Capítulo LXI
¡Te lo prohíbo! – me dice Benedetti.
¡Ya lo sé! Por eso es que nos tardamos menos – le digo al médico metiche.
Bien… ¿quieren enterarse de lo que sucede? – pregunta William.
Qué nos van a decir que no sepamos, quizás el padre de Niel lo esté ayudando – sonríe Terry.
Sí, pero ¿cómo lo saben? – cuestionan los ancianos.
Era de suponerse, no es la primera vez que lo hace – les explico.
Bien – ambos hombres se sonríen.
¿Eso es todo? – se alegra Benedetti.
Sí, ¿qué más podemos decir? – pregunta William.
Que acepten su culpa, por ejemplo – refiere Terry.
¡Terry! – grita Candice.
¿Qué? – pregunto, no dije nada que los demás no quisieran saber.
Lo sentimos Terry, no pensamos que los cuatro aviones que tomamos fueran insuficientes – explica el abuelo Rocco.
¿Cuatro? – todos preguntamos a coro.
Sí, ¿qué más podíamos hacer para despistarlo? – confiesa William.
Terry, ven necesito hablar contigo – Benedetti me llama.
Vamos, ahorita vengo – le digo a Candice, aunque sé de lo que va hablar.
Sí – ella me dice mientras se queda pensando en lo que acabo de contestarle a Benedetti.
¿Cómo estás Mariposita? – le pregunta el griego a mi esposa.
Bien Leandro y ¿tú George? – le cuestiona ahora a George.
Bien señora, gracias por preguntar – asintió George.
Ah yo bien, también – Leandro fingió molestia haciendo sonreír a mi esposa y a George. ¡Me estoy sintiendo ignorado! – reclama él que finge lloriquear.
Mientras con Benedetti…
¿Qué pasa? – cuestiono al ver que me da un brandy.
Candice no puede tener intimidad de la misma forma que siempre, ten… esto, te servirá – extiende el brazo para darme un libro que conozco.
Gracias – le agradezco.
¿Sigues enojado? – me preguntó.
¿Lo crees? – cuestiono con ironía.
¿Por qué sigues enojado? Ya no se puede hacer nada… - me dice él.
Porque no le hice el amor a mi esposa por dos semanas, ¿te parece suficiente? – Terry cuestiona en tono irónico.
Tranquilo hombre, aquí es más difícil que vengan, si es que se enteran a dónde fuimos. Sé que no te gusta que te diga estas cosas, pero en la intromisión sé más delicado, controla tu temperamento – me pide, al menos no me lo ha cancelado, no lo soportaría. Dos semanas, es demasiado tres meses sería súper fatal.
¿Tú y ella piensan prohibírmelo todo? – pregunto con enfado.
No Terry, pero no quieres un parto prematuro, ¿verdad? – será mejor que Benedetti me amenace, así me lo pensaré dos veces antes de cometer una tontería, quiero que André nazca en suelo italiano, no en China.
¡Por supuesto que no! – confieso sentido.
Entonces toma en consideración nuestros consejos – me reprende. Con lo que me gusta que lo haga.
Lo siento, tengo que calmarme… - resuelvo, a veces me vuelvo así, sobre todo cuando me prohíben hacerle el amor a mi esposa.
Lo sé, esto sólo puedes hacerlo tú – me recomienda Benedetti, pero lejos está de gustarme.
Dos días después, William llega con noticias…
Tu encargo llega aquí en unas horas – refiere el hombre mayor.
¿Cuál encargo? – cuestiono porque al parecer nadie me ha informado de nada.
Cuando vendo una mariposa, se hace un ejemplar en pequeño, el comprador debe sacarse una foto conmigo y ese ejemplar, el cual posteriormente será colgado en la Farfalla – intenta explicarme.
¿En serio? – quiero saberlo todo.
Sí – admite sonrojándose.
¿Cuándo tenemos que ir? – cuestiono.
