Mirabel se separó un poco de él para mirarlo a los ojos. Matías solo atinó a sonreírle aún con sus brazos alrededor de la cintura de ella, cuando sintió que la muchacha puso sus manos a los lados de su cabeza. Él supuso lo que estaba tratando de hacer y agachó un poco su cabeza, pero dejando que ella fuera quien cerrara la distancia entre los dos.

Fue un beso rápido que lo dejó con sabor a poco, pero dejaría que Mirabel pusiera el ritmo de las cosas. Cuando ella separó sus labios solo apoyó su cabeza en el pecho de él y cerró los ojos.

-¿Miri?- dijo él después de un rato, y Mirabel hizo un ruidito somnoliento- tus hermanas encontraron tu broche…-

-Pónmelo por favor- dijo ella. Matías pasó sus dedos por su cabello y le puso el broche, pero no escuchó ninguna otra respuesta.

-¿Quieres dormir, mi mariposa?- preguntó después de un largo rato de silencio.

-Mmhm…- dijo ella. Con una risita, el muchacho le quitó las gafas para ponerlas en su mesita de noche y la ayudó a acostarse en su cama.

Una vez que Mirabel estuvo ahí, Matías se levantó para correr la cortina de su balcón para que no entrara la luz. Volvió a sentarse a su lado y acarició su cabello pensando que eso la ayudaría a dormirse.

-¿Mati?- dijo de pronto.

-¿Sí?-

-¿Puedes venir… mañana?- dijo con el mismo tono somnoliento. El muchacho sonrió pensando en que se veía tan linda así.

-Aquí estaré, Miri- dijo él inclinándose a besar su frente antes de salir- descansa-

-Mmhm-

Al ver que su respiración se normalizó apenas después de responderle, Matías salió de la habitación y vio a Camilo de pie junto a la puerta, como si estuviera esperando su turno para entrar.

-¿Ya te vas? Creí que ibas a estar ahí más tiempo- dijo Camilo extrañado de verlo.

-Se quedo dormida, parecía que estaba muy cansada- dijo Matías con una leve sonrisa- vendré mañana a verla-

Camilo asintió y entró a la habitación de Mirabel, seguramente para vigilarla en caso de que tuviera una pesadilla otra vez.

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Casita

Al día siguiente

Esa mañana Mirabel estaba soñando pero aún no se había dado cuenta.

Estaba en la Iglesia del Encanto de pie frente al altar con el edificio completamente lleno de hombres armados. Elena estaba de pie junto a ella con una expresión satisfecha mientras la recorría con la mirada. Fue entonces cuando Mirabel se miró a sí misma y notó que vestía completamente de blanco, cayó en cuenta de que ella era la novia.

-¡No!- intentó gritar, pero la voz no le salió por más que lo hacía. Buscó con la vista a su familia, a alguien que la ayudara, pero todos la miraban con ojos en blanco como si no tuvieran vida.

Vio a Ricardo caminar al altar hacia ella, y Mirabel siguió tratando de gritar pero era como si estuviera muda. Vio a ese horrible hombre tomarla de los hombros y de pronto estaba de regreso en ese horrible sótano, y la empujó al sofá antes de saltar sobre ella.

-¡No!- gritó de nuevo sin voz.

-Ya eres mía- le dijo Ricardo poniendo su mano en su cuello y, cuando Mirabel intentó levantarse, el hombre la rodeó con sus brazos. Por más que forcejeaba y pataleaba, el hombre no la soltaba.

-¡No, no!- gritó repetidamente, pero no había nadie que la escuchara.

Y Mirabel despertó respirando agitadamente, gritando y pataleando en su cama, con alguien abrazándola por la espalda. Siguió gritando cuando escuchó a Camilo detrás de ella.

-¿Mira?¡Mira, está todo bien! Estabas soñando- dijo su primo tratando de tranquilizarla.

Mirabel se volvió a ver a su primo, quien la estaba abrazando con fuerza para que no se cayera de la cama y se lastimara. Dejó de forcejear y se llevó las manos al pecho por un momento. Abrazó a Camilo y comenzó a sollozar en voz baja.

