Resumen: Mirabel fue elegida por la magia como la sucesora de la abuela Alma, pero también por un viejo enemigo de los Madrigal para saldar cuentas pendientes.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
SUCESIÓN
EPÍLOGO
Casita
Unos meses después
Mirabel había tenido dificultades para relacionarse con los demás desde que la habían rescatado de los Herrera. Poco a poco las pesadillas comenzaron a desaparecer y dejó de estar a la defensiva con todo el mundo, incluso con su familia. Tío Bruno había ayudado a manejar sus ansiedades, enseñándole la manera en la que él lidiaba con ellas.
-No tienes que deshacerte de ellas, Mirabel- le había dicho Bruno con una sonrisa cariñosa- te pueden llegar a proteger en el futuro, pero no debes dejar que controlen tu vida. Solo vive con ellas pero mantenlas al margen-
-Mmm...-
-Vas a estar bien- le aseguró su tío.
-Pfff... no puedes saber eso- dijo Mirabel
-Claro que lo sé- dijo Bruno señalando sus ojos, y la muchacha inmediatamente supo a qué se refería su tío.
Poco a poco la muchacha volvió a salir al pueblo, siempre acompañada por Matías, Camilo o una de sus hermanas. A pesar de que sabía que el Encanto ya no dejaría pasar a nadie con malas intenciones, no podía evitar desconfiar de los extraños. Incluso le tenía un poco de miedo a Adrián, quien la había defendido cuando estuvo en ese horrible lugar. También a Rodrigo, el muchacho que era ahora novio de Luisa, y comenzaba a respirar agitadamente cada vez que lo veía en casita.
-Tranquila, Miri- le había dicho Matías cuando fue testigo de la reacción de Mirabel al muchacho cuando su hermana lo trajo a cenar con la familia- sabes que Luisita le romperá todos los huesos antes de dejar que te lastime-
-Lo sé- dijo Mirabel sin estar muy convencida. Sabía que Luisa no lo permitiría pero, ¿qué pasaría si no estaba con ella como en esa ocasión?
Unos meses después del rescate Mariano y Dolores se acercaron a ella para pedirle hablar en privado. Mirabel asintió y los acompañó a la habitación de su prima para poder hablar con ellos. La habitación era tal y como ella la recordaba de cuando eran niñas, excepto que la alcoba tenía una cama más grande que antes. No se escuchaba ningún ruido del exterior, y eso era una bendición para su prima, si no fuera así jamás podría dormir.
-Mira, Mariano y yo queríamos hablar contigo de un asunto- comentó Dolores con una leve sonrisa- hay algo que supimos desde hace varias semanas y estábamos esperando el momento oportuno para informar a nuestra abuela, pero en vista de que tú eres la jefa de la familia ahora, creo que tú mereces ser la primera en escucharlo-
-Claro, ¿qué me querían decir?- dijo Mirabel nerviosa. Esperaba que no dijeran que había más parientes de Mariano fuera del Encanto.
-Bueno, nosotros estamos esperando un bebé- dijo Dolores poniendo una mano en su abdomen. Mirabel abrió los ojos grandemente.
-¿Un...qué?- dijo ella sorprendida por un momento antes de sonreír ampliamente y dar brinquitos de emoción- ¡felicidades, Lolita! Wow, un bebé... ¡van a ser papás!-
Dolores se cubrió los oídos por el grito emocionado de su prima pero no paró de sonreír al igual que Mariano.
-¿Cuánto tienes?¿Cómo estás tan segura?- quiso saber Mirabel.
-Cuatro meses y medio- dijo Dolores- creemos que va a nacer en febrero, poco antes de tu cumpleaños-
Mirabel no se contuvo y casi saltó sobre su prima para abrazarla de su emoción.
-Si estás de acuerdo, podemos hacer la presentación dos días después del nacimiento- dijo Mariano de pronto.
-¿La presentación?-
-Sí,¿recuerdas la ceremonia que hizo tu abuela cuando nació Toñito?- dijo Mariano.
La muchacha se quedó callada. Sí recordaba la ceremonia de cuando Antonio nació. La abuela prácticamente la había hecho para asegurar al pueblo que el milagro seguía vivo y bien mientras llevaba la vela mágica en sus manos, algo que la hizo sentir inadecuada por no haber obtenido un don. Pero Mirabel levantó la mirada y vio las expresiones sonrientes de Dolores y Mariano, y finalmente sonrió también.
