Capítulo 26
(JAMES' POV)
Era extraño que hubiera preguntado si Jack confiaba en él; más aún darse cuenta que él sí lo hacía pero, después de unos pocos segundos de silencio, Jack consiguió responderle.
—Claro que confío en ti, James —había mencionado como respuesta al final.
Y James se dio cuenta de que había contenido el aliento en cuanto suspiró, parte de él aliviado.
—Gracias —Sonrió un poco—. Ahora, venga. Tienes que preparar a Miriam para que te acompañe, para ir a tu destino, y yo tengo algunas personas a las que atrapar.
Jack sonrió con suficiencia pero estuvo de acuerdo con él y empezaron a preparar todo. Después de todo, era mejor que Jack se marchara de Port Royal tan pronto como fuera posible.
Preparar a Miriam fue, en realidad, la parte más fácil. Lo más difícil fue pensar en qué decir al gobernador, pero decidieron que era mejor una mentira fácil que no les diera demasiados problemas y que no obligara a Jack a llevar tenientes u oficiales de Port Royal. Por tanto, decidieron hacer como si Jack fuera a visitar a alguien que estuviera enfermo y a punto de morir, decidiendo inventarse que era la hermana mayor de Gibbs, el primero de abordo de Jack.
Con ya un plan, falsificaron una carta que la inexistente hermana de Gibbs podría haberle escrito al primero de abordo de Jack dirigida a la taberna donde éste se había estado quedando la mayor parte del tiempo. Obviamente contaron a Gibbs el plan y éste accedió a ayudarles a engañar al gobernador contando la misma historia que iban a contar. Al final, cuando terminaron todo, Jack hizo su parte de aparentar estar inquieto cuando contó al gobernador sobre el contenido de la carta y éste accedió a dejarles ir sin ningún problema y sin hacer demasiadas preguntas.
De esa manera, Jack salió a la tarde con su tripulación y su barco y James se dio cuenta en ese momento con todos fuera que estaba prácticamente solo, incluso si ahora tenía a sus amigos y que éstos sabían que iban a capturar a alguien que estaba traicionándoles.
James también se percató en ese momento de que podía perder credibilidad si Jack no volvía y… ¿No era eso un pensamiento aterrador?
—Bueno teniente, espero que seas capaz de capturar ese estimado traidor pronto —el gobernador mencionó cuando volvió al puerto a la mañana siguiente—. ¿Estoy seguro de que podrás?
—Por supuesto, gobernador —replicó de inmediato—. Me aseguraré de ello.
—Bien, te tomaré la palabra. Sólo unos pocos días, ¿eh? Y para cuando le tengamos capturado, sólo tendremos que esperar quizá dos meses más para recibir al Capitán Sparrow.
—Sí —James concordó.
Ninguno de los dos mencionó que era posible que éste no volviera.
A pesar de las apariencias y la falta de preguntas, James no creía que el gobernador fuera tan estúpido como pretendía ser… La pregunta para el gobernador sería, ¿por qué confiar en Jack Sparrow? Realmente lo hacía mucho y parecía saber que éste volvería.
Más tarde se marchó para preparar a sus amigos y parte de algunos soldados para la captura del almirante Holland (sin contarles contra quién iban) en dos meses y planearon la emboscada que iban a hacer en las cuevas cuando llegara el día.
Después de unas pocas semanas de elaboración y de obtener información, ya tenían una idea de cuando Vane supuestamente aparecería y cuando podrían hacer el plan para que funcionara. La única cosa con la que tenían que tener cuidado era que el almirante no se enterase del plan que estaban haciendo. Afortunadamente para James y todos, el almirante estaba un poco ocupado lidiando con unos pésimos piratas que el comodoro había conseguido atrapar con vida y no pasaba demasiado tiempo en el Fuerte.
Con los días pasando lentamente y el día finalmente acercándose, James se encontró en su casa con sus dos amigos dos días antes del día cuando capturarían al almirante. Habían estado bebiendo y discutiendo cosas banales, desde Port Royal hasta algún nuevo rumor que la prometida de Gillette había oído, cuando éste de pronto dijo:
—¿Realmente volverá? —Y James alzó las cejas, en señal de pregunta—. Me refiero a Sparrow. Ha sido un pirata por mucho tiempo y nunca lo he catalogado como alguien que le da lealtad a reyes o personas importantes.
