Capítulo 3: Una amarga despedida

Por las calles de Candem siempre se veían cosas extrañas, pero ese día la gente contempló una inusual escena, más inusual de lo habitual: una yegua policía con tres perros dálmatas montados sobre su lomo, galopando a toda velocidad. Esquivaba autos, y transeúntes y puestos callejeros con gran agilidad, aunque estuvo a punto de dar algunos resbalones, pero los años de práctica sobre el asfalto y las herraduras especiales que tenía le ayudaban a sortear los obstáculos sin tropezar. Perla estaba llegando al límite de sus fuerzas, pero la premura de la situación ameritaba ese despliegue de velocidad, y sabía que, si no llegaba a tiempo, sería demasiado tarde. Tras un rato de intenso galope, logró llegar jadeante a la comisaría de policía de Candem. A su encuentro salieron los dos agentes caninos que la acompañaron en el arresto de Delilah: un perro pointer inglés, de pelaje blanco y orejas anaranjadas, con una placa que decía "Buckingham", y un border Collie de pelaje negro y trompa de color blanco con una placa que decía "Holmes". Ambos portaban sus chalecos reglamentarios del cuerpo policiaco K9 y salieron al encuentro de la yegua.

-¡ALTO, ES UNA ZONA RESTRINGIDA, NO PUEDEN PASAR! –gritaron ambos canes al ver a los tres dálmatas.

-Tranquilos agente Bucky y Holmes, ellos vienen conmigo -dijo Perla de forma inquisitiva. A pesar de eso, los dos canes no bajaron la guardia y miraban a los dálmatas recelosamente. La reja se abrió y todos entraron por el estacionamiento, procurando no ser detectados por los policías del recinto, dirigiéndose hacia el área de las celdas. Una vez que llegaron, la yegua se detuvo para descansar un momento y recuperar el aliento mientras los perros bajaban de su lomo. Todos se dirigieron al fondo de la habitación, deteniéndose frente a una enorme puerta metálica.

-¿Que hacemos aquí Perla? ¿Dónde está mi esposa? -preguntó Doug angustiado.

-*Jadeo*, escuchen, es muy difícil para mí comunicarles esto pero *jadeo*…..….Delilah…...fue acusada por el delito de asesinato –dijo la yegua. Al oír eso, los 3 dálmatas se quedaron boquiabiertos, no podía creer lo que oían, que su madre ahora fuera considerada una criminal.

-¿PERO,…POR QUÉ? -preguntó Doug totalmente histérico

-Delilah…..mató a Clarissa….ella me lo confesó todo.

-Pero….fue culpa de Clarissa, ella mató a Diesel ¡Tenemos pruebas!– dijo Dolly.

-Eso ya no importa, los humanos quieren que ella pague por la muerte de Clarissa, ya fue juzgada y sentenciada, así que…..*suspiro*…Delilah será ejecutada hoy a las ocho de la noche.

-QUEEEEE? ¡Eso…..eso es en 15 minutos! No….…¿no puedes hacer nada? -dijo Dylan.

-*Suspiro* no, ya fue decretada su sentencia, mis pezuñas están atadas…..….lo…..lo siento.

-¿LO SIENTES? ¿ES TODO LO QUE PUEDES DECIR? ¡ELLA ESTA AQUI POR TU CULPA! ¡TU LA ENCERRASTE!-gritó Dylan encolerizado, algo nunca antes visto por sus parientes.

-¡Dylan, contrólate! -dijo Doug, reprendiendo el arrebato del cachorro-. Perdón por eso Perla, pero entonces ¿para qué nos trajiste? ¿qué hacemos aquí?

-Solo…solo tienen esta oportunidad para….despedirse de ella, es lo menos que puedo hacer. Vayan, ella los espera detrás de esa puerta, yo estaré vigilando por si llegan los humanos.

Sin poder hacer otra cosa y con resignación, los dálmatas entraron a la zona de jaulas. Era el sitio que usaba Perla para realizar sus interrogatorios y encerrar a los perros delincuentes, área que Dolly conocía bien cuando en una ocasión rescataron a Diesel de esa misma comisaria. Todas las jaulas estaban vacías, con excepción de una que estaba situada al fondo de la estancia. Ahí vieron a la matriarca de la familia dálmata, encerrada con si fuera un animal salvaje, una imagen tan desgarradora que les partió el corazón a los tres perros. Corrieron hacia ella, encontrando a la dálmata enfermera sumergida en sus pensamientos. Delilah, al notar que sus familiares estaban ahí, volteo para verlos y recibirlos con una triste y temblorosa sonrisa.

