-Qué quieres?-resopló con cansancio la mujer atendiendo a la bebé en sus brazos.
-Qué dijo el doctor?-preguntó recostado a la puerta aún sin decidirse a entrar.
-Cómo si ella realmente te importase, Ranma.
-No digas tonterías, si no la veo más seguido es por qué tú no me dejas. Pero si me preocupo por ella.
- Hipócrita, desde cuándo necesitas mi permiso para hacer lo que se te da la gana?
-Piensa lo que quieras, me da igual-respondió acercándose a ellas y tomando la mano febril de la niña en brazos de su madre.
La bebé había enfermado dos días antes y aunque a él le hubiese gustado quedarse a cuidarla un asunto urgente requirió de su presencia y la de Mousse fuera de Nerima y hasta esa tarde había podido regresar adelantándose al chino que aún estaba de camino y no llegaría si no hasta la noche.
Al entrar las sirvientas le notificaron de la reciente visita del médico y sin dudarlo corrió escaleras arriba pero se detuvo en la entrada previendo la reacción de la madre de su hermana menor.
-No la toques, no tienes derecho ni a mirarla-se quejó como de costumbre la mujer.
Honestamente, ya lo tenía harto con sus reproches. La niña era su hermana, él tenía incluso más derechos sobre la bebé que ella, una humilde concubina y si no se lo echaba en cara era solo porque... porque...bueno, porque él era un caballero aunque ella no lo merecía.
Siempre a la defensiva descargando en él todos sus malos ratos y frustraciones. Siempre mirándolo como si él fuera el peor entre los seres humanos.
Nunca lo dejaba cargar a la niña, aunque él se las arreglaba para hacerlo a escondidas de ella, y siempre terminaban discutiendo por nada, con ella dándole la espalda antes sus argumentos e incluso clavándole un par de cachetadas cuando él sin querer la tocaba o la miraba un poco más de lo debido al intentar acariciar a su hermanita.
Por Dios, ni que él realmente estuviera intentando tocarla o aprovecharse de ella!
Era la mujer de su padre, había dado a luz a su hermanita y no es como que él fuera un pervertido que pensaba en ella más que de esa forma.
-Por qué no te largas de vuelta con tu amiguita? Aquí nada haces, ni mi hija ni yo te necesitamos.
-Qué? No estaba con Ukyo!, yo estaba en...-se detuvo a media explicación observando con detenimiento a la mujer que ahora dejaba a la bebé en su cuna.
Qué clase de situación era esa? No era la primera vez que Akane le reclamaba en ese tono de mujer ofendida. Como si el hecho de estar comprometido en matrimonio con Ukyo la ofendiera directa y profundamente.
- Y qué si estaba con ella?-preguntó cruzándose de brazos, más por provocar la reacción de la peliazul que por otra razón.-Es mi prometida, puedo pasar tanto tiempo con ella como guste.
-Pues eso es lo que digo-respondió la mujer apretando los puños y volteando para mirarlo a los ojos- lárgate de una vez por todas con tu estúpida prometida!
-Sabes que suenas como una mujer celosa ahora mismo?-dijo acercándose a un palmo de distancia de la mujer.
-Celosa yo?!-se defendió ella con una sonrisa forzada, retrocediendo para alejarse encontrando la pared tras de su propio cuerpo.
-Si, tú, acaso estas celosa de lo que hago con mi prometida?
-Qué tonterías dices!-se quejó ella deteniendo su avance interponiendo su mano derecha-No estoy celosa de nada, ni de nadie.
Esos meses de discusiones absurdas, la rabia en su mirada, el continúo rechazo a su cercanía, ni todas las veces que él mismo se maldijo al sorprenderse pensando en ella de forma no adecuada habían servido de nada calmando sus sentimientos y las reacciones de su cuerpo frente a la mujer de su padre.
Su aroma seguía perturbando su calma, su imagen aparecía en sus sueños cada noche, sus labios seguían tentándolo a besarla y sus ojos aún ejercían un extraño hechizo que le hacía caer fuera de la razón cada vez que lo miraban.
Se acercó un poco más arrinconándola entre la pared, la cuna y su cuerpo sin lugar a donde escapar.