-Ya, ya, no llores- le dijo Camilo frotando su espalda.

-Ya estoy harta… ¡estoy harta!- dijo Mirabel entre sollozos- ya no quiero tener esas pesadillas, ya no quiero tener miedo-

Camilo hizo una mueca, pero siguió abrazándola sin decir nada hasta que su respiración se tranquilizó y sus sollozos murieron.

-Nada de esto debió haber pasado, Mira- dijo Camilo cabizbajo mientras frotaba su espalda- pero no dejaremos que te vuelva a pasar nada malo, incluso cuando tú misma te aseguraste de que así fuera-

La muchacha soltó a Camilo y se ovilló en su cama, mientras que su primo tomaba su mano. Pudo notar que él tenía los ojos cansados, pero seguía a su lado.

-¿No quieres volver a dormir?- dijo Camilo al ver que seguía apretando su mano. Mirabel solo sacudió la cabeza y hundió su rostro en la almohada- está bien, no te preocupes. ¿Quieres que me vaya para que te cambies?-

La idea de quedarse sola en la oscuridad la hizo sentirse aterrada. No quería estar sola, había pasado mucho tiempo sola en ese horrible lugar. Camilo no espero a su respuesta y le dio un apretón a su mano.

-No te preocupes, estaré aquí hasta que te sientas mejor- dijo Camilo- oh, Matías me dijo que tenía una sorpresa para ti-

-¿Qué es?-

-Umm… si te lo digo no va a ser sorpresa… por no decir que Matías me va a matar- dijo Camilo guiñándole el ojo. Mirabel infló las mejillas- conociéndolo va a ser algo muy cursi-

-Mmmf…- dijo ella cruzándose de brazos.

-Vamos, no hagas berrinche- dijo Camilo sacándole la lengua y transformándose en Matías- oh, soy Mati, estoy enamorado de Miri…-

-Basta- dijo Mirabel con una risita, empujándolo de la cama con su pie.

-Ay, ay, ¡maltrato infantil!- dijo Camilo regresando a su apariencia normal con una expresión dramática.

-¿Infantil? Tienes casi diecisiete- dijo Mirabel, esta vez riendo con normalidad. Los ojos de su primo parecieron brillar cuando ella rió- tonto-

-Ese soy yo- dijo el muchacho enseñándole la lengua.

Camilo siguió acompañándola hasta que amaneció, contándole tonterías y haciéndola reír tanto que le dolió la panza y su pesadilla quedó completamente olvidada.

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Torre de Bruno

Más tarde

Si había alguien en la familia que hubiera pasado por un gran trauma y lo hubiera superado (o estuviera en proceso de hacerlo) era Bruno Madrigal. Le había costado trabajo volver a acostumbrarse a vivir en familia y no escondido entre las ratas, pero había regresado a su vida normal gracias a Mirabel.

Cuando por fin tuvo la oportunidad, esa mañana Bruno se ofreció a llevarle el desayuno a Mirabel y, tan pronto como entró a su habitación, tomó a su sobrina por la muñeca y la condujo a su torre.

-¿Tío Bruno?¿Por qué querías que desayunáramos aquí arriba?- dijo Mirabel confundida cuando Bruno puso un mantelito en el suelo y le pasó un cojín para que se sentara en él.

-¿Mmm? Ah, eso- dijo Bruno- estaba un poco fastidiado de toda la atención de la familia y quería pasar tiempo solo contigo. Cuando me siento un poco… ansioso siempre me ayuda el ruido de la arena-

Mirabel asintió sin saber que era lo que quería decir, pero tomó una arepa y se la metió a la boca para no tener que responder a eso. Su tío le sonrió y comenzó a comer también. El sabor de la arepa disparó un recuerdo… la arepa que Camilo le llevó en ese horrible lugar después… después de que fue forzada a mirar cómo golpeaban a su primo… después de besarla a la fuerza… antes de casi…

Su respiración comenzó a acelerarse y dejó caer la arepa asustada, mirando a su tío sin dejar de temblar. Con dificultad tragó lo que tenía en la boca y buscó a tientas el vaso de lulada para quitarse ese sabor, pero su mano temblorosa derramó todo su contenido. Bruno alzó las cejas al ver cómo estaba respirando y dejó su desayuno de lado para sentarse a su lado.