Primero vamos a una venta internacional y luego tenemos dos días más para ir con los Zhen – me cuenta Candice, pero viendo una revista.
Bien, oye amor, ¡no sabía qué hacías eso! – le tomo la mano, eso es algo cool.
Sí, entonces ¿tendré que firmar algunas cosas…? – cuestionó con hastío.
No, haré todo esto y luego te los paso para que los firmes – le dice William cuando le enseña un sobre.
Bien… - mi esposa no adora firmar documentos.
¿Vas a ir a la venta internacional? – me pregunta extrañada.
¿Puedo? – le pido un tipo de permiso.
Claro, es entrada abierta, además si no lo fuera, no importaría, de cualquier modo, ¡entrarías! – me dice de repente, haciéndome reír.
Y ¿de qué trata la venta internacional? – pregunto entusiasmado y enrarecido porque no me había contado nada.
¡Se presentarán mis obras más afamadas! – me dice casi como si estuviera haciendo una presentación de baile.
¿Tienes obras afamadas? – quise saber.
¡Claro! – me dice con ensoñación. Las primeras mariposas: Andrea, Galatea, Perséfone, Andrómeda, André… esas son las más bonitas – comienza con la corta lista.
Y ¿por qué aquí? – pregunto, esto ¿no me lo podría decir antes?
De hecho… no las traje, no me pertenecen a mí, sólo dos – me confiesa, si no es ella que tiene muchas, entonces podría ser de esa otra persona que tiene más.
Cristell… - susurro.
¡Ajá! – lo acepta y yo, ya lo sabía.
Ya decía, ¿quieres vender aquí? – le pregunté de pronto, no me había dicho nada de querer vender aquí, ¿en este mercado?
No, sólo las presto porque ella me lo pidió – me dice, si son las más famosas, dos... quiere decir que son las más consentidas, aunque pertenezcan a otra persona.
¿Cuándo dices que es? – le pregunto.
Pasado mañana… - me responde viendo un material cristalino.
Bien, ¿ya acabaron? ¿Vamos a desayunar? – dice de pronto el griego.
Sí, desayunaremos – afirmo sabiendo que llevaré a Candice a rastras hasta el comedor, si se sienta sin comer, mi hijo podría no desayunar ni comer.
Dos días más tarde…
¿Cristell quiere enamorar a este país o qué? – pregunto, la exhibición está espectacular, todo brilla con el manejo de luces.
¡No lo sé, pero creo que les gusta el producto! – refiere mi esposa cuando veo que los flashes no han parado por mucho tiempo.
¡Hola! – Cristell llega de manera abrupta y nos saluda.
¡Hola! ¿Cómo estás? – mi esposa tan atenta como acostumbra ser, le devuelve el saludo.
Bien gracias, ¿qué opinas? – le dice a Candice, emocionada.
¡Qué eso no me va a gustar! – confiesa Candice sonriéndole.
¡Qué bueno que no las vendes! Recuerda que sólo las estas mostrando… - refiere Cristell, Candice tenía cara de espanto.
¡Cristell, no se te ocurra venderlas! – exclama Candice.
Buenas noches, ¿usted es la que vende estos artículos?
No se venden señor, sólo se están mostrando – refiere Cristell.
Entonces para qué las muestran, si no las venden… esto es una pérdida de tiempo… - refiere el señor molesto.
¡Señora Andley, buenas noches! – saluda efusivamente Zhen Chiu.
¡Buenas noches Chiu! ¿Cómo estás? – saluda mi esposa.
Chiu, ¿la conoces? – pregunta el señor molesto.
Claro, soy uno de los tantos clientes de su empresa – le cuenta el joven Zhen al señor irrespetuoso que cuestiono a Cristell.
Y ¿usted es...? – pregunta Candice en inglés.
¡Chia Xiu, soy amigo de él! – contesta ese joven que no le dirigieron la palabra.