-Me parece muy bien- dijo ella- podemos preguntar a la abuela si no tiene inconveniente tampoco-
Alma no tuvo inconveniente, y finalmente llegó el día en que Mirabel estaba de pie, con la vela mágica en su mano, en la parte alta de una escalera que casita había creado frente a la puerta de Dolores para la presentación delante de una multitud que no cabía en casita y que habían tenido que esperar desde la puerta. Se sentía con un poco de miedo de decepcionar a la abuela y nerviosa de que hubiera tantos nuevos habitantes del Encanto, pero respiró como Bruno le había enseñado y se paró frente al público que había asistido a casita.
"Uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro…"
Tenía un discurso preparado que definitivamente no iba a ser tan largo como los de su abuela.
-Bienvenidos todos a la casa Madrigal- dijo Mirabel con una sonrisa- hemos sido bendecidos con un nuevo pequeño milagro en nuestra familia. Hace dos días Dolores y Mariano dieron la bienvenida a un nuevo miembro de nuestra familia y el primero de su generación. Les presentamos a Andrea Madrigal-
La multitud comenzó a aplaudir con mucho ánimo y Mariano instintivamente cubrió los oídos de su esposa mientras que la pequeña dejó sentir su desagrado por el ruido comenzando a llorar. Mirabel se acercó a la pareja aún con la vela en su mano y Andrea dejó de llorar, abriendo sus ojitos hacia la luz.
-Bienvenida a la familia, Andrea- dijo Mirabel en un susurro.
Después de ello, la fiesta comenzó. Julieta había preparado una gran cantidad de comida y la fiesta se movió al exterior de casita, al patio a su alrededor. Mirabel devolvió la vela a su sitio, buscó con la mirada a Matías y comenzó a caminar hacia él pero se encontró primero con su tío Bruno, quien le dio un abrazo lleno de orgullo.
-Estuviste genial, mariposita- dijo su tío- estoy orgulloso de ti-
Iba a responder cuando fue atacada por la espalda por Camilo, quien la alzó en sus brazos y dio dos vueltas con ella en el aire.
-Sobreviviste tu primer ceremonia, Mira- le dijo su primo volviendo a ponerla en el suelo- espero que esto no signifique que ahora te voy a tener miedo a ti como tengo a la abuela-
Mirabel dejó escapar una risita.
-Que la abuela no te escuche decir eso- dijo ella alzando las cejas. Camilo se transformó en Mirabel y repitió lo que dijo, ganándose un zape de su prima- ¡hey!-
-Ay... ¡tienes la mano tan pesada como ella!- dijo Camilo sacándole la lengua y apresurándose a buscar a Amelia entre la multitud al mismo tiempo que Matías la alcanzaba.
El muchacho tomó su mano y la condujo al interior de casita para alejarla un poco del ruido.
-Estuviste muy bien, Miri- dijo el muchacho- y no te pusiste nerviosa-
-Lo estaba- confesó Mirabel.
-Nadie lo notó, y a todos les gustó el discurso- dijo Matías antes de agregar con una risita- Camilo mencionó algo sobre el hecho de que les gustó porque no había sido muy largo-
Mirabel rodó los ojos al mismo tiempo que Isabela se acercaba a ellos con una sonrisa traviesa.
-¿Qué hacen aquí los dos? ¡Salgan a bailar!- dijo la muchacha. Mirabel no había bailado desde… ese día. Se había disculpado de asistir a las pocas fiestas que sucedieron durante esos meses, ya que le daba pánico estar entre la gente.
-No sé, Isa, tal vez…- comenzó a decir Mirabel.
-¡Nada de excusas, señorita!- dijo Isabela con con una sonrisa traviesa- ¡casita, dame una mano para hacer bailar a estos tontos!-
-AAAAH- exclamaron Mirabel y Matías al mismo tiempo cuando los azulejos se movieron bajo sus pies.
Los dos se tomaron de las manos para no caer mientras eran arrastrados hacia el patio de casita, al centro del área donde todos estaban bailando. Los jóvenes se miraron una vez estuvieron al centro y Mirabel puso sus manos en los hombros de él.
-No tienes que hacer esto si no quieres, Miri- dijo Matías en voz baja.
-Está bien, no me molesta bailar contigo- dijo Mirabel sonriendo levemente cuando los dos comenzaron a bailar.
Al ver bailar a su nena, Julieta y Agustín dejaron escapar un gran suspiro de alivio, Los dos habían pensado que la muchacha se iba a ir a esconder a su habitación ni bien terminara la ceremonia, sobre todo por lo breve que fue, pero verla participar en la fiesta los hizo sentirse aliviados. No eran ciegos, podían ver lo mucho que inquietaba a Mirabel estar cerca de los nuevos habitantes del Encanto incluido Rodrigo, el novio de Luisa, y Adrián. Tomaría tiempo para que ella los aceptara como a cualquier otro, pero su barrera había funcionado hasta ahora.