James tenía que concordar con eso en silencio, pues Jack realmente no parecía alguien que diese lealtades a una Corona que no le importaba… Sin embargo, al mismo tiempo, sí confiaba en él.
—Tienes razón… No es alguien a quien le importe ese tipo de cosas —James admitió y Theodore también levantó la cabeza para mirar entre ellos—. Pero, a pesar de eso, creo que es bastante leal con la gente en la que sí confía, no importa si esa persona es de la marina u otro pirata. Él… Tiende a confiar en la gente mucho.
Y, supuso que ese era su problema como pirata, ¿no? Los otros piratas sabían que confiaba en la gente y le apuñalaban por la espalda si eso les ganaba lo que fuera que quisieran.
«No es de extrañar que siempre esté molesto en ese sentido» pensó.
—Es bastante peculiar, sí —Theodore pareció coincidir—. Y sí. Creo que deberíamos confiar en que volverá.
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La oscuridad se deslizó por las playas de Port Royal mientras los tenientes esperaban, conteniendo la respiración en las sombras, cerca de las únicas cuevas alrededor del lugar. Habían estado esperando buena parte de la tarde y no habían visto a nadie hasta que cayó la noche, cuando apareció un grupo de lo que James sabía que era parte de la tripulación de Vane… Sin embargo, Vane no estaba a la vista y tampoco su primero de abordo. Afortunadamente, el almirante apareció yendo a las cuevas, aunque no sin antes lanzar algunas miradas para comprobar que nadie miraba…
Con el almirante dentro, James se giró ligeramente a los tenientes y sus amigos.
—¿Está todo el mundo y todo listo?
—Sí, definitivamente —respondió Gillette—. Podemos movernos.
—Bien, vamos a entrar… En silencio —Les recordó.
Incluso si Vane o su primero de abordo no estuvieran allí, no debería arriesgarse y el almirante seguía siendo un oponente que podría ser una gran amenaza.
Mientras se arrastraban lentamente hacia la cueva, teniendo cuidado con el entorno y con algunas trampas que habían escondido allí para usarlas, James echó un rápido vistazo a la escena.
Fue rápido en notar quién era el almirante, a pesar de la oscuridad: Era la única figura que tenía la espalda recta y las manos a la espalda, como si estuviera lidiando con un asunto importante. Por otro lado, había tres hombres que parecían aburridos y que habían visto días mejores… Uno llevaba su indiferencia pintada en la cara y los otros dos se estaban quejando… Emitían un aura de como si no hubieran querido estar allí y era obvio que querían salir lo antes posible.
—¿Dónde está Vane o su primero de abordo? —el almirante Holland preguntó directamente.
—Tenía un negocio que atender —Uno de ellos respondió y James se dio cuenta rápidamente que estaba burlándose de su capitán a sus espaldas—. Nos ha mandado aquí con esto.
Uno de los otros sacó una bolsa marrón oscura, de cuero. Los ojos del almirante casi se iluminaron.
—Ah… La piedra. Por fin —Pareció sonreír satisfecho pero como ninguno de la tripulación de Vane se movió, se impacientó—. Bueno, venga. Dádmela. No tengo todo el día.
—Vane nos pidió que deberías escribir un papel de que no le atacarías y todas esas cosas —Uno de ellos se encogió de hombros.
El almirante se quejó, pero sacó un papel mientras la tripulación sacaba de sus manos algo de tinta y una pluma, dándoselas a éste. James indicó con una mano a los tenientes de que esperaran un poco, queriendo tener ese papel como una pieza de prueba… Le sería útil más tarde.
Observaron mientras el almirante rellenaba la carta con palabras y más tarde lo firmaba, pero pareció guardársela consigo mismo y la tripulación de Vane frunció el ceño.
—Quiero ver la piedra —dijo con una sonrisa.
Estos se encogieron de hombros y abrieron la bolsa, sacando una piedra. Si James era honesto, esperaba más de una piedra supuestamente mágica, pero parecía bastante normal: la piedra era de hecho como un mineral de un color rojo intenso que casi la hacía parecer un rubí. Si era más honesto, pensó que la piedra era falsa.
Antes de que se pudiera hacer el intercambio de piedra y papel, James hizo un pequeño gesto con la cabeza a los tenientes ocultos y, lentamente como habían entrado, salieron de las sombras y sacaron sus espadas hacia la tripulación y el almirante.