-¡DELILAH! –gritó Doug, abalanzándose hacia la jaula.

-Doug, cariño –dijo Delilah con una voz apenas perceptible.

-¡MAMA, MAMÁ! –gritaron Dylan y Dolly

-Hijos…..están aquí…yo…siento que tengan que verme en esta penosa situación.

-Perla nos contó lo que pasó y nos trajo para verte. Amor, me siento como un inútil porque no puedo hacer nada para ayudarte, te he fallado -dijo Doug con decepción.

-No amor, no te sientas mal, soy yo quien falló en proteger a nuestro hijo y…por lo que hice, traicioné mi propio juramento, lo siento por decepcionarte.

-No Delilah, lo que hayas hecho, sé que lo hiciste por algún motivo muy válido, no te juzgo, al contrario, hiciste más que yo para enfrentar esta situación, no se si yo hubiera podido hacer lo mismo –dijo Doug. De pronto, Dylan y Dolly interrumpieron la plática de los dos adultos.

-Mamá, podemos hacer un plan para ayudarte a escapar- dijo Dylan-, dame 5 minutos y lo tendré listo, se que puedo hacerlo, solo déjame pensarlo.

-Si, déjalo en nuestras patas y lo haremos de inmediato -dijo Dolly-, solo necesitamos una distracción, un vehículo de escape, tal vez un par de disfraces, traer a los demás cachorros y …...

-¡DYLAN Y DOLLY, BASTA! -dijo Delilah de la habitual forma en que reprendía a sus hijos, sin perder ni un gramo de su autoridad a pesar de la situación en la que se encontraba-, hijos, no pueden ayudarme: si escapo, las represalias serán en contra de todos nosotros. Si involucramos al resto de la familia, nos capturan y seguro nos ejecutaran a todos ¿ACASO QUIEREN PONER EN PELIGRO LAS VIDAS DE SUS HERMANOS? ¿QUIEREN VER A TODOS ENCERRADOS AQUI ESPERANDO SU TURNO PARA MORIR? ¡NO SEAN IMPRUDENTES Y PIENSEN ANTES DE ACTUAR! ¡ESTO NO ES NINGUN JUEGO!

-Perdón mamá, lo sentimos -dijeron ambos cachorros al unísono por la reprimenda.

-Sin contar que Perla y esos perros policía tienen bien vigilado el sitio, no nos permitirán escapar tan fácilmente, y además….ya es tarde para mí, estoy resignada a mi destino, cometí un terrible error y debo pagar el precio, incluso con mi vida, si eso significa que mi familia esté a salvo.

Los tres dálmatas bajaron la cabeza al escuchar esas palabras tan tristes, quedando la estancia en silencio. Delilah miró el reloj, sabía que el tiempo seguía corriendo, así que quería aprovechar cada minuto que le quedaba antes de que llegara su final, por lo que retomó la palabra.

-Escúchenme, no queda mucho tiempo, solo quiero despedirme adecuadamente de cada uno de ustedes. Doug, ven amor, por favor -dijo la dálmata enfermera de forma suplicante. El afligido esposo se acercó a la jaula, y como pudo abrazó a su esposa a través de los barrotes.

-Doug, llegaste a mi vida en el mejor momento, me diste muchas alegrías y tuvimos una familia asombrosa, cuídala, por favor, y espero que logres ser feliz nuevamente con alguien más.

-No…no digas eso Delilah *sob sob*, eres mi esposa, mi amor, mi pasión, ¡eres mi todo!

-Lo sé, pero no quiero que seas infeliz el resto de tu vida pensando en mí, no podría perdonármelo, busca a otra hembra con la que puedas rehacer tu vida, estoy seguro que la encontraras, solo te suplico…..que no descuides a nuestros hijos, cuídalos mucho, ellos son el testimonio de nuestro amor, en especial a Dorothy, ella es muy pequeña para entender esto.

-*Sniff* yo *sniff* te lo prometo amor, cuidaré y protegeré a nuestros hijos con mi propia vida -dijo Doug de forma solemne. Se miraron el uno al otro, se abrazaron, se dieron un lengüetazo cada uno y luego se fundieron en un apasionado beso. Ambos disfrutaban el contacto y el sabor de sus labios, sabiendo que ninguno de ellos volvería a probarlos. Unos momentos después rompieron el beso e intercambiaron miradas, luego se separaron y la dálmata llamó a su hija.

-Dolly, ven aquí -dijo la dálmata. La cachorra patinadora obedeció y se acercó a la jaula: Sus manos sujetaron las manos de su madre con fuerza, como si no quisieran separarse.

