Capítulo 25
(JACK'S POV)
—La pregunta es… ¿Puedes confiar en mí? —le preguntó James.
Y Jack se había quedado demasiado estupefacto durante unos segundos, ya que James acababa de decir que confiaba en él.
¿Cómo podía? Ni siquiera él podía confiar en sí mismo en no ser egoísta. Así que, ¿cómo podía James?
Sin embargo, sí confiaba en James o, al menos, confiaba en que haría el trabajo de capturar al almirante y posiblemente a Vane.
Además, si no atrapaban a alguien pronto, el gobernador podría pensar que habían estado mintiendo y podrían ser arrestados.
—Claro que confío en ti, James —había conseguido responder al final y vio como James suspiraba, como si aliviado.
—Gracias —Sonrió un poco—. Ahora, venga. Tienes que preparar a Miriam para que te acompañe, para ir a tu destino, y yo tengo algunas personas a las que atrapar.
Jack sonrió satisfecho y asintió.
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Junto con Miriam, se había marchado en su barco diciéndole al gobernador antes de partir que la (inexistente) hermana de Gibbs estaba muy enferma y muriendo y, como Jack también la conocía, iba a ir con él para llevarle a la isla de Barbados.
El gobernador había sido bastante comprensivo, ni siquiera había dudado sobre su excusa y les había deseado un buen viaje y que tuvieran cuidado. Sin embargo, había preguntado de por qué iba Miriam, a lo que él había respondido que la hermana de Gibbs tenía algunos hijos y que tenían la edad suficiente para poder cuidarla bien.
Si era honesto, Jack se sintió extrañamente raro al entrar en la Tormenta con Gibbs, Miriam y su tripulación, pero no con James y, en ese momento en el que estaba en el barco y viajando a la Isla de los Naufragios, no pudo hacer otra cosa que pensar. Por primera vez después de casi cinco meses desde que habían dejado Tortuga, tenían que estar separados… Al menos, por un corto período de tiempo.
—No te preocupes, capitán —Gibbs mencionó—. Estaremos de vuelta antes de que te des cuenta.
—Ya, pero, ¿deberíamos? —preguntó Jack, no siendo capaz de mantener la boca cerrada.
—¿Qué quieres decir?
—… Nada. Absolutamente nada, Gibbs. Vamos, ve a trabajar. Haz algo.
A pesar de lo que el joven William y a veces Elizabeth pensaban de vez en cuando, no era un buen hombre o, si lo era por algún milagro, Jack sabía que no era un santo.
Si hubiera sido un buen hombre de verdad, no habría tenido pensamientos de abandonar a James o de huir. Si hubiera sido un buen hombre de verdad, no estaría haciendo una docena de planes para escapar o para conseguir dinero para poder buscar la Perla sin preocuparse por James. Por suerte para los demás, también era un cobarde y no quería enfrentarse a Calipso para nada. Ya había tenido suficiente con Davy Jones.
Por otro lado, si estaba siendo honesto, comprobar si Elizabeth estaba bien no habría sido tan importante si no fuera porque Vane estaba pensando en matar a William y Jack no tenía idea de quién tenía la maldita llave del cofre.
No estaba seguro de qué se podía hacer también. No había habido un llamamiento, así que los señores piratas no pelearían por algo que no les convenía, sin importar si era o había sido el marido del rey… No era como que a los piratas les interesara la política en cualquier caso.
También tenía que considerar al gobernador Trelawny, pues recordó que Villanueva le había advertido de sus posibles intenciones… Pero, ¿qué se podía esperar Jack de él en este sentido? Obviamente quería a Vane muerto, aunque sólo porque éste era un pirata… Y quería que el traidor se enfrentara a sus consecuencias, así que eso era algo, supuso.
—¡Barco a la vista! —de repente gritó alguien—. ¡A estribor!
Jack giró la cabeza rápidamente y sacó su catalejo. Como el vigilante había mencionado, allí a la derecha había un barco que Jack reconoció en cuanto la bandera estuvo en el aire.
—Maravilloso… Es Vane —maldijo.
—Te dije Jack que iba a ser mala idea enfadarle, ¿no es así? —dijo Gibbs, mirando asustado por encima del hombro e hizo algún tipo de ritual extraño, girando sobre sí mismo y haciendo el símbolo de la cruz mientras giraba.
—Estaremos bien por el momento, Gibbs. El viento está a nuestro favor y aún tienen que alcanzarnos —respondió. Gibbs frunció el ceño—. Deja de hacer eso y coge el timón. Venga, quizá podamos dejarles atrás.
Gibbs negó con la cabeza.
—No durará, Jack —murmuró, pero se puso a trabajar igualmente.