La tripulación de Vane se echó para atrás al verles salir y el almirante tenía en sus ojos una cara completa de sorpresa y, al mismo tiempo, enojo.
—¿Pero qué…? —mencionó.
—Arrestadles a todos, el almirante también —mandó James inmediatamente—. Si se resisten demasiado y en caso extremo, podéis emplear las armas de fuego.
Los soldados que le habían acompañado asintieron y se movieron a la velocidad del rayo para atraparles. Los de la tripulación trataron de huir y luchar al principio, al contrario que el almirante que sólo quiso deshacerse del papel que había rellenado. Ninguno fue lo suficientemente rápido: Los soldados consiguieron disolver a los tres de la tripulación de Vane antes de que pudieran hacer algo y James se había lanzado a por el almirante, espada en mano, y éste había tenido que soltar el papel que había estado a punto de romper.
—Teniente Groves, recoja el papel y guárdelo. Teniente Gillette, los grilletes, por favor —mandó James—. Me parece que tenemos aquí un traidor que debe muchas explicaciones al gobernador.
—No diré nada, Norrington. Y ese papel único no le servirá de nada —resopló el almirante.
Los de la tripulación, que también estaban siendo atados, enseguida se ensalzaron.
—Señor… Señor, por favor —dijo uno de ellos—. Le mostraremos lo que usted pida si con eso tendremos una oportunidad mejor… De Vane o del señor Holland, lo que quiera.
—¿De verdad? —James alzó una ceja—. Bueno, suponiendo que la información sea buena, veré qué puedo hacer. Vayamos hacia la oficina del gobernador entonces y dejemos que él decida.
—¡Gracias, señor!
James sacudió la cabeza y se dirigió a los soldados.
—Coged también el mineral ése. Lo necesitaremos de prueba también.
Salieron lentamente de las cuevas y caminaron por la playa hacia la ciudad; más concretamente el Fuerte, ya que la oficina del gobernador se encontraba a pocos minutos del lugar, cerca de los muelles.
—Así que, ¿qué podéis contarme del almirante y de Vane? —James preguntó después de unos minutos.
—Oh, han estado haciendo negocio por al menos un año entero —habló uno de ellos—. Ni idea de cómo ocurrió eso, pues nosotros nos unimos un poco más tarde, pero se han estado beneficiando el uno del otro por un largo tiempo. El almirante quiere esa maldita piedra para resucitar al difunto Beckett para ponerle en el poder y Vane estuvo de acuerdo en dársela a cambio de que le diera tanta protección como fuera posible en estas aguas.
—Así que, ¿esa piedra es la indicada? —preguntó James.
—Eso nos dijo, pero no lo creo. Obviamente ha traicionado nuestra posición si nos ha atrapado —mencionó otro y James decidió no decirles que, en realidad, ni Vane ni otra persona les había dicho nada sobre la reunión en la cueva… Al menos, directamente—. Además, oí a Vane hablar una vez con su maldito primero de abordo de que "mataban dos pájaros de un tiro al mandarnos en un barco, y que necesitaban los objetos más tarde para el capitán del Holandés Errante".
—¿Del Holandés Errante? ¿Por qué? ¿Qué es lo que quiere?
—No estoy seguro de eso, pero siempre habla de inmortalidad dada por algún dios pagano si trata con ese capitán maldito —el primero se encogió de hombros—. Por lo visto necesita esa piedra, la daga y el corazón de ese capitán maldito.
James musitó ante eso, pero asintió con la cabeza y dejó de caminar una vez estuvieron frente a la oficina del gobernador. Se volvió hacia los soldados, que habían estado llevando a los piratas, y hacia sus amigos, que estaban reteniendo a Holland.
—Esperad aquí. Voy a entrar y no os diré que entréis hasta que tenga su permiso.
Los soldados asintieron en comprensión.
Al entrar a la oficina, las luces de las velas titilando sobre la mesa, trató de calmar su respiración y no preocuparse; no era como si pudiera dejar Port Royal y era sólo un teniente. Tampoco tenía un barco a su disposición.