-Hija, eras una cachorra valiente y con mucha fuerza en tu corazón, estoy orgullosa de ti, usa esa energía para salir adelante en todo lo que te propongas.

-Gracias mamá, sé que no he sido la mejor hija de todas ni la mejor portada, pero…..…

-No digas eso Dolly querida, tú eres perfecta tal como eres, puede que seas impulsiva y demasiado temeraria, pero también eres valiente y haces hasta lo imposible por los demás, que no se te olvide que eso es un don para ti, sigue así siempre, mi "bella Dolly"- dijo Delilah. Ambas sonrieron por el juego de palabras y la cachorra abrazó a su madre a través de los barrotes, pegando su cara en el regazo de la perra adulta para que no se vieran las copiosas lágrimas que derramaba en silencio. Unos momentos después se separaron y Delilah se preparó para despedirse de su primogénito predilecto

-Hijo, acércate -dijo Delilah casi al borde del llanto. Dylan se acercó a la jaula e inmediatamente abrazó a su madre, aferrándose a ella con gran fuerza, algo que la dálmata adulta correspondió sujetando a su hijo con el instinto maternal que toda madre sabe procurar a su hijo consentido.

-No….no quiero perderte mamá….*sob sob*…no es justo -dijo Dylan con voz quebrada.

-No llores amor, este es mi final, pero ustedes tienen un gran futuro por delante, eres mi niño especial, lograras muchas cosas y algún día serás un padre ejemplar con una hermosa familia.

-Peo…...no quiero…..no quiero que…..te maten, tengo..….tengo mucho miedo, mamá –balbuceó Dylan con una angustia que nadie había visto antes. Su madre, siempre comprensiva y amorosa, limpió sus lágrimas, lo vio a los ojos y le dedico una enorme mirada llena de ternura.

-Yo también tengo miedo hijo, la verdad….estoy aterrada ¿pero sabes algo? No es malo tener miedo, es algo natural, lo importante es aprender a superarlo, el miedo nunca se ira, pero si logras dominarlo, nada te detendrá, sé fuerte Dylan, sé valiente, hazlo por mí y por tus hermanos.

-*Sniff*, si…si mamá…seré…..seré tan valiente como tú *sniff sniff* y protegeré a mis hermanos con todas mis fuerzas, lo haré por ti –dijo Dylan, y volvió a abrazar a su madre con fuerza. Su madre le correspondió abrazándolo con el mismo amor y cariño como la primera vez que lo sostuvo cuando nació. Ambos se aferraban a ese gesto, deseando que durara para siempre; Dylan grababa en su mente los olores y la calidez de su madre, pues sabía que ese sería el último abrazo que recibiría de ella en vida. Permanecieron así por unos instantes más hasta que fueron interrumpidos por Perla, quien abrió la puerta de golpe y entró apresuradamente a la estancia.

-Ya vienen los humanos, ocúltense, ¡Rápido! –dijo la yegua.

-Gracias Perla -dijo Delilah-. Escuchen, sé que dejo a mis hijos en buenas patas, se los encargo mucho, denles todo el amor que ya no podré darles, y….recuérdenme como una buen madre.

-Lo haremos amor, descuida -dijo Doug. Los tres dálmatas se escondieron detrás de unas jaulas y la yegua se dirigía a su establo cuando pasó titubeante frente a la jaula de la sentenciada.

-Te agradezco que hayas traído a una parte de mi familia, al menos podré partir más tranquila.

-Delilah…...yo….yo quisiera…

-No te disculpes Perla, sé que hiciste lo que debías hacer, es tu trabajo, no puedo culparte- dijo Delilah calmadamente. Esas palabras calaron hondo en el corazón de la yegua, quien siempre se sentía satisfecha por desempeñar sus labores policiacas con profesionalismo y pasión, pero ahora, al ver a alguien conocido en la antesala de la muerte por su trabajo, la hizo sentir miserable.

-Pero…yo no…yo no quería que esto pasara…yo….lo siento…lo siento mucho.

-Está bien, yo…...te perdono….solo…..solo te pido…te imploro….que vigiles a mi familia, son jóvenes e imprudentes, pero tienen un gran camino por delante, solo hay que darles la oportunidad para que maduren y crezcan, es todo lo que te pido para irme en paz.

-Yo…descuida, velaré por la seguridad de tu familia, cuenta con ello -dijo Perla, recibiendo como respuesta de Delilah una leve sonrisa. La yegua se apresuró a llegar a su establo, antes de que los humanos llegaran para ejecutar la cruel sentencia en contra de la afligida dálmata.