-Respira conmigo, Mirabel- dijo Bruno tomando las manos de ella y poniéndolas sobre sus propios hombros- cierra los ojos y escucha la arena-

Mirabel apenas podía registrar la voz de su tío, pero la ruidosa arena detrás de ellos tenía un sonido agradable. Cerró los ojos y trató de seguir la respiración de su tío.

-Lo estás haciendo muy bien, mariposita- le dijo su tío sonriéndole como si no fuera la gran cosa- solo un poco más-

Poco a poco su respiración se tranquilizó y se relajó, pero sus ojos se humedecieron. Ya estaba cansada de tener miedo y reaccionar así.

-Lo siento, tío. No quería arruinar este desayuno contigo- dijo ella.

-Pffff. No lo sientas- dijo Bruno encogiendo los hombros mientras le pasaba un alfajor- a mí me pasa todo el tiempo-

La muchacha alzó las cejas. No tenía idea que su tío pasaba por esos horribles momentos, y que los pasó antes cuando estaba solo.

-No lo sabía…- dijo ella- lo siento, tío, nunca pensé que…-

-Está bien, está bien- la interrumpió Bruno- te lo digo porque no tiene nada de malo… no estar bien. Si te puedo ayudar en algo…-

-¿Qué haces cuando te pasa?- preguntó ella.

-Lo que hicimos ahorita. Respirar- dijo Bruno- y como te dije, el sonido de la arena me ayuda a relajarme. Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos tres, cuatro. ¿Quieres que te enseñe mis ejercicios?-

Mirabel antes se había burlado (interiormente) de los ejercicios respiratorios y las compulsiones que Bruno tenía de tanto en tanto, pero ahora entendía lo mucho que ayudaban a sentirse mejor.

-Por favor- dijo ella.

Bruno sonrió y tomó su mano. Pasaron gran parte de la mañana practicándolos, y para la hora de la comida Mirabel se sintió lo bastante confiada como bajar al comedor a la hora de la comida, aunque fuera por un momento y con la condición de que actuaran como si nada hubiera pasado.

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Casa Madrigal

Semanas después

Mirabel estaba agradecida con Camilo por haberla hecho reír en cada oportunidad que tenía y con su tío Bruno por ayudarla a sentirse mejor, pero también con Matías por tener paciencia con ella. Todos los días iba a verla después de su trabajo para pasar algo de tiempo con Mirabel y la ayudaba a olvidarse de tanto en tanto de lo que había pasado. Entre los tres había logrado que Mirabel saliera de su habitación y pasara más tiempo afuera.

Su familia había tomado algunas actitudes para ayudarla a recuperarse. Agustín siempre la acompañaba a todos lados en la casa para que se sintiera mejor, y cuando tenía algún ataque de pánico cuando estaban con ellos solo la apoyaban y no le insistían en que tenía que estar bien porque ya no había peligro. Todos sabían que lo que había pasado Mirabel había sido horrible, y que tomaría tiempo para que volviera a ser la misma de siempre.

Con Camilo o Matías comenzaba a reír y bromear como antes, aunque con el resto de la familia (incluso con Bruno) parecía más reservada y seria que antes, salvo una que otra sonrisa de tanto en tanto.

Esa tarde Matías había ido a verla, y se había visto gratamente sorprendido cuando se la encontró en el patio de casita con Camilo y Amelia. Se acercó a ella con una sonrisa y se puso en cuclillas para besar su mejilla.

-¡Mati!- dijo Mirabel con una sonrisa, abrazándolo y haciéndolo perder el equilibrio.

-Ugh… ¡búsquense otro lugar!- dijo Camilo rodando los ojos.

Mirabel rió y ayudó a Matías a sentarse a su lado, el muchacho rodeó su espalda y apoyó su cabeza en la de ella, respirando hondo para percibir el aroma de sus cabellos mientras que ella se apoyaba en su hombro.

-¿Qué estaban haciendo?- preguntó Matías.