James suspiró y miró a su alrededor. A pesar de la luz de las velas y los papeles sobre la mesa, el gobernador no estaba presente. Se preguntó si se había olvidado de recoger todo, pero descartó la idea, ya que la puerta debería haber estado cerrada y las velas deberían haberse apagado. Imaginó que el gobernador estaba en la oficina del secretario; era el más cercano y lo único que podía explicar por qué había dejado todo como estaba… Probablemente había estado pensando en volver lo más rápido posible.
James decidió sentarse en la silla vacía frente a la principal, pero vio algo que llamó su atención: Sobre el escritorio, junto con unos papeles, había un librito de color marrón cuya única decoración era una estrella que podía ser Polaris o Carina desde donde estaba sentado.
Su curiosidad se apoderó de él y se acercó. Un informe a la derecha del libro recontaba algunos hechos de recuperar eso de las manos de Villanueva y, junto con eso, unos papeles que hacían alusión a la Fuente de la Juventud y una brújula mágica que James casi apostó a que era la de Jack. El último papel era, sorprendentemente, sobre él siendo lo suficientemente leal a la Corona como para ayudarlos a llegar a esa fuente y recurrir a Jack.
James frunció el ceño, sintiéndose un poco traicionado, incluso mientras almacenaba la información para más tarde.
—¿Está todo el mundo obsesionado con esta Fuente de la Juventud o qué? —murmuró para sí mientras volvía a su asiento de nuevo.
Habría tenido la tentación de llevarse los papeles, pero todos iban dirigidos al Rey y, aun así, hubiera sido una mala idea cuando el gobernador tenía la idea de volver y tenía a muchos testigos afuera que hablarían si cogía algo.
Justo cuando acomodó su asiento, el gobernador entró por la habitación que estaba al final de la oficina; probablemente había usado la entrada trasera.
—¡Oh! ¡Teniente Norrington! —Y obviamente, como James había sospechado, el gobernador parecía sorprendido, pero también nervioso.
—Buenas noches, gobernador —saludó James, simulando que no se había dado cuenta—. Estoy aquí por lo de nuestro negocio.
—¿Habéis capturado al traidor detrás de ese horrible negocio con Vane? —preguntó tomando asiento, obviamente eufórico.
—Así es, como también a tres de la tripulación de Vane… Aunque me han ayudado a darme más información de nuestro traidor.
—Bueno, llámalos. Quiero ver a este traidor con mis propios ojos y necesitaré todas las pruebas posibles.
James se levantó y llamó a todos. Como era evidente, el gobernador casi se levantó al ver al almirante en cadenas, quien estaba manteniendo la cabeza en alto a pesar de la situación.
—¡¿El almirante?!
—En efecto —replicó Gillette, fríamente, con algo de satisfacción al llevar al almirante frente al gobernador.
Mientras el resto de los soldados entraban con los tres miembros de la tripulación de Vane, James explicó, entregando la piedra y el papel que el almirante había rellenado antes, todo lo que se había observado en las cuevas durante esa noche y, como prometieron, los piratas hicieron lo mismo.
—Bueno, parece que pudo cumplir su promesa, teniente Norrington. Estoy muy satisfecho —Sonrió y se giró a Gillette y Groves, que estaban sosteniendo a Holland—. Por favor, lleven al almirante a su oficina y mantenedlo ahí encerrado hasta nuevo aviso. Registradle para que no tenga ninguna posibilidad de escaparse —Una vez abandonaron la oficina, el gobernador se giró hacia la tripulación pirata contenida por el resto de soldados—. Ahora, sé que habéis ayudado bastante y quiero daros la oportunidad de trabajar con nosotros, pero el único ex-pirata al cual podría confiaros no está aquí todavía, así que… —constató y los piratas hicieron una mueca pero asintieron a ello, reticentemente—. En el caso de que no vuelva, me arriesgaré con poneros en un barco con el actual comodoro y veremos qué pasa.
—¿Cuánto tardará ese ex-pirata para llegar a venir aquí? —Uno de los piratas alzó la cabeza.
El gobernador no respondió y se giró para mirar a James, quien se aclaró la garganta antes de responder.
—Quizá alrededor de tres meses, gobernador… Aproximadamente, por supuesto.
—Por supuesto —concordó el gobernador y se giró a la ex-tripulación de Vane—. ¿Eso está bien para todos vosotros?
—Está bien, gracias por la oportunidad, gobernador, señor —respondieron.
James suspiró internamente. Realmente esperaba que Jack volviera.