-Yo digo que si lo estás-aseveró acercándose peligrosamente a la tentación de sus labios-Estas celosa-susurró antes de besarla sin la menor resistencia u oposición femenina.
.
.
.
Para cuando Mousse llegó a la propiedad Saotome era ya noche cerrada, la casa permanecía en silencio y solo la habitación de Akane seguía con la luz encendida.
Mousse subió la escalera despacio y se detuvo frente a la puerta siempre cerrada para él. Dejó fuera un pequeño presente para la niña y descendió nuevamente.
Como era usual fue a revisar en la habitación de Genma si todo estaba en orden y fue cuando encontró a Shampoo intentando asfixiar a su padre con la almohada.
Maldita loca, no veía la hora de deshacerse de ella.
-Lo hice por ti. Si no nos damos prisa, vas a quedarte sin nada.-chilló la mujer en el suelo acariciándose el rostro enrojecido por la cachetada que él le había dado.
No era un amante de la violencia pero Shampoo no entendía razones. Estaba fuera de sí e insistía en que matar a Genma era necesario.
-Él la besó-añadió la china levantándose.
Mousse cerró los ojos con fuerza y los abrió segundos después.
-Yo los vi, en la habitación de esa mujer esta tarde-continuó explicando su prometida
Él terminó de cubrir a su padre con la sábana y acomodó su cabeza sobre la almohada sin decir palabra alguna.
Había ocasiones en que no podía entender a Akane.
Tomó del brazo a su odiosa prometida y se aseguró de dejarla encerrada antes de subir las escaleras a paso firme.
La puerta permanecía sin llave, pero siempre cerrada para él. Una exigencia suya que Akane aceptó con tal de quedarse con su hija, una frontera autoimpuesta que hasta ese momento jamás pensó atravesar sin el permiso de la mujer.
Entró como un huracán en la habitación y la encontró dormida junto a la cuna.
Las ojeras se dibujaban en el rostro cansado y los pálidos labios estaban resecos.
Cuando habrá sido la última vez que comió o bebió algo? se preguntó sin poder evitarlo preocupado por la salud de la mujer.
Entonces recordó lo dicho por Shampoo y la sangre volvió a arder en sus venas.
- Levántate-ordenó tomándola del brazo
Akane trastabilló y miró asustada en dirección a su hija.
-Qué pasa?-preguntó confundida
Preso de la rabia y los celos Mousse estampó sus labios contra los de Akane.
.
.
.
La mañana siguiente Genma esperó impaciente la visita de Akane pero ella no apareció para darle el desayuno, ni el almuerzo, tampoco la cena.
Era extraño que ella no fuera a alimentarlo. Una de las criadas le explicó, ante su obvia inquietud y negativa a comer, que la señora estaba en su habitación y se negó a salir bajo ninguna razón.
Genma maldijo mentalmente su mala suerte. Necesitaba hablar con esa chica con urgencia.
- Llévame-alcanzó a pedir con dificultad arrastrando las sílabas
La sirvienta accedió y lo llevó a la habitación de la señora casi al anochecer. Mousse y Ranma no estaban en casa, era un momento más que perfecto para lo que planeaba pedirle a la chica.
La encontró con el labio roto, abrazada a su hija y con la pieza de metal que sostenía las cortinas junto a ella, como un arma que no dudaría en usar.
-Vete-ordenó con la misma dificultad y la empleada obedeció cerrando la puerta al salir.
-Qué quiere? No puede comer solo ni un maldito día, largo de aquí, estoy harta de todos ustedes!-gritó histérica
-Papel, lápiz-señaló ignorando los gritos femeninos. No había tiempo para tonterías. Lo que sea que le hubiera pasado podía vengarse si escuchaba lo que tenía por decir.
Nota de la autora: Lo de Akane y Mousse solo fue un beso y ahí murió pero eso es en el próximo capítulo, entonces no piensen mal del pobre pato enamorado sin quien lo quiera.
Hola, hola!; Dios, me costó horrores actualizar esta vez, lo peor es que no tengo excusas. Bueno, lo de siempre, el tiempo XD. Así que si aun siguen por aquí mil disculpas por la demora y les mando besos, abrazos y apapachos virtuales (no del tipo acoso jjajajja).
