¡Hola, hola mis guerreros! :D por fin vuelvo con actualización de este fic : espero que les este gustando

NOTA: Bishojo Senshi Sailor Moon no es de mi autoría. Le pertenece a Naoko Takeuchi. Yo solo utilizo los personajes de dicho manga/anime sin ninguna intención lucrativa, tan solo con la finalidad de generar entretenimiento y diversión.

NOTA 2: Esto se encuentra dentro de un AU, por lo que he de decir que aquí no serán senshis. Seran chicas normales pero poco a poco verán como es que se conocen :


II. Makoto Kino

Se observó por última vez en el espejo y suspiró con pesadez. Era su primera semana desde que se había mudado a su departamento y, aunque era cómodo para ella, aun no podía acostumbrarse del todo.

Si era sincera consigo misma, estaba segura que no iba a lograr encajar ahí… nuevamente. Tenía nulas esperanzas de que, este cambio fuera diferente a los otros que había hecho.

De nuevo, un suspiro. Revisó que su uniforme luciera impecable y que su larga coleta no luciera desalineada; lucían bien a sus ojos y, corroborando que tuviera todo lo necesario para ese día, salió de su habitación y se dirigió sin ninguna demora hacia la puerta principal de su departamento.

– ¡Nos vemos! –fue lo último que gritó antes de cerrar la puerta tras de ella y salir caminando rumbo a su nueva escuela. Llevaba un ligero retraso, pero a decir verdad no le importaba mucho llegar tarde a su primer día de clases.

"Espero que esta vez logres quedarte al menos un ciclo escolar"

–Tsk. – no pudo evitar fruncir el ceño al recordar aquello. –Nagisa- san, deberías saber que no ha sido culpa mía. – gruñó, como si de verdad estuviera hablando frente a frente con aquella mujer que mencionaba.

Su camino continuó tranquilo, sin ningún contratiempo y casi podía jurar que no llegaría tarde a su primer día de clases.

¡Me duele mucho! ¡Me rompiste un hueso, niña!

O al menos, eso había pensado.

Ante aquel grito, no pudo contener el mirar aquella escena, mientras caminaba. Eras tres hombres, uno tirado en el suelo mientras continuaba llorando, el otro agachado mientras sostenía al primer hombre y el tercero, acercándose lentamente a una joven de cabellera rubia recogida en dos pares de coletas.

Oye niña, tienes que responsabilizarte de esto.

Y, sin poder evitarlo, su sangre hirvió. Esos tipos no parecían ser más que un trio de vividores, y todo apunta que la victima de ellos era aquella pobre chica.

–Detente. Yo vi todo. –anunció, acercándose completamente a ellos, ganándose la mirada de todos. Sus brazos estaban cruzados y su ceño fruncido. –que bajo has caído al molestar a una chica solo por haber tropezado contigo.

Los tres hombres la miraron con rabia y solo dos de ellos se habían animado a luchar con ella. Ambos quedaron inconscientes en la banqueta, mientras que el que había fingido su lesión había salido huyendo.

Y fue ahí cuando se permitió observar a la chica. Al menos, de manera superficial parecía no tener alguna lesión o alguna marca que mostrara que aquellos hombres se hubieran querido pasar de listos, simplemente se encontraba observando hacia el lado donde el hombre había huido.

– ¿Estas bien? – y con el sobresalto y la temerosa respuesta de aquella chica, notó que lo había dicho de manera tosca, así que suavizo su mirada y solo le dio el consejo de tener más cuidado al caminar, para así continuar con su viaje.

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¿Cuántas veces había suspirado el día de hoy? Había perdido la cuenta, pero aun así, algo dentro de ella no se sentía bien.

Algo dentro de ella se sentía roto, como un espejo siendo golpeado con una piedra.

Perfil bajo y obedece a tus maestros. –repitió, imitando una voz aguda, mientras localizaba un lugar para poder comer al fin su almuerzo. –Eso debo hacer si no quiero volver a transferirme.

Encontrando uno de los arbustos de la escuela, observo que era un lugar tranquilo y no tan alejado de la entrada principal. Su mañana no había sido la mejor de todas; sus maestros la habían reñido por haber llegado tarde y además por aun conservar el uniforme de su antigua escuela.

De no haberle prometido a Nagisa-san que no se metería en problemas con los maestros, sin duda que les hubiera dicho algunas cosas por sus prejuicios con respecto a ella.