¡Ajá y eso...! – le contesta Candice, no es que no le importe, pero en realidad, no le importa, sólo quiere hacerlo enfadar, la conozco.
No sé si sabía que aquí, la imagen que se tenga de su empresa es como va a tener quién te lo compre – refiere el jovencito aquel, explicándoselo, pero mi esposa es menos que obediente.
¿En serio? Pues mira, la verdad es que no me importa si este país quiere o no comprar algo mío... ustedes se fijan en cosas que son inútiles... – lo sabía, quiere hacer que haga rabieta, la conozco, pero en eso no me puedo meter, no quiero ser el castigado.
¡Controla la lengua, Candice! – le advierto cuando paso detrás de ella.
¡Es verdad! – me responde sonriendo cuando baja el rostro para burlarse de él.
¿Inútiles? Pues ¡quédese para verlo! – reta Xiu, pero creo que estará un poco molesto por la respuesta de Candice.
¡Ay que flojera me dan todos ustedes...! – responde, resopla y se da la vuelta, ignorándolo completamente.
¿A dónde va? – pregunta el señor Chia cuando ve que mi esposa se retira, haciéndome reír libremente.
Mi hijo tiene hambre, voy con mi esposo para que me alimente… - respondió Candice acariciándose el vientre.
¡Así no va a prosperar en los negocios! – gritó Chia Xiu.
No quiero prosperar aquí, al menos... – pero Candice hizo lo mismo.
¿A dónde va señora? – cuestiona Chiu.
¡A mi hotel, ya está muy aburrido aquí…! - refiere Candice, lo que hizo sonreír a Chiu. Digamos que tuvo bastante tiempo para conocer a mi esposa. El amigo de Chiu se quedó pasmado y tomando su teléfono intentó detenerla, pero fue demasiado tarde, nada pudo hacer él.
Señora Candice – George cuando la encuentra y la saluda, de forma respetuosa.
George, ¿Terry? – quiere saber porque no me ve por ningún lado.
Esta en el lobby – refiere mi mano derecha cuando ella da la vuelta para dirigirse hacia mí.
¿Pasa algo? ¿Por qué estás enojada? – le pregunto cuando siento sus labios contra los míos.
Tengo sueño, estoy cansada y ardo en deseos de tomar un baño de tina – me dice, haciéndome reír. La verdad que perdí el hilo de su relato cuando dijo lo último.
Vámonos, entonces – me sonríe y comenzamos a caminar.
Vamos…. – Candice y yo comenzamos a caminar siendo seguidos por George.
Mientras en la exposición…
¿Qué estás haciendo? – Chiu interroga a Xiu.
Alguien tiene que decirle que esa actitud de todo lo puedo no es buena en nuestro mercado – explica Xiu con enojo.
Y acaso, ¿crees que a ella le importa? No la conoces entonces… - informa Chiu riéndose.
Chiu, tu encargo llegará con tu padre en 20 minutos… - Candice le llama cuando ella se presenta con George y otro hombre.
¿Tú encargo? ¿De qué habla? – cuestiona Xiu, observándonos a nosotros y a su amigo.
No lo sé, me tengo que ir – pero según su padre, Chiu no debería indagar nada de esta familia en particular.
Chiu dime, ¿qué sucede? – pregunta sin entenderlo.
Nada... luego te veo – pero Chiu sabe que no puede comentar nada de mi esposa.
¡Espera voy contigo...! – su amigo no piensa darle tregua, así que más lo hace, no le importa pedírselo.
Minutos después...
Papá, sí, lo sé. La señora me lo dijo recién, estaré ahí en unos minutos – refiere Chiu.
¿Qué sucede? – pregunta Xiu.
¡Te vas a enterar! – le informa el chico y sale por la puerta del hotel, dirigiéndose a su casa.
En la casa de los Zhen…
¡Hijo, qué bueno que ya estás aquí! Ellos son trabajadores de la señora Andley – refiere el señor Zhen.
