Día 2: Royalty – Realeza
Zeldris rezongó mientras regresaba su atención al espectáculo. Permaneció en silencio, tratando de no molestar a Izraf, quien parecía concentrado en lo que había delante de sus ojos, no advirtiendo el cambio de comportamiento del príncipe. Esperó hasta que el rey soltó otro alarido de festejo antes de hablar.
—¿Esto es todo lo que ofrece el festival?
El rey vampiro inclinó su rostro con desprecio hacia Zeldris, dejando en evidencia que su pregunta lo había molestado. El demonio ignoró eso y le sostuvo la mirada con fortaleza, mostrando su poder.
—Príncipe Zeldris, el Festival de la Cosecha es de los eventos más importantes para mi clan —explicó Izraf, con los ojos fijos en el demonio—. Los humanos celebran el cambio de estación, pero para los vampiros es la oportunidad perfecta para reclutar. No debería despreciar los métodos para incrementar nuestros números.
—Esperar que un humano esté ebrio es bastante cuestionable —dijo Zeldris y no trató de ocultar su ceño fruncido.
Cuando el rey Izraf le había presentado al segundo príncipe la idea del Festival de la Cosecha, este último se mostró interesado. Durante su estadía en el castillo, Zeldris había consumido parte de su tiempo para obtener una conversación completa con el gobernante de los vampiros. Era reacio y muy cerrado a las demandas del Rey Demonio, a las cuales él mismo vio como bastante severas.
Pero él no cuestionaba a su padre ni el murmullo más bajo. Las paredes tenían oídos y estaba en un territorio que podría volverse enemigo en cualquier momento. Incluso cuando había alguien de su interés más allá del rey.
Miró a Gelda, encogiéndose ante el traje que la adornaba. Desde su primer encuentro en la noche que se conocieron, Zeldris sintió una ligera decepción a causa de que no habían podido repetir una conversación tan abierta. Entre su tiempo invertido para convencer al rey y que ella parecía ocupada en propios deberes, no habían podido cruzarse más que durante la cena o espacios que Izraf admitiera, los cuales eran estrictamente formales.
«Nuestros padres acordaron que estableciéramos algún vínculo».
«No seré un gobernante».
—¿Será que?
Zeldris negó con la cabeza. No quería pensar en esa posibilidad, pero no tenía otra opción. Era un segundo príncipe y ella la única heredera en su clan, algo que reconocía como una mala estrategia.
Y eso le molestaba.
Sintió el impulso de decir algo, pero permaneció en silencio. Su malestar volvió a estallar por la forma en que el rey Izraf gritaba a los suyos. Por suerte para él, Gelda le puso fin. Tocó el hombro de su padre antes de susurrarle algo al oído. No pudo escuchar lo que dijo, pero fuera lo que fuera, hizo que el rey lo mirara en un instante.
—Príncipe Zeldris, ¿le gustaría una muestra de nuestro reclutamiento de manera más directa?
El demonio se volvió hacia el gran vampiro.
—¿Disculpe?
—Mi hija encuentra poco aceptable que no comprenda el arte detrás de este festival —exclamó Izraf mirando con supremacía—. Así que me sugirió hacerle una demostración.
El príncipe estaba a punto de hablar, pero otra voz lo interrumpió.
—Sería un honor para mí mostrarle esto, príncipe Zeldris.
Gelda lo miró antes de que sus ojos se posaran en su padre.
—¿Padre?
—Ve, parece que el príncipe Zeldris es renuente a colaborar —le instó Izraf, carcajeando de nuevo para malestar del mencionado.
Zeldris cruzó los brazos sobre su pecho en derrota. Refunfuñó y observó cómo el vampiro se acercaba para escoltar al área del festival. Suspiró, porque era lo único que podía hacer en ese momento. Disfrutaría de la actividad y olvidaría los títulos de realeza por esa noche.