Tratando de ahuyentar esos pensamientos, decidió comenzar a comer su almuerzo, mientras se dedicaba a observar a la pared que tenía frente a ella. Al menos, hasta que una risa detrás de ella la alarmó.

– ¿Quién anda ahí? –gruñó, frunciendo su ceño, dispuesta a defenderse de quien quisiera hacerle algo.

–Hola, ¿Cómo estás? – recibió como respuesta. Y fue ahí donde se dio cuenta que se trataba de una chica.

–Eres la chica de esta mañana, así que vas en esta escuela. –sonrió, y algo dentro de ella se alegró de al menos tener un rostro familiar dentro de la enorme escuela.

–Soy Usagi Tsukino –sonrió la chica rubia.

– ¿Por qué no te acercas? – le invitó, haciendo un espacio para que aquella joven pudiera sentarse a su lado.

Y, gracias a la joven Usagi, su receso se había convertido más ameno de lo que tenía planeado y de pronto, sus esperanzas subieron un poco al pensar en que quizás este cambio que había tenido sí sería diferente a los demás que había tenido.

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La segunda mitad de su horario había continuado con tranquilidad, haciendo a un lado el hecho de que ningún estudiante de ahí quería dirigirle la palabra –salvo su nueva amiga Usagi – y de que los maestros parecían intimidados cuando ellas les respondía a sus preguntas.

Y ahí, con el sonido de la campana de fondo y levantándose como sus demás compañero para agradecer la clase a la profesora en turno, no dudo en guardar de prisa todas sus cosas y ser de las primeras de su salón en salir.

Pero, con cierto pesar, no se dirigiría a la entrada principal de la escuela.

– ¡Mako-chan!

–Usagi-chan –sonrió, mirando como la mencionada corría hacia ella con alegría y siendo acompañada de una chica de cabellera rojiza y un extraño chico de lentes enormes.

– ¿Por qué no vienes con nosotros? –sugirió Usagi, con una enorme sonrisa y señalando a sus amigos – iremos a un centro de videojuegos no muy lejos de aquí.

– Te lo agradezco, Usagi – sonrió, mientras apuntaba al interior de la escuela –pero el director me advirtió que quería verme al terminar las clases. Dijo que era un asunto importante.

Y, tras unas breves disculpas y la promesa de verse al día siguiente, pudo continuar su camino hacia la oficina del director.

Aunque no quisiera admitirlo, su corazón se encontraba latiendo a mil por hora y los nervios la comenzaban a carcomer. ¿Para qué quería hablar con ella, el director? ¿En el primer día le habrían dado una queja de ella? ¿Acaso se había enterado de los rumores que volaban en la escuela respecto a ella?

Tras cinco minutos de caminar, logró llegar a la sala de profesores y después de un minuto más de caminata, al fin había llegado a la puerta principal de la oficina del director. Inhalando y exhalando un par de veces, obtuvo el valor de dar unos leves golpes a aquella puerta, de tal manera que pudieran anunciarle al directo que había llegado.

Tras un grueso adelante que provino del interior de la oficina, Makoto giró la perilla y abrió rápidamente la puerta. Sentado tras un escritorio de madera un hombre, de aproximadamente unos sesenta años con una cabellera grisácea, complexión delgada y vestido con un traje le hizo tomar asiento en una de las dos sillas desocupadas frente a su escritorio.

Frunciendo su ceño y colocando su maletín al lado de su silla, tomó asiento donde le habían indicado y cruzó sus brazos.

– Es agradable conocer a los nuevos estudiantes.

– ¿He hecho algo?

– Nada fuera de lo particular. –suspiró el director. Su ceño pasó de estar fruncido a elevar una de sus cejas en una clara señal de confusión, cosa que solo duró un par de segundos para volver a fruncir su ceño.

–Entonces, ¿Qué hago aquí?

–Bueno, durante el procedimiento para inscribirla a mitad del curso, su tutora me ha pedido que le apoye con ponerse al corriente con respecto a las materias que vemos aquí. –fue la explicación que aquel hombre le había dado.

Suspiro, por millonésima vez en el día, mientras asentía entendiendo ahora el porqué de la visita a aquella oficina.

Y, justo unos segundos después, un leve golpeteo en la puerta captó su atención. El director, mostrando una sonrisa, dio la autorización de que podían entrar.