Félix había informado a la abuela que había algunos miembros del grupo armado de los Herrera que estaban merodeando alrededor de la abertura en las montañas, pero ellos no podían ver hacia el interior y quienes lo intentaban entrar se encontraban con una barrera cerrada. Alma supo que la magia había obedecido a su nieta al pie de la letra y el Encanto estaría seguro.
También supieron gracias a Luisa que Ricardo Herrera había muerto esa misma noche y que sus hermanos habían huido despavoridos, llevados cargados por algunos de sus hombres con las piernas rotas, seguramente para no volver jamás. Cuando lo supo, aquello no había sido de mucho consuelo a Mirabel, eso no desharía lo horrible que la había pasado los días de su secuestro. Al menos ahora parecía haberse olvidado de eso y estaba disfrutando la vida como debía ser para una joven de su edad.
-Vamos a estar de fiesta en fiesta- dijo Pepa con una sonrisa orgullosa. Julieta no pudo evitar sonreír.
-Vaya, ¿cómo está la joven abuela?- dijo Julieta haciendo que Bruno, Félix y Agustín se echaran a reír. Pero ninguna broma podía hacer que el arcoíris sobre la cabeza de Pepa desapareciera.
-Feliz- dijo Pepa con una sonrisa.
-¿Cuál es el plan para el cumpleaños de Mira?- preguntó Félix- es la próxima semana-
-Aún no lo sabemos- dijo Julieta con una risita- espera a que se termine esta fiesta antes de comenzar a planear a la siguiente-
-Mmm…- dijo Pepa observando a Mirabel bailar con Matías, a Luisa con Rodrigo y a Camilo con Amelia- si nos descuidamos, pronto tendremos también que organizar otras tres bodas-
Agustín levantó la vista y sonrió al ver a Mirabel aún bailando con Matías a pesar de que había cambiado la música, y parecía estar divirtiéndose. Al menos esa era una señal de que su niña estaba comenzando a recuperarse de lo que había pasado.
x-x-x
Al mismo tiempo
Camilo estaba bailando con Amelia muy cerca de donde estaban Mirabel y Matías. Todos los Madrigal se estaban divirtiendo en esa fiesta, excepto quizá Dolores y la pequeña Andrea. Quizá tanto ruido no fue tan buena idea después de todo.
Aún estaba pensando en ello cuando vio a Marina acercarse a ellos con toda la intención de empujar a Amelia para bailar con él, y eso no lo iba a permitir. Escuchó a Amelia gruñir en voz baja y supo que también la había visto.
-Dame un momento, Ame- dijo él guiñándole el ojo y transformándose en Amelia. La muchacha entendió inmediatamente lo que iba a hacer y se ocultó detrás de la puerta de casita al mismo tiempo que Marina alcanzaba a Camilo, pero no se esperaba que la mujer empujara al muchacho contra la pared de la casa. Hizo una mueca de dolor pero no emitió ningún sonido.
-Te lo voy a decir solo una vez, arribista- dijo la recién llegada- Camilo Madrigal solo te rescató del avión porque tenía que hacerlo, pero él es mío. ¿Porqué no mejor te largas por donde llegaste?-
Camilo frunció el entrecejo molesto y regresó a su apariencia normal con cara de pocos amigos, y Marina se dio cuenta de inmediato de su error.
-No quiero que vuelvas a acercarte a Amelia- siseó el muchacho- no me obligues a pedirle a mi prima que te expulse del Encanto-
Marina tembló ante esta amenaza y corrió a perderse entre la multitud, muy seguramente para dejar la fiesta. Con una sonrisa traviesa, Camilo buscó a Amelia y la encontró en la puerta de casita.
-¿Esa loca no te lastimó?- preguntó ella.
-Nah... se necesita más que un empujón para lastimarme- dijo Camilo encogiendo los hombros.
-Fanfarrón- dijo Amelia.
Camilo tomó su mano con una sonrisa traviesa y la condujo detrás de la pared en el interior de casita, justo al lado de la puerta y puso sus manos en la cintura de ella. Se inclinó para darle un beso que la muchacha respondió con igual entusiasmo que él.
Camilo se sentía más feliz de lo que podía describir. Después de todo lo que había pasado con Mirabel los mayores habían dejado de ponerles tanta atención y había podido escaparse con su novia para tener momentos parecidos. Casi desde que la había rescatado de ese avión, el muchacho había quedado prendado de ella y amaba poder pasar a tiempo a solas con Amelia, pero la familia solía vigilarlos todo el tiempo.
El muchacho la empujó suavemente contra la pared y profundizó aún más el beso, algo que casita objetó moviendo los azulejos de la pared, haciendo que Amelia se separara de Camilo.
