Día 7: Future - Futuro


—¿Hubieras imaginado que sucedería esto…?

Gelda le preguntó a Zeldris casualmente, en un día normal. Excepto que no era así en absoluto, estaban terminando los últimos preparativos de la primera presentación formal del clan demonio después de la guerra. Se esperaba la asistencia de los diferentes clanes y comenzar a dialogar de la prosperidad para Britannia y establecer, en el mejor de los casos, un trato neutral.

—¿Te refieres a esto…? —preguntó, nervioso. Por supuesto, estaba nervioso. Durante gran parte de los últimos años se había mantenido en su reino restableciendo todo y aunque ocasionalmente salía para visitar a su familia en Liones, lo sabía. Sabía que eso era diferente.

Ese día era todo lo que había querido hacer.

Su corazón había estado desbordado desde la primera vez que planteó la presentación, y parte de él había estado preocupado de que nada de su clan en buen camino pudiera transmitirse.

—¿Zel…? —la voz de Gelda rompió su burbuja de pensamiento—. Querido, estás tenso.

—Por favor, Gelda. No tengo nada —insistió Zeldris. Aunque sabía que lo estaba, y solo estaba inventando una respuesta, pero algo en la forma en que los ojos de Gelda permanecieron fijos en su rostro lo hizo mirar hacia otro lado y vacilar de nuevo—. Bueno, quizás…

—¿Qué te parece si salimos un poco?

Los ojos de Zeldris se detuvieron en su rostro durante demasiado tiempo. Gelda se resignó y directamente se acercó, lo tomó de la mano y lo sacó de su estudio privado.

La ubicación en donde se encontraban no era el castillo real, sino una de las tantas residencias privadas que tenían para estar en diferentes lugares del reino. Zeldris no era un gobernante de un nada más un sitio. Entonces, de esa manera, fue sencillo encontrar un balcón alejado de los preparativos del evento para quedarse solos.

Cuando Gelda soltó a Zeldris, esté suspiro. Tomó un respiro, volvió a suspirar y miró a su pareja para añadir.

—Gracias.

En lugar de responder, el vampiro se inclinó y lo besó. Zeldris notó, de una manera clara, que había una intención de paz a través del gesto. Correspondió con rapidez, llevando sus manos a la cintura de Gelda para reducir la distancia y así, profundizar el beso. Siguieron por unos momentos más, antes de separarse y mirarse con afecto.

—Lo siento —comenzó el rey, pero su pareja lo observó con silencio—. He estado metido en esto y…

—No, no te disculpes —insistió Gelda, con la voz llena de emoción—. Te lo dije entonces, y te lo vuelvo a decir ahora. Guardaré tu secreto, ¿de acuerdo? —cuando Zeldris asintió, ella continuó—. Sé lo importante que esto es para ti y lo que representa. Pero no tienes que preocuparte, todo saldrá bien.

Zeldris la miró con los ojos muy abiertos y su agarre en su cintura aumentó.

—Esto no es solo mío. Es nuestro —afirmó, aludiendo a cómo Gelda se había excluido de todo—. ¿Desearía que esto hubieras sido más sencillo? Por supuesto que sí. Pero tal vez si hubiera sido más fácil, nada de lo que tenemos ahora tendría esta sensación —se detuvo, encontrando como decirlo—. Lo siento, yo…

—Estamos aquí ahora —completó Gelda por él—. Llegamos aquí al final, y eso es más que suficiente.

El rey abrió la boca para hablar, pero en su lugar se le escapó un sollozo.

—Gelda —dijo después de respirar profundamente—. Gracias por confiar en mí, por confiar en nosotros.

El vampiro sonrió con el corazón lleno, como lo había estado desde que lo conoció.

—Siempre.