¡Qué bien papá! – Chiu exclama cuando ha visto que la caja es enorme.
¿Dónde la va a colocar, señor Zhen? – cuestiona el supervisor de construcción.
En el ala de allá, es lo suficientemente grande – refiere entusiasmado el señor Zhen al verla dentro de la caja.
Sí, vamos – el supervisor es llevado al ala preparada.
Tres horas más tarde...
¿Le compraste esa mariposa? ¿A ella? – le preguntó Xiu enfadado.
Yo no, mi padre... – y sí, su padre literalmente... la compró.
¡Chiu! – Xia lo regañó.
¿Qué quieres? Mi padre lo hizo... él mismo la diseñó, bueno más o menos lo hizo – refiere él.
Chiu, no puedes comprarle a ella este producto – reclamó el otro chico, pero su padre le había prohibido que dijera algo.
¿Por qué no? – preguntó.
No queremos alguien aquí que no se preocupa por la imagen de su empresa – explica Xiu. ¿De qué te ríes? – infiere cuando lo ve que suelta una risotada.
Piensas demasiado, ¿crees que le importa? Está aquí por visita, dentro de dos semanas regresará a donde vive – informa Chiu, todo lo que se aprendió de su padre.
Dame su nombre... – le exigió a su amigo.
Xiu, te recomiendo que no te metas en un problema – pero Chiu ya no era como antes.
Pero... – quiso decir algo, pero no tuvo ni tiempo de preguntarlo.
Señor Zhen – el supervisor una vez que ajustó e hizo pruebas de seguridad colocó las luces de acuerdo a la hora y dio indicaciones generales al comprador.
Sí – respondió atento el dueño de la mariposa.
Su nombre es 愁云 (Chóuyún, Penumbra), este es el contrato de venta, este es el contrato de robo, le recomiendo que lo lea; ahí mismo vienen las instrucciones sobre el cuidado y también sobre qué pasaría si se la roban – informa, sugiere y sonríe por las expresiones del ahora dueño de Penumbra.
¡Procuraré que eso no suceda! ¡Se lo aseguro! – sonrió el señor Zhen.
Este es el seguro a corto y largo plazo con la empresa – extendió otra carpeta de papeles. Este es el catálogo de posibles ventas, son diseños que aún no salen, solo están bosquejados, hay réplicas en la red, ahí viene la dirección y el nombre de la plataforma donde puede encontrarlas – le dice el supervisor. Este es por si quiere diseñar otra mariposa, sabe a dónde enviarla – le cuestiona más entusiasmado.
Está bien – responde el señor Zhen.
El señor Anthony Andley se hará cargo de la manufactura por la condición de la señora Andley, ¿tiene alguna pregunta? – cuestiona amable el supervisor en perfecto japonés.
No, nada... de cualquier forma me enteraré cuando lea el contrato – sonríe el señor Zhen.
Puede firmar aquí y aquí, perfecto. Gracias y feliz adquisición. Por cierto, el señor Andley se comunicará para hacer la limpieza del producto, si no tiene más dudas, me retiro – pregunta y se retira de allí justo después de firmar el contrato de compraventa.
No, ninguna – el señor Zhen también se despide admirando el juego de luces. Gracias – pero el señor Zhen no puede dejar de verla.
¡Ah se me olvidaba! La señora vendrá en dos días para tomarle foto a la miniatura – el supervisor se regresa para informarlo.
¿Miniatura? – cuestiona él, que no entiende nada.
Sí, cada vez que se vende una, hacen la miniatura y usted se debe encargar de tomar la foto con el subproducto y ella la enviará a la sede – sigue informándolo.
Bien, dígale a la señora Andley que la espero – agradeció el señor Zhen.
Me retiro – hizo media venia y se retiró junto con Mailin, que lo despedía.