-¿Qué le pasa a casita?- preguntó ella.
-Dice que continuemos- mintió Camilo descaradamente antes de volver a inclinarse para besarla, pero casita no estaba de humor para ser ignorada. Movió los azulejos del piso tan violentamente que Camilo tuvo que deshacer el abrazo y tomar a Amelia de las manos para que no cayera al suelo y mantener el equilibrio- ¡casita!¿Qué pretendes?-
Casita respondió enojada y los empujó hacia fuera, cerrando las puertas antes de que pudieran regresar al interior.
-¡Casita!- reclamó Camilo rodando los ojos, pero Amelia dejó escapar una risita antes de tomar su mano.
-Mejor vamos a bailar- dijo la muchacha sonriendo.
x-x-x
Casita
Cinco años después
Mirabel estaba ignorando el ruido de la fiesta fuera de su habitación para concentrarse en lo que tenía que hacer. Miró de reojo a su ventana, donde la vela mágica brillaba con tanta intensidad como lo había hecho los últimos años. Una mano se posó sobre la suya y le dio un leve apretón.
-Puedes hacer esto, Miri- dijo Matías con una sonrisa, besando su mejilla antes de ponerse de pie y ofrecerle la mano.
La joven la acepto y se levantó mientras casita deslizaba sus zapatos a sus pies que apenas le entraban. Caminó con cuidado hacia la ventana y tomó la vela respirando hondo.
-Vamos- dijo Mirabel con una sonrisa segura.
Matías le abrió la puerta para que pudiera salir y se quedó de pie junto a la nueva puerta que acababa de aparecer entre la de Dolores y la de Camilo esa mañana.
-Dolores, si ya están listos vamos a empezar- dijo Mirabel en voz baja, sabiendo que su prima estaría escuchándola del otro lado del patio de casita.
Mirabel pasó la vista por todos los asistentes. Su abuela estaba en primera fila esperando el comienzo de la ceremonia, sentada en una silla de ruedas y acompañada de Bruno. Sus tíos estaban a un lado de ellos dos mirando emocionados el pasillo que se formó en el centro. Antonio ya tenía once años pero aún iba acompañado de su jaguar Parce. Luisa y Rodrigo estaban adorablemente juntos tomando de la mano y con una niña de dos años, Margarita, sentada en el hombro derecho de ella. Isabela estaba junto a sus padres, los tres mirando orgullosos a Mirabel. Camilo y Amelia también estaban tomados de las manos; su primo tenía un bebé llamado Samuel en sus brazos.
Dolores y Mariano caminaron escaleras arriba y se detuvieron junto a la nueva puerta, los dos con idénticas sonrisas nerviosas.
-Va a estar bien- les susurró Mirabel.
Su prima asintió confiada y se volvió hacia la puerta, donde Andrea estaba de pie con un lindo vestido blanco, con su cabello oscuro suelto excepto por una diadema blanca con un moño, y sus rizos reposando sobre sus hombros. La niña apenas se mantenía quieta de la emoción.
La joven volvió a tomar aire antes de hablar.
-Buenas noches a todos- dijo Mirabel en voz alta- hace cincuenta y seis años esta vela bendijo a la familia Madrigal y a esta comunidad con un milagro gracias al sacrificio de nuestro abuelo, Pedro Madrigal. Esta noche nos reunimos para otro miembro de nuestra familia reciba su don-
Mirabel hizo una señal a Andrea con una sonrisa y la niña comenzó a caminar hacia ella con una expresión emocionada. Casi se echó a correr hacia la escalera donde estaba su tía Mirabel y sus papás. Isabela rió en voz baja al verla hacer eso.
Cuando Andrea llegó frente a su puerta, Mirabel trató de agacharse para ofrecerle la vela pero su pancita no la dejó hacerlo. Sin saber que otra cosa hacer, Matías la levantó del suelo para que alcanzara a tocarla.
-¿Prometes usar tu don con responsabilidad y ayudar con él a la gran familia del Encanto?- preguntó Mirabel, y la pequeña asintió.
Matías volvió a ponerla en el suelo y la pequeña se volvió a Mirabel, como preguntándole si podía ya abrir su puerta, a lo que la mujer asintió. Andrea puso su mano en el pomo de la puerta, la cual brilló con fuerza como respuesta al mismo tiempo que Matías tomaba la mano de su esposa y la acercaba a sus labios.
x-x-x
FIN
¡Hola a todos! Espero que les haya gustado esta historia. Mi inspiración ha estado a tope y ya terminé la siguiente. Muchas gracias por seguir leyendo mis locuras. ¡Abrazos!
Abby L.