Jack no respondió a eso y miró hacia la derecha. El barco estaba lo suficientemente cerca, pero no para que los atraparan. Si Jack tuviera que apostar por algo, sin embargo, diría que Vane estaba esperando el momento oportuno y eso significaba que quería algo de él que no era el barco que Jack estaba ocupando actualmente… Aunque si lo conseguía, probablemente sería un beneficio de más.
«Así que, ¿para qué me necesitas, Charles, viejo amigo? »
Era un poco aterrador que lo estuviera siguiendo, porque Jack sabía que, de lo contrario, Vane no se habría acercado tanto a la Garganta del Diablo, pues estaba demasiado cerca de la Isla de los Naufragios y Vane había violado suficientes reglas como para que su padre quisiera cazarlo y probablemente matarle él mismo con sus propias manos.
Habían pasado las Islas Vírgenes hacía mucho tiempo y ya estaban cerca de la Garganta del Diablo al sur cuando la Katerina comenzó a alcanzarles. Jack hizo una mueca, más que nada porque las aguas en las que se encontraban eran peligrosas, pero sabía que no podrían evitar ser abordados y suspiró.
—¡Muy bien, gusanos! Coged vuestras armas, preparad los cañones y preparaos para ser abordados…! ¡Ya conocéis vuestro trabajo! —gritó y después se giró a Miriam—. Ve a la cocina y escóndete ahí. Si caemos, no importa qué, tendrás que sobrevivir nadando hacia la isla.
—No puedo simplemente abandonaros aquí… —replicó ésta.
—Puedes y lo harás —le interrumpió—. Vamos, fuera.
Miriam refunfuñó un poco en bajo, pero se alejó de él y bajó las escaleras hacia la cocina.
Mientras ella desaparecía y los hombres preparaban el barco, Jack se mordió el labio mientras pensaba en las razones de Vane para atraparlo en ese momento en lugar de antes, pero no pudo pensar en una buena razón.
La Katerina ya se había acercado lo suficiente y pudo ver a Vane en el otro lado del barco, sonriendo satisfecho.
A estribor se alzaron muchos hombres con cuerdas y tablas de madera, abordando el barco de Jack para una lucha que comenzó con fuerza. Cañones volaron de un barco a otro —siempre tratando de dar a los mástiles para romper la vela superior y evitar una huida— y muchos sonidos se mezclaban en un bullicio y gritos de hombres chocando sus espadas en un intento de sobrevivir. Mientras unos caían al mar, siendo engullidos por las olas y la fuerza del agua, otros eran aplastados por los barcos.
Todo era confuso; el humo de los cañones y las armas no ayudaban a distinguir dónde estaban, el barco se movía por la fuerza que estaba impactando y perforando el barco, y muchos morían en la batalla. Jack, en cambio, actuó yendo contra varios que se encontraban en su cercanía clavándoles e hiriéndoles con el hierro en sus manos.
Sangre, gritos y hombres peleando para llegar a la isla de los Naufragios y evitar, si era posible, a Vane.
Sobre la cubierta de la Tormenta se dejó caer Vane con espada en mano, empuñándola para enfrentarse a Jack; chocó su acero con el del otro, mientras los barcos se balanceaban por las olas del mar y los cañonazos que se estaban lanzando.
El viento era frío y danzaban en una batalla en el que la ventaja podría ser de cualquiera; izquierda y derecha, así atacaba de forma errática su enemigo intentando golpear su pecho entre mandoble y mandoble. Vane atacó hacia el costado de Jack, doblando su rodilla para aguantar el peso de su espada, giró a la izquierda y contraatacó con un puntapié; Jack, por su parte, pudo rasgar algo de la camisa de Vane, a pesar de que éste trató de volver a atacar por otro lado. Por encima de su cabeza, Jack paró otro ataque sorpresa, pero éste le pegó una patada, haciendo que Jack tambaleara para atrás hacia babor; Jack cambió de táctica y comenzó a atacar rápidamente, una y otra vez sin parar. Vane evitó los ataques tan rápido como pudo al mismo tiempo que bombardeaban a la Tormenta; el barco de Jack estaba sufriendo estragos que luego no serían fáciles de arreglar para un viaje si seguían así.
Por suerte para Vane, el movimiento repentino había hecho que Jack se balanceara hacia atrás y Vane aprovechó, entreteniendo al capitán en una batalla llena de trampas, sabiendo que los hombres de la tripulación de Jack eran cada vez menos y, con paciencia, siguió luchando hasta que toda la tripulación de éste (los que no estaban muertos) cayeron al suelo hasta rendirse, siendo atados y atrapados. Jack no pudo ver todo eso hasta que Vane mandó de repente un alto al fuego, sorprendiendo a la tripulación de Jack y más al mismo que descubrió a todos sus compañeros atados y él mismo rodeado de una jauría de lobos hambrientos. Con tan pocas probabilidades de escapar o ganar, Jack optó por la opción más inteligente de rendirse, dejando caer su espada.