Y, aun con sus brazos cruzados, Makoto decidió girar un poco su cuerpo en cuestión de satisfacer su curiosidad y observar quien era la persona que había llegado a la oficina. Fue ahí cuando se dio cuenta que no había sido la única estudiante citada en la oficina.

–Ah, señorita Mizuno –anunció el director, con un tono de alegría. –gracias por haber venido, por favor tome asiento.

Y, ahí, se dio el momento de detallar a la estudiante que había llegado. De estatura pequeña, cabello corto y de color azul, ojos de color similar al de su cabello y podía jurar que de una complexión tan frágil que no dudaba que un ventarrón pudiera llevársela.

–Ella es Makoto Kino. –la introdujo el director y pudo observar como la chica apenas si la miró de reojo. –es una estudiante que recién ha ingresado a nuestra escuela y necesitamos que usted nos apoye como su tutora para que pueda ponerse al corriente con los temas, ¿nos ayudaría con eso, señorita Mizuno?

Poco a poco, su ceño dejo de permanecer fruncido y sus brazos fueron separándose. ¿Ella, su tutora? ¿Sería una chica muy lista?

Aquella joven simplemente asintió con la cabeza y podía jurar que la observaba temblando al igual que sus ojos comenzaban a ponerse cristalinos en una señal de que pronto comenzaría a llorar.

– ¡Magnificó! – celebró el director. Con eso, su atención dejo de estar en aquella chica y se dirigió a aquel hombre, que celebraba con enorme satisfacción. –Nos alegra mucho que nos pueda apoyar, señorita Mizuno.

–El honor es todo mío, director. – aún sin ver a la chica, era claro por el temblor de su voz, que se encontraba nerviosa.

Sin poder evitarlo, lanzó un bostezo de cansancio con lo cual se ganó seis pares y solo dos de ellos le miraban de manera molesta.

–Señorita Kino. – comenzó el director, mientras le daba una mirada seria. –le pido que sea respetuosa con la señorita Mizuno y que por favor no le vaya a causar algún problema que afecte a su desempeño escolar.

–Descuide, ella se encuentra en buenas manos. –sonrió, mirando de nuevo a la joven Mizuno, quien por fin le sostenía ligeramente la mirada y un pequeño rubor se dibujaba en sus mejillas. –espero que podamos llevarnos bien y que cuide bien de mí, Mizuno-chan.

–Igualmente, Kino-chan. – le sonrió, mientras hacia una leve reverencia. De pronto un pinchazo, similar al de una aguja al entrar en contacto con la piel, golpeo su corazón y sus mejillas parecían haber aumentado un poco su temperatura.

Con un ligero carraspeo, apartó su mirada de la joven Mizuno y mejor escuchó las siguientes indicaciones que el director comenzaba a darles.

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– ¡Estoy en casa! – gritó, mientras colocaba su maletín en su lugar y comenzaba a quitarse sus zapatos escolares y se colocaba sus pantuflas de color gris. Al levantarse, observó desde su posición su departamento y suspiró.

Caminando hacia su habitación, se acercó hacia su teléfono y comenzó a teclear un numeró tan familiar para ella. Un timbre, dos timbres, tres timbres…

¿Bueno?

–Qué alegría escuchar tu voz. –sonrió, escuchando como de la otra línea lanzaban un bufido.

Me alegra que ya estés en el departamento. –dijo con sinceridad la femenina voz al otro lado. – ¿Qué tal el primer día?

–Pudo ser mejor. –confesó, mientras se recargaba en el filo de aquel mueble. –pero al menos he hecho una amiga.

¿En serio? –la mujer sonó incrédula, después de pasar a una alegría enorme. – ¡Eso es excelente, Mako-chan!

Makoto sonrió. Los próximos veinte minutos ambas mujeres se dedicaron a platicar acerca del primer día de clases de Makoto y de su nueva tutora con la que se había organizado de ver el domingo para comenzar las tutorías.

Y, después de despedirse, Makoto finalmente continuó con su camino hacia su habitación, en donde se dedicó a quitarse el uniforme y colocarse un short y una playera resacada para prepararse su comida e ir a realizar sus respectivas tareas.

Y claro, durante todo ese tiempo, en la mente de Makoto retumbaba un nombre en específico.

El nombre de su tutora, la chica genio de su escuela, Ami Mizuno.

THE END