Papá, ¡está fabulosa...! Prestarme el catálogo – Chiu literalmente se lo quitó de las manos.
¡Verdad que sí! ¡Ya quiero ver que dice tu madre! – comenta emocionado el padre de Chiu.
¿Me puedo invitar a esa entrega? – cuestionó Xiu.
Creo que no. Mi padre ya me amonestó por perseguirlos… - le comenta Chiu.
¿Qué tanto secreto tienen? – y vuelve a preguntar.
No lo sé, sólo sé que debo estar aquí y que sólo seremos nosotros – respondió Chiu al ver la mirada de su padre como indicación que no lo quería en casa.
Ring ring…
Bueno – responde el señor Zhen.
Buenas tardes – saludan en español y repite en cantonés.
Buenas tardes, sólo aviso que la señora Andley llegará en dos días a casa del señor Zhen y que también el señor Nikopolidis lo hará por la tarde para preparar la comida de la señora – refiere la secretaria de William.
¿Comida especial? – preguntó extrañado el padre de Chiu.
Por supuesto, su estado no permite ciertos alimentos, la comida de su país tiene muchas especias y sal – refiere lo que le ha dicho Benedetti.
Bien, le informaré a mi padre para que esté atento – respondió Chiu.
De acuerdo, hasta pronto – ella también cuelga después de despedirse.
¡Invitarme! – le pide Xiu a su amigo.
Entonces quédate aquí y no te vayas, mi padre no te quiere aquí, si llegas ese día, probablemente no te dejará entrar – refiere Chiu sonriente.
¡Ya entendí! La habitación de invitados supongo… - cuestiona.
Sí – afirma Chiu, no puede evitarlo, aunque quiera. Mi esposa se va a encargar de él y eso lo verá más tarde.
Dos días después a medio día…
Buenas tardes, vengo a preparar la cena de la señora Andley – informa el griego a Mailin, que ha abierto la puerta.
Pase por aquí, adelante – refiere ella, indicándole el lugar de la cocina, en inglés.
¿Quién es Mailin? – pregunta el señor Zhen.
El señor Nikopolidis – informa Mailin regresando a la sala.
Buenas tardes señor Nikopolidis, me informan que es el cocinero de la señora, ¿comida especial? – pregunta el señor Zhen.
Sí, ¿me permite su cocina? – pregunta Nikopolidis que ha entrado con bolsas de alimentos.
Por supuesto, Mailin lleva al señor a la cocina – ordena el señor Zhen.
Venga por aquí – lo condujo a la cocina.
Vamos... – él respondió afirmativamente cuando Mailin le indicó por donde tenía que dirigirse.
Papá… - lo llamó.
¿Qué hace aquí? – preguntó el señor Zhen a Chiu cuando vio a Xiu, que venía detrás de él.
Se quedó aquí estos días papá… – informa rodando los ojos, de verdad esperaba que le dijese algo más.
¡Chiu! – lo reprende.
Sé lo dije papá, pero... – él intentó defenderse.
Vamos a la biblioteca – lo llamó hacia la biblioteca sólo con una mirada.
¡Sí papá! – Chiu siguió a su padre.
Mientras en la cocina, se encontraba el griego ocupado, desde que Candice estuvo a su cuidado, él se había convertido en su cocinero privado y bueno a mi esposa le gustaba su comida, ¡qué podría hacer!
Buenas tardes… - saluda Nikopolidis.
Buenas tardes... señor... – se detiene Xiu al no saber quién le saluda.
Nikopolidis y ¿usted? - cuestiona Nikopolidis.
Xiu – responde atento.
Mucho gusto, ¿me permite? – el griego que andaba apurado, le pide permiso para lavar algunas verduras.
¿Por qué la señora Andley tiene que comer comida especial? – pregunta, extrañado.
Porque está embarazada – lo cual se le hace extraño, ya que él no la vio embarazada.
¡Ahhh! ¿Usted es su esposo?
Continuará…