-Ah, Amelia estaba criticando mis hábitos alimenticios y Mirabel la estaba apoyando- dijo Camilo inflando las cejas- ven a defenderme de estas mujeres-

-Bueno, yo también comería así si pudiera comer lo que prepara la señora Julieta- comentó él. Mirabel lo soltó y se puso una mano en el pecho con una sonrisa traviesa.

-¡Traidor!- dijo la muchacha dejándose caer al suelo. Matías rió y tomó su mano para besarla. La ayudó a incorporarse al mismo tiempo que Camilo y Amelia se miraron mutuamente antes de ponerse de pie.

-Vamos a buscar al señora Eloísa para pedirle otro de esos deliciosos pastelillos- dijo Camilo con una sonrisa traviesa. Amelia se levantó con él con una risita.

-No pongas esa cara, Mira. Te vamos a traer una rebanada a ti- dijo Amelia guiñándole el ojo antes de que los dos se fueran, dejándola sola con Matías.

El muchacho se puso de pie y le ofreció Mirabel para ayudarla a levantarse también. Una vez que lo hizo, Matías no la soltó y comenzó a caminar con ella hacia la parte trasera de casita.

-¿A dónde vamos, Mati?- dijo Mirabel tensándose un poco.

-Atrás de casita- dijo Matías- ¿no quieres ver las luciérnagas?-

Mirabel se relajó un poco y se aferró al brazo del muchacho, caminando junto con él hacia la puerta. Conforme se acercaban a la puerta, su espalda se tensó y sus manos se apretaron aún más que Matáis se detuvo.

-Si prefieres no salir de la casa, también podemos hacer otra cosa- dijo el muchacho al ver que dudaba conforme se acercaban a la puerta.

-N…no, está bien- dijo Mirabel sonriendo y respirando hondo- vamos a ver las luciérnagas-

El muchacho asintió al escuchar eso y casita abrió las puertas para que pudieran salir. Aún faltaba un poco para que oscureciera así que los dos se sentaron en la orilla de la selva nuevamente, aún tomando sus manos.

-¿Cómo te sientes hoy, Miri?-

-Mejor… pero…- dijo ella encogiendo sus rodillas y borrando su sonrisa. Matías lo notó de inmediato y extendió sus brazos hacia ella, oportunidad que Mirabel tomó y se acercó a abrazarlo- Mati, ya no quiero sentirme así…-

-Pasaste por algo horrible que jamás debió haber sucedido. Es normal que tome tiempo para que te sientas mejor- dijo el muchacho dándole un beso en la mejilla- pero sé que pronto lo harás-

Mirabel se aferró a él, apoyando su cabeza en su pecho y respiró hondo con una sonrisa casi al tiempo que las luciérnagas comenzaban a brillar entre los árboles. Pudo sentir su cuerpo relajándose mientras abrazaba a su novio, sintiéndose segura y protegida mientras que estaba con él, pero desafortunadamente ese momento no duró mucho.

CRASH

Un relámpago cruzó el cielo, causándoles un respingo de sorpresa, y casi de inmediato comenzó a llover. Quizá tía Pepa había tenido alguna discusión con alguien porque la lluvia no se detuvo y las luciérnagas desaparecieron. Matías se levantó del suelo casi al mismo tiempo que Mirabel, y cuando lo hicieron ella tropezó con una roca y cayó sobre él, quien también cayó al suelo de espaldas. Los dos se miraron por un momento antes de echarse a reír por lo que les acababa de pasar.

-Lo siento- dijo Mirabel riendo.

-Está bien, Miri- dijo él entre risas. La joven se inclinó hacia él y le dio un leve beso en los labios y se levantó, ayudándolo a hacer lo mismo. Mirabel puso sus manos en los hombros del muchacho y él puso sus manos en su cintura y apoyó su frente en la de ella.

Los dos permanecieron así bajo la lluvia hasta que Mirabel se puso de puntillas para besarlo. Y los dos pudieron escuchar a casita moviendo los azulejos de emoción ante la vista de esos dos besándose.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues esto es lo que pasó después de la pelea y los esfuerzos de Mirabel por recuperarse durante las siguientes semanas. El próximo capítulo será un pequeño epílogo, espero que les guste. ¡Abrazos!

Abby L.