Vane deambuló alrededor de la Tormenta, Jack retenido a punta de pistola por alguien a quien no pudo reconocer. Después de unos minutos de silencio, Jack habló.
—Así que… Capitán Vane… Buen tiempo para tener una pequeña charla, ¿eh?
—Te crees muy gracioso, Sparrow.
—¿Cómo es que todo el mundo siempre se olvida de mi título? —Se quejó—. Y honestamente, tendrás que admitir que es un poco divertido que no me hayas matado todavía u obligado a mi tripulación a unirse a la tuya, así que debes necesitarme para algo —respondió Jack con una pequeña sonrisa—. Así que venga, escúpelo.
Vane resopló, sonriendo con suficiencia abiertamente.
—Y yo aquí pensando que te oiría suplicar por tu vida… —Se acercó hasta Jack, sonriendo con crueldad—. Lo que quiero de ti es que o bien me des tu brújula, explicándome cómo funciona, o puedes guiarnos tú mismo a dónde esté el corazón del capitán del Holandés Errante.
El corazón de Jack casi se le subió a la garganta ante la mención del corazón de su casi-amigo y tragó un poco de saliva. Vio por el rabillo del ojo que Gibbs sacudía la cabeza frenéticamente, pero le ignoró.
—¿Y qué… —pronunció lentamente un poco, concentrando su vista en Vane— ganaría yo ayudándote?
—¿Quieres decir sin contar el hecho de que no te mataré a ti o a tu tripulación? —Se rió un poco por la nariz y Jack se encogió de hombros—. Te puedes quedar con mi barco… O bueno, más bien no trataré de ganarlo —Sonrió con suficiencia—. No es como que lo vaya a necesitar en el futuro —Jack alzó una ceja a eso—. Y déjame decirte, Sparrow, que si tratas de llevarnos a la isla incorrecta, quizá deberías pensártelo dos veces… Después de todo, tengo el favor del mar.
Jack soltó una pequeña risotada.
—¿Del mar? Por favor… Ella no hace favores a nadie…
—¿Ella? No, Sparrow… No esa diosa que no sirve para nada… Estoy hablando del rey de los mares.
Jack parpadeó y después frunció el ceño.
—¿Tienes un trato con el viejo Poseidón?
Vane sólo sonrió satisfecho e inclinó la cabeza hacia la persona que estaba apuntando con la pistola a Jack, el cual preparó el arma en sus manos. Jack tragó saliva.
—¿Qué será entonces, Sparrow? —preguntó.
Jack tragó saliva de nuevo y buscó a tientas por sus ropas, sacando su brújula.
—Supongo que puedo llevarte ahí, ¿eh?
Vane, aún sonriendo, le hizo una indicación para que fuera al timón y, mientras Jack subía las escaleras, escuchó a Vane diciéndole a parte de su tripulación que lo siguiera con su propio barco, solo cuatro hombres de Vane quedándose en el barco. Y a pesar de esto, Jack sabía que no era un buen momento para hacer algo. Con un suspiro, pensó en sus posibilidades… Llevarlos a la isla equivocada sería lo obvio, pero Vane seguramente lo llevaría tierra adentro y le dispararía en el momento en que se diera cuenta.
Hizo una mueca y rezó para que la maldita llave estuviera a salvo, porque no tenía otras posibilidades y, respirando hondo, abrió la brújula y observó cómo giraba, hasta que se posó guiando al noreste. Con la brújula en la mano, giró el timón lentamente y, mientras miraba para ver a los hombres de Vane y a éste no haciendo nada, habló.
—Odiaría dar órdenes, pero tenemos que hacer que el barco se mueva hacia allí —señaló hacia donde la brújula estaba dirigiendo—, y dado que eres tú quien quiere ese maldito bum-bum… También necesitaremos una persona más.
Vane resopló a eso, pero ordenó a sus hombres que soltaran a uno de los miembros de la tripulación de Jack que, afortunadamente para él, era Gibbs, y que movieran el barco hacia donde Jack había señalado.
El viaje los llevó a varias islas que no estaban muy lejos de su destino original y, al final, los llevó a una isla que tenía muchos árboles y montañas. Cuando Jack detuvo el barco cerca de ésta, Vane le apuntó con su pistola mientras otro de su tripulación agarraba a Gibbs.
—Vayamos a tierra firme, Sparrow.
